TRABAJO OBLIGATORIO al 28 de abril : Profesionalismo y activismo en salud mental
Estimadas y estimados estudiantes:
Esta quincena trabajaremos sobre el tema Profesionalismo y activismo en salud mental
Como hemos anunciado tenemos como docente invitado a Sebastián Prieto, Psiquiatra, miembro fundador de SOSAMCHI (Sociedad de Salud Mental Comunitaria de Chile).
El trabajo a realizar sobre Profesionalismo y activismo profesional en salud mental está concebido en la siguiente secuencia:
Lea "Los Intelectuales y el poder", Capítulo 4 del libro MICROFISICA DEL PODER de Michel Foucault.
Lea "De las publicaciones de la AEN a la Colección salud colectiva: una mirada comunitaria". Ponencia de Alberto Fernández Liria en el Aniversario de la Asociación Española de Neuropsiquiatría y Profesionales de la Salud Mental en 2015
Lea Activismo profesional en salud mental. Capítulo 4 en Vicente Ibañez Rojo, en LOBO ORTIZ, Alberto; HUERTAS, Rafael(coords.) Críticas y alternativas en psiquiatría, . Los Libros de la Catarata, 2018.
Lea el texto : Profesionalismo en los Profesionales y Trabajadores de Psiquiatría y Salud Mental enDispositivos de Salud Pública
Lea Manifiesto de la Salud Mental Comunitaria, SOSAMCHI y Declaración SOSAMCHI (Rehabilitar y Rehabitar).
Además se adjuntas 2 textos que pueden resultar imprescindibles para la práctica, aunque no se revisarán detalladamente: Epistemologías del Sur y Resumen de Informe del Comité de Prevención de la Tortura
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- Participe en la discusión sincrónica del Lunes 28 de abril de 2025 desde las 19:00 hrs.,


Teniendo en cuenta el material administrado puedo concluir que la salud mental, como campo de estudio y práctica, ha estado siempre marcada por las dinámicas de poder, que no solo se ejercen a través de instituciones y políticas públicas, sino también por los propios profesionales que, en muchos casos, perpetúan las estructuras establecidas. Michel Foucault, en Microfísica del Poder, explica cómo los intelectuales y profesionales de la salud juegan un rol activo en la legitimación de discursos normativos que refuerzan las estructuras de poder, especialmente en disciplinas como la psiquiatría, donde el conocimiento y la autoridad se imponen sobre las experiencias subjetivas de los pacientes. Este poder disciplinario ha sido objeto de crítica dentro de la comunidad psiquiátrica, como lo evidencian las reflexiones de Alberto Fernández Liria, quien aboga por un enfoque de salud mental que promueva la integración comunitaria y favorezca la participación activa de las personas en su propio proceso de rehabilitación. Este cambio hacia una perspectiva más comunitaria es, sin embargo, un desafío constante, especialmente en dispositivos de salud pública donde el profesionalismo de los trabajadores de salud mental se ve tensionado por las limitaciones del sistema y la necesidad de ofrecer servicios adecuados en contextos de escasos recursos. En este marco, Vicente Ibañez Rojo hace un llamado al activismo profesional, destacando la necesidad de una psiquiatría que cuestione el modelo biomédico tradicional y busque alternativas más inclusivas y respetuosas de los derechos humanos. De manera similar, Priebe señala que la psiquiatría no es una disciplina neutra, sino que está profundamente influenciada por las políticas públicas y las ideologías dominantes que impactan tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de los trastornos mentales. Ante este panorama, la declaración de SOSAMCHI sobre la salud mental comunitaria plantea una visión que no solo se centra en la rehabilitación individual, sino en la creación de espacios inclusivos y colaborativos, donde las personas con trastornos mentales puedan ejercer sus derechos y participar activamente en la sociedad. Esta combinación de profesionalismo y activismo exige que los psiquiatras no solo cumplan su rol técnico, sino que también se comprometan con un enfoque crítico y político de la psiquiatría, trabajando por una disciplina más justa, accesible y centrada en la comunidad.
ResponderEliminarEn relación a mi experiencia y como la relaciono con el tema, les puedo contar que en este mi primer año de beca, pasando por el CAE de Psiquiatría Adultos en el Hospital de Angol, vemos pacientes que son derivados desde APS; y un día atendimos a una paciente derivada desde Piedra del Aguila (un cesfam conocido en la localidad). Ella derivada por una depresión severa, que ya había sido medicada, pero no mostraba mejoría. Al principio, seguimos el protocolo de evaluación clínica, pero algo en su relato nos llamó la atención: mencionó que, además de su malestar, sentía una presión constante por las expectativas de su familia, que nunca aceptó su diagnóstico. En ese momento, recordé lo que hemos hablando en las clases sobre la importancia de entender el contexto cultural y familiar de los pacientes. Y sugerí , entonces, incluir a su familia en las sesiones de psicoeducación, para ayudarles a comprender su condición y reducir el estigma. (Una especie de diálogos abiertos, lo que no hacemos en mi sector). Y a las semanas, la paciente comenzó a mejorar significativamente, no solo por la medicación, sino también por el cambio en la dinámica familiar. Esta experiencia me enseñó que, en salud mental, el tratamiento no siempre se reduce a lo biológico; el apoyo social y familiar es crucial. Me quedó claro que la psiquiatría no es solo un trabajo de diagnóstico y medicación, sino también de intervención en los factores sociales que afectan al paciente.
Estimado:
EliminarLo que mencionas refleja de manera muy precisa la necesidad de repensar la salud mental desde una perspectiva comunitaria y crítica. Me parece muy valorable cómo resaltas el impacto de las dinámicas de poder en la práctica psiquiátrica, no solo a nivel de políticas públicas e instituciones, sino también en el ejercicio profesional cotidiano. Es importante que la subjetividad de los pacientes no solo sea reconocida, sino que también se fomente su participación en su proceso de recuperación.
La experiencia clínica que compartes es un ejemplo concreto y significativo de cómo un pequeño cambio en la perspectiva del tratamiento (como podría ser incluir a la familia en la intervención) puede generar un impacto profundo en la evolución del paciente. Esto reafirma que la psiquiatría debe incorporar activamente los factores sociales y culturales que inciden en el bienestar de las personas.
Me gustó también cómo planteas la responsabilidad ética y política de los profesionales de la salud mental. La necesidad de un activismo profesional que cuestione las estructuras de poder y busque alternativas más accesibles y justas es un punto clave para la transformación de la psiquiatría.
Saludos y gracias por tu relato.
Muchas gracias a ti tambien por tu comentario.
EliminarConsidero que realizaste una reflexión muy completa y bien fundamentada sobre la interrelación entre salud mental, poder y práctica clínica, conectando teoría y experiencia personal de manera significativa.
EliminarQuisiera destacar el vínculo que realizaste entre las lecturas y tu experiencia clínica concreta, señalando los determinantes sociales y familiares que afectan la salud mental de los pacientes. El caso relatado refleja una aplicación práctica del enfoque comunitario y humanizado que se propone desde las nuevas corrientes críticas de la psiquiatría. Esto revela un compromiso no solo técnico, sino también ético y político, alineado con la idea de una psiquiatría más justa y centrada en los derechos humanos.
Además, es muy valioso que se reconozca que el poder en salud mental no solo proviene de las grandes instituciones, sino también de las prácticas cotidianas de los propios profesionales. El llamado a integrar a la familia y entender el contexto cultural de la paciente muestra una sensibilidad clínica que rompe con el modelo biomédico tradicional, dando pasos concretos hacia un enfoque más comunitario e inclusivo.
Los documentos analizados esta quincena presentan un análisis profundo de la evolución de la salud mental, con un amplio énfasis en el papel del activismo profesional en el ámbito de la psiquiatría, buscando superar el enfoque biomédico tradicional y dar voz a las complejidades del sufrimiento psíquico. Un tema bastante interesante puesto tiene que ver con “como nos situamos” como futuros psiquiatras en la sociedad que vivimos y cual es (o debiese ser) nuestro papel en ella, tanto en el rol de terapeutas como de ciudadanos.
ResponderEliminarPor un lado, las publicaciones de la Asociación Española de Neuropsiquiatría han sido herramientas críticas en el progreso histórico y cultural de la salud mental, permitiendo a los profesionales y colectivos desarrollar una visión reflexiva y crítica. Alberto Fernández Liria narra cómo la colaboración con Manuel Desviat ha sido fundamental en el impulso de publicaciones que fomentan un espacio autónomo de debate y conocimiento en un contexto de reforma sanitaria en España. Lo que ha permitido el abordaje de temas relevantes y controvertidos, fomentando el empoderamiento de profesionales y usuarios.
Complementando lo anterior el texto de Vicente Ibáñez Rojo también critica la simplificación del sufrimiento psíquico a simples diagnósticos y tratamientos, señalando cómo este enfoque ignora las raíces sociales y estructurales del malestar.
Se discute cómo la psiquiatría hegemónica ha deshumanizado a los pacientes, abogando por un cambio de paradigma que integre la salud mental en un contexto social más amplio. En este sentido, el activismo profesional en salud mental se presenta como un mecanismo esencial para abordar la vulnerabilidad humana, promoviendo cambios sistémicos y sociales y fomentando un modelo de recuperación que empodere a los individuos. Este activismo es crítico en tiempos donde las desigualdades sociales son muy visibles, sugiriendo que es vital aunar voces de profesionales, pacientes y comunidades para desarrollar un sistema de salud mental más justo y ameno.
En este punto quisiera compartir una experiencia personal en el COSAM de la ciudad de Los Andes; donde se invitó a médicos, psicólogos y otros profesionales y funcionarios del CESFAM de la misma ciudad a ser “monitores de Salud Mental”, donde íbamos a diferentes sectores de la ciudad (colegios, juntas vecinales, instituciones como bomberos, etc) a conversar sobre temas de salud mental con la comunidad; no desde la perspectiva de nuestras profesiones necesariamente sino que desde el escuchar relatos de personas de la sociedad civil. A mi me tocó acudir a colegios a repasar diferentes temas y me pareció muy interesante poder conversar con los alumnos y profesores de temas de acoso escolar y depresión en niños, generando que posteriormente ellos mismos pudieran hacer grupos de apoyo y contención a estudiantes y levantar alertas de ser necesario (grupos que se mantienen hasta hoy).
Es crucial desarrollar e implementar estrategias que fortalezcan el profesionalismo en salud mental, como la formación continua y el trabajo interdisciplinario de psiquiatras y equipos de salud, especialmente en un sistema público constantemente afectado por sobrecargas y limitaciones. Para lograr un cambio social significativo, es fundamental articular de manera efectiva la teoría con la práctica.
Para finalizar, mencionar que los textos analizados invitan también al mundo intelectual a reconfigurar su rol, reconociendo su valor sin menospreciar el conocimiento colectivo ni las luchas compartidas en la mejora de la salud mental.
Estimada compañera, tu experiencia en Los Andes refleja con mucha claridad cómo nuestro rol médico puede expandirse e ir más allá de un box médico, situándonos en lo cotidiano, en lo comunitario, escuchando activamente al otro sin la distancia del saber técnico. Me emociona pensar cómo esas intervenciones, aparentemente sencillas, pueden sembrar redes de contención que perduran en el tiempo, como los grupos de apoyo que mencionas. Creo que ahí está justamente el corazón del activismo profesional: en conectar, acompañar y construir salud mental desde lo humano, desde lo colectivo y lo sensible. Gracias por compartirlo.
EliminarEstimada Francisca, estoy muy de acuerdo con tu comentario. Es importante tener claro que no debemos simplificar el sufrimiento psiquico ya que es tan complejo como todo lo que influye en la vida de una persona. Como profesionales de salud mental y médicos debemos cuestionarnos la manera en la cual los diagnosticos se realizan cada vez más simplificados casi llegando a ser un checklist, debemos ser criticos con respecto a esto. Además tambien como bien mencionas debemos volvernos actores activos para fortalecer el trabajo intersectorial como mencionas esa experiencia durante tu trabajo en Los Andes, sacar a los profesionales de los box es muy valioso ya que se lleva el conocimiento a la personas para poder reflexionar y empoderar a los actores principales de su salud que son las mismas personas que padecen de alguna patologia de salud mental.
EliminarSaludos
En los textos de esta última quincena, podemos analizar como la psiquiatría contemporánea enfrenta una paradoja epistemológica y ética. Por un lado, la evidencia científica demuestra que los determinantes sociales como la pobreza, desigualdad, exclusión, entre otros; son factores causales clave en la etiología de los trastornos mentales. Pese a lo anterior, en la práctica clínica, seguimos anclados en un modelo biomédico. Esta disyuntiva, lejos de ser un mero debate académico, revela una crisis de identidad profunda, donde podemos preguntarnos si la psiquiatría puede reinventarse como un instrumento de transformación social. Los textos analizados no solo plantean esta pregunta, sino que trazan un mapa crítico para responderla. Por ejemplo, en la editorial titulada "La misión política de la psiquiatría" de Stefan Priebe, él realiza una lúcida denuncia donde señala que la omisión política de la psiquiatría ante los determinantes sociales equivale a una complicidad estructural. Los datos son irrefutables: sociedades desiguales generan mayor prevalencia de depresión, ansiedad y psicosis. Sin embargo, la respuesta hegemónica sigue privilegiando intervenciones individuales (psicofármacos, terapias cognitivo-conductuales) por sobre estrategias colectivas. Esta disonancia no es un vacío técnico, sino una elección política. Como bien mencionan Foucault y Deleuze en su diálogo de 1972, el poder no es una entidad abstracta, sino una red de prácticas institucionales que se ejerce a través de diagnósticos, terapias y políticas de encierro. La medicalización del malestar social opera como un dispositivo de domesticación, neutralizando la resistencia al convertirla en sintomatología. En este contexto, el legado de movimientos como el Grupo de Información sobre Prisiones; donde Foucault colaboró para amplificar las voces de los reclusos, adquiere gran relevancia. No se trataba de aplicar teorías, sino de crear contradiscursos que derrotaran la lógica carcelaria. Este enfoque anticipa la labor de publicaciones críticas en la España posfranquista, bajo la dirección de Manuel Desviat. Algunas de sus publicaciones sobre la iatrogenia de los psicofármacos, la critica a la privatización de servicios, por mencionar algunos; no solo cuestionaron el modelo biomédico, sino que expusieron cómo la industria farmacéutica y las políticas neoliberales colonizaban la práctica clínica.
ResponderEliminarDentro de este tema, Vicente Ibáñez, en su capítulo de Críticas y alternativas en psiquiatría, amplía este marco al exigir alianzas intersectoriales con movimientos feministas, ecologistas y antirracistas. Su argumento señala que la salud mental no puede desvincularse de luchas contra la opresión de los sistemas. Un ejemplo elocuente es la patologización de la violencia de género, donde diagnósticos como "trastorno de estrés postraumático" enmascaran la responsabilidad estructural de un patriarcado que normaliza la agresión. Aquí, la psiquiatría crítica debe operar como un puente entre la clínica y la política, documentando cómo el racismo, el clasismo o la lgbtfobia se internalizan como trauma psíquico. En relación al impacto del patriarcado, suelo recordar la entrevista que realizamos en Cecosam Villarrica al padre una chica trans, donde el mencionaba, que en su época, solía denigrar a personas de la comunidad, llamándolas "marica" e incluso pidiendo que no se sentaran en el mismo puesto que él cuando ocupaba el transporte público. Este padre, sin embargo, reconocía que en la actualidad, se había informado, por medio su hije, de sus psiquiatras y psicólogos tratantes, sobre la comunidad LGBTQIA+ y que se avergonzaba de su comportamiento en el pasado.
Para terminar, es evidente que la psiquiatría enfrenta una elección ética ineludible, lo que implica abandonar la ilusión de neutralidad y reconocer que toda intervención clínica es, en última instancia, un acto político.
Estimada Carolina:
EliminarMe pareció muy interesante el abordaje y opinión en relación con los documentos leídos en este periodo.
Es importante considerar la imposibilidad de disolver la psiquiatría a una ciencia puramente neurobiológica y dejar de lado toda la contextualización que ocurre en el sufrimiento psíquico.
En la actualidad existe una jerarquización y un poder ejercido de manera sistemática sobre algunos/as, por lo que la predisposición a ser vulnerados y por consiguiente presentar sufrimientos psíquicos es alto. Es relevante mantener siempre la perspectiva de ello y persistir en mantener una visión crítica de manera activa. Debemos ir más allá de diálogos que eduquen e informen la postura, debemos tomar acciones en coherencia con nuestra opinión y generar espacios de diálogo más allá de cuatro paredes. Es importante que la academia no se centre en capacitaciones puramente científicas y visualice las raíces problemáticas y trabaje en ellas, debemos problematizar los problemas y ser activos en buscar y propiciare espacios de solución.
Me pareció muy importante la experiencia que comentas, y creo que es en aquellos casos, que nos damos cuenta del rol que cumple la educación. Se debe lograr difundir y psicoeducar, de manera tal que evitemos la discriminación y el estigma. No puede ser que esto genere consciencia solo desde la experiencia personal o cuando el sufrimiento es de alguien más cercano.
Saludos
Carolina, esto que mencionas en la parte final de tu comentario me parece espectacular: “la psiquiatría crítica debe operar como un puente entre la clínica y la política, documentando cómo el racismo, el clasismo o la lgbtfobia se internalizan como trauma psíquico”; ya que me parece que es una idea que se localiza en ese ámbito fértil y problemático que menciono al final de mi propia intervención, porque es a la vez tanto una exigencia axiológica (en tanto que política) y profesionales que debería regir tanto nuestro quehacer profesional, como el de la psiquiatría en su conjunto. Me parece también que es una idea muy buena, ya que también pone en tensión una posible respuesta a la supuesta dicotomía entre activismo y desempeño profesional: en tanto profesionales de la salud mental nos adecuamos a un conjunto de criterios y exigencias tanto institucionales como derivadas de nuestra formación como portadores de un conjunto de saberes y técnicas de intervención determinadas; y, por otro lado, en tanto individuos, más allá de nuestra práctica médica, nos comprometemos con algún tipo de activismo político en torno a la justicia en nuestra sociedad. Lo expresado por ti en lo que cité inserta en el propio ámbito de la “calidad” del desempeño de la psiquiatría, una exigencia epistemológica y política, por lo que podemos hablar de un activismo en el ámbito interno de la teoría/práctica del ejercicio mismo de la salud mental.
EliminarProfesionalismo y activismo en salud mental:
ResponderEliminarEl profesionalismo en psiquiatría y salud mental es esencial para garantizar una atención de calidad en dispositivos de salud pública. Este profesionalismo se fundamenta en principios éticos, competencia técnica, empatía y autorreflexión, los cuales son cruciales para establecer relaciones de confianza entre profesionales y pacientes, y para abordar los desafíos específicos que enfrenta el sistema público de salud, como la falta de recursos y la sobrecarga laboral. Se enfatiza la necesidad de implementar estrategias para fortalecer estos aspectos y mejorar tanto la calidad del cuidado como el bienestar de los profesionales y pacientes.
Hacer activismo o ser parte de una lucha por mejoras para las personas, igualdad y respeto por sus derechos, es algo que si o sí nos involucra en nuestra profesión, al fin y al cabo somos propicios a garantizar el ejercicio de derecho y participar en las discusiones en torno a actuales y futuros proyectos de Salud Mental, reconociendo la necesidad de su construcción participativa y en base a grandes acuerdos que favorezcan a todos. Aun así suelen ser solo unos pocos se atreven a ser partícipes de reclamar y solicitar los cambios para esto, puede que no todos tengan la misma visión para un bien común ni estén de acuerdo en las formas de llegar a los objetivos, sin embargo es ahí en donde debemos entender que ser activistas también involucra ser consciente de las distintas visiones y poder ser críticos ante estas, lo que no deja de ser un acto político.
Con respecto de cómo finalmente nos damos cuenta desde nuestra formación que una forma adecuada de acompañar y posiblemente colaborar en el bienestar de las personas, es cambiar efectivamente las distintas formas de vulneración estructural que han existido a través de la historia de las comunidades del país. Cómo se instaura no solo la visión sobre factores determinantes sociales de la salud, sino que la necesidad de modificarlos, como cualquier medida básica de prevención y promoción de salud mental.
Estimada Colett:
EliminarMe parece importante tu reflexión sobre el profesionalismo en salud mental en el ámbito público. Destacando la ética, la competencia técnica, la empatía y la autorreflexión, que son elementos cruciales para una atención de calidad y para construir la confianza necesaria con los pacientes, especialmente considerando las carencias del sistema público como la falta de recursos y la sobrecarga laboral.
Ahora bien, esta visión del profesionalismo se expande significativamente al considerar la necesidad de que los profesionales expresemos activamente nuestras ideas y opiniones. Así es como la publicación de trabajos académicos no solo se convierte en una herramienta para impulsar cambios a nivel social y político, sino que también fomenta una reflexión crítica esencial entre colegas, como bien lo ejemplifica la labor de Desviat. Esta capacidad de cuestionar el modelo hegemónico centrado en el síntoma-diagnóstico-tratamiento y de buscar alternativas inclusivas, alineadas con los derechos humanos y la justicia social, debe ser parte del profesionalismo de cada uno de nosotros.
En este sentido, el activismo profesional, no es ajeno a la práctica clínica, sino que se junta con la ética y la responsabilidad profesional, especialmente en el ámbito público. Cuidar nuestra competencia técnica y nuestro autocuidado nos permite ser agentes de cambio más efectivos, capaces de impulsar transformaciones estructurales que aborden las vulneraciones históricas y los determinantes sociales de la salud mental. La participación en la esfera política y el fortalecimiento de la relevancia social de la salud mental, son acciones que complementan ese profesionalismo individual, llevándolo a un plano colectivo y de mayor impacto.
Finalmente, creo que nuestro enfoque debe ser uno que promueva la participación, la inclusión y el trabajo en red, principios que sin duda fortalecen la capacidad de los profesionales para generar un cambio real en el bienestar de las comunidades
Es imposible negar la clara asociación que existe entre condicionantes sociales y sufrimiento psíquico. Las personas que están sujetas a diferentes vulneraciones tienen un riesgo aumentado de tener algún trastorno de salud mental. Esto es innegable y descrito en muchos estudios. En la misma línea es el cuestionamiento a nuestro quehacer. Si tenemos claridad y certeza que existen factores, más allá de lo biológico, que conllevan un riesgo para nuestros pacientes, no podemos vendarnos los ojos. Debemos trabajar con ella y mantener una visión crítica y activa para mejorarla. No podemos ayudar a mejorar a nuestros pacientes y que luego sean devueltos al mismo lugar que los mantiene enfermos.
ResponderEliminarMantener una visión crítica y activa frente a las diferentes asimetrías de poder es una misión fundamental en el ejercicio de la salud mental. Tal como se menciona en algunos textos las sociedades científicas deben proporcionar un espacio de crítica, y no centrarse puramente en documentos científicos y neurobiológicos. Es fundamental mantener un espacio de diálogo y discusión a las problemáticas que perpetúan muchos de los problemas en salud mental.
Siempre es importante entregar respaldo a las narrativas personales de los pacientes, tal como menciona Foucault la psiquiatría muchas veces se impone y demuestra una jerarquía superior en relación con las experiencias subjetivas de las personas. Se debe cuestionar dicha posición de manera constante y evitar caer en la mecanización del trato, sin considerar la contextualización de los sufrientes. Los pacientes siempre deben mantener un rol activo en el proceso de rehabilitación, buscando intervenciones generadas a través de una co-construcción de metas individualizadas y adaptadas a la individualidad de cada consultante.
Es innegable el gran estrés al que están sometidos los equipos de salud mental y las innumerables brechas que se perpetúan en diferentes sistemas. Si bien es relevante proporcionar y defender espacios de cuidados para los equipos que los sustentan, también es relevante la visión activa para generar cambios en dichos espacios.
Se agradece la visión entregada por la Sociedad de Salud Comunitaria de Chile y cómo se basa en sustentos sólidos a través de una mirada activa de mejoras y de proporcionar espacios de participación de la comunidad.
Dentro de mi experiencia personal, pude participar en Rancagua de una capacitación en torno a atención de salud mental en población Trans. En dicha instancia, fueron invitades agrupaciones y personas pertenecientes a la comunidad. Fue bonito escuchar los relatos de expertos/as en experiencia. Y en cómo, elles, podían proponer críticas prácticas estigmatizantes en los dispositivos, no podemos desentendernos de la crítica, en estos casos está ahí la posibilidad de mejorar. Es fundamental escuchar a quiénes le hacen sentido a nuestro quehacer. Son elles quiénes tienen las herramientas y prácticas que pueden realmente ser de utilidad para su mejoría.
Estimada Carolina si bien los texto representan una reflexión profunda y crítica sobre la necesidad de integrar los determinantes sociales en la práctica de la salud mental. Reconoce que el sufrimiento psíquico no puede desvincularse de las vulneraciones estructurales que afectan a las personas, y llama a los profesionales a no perpetuar la desconexión entre atención clínica y contexto social. El autor subraya la importancia de mantener una visión crítica frente a las asimetrías de poder, tanto en el vínculo clínico como en las estructuras institucionales, destacando el rol transformador que deberían tener las sociedades científicas. Resalta, además, la necesidad de validar las narrativas de los usuarios, evitando la jerarquización de saberes y favoreciendo procesos de rehabilitación co-construidos. Finalmente, comparte una experiencia personal significativa que ilustra el valor de escuchar directamente a las comunidades afectadas, reconociendo que la crítica desde los propios usuarios es un motor real de cambio en la práctica cotidiana. El texto evidencia un compromiso ético con una salud mental comunitaria, participativa y crítica
EliminarCompañera, me encuentro muy de acuerdo contigo en la postura de entregar respaldo a las narrativas de los pacientes. La horizontalidad en el trato, evitando la asimetría e injusticia testimonial, me parece fundamental para un ejercicio profesional éticamente responsable. Cuestionarse a sí mismo en esa posición, como clínico, creo que es necesario para afinarse en la escucha, la atención y lectura de signos. Toda tekhné demanda este conocimiento sensible, y creo que la mejor forma de aprenderlo es dejándolo emerger. Más aún si lo que queremos aprender a leer son signos de lo humano, vivo y en crisis, hace falta dejar de posicionarse en lo alto del saber y abrirse al misterio de lo desconocido.
EliminarA partir de la lectura de artículos sobre profesionalismo y activismo en salud mental, considero relevante, para comenzar, resaltar la importancia de expresar nuestras ideas y opiniones como profesionales del área. Un claro ejemplo de esto es la publicación de trabajos académicos y reflexiones, que no solo impulsan ideas y movimientos sociales, sino que también sirven como instrumentos de reflexión entre colegas, contribuyendo a la construcción de visiones y al fomentar cambios. En este contexto, la labor de Desviat ha sido esencial para desarrollar una visión crítica de la salud mental.
ResponderEliminarAsimismo, como profesionales, debemos cuestionar el modelo hegemónico que se centra en el síntoma- diagnóstico- tratamiento. Este enfoque reduce el sufrimiento humano, ignorando su complejidad y las condiciones sociales que lo rodean. Por ello, es importante fomentar el activismo profesional, buscando alternativas inclusivas que se alineen con la lucha por el respeto a los derechos humanos y la justicia social. Debemos promover una práctica horizontal y participativa, convirtiéndonos en agentes capaces de generar cambios estructurales.
Para llevar a cabo este proceso, es esencial que mantengamos la ética y la responsabilidad profesional, especialmente en el ámbito público. Debemos cuidar nuestra competencia técnica y nuestro autocuidado, lo que nos permitirá centrarnos de manera más efectiva en el bienestar integral de las personas. Así mismo, creo que la salud mental debe estar involucrada en la esfera política para promover los cambios sociales necesarios, como la reducción de la desigualdad, la pobreza y el desempleo, factores que afectan directamente el bienestar mental de la población. Por lo tanto, es necesario fortalecer la relevancia social de la salud mental y participar activamente en estos procesos.
También me parece relevante mencionar la existencia de la Sociedad por la Salud Mental Comunitaria, que busca crear una hoja de ruta uniendo fuerzas con un enfoque en la salud pública. Esta organización promueve la participación comunitaria, fomenta la inclusión y la formación de grupos de trabajo en la comunidad.
Para ir finalizando, quiero destacar el diálogo entre Foucault y Deleuze sobre la relación de los profesionales con el poder. Ellos subrayan que las ideas y las prácticas deben estar interconectadas, y que es deber de los intelectuales luchar contra el poder, no solo hablar de él. Ya que, este poder afecta a todos, por lo que es crucial que las personas que sufren puedan expresar sus ideas y empoderarse ante lo que las oprime.
Para terminar, quisiera compartir una experiencia personal en el Cesfam Monteáguila, donde observé que muchas personas no acudían a consultas de salud mental a tiempo, ya sea por falta de comprensión o por el estigma asociado a "estar locos". Por ello es que, junto con el equipo, decidimos organizar charlas y talleres comunitarios para educar a la población sobre la salud mental, promoviendo la importancia de buscar ayuda profesional oportunamente. En estos espacios, los usuarios podían expresar sus preocupaciones y creencias sobre la salud mental, recibiendo apoyo de todo el equipo.
Profesionalismo y activismo en salud mental:
ResponderEliminarLas lecturas nos muestran las críticas a la psiquiatría actual y plantea alternativas basadas en la responsabilidad social y humana. Se expone cómo el modelo biomédico dominante simplifica el sufrimiento y se resalta la necesidad de transformar la atención en salud mental mediante el activismo profesional y social.
Por lo anterior, considero relevante, resaltar los siguientes temas, tales como:
El activismo en salud mental que aboga por superar el estigma, promover derechos humanos y luchar contra las desigualdades sociales, inspirándose en movimientos como el feminismo y la defensa de los derechos de personas con discapacidad.
El rol de los profesionales que plantea que los terapeutas deben actuar como activistas, integrando la justicia social en su práctica clínica y cuestionando las estructuras de poder que perpetúan la opresión.
También es relevante mencionar las dificultades del activismo común, ya que en el texto se describen los retos para unir a distintos colectivos (usuarios, profesionales, familiares) debido a intereses divergentes y la influencia de actores externos, como la industria farmacéutica.
Respecto al rol de la investigación y coproducción, se resalta el papel de la investigación participativa como herramienta de empoderamiento y democratización del conocimiento en salud mental.
En cuanto a la relación con la industria farmacéutica, se alerta sobre cómo la financiación empresarial condiciona el activismo y la representación de usuarios.
Otro punto que considero importante mencionar, son las publicaciones en salud mental, donde se repasa la trayectoria de iniciativas editoriales que han promovido el pensamiento crítico y la construcción colectiva de conocimiento en salud mental, destacando la labor de Manuel Desviat.
Por último, los intelectuales y poder, que se basa en ideas de Michel Foucault, en el cual juegan un rol fundamental los intelectuales como agentes de lucha contra las formas de poder, enfatizando la importancia de actuar en colaboración con los movimientos populares.
En cuanto a mi experiencia profesional desde que me encuentro trabajando en el CDT del Hospital Barros Luco, considero sumamente relevante volver a destacar el rol que tenemos como agentes de la construcción colectiva de conocimiento de salud mental ya que si bien, en nuestras atenciones clínicas indicamos un plan de cuidado para el paciente, es importante aclarar que este plan de cuidado no se reduce a indicar el diagnóstico más certero ni el tratamiento más oportuno, sino que los cimientos de un adecuado cuidado hacia el otro, se basa en educar, desestigmatizar, desnaturalizar, dejar de ver al paciente como un subalterno, y cambiar la visión de la medicina tradicional, a una visión donde el paciente debe hacer valer sus derechos, su autonomía, la recuperación de su funcionalidad y calidad de vida.
Estimada colega, encuentro tan atingentes tus aseveraciones. En ocasiones siento que los pacientes asientes y muchas veces sin entender, al final deje como compromiso personal que quizás es el de muchos colegas, es que el paciente no puede salir del box, de una charla o de un intercambio de consulta sin comprender su estado y las indicaciones, me pasaba muchas veces cuando trabajaba en el Cesfam que busca un enfoque multisistémico, ser transversal y dirigido hacia los pacientes, con rendimientos en ocasiones cortos que pacientes se iban, luego se descompensaba y la familia solicitaba visita domiciliaria, en las visitas observaba las bolsas de múltiples fármacos indicados que los pacientes no tomaba, en las preguntas dirigidas sus respuestas eran: "no sabia para que eran" "me dolían el estomago y las deje de tomar" "eran muy grandes y no me servían", en fin recordar las múltiples excusas, pero al cambiar el foco, el quizás atrasarme un poco mas, explicar de múltiples modos se lograba el vinculo, se lograba la comprensión, me dejaban de ver un ser superior y daba la confianza de decirme "no entendí" y volver a empezar, luego los pacientes frecuentes, tienen menos consultas, mejoran su adherencia, disminuyen sus riesgos, a veces cuesta tanto ponerse en el lugar del otro, me siento que estoy en una vereda mas privilegiada, tener conocimientos, conocer riesgos, averiguar en caso de no saber, pero nuestros pacientes? Creo que los cambios son paulatinos; depende mucho de la formación, del medio cultural en que cada individuo nace y crece. Actualmente, nuestra sociedad se ha visto enfrentada a tantos cambios sociales, demográficos, económicos, crisis sanitarias, cambios políticos que al final todo influye en el desarrollo del individuo y la tarea es mejorar en el rol profesional, social y, en el caso de futuros psiquiatras,
EliminarDra. Rosas como siempre disciplinada y precisa en sus resúmenes y afirmaciones. Espero que cuando seamos psiquiatras trabajemos en pos de estas ideas y logremos correr el cerco cada vez más allá. Primeras cuestiones que debemos concretar es identificar metas en común y ver hasta donde tenemos la capacidad de comprometernos en ese activismo.
EliminarLos textos de esta quincena me dejaron distintas sensaciones y análisis, el de activismo profesional en salud mental, hace la critica que ha sido recurrente en este curso, de como la psiquiatria contemporanea se ha centrado en un modelo simplista de un cuadrfo de sintomas, su diagnostico y su tratamiento, pero la complejidad del ser humano, comprender su sufrimiento? ademas se aborda de un activismo de salud mental que promueva la igualdad, la justicia social y el bienestar, hay tantas desigualdades actualmente, muchos pacientes piensan aun que los medicos son dioses inalcanzables, porque culturalmente se avalo de esa forma, pero tambien me hace recordar mi paso por atencion primaria, en ocasiones en reuniones de salud familiar, para un grupo del equipo era una lata ir hacer promocion y prevencion a las juntas de vecinos o los colegios, incluso se bloqueaban mas del espacio que era indicado, pero en mi caso quise marcar un precedente, me encantaba ir a los colegios hablar de TCA, trastornos de animo, Bullying, ideacion suicida, tenia 2 dias de tarde libre como autocuidado y creo que mi mejor autocuidado eran ir hacer charlas, acercar la medicina para aquellos mas jovenes, eso tambien impulso luego mi decision de beca, pero era esa discordancia de hacer las charlas por obligacion por alguno o proque era meta y el comprimiso social? pero no a todos se les puede exigir. Luego, en el texto de la entrevista de Michel Foucault y Gilles Deleuze, como discuten la relación entre la teoría y la práctica, vienen recuerdos de visitas también en atención primaria de personal que trabajaba en el servicio y con exigencias. Muchas veces me cuestione si eran profesionales que alguna vez trabajaron viendo pacientes, pero da para otra discusión que no es el caso actual. Con respecto a la publicación de la AEN el enfoque que toman hacia lo comunitario, hacia el crítico de salud mental y en la transformación social. En conjunto, los textos dan la invitación a reflexionar críticamente sobre el poder, las prácticas y los discursos, el enfoque como futuros psiquiatras en llevar un rol más activo en estos cambios y un compromiso social para llegar al ideal de salud.
ResponderEliminarEstimada Jocelyn: concuerdo plenamente con tu comentario en donde destacas que la psiquiatría comunitaria debe ser abordada por otras dimensiones, además de la biomédica que nos entrega opciones farmacológicas terapéuticas que sin duda no se puede evitar en este manejo multidisciplinario de la salud mental comunitario.
EliminarAdemás, creo que tienes razón en que los activistas profesionales de la salud mental, somos nosotros mismos y debemos crear instancias educativas en donde se expongan, se debatan conflictos, demandas solicitadas por lo propios usuarios, integrando a la comunidad para que puedan expresar su experiencia subjetiva, su vivencia particular concluyendo en equipo los posibles cambios estructurales que se deben realizar a nivel comunitario, municipal, regional y a nivel país, ya que existen demandas sociosanitarias transversales.
Como becado de primer año de psiquiatría comunitaria en lo aprendido este año en mi campo laboral no olvidar el programa calle, las sedes de juntas de vecinos, las agrupaciones con personalidad jurídica, las agrupaciones de adultos mayores, lugares que son un nicho en donde podamos comunicarnos efectivamente siempre en vías de devolver, promover, promocionar y rehabilitar la salud mental de los usuarios que mas lo necesitan.
(Comentario Fernanda Espejo)
EliminarEstimada Jocelyn
Me resuena mucho lo que señalas respecto a tu experiencia en APS y esta postura de hastío en torno a la educacion de los usuarios, dentro de los equipos, donde intentaste marcar la diferencia, tomando la participación y el diálogo como los cimientos del cambio social. Es clave que tomemos un rol más activo como futuros profesionales de la salud mental.
Me parece que el tema de esta sesión, recapitula y ayuda a repensar mucho de los contenidos que hemos visto a lo largo del curso, como el estigma, discriminación, interculturalidad, pero desde un fondo mucho más empírico y práctico, pudiendo visualizarlo de manera más realista para incorporar a nuestra práctica del día a día.
ResponderEliminarEs innegable que al lograr adentrarnos en comprender y escuchar a nuestros usuarios, no sólo para llegar a un "diagnóstico" y "tratamiento", si no para llegar a una real compenetración, de comprender cuál es lo esencial que determina el sufrimiento psíquico de aquel que nos consulta, los determinantes estructurales y sociales que nos rigen de una manera diría yo a veces casi invisible en el día a día, deben ser develados e intervenidos.
Inicialmente en mi práctica clínica en APS, viendo usuarios que consultaban por problemáticas de salud mental, me percaté de muchos factores que intervenían más allá de lo psicopatológico: problemas de vivienda, dificultades laborales/económicas, familiares enfermos, entre otros. Incorporaba estos elementos como "un factor más" en mi proceso diagnóstico, y en caso de no responder al tratamiento (que frecuentemente se centraba en el modelo biomédico de los psicofármacos), se catalogaba como "depresión refractaria", "trastorno de ansiedad refractario" y los derivaba a atención secundaria para evaluación por psiquiatra.
Cuando veía nuevamente a estos usuari@s, por otros motivos (consulta de morbilidad, cardiovascular, etc), me percataba de que no había muchos cambios en su sintomatología psiquiátrica, preguntándome ¿Por qué no mejoraban al haber escalado en su nivel de complejidad de atención?
Hoy después de llevar casi 2 años de residencia en psiquiatría infantojuvenil, es similar lo que ocurre con respecto a los NNA, ya que si no tenemos un cambio a nivel de los factores familiares, socioeconómicos, escolares, etc la sintomatología se vuelve más intensa no responde a fármacos y finalmente mutan a situaciones más graves.
Por lo cual tenemos que tener claro que es imprescindible conocer a fondo la situación de nuestros pacientes para poder entender cómo se desarrolla la psicopatología y como estos factores pueden influir en la mejoría de un cuadro de salud mental.
Javiera si bien el autor del texto realiza una reflexión crítica muy valiosa sobre su propio proceso de formación y práctica clínica en salud mental. Reconoce cómo, en un inicio, su enfoque estuvo influenciado por el modelo biomédico tradicional, en el cual los determinantes sociales eran considerados factores secundarios dentro del diagnóstico. Sin embargo, a partir de su experiencia tanto en APS como en su residencia en psiquiatría infantojuvenil, identifica que el sufrimiento psíquico no puede entenderse ni abordarse adecuadamente si se desconoce el contexto social, económico y familiar de los pacientes. Este cambio de perspectiva evidencia una evolución hacia una mirada más integral y comunitaria, que reconoce la importancia de los determinantes estructurales en la salud mental. El texto muestra cómo el estancamiento clínico que observa en sus pacientes no es un fracaso individual, sino el reflejo de condiciones sociales no resueltas. De este modo, se alinea con las propuestas actuales que exigen una salud mental crítica, centrada en la persona y su entorno, superando el reduccionismo biomédico.
EliminarLa reflexión de Michel Foucault sobre la relación entre saber y poder en "Los Intelectuales y el Poder" invita a repensar críticamente la práctica en salud mental en Chile. La psiquiatría, lejos de ser un saber neutral, históricamente ha funcionado como un dispositivo de control social, reproduciendo exclusiones y desigualdades. Desde esta perspectiva, los profesionales de la salud mental no pueden permanecer indiferentes: su práctica está inevitablemente atravesada por relaciones de poder que deben ser interrogadas y transformadas.
ResponderEliminarAutores como Alberto Fernández Liria y Vicente Ibáñez Rojo proponen romper con el modelo biomédico hegemónico, que fragmenta y patologiza al sujeto, para impulsar una salud mental centrada en la comunidad, en el respeto a los derechos humanos y en la promoción de la autonomía. Priebe, en la misma línea, plantea que la misión política de la psiquiatría no puede ser otra que contribuir a la inclusión social y a la justicia, más que reforzar mecanismos de opresión.
En Chile, pese a avances en la desinstitucionalización y en la promoción de redes comunitarias, persisten prácticas asistencialistas, verticales y medicalizantes, muchas veces desconectadas de los territorios y de las necesidades reales de las personas. Ante esto, el Manifiesto de SOSAMCHI y la Declaración "Rehabilitar y Rehabitar" llaman a construir dispositivos de salud mental abiertos, que fortalezcan vínculos comunitarios, reconozcan la diversidad cultural y sean críticos con las formas tradicionales de ejercicio del poder psiquiátrico.
Asumir un profesionalismo ético en salud mental hoy exige más que competencias técnicas: demanda compromiso político, conciencia crítica y capacidad de acción colectiva. El desafío es integrar las epistemologías del sur, que valoran saberes situados y populares, y avanzar hacia prácticas que no sólo rehabiliten a los sujetos, sino que también rehagan los lazos sociales rotos por procesos históricos de exclusión, pobreza y violencia estructural.
La salud mental comunitaria en Chile necesita profesionales que sean activistas de derechos, que resistan la burocratización y la tecnificación vacía, y que trabajen en conjunto con comunidades para democratizar la atención y devolver el poder de decisión a quienes históricamente han sido objetos, y no sujetos, de las políticas públicas. Solo así podremos construir, de manera efectiva, una salud mental que no sea instrumento de control, sino un verdadero motor de transformación social.
Monica tu comentario me hace ver los principales desafíos que enfrentamos hoy en la práctica de la salud mental en Chile. Coincido plenamente en que el análisis de Foucault nos interpela a entender que nuestro ejercicio profesional no es neutro, sino que inevitablemente está atravesado por relaciones de poder que debemos identificar, cuestionar y transformar.
EliminarMe parece particularmente relevante lo que mencionas sobre el riesgo de reproducir prácticas asistencialistas y medicalizantes, aun en contextos que se plantean desde una perspectiva comunitaria, efectivamente el desafío no es solo técnico, sino profundamente político y ético. Avanzar hacia prácticas que integren y valoren los saberes situados supone también que, como profesionales, renunciemos a ocupar una posición de autoridad incuestionable, para construir junto a las comunidades nuevas formas de cuidado basadas en el respeto, la participación y la autonomía.
Desde mi experiencia en el Servicio de Psiquiatría Ambulatoria del Hospital Barros Luco Trudeau, he podido observar cómo las redes de apoyo comunitarias, cuando se fomentan y fortalecen, marcan una diferencia crucial en los procesos de recuperación de los usuarios. Esto reafirma que el cambio real no proviene únicamente del perfeccionamiento clínico, sino de la capacidad de transformar las condiciones sociales que configuran el sufrimiento psíquico.
Los textos leidos tienen el mérito de dejar claro que el trabajo en salud mental no puede separarse de una reflexión exhaustiva sobre el poder, la política y el compromiso ético. De la misma manera en que Foucault y Deleuze nos impulsan a pensar en los terapeutas no solo como transmisores de conocimiento neutral, sin agentes dentro de sistemas de poder que, lo sepamos o no, reproducimos o resisten redes de dominación. Esta percepción tiene un correlato en la crítica de Vicente Ibáñez Rojo a la reducción del sufrimiento psíquico a rasgos lógicos de naturaleza biológica-biomédica, con síntomas que necesitan ser diagnosticados y tratados, desvinculados de su origen en circunstancias sociales particulares. En respuesta a esto, sugiere un movimiento hacia un profesionalismo activista, capaz de adoptar posiciones firmes, luchar contra la desigualdad y provocar cambios reales en las prácticas y condiciones sociales que afectan la salud mental, por ende no es suficiente generar evidencia sobre las causas sociales del dolor psíquico; los profesionales también tienen una tarea política: usar su experiencia y defender públicamente cambios en las estructuras e instituciones en dirección a sociedades más activas, justas y solidarias. Para Priebe, el "abstencionismo político" de la psiquiatría es un error ético, ya que el fracaso de la psiquiatría en este aspecto permite que el sufrimiento innecesario continúe.
ResponderEliminarEl Manifiesto SOSAMCHI también aborda este aspecto: las narrativas comunitarias no son suficientes si, de hecho, los sistemas aún terminan reproduciendo las lógicas de control y exclusión. La salud mental comunitaria necesita un verdadero compromiso con los principios de participación, práctica de derechos, cultura y cambio social desde la base.
Basándome en mi experiencia he identificado esta tensión entre teoría y práctica. A menudo he visto cómo las condiciones sociales, violencia doméstica, pobreza, inseguridad laboral son pasadas por alto diagnóstico donde se aplican etiquetas como "depresión refractaria" cuando los problemas tienen un componente estructural, los artículos revisados nos desafían como futuros psiquiatras pues debemos ver que el problema será practicar un profesionalismo crítico y activista, ir más allá del manejo de síntomas y trabajar para cambiar las condiciones que producen miseria.
Estimada Franzelis:
EliminarLo que mencionas en tu último párrafo me hace mucho sentido, ya que es una práctica habitual el diagnosticar sólo a través de lo categorial a un paciente y definir además un tratamiento farmacológico sin considerar las determinantes sociales que generan o al menos influyen fuertemente a la persona. Como mencionas es importante ir más allá de los síntomas pero no sólo identificando las problemáticas, sino que participando activamente en otros ámbitos ajenos a la clínica que permitan mejorar las condiciones sociales y por consecuencia la salud mental de nuestros pacientes.
El tema de estas semanas creo que nos permite reflexionar respecto a una temática que está presente en el día a día pero de manera más tácita como es el profesionalismo y nos invita además a un mundo que en particular me es algo ajeno pero que se enraiza en el modelo de salud mental comunitaria como es el Activismo.
ResponderEliminarEn Los Intelectuales y el Poder, la entrevista fue muy interesante para partir cuestionándonos el sistema de poder y sus relaciones, la censura que se da no sólo desde las instancias superiores como menciona Michel Foucault-Gilles, si no también en las “micro” censuras y coerciones en todos los sistemas de la sociedad. Cuestiona también la función de la teoría ajeno a su aplicación práctica y su no representatividad, ya que la acción en sí misma ejerce una teoría y también nos hace reflexionar sobre las figuras asociadas a este poder. Me parece notable la frase “sería necesario saber bien hasta dónde se ejerce el poder, no se sabe quién lo tiene exactamente; pero se sabe quién no lo tiene”.
El otro texto que destaco es Profesionalismo en los Profesionales y Trabajadores de
Psiquiatría y Salud Mental en Dispositivos de Salud Pública. Me parece a destacar que en un texto de pocas páginas se sinteticen claramente conceptos y definiciones sobre las dimensiones del profesionalismo. Es importante reflexionar sobre qué implica ser un profesional de la salud mental en nuestra práctica clínica pero no lo hace sólo desde una forma descriptiva, sino que también relacionándolo con el ejercicio de la salud pública reconociendo las debilidades y precariedad del sistema en que nos encontramos y proponiendo brevemente acciones sobre las cuales poder generar mejoras.
El último punto que quiero mencionar y es el que más me hace sentido al leer los textos es la misión política de la Psiquiatría. En el ámbito clínico donde he podido desarrollarme clínicamente ya sea CESFAM, COSAM o en el HBLT tratamos pacientes con una importante problemática social que determina muchas de las condiciones de la persona, limita tratamientos e intervenciones que pudieran ser beneficiosas. El llamado es a no quedarnos sólo en la acción del box, sino que surge como responsabilidad moral un ejercicio de la política en sus distintas dimensiones como el ejercicio de derechos y la participación ciudadana, en conjunto con el intersector y con los grupos de pacientes como hemos discutido anteriormente para poder construir una sociedad más justa y equitativa.
Estimado Francisco:
EliminarCreo que justamente uno de los grandes desafíos que enfrentamos es reconocer que nuestro rol no termina en el espacio clínico, ni en las intervenciones individuales. Como bien mencionas, la práctica diaria nos expone a realidades donde las condiciones sociales atraviesan y muchas veces determinan el sufrimiento psíquico de las personas. Ahí es donde se vuelve inevitable entender la psiquiatría también como un acto político.
Por otro lado, me parece muy importante lo que destacas respecto al profesionalismo. A veces se espera que los profesionales de salud mental seamos simplemente “eficientes”, pero ser verdaderamente profesionales implica mucho más. Esto es algo que también he presenciado y experimentado en mi práctica clínica, donde se priorizan cuestiones de rendimiento y donde a veces las soluciones propuestas se reducen a la solicitud por parte de otros profesionales o de los mismos pacientes o sus familias, de seguir replicando recetas a personas que no han sido vistos hace mucho tiempo o que han abandonado sus controles, perpetuando este pensamiento de que todo gira en torno a los medicamentos o que sin la presencia del psiquiatra no se puede hacer nada.
Francisco:
EliminarMe hace mucho sentido lo que dices, sobre todo a lo poco representativo de la realidad que la teoría nos enseña, cuando nos enfrentamos a la realidad, nos enfrentamos a precarización y a la falta de real compromiso por parte del poder hacia la salud mental. Me hace pensar que las decisiones se toman en oficinas de gabinetes, en lugar de lo empírico y lo que se ve día a día, esto me ha llevado a tener una mirada más crítica de cómo el poder intenta hacernos creer que es lo real. Me hace sentido lo propuesto por Foucault.
Esta realidad la vivimos ambos en el CDT de HBLT, donde existen muy buenas intenciones, desde las jefaturas incluso, pero que los recursos desde nivel central son escasos, me llama la atención que nuestros pacientes también están al tanto de esto.
Saludos!
Estimado Francisco. Agradezco tu reflexión; a mi parecer, muestra una clara comprensión de los textos revisados y considero interesante cómo lo vinculas con tu experiencia en relación a los dispositivos de salud mental en los que has trabajado.
EliminarTodos los que nos desempeñamos en esta área sabemos que la etiología de las patologías de salud mental es multifactorial, ya que usualmente son el resultado de la combinación de vulnerabilidad biológica y factores estresantes externos, como lo son los factores sociales y ambientales, y es frente a estos que el activismo nos puede ayudar a cambiar, buscando una transformación hacia la justicia social, a través de la modificación de políticas públicas. Somos los profesionales de las distintas áreas los que vivenciamos esos factores que muchas veces no nos permiten seguir avanzando en la recuperación del paciente. Por eso considero que integrar el profesionalismo y activismo favorece de manera directa a los usuarios, claramente siempre considerando un enfoque ético.
Hola a todos y todas.
ResponderEliminarRespecto a los textos de esta ocasión, me parece que recalcan algo que hemos aprendido a lo largo del curso y la práctica clínica: al final del día, la acción médica no se limita al acto clínico, sino que también implica un acto político. A través de nuestro actuar podemos ayudar a crear conciencia y, de algún modo, volvernos activistas. Si bien considero que esto debería ser algo transversal en toda la medicina, en salud mental se vuelve aún más necesario, debido al estigma que todavía persiste en torno a muchos temas.
Del texto de Michel Foucault y Gilles Deleuze destaco el cuestionamiento a la idea de que el intelectual debe “representar” a las masas. Proponen, en cambio, una nueva visión donde teoría y práctica no son jerárquicas, sino redes que se entrelazan. Reconocen que las personas saben y entienden su propia realidad mejor que quienes no están inmersos en ella. En la práctica clínica, constantemente nos enfrentamos a diversas formas de poder: el de la institucionalización, el de las etiquetas diagnósticas, el del saber “experto” que, muchas veces, invalida esos “saberes profanos” de los que hemos hablado en el curso. Quizá nuestro rol no sea tanto guiar o liderar, sino crear condiciones para que otros puedan apropiarse de su palabra y de su vida.
Como se plantea en otro de los textos, los profesionales de salud mental ya no podemos mantenernos neutrales frente a las desigualdades sociales que atraviesan el sufrimiento psíquico. El activismo debe ser conjunto y buscar no solo reformas asistenciales, sino cambios estructurales que desafíen el poder, las desigualdades y la estigmatización, para construir una salud mental que no solo trate síntomas.
El texto de Fernández Liria resalta la importancia de las publicaciones como instrumentos no solo para la difusión del conocimiento científico, sino también para articular esfuerzos colectivos y transformar realidades insatisfactorias, realidades que vemos día a día en nuestros pacientes y sus familias. Subraya la necesidad de tener espacios donde podamos pensar juntos, disentir y reconstruir nuestra práctica clínica más allá de lo meramente asistencial. Esto también forma parte del ser profesional: no solo se mide en congresos o conocimientos teóricos, como se menciona en el texto sobre el profesionalismo en los dispositivos de salud pública, sino en el compromiso ético, técnico y humano, que incluye la competencia, la empatía, la autorreflexión y el autocuidado.
Tal como se señala en el Manifiesto por la Salud Mental Comunitaria, el ejercicio de nuestra profesión debería promover el fortalecimiento de los derechos, la ciudadanía y la participación comunitaria con pertinencia cultural, con el fin de construir una salud democrática, inclusiva y fraterna. Estos principios también se reflejan en lo planteado por la Asociación Mundial de Psiquiatría, que aboga por mejorar la atención y el apoyo a las personas con diagnósticos de salud mental.
Parte 2:
EliminarEn la práctica clínica, recuerdo que en Angol existía un proyecto de participación en un programa de radio local, que con el tiempo se dejó de hacer, pero que sería interesante retomar. Además, seguimos generando instancias educativas como los Simposios de Residentes: el año pasado el tema fue la continuidad de cuidados y recovery, y este año nos centramos en las urgencias psiquiátricas, dirigido principalmente al personal de servicios de urgencia, quienes muchas veces están menos familiarizados con la salud mental, enfatizando siempre que el dolor psíquico no es menos importante que el físico.
También creo que es fundamental que en los espacios de formación se promuevan estas reflexiones. Nosotros, por ejemplo, conversamos habitualmente con los internos de medicina que rotan en el hospital para ayudar a que no reproduzcan viejas costumbres o miradas estigmatizantes.
Finalmente, considero esencial hablar del agotamiento del personal de salud y de la importancia del autocuidado, un aspecto que debería reforzarse activamente en la práctica clínica cotidiana.
Como mencioné antes, tenemos la oportunidad, más que de ser la voz de otros, de abrir espacios para que sean ellos mismos quienes puedan expresarse, ser incluidos, respetados y valorados.
Coincido con tu lectura: la práctica clínica es inseparable de una responsabilidad política in situ. Tu alusión a Foucault y Deleuze es oportuna porque resitúa al profesional como “intelectual específico” que opera dentro del dispositivo y no por encima de él; su tarea es activar saberes locales más que representarlos. En mi expriencia en APS, se intentó operacionalizar esta idea cediendo el timón a las agrupaciones de usuarios en la definición de prioridades del plan comunal de salud mental.
EliminarTambién comparto tu alerta sobre el desgaste profesional; el documento de profesionalismo recuerda que el autocuidado no es privilegio individual sino garantía de calidad asistencial.
En síntesis, abrir espacios de voz directa y proteger la salud del equipo son dos caras de un mismo profesionalismo: uno que transforma la relación clínica en praxis emancipadora sin sacrificar la pericia técnica.
Las lecturas analizadas, critican de manera profunda el modelo psiquiátrico tradicional y abren la puerta a alternativas basadas en la responsabilidad social y el compromiso humano. Se pone en evidencia cómo el enfoque biomédico tiende a reducir el sufrimiento psíquico a un diagnóstico, dejando de lado la complejidad de las experiencias humanas, y se plantea la necesidad urgente de transformar la atención en salud mental desde un activismo profesional y social más consciente.
ResponderEliminarEn esta línea, me parece fundamental destacar algunos puntos centrales. Uno de ellos es el valor de la investigación participativa como una herramienta poderosa para democratizar el conocimiento y empoderar tanto a usuarios como a profesionales en el campo de la salud mental. Junto a ello, se advierte sobre los riesgos que implica la financiación de la industria farmacéutica, la cual, muchas veces, condiciona los discursos y limita la representación genuina de quienes viven estas problemáticas en carne propia.
Ahora bien, el activismo en salud mental no está exento de dificultades. El texto resalta los desafíos de articular un movimiento sólido entre usuarios, familiares y profesionales, en un escenario donde los intereses no siempre convergen y donde actores externos, como la industria farmacéutica, ejercen una influencia nada menor.
Otro aspecto que no podemos pasar por alto es la importancia de las publicaciones críticas en salud mental. A lo largo de los años, han surgido iniciativas editoriales que han abierto espacios de reflexión y pensamiento colectivo, entre ellas destaca de forma especial el trabajo impulsado por Manuel Desviat, quien ha promovido la necesidad de repensar los modelos de atención desde una mirada más humana y comprometida.
Siguiendo esta línea crítica, resulta muy pertinente traer a colación las ideas de Michel Foucault sobre el rol de los intelectuales frente al poder. Foucault nos invita a entender a los intelectuales no como figuras aisladas, sino como agentes activos que, en colaboración con los movimientos populares, deben cuestionar y enfrentar las estructuras de dominación existentes.
En este contexto, el activismo en salud mental se configura como un movimiento que busca romper con el estigma, defender los derechos humanos y combatir las desigualdades sociales, inspirándose en la trayectoria de luchas como el feminismo y el movimiento por los derechos de las personas con discapacidad. De la mano de este activismo, también se replantea el rol de los profesionales: ya no basta con ejercer una práctica clínica tradicional, sino que se espera que quienes trabajamos en este ámbito seamos también agentes de cambio, incorporando la justicia social en nuestro quehacer cotidiano y desafiando las estructuras de poder que perpetúan la exclusión.
Las lecturas de este último blog me han parecido muy importantes como parte final del curso, porque creo que a final de cuentas todo lo que hemos revisado y reflexionado se dirige al “cómo” y desde “donde” vamos a desarrollar la psiquiatría quienes estamos desde el lado de “no pacientes”. Creo que es fundamental poder reflexionar en torno a qué rol vamos a tomar desde nuestras diferentes ocupaciones como funcionarios que trabajan en salud mental. Como se señala en uno de los textos de pensar el quehacer más allá de “la aplicación de técnicas clínicas individuales” si no como una práctica colectiva, situada y reflexiva que propicie ser agentes de cambio.
ResponderEliminarPero además de comprender las lógicas hegemónicas opresivas, las relaciones de poder, etc. Para lograr una práctica consciente y comprometida requerimos de espacios de autocuidado y de diálogo situados en nuestros contextos y realidades. Es necesario reflexionar en torno a maltratos naturalizados e invisibilizados hacia las personas usuarias y tomar consciencia de que aquello tiene grandes implicancias negativas en los procesos de recuperación. Es necesario también dialogar en torno al potencial transformador que hay en nuestro rol, como por ejemplo facilitar procesos de empoderamiento. Actualmente estamos en condiciones complejas, sobrecarga laboral, falta de recursos por lo que tener estos espacios también contribuyen a resistir ante desafíos estructurales. Finalmente podemos comprender el hecho de que los procesos de salud-enfermedad y/o sufrimiento psíquico están estrechamente relacionados con el contexto político, cultural y económico, no obstante, es necesario ir más allá y ver qué podemos hacer con ese saber, yo por mi parte considero que el punto de partida es tener espacios de diálogos para que nuestro lugar de enunciación sea desde un lugar consciente y reflexivo, y así realizar prácticas humanizadoras, hacer de nuestras atenciones e interacciones un espacio seguro y digno para las personas, esta es una manera también de hacer revolución, de transformar.
De la entrevista entre Michel Foucault y Gilles Deleuze, publicada en 1972, destaco el rol de los intelectuales que ahora deben dar la posibilidad de que otras personas previamente capacitadas puedan expresar sus saberes, sus discursos, sus experiencias, facilitando su expresión individual en temáticas personales, laborales, sociopolíticas, educacionales, sobre temáticas fundamentales en salud mental como crianza responsable, discriminación a minorías sexuales, violencia intrafamiliar, maltrato infantil, consumo perjudicial de sustancias, sexualidad responsable, por mencionar algunas. Existen tantas temáticas relevantes que deben ser aprendidas y los intelectuales deben dar la posibilidad a que nuevas generaciones se capaciten y puedan manifestar estas desigualdades históricas.
ResponderEliminarEste conocimiento es poder, y la idea es generar instancias de reunión a nivel local con otras personas que empatizan con la lucha de estos derechos humanos.
A través de las practicas guiadas de estas instancias educacionales, conversatorios grupales es posible obtener una teoría la cual seria local. Pero por qué no poder realizar reuniones en donde estas teorías locales puedan ser compartidas con otras localidades, en red, sabiendo que cada lugar, territorio, tiene sus propias problemáticas, y determinantes sociales, para poder así exigir igualdad al gobierno en implementar soluciones a estas demandas que son transversales.
Alberto Fernández Lira en sus publicaciones en la construcción de una psiquiatría y comunitaria nos entrega varias herramientas comunitarias fundamentales, y una de esas es la comunicación entre nosotros mismos como una fuente de conocimiento a la merced de los interesados, como una forma de resistencia en lucha de los derechos humanos, de construcción colectiva y transformación social. Esto se logra con la promoción de espacios de autoorganización y reflexión colectiva, en los cuales es posible abrir debates, visibilizar dilemas y democratizar el conocimiento, permitiendo afianzar políticas ya instauradas, logradas y ejecutadas en décadas anteriores y frente a éstas poder trabajar para transformarlas en lograr la difusión de estos conocimientos en nuevas generaciones.
El activismo profesional inspirado en movimientos sociales demócratas y de derechos humanos, refiere necesaria una transformación estructural urgente a las problemáticas actuales sociosanitarias. Propone:
• La creación de espacios de debate y publicaciones independientes.
• Integración del modelo de atención comunitaria con participación de usuarios y familias.
• Investigación de conocimiento que cuestione a la psiquiatría biomédica.
• El compromiso ético, la capacitación continúa actualizada de los equipos, la empatía con los usuarios, autorreflexión y autocritica.
• El autocuidado es fundamental como momentos de esparcimiento del equipo multidisciplinario, realizando dinámicas grupales con técnicas de relajación entre otras.
En mi experiencia en UPA del Hospital las Higueras creo que llevan bien los protocolos de procedimientos, constantemente observándolos, mejorándolos, para entregar la más digna de las atenciones de salud mental a nuestros usuarios.
Como residente de Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia, he aprendido que nuestro trabajo trasciende la consulta individual. Cada niño y adolescente forma parte de una red: su familia, su escuela, su comunidad. Esta red influye profundamente en su salud mental y en la efectividad de los tratamientos.
ResponderEliminarAl explorar el “Manifiesto de la Salud Mental Comunitaria” y los textos sobre activismo profesional, comprendí que escuchar y tratar no es suficiente. Es necesario alzar la voz para transformar las condiciones que afectan a nuestros pacientes. Por ejemplo, ¿cómo ayudamos realmente a un niño si su escuela carece de un plan contra el acoso o de personal capacitado para garantizar su seguridad emocional? ¿Cómo apoyamos a una familia marginada, sin acceso a redes de soporte social?
Para mí, el activismo implica colaborar codo a codo con docentes, trabajadores sociales y líderes comunitarios. Significa visitar los CESFAM, impartir talleres a padres preocupados y crear espacios seguros donde los adolescentes puedan expresar sus temores. Es llevar las ideas de los libros y las conferencias a acciones concretas que transformen la vida cotidiana de las personas.
He sido testigo de cómo muchos adolescentes con trastornos graves quedan aislados: escuelas sin recursos, sistemas de salud fragmentados y familias desorientadas. Como futuras psiquiatras, tenemos la responsabilidad de impulsar reformas: promover aulas más inclusivas, desarrollar campañas de prevención en comunidades vulnerables y establecer protocolos que garanticen un tratamiento digno para todos.
Ser residente de Psiquiatría es mucho más que dominar diagnósticos y psicofármacos. Es comprometerse con el mundo que rodea a cada individuo, entender que la salud mental se fortalece cuando la comunidad lo hace. Es amplificar la voz de los necesitados y asumir, junto a profesores, vecinos y líderes, la responsabilidad de construir un entorno más justo y protector para ellos.
La oposición de las nociones de activismo y profesionalismo es una falacia. Al igual que una supuesta contradicción entre la psiquiatría tradicional y la psiquiatría comunitaria. El Dr. Martín Cordero lo decía muy bien en esa pregunta llena de sarcasmo, lo parafraseo “¿De dónde salió eso de psiquiatría comunitaria? La psiquiatría no puede ser otra cosa que comunitaria”. En esto, y como cada campo en disputa cabe reconocer que somos los médicos los más privilegiados para inclinar la balanza hacia un modelo que tome en cuenta cada una de las variables que inciden en el proceso de salud-enfermedad-atención-recuperación. No desde una posición de guía de masas, ya que como bien dijo el pelado, esa posición ya no es más… sino como sujetos, con cierto poder concedido por la sociedad el que estamos ética obligados a usar en beneficio de la comunidad. Para solo mencionar algunas cuestiones, no es posible una buena práctica clínica de un alto estándar profesional sin los recursos y herramientas adecuadas. Estas circunstancias son consecuencia directa de decisiones de gestión, de administración y finalmente de decisiones de gobierno. Ahora, retornando a Foucault, El poder sería difuso, deseado y omnipresente. No es sustancial, no se obtiene y no está únicamente en las instituciones, el poder se ejerce, y se ejerce a diario y en diversos lugares y por todos los sujetos en diversos grados, como bien decía el Crocco en clase, en un box se ejerce poder. Ser psiquiatra es una tremenda responsabilidad y un privilegio, me quedo con la idea de que este poder debe ejercerse con seriedad y pensando en el bien común.
ResponderEliminarEn relación a los documentos presentados para esta semana de profesionalismo y activismo en salud mental me llamó la atención que se destaca como fin del activismo, la búsqueda de cambios en la comprensión del sufrimiento psíquico y en la asistencia, impulsado por movimientos de usuarios y nuevas tecnologías. En ese sentido me parece importante definir el activismo en salud como la lucha por la igualdad, la sensibilización sobre prácticas saludables y la promoción del bienestar. En salud pública se inspira en la lucha por la justicia social y la igualdad, buscando modificar el orden económico y político para mejorar la salud.
ResponderEliminarCreo que la historia del activismo en salud mental ha estado ligada a la lucha por mejorar las condiciones de asistencia y cambiar la situación de las personas en sociedad lo cual es muy importante para cambiar el curso y pronóstico de patologías de salud mental y así mejorar la calidad de vida. También las personas con discapacidad importan para el activismo en salud mental donde han ocurrido movimientos sociales en pos de los derechos de estas personas.
Uno de los elementos centrales a mi parecer que busca el activismo en salud mental es superar el estigma y la discriminación para que las personas con problemas de salud mental sean ciudadanas de pleno derecho donde grupos de apoyo mutuo se convierten en lugares de encuentro y lucha para personas con experiencias de sufrimiento. Me parece importante la lucha contra la homofobia, la explotación de clase, el racismo, el capitalismo e imperialismo como activismo efectivo en salud mental donde la influencia del feminismo también suma en la lucha por un mundo más justo, finalmente la salud mental es un asunto de toda la sociedad y las soluciones deben construirse día a día en el entorno inmediato.
Generar un activismo conjunto en salud mental no está exento de dificultades, donde diferentes sectores activistas llevan caminos paralelos, con dificultades en el desarrollo de un activismo común, también para una parte del movimiento de personas usuarias, participar o colaborar con la institución va contra sus principios, el daño que ha producido la psiquiatría coercitiva y la creación de espacio para el diálogo colectivo, la diversidad de participantes e intereses relacionados con la lucha por conseguir cambios dificulta el activismo en común.
Creo que para lograr un activismo conjunto, aunar visiones y construir una sociedad inclusiva, democrática y participativa, es necesario cambiar las estructuras y relaciones de poder, siendo el respeto por los derechos humanos una característica clave del activismo en salud mental, también la creación de plataformas, campañas y asociaciones que aúnen los esfuerzos de personas usuarias, familiares, profesionales y proveedoras en una lucha conjunta para mejorar la asistencia en salud mental, y la lucha por el reconocimiento y apoyo a víctimas de situaciones de violencia y conflictos sociales, así como la lucha por visibilizar y trabajar con colectivos excluidos.
Las lecturas de esta última sesión nos llevan a reflexionar sobre nuestro propio rol como profesionales de salud mental y las posturas que podemos adquirir frente al activismo.
ResponderEliminarEn particular, me parecen muy valiosos los materiales publicados por la AEN; las críticas de Alberto Fernández Liria y Manuel Desviat, resultan agudas y relevantes en la actualidad. El entendimiento del ejercicio psiquiátrico dentro del marco de la historia, politizado, cultural, inherentemente social, nos invita a considerar los límites de nuestro actuar profesional. La experiencia de ambos, como militantes activos, comprometidos e involucrados, resulta muy interesante, en contraste con otras figuras académicas más asépticas, que trabajan desde una supuesta neutralidad política temáticas presuntamente naturales, como lo puede ser la biología. Lleva a preguntarse acerca de esa neutralidad, de cómo no tomar posición política es tomar posición de todas maneras. En complemento, el texto de Vicente Ibáñez Rojo nos lleva a preguntas similares; en crítica a la reificación del diagnóstico como un asunto concreto, real e independiente de la historicidad y las estructuras sociales de configuran la emergencia de muchos malestares.
Me parece que la sociedad capitalista en la que habitamos genera subjetividades propensas a evitar el activismo político, a perder la esperanza en que la política pueda tener algún efecto real de cambio y a preferir la comodidad de buscar el bienestar individualista como premio de consuelo. Esta es una de las grandes dificultades que tiene que enfrentar un modelo de salud mental comunitario, que las corrientes parecieran estar en contra, los esfuerzos cuesta arriba. Ahora bien, también, lo anterior, invita a preguntarnos sobre cuáles son las posibilidades de activismo, ¿es posible la micropolítica en el box? ¿paciente a paciente, poco a poco? Si es posible, ¿es suficiente?. Si no es suficiente, ¿ qué más puede hacer alguien que perdió la confianza en los partidos políticos? ¿Generar cultura es hacer política también?
En mi experiencia trabajando en el servicio público, veo que hay tendencias políticas que atraviesan a la mayoría de los grupos y funcionarios, pero no se explicitan; pareciera ser que hablar de política resulta de mal gusto, como si incitara a la discusión, al desencuentro. Aún así, se puede ver en los actos, como realmente hay un espíritu fraterno, de lucha, de escucha, de presencia. Tal vez nos falta cultura de diálogo, para no terminar enfrentando monólogos irreconciliables. Algo así, nuevamente, pienso que se gesta desde la educación, desde la cultura; hay que repensar las subjetividades que estamos gestando. A la larga, creo que eso puede brindar los frutos para articular los esfuerzos de estas maneras que aquí plasmamos.
Tanto en la sesión sincrónica como ahora en tu comentario, no puedo dejar de parecerme interesante esa área que bautizaste como "micropolítica" y yo creo que es posible pero no suficiente. Y en mi caso al pensar en deber hacer más, aparecen los temores de perder la comodidad grata que poseo actualmente e incomoda esa neutralidad o "heminegligencia" de la realidad.
EliminarMe parece muy interesante tú reflexión sobre la supuesta neutralidad política. Personalmente, creo que la neutralidad no existe. No se puede ser "amarillo", como se dice coloquialmente, frente a los temas importantes de la vida. Ante las injusticias y el sufrimiento, no hay espacio para la imparcialidad. Optar por no tomar postura es, en sí mismo, una postura: una forma de sostener el statu quo, perpetuando aquello que genera dolor e inequidad. En contextos de desigualdad, el silencio o la indiferencia no son neutrales; son formas pasivas, y a veces cómplices, de mantener el orden establecido.
EliminarPor eso, estoy convencido de que, como profesionales, no podemos ser neutrales frente a la injusticia. No podemos mantenernos al margen ante los factores psicosociales que, con plena conciencia, sabemos que afectan la salud mental de la población. Tenemos la responsabilidad de actuar activamente para transformarlos, ya sea a través de la investigación, en la práctica clínica diaria, en el box de atención, o también incidiendo directamente en la política pública, entendida como el espacio donde se toman decisiones que impactan colectivamente. Debemos atrevernos a asumir liderazgos y cargos de toma de decisiones, con el propósito de contribuir a cambiar las condiciones estructurales que afectan a nuestros usuarios.
Estos días en la sesión sincrónica, revisando los textos y leyendo los comentarios de mis compañeros, pienso que este tema planteado pretende colocar como catalizador potencial de los cambios colectivos al rol de los agentes de salud (médicos, psiquiatras, etc). El ejemplo de la revista AEN describiendo estas tensiones entre lo profesional y la actitud reformista social, los conflictos con las farmacéuticas y anunciantes de la revista en 1998.
ResponderEliminarEn los textos se destaca al igual que en la sesión sincrónica la importancia de la introducción de los medios digitales y el valor en la penetrancia en los profesionales y más importante en toda la comunidad (usuaria y no usuaria de salud mental), en contraste se critica a la psiquiatría hegemónica y la "indignidad de hablar por otros" y que sean las mismas personas afectadas las que hablen por si misma, pero sin colocar el papel del "intelectual" al margen sino integrándolo como catalizador.
En el texto de epistemologías del sur, se insiste en el mismo punto de teorías que acompañen movimientos sociales en lugar a teorías de "vanguardia".
De manera personal, opino que es imposible ejercer medicina siendo ajeno a la realidad misma en la que estamos con los usuarios, aunque muchas veces mi activismo queda solo en "memes" o conversaciones personales y no trasciende más allá de participar pasivamente en alguna marcha de mi interés.
Muy de acuerdo con tu planteamiento estimado Wilson. Coincido en la naturaleza inmanente del ejercicio ético de la medicina y en particular en salud mental con comprender e incluir activamente la realidad sociopolítica de nuestros usuarios como factores condicionantes tanto del sufrimiento psíquico-somático por una parte, como de su promoción, prevención y recuperación individual por otra, y que por tanto, siendo conscientes de esto, me parece un deber ético, incluir estos aspectos en una medicina biopsicosocial, no reduccionista, con enfoque comunitario, a la vez de actualizarnos constantemente en los aspectos teóricos, para abogar por dicho profesionalismo. Y me parece que sí debemos involucrarnos en la medida de lo posible en el activismo, como se menciona en los textos ya en lo relacional con los usuarios y el equipo, en los micropoderes podemos influir en cambios positivos, primero siendo consecuentes y tratando siempre de vincularnos en actividades en la comunidad de nuestras usuarias y usuarios, para fomentar su empoderamiento mediante articulación social y la promoción de la salud mental, lo que también puede ser a través de psicoeducación digital!
EliminarEn relación con el tema de profesionalismo y activismo en salud mental, me parece relevante de analizar, ya que nos permitiría resolver parte de los desafíos en salud mental. Tenemos que lograr unificar estos conceptos; esto requiere una práctica consciente, ética y crítica que combine el compromiso clínico con la transformación social. Los beneficios de poder integrar ambos roles se basan principalmente en que la salud mental no existe aislada del contexto social. Sabemos cuáles son los determinantes sociales negativos para la salud mental y cómo estos aumentan el riesgo de trastornos mentales, pero a la vez conocemos los que la protegen y promueven la salud mental de calidad, siendo estos los que debemos fortalecer para generar cambios en la vida de las personas, logrando obtener entornos favorables para el bienestar psicológico individual y colectivo. Dado que la salud mental es un problema social, el profesionalismo y el activismo deben integrarse de manera responsable. Esto permitirá obtener un enfoque justo, preventivo y transformador en la sociedad, ya que los profesionales poseen el conocimiento necesario para hacer propuestas más sólidas y efectivas. Por ejemplo, una psicóloga que atienda a personas migrantes puede, además de brindar atención clínica ética y profesional, participar en campañas para cambiar leyes migratorias que afectan la salud mental de sus pacientes. Esta combinación permite actuar con competencia técnica y, al mismo tiempo, con compromiso ético y social. Con este enfoque podemos lograr mayor impacto social, prácticas más éticas y conscientes, empoderamiento de las personas atendidas, fortalecimiento del trabajo interdisciplinario y contribución a políticas públicas más justas.
ResponderEliminarEl principal riesgo, a mi parecer, sería la confusión de roles, lo que se produciría por una dificultad en definir los límites por parte del profesional, llegando incluso a imponer visiones políticas o ideológicas al paciente en lugar de centrarse en sus necesidades. Por ello, siempre es clave que, como profesionales, mantengamos la neutralidad clínica y respetemos la autonomía del usuario.
Lograr integrar el profesionalismo y activismo fortalece la práctica profesional al dotarla de sentido ético, justicia social y compromiso con la transformación. Es un camino hacia una salud mental más humana e inclusiva.
Estimada Valeria:
EliminarMe parece muy acertado tu comentario pero difiero en el riesgo de la confusión de roles. A mi parecer la práctica clínica es en sí una práctica política. El usuario está siendo atendido de cierta manera, la cual está determinada por la posición política del profesional que lo está atendiendo. Se le da peso, de acuerdo a las necesidades del usuario, a distintas cosas dependiendo de la visión que uno tenga de la psiquiatría y de la vida. Por ende, me parece que la neutralidad clínica es un imposible dentro de nuestra práctica.
Durante el transcurso de este curso hemos trabajado sobre varios aspectos en torno a qué es y cómo se ha constituido el actual enfoque en salud mental comunitaria, aspectos que entendiendo no excluyentes con otros enfoques posibles para un ramo como este, nos ha brindado al menos un panorama o un estado de cosas amplio y variado: desde aspectos conceptuales y teóricos generales, pasando por la constitución de un ámbito de teorización y generación de prácticas de intervención médica tanto a nivel local como internacional, siguiendo por momentos de reconstrucción histórico-conceptual de la medicina en general como de la específicamente acotada al ámbito de lo mental ; se nos ha presentado al ámbito de la salud mental comunitaria como una corriente no homogénea, aunque dotada de ciertos núcleos temáticos que aportan coherencia interna. A saber, por mencionar algunos: un conjunto de críticas y respuestas al paradigma manicomial y de encierro predominante en gran parte del mundo occidental hasta los años 60-70 del siglo pasado; una crítica a la hegemonía del paradigma biomédico y de la llamada medicina científica, integrando perspectivas del ámbito de las humanidades y ciencias sociales, con el objetivo de construir una visión más holista del padecer psíquico, vinculando y considerando a los individuos con padecimientos mentales con su contexto social, histórico, político, económico y cultural en el cual están inmersos; una crítica a la neutralidad axiológica y epistémica, tanto de los profesionales de la salud mental, como de la institución y tradición de la medicina alopática en general; el desplazamiento de la mirada del paciente como un individuo cosificado en su padecer, para considerarlo como un sujeto de derechos sociales, económicos y políticos; entre otros.
ResponderEliminarHabiendo recorrido todo lo anteriormente mencionado, arribamos a una reflexión para poner en el centro del debate: la relación entre activismo y profesionalismo en el ámbito de la salud mental bajo un enfoque comunitario. Una exigencia con la cual creo que todos nos hemos encontrado en nuestro quehacer como médicos, es que para ser profesionales en nuestro trabajo debemos dejar de lado gran parte de nuestra personalidad en tanto individuos que somos, como si nuestro rol como médicos estuviese escindido o compartimentalizado del resto de aquello que nos constituye como personas. Mucho de esto se lo debemos al positivismo que determina tanto la cientificidad del conocimiento médico como de la práctica que llevamos a cabo en lo concreto: de la misma manera que el paciente aparece cosificado como un cúmulo de características medibles y objetivables en torno al síntoma y la enfermedad, nosotros aparecemos cosificados como la manifestación de un determinado conjunto de saberes y prácticas, una herramienta del saber médico. Ahora bien, tal como nos muestra la historia, gran parte de los avances y cambios que han llevado al surgimiento del enfoque comunitario en salud mental se han dado no solo por motivos “internos”, sino más bien “externos” al ámbito de la salud: luchas políticas, económicas y sociales guiadas por consideraciones normativas en torno a la consecución de una situación más justa, ya sea para todos o la mayoría de los individuos de la sociedad, como para eliminar o aminorar las injusticias que han recibido determinados sectores “minoritarios” de la misma. Es más, el enfoque comunitario mismo plantea que es más justo con el trato hacia los pacientes en relación a otras perspectivas. Esto significa que la búsqueda de una situación más justa es completamente interna a su perspectiva, y no meramente un excedente ideológico que deberíamos buscar purgar para ser más profesionales. En otras palabras, como mínimo se nos exige comprometernos con algún tipo de activismo en nuestro quehacer cotidiano, tanto en nuestra práctica como profesionales portadores de un conjunto de saberes determinados, como en nuestro rol de individuos insertos en la sociedad. Planteado lo anterior, se cierra la dicotomía entre ética y calidad en tanto profesionales, versus activismo político; abriéndose un amplio campo de cuestiones, no cerradas ni cancelables de antemano, en torno a la interacción entre ambos polos de esa falsa dicotomía.
EliminarEstimada Natalia, concuerdo con tu comentario, creo que el curso ha contribuido en como vemos este modelo hegemónico y prehistorico que lastimosamente aun domina gran parte del quehacer médico, y al mismo tiempo entrega herramientas para reestructurar la práctica psiquiátrica desde un enfoque centrado en el individuo, en sus metas personales y desde un rol activo dentro de su proceso terapéutico.
Eliminar(Comentario Fernanda Espejo)
ResponderEliminarEn base a los textos revisados, me parece importante recalcar del texto de Vicente Ibañez Rojo, la idea central del simplismo que evidenciamos en la psiquiatría contemporánea con un enfoque centrado en síntomas – diagnóstico – tratamiento, relegando lo complejo del sufrimiento humano, en todas las dimensiones que lo rodean.
La idea es trabajar hacia la igualdad y dignidad en la atención de nuestros usuarios, e intentar cuestionar las bases de poder que mantienen las desigualdades, con un mirada más holística, destacando el contexto social, político y económico y sus repercusiones la salud mental de las personas y su ambiente.
Esta desigualdad se evidencia a diario, por ejemplo cuando trabajaba en APS y tenía que indicar algún examen de forma particular, porque si se esperaba que llegara la hora desde la lista de espera, podríamos retrasar el diagnóstico y empeorar el pronóstico de la patología sospechada. Esto me parece de cierta forma violento, ya que si existiesen las mismas posibilidades económicas para todos, la misma disponibilidad de estudio, redes de apoyo, esto no sería un problema en primer lugar.
Llevando esta experiencia al área de la psiquiatría infantojuvenil, he podido observar durante mis distintas rotaciones, que las instancias de recuperación o regresión de los cuadros clínicos, no van a ser las mismas lamentablemente que un niño o adolescente que asista a algún establecimiento de educación privado, que se atienda en extrasistema o que tenga las posibilidades económicas de apoyar sus terapias de forma privada, tenga un sistema funcional y redes de apoyo que funcionen, que tenga ambos padres en su familia nuclear, que no existan comorbolidades familiares y/o crisis no normativas asociadas. Por ello, la base de nuestro trabajo debería ser siempre intentar tratar de estrechar las brechas de atención entre nuestros usuarios.
Es clave para el cambio social, el empoderamiento basado en la educación, la participación y el diálogo en la comunidad, como bien se destaca en el texto de la AEN.
Es importante señalar que el profesionalismo y activismo deben ir de la mano, partiendo desde la premisa que la salud mental es un problema social, y la integración de ambos, con un contexto y aplicación ética adecuada y con el compromiso social, nos llevará a una eventual transformación humana e inclusiva en la salud mental y la promoción de esta.
Estimada Fernanda:
EliminarMe hizo mucho sentido lo que compartes, sobre todo la idea de que el profesionalismo y el activismo no deben ir por caminos separados. En salud mental, pensar desde lo social implica asumir que no basta con intervenir clínicamente, sino que debemos comprometernos también con transformar las condiciones que generan malestar. Como mencionas, la educación, la participación y el diálogo en la comunidad son herramientas fundamentales para el empoderamiento real, tanto de usuarios como de territorios. Me parece que esa mirada, que combina técnica y compromiso ético-político, es la que nos puede acercar a una salud mental verdaderamente inclusiva y transformadora, donde no solo tratemos síntomas, sino también promovamos procesos de dignidad y justicia.
El diálogo entre Foucault y Deleuze critica el rol tradicional de la teoría o el conocimiento, ya que no debe entenderse como una guía o aplicación práctica, sino como una parte activa de las luchas sociales. Destacan que el saber ya está en las personas, y que el rol del profesional no es representar ni hablar por otros, sino colaborar horizontalmente con ellos para generar conexiones y herramientas útiles en contextos específicos. Esta visión es primordial para nuestra labor en salud mental comunitaria, invitándonos a revisar el lugar que ocupamos en las relaciones de poder, el valor de la voz de quienes han vivido el sufrimiento psíquico y la necesidad de construir conocimientos en red más que imponer discursos desde arriba.
ResponderEliminarAlberto Fernández Liria nos ofrece una entrada invaluable para pensar el cruce entre profesionalismo y activismo en salud mental. Su recorrido personal y político muestran una gran convicción en que no se trata solo de ejercer una profesión desde la técnica, sino de hacerlo desde una implicación ética y política que busque transformar las condiciones sociales que generan sufrimiento. Esta mirada también pone en cuestión nuestras prácticas actuales, donde con frecuencia el profesionalismo se reduce a cumplir estándares técnicos o normativos, perdiendo su potencial transformador.
El artículo sobre profesionalismo en dispositivos públicos de salud mental propone una visión más amplia y exigente, donde el compromiso ético, la competencia técnica, la empatía y el autocuidado son dimensiones inseparables.
Ser profesional implica también ser capaz de identificar las injusticias que atraviesan nuestra práctica. Creo que la mayoría nos hemos enfrentado alguna vez a situaciones con pacientes en que desearíamos “hacernos cargo” de algún paciente, motivados probablemente desde nuestra empatía al notar algún tipo de injusticia que esté atravesando.
Más que adoptar un rol “parental”, debemos convertirnos en aliados, promoviendo el ejercicio autónomo de las personas que consultan. Esta postura nos desafía a actuar como agentes de cambio comprometidos con la justicia social.
Concluyendo este curso, podemos percatarnos de la importancia de llevar más allá de la teoría nuestro aprendizaje, desde un análisis crítico re-formador sobre las maneras de ejercer la Psiquiatría históricamente con sus vicisitudes y alternativas que se hagan cargo de dichas contradicciones sociopolíticas, tensionándolas y ofreciendo miradas integradoras y más horizontales, como nace la idea del modelo comunitario de salud mental con todos sus pilares formadores. Y, es que, aunque importante y necesario, no basta con exponer estos planteamientos a nivel teórico, sino, que se requiere el compromiso de quienes abogamos por esta visión, a un nivel práctico y proactivo. Lo que se acciona incluso desde cómo nos posicionamos en la relación clínica individual, sobre cómo co-construimos cada vínculo terapéutico conscientes de las asimetrías que delata Foucault en Microfísica del Poder, y cómo hacer, por tanto, para buscar horizontalizar y disminuir estas brechas de poder, buscando ser un soporte de ayuda para usuarios y usuarias que construyen su propio camino de recuperación (en un enfoque centrado en la persona).
ResponderEliminarPor otra parte, también, se hace indispensable integrar también el activismo a nuestra práctica profesional, desde el enfoque comunitario y en una línea descrita en los textos de Fernández Liria, Huertas y la declaración de SOSAMCHI (y que comparto plenamente), fomentando según nuestro nivel de alcance la articulación social y gubernamental (gestiones de micro y macro políticas sociosanitarias), como elementos fundamentales de la configuración de una salud mental integral biopsicosocial, también en relación a cómo se articulan los servicios de salud, intersectorialmente con las otras áreas del bienestar social. Me parece, que esto se condice claramente con los postulados aunados por la SOSAMCHI de una salud mental comunitaria con enfoque en el ejercicio de derechos, de libertad y participación ciudadana, transversal (y transdisciplinaria), con pertenencia cultural (agregaría de género) y colaborativa (fraterna).
Sin duda que existen desafíos, en ocasiones mayores cuando pensamos en la desestructuración efectiva que ha logrado el neoliberalismo en el tejido social y en consecuencia en la acentuación de las contradicciones sociales de producción y a nivel individual en las vulnerabilidades y sufrimientos psíquicos reactivos a las condiciones de vida imperantes, la estigmatización, alta demanda de servicios y la aún presente fragmentación del sistema de salud. En mi práctica clínica en APS evidencié lamentablemente estos desafíos dificultando el tiempo y la motivación de los profesionales que atendíamos a materializar más actividades, al estructurarse toda la atención en la línea de “número de atenciones”, con falta de horarios protegidos y escasos recursos para realizar otras acciones vinculantes de promoción y prevención con la comunidad local. Es imprescindible fortalecer en ese sentido prioritariamente a la APS también en este rol vinculante participativo. ¡Para mí, la promoción de la salud mental involucra el activismo en la comunidad!
Estimado Claudio:
EliminarMe parece muy interesante tu reflexión sobre las asimetrías de poder planteadas por Focault dentro de su texto "Microfísica del Poder". Considero que logras representar uno de los principales desafíos dentro de nuestro quehacer profesional, el de horizontalizar las relaciones con nuestros/as usuarios/as. Es de vital relevancia que seamos capaces de observar estas diferencias de poder, para así intentar disminuir esta brecha, incentivando a los pacientes a empoderarse respecto a su propio proceso terapéutico. Personalmente, he sido capaz de experimentar en primera persona los beneficios de tomar decisiones compartidas con usuarios/as, pues lo anterior permite que el tratamiento le haga sentido a la persona, logrando identificarlo como una herramienta útil para lograr su proyecto de vida y conseguir sus propios objetivos (no los que el terapeuta cree que necesita).
En ese sentido, valoro mucho la creación de PCI (plan de cuidados integrales), herramienta muy útil para no perder el foco de lo realmente importante, las metas y anhelos de nuestros pacientes.
Sensato como siempre, Claudio. Coincido enormemente en la importancia que tiene la APS en el rol vinculante con la población, y cómo el activismo en este nivel, bien organizado, podría tener un impacto muy significativo.
EliminarClaramente la realidad de quienes hemos estado en APS ha sido más o menos congruentes: en todos lados nos toca adaptarnos a un sistema que apunta a los números más que a la atención en si, y eso ha sido el gran escollo a vencer. Sin embargo, y compartiendo mi experiencia personal, creo que justamente la educación y activismo de salud mental puede comenzar en este entorno inmediato: permear a nuestros colegas y otros trabajadores de nuestros centros del mensaje sobre la relevancia de la educación en salud mental.
Como menciona Camila, la creación del PCI es un hito importante dentro de la instauración del modelo comunitario en nuestras atenciones; justamente estos momentos son los que deberíamos usar de pivote para abrir más espacios a la educación y a la vinculación, a través de las actividades y talleres mencionados. El educar e integrar a la comunidad, en la comunidad, es invaluable.
El tema asignado para esta quincena me pareció muy relevante, puesto que nos invita a reflexionar sobre nuestro quehacer y responsabilidad, como profesionales involucrados en el campo de la salud mental.
ResponderEliminarDentro de las lecturas realizadas, me parece relevante mencionar el capítulo 4 del libro “Críticas y alternativas en Psiquiatría” titulado "Activismo profesional en salud mental". En dicho texto, el autor Ibáñez Rojo aborda el papel que cumplimos los profesionales de la salud mental en los movimientos críticos hacia la psiquiatría convencional. Encuentro fundamental que los trabajadores de la salud, desde su posición privilegiada (respecto al paciente) dentro del sistema, puedan cuestionar y transformar las prácticas establecidas, promoviendo enfoques mucho más inclusivos y respetuosos con las experiencias de nuetros/as usuarios/as. A partir de esta lectura puedo rescatar la importancia de la constante autocrítica profesional, para así reflexionar sobre nuestros actos y nuestro rol en la reproducción o transformación del sistema psiquiátrico. Debemos ser capaces de transformarnos en activistas y promover en todo momento una atención mucho más humana, ética, cercana y centrada en la singularidad de la persona.
Por otro lado, puedo rescatar de la lectura el “Movimiento de Supervivientes de la Psiquiatría”, un colectivo de personas usuarias o ex-usuarias de los servicios de salud mental que han sobrevivido a intervenciones psiquiátricas potencialmente traumatizantes. La existencia de esta agrupación era totalmente desconocida para mí, pero sin duda puedo comprender el surgimiento de este movimiento, pues son frecuentes los relatos que he escuchado de primera fuente sobre prácticas abusivas, malas experiencias o incluso abusos dentro de recintos destinados, presuntamente, a la mejoría de la salud mental de los/as usuarios/as.
Además, respecto al texto “Profesionalismo en los Profesionales y Trabajadores de Psiquiatría y Salud Mental en Dispositivos de Salud Pública", me parece muy interesante el rol que el autor otorga a los profesionales de la salud mental, planteando que resultan ser actores fundamentales para garantizar una atención ética, competente y centrada en la persona. También considero pertinente los desafíos que plantea como: la sobrecarga laboral, la escasez de recursos, la fragmentación del sistema y la estigmatización de las personas con trastornos mentales. Lo anterior, sin duda logra representar lo que se observa diariamente en los centros de salud, en donde el estrés, el mal ambiente laboral y el burnout son experiencia de cada día. Lo anterior claramente afecta nuestra capacidad de responder correctamente ante diversos estímulos ambientales, afectando nuestra capacidad de reflexión y empatía. Debemos evitar caer en este círculo vicioso que no sólo nos afecta a nosotros, sino que también a nuestros/as pacientes.
Frente a todo lo anterior, considero que resulta de vital importancia la adopción de diversas estrategias clave para fortalecer nuestro profesionalismo como: formación continua, supervisión y mentoría, promoción del autocuidado, desarrollo de ética institucional y el trabajo transdisciplinario.
Si partimos de la premisa que nuestra labor como médicos y psiquiatras en formación pasa por tratar no solo el cuerpo, sino la menta y que nuestro nucleo sintomatico engloba todo lo relacionado a factores biopsicosociales entonces nos convertimos no solo en profesionales de salud sino en actores de cambio social.
ResponderEliminarHay una frase que resonó en mi cabeza al leer esta reflexión y es "todos somos seres politicos por solo hecho de estar vivos" y asi es, pero el ser político conlleva la inherente tarea de ser activistas, de alzar la voz por lo que no nos parece y reunirnos a lo que nos convoca, entendiendo el limite del respeto entre lo que proponemos y lo que piensa el otro.
Considero que terminar este curso tan valioso con una reflexión como esta es una forma de integrar todo lo que hemos aprendido y replantearnos nuestro rol dentro del sistema. Convertirnos en agentes de cambio, y en ocasiones esto implica, a como menciona alguno de los textos, abrir los ojos y darnos cuenta de como existen algunas prácticas incluso dentro de la realidad psiquiatrica que pueden llegar a ser traumatizantes y que alejan a los usuarios de un estado de superación.
Me gustaría comenzar este comentario con la frase final de la editorial de Stefan Priebe: "¿Qué credibilidad y qué relevancia social tenemos como profesionistas, si difundimos evidencia en revistas científicas, pero no nos preocupamos por la acción política necesaria para implementarla?" Creo que esta oración resume muy bien el tópico de este blog y resalta la relevancia de aquellas acciones que, desde la política, el activismo y la investigación, tenemos la obligación de realizar como profesionales de la salud.
ResponderEliminarNosotros, como profesionales de la salud, somos plenamente conscientes del rol que desempeñan los factores biopsicosociales en la vida y la salud de la población. Como señala uno de los textos, se trata de un tema ampliamente estudiado. Por ello, resulta aún más relevante ir más allá del estudio teórico de esta temática y avanzar hacia la acción. No podemos quedarnos únicamente en la generación de evidencia sin intentar intervenir en los factores que ya han sido identificados.
Esta falta de activismo e intervención sobre los factores que afectan la salud de la población se vuelve aún más evidente en el ámbito de la salud mental. Por ejemplo, todos sabemos que el tabaco es perjudicial para la salud, y como profesionales incentivamos activamente su abandono y advertimos sobre sus consecuencias. Sin embargo, no actuamos con la misma convicción frente a lo que sabemos sobre los factores psicosociales. Sabemos que la violencia, la pobreza y otras condiciones sociales impactan profundamente la salud mental de las personas, pero pareciera que no podemos, o no sabemos cómo, intervenir frente a ello.
Una de las primeras acciones que podemos emprender tiene relación con la academia y la investigación, ámbitos que actualmente parecen distanciados de cualquier forma de activismo. Sin embargo, pueden convertirse en herramientas políticas clave para impulsar transformaciones sociales. Las ciencias de la implementación y la investigación en salud mental aplicada representan formas concretas de avanzar desde y con la academia hacia la realidad, y desde ahí ser parte activa de la lucha social, generando conocimiento con sentido y compromiso social.
Hoy en día, gran parte de la investigación está financiada por entidades privadas o farmacéuticas, lo que también constituye un acto político: una forma de control social que tiende a reproducir el modelo neoliberal. No obstante, existen otras experiencias posibles. Durante el pregrado, participé en CISMA (Centro de Investigación en Salud Mental Aplicada), un espacio que desarrolla diversas investigaciones con el propósito de generar evidencia sobre intervenciones, principalmente comunitarias, orientadas a abordar los factores psicosociales que afectan la salud mental.
Más allá de la investigación, el profesionalismo y el activismo en psiquiatría son elementos fundamentales en nuestra práctica cotidiana, en los distintos dispositivos donde ejercemos. Desde la decisión misma de trabajar en el sector público, hasta la calidad de la atención que brindamos y el enfoque desde el cual lo hacemos, todo implica una toma de postura. Ejercer en un COSAM con un enfoque de salud comunitaria, centrado en la persona, respetando su autonomía y actuando con ética, puede parecer lo mínimo esperable, pero constituye en sí mismo un acto político significativo. En un contexto donde muchas veces predomina la lógica biomédica, individualizante y tecnocrática, optar por una práctica comprometida con lo comunitario y lo social es, sin duda, una forma de resistencia y transformación.
El tema de esta quincena levanta con esmero una premisa que ha sido incipiente pero latente en muchos otros durante el desarrollo de este curso, y es el impacto de las determinantes sociales en la salud mental. Dicho de otro modo, en nuestra realidad, la desigualdad como la madre de estas determinantes, deriva de uno u otro modo en sufrimiento psíquico.
ResponderEliminarEsta impronta, como cualquier problemática que aborde a la sociedad en su estructura, tiene un resorte político ineludible. Y nosotros, como actores relevantes dentro de la promoción de salud mental, no podemos eludir nuestra responsabilidad política respectiva. Ejercer la psiquiatría, en toda su amplitud, es un acto político en si mismo. Más aun si este ejercicio se lleva a cabo en el sistema público, en lo individual o en lo grupal, en lo clínico y en lo educacional, y sobretodo si pretendemos hacerlo desde un modelo comunitario que justamente pondere las variantes sociales dentro de los factores determinantes de esta salud mental.
Lo relevante de entender nuestro rol político en la práctica es saber que en nuestras manos recae también una responsabilidad: el alzar la voz por quienes no la tienen. El equipo de salud y en particular el gremio médico goza con un buen background de validación social; en gran parte por el componente científico que supone nuestro ejercicio. Y es aquí donde podemos marcar diferencia. Los cambios deben generarse a partir de mover masas, y cuando el movimiento inicia desde estratos o minorías que de por sí cargan con el duro peso del estigma, obviamente cuesta más remecer los cimientos.
Trabajando en la atención primaria en San Miguel, varios eran los esfuerzos para tratar de mantener vivas iniciativas de talleres y educaciones relativas al área de salud mental, pero la estructura actual deja poco espacio para aquello. Sin duda, luego de este año, entiendo la importancia de estas actividades más allá del impacto directo sobre los usuarios beneficiarios. Son, en si mismas, una pequeña bandera de resistencia frente a una atención en salud basada en números y no en calidad. Al final del día, en nosotros recae la importante misión de concientizar, agitar y levantar a aquellos cuyo discurso está disminuido. Comenzar el momentum del cambio.
En esta oportunidad se nos invita a cuestionarnos el valor político que tiene la práctica de la salud mental. En el texto de Pribe se hace hincapié en que gran parte de los problemas de salud mental están influenciados por los determinantes sociales, los cuales solo se puede actuar a un nivel macro con cambios políticos nacionales. Desde aquí nace la necesidad de que nosotrxs, como profesionales de la salud, levantemos información y necesidades al respecto de una manera local, en referencia a un campo específico acotado que sería la práctica psiquiátrica. Estas demandas se unirán a otras levantadas desde diferentes áreas -también locales- que corresponden al mismo tema, conformando así un movimiento general en contra de algún determinante a modificar.
ResponderEliminarPara mí esta acción logra colocar en el habla pública distintos problemas relacionados a la estructura del modelo socioeconómico, mas no genera una respuesta universal a la demanda múltiple. Si bien se logra dar voz a toda una población que sabe de la existencia del problema -como plantea Foucault-, en mi opinión, no se logra articular de una manera fecunda el poder popular para realizar los cambios institucionales pertinentes. Como ejemplo, lamento exponer los hechos ocurridos en Octubre del 2019, los cuales se avivaron de gran opinión de expertos de diversas áreas ateniendo a múltiples problemas que sufría la población y que no lograron articularse en un cambio profundo del modelo actual chileno; realizando dos intentos frustros de cambio de constitución.
Por esto, creo que desde la psiquiatría debemos levantar estas demandas de manera pública, pero plantear soluciones desde una mirada política específica que logre aunar de alguna manera las formas de realizar estos cambios.
Aquí entra el rol del activismo local. Ya que la identificación de problemas de salud mental de ámbito político, nacen desde una mirada subjetiva política lo que genera una lucha de ideas en un campo teórico específico. Por esto, el debate científico-político es de regla. Además, no solamente debemos ser políticos para identificar las demandas de la población, sino también estar atentos a cómo se dan las dinámicas de poder dentro de nuestra práctica clínica. Para quienes creen en la psiquiatría y salud mental comunitaria, el constante cuestionamiento de las relaciones de poder debe ser algo natural en el ejercicio y es un tema a llevar al debate nacional.