Precariedad (laboral) consentida. Las contradicciones del trabajo en las plataformas digitales y su efecto en la salud mental
PRIMER MOVIMIENTO
Un chofer de Uber que fue asaltado durante un recorrido, prefiere seguir arriesgándose en ese empleo a cambiarse a uno formal. ¿Por qué? El artículo analiza las dinámicas estructurales que llevan a las personas a consentir la precariedad que ofrecen las plataformas.
Esta columna forma parte de la serie Grandes Transformaciones que han desarrollado el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) y TerceraDosis.
Hace algunos meses entrevisté a un joven venezolano que trabajaba como chofer de Uber y me contó que una vez la aplicación de esa empresa lo mandó a buscar a un cliente y resultó ser una trampa. Un grupo de personas lo secuestró, lo golpeó, le robó el auto y fue abandonado en una calle desconocida. Él no recibió ningún tipo de compensación de parte de la plataforma. Traumatizado por el episodio, comenzó a trabajar en un supermercado, pero luego de unos meses decidió volver a Uber. ¿Por qué? ¿No le daba miedo que le pasara de nuevo? Me dijo que el trato que había recibido en el nuevo empleo era más intolerable que el riesgo a sufrir otro asalto.
El mercado del trabajo ha cambiado significativamente en la última década. Una de las grandes transformaciones la constituye la llamada “plataformización”, es decir la aparición de trabajos en aplicaciones que intermedian entre el proveedor de un servicio y su consumidor. Como veremos en esta columna, el caso del joven venezolano ilustra algunos de los riesgos y dificultades que experimentan las personas en este tipo de actividad. Asimismo, muestra bien que, a pesar de la precariedad, las personas encuentran razones poderosas para mantenerse en estas aplicaciones.
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La plataformización de la economía se enmarca en un proceso más amplio de informalización y desdibujamiento de las relaciones laborales que, desde los años ochenta, amenaza con dejar en desuso la diferenciación básica entre trabajador dependiente e independiente. Hacerse cargo de las condiciones laborales en las plataformas pasa también por repensar la manera de asegurar derechos básicos a todas las personas, independiente de las particularidades de su situación contractual. Las transformaciones tecnológicas y productivas hace tiempo están exigiendo esta conversación.
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LEA EL ARTÍCULO de la investigadora FERNANDA GUTIERREZ CROCCO, EN LA REVISTA DIGITAL TERCERA DOSIS, entrando por AQUÍ
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SEGUNDO MOVIMIENTO
Sobre la precariedad laboral:
Por lo general, la literatura especializada se ha centrado en estudiar el impacto de alguna dimensión concreta de la precariedad en la salud, como la temporalidad o la inseguridad laboral percibida17,18. Sin embargo, la reducción de la precariedad laboral a una sola de sus dimensiones constitutivas no siempre ofrece una representación adecuada de las desigualdades sociales y en salud. Se ha demostrado, por ejemplo, que las personas con un contrato laboral indefinido pueden sufrir otras condiciones de precariedad laboral, con repercusiones en la salud, incluso más importantes que los/las trabajadores/as temporales no expuestos/as a otras formas de precariedad laboral14. Por tanto, se hace cada vez más necesaria una aproximación integral al fenómeno de la precariedad laboral, capaz de abarcar todo su alcance y analizar sus efectos múltiples e interrelacionados sobre la salud. En este punto, y con el objetivo de comprender los mecanismos de la desigualdad, es importante distinguir conceptualmente entre las condiciones de trabajo, es decir, todos aquellos factores biológicos, físicos, químicos, ergonómicos y psicosociales a los que están expuestas las personas trabajadoras, y las condiciones de empleo, que son las formas de contratación laboral, de seguridad social y las relaciones de poder entre empleadores/as y empleados/as, que son las vinculadas a la precariedad laboral y las que pueden explicar la exposición a diferentes condiciones de trabajo19.
En las últimas décadas, diversos/as autores/as han propuesto conceptos20,21 y medidas multidimensionales para la operacionalización de la precariedad laboral. Además de la duración de la relación contractual, se ha reconocido la importancia de otras características relacionadas con la calidad del empleo, como el nivel salarial o el acceso a determinados derechos laborales8,9. Asimismo, se han elaborado constructos para su medición, como el job quality8, un indicador combinado de inseguridad, temporalidad y desempleo22, o la Escala de precariedad laboral EPRES23. Los índices multidimensionales no solo captan la naturaleza polifacética de la precariedad laboral, sino que, si se analiza cada una de las dimensiones que lo componen de forma separada, permiten identificar aquellas que potencialmente tienen más impacto en la salud
LEA EL ARTICULO ¿Cómo afectan las distintas dimensiones de la precariedad laboral a la salud mental? completo
Valero Erika, Utzet Mireia, Martín Unai. ¿Cómo afectan las distintas dimensiones de la precariedad laboral a la salud mental?. Gac Sanit [Internet]. 2022 Oct [citado 2025 Feb 03] ; 36( 5 ): 477-483. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0213-91112022000500011&lng=es. Epub 13-Mar-2023. https://dx.doi.org/10.1016/j.gaceta.2021.11.006.
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TERCER MOVIMIENTO:
La revolución tecnológica basada en Internet
es, probablemente, la transformación más significativa en la historia de la
humanidad. Su potencial para generar avances en nuestra sociedad es innegable:
reducción de la jornada laboral, protección del medio ambiente, fortalecimiento
de la democracia, ampliación de las relaciones humanas y la erradicación de
problemas estructurales como la pobreza o las pandemias. Sin embargo, este
avance ha derivado en una concentración sin precedentes de poder en manos de un
reducido grupo de individuos —Bill Gates, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos y el
fallecido Steve Jobs—, quienes han adquirido una capacidad de influencia global
sin necesidad de someterse a la regulación de gobiernos o parlamentos.
Las implicancias de este dominio son profundas
y preocupantes. A pesar de las graves consecuencias que genera esta estructura
de poder en la sociedad, la respuesta de los gobiernos ha sido, en el mejor de
los casos, débil y tardía. La falta de regulación permite que el ecosistema
digital opere bajo una lógica de mercado sin restricciones, en la que prima la
ley del más fuerte. Es imperativo, entonces, que los Estados establezcan un
marco normativo que garantice la protección de derechos individuales y colectivos
dentro de una sociedad democrática y un Estado de derecho. La ausencia de un
consenso global sobre la regulación de las grandes plataformas tecnológicas no
solo perpetúa la asimetría de poder, sino que también permite a estas
corporaciones aprovecharse de la falta de armonización legal entre los países.



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