TRABAJO OBLIGATORIO DEL 10 de febrero al 3 de marzo de 2025: Una mirada crítica a la salud mental chilena y su trayectoria.
| Michel Foucault (1926- 1984), fue un filósofo, historiador, sociólogo y psicólogo francés. Fue profesor en varias universidades francesas y estadounidenses y catedrático de Historia de los sistemas de pensamiento en el Collège de France (1970-1984). Su trabajo ha influido en importantes personalidades de las ciencias sociales y las humanidades. |
“…la indistinción y la articulación de la salud y la salud mental se dan casi en el mismo movimiento. En ocasiones, salud y salud mental son cosas distintas; ambas tienen no solo sus propias definiciones, sino también sus especialidades y organismos. Sin embargo, en la definición, el componente mental aparece subsumido en el interior de la salud, brindándole integralidad, a tal punto que sin salud mental no hay salud. De este modo, la salud mental se presenta como una fórmula práctica para superar la distinción entre cuerpo y alma, distinción que ligaba la salud a cuestiones exclusivamente corporales.
Para que la salud pueda propagarse sobre el conjunto del cuerpo social es necesario abandonar su relación exclusiva con el cuerpo. Así, la indistinción entre salud y salud mental permite borrar ciertas fronteras conceptuales y prácticas, favoreciendo la propagación de la lógica de la salud en la vida cotidiana de las personas y, a partir de la instalación de ciertas instituciones internacionales, su propagación a todo el mundo.
La indistinción no opera de un modo continuo; es necesario que, en ocasiones, ambos conceptos se diferencien, dando lugar a su posterior articulación.
Esto es lo que permite que haya toda una serie de dispositivos, instituciones y prácticas propias de la salud mental cuando bien podría desplegarse una perspectiva integral de la salud. Al ser articuladas, estas diferencias propician una serie de mecanismos de especificación y estratificación: por ejemplo, la clasificación de ciertas prácticas como estresantes y su articulación con entornos concretos…” (Agüero y Correa, 2018: 552)
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Michel Foucault nació en Poitiers (Francia) el 15
de octubre de 1926 y murió en París el 25 de junio de 1984. Fue filósofo (del
poder y del sujeto), sociólogo, historiador (de la locura, de la prisión, de la
clínica y de la sexualidad) y psicólogo interesado en la genealogía de la
subjetividad moderna. En ese tiempo, Foucault1 solía expresar sobre sí mismo: “No
soy un escritor, ni un filósofo, ni tampoco una gran figura de la vida
intelectual: soy un profesor” (p. 141).
Ingresó a la edad de 20 años en la Escuela Normal
Superior (en francés, Ecole Normale Superieure) de París y en la
Universidad de París (Sorbona), donde recibió su diploma en 1952. Después de
graduarse, comenzó una carrera marcada por el movimiento constante, tanto
profesional como intelectual.
Primero, estuvo como profesor en la Universidad de
Lille y luego pasó cinco años (1955-1960) como agregado cultural en Uppsala
(Suecia), Varsovia, Polonia y Hamburgo (Alemania Occidental). En 1961, Foucault2 defendió su Tesis Doctoral, titulada
“Folie et déraison: histoire de la folie à l'âge classique” (en español, Locura
e irracionalidad: historia de la locura en la época clásica). La Tesis se
convirtió en el libro publicado por Plon en mayo de 1961. Después de dos años
publicó su segundo libro, “Naissance de la Clinique” (en español, El Nacimiento
de la Clínica), publicado por Presses Universitaires de France3.
En 1966, cuando publicó su tercer gran libro, Les
Mots et les Choses4, con la editorial Gallimard: une
archéologie des sciences humaines el libro que constata «la muerte del hombre».
La obra, cuya primera edición se agotó en mes y medio, se vuelve el centro de
una polémica bien mediática sobre el «estructuralismo». Nombrado profesor de
Filosofía en la Universidad de Túnez, se instala en Sidi Bou-Saïd. Conocerá
allá las revueltas estudiantiles anti-imperialistas y protegerá a los
estudiantes de la brutal represión que se les descarga. Su estilo literario
suscitó gran admiración entre los lectores franceses, y algunos de ellos,
estuvieron tentados de compararlo con la obra titulada “Tristes Tropiques” de
Claude Lévi-Strauss. Foucault negaría más tarde la etiqueta de estructuralista,
pero, cuando apareció el libro (Les mots et les choses), fue considerado como
un exponente importante de sus doctrinas, junto con Lévi-Strauss, Lacan y
Barthes. Unos meses después de la publicación de Les mots et les choses,
Foucault ocupó un puesto en la Universidad de Túnez y dos años más tarde, regresó
a París para ocupar un puesto en la Universidad de Vincennes. En 1970, se
convirtió en miembro del Colegio de Francia.
Posteriormente, publicó el libro Madness
andCivilization7 había recibido una bienvenida
relativamente cálida en algunas otras partes de la academia angloamericana
bastante pronto, y no sólo por el inteligente retitulado (de Howard) del libro.
Richard Howard fue un poeta muy admirado, y su interpretación de la prosa de
Foucault fue mucho más atractiva para una audiencia de habla inglesa.
Por otro lado, Foucault hizo contribuciones
sustanciales a la filosofía, a la historia, a la crítica literaria y,
específicamente, al trabajo teórico en las Ciencias Humanas. Foucault era
conocido por investigar el desarrollo de la civilización occidental,
particularmente en sus actitudes hacia la sexualidad, la locura, la enfermedad
y el conocimiento. Sus últimos trabajos insistían en que las formas de discurso
y de las prácticas institucionales que están implicadas en el ejercicio del
poder. Sus obras pueden leerse como una nueva interpretación del poder que hace
hincapié en lo que sucede o se hace y lo que no se hace en la
acción humana, es decir, trató de explorar las condiciones que dan lugar a las
formas de discurso y conocimiento. Por otro lado, Foucault se preocupó
especialmente por el aumento del estrés moderno sobre la autoconciencia humana
y la idea de lo humano como hacedor de la historia.
A lo largo de sus estudios Foucault2,3, desarrolló y utilizó lo que llamó un
"método arqueológico". El método arqueológico de Foucault supone un
primer distanciamiento crítico de los enunciados positivos establecidos,
terminales y definitivos, “científicos y verdaderos”, una neutralización de su
potencia de aclaración retrospectiva. No se trata de contestar su valor de
verdad, sino de buscar otro anclaje para escribir la historia de la
psiquiatría, de la medicina o de las ciencias humanas. Esta aproximación a la
historia trata de descubrir estratos de relaciones y rastros de cultura para
reconstruir la civilización en cuestión. Foucault afirmó que su interés era
crear una historia de los diferentes modos por los cuales, en nuestra cultura,
los seres humanos se hacen sujetos. Con esto se refería a la forma en que los
seres humanos se convierten en sujetos de estudio y prácticas objetivas a
través del conocimiento, las normas sociales y la sexualidad. Así, aplicó su
método arqueológico a la sexualidad, la locura, la historia y el castigo.
Justo antes de su muerte, Concern for the Self,
el tercero de sus cinco volúmenes proyectados de Historia de la Sexualidad, fue
publicado en Francia. Los dos primeros volúmenes, The Will to know (publicado
en inglés como The History of Sexuality, Volume I, 1981) y The
Use of Pleasure (1985), exploraron la relación entre la moral y la
sexualidad6. En estos estudios, como en Discipline
and Punish (1977) sobre el surgimiento de las instituciones penales,
Foucault aisló a las instituciones que son imágenes de la epistemología de la
modernidad7. Su conclusión fue que, la modernidad no
está marcada por la liberalización y la libertad, sino por la represión de la
sexualidad y el totalitarismo de la norma en la cultura de las masas.
En definitiva, el desarrollo de la filosofía de
Foucault se organiza en torno a cuatro etapas: la etapa temprana en la década
del 50, la arqueología del saber en la década del 60 (vincula con la
antipsiquiatría), la genealogía (poder) en la década del 70 (articula con las
luchas de las cárceles) y la hermenéutica (subjetividad ética) en la década del
80 (vincula con el movimiento queer). Foucault (filósofo francés), se ubica
dentro de una perspectiva Nietzscheana del Poder, el poder como relación estratégica,
poder constructivo y no meramente represivo, poder productor de individuos y
subjetividades, que no había sido justamente apreciada ni por el liberalismo ni
por el marxismo ni por la Escuela Crítica de Francfort, empezando una forma
inédita de análisis del poder8, hasta entonces visto como un soberano
(Perspectiva Hobbesiana), como una ley (Perspectiva Jurídico liberal) o como un
apartado del estado9-12..
Concepto de Ciencia
Aquello que permite identificar una ciencia no
reside ni en sus objetos, ni en sus emplazamientos, ni en sus conceptos, la
ciencia es, por una parte, un cierto tipo de práctica discursiva (concepción
arqueológica)2,3y, por otra, un cierto conjunto de
procedimientos de producción de la información (concepción genealógica)
históricamente variables, cuya conjunción provoca efectos de verdad; la ciencia
en tanto que práctica de hablar puede ser aislada en el saber si se atiende al
conjunto de modificaciones o umbrales (cuatro umbrales: umbral de positividad,
umbral de epistemologización, umbral de cientificidad y umbral de
formalización) que provoca en el discurso. La ciencia es una práctica que se
localiza y desempeña un papel en el campo del saber. La ciencia no excluye el
saber, no se sustrae respecto del saber: se inscribe en el saber y funciona
dentro de él. El eje del análisis epistemológico foucaultiano no reside en la
sucesión: conciencia, conocimiento y ciencia, sino en la serie: prácticas
discursivas, saber y ciencia.
Incidencia en la investigación en psicología
McDonald y O’Callaghan13 comenzaron con una revisión de los
conceptos de Foucault (1975,1991b) de poder (conocimiento, disciplina y
gubernamentalidad), que utilizaron como herramienta para exponer los intentos
de la psicología positiva14 de desacreditar otras perspectivas
teóricas como la psicología humanista. Los autores ampliaron este análisis al
nivel del individuo, ilustrando cómo la psicología positiva apoya sin querer
las subjetividades vinculadas a un discurso político y económico neoliberal.
Por otra parte, la relación foucaultiana con la
psicoterapia y el psicoanálisis es igualmente complicada15. El proyecto terapéutico prefigurado por
la confesión fue, por supuesto, central en la práctica moderna del biopoder.
Sin embargo, en historia de la sexualidad16, por ejemplo, Foucault mantuvo un lugar
para el psicoanálisis. Su interés por elaborar las condiciones históricas y
materiales de determinados modos de la subjetividad17. Por lo tanto, cabe señalar que, si bien
la afirmación de Foucault16 “Donde hay poder, hay resistencia”,
no se refería directamente a las nociones psicoanalíticas, tampoco las excluye.
Para concluir, Foucault va a administrar su genealogía a los cambios históricos de nuestras experiencias humanas, cambios vinculados al ejercicio del poder y que concretan en nuevos saberes científicos. La genealogía se comprende pues como historia política de la verdad. Es por esto que Foucault no reflexiona el problema de la verdad por el sesgo de la epistemología y de la historia de las ciencias, sino tomando como punto de apoyo histórico las prácticas judiciales. El paso de una concepción de la justicia como relaciones de fuerzas en la Grecia arcaica, donde es cuestión de vencimiento o de victoria –simbolizada por la práctica del juramento-desafío en la que me expongo a la cólera de los dioses– a una concepción de la justicia como orden del mundo, medida exacta de los intercambios y de las deudas, igualdad (democrática) de las relaciones, permite el advenimiento de una práctica social de verdad como medida, matriz de las matemáticas y otras ciencias de las cantidades precisas (curso en el Colegio de Francia de 1971). Para ello, va rediseñando el poder hasta acabar caracterizándolo en términos psicológicos: una relación donde un sujeto trata de condicionar la conducta de otro sujeto. Con sus investigaciones Foucault, dejó valiosos elementos para una genealogía2,18,19,20de disciplinas como la sexología [La voluntad de saber]21-24, la psicología clínica [Historia de la locura]25-27, la criminología [Vigilar y castigar]28-30y la psicología discursiva31,32. Para Foucault el análisis histórico tiene que ver con la acción, el conocimiento del pasado con la genealogía, y la perspectiva futura con el dispositivo. Así, acción, genealogía y dispositivo subyacen en la labor crítica de la escritura foucaultiana que evoca la lucha (conocer es producir subjetividad), el encarnar el riesgo más allá de una necesidad y el desplazarse en los márgenes, en los goznes, de las ataduras teleológicas. Foucault transita en su obra por problemas como la aparición del discurso en el contexto de las ciencias humanas (arqueología del saber), una lectura de la Modernidad occidental por medio del concepto de episteme. Y se detuvo, especialmente, en la contribución de la Psicología como un saber-poder que contribuye tanto al gobierno de la vida y las poblaciones33,34,35,36,37.
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Reseña histórica de Michel Foucault (1926-1984): concepto de ciencia e incidencia en la Psicología
Archivos Venezolanos de Farmacología y Terapéutica, vol. 39, núm. 6, pp. 740-743, 2020. Disponible en: https://www.redalyc.org/journal/559/55965387013/html/
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Durante esta quincena conoceremos el trabajo sobre salud mental y psiquiatría en perspectiva crítica de dos académicas chilenas: Jimena Carrasco, Académica de la Universidad Austral, Terapeuta Ocupacional, Doctora en Psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona y María José Agúero, Psicóloga, Investigadora independiente y Doctora en Psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona.
En ambas, el pensamiento de Michel Foucault es muy influyente.
Sus textos develan aspectos relevantes de la salud mental y la psiquiatría, habitualmente invisibles para la enseñanza de la psiquiatría
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Lea el artículo Salud mental y psiquiatría comunitaria en chile: El proceso de configuración de un objeto de gobierno , de Jimena Carrasco, Capítulo en el libro Biopolíticas, gobierno y salud pública. Miradas para un diagnóstico diferencial. Tuillang Yuing y Rodrigo Karmy, editores
Lea el artículo Interventores en salud mental y psiquiatría como interfase de un orden colonial, de Jimena Carrasco, Revista Sociedad Hoy, 2013, Vol. 25, 79–93}
Lea el Capítulo Las políticas, los planes y los programas de salud mental en Chile:entre la gubernamentalidad y la utopía liberadora. Sepúlveda, R (2021), Capítulo de libro de Madariaga, C; Oyarce, C; Martínez-Hernáez, A y Meléndez, E, (Editores) REPENSAR LA SALUD MENTAL COLECTIVA. DIALOGOS, SABERES Y ENCRUCIJADAS. Editorial Contrakorriente. Santiago de Chile, 2021
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Tras la lectura de los documentos, me parece importante destacar el trabajo que realiza Jimena Carrasco y el Dr. Sepúlveda, en donde a través de una descripción histórica en salud mental de nuestro país, se realiza un análisis crítico de la repercusión que esto ha tenido en la psiquiatría y en el concepto de interventores en salud mental (profesionales y técnicos que trabajan en la atención de personas con problemas de salud mental).
ResponderEliminarEs importante resaltar el cambio que ha habido en el enfoque de la psiquiatría desde sus inicios hasta la actualidad. Como se menciona en los documentos, la evolución de la psiquiatría chilena ha seguido patrones bastante parecidos a los mundiales. En el origen de esta disciplina, en el siglo XIX, se priorizaba por sobre todo la institucionalización del encierro y control social. Por otra parte, los interventores no requerían un manejo especializado, teniendo en consideración que el objetivo de estos centros era solo el control. Se buscaba la moralización y disciplinamiento de los enfermos mentales. Estos espacios estaban lejanos de ser espacios médicos, sino más bien tenían su génesis en el control de las personas consideradas locas y peligrosas. Un ejemplo de ello es la fundación de la Casa de Orates en 1852 en donde el objetivo, más allá de la cura de los enfermos, era su confinamiento y vigilancia.
En el siglo XX la modernización del sistema de salud permitió también fortalecer la atención psiquiátrica y ampliar la función de los interventores en salud mental, agregando otras disciplinas a la atención de enfermos con patología psiquiátrica, como lo son asistentes sociales, terapeutas ocupacionales, psicólogos, entre otros. Lamentablemente tras el golpe de estado en 1973, y su consiguiente implementación de un modelo neoliberal, basado en la privatización, eliminación de derechos sociales y descentralización de servicios públicos, generó una reducción de financiamiento, y lamentablemente, se pierde la dimensión social de la psiquiatría y pone el foco en tratamientos individualizados, farmacológicos, biologicistas y alineados con la lógica mercantil imperante.
Tras el retorno a la democracia, el Estado intentó corregir algunas deficiencias del sistema de salud, con reformas orientadas a mejorar el acceso. En materia de salud mental, uno de los principales avances fue la elaboración del Plan Nacional de Salud Mental y Psiquiatría, impulsado por la Unidad de Salud Mental del Ministerio de Salud, cuyo objetivo es reemplazar el modelo manicomial por un enfoque comunitario. Además de lo anterior, promueve la creación de centros especializados de salud mental, incorpora a psicólogos y trabajadores sociales a atención primaria y el fortalece la red familiar y comunitaria como un eje central en la atención. En contexto de esto, los interventores asumieron nuevas funciones tales como la promoción, prevención, rehabilitación, integración y coordinación con otros sectores para la atención de personas con problemas de salud mental.
Pese a que el enfoque comunitario tiene una mirada innovadora, sigue operando bajo la misma lógica del control social, intentando moldear a las personas según los valores que rigen el sistema neoliberal que comanda. En muchas ocasiones pone el foco de tratamiento en términos de productividad y desempeño social del individuo, en donde impresiona que la salud mental es absorbida por la lógica de mercado, por el impacto que esta tiene en la productividad laboral y crecimiento económico. El discurso en muchas ocasiones enfatiza la autonomía, resiliencia y responsabilidad individual, lo que encaja con la lógica neoliberal.
Continuación..
EliminarDelega a las individualidades el rol de a la gestión de vida y promueve la autorregulación de la ciudadanía, convirtiendo a la intervención comunitaria en un mecanismo de control, manteniendo la misma lógica de la psiquiatría en sus inicios. El control de los individuos es una función que se les entrega a los interventores, debiendo cumplir un doble rol, por un lado, aquel más técnico que se relaciona con el diagnóstico, tratamiento y rehabilitación, pero por otra parte el de generar un control y regulación conductual de los individuos, para una adaptación a las normas sociales.
Como se menciona en el texto de Agüero y Correa, desde una perspectiva foucaultiana, la salud mental funciona en la actualidad como un dispositivo biopolítico, regulando las conductas individuales y colectivas para garantizar la integración y estabilidad social. La salud mental sigue buscando modular las existencias para que las personas se adapten de manera armoniosa al orden social. Actualmente la salud mental no solo regula experiencias individuales, sino que moldea identidades colectivas, fomentando la adaptación a un ideal normativo regido socialmente. Es importante mantener una mirada crítica en esto.
Actualmente la precarización del trabajo en interventores en salud mental es una realidad, los bajos salarios, la escasa estabilidad, alta carga y escasez de recursos es una dinámica constante y que lamentablemente afectan y repercuten de manera directa en la eficiencia de los sistemas de salud y en la atención que se entrega a nuestros pacientes.
En mi experiencia he podido visualizar como la precarización y la escasez de financiamiento en salud mental repercute de manera directa en la ejecución de intervenciones con enfoque comunitario adecuadas. Durante mi experiencia laboral y en las ocasiones que he participado de manera directa o indirecta en la indicación de alguna internación involuntaria, creo que muchas veces aparece desde, por una parte, la necesidad del control social de estas personas, pero por otra parte también desde la imposibilidad de realizar mayores intervenciones por no contar con el recurso humano para poder hacerlo. Durante el tiempo que trabajé en Rancagua, tuve que gestionar la internación de un usuario en situación de calle que violentaba verbalmente a alumnos de un colegio privado en la ciudad. En ese caso, vi de manera directa, la presión de diferentes entidades para poder realizar las gestiones de internación, y por ende controlar la situación, pero visualicé también el escaso compromiso o intento de realizar otro tipo de intervenciones para solucionar la problemática, pareciera que lo único que interesaba era deshacerse, al menos momentáneamente, del “problema”.
Estimada Carolina :
EliminarEstoy muy de acuerdo con tus reflexiones, no obstante el avance en capacidad de respuesta en atención primaria de salud mental, ha generado cambios simbólicos y significativos para la sociedad, existe mayor compromiso, conciencia, como profesionales comprometidos, generando cambios desde la comunidad y llegando a políticas de Estado que poco a poco logran comprender la trascendencia y consolidación de un modelo que funciona y mejora considerablemente los trastornos psiquiátricos en una sociedad enferma por un sistema mercantil e individualista, medicalizado.
Estimadas estoy de acuerdo con sus reflexiones, sobre todo contigo Carolina cuando hablas acerca de tu experiencia tramitando la hospitalización de la persona en situación de calle. Reflejas algo muy importante de como opera la salud mental en Chile.
EliminarHola Carolina, el ejemplo que pones al final de tus reflexiones creo que ilustra muy bien la problemática a la cual nos enfrentamos. Me deja pensando respecto a qué podemos hacer al respecto, sin encontrar una respuesta clara. Esta situación de atender a una población con pocos recursos materiales y humanos, en el contexto de una cultura que prefiere evitar a los "anormales", nos deja con poco margen de acción. A veces creo que se pueden lograr cambios a través de la misma cultura, generando un imaginario colectivo que busque la diversidad, aceptación y emancipación de las comunidades. A veces pienso que hay que "apretarse el cinturón" y trabajar con poco, enfocarse en lo grave, lo riesgoso y "apagar incendios" lo mejor que se pueda, bajo una lógica de "triage". Tal vez se puedan asumir ambas posturas simultáneamente, no me queda muy claro, para ser honesto.
EliminarRespecto a los artículos, quisiera comenzar mencionando que desde la década de 1990, nuestro país ha experimentado cambios significativos en el ámbito de la salud mental. Uno de los hitos más importantes fue la implementación, en 2021, del Plan Nacional de Salud Mental y Psiquiatría, que promovió un enfoque comunitario.
ResponderEliminarEstos cambios han sido influenciados por procesos históricos que se remontan a la colonia y la independencia. Un ejemplo de esto es la evolución de la institucionalización, que comenzó con la creación de la Casa de Orates, un espacio que se caracterizaba por un encierro moralizador y disciplinario, donde el trabajo se integraba como forma de terapia.
Es relevante también mencionar el concepto de biopolítica, propuesto por Michel Foucault, que se refiere a las estrategias de poder que gestionan la vida de la población. En nuestro país, estas políticas buscaban mejorar las condiciones de vida y promover la desinstitucionalización, integrando a las personas en la sociedad. Sin embargo, las reformas a menudo se centraron en la eficiencia y la gestión económica, como se vio en el gobierno de Ricardo Lagos con la introducción del Plan AUGE. Durante este período, se comenzó a adoptar una visión más biopsicosocial, donde los profesionales comprendían mejor las realidades sociales de sus usuarios, lo que facilitó la identificación de relaciones causales entre el diagnóstico y el contexto psicosocial.
A pesar de los avances en la percepción de la salud mental, estos han sido desiguales y asimétricos, careciendo de la profundidad necesaria. El modelo neoliberal ha exacerbado estas desigualdades, fragmentando la sociedad y dificultando la inclusión. Además, persiste una insuficiencia de recursos y una escasa formación de profesionales en salud mental comunitaria, situación que se ha visto agravada por la pandemia de COVID-19.
Por otra parte, es fundamental reconocer la diferencia entre salud mental y psiquiatría. Mientras que la psiquiatría se enfoca en la enfermedad, la salud mental promueve un ideal de bienestar conectado con la experiencia ciudadana. Esto influye en cómo los individuos se perciben y comportan, fomentando su participación activa en la búsqueda de un estado de bienestar. Afortunadamente, la salud mental ha sido priorizada a nivel global como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, trascendiendo fronteras culturales y permitiendo la adopción de prácticas comunes que articulan diferentes áreas de la vida cotidiana.
Quisiera compartir una experiencia vivida en el Cesfam Monteáguila. Una paciente en tratamiento por un cuadro depresivo recibía mensualmente sus medicamentos, pero decidimos profundizar en su contexto social. Así, descubrimos que su esposo también presentaba síntomas de depresión, pero no había buscado ayuda debido al estigma asociado a mostrar vulnerabilidad. Además, realizamos derivaciones a una trabajadora social, ya que la paciente carecía de recursos para costear su tratamiento farmacológico. Esta situación nos llevó a reflexionar sobre el acceso desigual a los tratamientos y las dificultades que enfrentan muchas personas. También organizamos un taller de diálogo para ambos, donde pudieron compartir sus temores y dudas respecto a su enfermedad, lo que les permitió sentir el apoyo de otros que atravesaban situaciones similares.
Estimado Alejandro:
EliminarComparto completamente respecto a los cambios que ha experimentado la salud mental de nuestro país desde la década de los 90´s, el cual dio un vuelvo al enfoque comunitario a través de la implementación del Plan Nacional de Salud Mental con el fin de optimizar la calidad de vida de las personas, así como su integración a la comunidad.
Considero que es relevante tener un enfoque biopsicosocial para un abordaje adecuado de nuestros pacientes. Lamentablemente el modelo neoliberal ha generado marcadas diferencias sociales, siendo un obstáculo para la integración a la sociedad.
Me parece relevante la diferencia que haces entre salud mental y psiquiatría, ya que es la salud mental la que nos brinda una mirada comunitaria, que, además, incluye a diferentes profesionales de salud y no sólo se centra en el médico (a) psiquiatra.
Finalmente, quisiera compartir mi experiencia como médica general de Zona en CESFAM Dr. Raúl Yazigi, donde considero importante destacar el trabajo que se realizaba con los pacientes. Se les incluía en diferentes talleres en conjunto con psicólogos y trabajadores sociales. Además, cada ingreso, consistía en realizar una visita domiciliaria en dupla para evaluar la mayor cantidad de determinantes que influyen en la situación actual de cada paciente, para así poder entregar una atención multidisciplinaria.
Estimado Alejandro: estoy de acuerdo con tu punto de vista de tu comentario en base a la lectura de esta semana. Creo que la salud mental no puede desligarse de su contexto histórico, político y económico. Desde mi perspectiva, uno de los puntos más relevantes es cómo el modelo neoliberal ha condicionado la atención en salud mental, priorizando la gestión de costos sobre el bienestar de los pacientes. Aunque se han hecho avances con el enfoque comunitario, persisten desigualdades profundas que dificultan el acceso equitativo a los servicios. Muy de acuerdo con tu experiencia en el Cesfam Monteáguila de cómo el enfoque biopsicosocial es indispensable. No basta con tratar a un individuo aislado; es necesario comprender su entorno, sus relaciones y sus condiciones materiales. Cada paciente es único, pertenece a una comunidad, a una cultura, por lo cual el enfoque de la atención del equipo médico debe estar basado en estas características, personalizado, además de tener su propia personalidad, sus vivencias, sus traumas, que lo hacen tener una visión personal de la forma de ver el mundo. Ojalá exista la posibilidad de implementar nuevos programas de educación en colegios en donde se pueda desestigmatizar los trastornos mentales, para lograr una sociedad mas informada, mas justa, mas consciente, más diversa, más empática.
Eliminar
ResponderEliminarEstimado Alejandro:
Tu análisis me parece completo y por lo demás profundo, abordas reflexivamente la evolución de la salud mental en nuestro país.
Es muy interesante entender cómo hemos transitado de un enfoque centrado en la eficiencia y gestión económica a uno más biopsicosocial, no ha sido un camino fácil.
Respecto a tu experiencia personal, es un buen ejemplo de cómo profundizar en el contexto familiar, social y económico de nuestros pacientes puede tener un impacto significativo en su tratamiento y bienestar general. Identificar barreras de acceso a la atención y la creación de espacios de apoyo y diálogo son acciones valiosas para mejorar la calidad de la atención en salud mental.
Saludos
Respecto a los textos de la quincena, estos abordan la salud mental desde una perspectiva crítica y sociopolítica, basándose en la obra de Michel Foucault.
ResponderEliminarComo primer punto, la "Revista de Historia de la Psicología" ofrece un recorrido por la evolución del concepto de salud mental, desde sus inicios en la psiquiatría hasta su consolidación como un ámbito propio de intervención. Se argumenta que la salud mental no solo trata patologías, sino que establece ideales de bienestar que pueden llegar a actuar como mecanismos de normalización social.
El libro "Repensar la Salud Mental Colectiva" analiza el contexto chileno y destaca cómo las políticas de salud mental han sido influenciadas por modelos internacionales que no siempre consideran las particularidades locales. En torno a lo mismo, otros artículos de la quincena examinan cómo la globalización de la salud mental ha generado una estandarización de criterios que pueden no ser adecuados para todas las sociedades.
En este punto quisiera detenerme para comentar mi experiencia personal en el CESFAM donde fui Médico general de zona en Llay Llay; que era el punto más lejano del servicio de salud al cual pertenece (Aconcagua), donde las políticas de salud mental pero también todo el resto de normativas (ECICEP, programa cardiovascular, Chile crece contigo etc), llegaban no solo con un desfase temporal, de información y de recursos; sino que también llegaban a través de un par de asesores ministeriales que nunca habían pisado el territorio ni conocían sus particularidades; por lo cual era muy difícil implementar sus ideas. Por ejemplo; en salud mental infantil existían propuestas para que ejecutase el psiquiatra infanto juvenil; sin embargo, en Llayllay no existía tal recurso; por lo cual los equipos teníamos que “arreglar y adecuar” la iniciativa para que pudiese ser implementada por el equipo y médico general.
Por otro lado, en los textos se enfatiza la relación entre salud mental y ciudadanía; agrandando el horizonte de la primera desde un ámbito puramente médico a una tecnología de gobierno que podría influir en la subjetividad e incluso en la regulación social.
Como ejemplo de lo anterior; el artículo "Gobernando la experiencia en salud mental y ciudadanía" destaca cómo, a través de normativas y dispositivos institucionales, la salud mental moldea la experiencia de los individuos. A partir de la etnografía en un centro de salud en Barcelona, se evidencian prácticas que no solo buscan el bienestar individual, sino también la integración en un colectivo normativo. La salud mental, en este sentido, deja de ser solo una disciplina médica y se convierte en una herramienta de regulación de la vida cotidiana.
Desde una perspectiva más crítica, preocupa un tanto que la salud mental pueda convertirse en una herramienta de normalización que excluya aquellas experiencias que no se ajustan a los estándares dominantes. Si bien es innegable que la promoción de la salud mental es fundamental para el bienestar social, también es necesario reconocer que su implementación puede generar desigualdades y reforzar estructuras de poder que limitan la diversidad de experiencias humanas.
Para finalizar y como se comentó en el ejemplo personal, el análisis sobre Chile y la implementación de políticas de salud mental evidencia la necesidad de adaptar los modelos internacionales a las realidades locales, evitando la imposición de criterios homogéneos que no consideran las particularidades culturales y sociales de cada contexto.
Francisca, estoy totalmente de acuerdo con el análisis que realizas tras la revisión de los documentos. Es fundamental considerar las realidades locales en la instauración de cualquier política en salud.
EliminarCreo fuertemente que existe una división importante en Chile en relación con la instauración de diferentes programas, en donde las zonas rurales son las más perjudicadas en esta materia, con una dificultad en el acceso importante y que perpetúa una brecha importante en la atención.
Es muy importante considerar las realidades locales en macro y micro, considerando los determinantes propios de cada persona para lograr generar intervenciones individualizadas y que puedan proporcionar mejor ayuda a nuestros pacientes.
Si bien existe un avance innegable en tema de políticas públicas en salud mental que caminan hacia un enfoque comunitario, las falencias siguen existiendo y, en muchas oportunidades, comandando las atenciones en salud y repercutiendo de manera directa en la calidad de éstas.
Tal como lo comentas es importante mantener una visión crítica en relación con la regulación social que podría ejercer en algunos escenarios la salud mental, y en cómo, el sistema neoliberal imperante traspasa límites de temáticas económicas y se inserta en visiones y acciones ejecutadas en salud mental, poniendo como foco, la necesidad de moldear experiencias humanas por una necesidad de control y productividad social.
Es relevante mantener la perspectiva crítica que comentas, y evitar que la salud mental se convierta en una actividad de control social, subyugado a mandatos impuestos por la política y la economía. Debemos considerar como núcleo objetivo el bienestar de nuestros pacientes, intentando no seguir mandatos que no son el objetivo de nuestra profesión.
En mi experiencia personal, creo que en muchas ocasiones, se prioriza la necesidad de control o "normalización" de conductas visualizadas como extrañas o desadaptativas socialmente en nuestros pacientes, como el objetivo principal de la atención psiquiátrica, alejándonos del principal foco de la disciplina, buscar el bienestar personal de aquel individuo. Es importante mantener la visión crítica a esta acción y generar cambios para evitarlo.
EliminarFrancisca me parece muy interesante tu comentario y con respecto a este quisiera hablar primero en el énfasis en la salud mental como un mecanismo que trasciende lo clínico y se convierte en una herramienta de regulación social, desde una perspectiva foucaultiana. Es una observación crítica que nos lleva a replantear cómo las normativas y políticas pueden impactar no solo la subjetividad de los individuos, sino también la construcción de “ciudadanía normada.” Esto es especialmente relevante en el ejemplo que se menciona del artículo realizado en Barcelona, ya que nos permite visualizar cómo la salud mental puede convertirse en una herramienta de homogeneización cuando no se consideran las especificidades culturales y sociales del entorno.
En segundo lugar, tu experiencia personal que compartes del CESFAM de Llay Llay pone en evidencia las tensiones entre los diseños centralizados de políticas de salud y su implementación en territorios con características únicas. La llegada tardía de recursos, el desfase en información y la falta de adaptabilidad muestran no solo las barreras operativas, sino también las profundas desigualdades que pueden generarse desde una visión homogénea y desconectada de las realidades locales. Las iniciativas que dependen de recursos ausentes obligan a los equipos locales a improvisar y adecuar programas pensados en otros contextos. Esta desconexión evidencia la necesidad de políticas de salud mental diseñadas desde una perspectiva descentralizada y colaborativa, que empodere a las comunidades y a los equipos de salud.
Finalmente, estoy de acuerdo con la preocupación acerca de cómo la salud mental puede convertirse en una herramienta de normalización que excluya experiencias fuera de los estándares dominantes. Si bien es claro que las políticas buscan promover el bienestar, también es necesario preguntarse: ¿Qué bienestar es ese que se promueve? ¿Quién define lo normal o lo sano desde estas políticas? Sin duda, estos criterios pueden perpetuar desigualdades o, incluso, marginar aquellas realidades culturales y humanas que no se ajustan a modelos predeterminados.
El texto analiza la evolución de la salud mental y la psiquiatría comunitaria en Chile desde una perspectiva crítica, utilizando conceptos de Foucault sobre biopolítica y gubernamentalidad. Examina cómo las políticas de salud mental han sido configuradas históricamente en función de diversas racionalidades de gobierno, desde la institucionalización de los manicomios hasta la actual.
ResponderEliminarSe aborda la transición del modelo de encierro hacia un enfoque de atención comunitaria, influenciado por las reformas neoliberales en salud. Se destaca cómo la psiquiatría ha reconfigurado su discurso, integrando aspectos sociales y psicológicos, y cómo la salud mental se ha convertido en un campo de intervención que busca alinear las subjetividades individuales con las necesidades colectivas.
El documento indica que la psiquiatría comunitaria en Chile no solo representa una innovación en salud, sino que también es una estrategia de control social dentro del marco de las políticas neoliberales. La salud mental es vista no solo como un problema clínico, sino como un campo de regulación que articula diversas formas de gobierno.
Además, se analizan las políticas de salud mental en Chile desde 1990, enfocándose en la transición desde un modelo centrado en grandes hospitales psiquiátricos hacia un enfoque comunitario. Examina el contexto político y social de estas reformas, destacando la influencia del neoliberalismo en la configuración de la atención en salud.
El documento explora la relación entre la salud mental comunitaria y la gubernamentalidad, siguiendo las ideas de Foucault y Rose, argumentando que estas políticas han servido tanto para la regulación de la población como para la promoción de derechos. Se reconoce la implementación de programas como "Chile Crece Contigo" y el Plan Nacional de Salud Mental, pero también se advierte sobre las limitaciones.
Por otro lado, se plantea que la salud mental comunitaria puede ser vista como una práctica de resistencia y emancipación, impulsando cambios en la sociedad a pesar de las restricciones impuestas por el modelo neoliberal. Se concluye sobre la necesidad de fortalecer las políticas públicas con un enfoque más integral y socialmente comprometido.
Se analiza la salud mental como una tecnología de gobierno que interviene en la experiencia individual y colectiva. Basándose en el concepto de "tecnologías del yo" de Michel Foucault, argumenta que la salud mental no solo regula el bienestar individual, sino que también moldea la ciudadanía y las relaciones sociales.
A partir de un estudio etnográfico en un centro de atención primaria en Barcelona, se identifican tres tecnologías de autogobierno: la identificación de la experiencia normal, la temporalización de la experiencia y la sujeción de esta. Estas tecnologías operan no solo en el ámbito médico, sino en la vida cotidiana, estableciendo normas sobre lo que significa ser un individuo saludable y productivo dentro de la sociedad.
El estudio concluye que la salud mental no solo busca regular el comportamiento individual, sino que también configura un "nosotros", una identidad colectiva basada en normas de salud y bienestar. Así, la salud mental se convierte en un mecanismo de control social que define la pertenencia política y biológica a la sociedad, más allá de la atención.
Se explora el desarrollo de la salud mental como un campo de reflexión e intervención, argumentando que no es solo una actualización de la psiquiatría moderna, sino una nueva forma de gobernanza que regula la experiencia cotidiana de los individuos. A diferencia de la psiquiatría, que se enfocaba en la enfermedad mental y la desviación, la salud mental busca integrar y armonizar comportamientos dentro de un ideal de ciudadanía.
Mediante un enfoque genealógico inspirado en Foucault, el texto examina cómo la salud mental surgió como un concepto vinculado al bienestar y la gobernabilidad tras la Segunda Guerra Mundial. Se destaca su papel en la consolidación de una nueva ciudadanía basada en la gestión de la conducta y el autocontrol, promovida por organismos internos.
Continuación comentario:
ResponderEliminarEl estudio concluye que la salud mental ha sido instrumental en la medicalización de la vida cotidiana, imponiendo estándares globales sobre qué significa ser un individuo sano y productivo. Esta normalización no solo tiene efectos en la salud, sino también en la construcción de la identidad y la pertenencia social, estableciendo un modelo de subjetividad alineado con las necesidades políticas y económicas del mundo.
Finalmente, respecto a mi experiencia personal y profesional, el enfoque de algunas casas de estudios para formar residentes está basado en un modelo de psiquiatría comunitaria, en el que el individuo forma parte de un todo, por lo que tan importante como citar al paciente, es fundamental evaluar dónde vive, con quiénes vives, qué es lo que le afecta, cómo de desempeña en su entorno familiar y social. Si bien, es fundamental este enfoque comunitario, muchas veces, por un tema burocrático, nos hemos visto sumergidos en una psiquiatría puramente biologicista, en el que tanto el paciente como su entorno, colocan las expectativas en el tratamiento farmacológico, pasando por alto, medidas no farmacológicas, así como haciendo la “vista gorda” a los determinantes de salud.
Estimada Jessica concuerdo con que la psiquiatría comunitaria no solo representa un cambio en el modelo de atención, sino también una reconfiguración de los mecanismos de control social, que ahora operan en espacios comunitarios en lugar de instituciones cerradas si bien es cierto que la psiquiatría comunitaria ha permitido una mayor integración y visibilización de la salud mental dentro de la sociedad, el enfoque dominante sigue privilegiando la adaptación del individuo al sistema en lugar de generar cambios estructurales que reduzcan las condiciones que generan sufrimiento psíquico. Como plantean Carrasco y Agüero & Correa, la psiquiatría comunitaria no ha eliminado el control psiquiátrico, sino que lo ha redistribuido en nuevos dispositivos, como la educación, el trabajo y las relaciones sociales.
EliminarAdemás, el uso del concepto "tecnologías del nosotros", en la línea de Foucault, me parece relevante porque muestra cómo la salud mental no solo regula la conducta individual, sino que también construye marcos normativos de pertenencia social. En ese sentido, me pregunto hasta qué punto la salud mental realmente puede ser una práctica de resistencia si, como mencionan los textos, el bienestar se define dentro de un modelo que prioriza la estabilidad del sistema sobre el bienestar real de las personas.
Estimada Jessica:
ResponderEliminarMe parece muy interesante lo que mencionas sobre los artículos y cómo, a lo largo de la historia, ha ocurrido una transición desde las instituciones cerradas, como los manicomios, hacia un enfoque más comunitario en la atención de la salud mental. Este cambio ha estado siempre influenciado por políticas económicas que buscan reducir costos en la atención, lo que ha llevado a una transformación en la forma de entender y tratar la salud mental. Ahora se incluyen aspectos sociales y psicológicos, buscando conectar las necesidades individuales con lo que la sociedad requiere en su conjunto.
También es relevante lo que señalas acerca de cómo la salud mental no es solo un problema médico, sino que también actúa como un regulador del comportamiento de las personas. En este contexto, la salud mental comunitaria se presenta como una forma de resistencia y cambio social, a pesar de las limitaciones impuestas por el modelo económico vigente. Por ello, es fundamental trabajar en la mejora de las políticas públicas para que sean más integrales y verdaderamente comprometidas con las necesidades de la sociedad.
Otro aspecto importante que mencionas es la perspectiva de Foucault, quien sugiere que la salud mental no solo busca el bienestar individual, sino que también influye en la definición de la ciudadanía y en las relaciones interpersonales. Esto resalta la importancia de entender la salud mental como un campo que busca integrar y armonizar comportamientos dentro de un ideal de ciudadanía, a diferencia de la psiquiatría tradicional, que se centraba únicamente en tratar enfermedades mentales.
En esta oportunidad, las lecturas nos entregan información para comprender la evolución de la salud mental en Chile. Se puede observar que la salud mental opera a través de mecanismos que influyen en cómo las personas deben sentirse, comportarse y relacionarse con su entorno, estableciendo criterios sobre quién es funcional para la sociedad y quién requiere intervención.
ResponderEliminarLa psiquiatría comunitaria en Chile ha seguido una evolución similar a la de otros países en la manera en que se concibe y gestiona la salud mental. En el siglo XIX, con la creación de la Casa de Orates 1852, la respuesta a la enfermedad mental se basaba en la institucionalización y el confinamiento de las personas diagnosticadas, con un fuerte énfasis en el control social y la moralización más que en el tratamiento. Con el paso del tiempo, la modernización del sistema de salud permitió la incorporación de otras disciplinas y enfoques, aunque la tendencia a segregar y medicalizar persistió. En las últimas décadas, con la desinstitucionalización y la implementación del Plan Nacional de Salud Mental , se ha intentado reemplazar el modelo de encierro por un enfoque comunitario. Sin embargo, como plantean Carrasco y Agüero & Correa, este cambio no implicó la desaparición del control psiquiátrico, sino su transformación. En lugar del confinamiento, ahora existen formas de supervisión dentro de la comunidad, a través de intervenciones en ámbitos como la educación, el trabajo y la familia. Así, la psiquiatría comunitaria no solo busca tratar la enfermedad, sino que también influye en las conductas y refuerza ciertos modelos de normalidad.
En el análisis de Jimena Carrasco, se plantea que la psiquiatría comunitaria puede entenderse como una estrategia de regulación social. En lugar de ver la desinstitucionalización como un proceso de mayor libertad para los pacientes, se puede interpretar como una reorganización del control, donde las personas ya no están confinadas, pero siguen siendo objeto de supervisión en distintos espacios de su vida cotidiana. En otro de los textos revisados, se menciona que, aunque la salud mental es presentada como un derecho, en la práctica se tiende a responsabilizar a los pacientes de su propio bienestar sin considerar suficientemente las condiciones estructurales que afectan su estado de salud.
Por otro lado, el trabajo de Agüero & Correa examina cómo la salud mental no solo impacta a nivel individual, sino que también define los límites de la ciudadanía. Un concepto que me llamó la atención es el de tecnologías del nosotros, que sugiere que las personas no solo buscan conocerse a sí mismas, sino que también buscan validación dentro de un marco normativo que define quién pertenece a la sociedad. Esta idea muestra cómo el bienestar no solo es un estado personal, sino también una construcción colectiva, donde ser reconocido dentro de un grupo genera seguridad y pertenencia.
A partir de estas lecturas, interpreto que la salud mental en la actualidad parece estar más enfocada en lograr una adaptación a las condiciones existentes que en generar un cambio en las causas que contribuyen a la enfermedad. La medicalización de los problemas psicológicos puede llevar a que estos sean vistos únicamente como experiencias individuales, en lugar de reconocer los factores sociales que los generan. Como resultado, la responsabilidad del bienestar recae sobre cada persona, dejando en segundo plano la necesidad de cambios estructurales que podrían mejorar la salud mental de la población de manera más profunda.
Estimada Franzelis,
EliminarConcuerdo con tu comentario acerca de la salud mental como herramienta de control social. Quisiera añadir sobre esa misma linea la trascendencia que tiene el establecer alguna forma de vigilancia personal y colectiva que ayude a regular conductas como estas, y a la necesidad de un nuevo proceso de modernización que devuleva la practica psiquiatrica al individuo con un enfoque personalizado y comunitario.
Por otra parte, haciendo alusión a esta medicalización que referís, mencionar que pienso de igual manera, en medio de una sociedad que exige soluciones expres pareciese como si nos hubieramos refugiado en los psicofarmacos como una alternativa a "cosificar" la atención y convertirla en un acto frívolo y distante.
Estimada Franzelis, estoy de acuerdo contigo sobre cómo la salud mental se orienta muchas veces a la adaptación individual en lugar de cuestionar las condiciones estructurales que generan el malestar. En la práctica en ocasiones suelo quedarme con una sensación amarga cuando algunos usuarios presentan sintomatología ansiosa- depresiva o ideación suicida y pareciera que ellos mismos o su círculo considera que lo que necesitan es solo un ajuste de fármacos en lugar de reconocer que lo que perpetúa su sufrimiento psíquico son diferentes situaciones, ya sea el no tener un lugar digno donde vivir, vivir en entornos de violencia, de dependencia económica, de dificultades para encontrar trabajo, falta de oportunidades, etc. También recuerdo una paciente que un día me refirió sentirse mejor porque “todo cambia cuando hay trabajo”.
EliminarEs importante reconocer que la salud mental no puede depender solo de cambios individuales, sino que requiere un enfoque más amplio, donde se cuestionen y transformen las estructuras que impactan el bienestar de las personas.
Al abordar la salud mental chilena y su trayectoria:
ResponderEliminarEl texto "Salud mental y psiquiatría comunitaria en Chile" de Jimena Carrasco donde destaca, la evolución de la atención en salud mental en Chile desde la década de 1990, previo retorno a la democracia. Destacando la transición de un modelo de atención centrado en el manicomio, hacia un enfoque comunitario. Este cambio está influenciado por procesos históricos, sociales y las teorías de Michel Foucault sobre el poder y la biopolítica.
En el año 1993 se presentan las primeras Políticas y Plan Nacional de Salud Mental, permitieron poner sobre la mesa el tan relegado tema de la salud mental, incorporándolo en forma paulatina a los distintos niveles de atención. En el año 2000 se logra un segundo Plan Nacional, que definía con mayor precisión la red de salud mental comunitaria, colocando en el centro del modelo a la APS, asociada al centro de salud mental comunitaria como lugar privilegiado de la especialidad ambulatorio, este plan, donde aparece el modelo comunitario de atención, cuyo núcleo, es la incorporación de una mirada amplia, que integra un enfoque psicosocial, ya no solo centrado en la base biología de los trastornos psiquiátricos, permitiendo la participación de otros profesionales, como los asistentes sociales, terapeutas ocupacionales, etc, que podían actuar a favor del curso de la enfermedad de nuestros pacientes y trabajar no solo en medicar al paciente, si no, lograr un abordaje integral, enfatizando el papel de la comunidad y la intervención social, como parte activa en la toma de decisiones.
La última reforma de salud del año 2005, aportó a la Salud Mental en algunos aspectos como la incorporación de algunas enfermedades mentales como GES, ley que incorpora los derechos y deberes de los pacientes, y cuyos logros están es dar garantías de acceso, oportunidad, protección financiera y calidad. Que incorporó inicialmente a la depresión y esquizofrenia, y posteriormente al trastorno bipolar y al consumo problemático de drogas y alcohol. Asimismo una de las mayores limitaciones es el que pasa con las otras enfermedades de salud mental que no son GES las cuales quedan relegadas a un segundo plano dentro de la priorización en salud.
También se logró avanzar con la promulgación de la Ley 21.331 (2021), que reconoce y protege los derechos de las personas con discapacidad psíquica o intelectual, o con enfermedad mental.
Pero, por otro lado, dejó en evidencia las falencias que nuestro sistema aún tiene, respecto de la salud mental, dejó entrever la dificultad en el acceso a la atención por falta de horas, falta de centros de atención, falta de profesionales y técnico, la demora en la atención de especialista, lo sobrepasada que está la atención primaria intentado resolver el máximo posible y la falta de recursos a todo nivel. De ahí lo importante de que las políticas en salud mental sean transversales a cualquier gobernanza, creadas teniendo en el centro a las personas, sus derechos y su bienestar, y que no quede a criterio local de quien las aplica, para así asegurar que las líneas de acción se mantengan en el tiempo y finalmente sean los pacientes los reales beneficiados.
Chile ha avanzado en la promoción y prevención de la salud mental desde 1990, con la implementación de políticas, planes y programas destinados a mejorar la atención y la calidad de vida de las personas con trastornos mentales. Sin embargo, persisten desafíos importantes, como la falta de recursos, el estigma social y la necesidad de una mayor coordinación, participación y atención comunitaria. Para continuar mejorando la salud mental en Chile, es fundamental abordar estas limitaciones y seguir invirtiendo en el bienestar psicológico de la población. Como lo más reciente, el proyecto de Ley Integral de Salud Mental, cuerpo legal que pretende mejorar la calidad y oportunidad de atención en la red de salud, además de promover la inclusión social y reforzar el reconocimiento del respeto a la dignidad y derechos humanos de las personas.
Mis reflexiones que surgen a partir de los textos revisados en esta oportunidad son los siguientes:
ResponderEliminarPrimero que todo, como hemos revisado anteriormente la psiquiatría y la salud mental ha tenido una importante evolución a través de procesos complejos e históricos en los que se ha transitado de un modelo asilar, de encierro, coerción y control social a un modelo de atención ambulatoria y comunitaria, menos coercitivo. Como mencionan Tuillang y Rodrigo, Chile ha sido parte de este proceso, con avances y retrocesos (en periodo de dictadura) a través de cambios políticos, sociales y modelos económicos que han direccionado enfoques de intervención y el funcionamiento de la institucionalidad en salud mental en nuestro país.
A pesar de los importantes avances, posterior al gran retroceso vivido en periodo de dictadura, se continúan presentando importantes desafíos estructurales que limitan el accionar como por ejemplo la falta de recursos, la precarización de los trabajadores de la salud mental y por tanto a sus usuarios y la fragmentación de políticas que nos aleja de la mirada integral. Como señala Carrasco, continuamos basando las respuestas y acciones en el enfoque biomédico sin ver de forma integral la salud de las personas incorporando como protagonista el enfoque comunitario y psicosocial.
Y es que como mencionan Maria José y Gonzalo, a medida que se ha desarrollado la salud mental esta ha pasado a ser una tecnología de gobierno que regula la experiencia individual y colectiva, moldeando subjetividades y promoviendo la adaptación de los individuos a los estándares económicos y políticos vigentes usándose más bien como una herramienta de control social y perpetuación más que entenderla como una parte fundamental de nuestros seres y haceres, de nuestra vida cotidiana. Sociedades que sufren por condicionantes sociales que provocan la precarización laboral, la desigualdad y la exclusión social y que como respuesta han sido tratados con medicamentos, han sido “terapeadas” con estrategias individuales que responsabilizan a las personas de su bienestar antes de plantear una visión colectiva, de fortalecimiento social y transformación.
Y como no, porque el modelo neoliberal chileno ha reforzado esta lógica, siendo vista la salud mental desde una lógica de mercado lo que repercute en dejar en segundo plano el bienestar colectivo. El estado ha adoptado un rol subsidiario que delega su gran responsabilidad como garante de derechos a nodos de atención que continúan fragmentados y además brindando financiamiento insuficiente. Como resultado, en lugar de garantizar derechos inherentes, muchas políticas de salud mental terminan reproduciendo desigualdades y perpetuando nuevas formas de exclusión y discriminación. Entonces hoy sobrevivimos de esfuerzos para articularnos, de sobrecarga laboral para poder acompañar procesos y lo veo diariamente en mi espacio laboral.
Por lo tanto, como menciona Rafael Sepúlveda es muy necesario fortalecer el modelo comunitario de salud mental con un enfoque centrado en los derechos, la inclusión y la participación social. Es necesario repensar la Salud mental en Chile desde perspectivas críticas que apuntan a la transformación. El desafío está en que logremos una praxis significativa y transformadora, porque no basta solo con aumentar los recursos, mejorar el acceso a prestaciones y ampliar la cobertura, que si bien es muy necesario, también requerimos de personas trabajadoras de la salud mental comprometidas con el cambio y bienestar. Por ello es urgente incluir en las formaciones y capacitaciones un enfoque integral que reconozca los determinantes sociales del sufrimiento y concientice sobre la importancia de adquirir un modelo basado en derechos, participación y justicia social. La salud mental no debe ser entendida como una herramienta de gobernanza, sino un espacio de resistencia y emancipación que permita a las personas y comunidades enfrentar las condiciones que generan malestar y malvivir.
Continua:
EliminarMientras tanto continuamos en la lucha, como menciona Sepúlveda, de conseguir una política de salud mental más justa y efectiva, haciendo estos análisis críticos del poder por una parte y por otra, propiciando cambios a través de lo concreto, en mi experiencia las transformaciones se realizan en los box, en las intervenciones familiares o en “AVD de corta estadía”, pese a los pocos recursos, intentamos promover una visión colectiva y comunitaria de la salud mental con las personas usuarias y trabajadoras del espacio.
Estimada Carolina:
EliminarEsperando que te encuentres bien, quería comentarte que estoy bastante de acuerdo con la mayoría de tus planteamientos como, por ejemplo, el hecho de que la salud mental, desde sus orígenes, ha ido adoptando un rol de regulador de la experiencia individual y colectiva, estableciendo los límites de la “normalidad”. Claramente lo anterior tiene sus orígenes en el modelo maniacal, que buscaba
Además, la sociedad ha impuesto a los/as psiquiatras la tarea de adaptar a los individuos a los estándares neoliberales y políticos vigentes, utilizando la sobremedicalización. Considero indignante intentar “parchar” desigualdades sociales, precariedad y exclusión social, mediante fármacos. Como se menciona en el texto “Salud mental y ciudadanía: Una aproximación genealógica”, la salud mental se ha convertido en un asunto biopolítico, dirigido no solo a individuos, sino a grupos, poblaciones y consumidores. Y actualmente está fuertemente vinculada a la economía, la productividad y el capital, lo que se ve reflejado en el gran interés de la industria farmacéutica por el sobre diagnóstico y sobre tratamiento de entidades nosológicas cada vez más diversas.
Los articulos a revisar en esta jornada plantean como la concepción de ser humano ha ido variando con el tiempo, desde una visión biologicista hasta este nuevo modelo que contempla la escencia propia- el alma- como parte fundamental de lo que nos define como personas.
ResponderEliminarDe la mano a lo anterior, y acompañado por otros cambios de la época, el concepto de salud-enfermedad es también modificado, dándole una trascendencia más amplia a la Salud Mental, entendiendola no como un símil de presencia/ausencia de enfermedad, sino como un derecho humano universal.
Este nuevo pensar derivó en la creación de un ideal colectivo que parece alejar a los individuos de un simple bienestar y los acerca más a una lucha por un "sentir de pertencia" donde la queja propia queda relegada a la que social y a lo que se espera como conducta normativa. Es acá donde uno de los textos pone como ejemplo una serie de pacientes que llegan a la consulta por "X" problema y se tranquilizan al escuchar que lo que estan viviendo es "normal" o "esperado", y el riesgo que trajo consigo fue el entregar el poder como mediador de salud-enfermedad a instituciones psiquiátricas que influenciadas por poderes hegemónicos ejercieron una autoridad coercitiva encerrando, y paradójicamente, estigmatizando individuos por muchos años.
Es necesario entonces un proceso de deconstrucción donde no se pierda el foco de la colectividad pero que centre la atención principal en el individuo, y la atención comunitaria en este contexto se convierte una herramienta clave para la mejora y el alcance de la salud mental.
A nivel personal, recuerdo un paciente con diagnostico de esquizofrenia paranoide, para quien biograficamente la religión ha supuesto un pilar fundamental en su vida, participa fervientemente de reuniones de iglesia y casi de forma basal su discurso se centra en sus creencias, recibió atención por parte de un médico extra sistema quien encontro problemático el contenido de su discurso sin primero analizar su biografía y trato, de forma coercitiva, de alejarlo de su religión.
Estimado Rodrigo,
EliminarJustamente me parece crucial no perder el foco del proceso de deconstrucción en tanto que la validación de los sentires y saberes no hegemónicos, es un punto clave para apuntar hacia clínica emancipadora y respetuosa. En ese sentido, la historia que compartes me parece tristemente frecuente aún, al detentar el clínico de una "verdad hegemónica", puede caer fácilmente en la coerción y la negligencia, si no ve al Otro como un ser-otro integral y sólo como objeto de intervención (un check-list nosológico).
Esto a su vez, me gustaría llevarlo al plano de la discusión de la salud mental como ente regulador del sujeto-otro, dentro de un dispositivo de poder institucionalizado mediante la hegemonía del discurso médico como verdad única. Me parece fundamental tomar esa postura crítica para una vez desnaturalizada y superada (dialécticamente) esta forma de entendimiento de la salud mental como práctica de control, poder asirnos a una genuina y crítica acción de salud mental comunitaria como práctica de resistencia y emancipatoria.
colega si bien las lecturas analizadas muestran cómo la salud mental ha pasado de un enfoque biologicista a una visión más amplia, donde se reconoce como un derecho humano. Sin embargo, este cambio ha generado nuevas tensiones, ya que la necesidad de pertenencia social puede derivar en la medicalización de experiencias normales. La psiquiatría ha jugado un rol normativo, definiendo qué formas de subjetividad son aceptadas y cuáles no, lo que ha llevado a la exclusión de ciertas perspectivas.
EliminarEn La Araucanía, esto se refleja en la invisibilización de formas locales de comprensión del bienestar, como la sanación mapuche o la espiritualidad. El caso de un paciente con esquizofrenia paranoide, cuyo discurso religioso fue visto como problemático sin considerar su biografía, ilustra el riesgo de imponer un marco psiquiátrico sin respetar el contexto del individuo.
La atención comunitaria es clave para evitar respuestas coercitivas y fomentar un enfoque más inclusivo. Es necesario reconocer la diversidad de experiencias y permitir que los pacientes den sentido a su sufrimiento sin ser reducidos a un diagnóstico.
Estimado, coincide con tu opinión sobre la importancia de la deconstrucción, sin perder de vista la dimensión colectiva. En este sentido como revisamos anteriormente considero fundamental evitar mecanismos coercitivos y adoptar un enfoque más amplio que respete la interculturalidad, además que nos chocamos con los limites del modelo económico que impregna nuestro desarrollo como sociedad.
EliminarEstimado, concuerdo plenamente contigo en la importancia del proceso de deconstrucción. De esa manera nos vamos a acercar mas a una labor diaria individualizada y que respete la historia y preocupaciones propias de cada paciente y de sus familiares, cuidadores y de quienes lo rodeen. La coerción es una práctica frecuente en la práctica médica, ya que a partir de la hegemonía del acto en sí se genera una ocasión propicia para que prevalezca el discurso médico. De esta manera, la mejor opción es no caer en prácticas que favorezcan esto, y ver al otro ser humano como un íntegro por conocer a partir no solo de su diagnóstico, sino que de su historia completa.
EliminarLas lecturas recomendadas en esta oportunidad profundizan en cuestiones que venimos conversando hace un buen tiempo, esta vez reconociendo la influencia Foucaultiana y realizando críticas pertinentes al desarrollo de una psiquiatría comunitaria desde una perspectiva biopolítica.
ResponderEliminarPodemos destacar nuevamente el rol normativo de la psiquiatría a lo largo de su historia, donde se ejerce una relación de poder entre esta institución y el grupo particular de humanos que son su objeto de estudio. Los ejemplos históricos de esto son numerosos y, lamentablemente, en muchos casos, violentos. El mismo gesto de objetivar un síntoma, un síndrome, un diagnóstico, constituye ya una forma de instaurar esta brecha de poder a través de un tipo de conocimiento que, desde la hegemonía, sostiene una visión de cómo deberíamos ser los humanos. Los médicos poseemos una posición de poder social por esta razón, por el conocimiento y la validación de nuestras palabras a través de las instituciones. Todo esto no es casual, sino que ha sido sistematizado a través del tiempo como una de las herramientas de control social bajo las que opera la institucionalidad. Desde este funcionamiento, la institución psiquiátrica influye en cómo se construyen subjetividades y se sostienen relaciones comunitarias, más allá de la instancia de atenciones clínicas.
En el caso de Chile, según hemos podido leer, la transición desde un modelo manicomial a uno comunitario, no se encuentra fuera de estas dinámicas de poder. Si bien se rescatan las propuestas innovadoras que buscan fomentar la autonomía e integración social de pacientes de salud mental, también se identifican importantes limitaciones. En ello, me parece sumamente interesante la crítica que hace Jimena Carrasco al proceso de desinstitucionalización (ex-institucionalización). En ésta, pone en relieve el funcionamiento aún normativo de la psiquiatría en Chile, siguiendo estrategias de control social dentro del contexto del neoliberalismo imperante, bajo una intención de poder articular estas formas de subjetividad subalternas con el colectivo. Un horizonte emancipatorio se anuncia pero pareciera estar aún demasiado lejos. El uso de instrumentos de medición que velen más por metas estadísticas, que por la calidad o el bienestar, resultan parte del problema, en especial cuando el financiamiento es escaso y depende de ello. El contexto mayor de la globalización, podemos también identificar la influencia de las grandes farmacéuticas en el desarrollo de una vida cotidiana medicalizada a través de un arsenal cada vez más extenso de sustancias.
Llevo varios años trabajando como prestador del GES 34. Con el tiempo he visto cómo personas llegan con penas, miedos, duelos y malestares variados, buscando un alivio para poder seguir funcionando en un sistema que presiona para que vuelvan a producir. Muchas veces se termina medicalizando problemas que, tal vez, son más bien políticos y socioeconómicos. Esto me hace pensar en las posibles consecuencias del uso indiscriminado de antidepresivos a nivel mundial. Por una parte hace sentido que a una persona que consideramos enferma le ofrezcamos tratamiento de inmediato, sin embargo la línea entre lo normal y patológico es dinámica en su enraizamiento histórico. ¿Qué tipo de ciudadanos estamos buscando crear? ¿El que nunca se sienta mal? ¿Qué siga produciendo a pesar de todo? Supongo que las respuestas podremos verlas en retrospectiva, cuando cambie nuevamente el paradigma en el futuro.
Felipe, si bien las lecturas revisadas refuerzan un punto central en la discusión sobre la psiquiatría comunitaria en Chile: su papel dentro de un entramado de poder que no ha dejado de operar de manera normativa, incluso en su tránsito desde el modelo manicomial. Como bien señala Carrasco, la ex-institucionalización no ha significado necesariamente un quiebre con las lógicas de control, sino una reconfiguración de estas dentro del modelo neoliberal, donde la autonomía y la integración social de los pacientes muchas veces están supeditadas a métricas de eficiencia y financiamiento.
EliminarEn La Araucanía, estas tensiones se ven atravesadas por la relación histórica del Estado con el pueblo mapuche. Aquí, el sufrimiento psíquico no puede entenderse solo desde la perspectiva biomédica, sino también como una experiencia marcada por la violencia estructural y el despojo territorial. El problema surge cuando la psiquiatría comunitaria, en su intento de integrar enfoques interculturales, lo hace desde una posición hegemónica, subsumiendo la medicina mapuche dentro de sus propias categorías en lugar de reconocerla como un sistema autónomo de salud.
El uso creciente de psicofármacos, como mencionas en tu experiencia con el GES 34, evidencia otra dimensión del problema: la medicalización del malestar social. En un contexto de precarización y conflicto, es fácil que la solución pase por volver funcional al individuo en lugar de transformar las condiciones que generan su sufrimiento. Esto nos lleva a una pregunta clave: ¿qué tipo de subjetividades estamos promoviendo en salud mental? En La Araucanía, responder a esta cuestión implica no solo repensar la psiquiatría comunitaria, sino cuestionar su rol en la construcción de un orden social que no siempre está al servicio del bienestar de quienes atiende.
Felipe, concuerdo con tu comentario y me gustaría enfatizar lo que mencionas sobre la posición de poder en la que nos encontramos como médicos/as y como vimos en los textos, esto fomenta lógicas de control social.
EliminarEn el ejercicio de la profesión, muchas veces alimentamos dinámicas injustas y violentas en nombre de resguardar “la normalidad”, “la salud” y “lo sano”, en un contexto en el que, como bien dijiste, “la línea entre lo normal y lo patológico es dinámica”.y tal como es dinámica,también está influenciada por contexto y modelos políticos y económicos
Además, mencionas el uso indiscriminado de antidepresivos, que también observo no solo en usuarios, sino en conocidos y familiares, me pregunto: ¿realmente estamos todos “deprimidos”? ¿Debemos reconsiderar las bases del diagnóstico al que estamos dando tratamiento, o simplemente es el sistema el que no nos permite ser o estar “normales” o “sanos”?
Como hemos visto a lo largo del ramo y en los textos de esta sección, está claro que la salud mental no se puede desarrollar al margen del contexto social, político y cultural. Esa es, de hecho, por asi llamarlo una de sus mayores cualidades, a mi parecer, alejándola de una visión meramente académica o científica. Sin embargo, también me genera gran frustración la dificultad de desmarcarse del modelo neoliberal. Pero tambien nos impulsa a realizar una labor más crítica y consciente.
Comprender cómo se configura el escenario actual en salud mental y psiquiatría, es clave para poder cuestionar nuestro quehacer clínico tanto en lo cotidiano y como en las formas (e instrumentalizaciones) que subyacen a la tecnología desde la cual estamos insertos, desde una visión epistémica y así situarnos activamente como interventores en salud mental.
ResponderEliminarEn ese sentido, me parece una cuestión fundamental recoger las miradas de las académicas invitadas de la quincena, Jimena Carrasco y María José Agüero que en sus artículos adjuntos, sitúan el espacio mismo desde donde se concibe la salud mental (más allá de la psiquiatría puramente tal), desde una perspectiva crítica (bajo una óptica foucaultiana), que hay que repensar si deseamos realmente mantener el espíritu emancipatorio e integral al que se refiere Dr Sepúlveda en el capítulo del libro citado dedicado al tema.
Concuerdo con la necesidad de esta lectura y me parece importante destacar el concepto foucaultiano de gubernamentalidad entendido como la implementación desde la institucionalidad de una “serie de tecnologías que buscan alinear los fines de gobierno con las subjetividades de ciertas personas y grupos” y que recuerdo, desarrolla ampliamente en sus clases recabadas en el libro “Nacimiento de la biopolítica” al que citan las autoras. De forma muy aguda, Carrasco toma estas lecturas para realizar un análisis crítico e histórico de la construcción de la SM en Chile, llegando a problematizar incluso al modelo de Salud Mental Comunitario no por su objetivos explícitos ni de quienes se han comprometido bienintencionadamente con su gestión, sino desde el marco histórico y sociológico donde se construye, como un instrumento de validación de poder hegemónico, a su vez envuelto en una lógica de producción modernidad/colonialidad de verdad, importada históricamente en Chile desde el primer mundo y reproducida mediante su institucionalización, para ejercer control ya no solo de los cuerpos enfermos, sino también de su subjetivación misma y en su relación social, como un factor más de control.
En la práctica clínica, me hace mucho sentido el hallazgo etnográfico en CESAMCO de Valdivia, con sus aciertos y limitaciones tangibles y que en mi caso viví en COSAM Rahue Osorno (durante mi internado electivo), luego trabajando en APS en la X región y ahora en CESAM San Joaquín, porque, se evidencia una vez más, que los nodos reales subyacen a una problemática común más profunda y estructural, en que la que se entrecruzan y tensionan las vivencias singulares, sociales, biográficas con el modo de vida y relación sujeto-institución-sociedad y cultura – Porque, desde luego, adaptarse a vivir siendo pobre en un sistema capitalista de extremo neoliberal no es fácil - Ante esto, tener que sin embargo, traducir esta complejidad a una ficha clínica, datos estadísticos y otras gestiones que operan bajo las normas médicas hegemónicas coloniales, decantan en un reduccionismo difícil de sobrellevar que, no pocas veces termina en el entrampamiento terapéutico de los casos más complejos, muchas veces catalogados de “mal pronóstico”, y con la frustración del equipo.
Es cierto, que las políticas públicas han avanzado también en materia de legislación así como su implementación, pero chocan aún con un modelo económico-político adverso, por esto que el llamado a concientizar y co-construir como hemos venido haciendo a lo largo del curso y en los múltiples esfuerzos colectivos tras el plan nacional de salud metal comunitaria y el modelo de gestión ad hoc, alternativas integradoras y de horizonte emancipatorio como un acto de resistencia “contracorriente” al modelo, sin olvidar que a la vez, debemos constantemente analizarnos a nosotros mismos (quienes ejercemos las intervenciones) desde una perspectiva crítica.
Claudio:
EliminarMe resulta particularmente interesante el concepto de gubernamentalidad, porque permite entender cómo las políticas de salud mental no operan de manera aislada, sino que están enmarcadas dentro de un modelo institucional que busca moldear subjetividades. Me hace reflexionar sobre cómo, muchas veces, desde la práctica clínica nos vemos obligados a traducir la complejidad de la vida de nuestros pacientes en diagnósticos y datos estadísticos, perdiendo de vista el entramado social, político y cultural en el que se desenvuelven. Esto es algo que he experimentado en mi ejercicio profesional: la frustración de ver cómo las herramientas que tenemos a nuestra disposición no siempre responden a las verdaderas necesidades de las personas, y cómo las estructuras nos empujan a encasillar problemáticas que son mucho más profundas de lo que los manuales pueden describir.
También comparto la observación sobre los límites del modelo de salud mental comunitario. Aunque valoro profundamente sus principios y he visto los esfuerzos que se hacen para que sea realmente integrador, no puedo ignorar que sigue operando dentro de una lógica neoliberal que dificulta su pleno desarrollo. En mi experiencia, la burocracia y la falta de recursos terminan generando un desgaste tanto en los equipos como en los propios usuarios, lo que nos lleva a un círculo vicioso donde, a pesar de nuestras mejores intenciones, las soluciones parecen siempre parciales e insuficientes.
Saludos!
Claudio, me parece fundamental lo que planteas en el último párrafo de tu intervención, reconocer e identificar los límites impuestos por un modelo económico, político y social en el que los avances en materias de legislación e implementación de políticas de salud pública, en el área de la salud mental no han sido todo lo profundo, radicales, o integrales que nos gustaría que fuesen. En pos de esto, me gustaría recoger lo planteado por Sepulveda a final de su texto, en donde reconoce que a pesar de lo que en primera instancia podría plantear un enfoque de raíz foucaultiana al analizar el la historia y actualidad del área de la salud mental en nuestro país, en donde el enfoque comunitario parecería ser meramente otro conjunto de ardides y estratagemas para simplemente dominar y subyugar a un conjunto de la población en pos de intereses propios de la racionalidad económica más que del saber médico, o en el mejor de los casos, un conjunto de teorías, experiencias y enfoques constreñidos por la racionalidad propia de un ámbito exterior: de una gubernamentalidad signada por un enfoque propio de una racionalidad de eficacia económica. Hay posibilidad para no solo la mera resistencia, sino también para la emancipación, ya que donde hay efectos de poder hay espacio para generar resistencia y contrapoder.
EliminarEn base a la literatura expuesta, principalmente en el documento “interventores en salud mental” de J. Carrasco (2013) y mi experiencia como médico general y como becado de psiquiatría de adultos de 1 año en el servicio de salud Talcahuano, en el cual he conocido algunos dispositivos de la red, quiero destacar que concuerdo en muchos aspectos mencionados en su artículo. Destaco el esfuerzo colectivo de la intervención del equipo multidisciplinario en la salud mental de nuestros pacientes. Esto está presente en modelo de salud mental en APS como en COSAM, u otros dispositivos, en donde los casos se analizan de una perspectiva en multidimensional, en donde cada profesional aporta su punto de vista, lo que enriquece nuestra labor y gran responsabilidad que tenemos en haber escogido en participar en esta labor. Nuestra estrategia para poder logara y mejorar el modelo de la psiquiatría comunitaria es poder desarrollar nuevas estrategias enfocada en la prevención de poblaciones más vulnerables, y esto según yo la psicoeducación en establecimientos educacionales, dispositivos de salud mental, dispositivos de atención de salud primaria, es vital para educar a nuestra sociedad, así también para disminuir el estigma de los trastornos psiquiátricos, los cuales generan una barrera para el acceso al tratamiento. Además de generar a la comunidad emociones como el miedo, desconfianza, inseguridad y rechazo a diagnósticos o condiciones de pacientes como la presencia de esquizofrenia, trastornos de personalidad limítrofes, suicidalidad crónica, consumos de sustancias, discapacidad intelectual, pacientes en situación de calle, pacientes antisociales y el autismo por mencionar algunos, los cuales sin una buena educación a la comunidad se generan creencias erróneas en la población, estigmas, una falta de sensibilización, como la presencia de agresividad en alguno de estos diagnósticos, que hacen que la comunidad no integre a estos usuarios.
ResponderEliminarEl documento destaca principios éticos vitales para nuestra labor como el consentimiento informado y el respeto a la autonomía del paciente, los cuales se ven estrechamente relacionados con las decisiones del equipo médico, lo que aborda actualmente el uso de tratamientos como la terapia electroconvulsiva para varios cuadros resistentes a tratamiento, el uso de ketamina en casos de suicidio, y las medidas de contención física en casos que deben ser usadas, respetando los derechos de los pacientes.
Se vislumbra un futuro en la salud mental que depende la formación de nuevas políticas publicas que van asociados en mi opinión a la destinación de recursos económicos, tema que siempre ha estado patente en salud mental publica, en donde vemos por ejemplo la lista de espera que existe para los pacientes en situación de calle para su ingreso a hospederías, o residencias. Además de esto es vital que el estado le dé la importancia que merece a la salud mental y exista la posibilidad de realización de cursos de especialización para entregar un trabajo de calidad a nuestros pacientes.
La telepsiquiatría es una estrategia que puede ampliar el acceso de atención a nuestros usuarios, en mi experiencia en COSAM Hualpén veía como se realiza el trabajo en equipo logístico para que los adolescentes tuvieran atención psiquiátrica online desde Santiago, ya sea por la falta de especialistas en la comuna de Hualpén, y que estén activos en el trabajo público.
Comparto contigo la importancia del trabajo colectivo multidisciplinario en salud mental ya que distintas miradas y aportes contribuyen a una mejor intervención para los pacientes. Personalmente he visto en mi práctica cómo estos distintos puntos de vista de cada profesional del equipo se van articulando y complementando para lograr una atención integral y efectiva dentro de lo posible, lo que genera un ambiente grato y llevadero.
EliminarTambién destaco los principios éticos que mencionaste como el respeto a la autonomía y el uso de consentimiento informado, personalmente creo que todos los principios éticos como la justicia, no maleficencia y beneficencia son relevantes en su justa medida y se pueden aplicar a atenciones de salud mental y justamente en indicaciones como la terapia electroconvulsiva, el uso de ketamina y las medidas de contención física hay que ser cuidadoso en su indicación y respetar los valores éticos.
La salud mental en Chile ha sido moldeada por políticas que combinan modelos biomédicos con enfoques comunitarios, pero muchas veces estas estrategias han operado más como formas de control que como verdaderas soluciones al bienestar de las personas. En La Araucanía, esta realidad se vuelve aún más compleja debido a la historia de conflicto entre el Estado y el pueblo mapuche, lo que genera un contexto de desconfianza y desigualdad en el acceso a la atención.
ResponderEliminarLos trabajos de Carrasco (2013) y Sepúlveda (2021) muestran cómo la psiquiatría comunitaria en Chile ha funcionado dentro de un sistema que impone normas sin considerar suficientemente las realidades locales. En el caso del pueblo mapuche, esto se traduce en que su visión sobre la salud y la enfermedad muchas veces es ignorada o reducida a un simple complemento de la medicina occidental, sin reconocer su valor y significado real.
Agüero y Correa (2018) explican cómo las políticas de salud mental han intentado no solo atender el sufrimiento psíquico, sino también moldear la forma en que las personas entienden su bienestar y ciudadanía. En La Araucanía, esto se vuelve problemático cuando la medicina mapuche es vista solo como una estrategia intercultural simbólica y no como un sistema de salud legítimo.
Para avanzar en una verdadera atención en salud mental en la región, es clave cambiar este enfoque y generar modelos que integren de manera real y equitativa la visión mapuche del bienestar. Esto no significa solo agregar prácticas tradicionales en los centros de salud, sino reconocer la medicina mapuche como una forma válida y autónoma de cuidado. Solo así se podrá construir una salud mental comunitaria que realmente responda a las necesidades locales.
Me parece que has captado muy bien la tensión que reflejan estos documentos. Es evidente que en Chile se ha buscado integrar un enfoque comunitario en salud mental, pero en la práctica, muchas veces este intento se ve obstaculizado por estructuras y políticas que operan como mecanismos de control. Los textos muestran que, en regiones como La Araucanía, esta dualidad se intensifica: por un lado se intenta avanzar hacia un modelo más inclusivo, y por otro se impone un marco normativo que deja de lado las realidades locales y, en particular, la cosmovisión mapuche.
EliminarDesde la perspectiva foucaultiana, se entiende que el poder no solo se ejerce de manera explícita, sino que también se infiltra en la manera en que se definen y se viven las prácticas de salud. La psiquiatría comunitaria, entonces, se convierte en un espacio en el que se reconfigura la ciudadanía, pero que al mismo tiempo puede funcionar como una herramienta para imponer ciertos saberes y excluir otros. Por eso, reconocer la medicina mapuche como un sistema de cuidado legítimo y autónomo no es solo un acto simbólico, sino una necesidad real para construir una atención en salud mental que responda a las necesidades y valores de cada comunidad. Solo integrando auténticamente estas visiones podremos avanzar hacia un modelo que respete la diversidad cultural y ofrezca verdaderas soluciones.
Hola a todos, respecto a los textos de esta ocasión, creo que a lo largo del curso hemos recorrido desde los orígenes de la salud mental y la psiquiatría comunitaria hasta su implementación actual. No solo hemos aprendido sobre sus aportes y su importancia como respuesta a las fallas del sistema tradicional, sino también sobre los desafíos que aún enfrentamos.
ResponderEliminarUno de los temas que más me ha llamado la atención durante el curso es cómo la psiquiatría, desde sus inicios, ha respondido a las demandas sociales, ajustándose a los "encargos" de cada época. La salud mental en Chile ha atravesado un camino complejo de transformaciones históricas y políticas, que no están desligadas de lo que sucede en el resto del mundo. Pasamos del modelo manicomial al enfoque comunitario, donde el objetivo es la integración y no la reclusión. Sin embargo, seguimos reproduciendo algunos patrones del pasado. En este sentido, me resultó interesante el concepto de subjetividad colonizadora, que plantea cómo la diferencia muchas veces se percibe como algo problemático que debe ser corregido o normalizado, lo que termina justificando mecanismos de dominación.
Otro aspecto que destaco es la implementación del Plan Nacional de Salud Mental y Psiquiatría, así como la gestión en red temática. Estos cambios no han sido solo estructurales, sino también conceptuales: la salud mental ya no se ve exclusivamente como un problema médico, sino como un fenómeno social, político y económico. En uno de los textos, me llamó la atención también cómo se plantea que las políticas públicas en salud mental no siempre buscan primariamente mejorar la calidad de vida de las personas sólo por el hecho de ser un derecho, sino porque los resultados se traducen en mayor productividad y desempeño económico. Un reflejo de esta visión es el término japonés que vende la depresión como un "resfrío del corazón", dándole un matiz que minimiza su impacto real.
Considero que actualmente persisten problemas como la falta de recursos, la estigmatización, la sobrecarga laboral, las dificultades de acceso y el insuficiente abordaje intersectorial. También a lo largo del curso hemos identificado el rol clave e importantísimo que cumple la educación en este ámbito.
En mi corta experiencia laboral, he presenciado desde cómo en el pregrado se hace poco énfasis al modelo comunitario en salud mental hasta actualmente ver situaciones de coerción debido a la presión social y familiar, estigma, autoestima, altas demandas de rendimientos y escasez de recursos en la especialidad y en APS, tanto humanos como económicos. Respecto a esta última, siempre me ha llamado la atención la gran importancia que se le atribuye y demanda a la atención primaria a pesar de las limitaciones y obstáculos con los que deben trabajar. En el ejemplo concreto, conversando en el hospital consideramos que, por ejemplo, si hubiera más psicólogos, los pacientes podrían evolucionar de mejor manera, y no solo quedarnos con la sensación de que lo que hacemos no es suficiente, además algo que nos comentan mucho en APS es la poca posibilidad de realizar psicoterapias efectivas debido al tiempo que tienen por paciente, dejándolo como un “acompañamiento psicológico”. Evidentemente este ejemplo no aborda todo, ni mucho menos el problema de fondo, que es intersectorial y sistemático, pero si pudiera dar un ejemplo concreto que veo día a día, eso sería uno de ellos.
Agradeciendo las lecturas y los comentarios previos de mis compañeros, los temas de esta sesión nos invitan a reflexionar sobre los cambios en la salud mental a través de un análisis histórico, especialmente en Chile con las transformaciones legislativas de las últimas décadas. Jimena Carrasco nos muestra cómo, desde un enfoque sociopolítico con asilos, encierros y control total, la salud mental se transformó en un asunto político-científico-médico, donde las lógicas y tecnologías del poder moldearon su concepción. Carrasco (2014) afirma que la salud mental y la psiquiatría comunitaria son una "forma de intervención social" que busca alinear los fines del gobierno con las subjetividades de la comunidad. En este contexto, la racionalidad neoliberal actual plantea desafíos significativos. ¿Cómo podemos garantizar que las intervenciones sean realmente beneficiosas para las comunidades, en lugar de herramientas de control social?
ResponderEliminarDe manera personal percibo lo descrito por mis compañeros una exigencia e importancia al "n" que a la persona o que se cuestione porque "lo cita tan seguido" o "porque bloqueo morbilidad para pacientes de salud mental" facilitan la percepción del usuario como solo un "n" para el REM.
Después de leer estos textos, me resulta muy claro que el modelo de salud mental en nuestro país necesita una transformación profunda. No se trata solo de mejorar la cobertura o de aumentar los recursos –aunque eso también es relevante–, sino también replantear la manera en que entendemos el sufrimiento de los usuarios de salud mental y la forma en que el Estado interviene en la vida de las personas.
ResponderEliminarCreo que la salud mental debe alejarse de la lógica del control y acercarse a un enfoque basado en la justicia social y en la autonomía de la gente. Esto implica reconocer que los trastornos mentales no son solo problemas de tipo individual, sino que están profundamente relacionados con factores estructurales como la pobreza, la violencia, la discriminación y la vulneración de derechos. En este sentido, cualquier política de salud mental que no aborde estas causas profundas será insuficiente.
También pienso que es urgente decolonizar la psiquiatría y la psicología, es decir, cuestionar los modelos impuestos desde una perspectiva occidental y abrir espacio para otros saberes, como los conocimientos ancestrales de los pueblos indígenas o las prácticas comunitarias de sanación. La medicina occidental no puede seguir siendo la única voz autorizada en la discusión sobre salud mental.
Finalmente, creo que el camino hacia una salud mental verdaderamente liberadora pasa por devolverle a las personas el poder sobre su propia experiencia. En lugar de seguir viendo a los pacientes como objetos de intervención, deberíamos reconocerlos como sujetos con agencia, capaces de definir qué necesitan y cómo quieren sanar. Esto significa cambiar la relación entre los profesionales de la salud mental y las comunidades, promoviendo un enfoque más horizontal y participativo.
En base a lo anterior, me ha tocado experimentar en el CDT del CABL, como se trabaja en equipos territoriales, en los cuales los profesionales tenemos un trato horizontal entre nosotros, ya que cada uno cumple un rol propio, en lugar de jerarquizado. Lo mismo se transmite hacia nuestros usuarios, quienes participan en talleres de diversas características, son incluidos de manera horizontal y de forma participativa.
Estimado Javier, me quedo con varios puntos que mencionas en tu comentario. La salud mental debe tener un enfoque basado en la autonomía de la gente, devolviéndoles el poder de su propia experiencia, ¿por qué encasillarlos en modelos impuestos? ¿por qué no aceptamos la existencia de otras áreas de conocimientos, como por ejemplo los ancestrales? Al rebatir las propias explicaciones de las vivencias de nuestros pacientes nos alejamos de ese enfoque horizontal y rompemos nuestra relación médico paciente, pasando a un modelo más jerarquizado que busca encasillar todo en un mismo modelo. La empatía con nuestros pacientes es tremendamente sanadora, al practicarla a diario podríamos generar un mayor impacto que sólo indicando lo impuesto en el modelo biomédico.
EliminarLeyendo estos documentos me quedé con la sensación de que la salud mental en Chile ha dejado atrás el enfoque de viejos modelos, donde la atención se limitaba a tratar trastornos, para transformarse en algo mucho más cercano a la vida diaria y a la forma en que nos relacionamos como comunidad. Lo que antes se veía desde una perspectiva estrictamente médica ha empezado a girar en torno a la inclusión y a la participación de las personas, abriendo un espacio en el que la salud mental se vive en comunidad.
ResponderEliminarLos textos me mostraron, inspirados en las ideas de Foucault, que la salud mental también es una forma de ejercer poder y de construir quiénes somos. Se plantea que no basta con ver la salud como la ausencia de enfermedad, sino que se trata de promover un bienestar integral, donde cada experiencia cuenta y donde todos podemos contribuir a crear un entorno más justo y humano.
Personalmente, esta lectura me hizo pensar en lo poco que a veces entendemos de las complejidades de la vida cotidiana si nos limitamos a lo puramente biológico. La propuesta de estos documentos me inspira a imaginar alternativas en las que la atención en salud mental se base en el diálogo y en la construcción de ciudadanía, reconociendo que nuestro bienestar depende de cómo nos relacionamos y nos apoyamos mutuamente.
Además, se aprecia cómo las transformaciones sociales y políticas han marcado un antes y un después en el abordaje de la salud mental. Se percibe un impulso por romper con estructuras rígidas y jerárquicas, proponiendo modelos que valoran la empatía y el compromiso colectivo. Este enfoque nos invita a cuestionar lo establecido y a construir juntos un futuro en el que la salud mental sea un derecho y una realidad para todos.
Estimado Ignacio, concuerdo con tu análisis en relación al cambio de paradigma en la salud mental en Chile, resaltando la forma en que se entiende la salud mental en nuestro país. Me parece relevante ver cómo la salud mental ha dejado de ser un tema médico individual para transformarse o entenderla como un tema social y comunitario, donde para lograr el bienestar se debe trabajar en conjunto.
EliminarLa referencia que haces de Foucault es determinante para comprender que la salud mental no solo define el bienestar, sino que también moldea nuestra identidad y nuestras relaciones sociales, y permite la construcción de la idea de normalidad.
Además, el avance que destacas hacia un enfoque comunitario del modelo actual nos permite ver las ventajas del abordaje colectivo de la salud mental, con soluciones adaptadas a cada comunidad y buscando lograr un acceso más equitativo en salud.
En resumen, considero que tu reflexión es un gran punto de partida para seguir proponiendo nuevas formas de crecer en salud mental.
Me parece muy interesante la lectura asignada para esta quincena, pues toca un tema bastante relevante para nuestro quehacer: el uso de la Psiquiatría como una herramienta de control social.
ResponderEliminarLa máxima expresión de ello, consiste en la facultad que se le otorga a los/as Psiquiatras para privar de libertad a una persona, pudiendo incluso retener a una persona e instaurar un tratamiento médico sin su autorización, en nombre del “bien de la sociedad y de la persona”. Lo anterior, me parece una facultad sumamente peligrosa, pues el poder en manos equivocadas es bastante riesgoso. Esto se relaciona claramente con nuestra práctica clínica, pues en múltiples ocasiones nos vemos enfrentados a familiares, vecinos o incluso otros profesionales, que nos solicitan gestionar la hospitalización involuntaria de alguna persona.
Los anterior, se ve claramente ejemplificado en el texto de Yuing y Karmy (2014), pues plantea que, bajo la influencia de la élite mercantil y la religión, el sistema de salud y las instituciones de salud mental en Chile adoptaron lógicas de control social y orden. A mi parecer, esta es una facultad que no le corresponde a la medicina, pues teoría, nosotros no podemos juzgar las conductas de nuestros pacientes, ni tampoco somos los responsables de instaurar conductas punitivas.
En ese mismo sentido, la autora Jimena Carrasco, plantea en su texto “Interventores en salud mental y Psiquiatría como interfase en un orden colonial”, una crítica profunda a la historia de la práctica psiquiátrica, que se fundamentaba en el encierro como método de “control social y castigo”. Lo anterior se relaciona bastante con los planteamientos de Focault, quien asevera que desde tiempos remotos, existen relaciones de poder entre los diversos componentes de la sociedad moderna.
Respecto al texto de los autores Agüero y Correa, uno de los planteamientos que me pareció más interesante, es que ellos proponen que el objetivo de la salud mental no se centra en la salud/enfermedad, sino que en crear un ideal de salud y fomentar un modelo establecido de ciudadanía “ejemplar” o “aceptable”. Por ello, la sociedad exige a la salud mental “hacerse cargo” de los individuos que se desvían de esta ideal de salud o “normalidad”, asemejándose así a una estructura de poder de tipo político/gubernamental. Lo anterior, debe hacernos reflexionar sobre nuestro futuro rol como médicos psiquiatras, para evitar caer en este rol de policía.
Camila, tu observación me hizo pensar en cómo muchas de las acciones que llevamos a cabo en salud mental, a pesar de que aparezcan como métodos de cuidado, continúan perpetuando ciertas lógicas de poder que acaban excluyendo.
EliminarPor lo tanto, al hablar de la hospitalización involuntaria, hace mucho sentido que que en ocasiones se manifieste como la única opción viable, pero en realidad se debe más al miedo social o a la presión del ambiente que a un entendimiento profundo del malestar que experimenta el individuo.Por otra parte, me parece muy acertado lo que planteas sobre la expectativa de que las personas se “adapten” rápidamente. Da la impresión de que, más que acompañar procesos, lo que se busca es que la persona vuelva a encajar socialmente en lo que se espera de ella. Y ahí pienso que el enfoque comunitario es una oportunidad, si realmente dejamos de mirar a los usuarios como casos que hay que corregir, y los vemos como personas con historias que merecen ser comprendidas en su totalidad y no solo respondiendo a los síntomas.
En los textos entregados, la Dra Jimena Carrasco nos da un claro recorrido por la historia de los centros de salud mental en nuestro país, cuyo modelo iba variando según las necesidades del estado. Este concepto también lo describe la Dra. Agüero, donde la salud mental sería una “red de gobierno”.
ResponderEliminarMe quiero detener en el origen del estudio de la medicina, descrito en el texto “salud mental y psiquiatría comunitaria en Chile: el proceso de configuración de un objeto de gobierno”. Nos muestra que la base de la medicina está en la anatomía patológica que permite observar directamente al órgano enfermo, luego se crea la clínica con el fin de localizar las enfermedades en el cuerpo humano, buscando síntomas y posteriormente signos en el paciente “sin necesidad de ver el órgano directamente”. Sin embargo, con el nacimiento de la psiquiatría, nos lanzamos a estudiar las enfermedades sin la necesidad de “situar sus síntomas”, aquí las causas en vez de situarlas dentro del cuerpo, son extrapoladas y situadas fuera de éste, en el ambiente de los pacientes, en el “cuerpo social”. De esta forma, en Chile se localizó el origen de las enfermedades mentales en el proceso de industrialización, asociado a altas tasas de migración del sector rural al urbano, con focos de hacinamiento y problemas sanitarios.
Esto resulta relevante, ya que es aquí donde recién aparece la preocupación del Estado por la salud de la población, cuando se ve a la persona como fuerza de trabajo de la nación. Incluso esto influenció en la creación de la carrera de Medicina de la U de Chile, ya que al velar por la salud de la población “se asegura el progreso del país”. Así, al centrarse en los procesos biológicos de la especie en distintas intervenciones da origen a lo que Foucault denomina “biopolítica de la población”. Los cambios posteriores en estos sistemas de salud han estado al alero de los distintos gobiernos y lados políticos, realizando respectivas modificaciones a los distintos programas.
Durante la década de los 90 se reformula la tarea de los centros de salud mental, con el objetivo de desinstitucionalizar y llevarla a un enfoque comunitario, es decir, fuera de los establecimientos donde se origina la enfermedad, teniendo en cuenta las bases biológicas de éstas, originando la tan conocida intervención psicosocial.
Es interesante pensar que esto no ocurrió hace tanto tiempo y podría describirse como algo reciente, entonces ¿cuál es nuestro objetivo al querer enfocarnos en la salud de la población? ¿nos enfocamos realmente en la persona o sólo nos enfocamos en la cantidad de pacientes que atendemos? Sé que probablemente la mayoría de nosotros tenemos la vocación de ayudar a nuestros pacientes con una atención de calidad, pero sabemos que desde los distintos establecimientos de salud se nos imponen metas y números que cumplir. Esto nos invita a reflexionar sobre cómo nuestras intenciones en realidad están siendo rodeadas de políticas públicas.
Le tengo un cariño enorme a Foucault y sus postulados. Igual siempre he percibido un sesgo euro-céntrico innegable. O sea, ojalá en Chile estas lecturas no fueran forzadas, pero acá más que una biopolítica lo que vemos en Chile, y de seguro en Latinoamérica es un neoliberalisma salvaje, asociado a una gestión de la muerte y la violencia por el Estado. ¿Qué tiene de biopolítica aquello?, Si como señalaba el profesor Sepúlveda, cuando en 2019 como cuerpo social salimos a la calle nos taparon a palos y bombas… necropolítica diría el camerunés Achille Mbembe (“fucoltiano”, también, por cierto).
ResponderEliminarDe forma personal, mi observación y crítica no tiene que ver con usar o no un fármaco en tanto tecnología de control, soy médico y mi técnica es esa, creo que la noción clave es la de apropiación y el cómo yo uso tal recurso y cómo me relaciono con la comunidad.
La apropiación pasa necesariamente, por ejemplo, con renunciar a ciertas propiedades y definiciones que no son patrimonio nuestro como médicos. En esto retorno a una de las primeras discusiones que se dieron en este curso en relación a la noción vulgar de salud según Canguilhem. La salud, la psiquiatría, los espacios de atención son espacios en disputa, y la cuerda debemos jalarla hacia dónde permita un beneficio común.
La idea de una salud comunitaria no puede desconocer el problema del poder. Efectivamente como profesionales tenemos poder, ponerlo a disposición de la comunidad no desde una lógica intervencionista es un desafío permanente, ya que no está logrado según las ideas propuestas por la profesora Jimena.
Estimado Andrés:
EliminarConcuerdo de manera ingente que el neoliberalismo no utiliza el modelo comunitario como técnica gubernamental e incluso creo que no tiene ni idea que puede ser utilizada como tal, ya que no lo considera relevante para generar una ventaja económica. No obstante, si creo que la técnica que utilizamos como profesión está teñida de una concepción socio-económica hegemónica, por lo que la apropiación es una lucha política válida pero no debemos olvidarnos del cuestionamiento constante de la técnica.
Muy interesante el concepto de necropólitica de Mbembe, algo que me parece que esta fuertemente relacionado a los " determinantes" sociales en la salud, con un ejercicio intencionado del poder para mantener estas condiciones. No parece posible abandonar la relación de poder en una atención medica, debido a como esta se concibe, pero claramente podemos hacer diferencia en como manejamos y ejercemos el poder que nos otorgan nuestros pacientes, y concuerdo plenamente contigo, que usando fármacos como tecnologías de poder para ayudar los mas posible, entendiendo y haciendo entender sus limitaciones a nuestros pacientes. Siempre ha existido, y seguirá existiendo el abuso de poder en la psiquiatría, entendiendo que las medidas coercitivas como ultimo recurso valido y muy necesario en muchas ocasiones, son efectivamente un abuso de poder per se, pero con un fin medico.
EliminarTras la revisión de los artículos propuestos me parece importante hacer hincapié en los cambios que son señalados de manera dirigida, como el abordaje que permite comprender de mejor manera como ha cambiado el concepto de salud y enfermedad y la relación entre estos conceptos tan distintos, pero a la vez íntimamente relacionados. Se aborda también el concepto de lo que somos a su vez como seres humanos, pero no solo desde un punto de vista biológico, sino también considerando la relevancia que tiene la esencia de cada ser en particular. Estos cambios y otros han contribuido a la universalidad en salud y conceptos como la garantía de acceso, pero a su vez se han dejado de lado las preocupaciones individuales, o precisamente a aquellos que no actúan como la mayoría, situación bastante frecuente en nuestro foco de atención clínica diaria. En el pasado esto incluso llevó a que aquellos considerados “alienados” fuesen encerrados por necesidades sociales de otra época, dando el punta pie inicial a la salud mental, coercitiva en un inicio, y aparentemente más humanizada a la fecha.
ResponderEliminarSi bien el concepto de acceso universal, las garantías en salud y los derechos humanos permiten nivelar el terreno, no se debe perder el foco en la individualización de cada ser humano, sin perder la noción de que cada uno tiene una historia propia y que ha sido influenciada de maneras muy diferentes a lo largo del tiempo. Así, no se debe perder el concepto de colectividad, pero esto no quiere decir que debamos tratar de manera generalizada, sino mas bien adecuando cada situación a lo que cada sujeto de atención necesita, según sus preocupaciones, las de quienes le rodean y la de los tratantes.
En base a mi experiencia clínica, quisiera señalar que en múltiples oportunidades he percibido como se considera patológico ciertas preocupaciones que son propias de los seres humanos en su vida cotidiana, como problemas laborales del día a día u otro tipo de inconvenientes propios de la vida misma, sin necesariamente constituir un diagnóstico. A pesar de la anterior, a muchos se le indican medicamentos para que “no se sientan mal”, siendo que teóricamente no lo necesitan. Esto me hace pensar en una mejor instancia para revisar estos casos, y así no “patologizar” a cada individuo que tenga una molestia que quizás es mas propia de la vida que de la enfermedad.
En relación a los textos de esta quincena, podemos aclarar que la salud mental nunca debe ser vista de manera aislada, ya que está interconectada con el concepto de salud; debemos considerarla parte importante de la salud global. Además, entender el concepto de salud mental implica comprender que no es solo una cuestión individual o biológica, sino que está influida por factores históricos, culturales, económicos y políticos. Es decir, lo que una sociedad considera "normal" o "patológico" en términos de salud mental cambia con el tiempo y según el contexto social en el que se analice.
ResponderEliminarEn relación a las transformaciones que ha sufrido el sistema de salud mental en Chile, podemos analizar varias que han sido positivamente significativas, como el enfoque comunitario basado en el hecho de que el bienestar no es solo una cuestión individual, sino que está influenciado por el entorno social, cultural y económico. Buscando principalmente trasladar de manera más cercana las atenciones hacia la comunidad, saliendo de la institucionalización. Además, se han incorporado profesionales del área social a los equipos, permitiendo intervenciones más holísticas. Valorando no solo la importancia de abordar los síntomas, sino que además los aspectos sociales y económicos de los usuarios. Otro hecho que ha sido relevante en la historia de la salud mental chilena es la diversificación de las intervenciones, ya que actualmente no nos centramos solo en los tratamientos de las patologías de salud mental, sino también en la prevención y educación de la población, buscando así lograr llevar salud a un mayor número de integrantes de la comunidad. Hoy en día, los CESFAM están principalmente enfocados en las intervenciones preventivas, educativas y el tratamiento temprano de las patologías, y también se cuenta con los COSAM que apoyan y complementan a los CESFAM de las comunas en las cuales funcionan, ofreciendo atención especializada a personas con patologías de moderada y severa intensidad, buscando salir del concepto de hospital psiquiátrico tradicional, permitiendo un enfoque más accesible para la comunidad.
Con respecto a las lecturas de esta quincena en relación a una mirada crítica a la Salud Mental Chilena y su trayectoria, podemos ver el proceso de la salud mental y la psiquiatría comunitaria en Chile, con un enfoque crítico en las transformaciones ocurridas desde los años noventa, destaco dentro de ellas la introducción del enfoque comunitario el cual busca una comprensión y abordaje más integral de la enfermedad mental, también la reforma de salud iniciada durante el gobierno de Ricardo Lagos que respondió a la crisis del sistema de salud heredada de la dictadura y que a pesar de que esta reforma propuso cambios en la definición y objetivos del sector salud, mantuvo muchas de las estructuras neoliberales establecidas durante el régimen militar. Mencionar además los cambios en la intervención, pasando de un modelo asistencial tradicional a un enfoque que considera las condiciones sociales, económicas y culturales que afectan la salud mental siendo la intervención psicosocial una estrategia clave. Por otro lado también relevar la atención en contextos sociales marginales donde las intervenciones se enfocaron particularmente en comunidades vulnerables y marginales, asumiendo que estos grupos enfrentan condiciones estresantes que incrementan su riesgo de problemas de salud mental. Esto se traduce en un cambio hacia la atención de la salud mental en un contexto social más amplio.
ResponderEliminarTambién me parece interesante destacar de los textos, cómo fue surgiendo y determinandose las causas de las enfermedades mentales para luego controlarlas y atacarlas, donde inicialmente se postula el aumento abrupto de la población urbana y las condiciones de vida de la población como principales causas consideradas como “un peligro para la raza”, de tal forma hace sentido que se propongan estrategias de control en torno a política social y profesionalización de las acciones sobre los pobres. Creo que es muy cierto el hecho de que con el avance de la urbanización y el crecimiento de la población aumentan proporcionalmente las patologías de salud mental y su complejidad lo que a su vez demanda estrategias más completas y complejas para su abordaje lo que nos pone en la actualidad en un panorama difícil y adverso ya que pareciera que escasean los recursos destinados a salud mental, y el sistema está prácticamente saturado, hacen falta estrategias contundentes y que abarquen de forma psicosocial la brechas existentes ya que de las diferencias sociales y la marginación parte la salud mental.
Durante los últimos meses, una de las cosas que me generó cierta “inquietud” en relacion a las lecturas de los documentos del curso presente, en relacion al desarrollo del enfoque comunitario en salud mental, como un conjunto heterogeneo de experiencias practicas y desarrollos teoricos y politicos, que como orientador de las politicas publicas en salud mental en Chile desde la vuelta de la democracia en adelante, era el hecho de no encontrar perspectivas teoricas que permitiesen conceptualizar las falencias en la situacion en salud mental actualmente existentes como un reconocimiento algo disperso de situaciones que apuntaban a la falta de recursos tanto materiales como humanos, como de la persistencia de ciertas practicas arraigadas en ciertos aspectos mas punitivos y normalizadores de la practica psiquiatrica debido a su historia desde mediados del SXIX hasta la actualidad, Todo esto, a mi entender, solo nos permitia poco más que balbucear frente a ese “abismo” entre la letra de lo estipulado en la ley de salud mental de principios de este milenio, y ciertos preceptos criticos y emancipadores del enfoque comunitario en salud mental en relación con el paradigma manicomializador previamente hegemonico, y los efectos producidos por su concreta aplicación en los ultimos años. Es por esto que me parecieron sumamente estimulantes las lecturas realizadas durante el mes de febrero en torno al desarrollo tanto de los programas de salud publica como del desarrollo de la salud mental en Chile siguiendo y profundizando algunos desarrollos teoricos planteados por Foucault durante los ultimos treinta años del siglo pasado. En este sentido me parece fundamental la categoría de gubernamentalidad, la cual es entendida como el conjunto de prácticas, acciones, dispositivos y estrategias generados para gobernar a un conjunto poblacional en pos de que cumpla determinadas funciones o roles. En este sentido, las prácticas y acciones que responden a un tipo de gubernamentalidad determinada no solo operan sobre un cierto conjunto de personas, sino que también crean los dispositivos de subjetivación (en otras palabras, busca crear una subjetividad con ciertas características) que permite no solo re/conocer, sino también orientar e intervenir sobre tal conjunto de personas.
ResponderEliminarDicho lo anterior, si consideramos el desarrollo de la salud mental en nuestro país en los últimos 35 años atravesada por la intervención del estado en el ámbito de la salud a través de políticas públicas, lo que nos debemos preguntar es a qué tipo de gubernamentalidad responde esta intervención, lo que nos lleva a preguntarnos por cuáles son los rasgos o tipos de subjetividad que orientan tal actuar. En pos de una extensión no demasiado larga, podemos caracterizar que son los rasgos propios de la subjetividad neoliberal los que están detrás de tal racionalidad gubernamental. Esto es que el sujeto sobre el cual se busca intervenir, y por ende conocer/crear, es el individuo pleno, autónomo y productivo característico del capitalismo neoliberal contemporáneo. A su vez, y desde el lado de quienes intervenimos en salud mental, la racionalidad médica y necesariamente interdisciplinaria que plantea el enfoque comunitario en salud mental, muchas veces aparece subordinada, o como mínimo tensionada, por criterios propios de la racionalidad de la gestión económico/empresarial. En otras palabras, insertar al desarrollo de la salud mental comunitaria en un entramado de acciones y dispositivos que responden de manera no siempre automatica ni armonica a un cierto tipo de racionalidades propias de un determinado tipo de gubernamentalidad, nos permite entender las actuales falencias de la salud mental en nuestro país no como algo meramente contingente ni exterior, si no como problemas internos y necesarios.
Hola a tod@s, quisiera comentar algunas ideas y conceptos que llamaron mi atención en los textos.
ResponderEliminarEn primer lugar, el análisis crítico de Michel Foucault sobre la práctica médica en el siglo XX, donde destaca la medicalización indefinida que amplía el ámbito tradicional de la medicina, convirtiendo la salud en un fenómeno de autoridad, especialmente evidente en el ámbito de la salud mental. La racionalidad biopolítica propone que la salud se convierte en una estrategia de poder que se aplica a la población, estableciendo objetivos de control específicos relacionados con la optimización de la vida.
Con lo anterior se relaciona también la hipótesis de que la salud mental ocupa el territorio existencial de las tecnologías del yo en la actualidad, definiendo a estas como la reflexión acerca de los modos de vida, las elecciones de existencia, el modo de regular su conducta y fijarse uno mismo fines y medios. Se la considera una tecnología gubernamental que, mediante procedimientos técnicos y estadísticos, incide en la conformación del individuo y su pertenencia a la especie. De esta manera, su influencia no se limita solamente al ámbito médico, sino que se extiende a la configuración de la identidad individual y colectiva, integrándose con el concepto de salud y regulando la experiencia cotidiana más allá de los espacios institucionales. Este entrelazamiento destaca la complejidad de las fuerzas que moldean la percepción de la salud y subraya la necesidad de un análisis crítico del papel de la salud mental en la conformación de la experiencia humana.
También llama la atención el concepto de gubernamentalidad, entendido como el ejercicio estratégico de control de la conducta ajena, el conjunto constituido por las instituciones, los procedimientos, análisis y reflexiones, los cálculos y las tácticas que permiten ejercer esa forma bien específica de poder que tiene por blanco principal la población. En donde se plantea de manera crítica que la psiquiatría comunitaria y la salud mental son una forma de intervención social, enmarcada en la política de salud, que para su análisis crítico, puede ser comprendida desde una perspectiva de gubernamentalidad, es decir, como una serie de tecnologías que buscan alinear los fines de gobierno con las subjetividades de ciertas personas y grupos y que también son objeto del control constante de un nuevo saber: la contabilidad y la gestión financiera. Así, estas nuevas experticias modifican las acciones de profesionales y técnicos, en pro de la buena gestión y optimización de los recursos. Esto implica que las acciones de los interventores ya no radican solo en sus propios criterios y campos de experiencias, sino que deben ajustarse a criterios de otros expertos economistas para volver más eficiente los procesos.
Considero que es una perspectiva interesante de conocer e importante de tener en mente en nuestra práctica clínica, para así cuestionarnos nuestro ejercicio médico, y ver con ojos críticos que decisiones e intervenciones son en pos del bienestar del paciente o como una manera de controlar y regular la conducta ajena para los fines de control del gobierno.
Desde mi experiencia como médica en APS, las normativas que rigen varios de los programas establecidos para APS y los cambios que se van realizando y llegan como directrices desde “arriba” demuestran el poco conocimiento de las realidades locales lo cual finalmente concluye en un ajuste “a lo chileno” de las normas ministeriales, lo cual puede cambiar en cierta medida el objetivo de dichas normativas, sin embargo estas adecuaciones también son necesarias ya que la población no es homogénea y debemos como médicos y otros profesionales a la salud ajustarnos a nuestra realidad local para poder realizar la mejor atención. Y no seguir al pie de la letra las normativas si son algo que no beneficiará a la población que se atiende con nosotros. El paciente es el que debe estar en primer lugar.
Quisiera comenzar comentando como se repite bastante la experiencia entre compañeros que han trabajado en el sistema público, ( entre los cuales me incluyo, como medica APS en la ciudad de Villarrica) de tener que lidiar con la implementación de políticas sanitarias poco aterrizadas a la realidad local, la mayoría de las veces con mucha precariedad en todos los recursos posibles, partiendo por supuesto por el recurso humano, y sin duda de infraestructura o insumos necesarios para aplicar una correcta atención, no solo en la práctica clínica diaria, sino que también en situaciones de crisis, como la ultra conocida pandemia de covid 19, u otros escenarios de crisis sanitario o catástrofes, no poco comunes en nuestro territorio, como lo son incendios o terremotos de gran magnitud. Estas políticas, a menudo diseñadas de manera centralizada y desconectadas de las realidades locales, evidencian una lógica de biopoder: mecanismos que regulan la vida de las poblaciones bajo criterios de eficiencia neoliberal, priorizando el rendimiento económico sobre el bienestar integral.
ResponderEliminarEs así como se hace necesario no perder de vista el enfoque comunitario-multidisciplinario, pues sin duda que el modelo de atención actual, la situación de la psiquiatría o salud mental en chile y el mundo, obedece al momento cultural existente, con todas las implicancias que ese concepto conlleva, y que sin duda afecta en la individualidad de cada paciente que nos toca atender, pues su estado de salud ( no separable de salud mental como bien propone Focault) dependerá de las condiciones en las que vive y se desenvuelve, el acceso al trabajo, el arte, el ocio, así como a un sistema sanitario que tienda a evitar un enfoque individual, mercantilista, farmacológico, centrado en el producir, los bienes de consumo, el neoliberalismo, el estatus y el ego social. La salud integral no puede fragmentarse entre lo físico y lo mental; ambos están intrínsecamente ligados a las condiciones materiales de vida, haciéndose imposible ignorar las raíces socioeconómicas del malestar.
Por otro lado quiero reflexionar sobre el avance impactante, que significa visualizar el contraste entre el modelo castigador asociado a los “manicomios”, con el existente en el presente, que si bien con sus siempre presentes carencias, ha permitido tener una visión más holística, con la integración de un enfoque multidisciplinario con introducción de profesionales como la terapia ocupacional, el trabajo social y perspectivas más psicosociales, marca un progreso hacia una atención más humana, que generan un impacto sustantivo en la atención integral de nuestros pacientes. Si bien es cierto que estamos interpelados como miembros del sistema de salud, como especialistas en formación, y que aún existen practicas que patologizan la diversidad, como la estigmatización existente entre pacientes “psiquiátricos” en distintos ámbitos de la vida en sociedad.
Como diría Foucault, no se trata de “curar” individuos, sino de transformar las condiciones que producen el sufrimiento, construyendo sistemas que honren la complejidad humana en lugar de simplificarla bajo lógicas de control, y sin duda alguna debemos ser agentes del cambio necesario.
La revisión Foucaultiana de la historia de la salud y la salud mental en Chile me pareció muy interesante a la hora de pensar nuestro quehacer habitual. Carrasco hace una revisión extensiva de cómo fue cambiando la gubernamentalidad en pos de los cambios políticos-económicos, sugiriendo que el modelo comunitario viene a ser una respuesta decente y consecuente a la descentralización de la atención en salud y la lógica neoliberal impuesta desde la dictadura militar.
ResponderEliminarImpresiona la ilustración que realiza respecto al cambio de mentalidad con la que se gobierna y cómo se hace, en relación a la historia de la salud en Chile. El paso del bien común a uno utilitario capitalista, junto con el desarrollo de la técnica dieron un paso gigantesco al desarrollo de la biopolítica; utilizando la medicina como forma de generar productividad y beneficios económicos para la burguesía. Muestra que todos los cambios en favor de la sociedad fueron llevados a cabo con el fin último de enriquecer más a los dueños de los medios de producción. Volvemos a la lucha de clases como motor de la historia humana.
Pero aquí llega la controversia. El uso del modelo comunitario como una técnica biopolítica no queda tan claro. Si bien parece ser plausible que se haya aceptado la descentralización y masificación de la atención; queda fuera de la ecuación gran parte del componente psicosocial (sin desconocer los avances al respecto). Me explico a continuación.
Desde el movimiento higienista hasta la actualidad se le ha dado gran importancia a prevenir las enfermedades como método de prevención de la no-productividad. Esto se ha logrado -en gran parte- en condiciones más somáticas. Sin embargo, este logro se efectúa debido a que la evidencia encontrada para estas enfermedades no estaba tan relacionada con la dominación de clase, es decir, encontraron factores de riesgo que no afectan directamente a la relación de cada clase con los medios de producción. Por ejemplo, el hacinamiento podía ser resuelto con mejorar un poco las condiciones de vida del proletariado, instalando sistemas de desechos y agua potable. Cada una de estas medidas no implica un aumento del poder político de los trabajadores, sino cambios en el estilo de vida que incluso llegan a generar un estado de conformidad.
Volviendo a lo psicosocial, el modelo comunitario se hace cargo de los determinantes sociales no solamente de manera individual, sino también aboga por una articulación de la población a quien cuida, dándoles poder de decisión a la hora de planificar recursos e intervenciones, poder que debe surgir de agrupaciones de usuarixs. Además, apunta a la rehabilitación e inclusión social, generando en las comunidades cohesión que se transforma a fin de cuentas en poder político.
Todas estas intervenciones psicosociales son las primeras en ser cuestionadas y deslegitimizadas a la hora de ajustar cuentas con el economista de turno. Vale mencionar las patologías GES que también roban protagonismo por índices económicos como el AVISA, coartando la oportunidad de atención a patologías no priorizadas; experiencia que le ha sucedido a gran parte de las personas que comentaron en el blog y que también está ocurriendo en mi COSAM. Esto da cuenta de que se implementan medidas contradictorias con el supuesto modelo de dominación. Por lo tanto, siento que no hay una consciencia tras la técnica gubernamental; y en caso de que el concepto no necesariamente se utilice de manera consciente por los gobiernos (desconozco), lo que se utiliza del modelo comunitario es la parte biomédica, sin un control real desde lo psicosocial.
Excelentemente articulado tu comentario Carlos. La incongruencia de la esencia del modelo comunitario con sus parámetros de funcionamiento es una problemática que, si bien entendible por el terreno en donde está concebida, no podemos dejar de atender. Pero, ¿cómo atender estas falencias cuando el foco de quienes toman las decisiones está en la productividad y en la lógica economista y no en la integralidad de la atención sanitaria? ¿Cómo romper una hegemonía que se sustenta desde todos los pilares sociales: educación, salud, justicia y lo demás?
EliminarProbablemente, exponiéndolo. Exponiéndolo para que, una vez visualizado, la toma de conciencia sea forzosa. Y esta toma de conciencia eventualmente debe capitalizarse como una oportunidad de expandir el enfoque comunitario a lo que realmente debiese ser: integral. Sortear las limitantes devenidas del poder imperante y lograr un control real de lo psicosocial, que bien identificas como un punto crítico a intervenir.
Son tantas las variables en juego y tantos los cimientos de la problemática que asoma como una tarea ingente lograr su desestabilización. Pero en algún punto hemos de partir.
Al leer los textos, es difícil no pensar en Foucault y su análisis sobre las estructuras de poder en Vigilar y castigar. Por lo mismo, en la salud mental comunitaria, esa tensión entre la autonomía y el control aparece constantemente, ya sea en la forma de atención hacia los usuarios o en aspectos más administrativos que regulan la relación de ellos con sus centros de salud. Aunque en la teoría y en el discurso se insiste en una perspectiva basada en los derechos, en la práctica muchas intervenciones siguen respondiendo a la lógica de la disciplina, especialmente en contextos donde la población es más vulnerable. Como plantea Carrasco, la psiquiatría comunitaria no es solo un modelo de atención, sino también un espacio donde operan dinámicas de poder que regulan los cuerpos y las conductas.
ResponderEliminarDesde mi experiencia en APS, estas contradicciones se pueden ver a diario, ya que, por un lado, se promueve la participación de la comunidad en la toma de decisiones, pero, por otra parte, las decisiones importantes siguen a cargo de las estructuras de poder, que por una parte intentan cambiar este enfoque, pero en la práctica terminan replicando las mismas lógicas que buscan transformar. Lo anterior se ve condicionado en parte por la gran sobrecarga que experimenta el Sistema de Salud Público, junto con la falta de recursos que impiden inyectar cambios de manera adecuada para la comunidad. Según el texto de Sepúlveda, quien plantea que la tensión entre la gubernamentalidad y la utopía liberadora es una dinámica constante en las políticas de salud mental en Chile, por una parte, se busca alejarse del modelo biomédico, el cual implica el uso de la medicalización para la disminución del malestar de los usuarios. Pero sabemos que en la práctica se mantiene como la primera respuesta. Por ende, termina reforzando lo que se intenta cambiar, creando así una fragmentación del sistema y dificultando la posibilidad de sostener intervenciones a largo plazo de una manera comunitaria.
Dicho todo lo anterior, es clave que podamos pensar en el rol que tenemos aquellos que trabajamos en la salud mental en Chile. Como señala Agüero, el derecho a la salud mental no debería reducirse solo al acceso a atenciones, sino también a la posibilidad de vivir sin que un diagnóstico defina la existencia de una persona. Es ahí donde el trabajo comunitario debería marcar la diferencia con el enfoque biomédico, promoviendo intervenciones que vayan más allá de la medicalización y que permitan construir espacios de cambio.
(Comentario de Fernanda Espejo)
EliminarMe gustaría destacar entre los textos uno de la académica Jimena Carrasco. Su abordaje político y social, a través de un enfoque histórico de la salud mental en nuestro país, y el paralelismo a nivel internacional, nos permiten comprender con mayor claridad el surgimiento de la salud mental, así como también entender el momento actual. Concebir su origen como un mecanismo de control social, fuertemente impactado por la política, nos permite realizar un ejercicio crítico.
ResponderEliminarEn el caso de nuestro país, los inicios de la psiquiatría están fuertemente asociados a “la cuestión social”, donde se establecieron políticas sanitarias vinculadas a la salud pública, pero que fueron impactadas por la dictadura y sus reformas neoliberales.
Esto ha generado un sistema de salud cuyo objetivo es mantener un “sistema saludable”, que en se traduce en “productivo”, promoviendo la mantención de la fuerza laboral a toda costa, para sostener el modelo neoliberal.
Esto me hizo reflexionar sobre dos situaciones que, aunque distintas, están relacionadas y que he presenciado durante mis meses en el COSAM. Por un lado, el sistema neoliberal, “enferma”: usuarios previamente sanos, que debido a exigencias muchas veces inalcanzables, terminan desarrollando cuadros con características ansiosas (por ejemplo). Por otro lado, el vivir procesos y condiciones “no patológicos”, más relacionados con el contexto social, termina considerándose como tal y tratándose médicamente, con el fin de que las personas puedan seguir cumpliendo con las expectativas impuestas por el sistema.
A pesar de los avances, tambien abordados en el texto, en términos de inclusión, desinstitucionalización, trabajo en red, prevención e intervención comunitaria que se han logrado en nuestro país, debemos recordar que el ejercicio de nuestra profesión sigue funcionando dentro de las lógicas del control social y la adaptación al sistema económico, y que avanzar hacia un cambio en esta realidad debe ser un acto político activo del cual no podemos desmarcarnos.
Luego de leer los textos para esta ocasión, destaca como ha sido la trayectoria de la salud mental en Chile, en distintos momentos históricos, como ha presentado una interacción compleja, entre los avances en la atención de los pacientes, la persistencia de desigualdades en muchas dimensiones, y la influencia de las estructuras de poder. Si bien se han logrado avances significativos en la desinstitucionalización y la implementación del modelo comunitario, desde la experiencia propia y compartida con compañeros, ya en reiteradas ocasiones plasmadas en los comentarios de blogs anteriores, la desinstitucionalización pareciera algo que será muy difícil, si no imposible, de alcanzar. Soy testigo de como “insertar” a los pacientes en su comunidad en hogares protegidos, termina siendo algo que suena bien en el discurso y en el papel, pero aparentan ser ahora hogares “manicomiales” protegidos, solo que ya no están en las afueras de la ciudad. Las condiciones de los hogares, que he podido ver, por lo general no son malas y se entiende que los recursos son limitados, pero los pacientes no logran reinsertarse en sus comunidades.
ResponderEliminarEl desarrollo de la salud mental en Chile ha estado marcado por las lógicas de gubernamentalidad, según la teoría foucaultiana. Las políticas en salud, lejos de ser simplemente respuestas a necesidades, han funcionado como tecnologías de poder que buscan unificar las subjetividades y los comportamientos de las peronas, alineándolos con los objetivos políticos y económicos hegemonicos. El énfasis en la eficiencia, la productividad y la integración social ha llevado a la priorización de ciertos problemas y poblaciones sobre otros, exacerbando las desigualdades existentes.
El modelo de psiquiatría comunitaria, si bien promueve una atención más inclusiva y participativa, ha tenido, y mantiene limitaciones en su implementación. La falta de recursos económicos, humanos y la persistencia de una visión, que prioriza la atención clínica individual sobre la prevención y la promoción de la salud mental en la comunidad han sido molestas piedras en el zapato, que no hemos podido sacar, y vaya son molestas.
Creo que es menester actualizar el concepto, que menciona el Dr. Sepúlveda, sobre relación individuo-estado-sociedad respecto al proceso salud-enfermedad en atención en salud mental, sobre el cual se asientan las bases del trabajo que realizamos, para asi poder tener una coherencia lógica respecto a la visión e implementación del modelo comunitario, amalgamándose con las necesidades de cumplir los criterios de productividad del sistema capitalista, en un país de muchas necesidades como el nuestro, buscando una alianza estratégica. Mas que mal el capitalismo por si mismo no es malo, si no quienes abusan de el, asi como de cualquier otro sistema.
Esto nos debería llevar a repensar las políticas en salud pública, a fortalecer la inyección de recursos (necesitamos de aliado al capitalismo), a fomentar la formación más profesional que sean sensibles a la diversidad humana su amplitud de significado, fomentando la empatía y respeto hacia todos, en seguir empoderar a los usuarios para que sigan siendo más protagonistas en la construcción de un sistema de salud mental más justo y equitativo.
Compañero me parece que tu análisis es muy sólido y refleja una comprensión profunda de la trayectoria de la salud mental en Chile. Coincido completamente en que la desinstitucionalización sigue siendo un desafío enorme y que, en la práctica, muchos hogares protegidos terminan reproduciendo lógicas manicomiales dentro de la ciudad. Es frustrante ver cómo, pese a los avances en el discurso, en la realidad seguimos atrapados en modelos que limitan la verdadera integración de los pacientes. También rescato tu reflexión sobre la gubernamentalidad y cómo las políticas de salud mental no solo responden a necesidades, sino que también operan como tecnologías de poder que moldean subjetividades y perpetúan desigualdades. Me parece muy interesante tu llamado a actualizar la relación individuo-Estado-sociedad, especialmente cuando mencionas la necesidad de encontrar un punto de encuentro entre el modelo comunitario y la lógica productiva del capitalismo. Es un enfoque pragmático y necesario en un contexto como el nuestro, donde los recursos son limitados. Creo que la clave, como bien dices, está en fortalecer la formación de profesionales más sensibles y en empoderar a los usuarios para que sean actores activos en el sistema. En definitiva, comparto tu mirada crítica, pero también tu búsqueda de soluciones viables dentro de las limitaciones estructurales que enfrentamos.
EliminarTeniendo en cuenta todo el material administrado puedo concluir que la trayectoria de la salud mental en Chile ha estado marcada por una constante tensión entre el control gubernamental y los ideales de una atención liberadora, revelando una estructura que, a pesar de sus reformas, sigue operando dentro de una matriz de modernidad y colonialidad; cosa que como extranjero desconocía.
ResponderEliminarLa psiquiatría comunitaria emergió como respuesta a los modelos asilares, pero su desarrollo ha estado condicionado por políticas que, aunque buscan la inclusión, refuerzan mecanismos de regulación social, definiendo subjetividades deseables y excluyendo otras. Los interventores en salud mental han funcionado como interfaces de un orden colonial, donde sus prácticas, lejos de ser neutras, están mediadas por tecnologías de poder que perpetúan la vigilancia y la normalización de los sujetos, configurando así un modelo de ciudadanía restringida a quienes se ajustan a estos estándares. Las políticas y programas han oscilado entre estrategias de control y esfuerzos por democratizar el acceso a la salud mental, aunque muchas veces el discurso de la rehabilitación ha sido instrumentalizado para reproducir desigualdades. Esta relación entre salud mental y ciudadanía ha estado determinada por dispositivos que gobiernan la experiencia de los individuos, moldeando su participación social bajo marcos normativos que refuerzan la medicalización y la fragmentación del sistema de atención. En este sentido, es necesario cuestionar los fundamentos epistemológicos y políticos de la salud mental en Chile, promoviendo una mirada crítica que no solo reconozca la dimensión histórica y colonial de sus intervenciones, sino que también abra espacio para nuevas formas de abordar el sufrimiento psíquico sin replicar las estructuras de control que han caracterizado su desarrollo.
En relación a mi caso personal recuerdo a una paciente que me enseñó más de lo que cualquier manual podría haberlo hecho. Ella tenia 50 años, con largos antecedentes de depresión y ansiedad, que llegaba al consultorio por enésima vez buscando ayuda. Su historia clínica estaba llena de derivaciones, ajustes de medicación y psicoterapias interrumpidas por factores externos: falta de recursos para movilizase al cesfam, tiempos de espera excesivos y una red de apoyo prácticamente inexistente, entre otras cosas. Ese día, después de ajustar nuevamente su tratamiento, me miró y dijo: "Doctor, más que pastillas, lo que necesito es que alguien me escuche sin apurarme". Fue un golpe de realidad. Como médico en atención primaria de salud mental, estaba atrapado en el modelo biomédico que tantas veces había criticado, reduciendo su sufrimiento a un diagnóstico y una receta. A partir de ese momento, comencé a cambiar mi forma de abordar a mis pacientes (Aclaro que eran mis primeros meses trabajándoosla en salud mental), entendiendo que la escucha atenta y la validación de su experiencia eran tan terapéuticas como cualquier fármaco. Ese día comprendí que en salud mental, a veces, lo más importante no es tratar un síntoma, sino reconocer la historia de quien lo padece.
Estimado colega encuentro tan atingente y honesto su experiencia con la paciente, no es algo nuevo, algo que también en mi practica en APS me sucedió mas de alguna vez, incluso hubo un momento que los pacientes eran evaluados mas seguido por medico de salud mental, que la psicoterapia con su psicólogo, siempre con el reparo de que siempre le cambian el psicólogo, siempre empezar de cero, siempre profesionales con licencia, con tantos los reportes que me daban, pero aquellos pacientes siempre buscando atención conmigo y al final era por eso, tener con quien conversar, tener a alguien que las escuche, ni dejando los mejores fármacos se puede avanzar, cuesta cambiar el chip, pero también se necesita en ocasiones el testimonio crudo, directo y honesto, de poner los pies sobre la tierra y que no todo son números, sino que tratamos con personas, tratamos con seres pensantes que recurren a nosotros por ayuda, incluso iniciar la atención con una sonrisa, de llamar a los pacientes con cortesía y empatía ayuda muchísimo en el ambiente a que se genere una buena atención.
EliminarEn las lecturas de esta quincena, se destaca el desarrollo de la psiquiatría comunitaria en nuestro país bajo una lupa biopolítica, observando las dinámicas que se han ido edificando y cómo dicho desarrollo ha convergido con los escenarios de otros países.
ResponderEliminarLos documentos de Jimena Carrasco y Dr. Sepúlveda son elocuentes a la hora de dar cuenta de cómo el avance de la psiquiatría comunitaria, si bien rema en la dirección correcta, no ha podido torcer el brazo de las limitantes políticas y de poder inherentes al modelo imperante, que permea gran parte de un sistema que trata, sin éxito, de desmarcarse del mismo. la psiquiatría se perpetúa, de una forma u otra hasta nuestros días, como una herramienta de control social, y los conceptos introducidos por Foucault nos ayudan a entender desde la raíz el poder comprendido en estas dinámicas.
El neoliberalismo radicado en las venas de nuestra sociedad desde la dictadura continúa de forma inagotable entregando combustible a las dinámicas de poder hegemónicas para su mantención. Por mucho que apuntemos a un horizonte distinto, hoy por hoy nuestra práctica médica sigue basándose en una relación de poder desde su concepción; poder que más que ceder, hemos de aprehender y emplear de tal forma que no resulte en una propulsión de todos los agravantes de esta asimetría: la industria farmacéutica, los sistemas de clasificación diagnósticas y todo el ensamblaje de tecnologías de poder.
Resulta imperante reconfigurar la instauración del modelo comunitario en este terreno, que inexorablemente ha tenido que moldearse bajo el alero del capital, relegando la esencia del modelo a un segundo plano: la arista psicosocial. Mi experiencia durante los años de APS fueron prueba clara de que la salud mental en lo general se regula desde indicadores, parámetros e índices que poco integran y que brillan por su ineficiencia en un cultivo sin fondos, sin respaldo económico. Como todo cambio pendiente, se ve lejano, pero es un inicio el visualizarlo.
Coincido en que el giro “comunitario” chileno opera todavía dentro de la misma matriz biopolítica que Foucault describe: se amplía la cobertura territorial, pero a través de indicadores de riesgo y dispositivos de medición que siguen gobernando la vida más que emancipándola.
EliminarEn ese marco, las tablas de GES, los listados CIE-10 y la lógica de costo-efectividad no son neutros: definen qué malestar merece recursos y cuáles quedan fuera, reproduciendo la “economía moral” del capital que señalas. Sin embargo, Foucault también subraya que donde hay dispositivo hay posibilidad de contra-conducta. Algunas experiencias locales, muestran que es viable desviar el foco desde el rendimiento biomédico hacia la producción de comunidad, siempre que el equipo clínico ceda parte de su capacidad de decisión y abra los datos a deliberación colectiva.
Quizá el desafío inmediato no sea abandonar los instrumentos de medición (sería inviable) sino reprogramarlos: pasar de “prevalencia de trastorno” a “densidad de redes de apoyo”, de “eficacia farmacológica” a “capacidad de la comunidad para resolver crisis sin internación”. Es un desplazamiento sutil, pero suficiente para que los mismos formatos de registro comiencen a narrar otra política posible.
Los textos, desde una mirada histórica, reúnen el origen internacional del concepto de salud mental, cómo ésta ha sido insertada y construida en el sistema de salud chileno y sus implicancias como parte de un “nuevo orden mundial”.
ResponderEliminarEl artículo de Agüero y Correa se remonta al concepto de higiene mental propuesto por Clifford en preguerra y describe cómo deriva en el concepto de salud mental propuesto en posguerra. A su vez, los textos de Carrasco y Sepúlveda describen el desarrollo de la salud mental en la realidad chilena. Carrasco, resalta como ciertas estrategias de salud mental surgen en concordancia a la lógica de gobierno neoliberal a manera de control sobre las condiciones de vida. De esa forma, nos invita a la creación de una nueva lógica en la que, amparados en un modelo de salud mental y psiquiatría comunitaria, y siendo sujetos libres y autónomos, se amplíen nuestros años de vida saludables. Sepúlveda, desde el término de la dictadura militar, desglosa las políticas de salud mental encaminadas al modelo comunitario; e invita a quienes trabajamos en salud mental, desde una mirada crítica y siguiendo la línea de Carrasco, a retomar prácticas emancipatorias.
De lo anterior, resalto cómo el término de “ciudadanía mundial” a manera de nuevo “orden mundial”, se inmiscuye en lo cotidiano y permanece en la actualidad. Bajo ese concepto, la salud mental es entendida como un problema de desarrollo, como una necesidad; y, por lo tanto, como una meta para un desarrollo sostenible. Más que como una cuestión de economía global, la salud mental se visibiliza como un brazo más que se extiende del modelo económico y de productividad capitalista. Suena confuso y, de cierta forma, lleva a preguntarme, si en algún punto en nuestra práctica, sería posible una lógica de funcionamiento libre de todo tipo de ejercicio de poder y controles hegemónicos. Probablemente sí, quizás en la medida que se adopte una dinámica interna que reemplace al control externo. Tal vez desde la libertad del bienser.
Esto recuerda a los tiempos de atención que se otorga por paciente en determinados centros de salud, y no necesariamente ligados a la salud mental. Tiempos que en un principio bordeaban los 30 minutos, hoy en día bordean los 15 minutos. Así, hay poco espacio para lo humano, que se reprime y difumina bajo un modelo de funcionamiento productivo que permea también en el sistema público. Así, la escucha, la empatía y el vínculo quedan relegados por un sistema que prioriza la eficiencia y la productividad. Se deshumaniza la atención y se descuida la salud mental tanto de quien solicita ayuda como de quien intenta entregarla.
Con los textos entregados destacan muchos puntos que, a mi vista y consideración, quizás por mi poca experiencia trabajando en el sector público, pero por ser una fiel pupila de los servicios públicos… Por ello, la persistencia del control social es vital para entender cómo las prácticas de control social han experimentado cambios con el paso del tiempo, ajustándose a los nuevos contextos y discursos. Aunque la perspectiva comunitaria supone un progreso en cuanto a la desinstitucionalización, puede perpetuar formas delicadas de control al normalizar y patologizar determinados comportamientos y estilos de vida. La medicalización de los problemas sociales, tales como la pobreza, el desempleo o la violencia, puede desviar el foco de las causas estructurales y poner en responsabilidad a las personas por sus problemas. Pero a la vez tenemos la influencia del neoliberalismo: la lógica neoliberal ha penetrado profundamente en el campo de la salud mental, promoviendo una visión individualista y centrada en la productividad. Por ello en ocasiones destaca tanto los números de atención, resolución de x cantidad de problemas de salud, en vez de tener marcadores de cuántos pacientes mejoran o de qué parámetros de calidad se entregan. En una priorización de intervenciones breves y farmacológicas, que buscan "adaptar" a los individuos al sistema, en lugar de transformar las condiciones que generan malestar, por ello la diferenciación de consultas de morbilidad y salud mental, pero el problema es que cuando pacientes de salud mental cuentan con otro rendimiento, deben recurrir a morbilidad, por falta de controles, falta de fármacos o contención emocional. Es necesario fortalecer su formación y apoyo constantes a funcionarios de salud, para que puedan desarrollar prácticas críticas y comprometidas con la justicia social. También es esencial promover la participación de los usuarios y sus familias en la toma de decisiones, para garantizar que los servicios sean sensibles a sus necesidades y perspectivas, pero que exista un cruce de información real.
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