TRABAJO OBLIGATORIO 7 al 27 de enero de 2025: "Interculturalidad crítica en salud Mental: ejercicios de aproximación reflexiva para la articulación de mundos de conocimiento y acción"

 

Bosque de olivillos en costa valdivia ( Tania Solar)

 

Si se observa cuidadosamente la peculiaridad del otro, el sujeto no lleva a cabo el proceso de otrocización, porque se le revela el entendimiento de que ese otro es tan peculiar como el yo mismo, que constituye el sujeto y la totalidad. Reconocer que ese otro no es sino un yo, un otro-peculiar que también existe en el mundo, libera. (1) (Jesús Sepúlveda, 2001, p.37)


La amplia mayoría del material para este tema fue seleccionado por Tania Solar López -psicóloga y antropóloga-, para la clase que dictó en este Curso en la versión 2023-24.

A través de este material ella formula una invitación, que es la siguiente:

"En mis recorridos vitales la inquietud crítica me ha llevado a poner en revisión lo aprendido para abrirme a diversos campos de conocimientos y saberes, tanto en el mundo de la vida, como en espacios formales o burocratizados, con el fin de compartir aprendizajes y experiencias en una práctica de polinización del conocimiento que contribuye a repensar los procesos de vida-muerte y, dentro de estos, los de salud-enfermedad-atención en contextos culturares diversos. Les invito a explorar el material anexado, desde una actitud consciente, reflexiva y crítica, una provocación a hacernos cargo de lo que generamos en el contacto con otros y otras. Teniendo en cuenta que, incluso en el extremo del individualismo, cada persona es un espejo de su tiempo/cultura, portadora de una tradición, como seres transindividuales que somos, la mayoría de las veces sin pensar en ello tendemos a producir y a reproducir la cultura en la que hemos sido socializados/as, así como a sobre valorar o dar por sentada la propia herencia como la más legítima o superior.

Este módulo invita a abrir y a cuidar el espacio de dialogo, en un contexto mundial y local de coexistencias de diversas formas de estar en el mundo, antiguas/nuevas/ renovadas, que conllevan tensiones, asimetrías de poder y conflicto. 

La gran pregunta es cómo comprender procesos del ciclo vida-muerte-vida como dice Clarissa Pinkola (2) , que ocurren dentro de lo que el filósofo Byung Chul-Han (3) llama como el fenómeno de la Hiperculturalidad que define los tiempos que corren. Entonces ¿a qué prestar(nos) atención en ese encuentro?, sobre todo cuando está implicado el delicado estado de aflicción o sufrimiento humano, en que se inscribe el quehacer como agentes de salud-enfermedad- atención, para ampliar nuestras fronteras y abrirnos a la riqueza que entraña el ejercicio antropológico del encuentro con otros/as, en la diferencia y en favorecer la diversidad en ese encuentro.

Las preguntas norteadoras o sureadoras, son:

 ¿Qué actitudes, disposiciones y actos favorecen y enriquecen el encuentro con otros/as?

 ¿Qué es el sufrimiento en el encuentro con otros/as, quién lo define, lo decreta, lo clasifica, lo prescribe o proscribe, quién y cómo lo aborda?

Este ha sido un ejercicio que comienza, en mi historia, por tratar de comprender la forma de pensar y estar en el mundo de personas y comunidades Mapuche con las que me he implicado a lo largo de mi historia personal y profesional, así como también en el trabajo en salud pública desde diversos roles (como psicóloga en equipos en diversas regiones centro sur de Chile), articulando mundos desde el contacto al acto y del acto al papel, como una circularidad reflexiva. El estudio de la psicología me hizo descubrir que estaba pensando la vida/mundo desde un “monocultivo” humano, y que ese saber tiene límites en la clausura de lo “psi”, y que es posible canalizar estas inquietudes desde una mirada inter y trans disciplinar que está, en lo formal, disponible en la antropología y, específicamente, en la antropología de la salud y la antropología médica…y cómo ese dialogo inter y transdisciplinario (no solo multi) es una apertura sin retorno a otras formas de conocimiento.

En este módulo les invito a pensar cómo comprender el sufrimiento en contextos que están afuera de los márgenes de lo que hemos conocido en nuestra herencia cultural y cómo favorecer un ejercicio antropológico de extrañamiento, como si fuésemos niños y niñas otra vez, para mirar nuestra propia experiencia de vida en el encuentro con otros/as (personas, comunidades, colectivos) diversos/as y familiarizarnos con la otredad de una forma más fluida, imaginativa y que interrumpa los procesos de colonización del mundo de otros/as, y a entender cómo nuestra mirada atraviesa nuestro quehacer como seres culturales, portadores de una tradición con potencial perpetuador de inercias culturales o de transformación del mundo en nuestro paso, sobre todo en la responsabilidad de cuidado de la salud que asumimos.

¿Qué tal si recordamos o imaginamos cómo es un bosque?, ¿qué hay?, ¿son todas las especies iguales?, este ejercicio ayuda a pensar que el bosque es la mejor expresión de que necesitamos la diversidad para seguir existiendo, la distancia y proximidad, los límites, la circulación, la simbiosis, el espacio vital, los nutrientes, cierta tierra y aire, ciertas lluvias y humedades…¿cómo es el bosque humano?, es posible pensar en la reproducción de la vida en un monocultivo, ¿cuál es la diferencia entre monocultivos y un bosque/humano?...

Pienso que tenemos suficiente para leer, ver, discutir e inquietarnos. No tenemos que estar de acuerdo necesariamente, ni el imposible de saberlo todo, ni tendremos respuesta a todas las preguntas, construyamos ese camino juntos y juntas.

Bienvenido el disenso argumentado, de eso se trata. 

Muchas gracias y un abrazo."

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[1] Sepúlveda, J. (2001) El Jardín de las peculiaridades, Eugene. Disponible en: https://www.revistaliterariakatharsis.org/peculiaridades.pdf

[2] Pinkola Estés, C. (2018) [1992] Mujeres que corren con los lobos,. Editorial Zeta.

[3] Byung Chul-Han (2018) [2005] Hiperculturalidad: Cultura y globalización. Editorial Herder. 


LECTURAS DEL MODULO Y PREGUNTAS ORIENTADORAS PARA LEER Y DEBATIR:

Les invito a revisar las lecturas/ videos y luego reflexionar en torno a las siguientes preguntas en el foro y que comentaremos en nuestro encuentro:

¿qué es el encuentro humano en la diversidad? (les invito a centrarse en una experiencia personal, para desde allí hacer el enlace con los textos/videos y reflexiones propias)

¿qué limita o lesiona el encuentro con otros y otras?

¿qué condiciones son posibles para un diálogo respetuoso en la diversidad?

¿es posible pensarnos en el ejercicio atendiendo procesos de sufrimiento humano, con personas que tienen una tradición cultural distinta a la nuestra?

Lecturas:

Recursos audiovisuales:

Recomiendo la película “El abrazo de la serpiente” de Ciro Guerra, 2015. Disponible en diversas plataformas de internet (de pago). 

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RECORDAR QUE  LOS COMENTARIOS DEBEN INCLUIR : (1)LAS LECTURAS Y VIDEOS; (2) SUS EXPERIENCIAS Y APRENDIZAJES PREVIOS y (3) LOS COMENTARIOS DE SUS COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS EN EL CURSO

  • Participe en la discusión sincrónica del lunes 27 de enero de 2025 desde las 19:00 hrs.

Comentarios

  1. Usando las preguntas como guía, yo me pregunto ¿Como seria un encuentro humano, si este no se realiza en la diversidad? Somos todos por esencia distintos pero iguales en valor humano, por lo cual creo que la diversidad es la base fundamental de cualquier encuentro, ahora si, esta diversidad puede ser en mayor o menor medida. Creo que es fundamental plantearse desde este punto de vista el encuentro con cualquier “otro”, ya que debemos hacer el esfuerzo de tratar de entender “como nos entendemos” en un dialogo cualquiera, hasta aplicarlo en nuestra práctica clínica diaria. De que nos sirve hablar con otro si creemos que solo nosotros conocemos la verdad, o la presumimos. Necesitamos tener un piso común de entendimiento, como el idioma, pero eso no nos asegura comunicarnos adecuadamente, debemos hacer un esfuerzo por tratar de asegurarnos de que hablamos sobre los mismos términos, y que se entiende el mensaje que queremos entregar.
    Yo creo que lo que limita el encuentro con “el otro/a” es fundamentalmente el interés, en este caso por “el otro”, sin interés genuino no lograremos entendernos y conectar con el otro, no lograremos un vínculo de confianza y no crearemos una comunicación real, podremos tener un dialogo quizás, pero no comunicación real y profunda. Los prejuicios y el egocentrismo dañan el encuentro con otro, si no estamos abiertos a recibir información, a poder cambiar de opinión sobre lo que pensamos, y de que no somos dueños de la verdad, si no mas bien de nuestros puntos de vistas y nuestra forma subjetiva de como vemos y entendemos lo poco que logramos saber.
    Respecto a las condiciones posibles para un dialogo respetuoso, creo que vuelvo a fundamente sobre lo ya mencionada. Debemos entender que todo el mundo merece respeto, y si nos queremos comunicar debemos primero estar dispuestos, tener interés en aquello, y entender que debemos esforzarnos por hacernos entender y además entender al otro, asegurándonos de que el mensaje que queremos entregar sea el que se recibe, no dar por sentado las cosas. Esto puede ser aplicado en cualquier contexto de encuentro con otro en cualquier cultura.
    Respecto a la atención del sufrimiento humano en contextos culturales distintos, creo que se aplica el mismo precepto entregado anteriormente, que se detalla unas líneas mas arriba.
    En mi experiencia personal, tuve el privilegio de haber conocido a un ex veterano de guerra de vietnam , James de 78 años, con el cual tuvimos una conversación muy interesante sobre como él vivía el sufrimiento de haber ido a una guerra, y haber llegado solamente el vivo, de un grupo de 7 amigos, y como todo esto fue afectándolo en su vida posteriormente. Una de las cosas interesantes de aquella noche de habanos, es que, según me relato su esposa, el no hablaba el tema de la guerra, ni si quiera con ella, y estaba sorprendida de como una persona que recién conocía, logro poder conversar un tema tan doloroso y profundo como aquel. Aquí se dio un interés en escucharlo, tratar de entendernos, junto a la empatía y respeto por el otro.

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    1. Respecto a los textos, diversos videos, podcast y película, creo que ejemplifican muy bien esto de que estamos en un mundo con “hipercultura”, pese a que este término sea muy diverso según los autores que lo utilicen. Creo que es bueno mantener tradiciones y raíces, pero las sociedad evolucionan y con ello, las tradiciones, para bien o para mal, según quien lo observe.
      En la película queda retratado como solo al final pudieron entenderse los protagonistas, ya que el explorador no sabio escuchar, hasta que aprendió y entendió el mensaje, luego de un viaje que representa el crecimiento, y como debió despojarse de “cosas” o quizás “estructuras mentales” y su “ego” para lograr entender “ lo importante que la yakruna podría enseñarle”.

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    2. Estimado Gonzalo:

      Quisiera rescatar lo que mencionas sobre la importancia de llevar a cabo un encuentro humano que reconozca y respete nuestras diferencias, así como las diversas perspectivas que cada uno de nosotros puede tener sobre un tema determinado. Coincido en que, aunque es fundamental comunicarnos utilizando un lenguaje en común, debemos recordar que no poseemos la verdad absoluta. Este entendimiento es crucial y debe reflejarse también en nuestra práctica clínica.

      Para que podamos lograr esa conexión, es importante tener un interés real y genuino por conocer y comprender las vivencias del otro. Como bien indicas, sin ese interés, se vuelve prácticamente imposible conectar con lo que la otra persona desea expresarnos. Es fundamental dejar de lado nuestros prejuicios y las ideas preconcebidas que tenemos sobre lo que sabemos y pensamos.

      Al soltar nuestras propias concepciones, se abre la puerta a establecer interacciones más enriquecedoras, no solo con las personas, sino también con las diversas culturas que experimentan la vida de maneras distintas. Esta apertura no solo enriquece nuestra perspectiva, sino que también nos permite reflexionar sobre quiénes somos y qué lugar ocupamos en el mundo. Todo ello se basa en el diálogo comprensivo, que promueve una verdadera empatía y entendimiento mutuo.

      En resumen, creo que cultivar esta mentalidad de apertura y respeto hacia las diferencias no solo enriquece nuestras interacciones personales, sino que también nos ayuda a crecer como profesionales en nuestra práctica.

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    3. Estimado Gonzalo:
      Leyendo tu comentario, empatizo con tu análisis. Comenzando por la importancia de reconocer, primero que todo, que las personas somos diferentes, por lo que considero que es parte de nuestro trabajo el poder conocer diferentes tradiciones culturales. Es importante tener la capacidad de estar dispuesto al diálogo respetuoso, ya que todos pensamos de manera diversa, por lo que el intentar convencer a otro de nuestras creencias no sería lo oportuno, pero sí poder escuchar al otro y comprenderlo.
      Comparto contigo que la base de todo diálogo es el respeto. Actualmente vivimos en una sociedad en el que prácticamente el que grita más fuerte es el más escuchado y es el que tiene la razón, sin importar si el contenido de lo que nos está transmitiendo es válido o no. Es el diálogo comprensivo el que permite una compresión mutua y así poder llegar a acuerdos frente a nuestras diferencias. Las condiciones que hacen posible que un diálogo sea respetuoso en la diversidad para mí, es tener la disposición de querer abrirse a la diversidad, el escuchar activamente, fomentar un espacio seguro donde todos puedan emitir su opinión sin ser juzgados y sin ser agredidos.
      En cuanto a lo que limita el diálogo con el otro, también estoy de acuerdo contigo en que son los prejuicios y el egocentrismo ya que implican una barrera implícita para escuchar al otro.
      Creo que el poder estar dispuesto abiertamente a escuchar a nuestros pacientes o usuarios es la base para poder pensarnos en el ejercicio atendiendo procesos de sufrimiento humano.
      Finalmente, quisiera compartir contigo mi experiencia profesional como partícipe de la salud intercultural en salud mental. Mientras me desempeñaba como Médica General de Zona, en la comuna de Lo Prado, durante los años 2019 - 2024, participé como médica integrante de varios programas de salud, dentro de ellos, el programa de salud mental, en el cual, pacientes pertenecientes al pueblo mapuche, podían acceder a una facilitadora intercultural del pueblo mapuche que generaba el nexo con una machi para otorgar un enfoque intercultural y no sólo basado en lo biomédico. La existencia de la facilitadora intercultural, abrió un abanico de posibilidad de diálogo y empatía de tal manera, que favoreció la relación médico - paciente, la adherencia a la asistencia a los controles de salud y la adherencia al tratamiento.

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  2. En esta oportunidad la película y artículos analizados nos ofrecen una mirada crítica y profundamente necesaria sobre el estado actual de las relaciones interculturales, particularmente en los campos de la salud y la cultura. Más allá de ser solo un ejercicio académico, las reflexiones planteadas exponen problemáticas urgentes y sugieren caminos para reimaginar nuestras dinámicas sociales desde un marco de respeto y reconocimiento de las diferencias culturales.
    Desde la perspectiva que tengo como médico, el encuentro humano en la diversidad adquiere un significado profundo. En nuestra práctica diaria, nos enfrentamos a realidades diversas, llenas de complejidades culturales que condicionan no solo cómo las personas entienden la enfermedad y el sufrimiento, sino también cómo buscan y aceptan la atención médica. Este encuentro requiere de nosotros una habilidad clave: la capacidad de reconocer al "otro" no como un receptor pasivo de intervenciones, sino como un sujeto activo, con conocimientos y tradiciones que son fundamentales para su bienestar.
    El texto de Eroza-Solana y Carrasco nos ayuda a reflexionar sobre cómo el sistema de salud muchas veces opera desde un marco que prioriza la homogeneidad y la eficiencia técnica por encima de la particularidad cultural. En este contexto, integrar un enfoque intercultural no es simplemente una opción ética, sino una necesidad práctica para brindar atención efectiva. Sin embargo, esta integración no puede ser meramente cosmética; requiere un compromiso genuino del personal de salud para dialogar y trabajar de manera equitativa con las prácticas culturales del paciente.
    En mi experiencia, la formación que recibimos muchas veces refuerza la idea de que los saberes occidentales son los únicos válidos o "científicos", mientras que otras formas de entender la salud son relegadas a un espacio secundario. Esto se alinea con las críticas que Becerra y Correa-Urquiza hacen sobre cómo el sistema biomédico descarta o margina las tradiciones culturales en el tratamiento de la salud mental y física. Recuerdo, por ejemplo, un caso mientras estaba trabajando en la comuna de La granja, en el que un paciente del pueblo mapuche expresó su deseo de combinar tratamiento farmacológico tradicional con prácticas medicina mapuche, en ese caso se trataba de un diagnóstico de hipertensión y tocó recibir el juicio (o prejuicio) de todos los integrantes del programa de salud cardiovascular.
    Además de los prejuicios, otro obstáculo significativo es la asimetría de poder que impregna las relaciones entre el personal médico y las comunidades con las que trabajamos. Como Eroza-Solana destaca, los programas interculturales en salud suelen plantearse desde una lógica paternalista, donde el sistema dominante “integra” las tradiciones locales de forma superficial y bajo sus propios términos. Esta actitud no solo perpetúa la desigualdad, sino que genera una desconfianza justificada en las comunidades, que perciben esta “integración” como un gesto vacío más que como un verdadero reconocimiento de sus saberes.
    También es esencial promover un ambiente institucional que facilite este diálogo, con políticas de salud inclusivas que respeten y valoren las particularidades culturales de cada paciente, tal como señala Lerín.

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    1. En cuanto a los procesos de sufrimiento humano, como profesionales de la salud debemos reconocer que el sufrimiento no es un fenómeno universal que pueda ser tratado exclusivamente con protocolos estándares. La enfermedad, el duelo o el dolor físico y emocional están profundamente influenciados por el contexto cultural y las narrativas individuales de cada paciente. Negar estas particularidades no solo limita la efectividad del tratamiento, sino que también refuerza dinámicas de exclusión.
      Finalmente, como profesionales de la salud, debemos replantearnos constantemente cómo entendemos y practicamos el cuidado. El encuentro en la diversidad nos reta a ser más conscientes de nuestras propias limitaciones y prejuicios, y nos exige un compromiso ético para construir relaciones basadas en la equidad y el respeto mutuo. Solo así podemos responder verdaderamente al sufrimiento humano en toda su complejidad y diversidad.

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    2. Me parece, Javier, que apuntas a algo fundamental entre las varias cosas planteadas en el texto de Eroza-Solano y Carrasco, que es la necesidad de una perspectiva intercultural que se haga carne en la práctica médica en general y de la salud mental en particular no como algo que simplemente respecte y acoja la singularidad constitutiva del otro/paciente en vista de su dignidad como ser humano, si no que es necesaria para poder brindar una atención efectiva y que realmente contribuya con el objetivo de promover y recuperar la salud de las personas. Recuerdo algo de lo trabajado a principio de mes respecto a la necesidad de no encasillar al paciente en una o varias etiquetas diagnósticas, sino en buscar y generar espacios para que el paciente pueda dotar de sentido a su padecer narrándolo con las herramientas que posea. En ese sentido nuestro rol como profesionales debe orientarse muchas veces no a negar como falsas o mentirosas las concepciones de vida que posean los individuos, si no en ver y estar atentos al rendimiento simbólico que las mismas tienen para él.

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  3. En relación con las lecturas y videos, quisiera destacar la importancia de comprender este concepto como profesionales de la salud mental. Existen diversas dimensiones que intervienen en este ámbito, y a través de este conocimiento es posible abordar problemáticas que afectan a minorías étnicas. Es fundamental considerar las distintas interpretaciones de la salud y la enfermedad que influyen en las decisiones médicas, tales como las concepciones del cuerpo y las creencias sobre las enfermedades. Por ello, es necesario integrar la medicina alopática con la medicina indígena, respaldando esta integración mediante políticas públicas y planes de salud concretos.

    Por otro lado, la hegemonía del modelo epistemológico dominante a menudo impide que otros saberes culturales sean tomados en cuenta, lo que limita la posibilidad de adoptar una mirada holística en salud mental. La falta de integración e interacción con otras culturas, como las de migrantes, conlleva la exclusión de sus creencias, lo que resulta en el abandono de sus explicaciones culturales sobre las enfermedades y, en consecuencia, en una comprensión incompleta del verdadero malestar del individuo.

    Me gustaría resaltar la implementación de un programa destinado a los pueblos indígenas en México, que adopta estrategias para atender las necesidades culturales de las comunidades. Este programa incluye capacitaciones para el personal en un enfoque intercultural, reconociendo el valor de cada cultura e integrando las prácticas locales en la salud de la población indígena, con un diseño holístico de las intervenciones.

    La interacción de las culturas a lo largo del tiempo nos brinda la oportunidad de valorar la diversidad que nos rodea, generando heterogeneidad y enriqueciendo mutuamente las tradiciones. Este proceso nos permite redescubrir nuestras identidades y reflexionar sobre quiénes somos, todo ello a través del diálogo y la comprensión.

    En cuanto al concepto de hiperculturalidad, se refiere a la intersección entre cultura y globalización, donde la hipercultura se libera de sus raíces territoriales, fusionándose con otras, y dando lugar a identidades híbridas que trascienden fronteras y se fortalecen en su diversidad.

    Respecto al video sobre los pueblos originarios, es fundamental considerar sus creencias en salud durante el proceso terapéutico. Por ejemplo, la disposición de la cama puede influir en la salud según su visión. Esta consideración permite validar sus experiencias y su cultura, alejándose del reduccionismo que asume la superioridad de la cultura occidental. Además, en el podcast sobre interculturalidad se menciona cómo este concepto se implementa en el ámbito educativo, desafiando la visión individualista del capitalismo y sirviendo como un discurso consciente de demandas reivindicatorias, liderado por personas familiarizadas con el tema.

    También me gustaría mencionar la película "El abrazo de la serpiente", que ilustra las diferencias culturales entre lo indígena y lo occidental. La narrativa enfatiza que la visión indígena se centra en el mundo espiritual y la naturaleza, adoptando una perspectiva holística, representada por Karamakate. En contraste, Theo y Evan están motivados por la exploración científica, mostrando cómo el colonialismo actúa como una fuerza destructiva para la cultura indígena y genera la pérdida de conocimientos ancestrales. La verdadera sabiduría radica en el respeto mutuo entre cosmovisiones, siendo el diálogo y la empatía la base para establecer una perspectiva integradora.

    Por último, quisiera compartir una experiencia en el Cesfam Monteáguila, donde era común que los pacientes mencionaran el uso de hierbas medicinales típicas del entorno rural para tratar diversas afecciones, como diarrea aguda, acidez o cefalea. Estas prácticas eran bien acogidas por el equipo de salud. En una ocasión, se organizó una charla informativa abierta a la comunidad sobre el uso, beneficios y precauciones de estas hierbas, integrando así el saber tradicional con la medicina alopática.

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    1. Estimado Alejandro:

      Me parece muy acertado tu comentario sobre las lecturas de esta quincena, resume de buena forma lo que nos tocó analizar. Destacando la importancia de comprender y abordar las problemáticas de salud mental desde una perspectiva intercultural e integradora. Además, resaltas la necesidad de considerar las distintas interpretaciones de la salud y la enfermedad, así como de integrar la medicina alopática con la medicina indígena a través de políticas públicas y planes de salud concretos.

      Tu experiencia compartida en el CESFAM Monteáguila demuestra la apertura incipiente y acogida hacia las prácticas tradicionales de la comunidad, integrando el saber tradicional con la medicina convencional a través de charlas informativas. Ojalá esta iniciativa se haya podido seguir desarrollando.

      Por otro lado, me pareció muy interesante incluir a la mirada de la interculturalidad la perspectiva migrante; que viene a enriquecer lo que ya tenemos avanzado sobre el tema en torno a la población indígena.
      Sería muy valioso que migrantes, comunidades indígenas y la medicina más occidental puedan dialogar de forma fluida para que quienes necesiten acceso a salud puedan tenerlo de forma más expedita y con un enfoque intercultural.

      Saludos.

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  4. Como bien señalan los textos, la Interculturalidad va más allá de la “competencia cultural”, puesto la primera implica una reflexión crítica sobre las propias prácticas, los prejuicios y las relaciones de poder. Se centra en el diálogo intercultural y la construcción conjunta de soluciones en miras a la consecución de la salud de los individuos y comunidades.

    La interculturalidad en salud no solo implica reconocer y respetar las diferencias culturales, sino también integrar los saberes y prácticas de las distintas culturas, como la medicina tradicional indígena, en los sistemas de salud formales; considero que en realidad el sistema de salud formal debiera ser de por sí un sistema integrador.

    Pero esto no es fácil; los textos y recursos audiovisuales convergen en la necesidad de una formación específica para los profesionales de la salud que nos permita desarrollar sensibilidad cultural, habilidades de comunicación intercultural y la capacidad de adaptar los servicios a las necesidades de las diversas poblaciones, incluyendo además la temática migrante. Desde allí, la propuesta de capacitación en antropología social y médica para profesionales que trabajan en contextos indígenas, que es un ejemplo concreto de cómo implementar la interculturalidad en la práctica. Al comprender las cosmovisiones, los sistemas de salud tradicionales y las formas de comunicación de las comunidades indígenas, los profesionales podríamos ofrecer una atención más pertinente y efectiva, reduciendo las brechas en salud y fortaleciendo el diálogo intercultural.

    Por otro lado, el encuentro humano en la diversidad creo que debe ser una oportunidad de aprendizaje mutuo, enriquecimiento y transformación. Implica reconocer la humanidad compartida a pesar de las diferencias culturales, superar prejuicios y estereotipos, y construir relaciones basadas en el respeto y la empatía. Desde una experiencia personal, cuando fui general de zona en Llay-Llay (del mapudungun “viento viento” o “susurro del viento”); me tocaron varios pacientes que usaban para enfermedades crónicas diversas infusiones y dietas particulares, que eran complemento de los medicamentos entregados en el programa cardiovascular; además que una machi acudía una vez al mes a prestar atención con pertinencia cultural; en lo personal valoré siempre la iniciativa, me hubiera gustado que (como mencionan los textos) hubiese habido un diálogo entre la machi y los médicos del CESFAM para establecer lineamientos, flujos de derivación y objetivos comunes, en lugar de cada uno trabajar por separado.


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    1. Las limitaciones al encuentro con un otro, yo diría que son los prejuicios, los estereotipos, la discriminación, la falta de reconocimiento de la igualdad humana, las relaciones de poder asimétricas y la imposición de una cultura sobre otra. El texto de Kapuscinski identifica la guerra y el aislamiento como respuestas negativas al encuentro con el Otro. El texto de Becerra critica el universalismo y el multiculturalismo esencialista por su incapacidad para abordar las dinámicas relacionales y las relaciones de poder. En el contexto de la salud, la falta de comprensión de las cosmovisiones de los pacientes y la imposición de modelos biomédicos sin considerar las prácticas tradicionales pueden lesionar la relación entre profesionales de la salud y usuarios. Yo agregaría el poco tiempo (nuevamente, por carga académica y asistencial), que nos limita a darnos un momento genuino para entender la cosmovisión de otro.

      Para que tengamos un diálogo respetuoso considerando la diversidad creo que debiésemos empezar por una escucha activa, con empatía, y el reconocimiento de la legitimidad del otro, con voluntad de aprender, y siempre con apertura a cuestionar las propias creencias y prejuicios, la creación de espacios de encuentro seguros y la búsqueda de puntos en común. La interculturalidad crítica propone un diálogo en condiciones de equidad, reconociendo las relaciones de poder y buscando transformarlas.

      Para finalizar, considero que es posible y necesario atender procesos de sufrimiento humano considerando la interculturalidad, lo que implica reconocer que el sufrimiento se expresa y se vive de manera diferente según las culturas. Requiere la capacidad de comprender narrativas del sufrimiento desde la perspectiva del otro, y la disposición a adaptar las intervenciones a las necesidades culturales del paciente. La colaboración con mediadores culturales o con personas de la misma comunidad puede ser fundamental para facilitar la comunicación y la comprensión. La intención de sanar y de dialogar, mencionadas en los documentos leídos, son un punto de encuentro fundamental, y valores compartidos que pueden servir de base para construir una relación terapéutica respetuosa y efectiva.

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    2. Estimada Francisca al reflexionar sobre la importancia de la interculturalidad en el ámbito de la salud, y presentándola como un enfoque que trasciende la mera “competencia cultural”. Desde mi perspectiva y muy similar a la tuya, la interculturalidad se enfoca en el diálogo crítico, la construcción de soluciones conjuntas y el respeto a las prácticas y saberes tradicionales, integrándolos en los sistemas de salud formal, como la medicina indígena, para ofrecer una atención más pertinente y equitativa.
      Considero fundamental la formación en sensibilidad cultural, comunicación intercultural y capacidad de adaptación, especialmente en el trabajo con contextos indígenas o poblaciones migrantes. Un ejemplo inspirador para mí es la capacitación en antropología social, que posibilita el entendimiento de cosmovisiones y sistemas tradicionales, y que, creo, puede ser clave para reducir las brechas en el acceso y la calidad de la atención.
      Para mí, el encuentro con la diversidad representa una oportunidad única para superar prejuicios y construir relaciones basadas en el respeto y la empatía. Sin embargo, tengo claro que existen barreras importantes como el tiempo limitado, los prejuicios, los estereotipos y las jerarquías de poder, que muchas veces dificultan establecer un diálogo respetuoso. En mi experiencia, es esencial colaborar con mediadores culturales y respetar las narrativas del sufrimiento que expresen los pacientes desde su propia perspectiva cultural.
      Estoy convencida de que necesitamos fomentar un diálogo en condiciones de equidad y apertura, esforzándonos por transformar las relaciones de poder y adaptándonos al sufrimiento humano desde miradas diversas. Para mí, el valor compartido de sanar es un punto de encuentro crucial que puede sentar las bases para construir relaciones terapéuticas respetuosas y efectivas.

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    3. Estimada colega, concuerdo en varios puntos con ud, como también en el análisis de que en el Cesfam donde también trabaje, la machi asistía 2 veces al mes, evaluaba tanto colegas como también a usuarios del Cesfam, pero también tengo una critica, de que muchas veces los directores y subdirectores de los Cesfam son profesionales no médicos, pocos médicos en cargos administrativos y en ocasiones muy poco trabajo colaborativo. Como estamento se pidió en varias ocasiones un bloque de poder compartir con la machi o poder generar lineamientos, al final los directivos solo accedieron que un medico pudiese participar y el dar la bajada, era increíble la asistencia espontanea de las consultas de la machi, incluso la machi tenia atenciones en 2 Hospitales Interculturales y tenia pasantías internacionales, ya que uno de sus principales focos de atención era en contexto de salud mental, en el consumo perjudicial de alcohol, con buenos efectos terapéuticos y reconocimiento en otros países, en las comunas de la Araucanía el alcoholismo incluso llega a la normalización, generando tantos efectos negativos en los círculos familiares, incluso muchas veces se llevaba el tratamiento conjunto, en una ocasión se le invito al nodo de salud mental, fue tan provechoso, que de cierta forma se consolido la necesidad del trabajo en conjunto, lo otro provechoso es este espacio de discusión, ya que se conocen realidades en el ámbito laboral de otros colegas, que son muy similares, pese a la ubicación geográfica, algo similar pasa con la interculturalidad y de lo mucho que se requiere un enfoque intercultural que integre saberes tradicionales con la medicina occidental, empoderando a las comunidades y respetando sus decisiones.

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  5. ¿Qué es el encuentro humano en la diversidad? Considero que es una instancia de espacio y tiempo en el cual convergen diferentes culturas, en el que cada uno tiene una historia y una forma de comprender el mundo. Como experiencia personal, considero diferentes escenarios en los que se dan encuentros humanos, desde lo micro a lo macro. Por ejemplo, en el mismo sector donde habito en el que hay personas de diversos países, en mi lugar de trabajo donde convivimos con colegas y pacientes de diversas culturas, y así cada lugar que he podido visitar implica un espacio de encuentro con personas de diferentes países, o dentro del mismo país, diferentes pueblos como el pueblo mapuche. Podemos hablar de diversidad no sólo en cuanto a nacionalidad o pueblos indígenas, lo podemos aplicar a la religión, creencias políticas, grupos socioeconómicos, orientación sexual, identidad de género, grupos etarios, grupos animalistas, entre otros.
    Por otra parte, según Menéndez, la interculturalidad se origina como una búsqueda por legitimar, defender o empoderar a los grupos étnicos y cuestionar a los sectores dominantes que los excluían, subordinaban o discriminaban.
    En mi experiencia profesional, mientras me desempeñaba como EDF, participé como médica integrante de varios programas de salud, en el cual, pacientes pertenecientes al pueblo mapuche, podían acceder a una facilitadora intercultural del pueblo mapuche que generaba el nexo con una machi para otorgar un enfoque intercultural y no sólo basado en lo biomédico.
    En relación con el material audiovisual, surge una necesidad por parte de los pueblos originarios de reunirse, levantarse y crear organizaciones como una bandera de lucha, con el fin de que las personas tengan este derecho, que muchas veces ha sido negado en la atención de salud al igual que la lengua mapuche. Las asociaciones Witrapuran y Pachakuti, de los pueblos Mapuche y Andinos, levantaron dos dispositivos de salud intercultural de la quinta región en el marco del Programa Especial de Salud y Pueblos Indígenas - PESPI del Servicio de Salud Viña del Mar - Quillota a través de una Mesa Intercultural. No se trata sólo del derecho de los pueblos a acceder a la salud desde sus cosmovisiones, sino también de hacer consciencia sobre estas otras formas de alcanzar el bienestar en la comunidad de Peñablanca y Limache.
    La salud intercultural nos enseña la capacidad de diálogo entre los múltiples sistemas de salud. Cada sistema, supone un sistema cultural porque supone una forma de comprender la salud. Un ejemplo de ello es que por ejemplo en las orientaciones técnicas incluyan manejo de los pueblos indígenas. Quiero destacar al médico antropólogo Roberto Campos ya que hace alusión al concepto de Medicina popular, que es el conocimiento que ejercen los curanderos, pero también se llama medicina popular al conocimiento que transmiten las abuelas, madres, tías de generación en generación que es dinámica porque es un conocimiento que puede desaparecer o se puede perpetuar.
    Además, quisiera compartir que una forma de poder integrarme a la salud intercultural, el año 2023, aproveché la instancia de capacitación del salud de salud metropolitano occidente quien impartió el curso Derechos de las Mujeres Indígenas y Protección Especial de la Niñez y Adolescencia Indígenas, cuyo propósito es que como funcionarios pudiéramos conocer aspectos relevantes del principio de igualdad y no discriminación, de los derechos de las mujeres indígenas como base fundamental de los derechos humanos, el analizar cómo se expresa en los derechos de los pueblos indígenas entender la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran las mujeres indígenas enmarcada en el contexto de su cotidianidad y la diversidad en cuanto a los países que habitan, sus historias, realidades, culturas, idiomas, necesidades y preocupaciones.

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    1. (Continuación del comentario). ¿Qué limita o lesiona el encuentro con otros y otras? Limita: barrera idiomática, límites geográficos, condiciones climáticas, el aislamiento de las personas, la precariedad de la infraestructura, las dificultades económicas. Lesionan los prejuicios, preconcepciones, el burocratismo institucional, intolerancia, inflexibilidad, la falta de capacidad de diálogo, el desconocimiento, la falta de conciencia respecto a cómo relacionarnos con la naturaleza, la falta de respeto y todas las formas de violencia. Específicamente, a nivel de salud intercultural dentro de las limitantes, destaca el hecho de que, por lo general, los profesionales de salud no han validado la eficacia de las prácticas de los sanadores indígenas, postura en la que también subyace el racismo (Menéndez, 2016; Mignone et al., 2007). Por otro lado, el texto habla de la reticencia de los indígenas de adherirse a las medidas preventivas de atención y de cuidado promovidas institucionalmente también interviene su gran recelo hacia los establecimientos de salud y hacia quienes allí laboran, en parte porque, con frecuencia, quienes prestan atención en sus localidades suelen ausentarse durante horas y hasta días en los que deberían estar disponibles en su centro de trabajo, lo cual resulta más problemático en poblados en los que la única infraestructura médica disponible está constituida por centros de salud, clínicas y/o unidades médicas rurales que generalmente solo disponen de un médico y de un personal de enfermería.
      ¿Qué condiciones son posibles para un diálogo respetuoso en la diversidad? Primero, tener la disposición de querer abrirse a la diversidad, el escuchar activamente, fomentar un espacio seguro donde todos puedan emitir su opinión sin ser juzgados, sin ser agredidos. Un ejemplo que he visto es que en algunos CESFAM, tienen incorporados informativos en mapudungún.
      ¿Es posible pensarnos en el ejercicio atendiendo procesos de sufrimiento humano, con personas que tienen una tradición cultural distinta a la nuestra? Creo que sí. La psiquiatría es una rama de la medicina que es híbrida, es decir, es biologicista y social, por lo que considero que es parte de nuestra labor el poder conocer diferentes tradiciones culturales, tener la capacidad de abrirnos al diálogo, porque todos somos diferentes, todos pensamos distinto, por lo que el intentar convencer a otro de nuestras creencias no sería lo oportuno, pero sí poder escuchar al otro y comprenderlo. La salud mental colectiva, por su parte, ha tenido un desarrollo relevante en algunos países lati¬noamericanos como Brasil y Argentina, e incluso ha actuado como estímulo de una salud ampliada que observaba en la atención al sufrimiento psíquico una oportunidad de legitimación en un campo donde urgía la recuperación de lo colectivo para ofrecer un cauce a los procesos de reforma psiquiá¬trica. Podemos ejercer los procesos de sufrimiento comprendiendo la importancia de la salud intercultural. El respeto para mí es la base de las relaciones humanas, consiste en tolerar a nuestra diferencia sin querer cambiarla ni imponer nuestras ideas. El respeto por la autonomía de los pueblos indígenas. Creo que podemos pensarnos en el ejercicio de atender a otro, conociendo nuestros límites respecto a lo que sí podemos brindar respetuosamente y aquello que no sabemos, admitirlo y abrirse a adquirir conocimientos. También considero fundamental el poder compartir nuestro conocimiento con los usuarios a través de la educación de los procesos de enfermedad, los tratamientos a seguir, así como las consecuencias de no querer recibir un tratamiento determinado. Indagando más antecedentes, la película "El abrazo de la serpiente" se llama así por ser una metáfora que refleja la conexión entre la civilización occidental y la selva amazónica. Sugiere tanto un sentido de unión como de conflicto entre los mundos, simbolizando cómo los exploradores y la cultura occidental han buscado "abrazar" los secretos y curas en la selva, pero también han causado daños a las culturas indígenas.

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    2. Jessi, me parece muy completa la síntesis que realizas del material expuesto durante estas semanas.

      Concuerdo contigo, creo que es fundamental el encuentro con un "otro" desde un espacio empático y de interés genuino en su relato, considero importante darle la relevancia que corresponde a la narrativa que cada uno trae a un espacio de diálogo.

      Si bien, al igual que tú, puedo visualizar estrategias importantes a nivel nacional e internacional para generar mejoras en este encuentro en la esfera de salud, me parece aún más relevante que sean los espacios académicos formadores de profesionales de salud, quiénes también, se hagan cargo de esta brecha, y consideren dentro de su formación problemáticas como estas, con el fin de, proporcionar una mejor atención y que pueda servir de manera transversal en diferentes culturas.

      Lamentablemente el sistema de salud imperante sigue regímenes hegemónicos, mostrándose en muchas ocasiones como dueños de la verdad frente a la manera de tratar cualquier sufrimiento. Es relevante considerar siempre, que más allá de la evidencia científica, debemos, como profesionales de salud, intentar entender la narrativa de los pacientes y empatizar con las diferentes cosmovisiones que puedan traer a la consulta.

      En mi experiencia personal durante mi pasada de Ginecología en pregrado, pude visualizar como la brecha cultural perpetuaba y aumentaba espacios de violencia obstétrica. Durante mi pasantía en la sala de preparto visualicé como mujeres de origen haitiano cantaba para lidiar con el dolor que conlleva el proceso de parir, lamentablemente por la tranquilidad y silencio de una sala común, los profesionales de salud les gritaban, callaban y humillaban para evitar que lo siguieran haciendo, lo anterior es un ejemplo clarificador en como los espacios de salud en los que estamos insertos, no logran proporcionar un espacio de encuentro intercultural con un “otro” y en donde los marcos hegemónicos que rigen estos dispositivos se toma el poder de aplastar a otras culturas, evitando su expresión.

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    3. Estimada Jessica: primero felicitarte por extenso analisis de esta sesion, y estoy muy de acuerdo contigo que la unica forma de poder desarrolar la interculturalidad en salud es retomar la educacion en colegios desde temprana edad enseñando el respeto de las diferentes culturas, el respeto de la cosmovision que tiene sobre la salud, enfermedad y bienestar. El dialogo, comunicacion, respeto, validacion de terapias, es crucial entre ambos sistemas de salud el sistema de salud indigena y sistema de salud publico biomedico convencional, derribando barreras como el lenguaje, la burocracia, la discriminacion, para que asi en un futuro exista en todos los hospitales publicos de nuestro pais un departamento de interculturalidad en donde se dé el espacio a la medicina mapuche la cual pueda compartir su punto de vista con medicos en reuniones clinicas abordando tematicas de salud.

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    4. Estimada Jessica , comparto tu visión, de que las culturas tienen enfoques diferentes para tratar y abordar los problemas de salud mental.
      La gestión de la salud y salud mental debe reconocer y valorar las diferencias culturales, integrando las creencias, valores y prácticas de las diferentes comunidades.

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    5. Estimada Jessica_

      Estoy super de acuerdo con que expusiste. En mi experiencia como médico, he podido ver cómo integrar cosmovisiones, como las del pueblo mapuche, puede transformar la atención médica en algo más respetuoso e inclusivo.

      Además, creo que capacitarnos en derechos y diversidad, como lo hice en un curso sobre mujeres indígenas, es esencial para mejorar nuestra sensibilidad y compromiso con la equidad. Estas experiencias me han mostrado que el respeto y la escucha activa son claves para construir un sistema de salud que reconozca a las personas en toda su dignidad y riqueza cultural. Integrar estas prácticas no solo beneficia a los pacientes, sino que también nos transforma a nosotros como profesionales y como seres humanos.
      Saludos!

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  6. En base al material expuesto podemos mencionar que interculturalidad es un concepto difícil de definir por las distintas miradas que implica, generando polémica en las áreas de salud pública, en el activismo, en la antropología, filosofía por mencionar algunas.
    Una de las interrogantes planteadas es si: ¿Es necesario que la medicina occidental tenga mas apertura y respeto hacia los otros saberes populares?
    Para poder responder a esta pregunta debemos comentar que en cada cultura existe un mundo diverso, una cosmovisión distinta sobre los conceptos de salud y enfermedad con distintos puntos de vista, distintos tratamientos, atenuantes, y modos de curar la dolencia.
    Carmen Yon, Socióloga y antropóloga médica describe a la interculturalidad en salud de forma general como la posibilidad de establecer un diálogo entre diferentes conocimientos teóricos y prácticos vinculados a la salud y enfermedad en base a la atención médica, y esto se da por ejemplo entre la medicina convencional y los sistemas de salud indígena. Estos últimos exponen una cierta concepción del cuerpo, de la salud y el bienestar.
    Uno de los problemas de la biomedicina es que propone un modelo jerárquico, en donde esta desarrollada la tecnología, el método científico y en donde no se respeta la cultura del grupo indígena. Esta situación queda manifiesta en varias culturas, mencionando como ejemplo a la cultura kametsa de Colombia, en donde existe el conflicto entre estos dos sistemas de salud, el cual el convencional biomédico obliga a los niños a ser registrados en un registro civil, en un sistema de vacunas, en la evaluación, monitorización y el acto de parto de la madres en hospitales públicos, en donde las parteras de esta comunidad quedan al margen, relegadas, sintiendo miedo de ser acusadas por realizar una actividad que realizan desde hace años, la cual no se respeta, ni valida siendo vista común delito por parte de la población general y sistema de salud publico.
    La cultura Mapuche tiene a la Machi que cumple un rol de curandera, médica, psicóloga, cirujana y guía espiritual. Este don viene desde el nacimiento y es muy distinto a lo que se conoce como al médico occidental. Es por lo cual nuestro sistema de salud debe dar más espacio a la atención medica intercultural, por parte de los mapuches. Cada día se le da más validez a esta medicina, los pacientes aceptan la medicina alopática, sin embargo, también aceptan otros tipos de medicina homeopática, uso de hierbas medicinales como terapia complementaria.
    En base a la película, el abrazo de la serpiente destaco las diferencias entre una cultura y otra, la cultura indígena marca la diferencia desde su constitución física, vestimenta, hábitos, alimentación, modo de pensar y actuar, los cuales por demás son heredados, mitos, leyendas, formas para poder navegar en base al viento y las estrellas, por el contrario, los científicos alemanes con uso de tecnología, lentes, brújula, toca disco, etc.
    La interculturalidad en salud puede desarrollarse en base al lenguaje, fundamental aprender a comunicarse entre ambas culturas, en poder dialogar temáticas en común, que serian los tratamientos en salud y otro tipo de inquietudes, por lo cual la colaboración en el intercambio cultural es clave para implementar nuevas terapias diversas las cuales deben ser respetadas validadas y aceptadas por el sistema de salud público.

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    1. Comparto tu comentario de que la biomedicina está lejos de incluir y respetar los elementos de una cultura indígena, sino más bien se la trata con violencia, de forma despectiva e incluso de forma burlesca, lo cual me parece lamentable ya que existen elementos y formas en que se podría compartir y establecer un diálogo en pos de una medicina validada por ambas partes.
      También me parece que nuestro sistema debe dar más espacio a la atención por parte de la medicina mapuche, creo que es una medicina que trae mucha sabiduría de la naturaleza y que su estudio trae solución a muchas dolencias que cargamos hoy en día.
      En relación a la película el Abrazo de la Serpiente también considero que refleja en varios aspectos la forma de ser de una cultura indígena desde el físico, comportamiento, vestimenta, cosmovisión, hábitos y que también refleja el choque de dos mundos y cómo se van validando y ayudando mutuamente a través de la sanación ancestral a pesar del tiempo vivido.

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  7. Tras la lectura y revisión de material audiovisual de estas semanas, creo que es bastante complejo poder definir con exactitud el término de interculturalidad. Término que, traspasa espacios de educación, salud, antropología entre otros.

    Más allá de la definición del término, creo que es relevante lograr visualizar en primera instancia el encuentro con un “otro”, tal como se menciona en muchos de los textos, toma un rol fundamental generar un espacio de interés genuino y escucha libre de prejuicios. Debemos proporcionar un espacio de atención que logre conectar de manera real con la narrativa que trae el consultante, respetando sus creencias y cosmovisiones que traiga. Somos todos seres distintos, con creencias, culturas, visiones y maneras de ver la vida que difieren en muchos aspectos, por lo que el respeto a ese conocimiento es fundamental. Nuestro rol clínico es ayudar a quién nos consulta y trae un sufrimiento consigo mismo, por lo tanto, debemos situar el motivo de consulta en el contexto cultural del paciente y desde ahí propiciar un espacio de ayuda.

    En el material se muestra en más de una ocasión el dilema que se da en torno a las parteras y en cómo el sistema biomédico enjuicia esos espacios intentando medicalizarlos a un espacio hospitalario. En lugares en que se respetan estas prácticas, existe posterior a ello un mandato a mantenerse en un sistema de salud tradicional, invisibilizando de igual manera el conocimiento que tienen estas culturas en relación con el proceso. Debemos considerar siempre que no todo el conocimiento está en los libros, en ocasiones se ha transmitido de manera transgeneracional y tiene un sustento importante a lo largo del tiempo y debe ser respetado de igual manera a aquel que se sustenta en evidencia científica.

    Refuerzo de manera positiva los esfuerzos gubernamentales por crear espacios de encuentro cultural, destaco profundamente las diferentes experiencias revisadas en el video, en donde se proporcionan espacios y tiempos de atención para curanderas de pueblos indígenas, generando así espacios de atención intercultural y validando así estos conocimientos.

    Es relevante mantener una visión crítica en torno al encuentro cultural de dos mundos en salud, y liberarnos de espacios jerárquicamente superiores frente a diferentes culturas. Debemos lograr escuchar genuinamente a quiénes consulten y permitir incluir sus diferentes cosmovisiones en sus relatos, y desde ahí posicionarnos en el rol médico, desde un espacio de empatía hacia el “otro”. Debemos derribar las murallas que en algunas ocasiones se han formado de manera literal, o en otras de manera metafórica, frente a los encuentros culturales y propiciar espacios de dialogo y aprendizaje mutuo, tal como se menciona en el texto de Chul Han.

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    1. Actualmente nos hemos visto trabajando en salud con un gran desafío en contexto de la migración en nuestro país, tal como se menciona en el texto de Margarita Becerra. Hemos visualizado un creciente aumento de población migrante que consulta en los diferentes centros de salud, en algunos casos con una brecha idiomática que hace complejo el escenario de intercambio y entendimiento. En ese mismo punto, es importante recalcar lo positivo que ha sido contar con facilitadores interculturales en algunos dispositivos de salud que ayuden a mejorar esta brecha. Personalmente durante mi trabajo en Rancagua, contábamos con facilitadores interculturales para que nos pudieran ayudar en la traducción del creole para lograr una buena atención a los pacientes. En esa misma línea pude visualizar ciertas diferencias culturales y en cómo el sistema de salud chileno intentaba jerarquizar siempre el conocimiento biomédico y alopático por sobre saberes culturales de originarios de Haití, lo anterior en torno con la alimentación complementaria iniciada antes de los 6 meses en lactantes. Si bien entiendo que hay evidencia que avale las guías chilenas, creo que más allá de mandatar indicaciones no se propiciaban espacios de escucha a sus saberes culturales y educación recíproca en torno a los conocimientos para lograr acuerdos que hagan sentido a ambos.

      Aún falta mucho por trabajar en esta área, y en donde día a día, nos enfrentamos a una migración en crecimiento y una globalización que permite la mezcla de diferentes creencias culturales. En ese contexto, creo relevante que los espacios formadores también tengan un rol en esto, ya que en general nos enfrentamos a estas problemáticas desde el ejercicio mismo de la profesión y sin herramientas que hayan sido propiciadas por la academia para una mejor atención. Si bien hay valores que no tienen relación con la academia, por ejemplo, el respeto por el otro, si creo que es importante entender lo negativo que pueda generar el desencuentro o la jerarquización de espacios de salud para algunas culturas desde un fundamento teórico, o en donde nuestros mismos docentes de espacios de pregrado tengan empatía por esta discusión y una mirada más humanizadora en torno a esto.

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    2. Estoy muy de acuerdo con tus comentarios Carolina, creo que nos encontramos frente a un gran desafío, en una época de cambios. El estado geopolítico actual, el surgimiento de movimientos de extrema derecha, las migraciones, cambio climático, todo juega parte de tensiones y contradicciones que se agudizan. El foco en la formación al que apuntas, con valores éticos profesionales, desde una postura humana, me parece central. Junto con esto, agregaría la idea de generar una academia que creciese de la mano con las necesidades de la comunidad a la que se encuentra asociada. Es decir, que los esfuerzos no se queden sólo en el desarrollo intelectual, sino que tengan una bajada a la difícil realidad que habitamos. De esta manera, la formación académica necesariamente llevaría a pensarse en diálogo e interacción con otros saberes y formas de vivir la vida.

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  8. En esta sesión se abordan varios elementos muy interesantes que tocan varios temas vistos en sesiones previas, pero desde una mirada nueva, una óptica más holística. En este sentido se relacionan conceptos como la coerción, estigma y la concepción de salud/enfermedad vistos desde una óptica intercultural.
    Traigo a colación una experiencia que vi muchas veces en mi experiencia como médico general en APS: al ser diagnosticada con una enfermedad crónica (DM2 o HTA), se inicia tratamiento para poder mantener controlada la patología el paciente volvía meses después más descompensado debido a que intentaba tratamientos alternativos para manejar su enfermedad por lo cual generaba mayor morbilidad ya que suspendía el tratamiento indicado.
    En ese tiempo, cuando ocurrían estas situaciones frecuentemente me sentía frustrada y trataba de volver a instaurar el tratamiento alopático previo. Hoy en día después de llevar tiempo en mi residencia y con una mirada más amplia que antes, cuestiono mi actitud y prejuicios en ese tiempo.
    En vez de haberme centrado en lo meramente somático (exámenes), no me preocupé de lo principal. ¿Qué es lo que al paciente le hacía más sentido del tratamiento de medicina complementaria v/s el "tradicional"? o ¿que entendía del tratamiento tradicional versus el alternativo?

    Probablemente al haber intentado abordar desde la óptica y mundo del paciente, qué es lo que significaba para ella sentirse sana v/s enferma se podría haber realizado un tratamiento y abordaje mucho más enriquecido y haber generado una mejor adherencia al tratamiento propuesto.

    Es así como los conceptos tratados en los textos son muy interesantes y nos sirven para poder interpretar experiencias prácticas en el día a día, por ejemplo algo que sucede frecuentemente: la pérdida de la identidad a favor de la identificación. En el modelo médico que se suele trabajar se favorece el etiquetado, la historia de cada paciente "debe" de cierta manera calzar con la etiqueta , y si no es relevante para la etiqueta es suprimida.
    Este aspecto es uno de los principales que motivó mi interés en psiquiatría, ya que para mí era mucho más interesante y estimulante, llegar a "conocer" a la persona, más que sólo los diagnósticos por los que estaba hospitalizada en ese momento en medicina por ejemplo.
    Me gustaría también referirme a un concepto que a mi parecer es clave dentro de la discusión de salud mental en general y en esta sesión en específico, como lo es la reciprocidad. La falta de reciprocidad, o como podríamos decir en otras palabras: "no responde según a las expectativas de cómo me gustaría que respondiera", hace en muchos casos dejar de intentar entender el mundo de la otra persona, que pudiera responder en una manera distinta a la que esperamos, en otras palabras la anulación de la identidad y una forma grave de estigma especialmente con personas que presentan trastornos mentales severos.
    Es así que experiencias descritas en el texto de Martín Correa Urquiza como la radio Nikosia son enfáticas en devolverles la voz a aquellos a las que se les ha quitado y en definitiva comprender, como es descrito en el texto sobre "el encuentro con el otro", que todos somos un "Otro" para los demás, los que nos hace ser mucho menos distintos de lo que muchas personas creen hoy.

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    1. Tu reflexión es muy rica y muestra una evolución tanto profesional como personal en tu mirada hacia la atención en salud, especialmente en contextos interculturales y de salud mental. Aquí tienes un posible comentario que integra tus ideas Lo que compartes refleja cómo el encuentro humano en la diversidad requiere abrirse a perspectivas más allá de las propias certezas. Tu experiencia en APS con pacientes que optaban por tratamientos alternativos ejemplifica la importancia de considerar el significado que cada individuo asigna a su proceso de salud/enfermedad. Esto resuena con la idea planteada por Kapuscinski sobre el respeto hacia "el Otro" y la necesidad de un diálogo intercultural que permita comprender desde su cosmovisión. La frustración inicial que mencionas frente a la falta de adherencia probablemente se basó en un modelo biomédico que prioriza la objetividad del diagnóstico por sobre las subjetividades del paciente, lo que suele reforzar estigmas y etiquetas, como mencionas.

      La reciprocidad, tal como la abordas, es central para evitar caer en la deshumanización del cuidado. La experiencia que relatas con personas con enfermedades crónicas puede trasladarse a otros contextos, como en salud mental, donde devolver la voz al paciente, como lo hace Radio Nikosia, rompe con el modelo tradicional de identificación y permite revalorizar la identidad del individuo más allá de su diagnóstico. Esta perspectiva no solo favorece una mayor comprensión, sino que también potencia la adherencia al tratamiento y el vínculo terapéutico.

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    3. Estimada Javiera,

      Me gusta mucho la experiencia que compartis con nosotros, concuerdo totalmente, si incorporasemos una vision mas holistica y empática tratando de mirar con los ojos del otro como se entiende una enfermedad podriamos generar resultados más efectivos.

      Es interesante ver como un abordaje rigido y tradicional también es una forma de coerción, una práctica "colonial" que impone su forma de pensamiento sobre el otro, debemos entonces deconstruirnos, y tratar de moldearnos incorporando la empatía como elemento central.

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  9. Tras revisar los artículos, textos y el material audiovisual:

    Es posible abordar en el ámbito de la salud mental, donde cada sistema cultural supone normas, valores, cánones, formas estéticas y modelos de persona específicos, que conforman una visión del mundo, de las cosas y de las relaciones entre ellas. Estando intrínsecamente relacionadas.

    La cultura influye en cómo las personas perciben la salud mental y la enfermedad mental. Las creencias culturales pueden determinar lo que se considera “normal” o “anormal” en términos de emociones, pensamientos y comportamientos. Por lo tanto, lo que se considera un trastorno mental en una cultura puede no serlo en otra.

    La importancia de conocer este amplio panorama de interculturalidad; el sentido que las personas construyen al actuar en pro de su salud. Es cierto que tales comportamientos conllevan riesgos, lo cual hemos corroborado, pero es importante no juzgarlos a priori, sino a repensar la interculturalidad ante la necesidad apremiante e histórica de solucionar los problemas de salud en ámbitos socioculturalmente heterogéneos, sobre todo en aquellos en los que también priman la exclusión y la pobreza.

    El texto de Margarita María Becerra, en que la noción de cultura en la salud mental debe ser entendida de manera crítica y contextualizada, especialmente en el contexto de la migración. La autora argumenta que es fundamental reconocer la diversidad cultural y las desigualdades relacionales en la atención a inmigrantes, promoviendo prácticas clínicas que sean reflexivas, éticas y culturalmente específicas y sensibles para abordar adecuadamente el malestar en salud mental. Estas desigualdades se ven exacerbadas por enfoques asimilacionistas que ignoran las especificidades culturales y las necesidades únicas de los inmigrantes, lo que perpetúa su marginalización y exclusión en el sistema de salud.

    Esto implica que los profesionales de la salud mental deben estar capacitados para comprender y respetar las diferencias culturales, evitando imponer un modelo único de tratamiento. La gestión en salud mental debe fomentar la formación de equipos interdisciplinarios que incluyan a profesionales con conocimientos específicos en interculturalidad… “ser culturalmente capaz”

    Con respecto a la salud y pueblos originarios; por ejemplo el programa Mapuche de 1992, fue el primer programa de salud intercultural que buscaba mejorar la calidad te atención en salud, en base a la capacitación, investigación y conocimiento de la cultura mapuche y la Ley Indígena por otro lado, buscaba que la cultura mapuche fuera considerada en la toma de decisiones y otros temas con injerencia sobre su población pero justamente el desconocimiento por parte de los equipos, la falta de formación en profesionales y técnicos, los escasos tiempos de atención e incluso las metas sanitarias que se nos imponen, impiden llevarlo a la atención diaria de nuestros pacientes.

    En Conclusión :
    Es esencial capacitar a los profesionales de la salud mental en competencia (inter)cultural.
    Garantizar que todas las personas, independientemente de su origen cultural o situación migratoria, tengan acceso a servicios de salud mental de calidad y culturalmente apropiados, si bien la diversidad cultural puede ser muchas veces un obstáculo con todo lo que conlleva detrás , también pueden lograr enriquecer la atención en salud mental.

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    1. Tu reflexión aborda de manera muy acertada la relación entre la interculturalidad y la salud mental, reconociendo los desafíos estructurales y culturales que existen en Chile. Aquí tienes un comentario integrado sobre lo que planteas:

      La salud mental, entendida desde una perspectiva intercultural, nos exige repensar las nociones de normalidad, enfermedad y tratamiento en contextos socioculturalmente heterogéneos, como los que vemos en Chile. Tal como señala Margarita María Becerra, no basta con reconocer la diversidad cultural; es indispensable abordarla críticamente y desde una praxis reflexiva. En el caso chileno, el programa Mapuche de 1992 es un ejemplo temprano de la búsqueda por integrar la cultura en la atención sanitaria, pero su implementación enfrenta limitaciones prácticas como la falta de formación, tiempos insuficientes de atención y el peso de metas sanitarias rígidas que priorizan la eficiencia sobre la pertinencia cultural.

      Las creencias y valores culturales moldean profundamente cómo las personas perciben el sufrimiento psíquico y su búsqueda de bienestar. Por eso, imponer un modelo único de salud mental puede invisibilizar esas especificidades, perpetuando la exclusión y la marginalización, especialmente en poblaciones indígenas y migrantes. Para ser “culturalmente capaces”, como señalas, los equipos de salud deben incorporar herramientas interdisciplinarias y sensibilidad ética que no solo respeten, sino que dialoguen con las cosmovisiones de los pacientes.

      El desafío radica en transformar el enfoque biomédico tradicional hacia uno que, como menciona Becerra, no sea asimilacionista ni punitivo, sino contextualizado. Reconocer que el sentido de salud para cada persona está atravesado por su cultura y entorno es esencial para construir una atención más inclusiva, eficaz y humana. En el contexto de la salud mental chilena, esto implica avanzar en políticas públicas que no solo reconozcan la diversidad cultural, sino que se traduzcan en prácticas concretas y sostenibles dentro de los servicios de atención.

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  10. El encuentro humano en la diversidad es un acto profundamente transformador, como lo he vivido trabajando en la atención primaria de salud en Chile, donde las comunidades mapuches han traído perspectivas únicas sobre salud y bienestar. Este encuentro nos invita a cuestionar nuestras certezas, como señala Kapuscinski en su reflexión sobre "el Otro", desafiándonos a abrirnos a experiencias distintas. Sin embargo, lo que limita este encuentro es la persistencia de desigualdades estructurales y prejuicios culturales que invisibilizan estas voces, como advierten Eroza-Solana y Carrasco en su análisis sobre interculturalidad. En el contexto chileno actual, los discursos polarizantes y la falta de formación en salud intercultural agravan estas tensiones, dificultando la construcción de puentes. Para posibilitar un diálogo respetuoso en la diversidad, resulta clave promover espacios horizontales de aprendizaje mutuo, una idea central en las reflexiones de Lerín sobre la antropología de la salud. Atender el sufrimiento humano en un contexto multicultural requiere reconocer que la salud no es solo la ausencia de enfermedad, sino un proceso atravesado por la historia, las tradiciones y las relaciones de poder, como también expone Chul-Han en su visión sobre la hiperculturalidad. En Chile, avanzar hacia este horizonte exige fortalecer políticas que integren saberes locales y cuestionar modelos biomédicos hegemónicos que no siempre se ajustan a las realidades de comunidades diversas.

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    1. El encuentro humano en la diversidad, especialmente en la atención primaria en Chile, es una oportunidad para integrar saberes y enriquecer las prácticas en salud. La interacción con comunidades mapuches muestra la importancia de reconocer que la salud no se limita a lo biomédico, sino que está atravesada por la cultura y las tradiciones. Sin embargo, como mencionas, las desigualdades estructurales y los prejuicios culturales dificultan este proceso, perpetuando modelos que no siempre responden a las realidades locales.

      Para avanzar hacia un diálogo respetuoso, es esencial crear espacios de intercambio genuino entre profesionales y comunidades. Esto no solo implica formación en salud intercultural, sino también un compromiso por cuestionar las jerarquías que históricamente han excluido saberes no hegemónicos. Las políticas públicas deben ir más allá de la integración simbólica, incorporando prácticas y conocimientos que respeten las particularidades de cada contexto.

      Atender el sufrimiento humano en un entorno multicultural requiere empatía y disposición para aprender del Otro. Solo reconociendo las voces y experiencias diversas podemos construir un sistema de salud que refleje las necesidades reales de las comunidades y promueva un verdadero respeto por la diversidad. Este encuentro no solo transforma al profesional, sino que también fortalece los vínculos con quienes atendemos.

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    2. Estimada Mónica, coincido plenamente en lo que mencionas: que el encuentro humano en la diversidad, especialmente en salud, es una experiencia transformadora. En mis atenciones en atención primaria también lo viví y pude aprender bastante de distintas culturas. Tuve la oportunidad de tener pacientes mapuches y también gitanos, los cuales estaban solo por una temporada en nuestro sector, por lo que la atención tenía que ser lo más eficaz posible y lograr una buena adherencia para un posterior traslado a otro centro de salud. En relación a los usuarios de la comunidad mapuche en Chile, es una gran cultura de la cual tenemos mucho que aprender en relación a su visión sobre salud vinculada al equilibrio entre la persona, la naturaleza y lo espiritual que muchas veces contrasta con nuestro enfoque biomédico predominante, pero nunca debemos verlo como un obstáculo, sino como una oportunidad de enriquecer nuestras atenciones.

      Me parece absolutamente relevante lo que mencionas en relación a promover espacios de aprendizaje mutuo; esta estrategia podría marcar una gran diferencia, ya que los saberes deben complementarse y no competir, priorizando lograr una atención con un enfoque inclusivo, contextualizado y participativo para obtener los mejores resultados en la atención.

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  11. Quiero partir el comentario de esta semana con una frase del texto de los doctores Martinez-Hernandez y Correa Urquiza, "La hegemonía de una epistemologia- mundo ha impuesto un modelo naturalizado de verdad, ha negado la posibilidad de que otros saberes discutan sobre aquello ya ordenado". Y lo cierto es que vivimos inmersos en una realidad cientifica donde los saberes comunes se dan por sentado y se cuestionan poco y esto genera una segregación de todo aquello que no es normativo. Bajo esta misma tónica no podemos olvidar que hacer medicina comunitaria implica tener un abordaje que mire más alla de estas barreras, citando el mismo texto "...cuestionamos el uso de los límites ficticios como muros defensivos que dificultan tanto el diálogo interdisciplinar como el abordaje de la salud".

    A propósito de este abordaje comunitario, es fundamental reconocer poblaciones minoritarias (pueblos originarios, migrantes) quienes inherentemente traen consigo realidades subjetivas diferentes que colisionan con estos muros defensivos que hemos puesto por años. Es neceario por lo tanto flexibilizar el cómo nos acercamos, y validar las creencias del otro. Me gustó mucho la analogía que hacian con la herbología, como estas tradiciones heredadas por años constituyen la base de la medicina en ciertas culturas, creencias que bajo ninguna circunstancia pueden ser invalidades o vistas en menos.

    Por otra parte, la iniciativa de formar grupos de facilitadores que sirvan como mediadores entre nuestra cultura y la de un otro suena como un primer paso trascendental en generar una medicina verdaderamente inclusiva.
    Sobre esta línea, en algún momento tuve la oportunidad de trabajar con VIDA Volunteer travel, una ONG sin fines de lucro que viajaba por centroamérica y el Caribe a poblaciones sin (o con escaso) acceso a la salud, muchas veces nos encontrabamos con pueblos originarios que aunque manejaran el español solicitaban la presencia de un interprete que fungia como facilitador de idioma y cultural, a medida que pasaban los días nos fuimos dando cuenta la importancia que tenia el contar con alguien que nos contextualizara el como se vivenciaban ciertas patologías.

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    1. Estimado Rodrigo, estoy de acuerdo con tu análisis de esta semana. También creo que la visión que se nos enseña de la medicina, es esta visión soberana sobra otros saberes, que en gran parte menoscaban lo que no sea "científico", silenciando voces, puntos de vistas y formas de entender las cosas diferentes a las propias. Maravillosa tu experiencia en en la ONG VIDA y poder haber tenido este encuentro con otras culturas, y abrirse a buscar el dialogo para poder entenderse y comunicarse de forma genuina.

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    2. Estimado colega, me parece excelente la oportunidad que tuviste de vivir en primera persona una experiencia como la experimentada en la ONG que mencionas en tu comentario. En relación a eso, creo que pudiste de primera fuente comprobar la importancia que tiene la existencia de un mediador que, mas allá de colaborar con el idioma, podía contextualizar las situaciones y explicar quizás las costumbres de las personas a que se debían atender. De esa manera se puede incluir realmente al usuario, y emparejar el terreno de cierta manera, dándole herramientas al personal de salud para respetar las creencias del paciente y actuar en consecuencia. Me parece que esto es un modelo que se podría replicar en nuestro sistema para poder acoger de mejor manera a las personas que no pertenecen a la cultura dominante, sean estos indígenas o inmigrantes, por poner ejemplos frecuentes con lo que tenemos que lidiar en nuestro diario ejercicio.

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  12. En relación a las lecturas y vídeos de esta quincena enfocados en la cultura y salud mental, considero que es un tema prioritario e interesante de abordar, sobre todo en el contexto actual donde la globalización y diversidad cultural coexisten.
    La necesidad de que en todas nuestras atenciones realicemos una escucha activa y validemos la diversidad de saberes es clave para la atención de nuestros pacientes, ya que es sabido que esto enriquece la atención de salud e influye en la efectividad del tratamiento.
    Es esencial que los sistemas de salud sean inclusivos y respetuosos con la diversidad cultural, no solo en la atención médica, sino en todo el proceso de atención de salud. Es por ello que todo el equipo de salud debe estar educado en relación a las tradiciones culturales, creencias y prácticas de los pacientes.
    La idea de que la salud mental no puede ser entendida únicamente desde un enfoque biomédico es lo que debemos incorporar para lograr entender la importancia de integrar la cultura a las atenciones de salud. Por ejemplo, podemos integrar las prácticas de salud de las comunidades indígenas como complementarias a nuestras prácticas convencionales o contar con traductores para cuando existan diferencias de idioma entre paciente y tratante.
    Tenemos el caso de América Latina, donde en algunas comunidades indígenas los problemas emocionales se relacionan con el "mal de ojo" o desequilibrios espirituales. Lo que retrasa el inicio de los tratamientos de salud mental. Al validar y promover los saberes alternativos, podemos reconocer distintos problemas de salud y desarrollar enfoques más adaptados a las necesidades de las comunidades. Además de empoderarlas para que participen activamente en la construcción de su propia salud.
    Lamentablemente, hoy en día muchas personas indígenas no acceden a los servicios de salud mental modernos porque no están diseñados desde su perspectiva cultural, lo cual no se ajusta a un modelo de atención inclusivo, equitativo y sensible a las necesidades de las personas, que es lo que deberíamos enfocarnos en lograr.

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    1. Estimada Valeria:
      Me parece muy interesante tu comentario y concuerdo contigo en varios puntos. En primer lugar, también considero necesario que los sistemas de salud adopten un enfoque inclusivo y respetuoso en cuanto a usuarios/as que quizás se sienten identificados con una cultura diferente a la propia, o que tienen creencias que "no encajan" en nuestro modelo biomédico imperante. Respecto a ello, recuerdo que durante mi rotación de ginecología, contábamos con una facilitadora cultural de nacionalidad haitiana, pues muchas de nuestras pacientes eran de dicho país. Lamentablemente, sólo estaba contratada en horario diurno, y durante los turnos no contábamos con su apoyo, lo que dificultaba de sobremanera nuestra capacidad de poder comprender el padecimiento de la usuaria, que estaba sintiendo, qué significaban algunos sonidos que emitía, etc. Por otras parte, la actitud de la paciente también se tornaba un poco más perspicaz con el equipo de salud, pues no éramos capaces de explicarle en detalle qué procedimiento estábamos realizando, o plantearle la alternativa de escoger otro que le acomodara más.

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  13. El encuentro con la diversidad cultural constituye un desafío en entornos clínicos, pues implica distintos saberes y concepciones del mundo. Sin embargo, lejos de ser un obstáculo, la diversidad ofrece puentes para la comprensión mutua y enriquece tanto la práctica médica como el vínculo con las comunidades.

    En mi experiencia en un CESFAM de La Araucanía, he visto cómo pacientes mapuche consultan primero al machi para recibir orientación. Esta costumbre, basada en creencias ancestrales, resalta la conexión con la tierra, la espiritualidad y la familia. A su vez, cuestiona la rigidez de protocolos sanitarios que a menudo desestiman la integración de saberes locales.

    También he observado tensiones que surgen del desconocimiento y los prejuicios institucionales hacia el mundo mapuche. Cuando se aplican modelos rígidos, ignorando particularidades culturales, se profundiza la distancia entre el personal de salud y la comunidad. Esto genera desconfianza y limita la eficacia de los tratamientos, afectando la calidad de la atención y la relación con los pacientes.

    Aun así, un interés genuino por entender la perspectiva cultural de quienes atendemos facilita la comunicación. La apertura y la empatía, junto con la autocrítica de nuestras propias concepciones, permiten un diálogo fructífero. Reconocer la diversidad implica no solo aceptar las diferencias, sino integrarlas como parte esencial de una atención verdaderamente humana.

    Hoy habitamos un mundo globalizado donde las culturas coexisten y se entrelazan, lo que puede generar choques, pero también oportunidades de aprendizaje. En salud, esto cobra importancia, porque involucra prácticas, creencias y modos de cuidado que se fortalecen al complementarse. El intercambio cultural no debe verse como una amenaza, sino como una vía para abordar la salud de manera integral y sensible a contextos diversos.

    Atender a personas de distintas tradiciones exige sensibilidad y la voluntad de incluir sus narrativas en cada protocolo. Solo así el Otro se convierte en un interlocutor valioso, capaz de aportar perspectivas renovadoras. La escucha activa y el respeto mutuo consolidan una visión compartida de la salud, basada en la confianza y la colaboración. Así, la diversidad se transforma en una fuente de sabiduría y crecimiento para todos.

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    1. Estimado Ignacio, me quedo con lo que refieres en el último párrafo. Atender personas de distintas cosmovisiones no solo requiere sensibilidad, sino también un compromiso genuino de incluir sus ideas en los protocolos de atención. Este enfoque permite que el "Otro" deje de ser un mero receptor pasivo y se convierta en un interlocutor activo, capaz de enriquecer nuestras perspectivas y prácticas.
      La escucha activa y el respeto mutuo son fundamentales para construir una relación de confianza y colaboración, donde las decisiones en salud se basen en un entendimiento compartido y no en imposiciones. Personalmente, considero que la diversidad cultural no es un desafío, sino una oportunidad para aprender y crecer como profesionales y como seres humanos. Integrar estas diferencias en nuestro quehacer cotidiano nos enriquece y nos acerca a una atención verdaderamente integral y respetuosa.

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  14. A mediados del siglo pasado, el antropólogo estructuralista Levi Strauss postuló la tesis de la unidad racional de todos los pueblos y culturas, tesis que guió gran parte de sus trabajos etnográficos en donde, entre otras cosas, mostró la racionalidad del mito como un fenómeno transversal a todas las culturas en algún momento de su desarrollo, y a las relaciones de parentesco como estructuradoras de los vínculos sociales de las sociedades primitivas. Esta tesis, que el dia de hoy puede parecer una perogrullada, fue de suma importancia, ya que en parte permitió descentrar la racionalidad occidental y el predominio de sus características instrumentales, como el pináculo del desarrollo histórico de la humanidad, hecho que contribuyó a minar las pretensiones coloniales de la misma, al menos en el ámbito de la teoría.
    ¿Por qué es importante sostener esta unidad de la racionalidad humana para la perspectiva de la salud mental comunitaria? Si la racionalidad humana aparece como tal en todos los pueblos y culturas de la historia de la humanidad, al mismo tiempo que podemos constatar la diversidad de tales manifestaciones culturales, podemos entender que la apertura a la alteridad se da en un piso común, y que, por lo tanto, esta apertura hacia “los otros” tiene que darse de manera tal que no anule su singularidad. En otras palabras, el desafío que habilita un diálogo, y por ende cualquier tipo de tratamiento médico hacia aquellos que padecen dolor psíquico, es reconocer y dar espacio a la diferencia constitutiva del otro en un marco de referencia potencialmente común. En otras palabras, reconocer la multiplicidad en la unidad sin querer reducir tal multiplicidad a la mismidad (desde patrones de racionalidad propios hasta nuestro saber “experto” en tanto profesionales de la salud mental).
    Ahora bien, tal como lo plantea el enfoque comunitario en salud mental, este trato con el otro/paciente debe darse en un marco que considere, y si es necesario reconduzca, al individuo en su marco social constitutivo de su trayectoria vital. Sin embargo, para que esto no quede como una mera orientación metodológica vacía o trunca, es menester reconocer la estructuración desigual de nuestras sociedades. Por lo que cualquier consideración y trato con los pacientes debe darse en un marco que identifique, o al menos trate de hacerlo, el lugar y posición social de tal individuo, cuales son las desigualdades que operan por detrás y que determinan con diversos grados de eficacia la realidad social del mismo.
    (Continúa )

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    1. Esta unidad en la diversidad y viceversa, que es propia de la realidad cultural de cualquier individuo, que funge como ámbito que habilita la comunicación y el trato con la alteridad, no alcanza por sí misma para volver exitoso un diálogo en la diversidad. Me gustaría mencionar al menos dos desafíos que debe intentar superar para que se de efectivamente una consideración de la alteridad que reconozca y, al mismo tiempo, genere las condiciones de posibilidad para la aparición de la singularidad constitutiva de ese otro. Por un lado hay ciertos aspectos de índole gnoseológico que caracterizan el proceso mismo de conocimiento en sentido amplio. Conocer es subsumir bajo una categoría o concepto una multiplicidad de la realidad concreta. Por ej. veo un objeto frente a mi y lo reconozco como un vaso. Al hacer esto estoy reconociendo una multiplicidad de aspectos fenoménicos de ese objeto que está delante mío, y los subsumo bajo la categoría general de “vaso”. El peligro que subyace en este proceso general del conocer, es negar o no considerar los aspectos realmente existentes de aquello que se busca conocer. Todo aquello que no pueda ponerse bajo una categoría o concepto es negado o rechazado. Por otra parte, se puede caer en considerar que aquellos aspectos que efectivamente son subsumidos en un concepto son exhaustivamente constitutivos de la singularidad de eso otro (en el ámbito de la salud mental esto se puede ver cuando reducimos la multiplicidad constitutiva de una persona a un conjunto de síntomas o a una enfermedad determinada). El segundo peligro tiene en parte que ver con lo anterior, mas no se reduce a él. Me refiero a la dialéctica cosificante de la otredad del paciente y de la mismidad del profesional. Para poder tratar a un paciente se busca aislar y reconocer ciertos síntomas que pueden ser signos de un trastorno o padecimiento mental con el objetivo de poder lidiar con los mismos, sea farmacológicamente, con terapia psicológica, con apoyo social, etc. Al hacer esto, muchas veces se da el fenómeno que ese conjunto de síntomas o el diagnóstico de una enfermedad determinada, tanto para el paciente como para los demás, se transforma en una etiqueta que totaliza bajo sí a toda la realidad individual del paciente, generando un proceso de extrañamiento y alienación de sí mismo. Por otro lado, muchas veces, nosotros en tanto profesionales aparecemos como los portadores de un conjunto de saberes y técnicas sancionadas socialmente como las adecuadas para el tratamiento de los trastornos mentales, borrándose en pos de una neutralidad axiológica y epistemológica, nuestra individualidad como seres humanos más allá de nuestra figura de profesionales de la salud mental. La cosificación de la subjetividad se da en ambos polos de la relación profesional/paciente al mismo tiempo que se personifican y adquieren carácter de sujeto cosas en la relación conocimiento médico/trastorno mental.

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  15. Las lecturas y el material audiovisual abordado en esta sesión proponen quizá el tema más amplio tratado en lo que va del curso. Y es que la cultura, eje central de esta discusión, ha sido un denominador común dentro de todos los temas cotejados previamente; ya sea como facilitador o como piedra de tope para las distintas problemáticas planteadas desde nuestra área de interés. En esta ocasión, se nos propone ahondar en la faceta social de la cultura y cómo ésta determina la forma en que nos encontramos y relacionamos.

    El encuentro humano en la diversidad no sólo es posible, sino que ocurre permanentemente frente a nuestros ojos. Sin embargo, las formas de integrar esta diversidad atienden casi siempre dinámicas de poder, jerarquías en donde una minoría acata y se adapta. Aquello disuelve el carácter de “encuentro” entre las diferencias, mutando a situaciones desde interacciones someras a relaciones de subyugación: en lo social, en lo sanitario, en lo educativo. Visualizamos la diversidad, damos cuenta de las interferencias en nuestra integración, pero las medidas que tomamos para sortearlas suelen generalmente ser insuficientes. Llévandolo a lo concreto, mi experiencia como general de zona en APS por 6 años ratificó justamente esta insuficiencia en múltiples aspectos, siendo quizá la más latente, el creciente número de población haitiana que llegó a nuestro país y pasó a ser usuaria de nuestro sistema público de salud. Esta falta de integración es cotidiana, diaria, se palpa en la deficiencia de la atención que reciben estos usuarios no sólo desde las limitaciones idiomáticas sino sobretodo desde lo cultural; desde la completa omisión del cómo ellos entienden su propio cuidado de la salud. Fenómeno que comparte el mismo núcleo, pero con otro desarrollo totalmente distinto, al que vive el pueblo mapuche, que bien pone de manifesto en algunas aristas el video de UPLA.

    Dentro de las lecturas, Chul-han abre un interesante concepto en su texto sobre la hiperculturalidad, y que resuena particularmente con la última interrogante planteada para la discusión. ¿Cómo atendemos el sufrimiento humano desde la diversidad cultural? La hiperculturalidad, esta amalgama de conocimientos, tradiciones y nociones que, gracias a los fenómenos de globalización y el acercamiento comunicacional, comienzan a gravitar y situarse como culturas flotantes, sin tierra ni pertenencia, en cierta forma crea un nuevo espacio sobre el que trabajar. La posibilidad de acceder al conocimiento de formas tan expeditas como las actuales acerca inherentemente las culturas; facilita la interacción. La importancia radica entonces, en transformar en virtud este acercamiento.

    Lamentablemente, muchos de los caminos explorados a través de la globalización que han derivado en proyectos gubernamentales o iniciativas más locales reducen la interculturalidad estrictamente a medidas o ideas relativamente inclusivas pero que en su aplicación sostienen con más fuerza las dinámicas de poder preexistentes, fenómeno bien ejemplificado en el podcast de radio Clacso. Que la tecnología nos permita encontrar maneras más altruistas y sensatas de fundir nuestras culturas ha de ser una tarea a cumplir para esta generación y las por venir, para que la interculturalidad deje de ser un concepto conflictuante de definir y se transforme, en el papel, en una aplicación efectiva de la integración de la diversidad cultural.

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  16. El material propuesto para este período, tanto a nivel de lectura, así como en su formato audiovisual, es bastante amplio, sin embargo, trata de manera bastante interesante temas como la interculturalidad, o el encuentro humano como un eje fundamental en el choque de culturas diferentes, y todo lo que eso conlleva, como el enfrentamiento de ideologías, costumbres, identidades, etc. La cultura como tal se ha manifestado, de esta manera, como un potenciador en algunas oportunidades, pero también como un obstáculo en otras, en donde no facilita el enfrentamiento con otro ser que ha contado con un entorno o identidad diferente, en la cual ha crecido y por la cual ha sido influenciado.

    En relación al encuentro humano, se considera como algo constante dentro de nuestra realidad, pero históricamente la manera de integrar o acoger a las minorías ha sido en realidad una relación de subyugación, en donde quienes estén menos favorecidos por el poderío, la fuerza o creencias, terminan casi siempre sometidos ante la cultura mas favorecida, y terminan generalmente adoptando sus costumbres, pero de una manera forzosa y que implica todo lo anterior. Si tomamos esto en cuenta, el término de “encuentro” no sería el mas adecuado, sino que más bien se transforma en un proceso forzado de adoctrinamiento, en donde el que está más desvalido asume que para mejorar su situación debe mimetizarse con la mayoría, para no ser parte de las tendencias que ya fueron poco valoradas por la cultura preponderante que impuso sus costumbres e identidad.

    Dentro de la realidad nacional estamos sometidos a un proceso de globalización, en donde no se favorece la interculturalidad como tal, sino que se intentan preservar únicamente algunas costumbres y espacios asociados a la población indígena minoritaria, por ejemplo, y que finalmente termina, en estos mismos espacios que se quieren proteger, imponiéndose el poder mayoritario y de quienes tienen la posibilidad de gestionar estos cambios según su visión, y por lo tanto, influenciados por su cultura y no necesariamente por la de las personas que pertenecen a las minorías que se desean representar; esto es fiel reflejo de lo estudiado, ya que incluso en situaciones en donde se desea preservar la interculturalidad, se genera de manera secundaria una subyugación propia del proceso, y que obedece a la realidad expuesta y señalada en el material estudiado.

    En base a mi experiencia, puedo señalar que mientras estaba en pregrado no se nos formó respecto al respeto por las diferentes culturas, o como brindar atención a personas de otras nacionalidades en un contexto en el que la migración era una constante para nuestro país, o al menos no con el énfasis que merece un tema de tanta relevancia. Muchas veces en el ejercicio profesional se ha tenido que improvisar sobre la marcha con pacientes que no hablaban nuestro idioma o incluso con otros que estaban acostumbrados a otro tipo de atención en su país de origen. En ese sentido, la mayor parte de las veces eran los mismos usuarios que tenían que adecuarse al sistema, sino no podían ingresar a él y acceder a la atención como tal. De esta manera se ejerce presión ante los menos favorecidos, las minorías, incluso en algo tan necesario como lo es salud. Si bien se han hecho esfuerzos para disminuir la brecha con los pacientes inmigrantes, me parece que hacerlo parte de la formación fundamental del profesional de salud sería un gran paso hacia una atención que favorezca el respeto en un encuentro humano intercultural.

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  17. La invitación de este módulo, a pensar las relaciones humanas en su diversidad, me parece relevante para un ejercicio ético de la medicina y de las prácticas de salud mental.

    Creo que, si bien, la cultura homogeniza costumbres, conductas, narrativas y formas de entender el mundo, esto representa un sostén simbólico sobre el cual emergen y se dinamizan individualidades heterogéneas que no se agotan en lo "dado". Lo otro es inagotable, es común olvidar este hecho. Se asume, muchas veces, que se conoce al otro como se conoce un objeto, permitiendo se manipulado y predecir sus dinámicas. Esto es un equívoco que juega en contra de la diversidad, y norma las formas de ser bajo estándares determinados. Esto aplica para las relaciones entre personas de la misma cultura, pero se amplifica y se agudizan las contradicciones cuando se trata de culturas distintas.

    El concepto de la interculturalidad emerge en la búsqueda de un diálogo entre "otros" que no comparten la misma red simbólica. Sin embargo, las críticas que encontramos en los materiales de éste módulo resultan pertinentes dado que este concepto no sólo se presta para el diálogo. Según Enrique Eroza-Solana y Mónica Carrasco-Gómez, la noción de interculturalidad puede caer en un reduccionismo acrítico que no aborda las complejidades estructurales y asimetrías de poder que se ocultan en estas relaciones. Se puede, así, instalar un dispositivo intercultural que, lamentablemente, queda subyugado al sistema de salud hegemónico, técnica y epistemológicamente hablando. El término "terapias complementarias" es un buen ejemplo de lo anterior, donde una práctica de salud ancestral local se puede convertir en "apoyo" para una "verdadera medicina", basada en la epistemología cientificista.

    Aquí las críticas de Angel Martínez-Hernáez y Martín Correa-Urquiza llevan a la reflexión sobre la posibilidad de posicionamientos más justos, horizontales y respetuosos de la diversidad. En este artículo se expone cómo los sistemas de salud están regidos por la postura biomédica, poniendo a otras disciplinas en un rol subsidiario o complementario a la medicina, con un "peso" de conocimiento menor. Tal jerarquización está relacionada a posturas políticas, no es simplemente un hecho de gestión técnica de centros de salud. Esta relación vertical de los saberes oscurece otros conocimientos que surgen del pluralismo y procesos intersubjetivos no hegemónicos. La búsqueda por saberes que surjan del encuentro entre "otros", siendo permeables, flexibles y adaptables a las circunstancias, parece ser un enfoque más inclusivo, al pensar proyectos de salud mental colectiva.

    Hace poco tuve la oportunidad de participar en la II Jornada de la red chilena de antropología de la salud, donde se tocaron estos y más temas. Una de las preguntas planteadas me pareció valiosa para recordar: ¿cómo realizar investigación antropológica, de manera tal que el resultado del esfuerzo sea valioso para la comunidad estudiada? Esta pregunta es una crítica a una suerte de "extractivismo" de conocimiento que puede surgir de la academia frente a pueblos y culturas, y refleja la intención de posicionar la antropología en un rol mediador entre la institucionalidad y las comunidades de forma dinámica y retroalimentada. Esto me hace pensar en la importancia de las intervenciones situadas, atentas a las necesidades y problemáticas actuales.

    Tal vez lo que más me interesa de esta discusión, es la posibilidad de entender a los usuarios diagnosticados con trastornos psicóticos, como individuos diversos, movidos por otras formas, no hegemónicas, de conocimiento humano, más allá de una lectura logocéntrica de la merma y discapacidad. En mi experiencia, creo que un ejercicio clínico ético, no violento, requiere de una postura horizontal, que busque el encuentro situado con un otro inagotable, desde donde emerjan horizontes compartidos que sirvan de sostén para la construcción de mundos en común.

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    1. Estimado Felipe,
      Me parece acertada tu lectura sobre el rol de lo cultural como un sostén simbólico, sobre el cual se asientan las singularidades "inagotables" del ser otro. A partir de esta "interculturalidad crítica" concuerdo que es desde donde se debe buscar una co-construcción realmente empática y horizontal. De modo contrario, una lectura superficial nos puede llevar a una visión no solo sesgada y reduccionista sino condescendiente desde nuestra vereda biomédica, lo que finalmente genera distancias y el quiebre de cualquier posible vínculo terapéutico.

      Me parece súper interesante también la problemática abordada en la jornada que mencionas. Justamente una de las críticas que a veces se hace desde las comunidades a la academia es justamente la visión "extractivista" del conocimiento no bilateral. Recuerdo por ejemplo, a un facilitador intercultural de una localidad donde trabajé, que me mencionó esta distancia de su comunidad en particular con los grupos de antropólogos que conoció (lo cito: "Solo nos observaban, anotaban y se fueron sin ayudarnos en nada") hay parece ser una distancia, que se debe subsanar nuevamente con la horizontalidad y la cooperación, involucrando el sentir de las comunidades donde se desenvuelven.

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  18. Respecto al tema asignado para esta quincena, me parecen muy sensatas las palabras introductorias de la profesora Tania Solar, pues nos invita a reflexionar sobre un tema que pocas veces es abordado en nuestra malla curricular: la interculturalidad.
    Respecto a su primera pregunta guía sobre qué significa el encuentro humano en la diversidad, debo decir que, para mí, es el acto de relacionarme con un/a otro/a que ha crecido en una sociedad y cultura diferente a la mía, y por ende, su paradigma sobre la vida, el conocimiento, la muerte, el padecimiento, y muchos otros aspectos que nos movilizan como especie humana, difieren mucho de los míos. Un ejemplo de ello es una situación que me ocurrió hace algunas semanas en mi práctica clínica. Acudió a un ingreso un joven de nacionalidad haitiana, que consultaba ambulatoriamente posterior a una hospitalización. Al ahondar en su historia, aparecían relatos sobre eventos sobrenaturales, pero atribuidos a la magia negra, creencia muy común en su cultura. En ese momento entendí que yo no era la persona idónea para evaluar si realmente estos síntomas correspondían o no a un episodio psicótico, pues existía una gran brecha cultural entre nosotros, que no me permitía comprender a esa persona en su totalidad. Fue en ese contexto que, dentro de lo posible, intentamos aunar puntos de vista que nos hicieran sentido a ambas partes, logrando llegar a un consenso en el enfoque terapéutico. Sin embargo, como plantea la profesora, resultó ser un encuentro humano en la diversidad, y de paso, responde a una de sus preguntas guía: ¿es posible pensarnos en el ejercicio atendiendo procesos de sufrimiento humano, con personas que tienen una tradición cultural distinta a la nuestra?
    En ese mismo sentido, concuerdo totalmente con las reflexiones planteadas por los autores Eroza y Carrasco en su texto “La Interculturalidad y la salud", pues plantean que existen múltiples dificultades en la implementación de la interculturalidad en el ámbito de la salud, por ejemplo, conflictos en torno a los diagnósticos y tratamientos en contextos socioculturales diversos. Lo anterior se debe, en parte, a que los manuales diagnósticos han sido desarrollados por y para un porcentaje muy pequeño de la población mundial, que generalmente corresponde a la que concentra el poder.
    Lo anterior, se relaciona en gran medida con las reflexiones planteadas por la Psicóloga Margarita Becerra en su texto “¿Y el lugar de la cultura en la salud mental?”. En dicho texto la autora propone que muchas de nuestras concepciones actuales sobre la salud, provienen del modelo de atención de salud Europeo, asociado con la colonización y la noción de "civilización" promovida por la Ilustración. Se tenía la concepción de que los grupos colonizadores imponían su forma de atención en salud como un medio para llevar el progreso a las sociedades "menos evolucionadas". Sin embargo, lo anterior se llevó a cabo de manera violenta e irrespetuosa, menospreciando las prácticas de salud tradicionales de las civilizaciones autóctonas, las que son nombradas en el texto como “el otro culturizado".
    En cuanto al cuestionamiento sobre qué limita o lesiona el encuentro con otros y otras, considero que es indispensable remitirnos al texto del autor Kapuscinski. En este se plantea que el encuentro con otros ha sido históricamente algo esencial para la humanidad. Desde sus inicios, los seres humanos se han visto enfrentados a otras tribus, y han tenido que decidir si atacarlas, ignorarlas o comprenderlas en un afán de alianza y reciprocidad. Por ende, el encuentro con otro estaría gravemente dañado si ambas partes no son capaces de reconocerse mutuamente como entidades diferentes, pero igualmente válidas y dignas de respeto. Este intercambio cultural fue necesario para lograr progresos como mercados, rutas comerciales y santuarios. Kapuscinski propone que el diálogo y la bondad son la clave para entender al nuevo “otro”, cuya relación con nosotros está por definirse en un mundo de grandes oportunidades y desafíos.

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    1. Estimada Camila:
      Me parece muy interesante el caso que comentas sobre el paciente de nacionalidad haitiana que debiste atender. Tal como mencionas, la interculturalidad no es algo que se encuentre en la malla curricular de nuestras carreras. Tal como se menciona en el texto de Margarita Marcía Becerra, venimos de una formación normativizada en la que tendemos a definir y categorizar las patologías como universales a todo tipo de poblaciones y cuando nos enfrentamos a alguien de otra etnia, más aún con la barrera idiomática, tendemos a llevar la entrevista a lo que sabemos o nos acomoda más según nuestro expertise. Esto nos hace replantearnos nuestro saber e inevitablemente buscar en el encuentro con el otro respuestas, consensos y formas de trabajo a las que no estamos acostumbrados.

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  19. Nos encontramos finalmente con uno de los temas a mi juicio más complejos y necesarios de abordar del curso. Me es irresistible iniciar mi reflexión primero compartiendo mi experiencia clínica en el Hospital Comunitario Intercultural de San Juan de la Costa Füta Srüka Lawenche Kunko Mapu Mo (“la gran casa de sanación del pueblo de la región del Kunko”), ubicado en un sector rural costero de la región de Los Lagos. En este lugar, pude apreciar el fuerte sentido de pertenencia cultural de la comunidad huilliche del sector, viendo al hospital también como un espacio de sanación espiritual. En la práctica, el diálogo intercultural se institucionalizó tal como menciona Solana y Lerín, abordándose la interculturalidad desde la propia concepción del espacio físico-material, con una sala pensada para rituales de sanación, la suma de saberes que se complementan al servicio de la comunidad, a través del trabajo mancomunado de ésta, el servicio de salud, el equipo intercultural y la lawentuchefe (quien por cierto pasaba visita en hospitalizados, dejaba indicaciones y formaba parte del equipo de trabajo). Me pareció que la figura más destacable, recaía sobre el rol del facilitador intercultural, quien no solo veía el flujo de usuarios derivados o contraderivados, sino que se preocupaba de aspectos sociales, comunitarios incluso georreferenciales (las visitas domiciliaras eran en cerros) y sobre todo de resolver los posibles problemas comunicacionales que en este “diálogo” intercultural podían aparecer.

    Este diálogo me parece el punto central que nos convoca. En lo personal, creo que la institucionalización tiene muchos puntos fuertes, y ha logrado en cierta medida su cometido, pero también hay que considerar los matices y riesgos inherentes a su implementación material.

    Me hace mucho sentido en este punto, el alcance de Becerra, y también lo mencionado en el podcast de CLACSO a partir de la necesidad de evitar los reduccionismos culturales, como si de una etiqueta “etnia” se tratase a la hora de realizar una evaluación clínica, por ejemplo, desconociendo las continuas tensiones dinámicas e históricas entre y dentro de cada cultura. Una lectura superficial de la “culturalidad” nos conduciría a una estigmatización que inevitablemente genera distanciamiento y rechazo a la alteridad en un punto, simplificar al otro a una mera etiqueta de su cultura y también ojo, al no considerar aspectos negativos o posibles conflictos presentes (he aquí lo más problemático de abordar muchas veces).
    Por eso me parece importante abordar el concepto de “interculturalidad crítica”, hacerse cargo de las diferencias con respeto y diálogo, no olvidando en nuestro quehacer clínico que el sujeto/paciente/otro, corresponde a un ser más complejo y dinámico que la cultura de la que forma parte (sin desconocerla). Donde ésta influye como un factor importante, pero no determinante, (citando a Correa-Urquiza).
    El encuentro con el Otro es siempre un proceso único, singular y en el que se ponen en juego tanto los aspectos culturales, sociales, políticos, biológicos, psíquicos e interaccionales, tanto del tratante como del paciente. El primer paso y más importante para el respeto y la validación del sentir experiencial del otro es desnaturalizar la propia cultura y su relación con otro, buscando comprender activamente cómo esta cultura hegemónica incide en su vida a la vez que interacciona con sus propios saberes, sentires y espiritualidad, como dimensiones de una cosmovisión particular y muchas veces se ve discriminada ante el saber epistémico biomédico tradicional.

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    1. (continua) La hiperculturalidad mencionada por Byung-Chul Han en su amalgama de saberes, tradiciones y modos de vida parece ser entonces, una vía a considerar, si queremos construir alternativa a un proceso colonizador cultural. Ese me parece, además, un buen mensaje a rescatar de la película “El Abrazo de la Serpiente”, a medida que se van conociendo y aceptando culturalmente los personajes a lo largo de su viaje, es cuando realmente llegan a su destino: No se trata de competir o de colonizar, se trata de dialogar y aprender con respeto entre nosotros.

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  20. Muy interesantes los artículos, videos y película de estas semanas en relación a la interculturalidad. Me gustaría partir reflexionando acerca del encuentro con el otro ya que me parece que desde ahí parte la idea de una interculturalidad aplicable a la salud y sobretodo a la salud mental, en ese sentido siento que el núcleo de las cuestiones o vertientes políticas, sociales y culturales en torno a la interculturalidad nacen del ponerse en los zapatos de un otro, quizás un poco despojándose de la idea de totalidad de uno mismo como ente más válido de poseer y habitar este mundo y de esta forma dar inicio al rito de encaminarse en validar y aprender acerca del otro, conocer las costumbres, el lenguaje y estilo de vida llegando a experimentar en carne propia la cultura del otro. Y visto esto como un proceso y explícitamente como diálogo intersubjetivo entre dos sujetos que van entretejiendo una relación y respeto mutuo que finalmente decanta en aprendizaje para ambos. Ahora si miramos nuestra historia como humanidad y vemos la violencia que ha implicado el encuentro de dos mundos lamentablemente se aleja de la descripción casi utópica que planteo, pero me parece que tarde o temprano aprendemos, casi como ensayo-error, nos intentamos encaminar a esta idea de trabajo intercultural y espero que se vea reflejado tanto en las políticas en torno a salud como en mi experiencia futura en salud mental.

    En relación a interculturalidad y salud me parece destacable aunque sea difícil de definir se plantee como una interacción entre medicina tradicional indígena y occidental, a modo de complemento para la resolución de problemáticas de salud mediante el logro de una mayor receptividad, por parte de los pueblos indígenas, a la atención proporcionada las instituciones sanitarias, a la vez mediante el logro de un trato más humano y eficiente de los profesionales de la salud hacia los miembros de estas poblaciones, sin que se excluyan los conocimientos y prácticas indígenas de atención. Esto implica una fina reciprocidad entre ambas partes y una entrega sincera de ambas para un aprendizaje común. Aunque esta idea no está exenta de peros, donde se podría desprender de esta idea la pretensión a la larga de una homogeneización para convivir dentro de un contexto global, ajustado a una sola lógica de progreso, legitimando abordajes hegemónicos y colonizadores en conformidad con intereses políticos y económicos. Es por esto que hay que trabajar equilibradamente y propender al respeto y legitimación de la cultura desde las instituciones hacia las minorías étnicas evitando sobretodo la violencia y el maltrato.

    Con respecto al encuentro humano en la diversidad personalmente me tocó experimentar en un ingreso reciente al policlínico del hospital barros luco de una paciente gitana que tenía muchos estresores psicosociales y fácilmente se podría haber confundido con una depresión clínica, recuerdo que estaba atravesando el duelo de un familiar muy cercano a ella, además estaba viviendo en condiciones de pobreza que la afectaban un montón y no dominaba completamente el idioma. Al atenderla me encontré con que yo no tenía completamente desarrolladas las herramientas para poder ayudarla, primero porque existía una barrera idiomática importante y segundo porque sus quejas iban más allá de una atención de salud mental común en la cual un fármaco puede ayudar bastante, en este caso la mirada tenía que ser sobretodo psicosocial o sea el mejorar su nivel económico, el establecer una mayor red de apoyo, poder vincular a la familia y establecer grupos de apoyo en atención primaria era la mejor alternativa para ella, también hubiese sido más adecuado la presencia de un facilitador para entender completamente sus quejas y poder brindar una mejor atención.

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    1. Finalmente en relación a la película “El abrazo de la serpiente” de Ciro Guerra, me pareció una excelente película, la disfruté mucho, me parece que retrata muy bien el concepto de “encuentro entre dos mundos” y explícita de buena forma esa dualidad o ying-yang que existe entre lo bueno del ser humano al querer ayudar al otro y a su vez lo malo que existe en torno a la agresividad y violencia que puede significar el adentrarse en la cultura de un otro que se desconoce (refiriéndome al chamán que efectivamente ayudaba pero que tenía momentos violentos, incluso con otras culturas). Encontré muy bonito el hecho que la película traspasa y hace reflexionar acerca del tiempo, en que tras 40 años luego de los eventos iniciales el chamán logra rescatar 1 yakruna y finalmente salvar al extranjero.

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    2. Francisco me parece muy acertada tu reflexión acerca de la interculturalidad y lo clave que es al aplicarla a la salud mental. La idea de despojarse de la totalidad de uno mismo y abrirse al aprendizaje mutuo es fundamental, especialmente en contextos donde las diferencias culturales son marcadas. Tu observación sobre la película "El abrazo de la serpiente" es también muy interesante, ya que refleja esa dualidad entre el deseo de ayudar y la violencia implícita en el desconocimiento del otro. Además, comparto tu visión de que la interculturalidad en salud debe implicar una interacción respetuosa entre las medicinas tradicional e indígena y la occidental, evitando caer en la homogeneización y el colonialismo. Finalmente, el caso de la paciente gitana que mencionas es un ejemplo claro de cómo las barreras idiomáticas y los factores psicosociales pueden ser determinantes en la atención en salud mental, destacando la importancia de la mirada integral y el apoyo comunitario. Sin duda, es un buen ejemplo de cómo la interculturalidad debe ser un proceso dinámico y adaptativo en la práctica clínica.

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  21. Teniendo en cuenta el amplio material de estudio administrado tanto en lecturas como audio visual pude concluir que la interculturalidad crítica en salud mental busca articular saberes y prácticas diversas en contextos de desigualdad histórica y cultural, promoviendo un diálogo equitativo entre conocimientos tradicionales y científicos. Este enfoque desafía las estructuras hegemónicas que homogenizan categorías y protocolos, proponiendo herramientas como la etnografía para integrar perspectivas culturales y sociales. La globalización, aunque transforma las culturas en redes dinámicas, plantea tensiones entre la diversidad y la estandarización, requiriendo una reflexión ética basada en la empatía y el respeto mutuo. Ejemplos como la integración de medicinas indígenas y occidentales, o el trabajo con comunidades migrantes, evidencian la importancia de contextualizar históricamente las prácticas de salud y reconocer la riqueza de los saberes ancestrales. Obras como "El abrazo de la serpiente" muestran cómo el colonialismo ha afectado estas culturas, destacando la necesidad de rescatar su conocimiento en armonía con la naturaleza. Este enfoque intercultural es clave para superar desigualdades y construir nuevas formas de convivencia que valoren la diversidad y permitan un abordaje inclusivo de la salud mental en un mundo plural.
    Ya he contado muchas veces sobre mi experiencia previa sobre este tema como mi experiencia realizando la especialidad en un territorio mapuche, y como aceptamos el aporte de estos antes los manejos médicos; pero aquí lo importante es que estas lecturas nos insta a seguir integrando la cultura del paciente en el tratamiento, considerando sus saberes y experiencias, y adoptando un enfoque más inclusivo y respetuoso.

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  22. Cuando uno lee o escucha sobre algo relacionado con la “interculturalidad”, especialmente a nivel de políticas públicas, programas de salud u otros, lo primero que viene a la mente es una idea o sensación de algo “bueno, necesario, algo que debería ser”, pero sin una comprensión clara de qué significa exactamente el concepto, cómo se aplica y si es efectivo en lograr lo que se propone, considerando las condiciones estructurales de los grupos a los que está destinado. Mucho menos, solemos reflexionar sobre lo que piensa o siente la contraparte; asumimos que con solo tener la “deferencia” de considerar al otro, ya hemos cumplido con la tarea.

    “El encuentro entre la interculturalidad y la salud: reflexiones desde la experiencia” nos aclara de inmediato que el concepto nace no desde la comprensión y convivencia, sino desde el objetivo de alcanzar cambios estructurales en las instituciones coloniales a través de la diferencia y la particularidad, para luego generar nuevas vivencias. También nos muestra las dificultades que surgen en el encuentro entre la medicina occidental y la medicina tradicional. Los programas que muchas veces incorporan esta perspectiva de interculturalidad lo hacen más como un cumplimiento de una norma o política que como una verdadera convicción. Aquí surge una crítica directa: ¿cuánto realmente validamos el saber del otro, o directamente al otro? Habitualmente nos posicionamos desde el saber hegemónico, desde la Medicina basada en la evidencia como el único conocimiento válido. Todo lo demás pierde validez. Y en la práctica, en el encuentro con el otro, no solo sus creencias pierden validez y sentido, sino también la persona misma. Aparece, como mencioné al inicio, el “buenismo”, la condescendencia paternalista o incluso el maltrato directo.

    La pertinencia cultural se presenta como fundamental en las políticas públicas, así como la capacitación de los distintos actores involucrados para evitar perpetuar estereotipos estigmatizantes, adoptando una actitud abierta y sensible hacia las comunidades, y para poder retroalimentar a los gestores de estas políticas. Esto se detalla bastante bien en el texto “Antropología y salud intercultural: desafíos de una propuesta”, donde los autores, a partir de su experiencia y estudios, describen las distintas figuras que deberían intervenir en las relaciones interculturales (facilitador, multiplicador, capacitador, etc.). En algunos lugares donde he trabajado, como CESFAM u hospitales, existen facilitadores culturales principalmente para la población haitiana, quienes desempeñan un papel crucial para poder comunicarnos con estos pacientes. Sin embargo, este recurso es limitado y solo nos ayuda en lo más básico de la comunicación, entendiendo algunos síntomas y problemas sin poder llevar la atención a un nivel más complejo.

    También destaco que se mencionan varios factores que afectan a la persona, como el idioma, los significados que se otorgan a las dolencias, las entidades o incluso al mismo cuerpo, aspectos que debemos considerar como posibles tratantes. Aquí surge otra situación importante: si esto es algo desconocido para nosotros y no contamos con una capacitación adecuada, debemos posicionarnos desde la curiosidad, la comprensión, la inexperiencia, la escucha activa, y no desde una postura de superioridad.

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    1. En “Un saber menos dado: nuevos posicionamientos en el campo de la salud mental colectiva”, se plantea la importancia del asombro, el pensar y repensar desde el encuentro con el otro, y de la incerteza como vía de conocimiento. En la práctica clínica, nos enfrentamos a situaciones en las que es crucial este encuentro con el otro para lograr una alianza terapéutica y trabajar en objetivos que tengan sentido para el paciente, en contraste con intentar imponer nuestros puntos de vista y el saber técnico. No solo en pacientes de otra nacionalidad o etnia, sino también en aquellos que provienen de realidades socioculturales distintas a las nuestras. Destaco algo que se menciona y que muchas veces olvidamos: lo realmente evidente en el campo de la salud es el sufrimiento.

      El texto *¿Y el lugar de la cultura en salud mental? Una lectura crítica desde la clínica* nos invita a reflexionar sobre el impacto del universalismo en la salud mental, entendiendo que, desde nuestra formación profesional, nos enseñan a seguir un lineamiento y una corriente continua de tratamientos y categorizaciones que no dejan espacio para la excepción. Intentamos reducir las patologías (y, por ende, a las personas) a un espacio que encaje con lo enseñado, con lo “universal”. Buscamos la adaptación del otro a nosotros, sin permitir que la persona influya en lo que haremos.

      Al vincular esto con el texto *El encuentro con el otro* de Ryszard Kapuściński, se señala: “Su problema fue cómo abordar al Otro. No como una entidad exclusivamente hipotética y abstracta (lo que se hace habitualmente), sino como una persona de carne y hueso, perteneciente a otra raza, con creencias y valores diferentes de los nuestros, y con costumbres y cultura propias”.

      En relación con los videos y el podcast, quiero destacar algo que me llamó poderosamente la atención sobre la visión Aymara de la Medicina Integral, la cual no solo trata al paciente, sino que también se preocupa de cómo afecta su familia y comunidad, adoptando un enfoque preventivo. Se menciona el saber ser y sus principios, donde se incluyen hábitos de vida saludables, como el ejercicio y una nutrición adecuada.

      Desde mediados de los años 90 y, especialmente, desde los 2000 en adelante en Estados Unidos, la Medicina del Estilo de Vida ha ganado terreno en el mundo, llevando muchos principios que se suponían adecuados o saludables, pero ahora respaldados por estudios y evidencia robusta de su eficacia. Esta área de la medicina me resulta muy relevante, y hace algunos años me certifiqué internacionalmente, lo que me ha permitido aplicar estos conceptos a los pacientes en el contexto clínico.

      Al estudiar esta área de la medicina y la “novedad” que supone para muchas personas (incluso médicos), el hecho de que estos principios sean milenarios y practicados por distintas etnias, sin contar con estudios formales, pero como se menciona en uno de los videos, el hecho de perpetuar lo que funciona y transmitirlo a las siguientes generaciones, me hace reflexionar sobre lo importante que es valorar el conocimiento del otro desde su contexto. Esto genera un encuentro con ese espíritu de búsqueda, de sorpresa, desde la lateralidad y permeabilidad que se mencionan en el texto de Ángel Martínez, para así crear un nuevo entendimiento que pueda desafiar lo hegemónico.

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  23. La lectura de estas semanas, así como el material audiovisual, entrega múltiples conceptos, abordajes y perspectivas de cómo se dan la interculturalidad, salud y etnografía. Pero quisiera rescatar una frase de los textos "La cultura se desvincula de los códigos biológicos y de la tierra, intensificando su propia culturalización" lo atraigo hacia mi vida personal y laboral, mis padres son originarios de una comuna de la Araucanía, por motivos laborales, migraron a la capital, donde nací, crecí, tuve mis primeras creencias, para luego en la adolescencia retornar al Sur, sentirme absorte de una cultural desconocida, de creencias, incluso un tipo de medicina que desconocía completamente, empezaron preguntas y cuestionamientos, de porque no lo supe antes, ya que era un mundo super místico y sin querer nacía la curiosidad, debido al deseo desde muy pequeña de estudiar medicina y al llegar a una comunidad indígena y encontrarme un parecido físico a mi bisabuela que no conocí y que desempeñaba en la comunidad el rol lawentuchefe (practica medicina mapuche con el uso de hierbas medicinales), que de paso fue la partera de la zona, luego al querer investigar, resulta mi beca de estudiar medicina en el extranjero y comienza mi contacto con múltiples personas de diferentes países, algunos de origen étnico de sus países y el orgullo de contar sus historias y resuena la frase, ya que mi origen biológico es mapuche, pero nunca he aprendido el idioma por ejemplo, debido a que también mi familia presento migraciones y yo entrando a la madurez, me voy del país por 7 años a formarme como profesional, pero fui educando, fue contando las historias que me contaron y con el paso del tiempo se fue formando mi propia traducción de cultura, con la inducción y formación occidental. Queda una enorme brecha en la cual trabajar; en ocasiones no sirve juzgar o criticar el pasado de antiguas dinámicas de desigualdades, sino que está el arduo trabajo de avanzar en políticas públicas de mejora. Poco a poco en el país se crean hospitales interculturales, pero faltan los puntos de encuentro de debate, de opiniones de los trabajadores de ambas medicinas. Tengo una experiencia muy particular trabajando en mi Cesfam: un paciente de 90 años, recuerdo tan bien su nombre, don J.C., paciente rural, que ingresa saludándome en mapudungun. Me empieza a hablar y yo no entendiendo nada, y me habla su nieta: "¿Usted habla mapudungun?". Respondo cordialmente: "No". Me contesta la nieta que don J.C. solo habla mapudungun y que a ella también le dificulta el idioma, que creyeron que por mi apellido podría entender. En los primeros días de trabajo, acudo a preguntarle a mi colega médico de al lado y me dice: "Ve a la oficina intercultural, trabaja una señora, ella te ayudará". Hasta el día de hoy le agradezco, ya que ella fue la intérprete perfecta. La paciente venía por un cuadro respiratorio, pero sin la ayuda de la asesora intercultural, hubiese sido imposible la comunicación y asistencia médica para el paciente. Así que en ocasiones hay intervenciones, hay un trabajo, pero siempre hay que trabajar en la mira de ir extendiendo la interculturalidad; en el país no existen solo mapuches, sino que hay una gama de culturas étnicas y algunas con su dialecto propio. Fueron personalmente lecturas agradables, que traen recuerdos, y quisiera terminar con esta cita de las lecturas. "Para juzgar algo, hay que estar allí." (CETR, sobre Malinowski)

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    1. Estimada Jocelyn:
      Agradezco que compartieras tu experiencia y esta especie de reencuentro que tuviste con los orígenes de su familia, sobretodo con este paralelismo que existía con tu bisabuela. Además de la importancia de los facilitadores culturales que muchas veces se obvia.
      Y estoy de acuerdo respecto que en realidad no hay mucho flujo de información entre las personas pertenecientes a pueblos originarios y los profesionales de salud, que puede deberse por falta de instancias, falta de recursos, resistencia por ambas partes o desinterés. La tarea que nos queda es tener este enfoque intercultural, considerando el sistema bioecológico más allá de lo biologicista, integrando el conocimiento, cosmovisión, cultura y tradiciones con la medicina occidental, empoderando de cierto modo a las comunidades.

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  24. El texto original destaca la problemática de la supremacía de un único paradigma en salud mental, a menudo de origen occidental, que ignora otras formas de conocimiento y cura provenientes de diversas culturas. Esta visión limitada no solo restringe la comprensión de los problemas de salud mental, sino que también excluye a poblaciones migrantes, al no considerar sus creencias y prácticas culturales.

    Por otro lado, los textos introducen el concepto de hiperculturalidad, que describe la interconexión y fusión de diversas culturas en el mundo globalizado. Esta realidad plantea tanto desafíos como oportunidades en el ámbito de la salud, ya que la diversidad cultural debe ser reconocida y valorada en la atención sanitaria. Se dan multiples ejemplos en latinoamerica sobre estos intentos han tenido respuesta en las comunidades.

    En los textos los autores enfatizan la importancia de la interculturalidad en salud, señalando la necesidad de un diálogo intercultural y la adaptación de las terapias a las diferentes creencias y valores culturales. La capacitación de los profesionales y de todos los miembros de la comunidad en competencias interculturales es fundamental para garantizar una atención más inclusiva y efectiva.

    En mi experiencia laboral y personal, el proceso migratorio plantea cambios en el que se inserta en la comunidad como en los que reciben. Estos desafíos se incrementan cuando había diferencias en el idioma comunicativo (en especial en población china y haitiana) donde muchas veces quede con la sensación de que no comprendí mucho la queja o el motivo de consulta y donde también no supe si lo que prescribí se entendió bien.

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    1. Estimado Wilson, me gustaría tomarme de tu comentario y, al igual que a ti, los textos me llevaron a reflexionar sobre la supremacía que ejerce nuestro paradigma actual de salud mental. Se trata de un paradigma occidentalizado, y más específicamente anglosajón, fuertemente influenciado por las potencias mundiales de este lado del mapa, desarrollado un contexto socioeconómico y político específico.
      Como médicos y médicas, nos esforzamos en gran medida por traducir lo “que le pasa” al usuario a nuestro lenguaje. Esto me recuerda cómo, en segundo año de medicina, en semiología, nos enseñaron qué era el “empacho” y cómo traducirlo a un síntoma o signos.
      No buscamos realmente entender ni comprender su visón de lo “que le pasa”, de dónde viene, ni qué significa para el usuario, más bien, nos limitamos a traducirlo a nuestro lenguaje. Y es en este ejercicio de traducción, como lo hacen los “facilitadores culturales”, donde creo que nos quedamos cortos, y que si bien puede ser útil para la medicina, estoy segura de que no lo es la psiquiatría y la salud mental

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  25. Desde la pregunta sobre el encuentro humano en la diversidad, quería comentar sobre mi experiencia laboral en APS. Me desempeñé como médico EDF en la comuna de Hualqui por un periodo aproximado de 6 años, donde, para contextualizar, la población rural es de un 14,7% y la población perteneciente a pueblos originarios es de un 7,7%. Existía un programa PESPI incipiente con una facilitadora disponible ciertos días de la semana. Se nos entregó una charla de cómo funcionaba el programa y no hubo mayor seguimiento e información, por lo que no fue una instancia en la que realmente me apoyé o indagué más.

    Respecto a la población rural, parte de mi trabajo era asistir 1 vez por semana a las rondas rurales, donde atendíamos en las sedes de los sectores más alejados a la ciudad. Ahí sí tuve experiencia respecto a las prácticas de la gente que vive en el campo, las hierbas que usaban, los secretos que hacían para manejar sus dolencias, las visitas a los componedores, las curas para los males de ojo o empachos, entre otras. Cuando me comentaban esto en la atención, siempre traté de validarlos, pero señalándoles que son terapias complementarias, no exclusivas, y generalmente trataba de buscar alguna evidencia o bien buscar alguna interacción o posible efecto adverso que pudiese causar alguna de sus curas.

    Respecto a la atención de personas pertenecientes a un pueblo originario, era un aspecto donde más reconocía este hecho, respetaba sus creencias y cosmovisión, pero no hubo mayor intervención e integración de sus creencias a sus tratamientos, y mucho menos se logró una instancia de verdadera interculturalidad. En algún momento comenté esta situación con colegas del centro, y si nos sugerían un tratamiento o nos contaban por qué creían que se enfermaron, muchas veces asentíamos sin integrar su visión realmente. Al atender pacientes del programa de salud mental, no recuerdo tampoco preguntar activamente si se sentían pertenecientes a un grupo originario, y esto lo puedo atribuir por una parte al tiempo de atención o también por priorizar otros elementos en la atención, dejando este punto relegado.

    Entonces, para el encuentro en la diversidad, debe existir una disposición de ambas partes, principalmente desde el profesional de salud. Queda la tarea de educarnos y tratar de salirnos un poco del paradigma y de cierto modo del conocimiento hegemónico que planteamos ante una “minoría”, buscando igualar esta asimetría. Mirando en retrospectiva, lo ideal hubiese sido incorporar sus prácticas, validarlas, profundizar en su conocimiento y tratar de encontrarse en un punto medio de ambas creencias, e intercambiar realmente conocimientos con los usuarios, no solo desde la vereda de la imposición.

    Cabe señalar también que, si bien se ejerce la medicina basada en la evidencia, no existen mayores investigaciones respecto a la medicina de los pueblos originarios en Chile, y esto puede deberse a que no es rentable económicamente para las industrias farmacéuticas, no significando que sus prácticas no sean válidas.

    Como es planteado por la psiquiatría comunitaria, el ideal es alejarse del punto de vista solo biologicista e integrar el sistema bioecológico, considerando las determinantes del sanar y del enfermar.

    Me llamó bastante la atención que en uno de los videos, la historia de una paciente mapuche que es hospitalizada y que cambia constantemente la posición de cama porque necesita que su cabeza esté en el lugar que sale el sol, y en la posición que se encuentra la cama cuando es internada, significaba que se estaba entregando a la muerte según sus creencias, lo que generaba más angustia y tristeza en ella, más allá del motivo de la hospitalización. Desde ahí radica la importancia, según lo señalado en los textos, de entregar una atención contextualizada.

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  26. Las lecturas y los materiales audiovisuales para este blog han sido muy enriquecedores, además de invitar a la reflexión nos fueron compartidos importantes conocimientos ancestrales. En definitiva, el aprendizaje más significativo es comprender que sin diálogo no hay interculturalidad.

    En este sentido creo que el encuentro humano en la diversidad tiene diversos modos de ocurrir, primeramente, desde los saberes ancestrales, desde el buen vivir es la humanidad siendo y existiendo, sin mayor complejidad que eso, dándose la posibilidad de compartir saberes, escuchar y dialogar. Ahora como bien sabemos hubieron modos de encuentros humanos, tal como fue manifiesto en la película, envueltos en la violencia, en extractivismo, en la colonización del ser y del saber, modo que hasta el día de hoy repercute en la forma de relacionarnos unas con otras, formas que repercuten en las relaciones de poder aplicadas en salud mental. A propósito de ello recuerdo mi experiencia en el colectivo sin fronteras, un espacio en resistencia contra la discriminacion, xenofobia, vulneración de derechos a las infancias, entre otras situaciones que actúan como importantes limitantes para el encuentro intercultural. Por lo tanto pienso que primero que todo, para poder generar diálogos respetuosos en la diversidad hay que reconocer, aceptar e intercambiar saberes desde la horizontalidad, como hablábamos hoy con los usuarios de corta estadía ninguna medicina es más importante que otra, los saberes son un complemento, lo que importa es la autonomía para decidir desde la responsabilidad de que forma me quiero cuidar.

    Creo que es posible tomar un enfoque intercultural, claro que es un proceso profundo y complejo, pero no imposible de lograr. Desde nuestro lugar de profesionales debemos tomar una mirada crítica y cuestionar las dinámicas de poder y las formas hegemónicas del entendimiento del sufrimiento psíquico, estar abiertos a la reflexión y atentos a los sesgos culturales que puedan estar limitando nuestro entendimiento y comprensión ante la otra persona. Debemos abrir diálogos, escuchar y validar los diferentes saberes y las formas en cómo quieren cuidar y sanar su salud. También creo que es muy importante la forma de vincularse, el cómo establecemos las relaciones con las personas, el cómo facilitamos procesos de empoderamiento y participación activa en los procesos de recuperación. Ahora bien, creo que también a nivel institucional es crucial integrar a facilitadores culturales y/o facilitar el aprender otros idiomas, como por ejemplo el creole.

    Requerimos de una mirada crítica en cuanto a la interculturalidad, como señala Walsh, para producir transformaciones significativas es necesario integrar dimensiones históricas, políticas, relaciones de poder y prácticas coercitivas en el análisis de las interacciones culturales para reconocer las desigualdades y establecer relaciones más equitativas. Necesitamos comprometernos y visualizar que la colonización del ser, saber y del poder genera importantes consecuencias en el ejercicio de los derechos y en la atención de salud mental. Ahora, ¿en lo concreto y en la práctica cómo podemos lograr estos diálogos? Ese es el desafío.
    Por lo menos, al leer alguno de los comentarios de mis compañeros/as, me queda la sensación de que ya estamos encaminados al cambio.

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  27. En mi experiencia ejerciendo y formándome en la Región de La Araucanía he tenido la grata oportunidad de encontrarme con la cosmovisión mapuche. Tras leer los artículos propuestos, reflexiono que quienes ejercemos la “biomedicina” tendemos a enfrentarnos a esta cosmovisión en vez de encontrarnos con ella, lo cual puede ser un desafío al momento de tratar aquellos pacientes, ya que durante toda una vida han estado obviamente inmersos en su propia cultura, ¿acaso intentamos en una sesión de media hora “convencerlos” de que nuestra explicación es más lógica desde el punto de vista científico y tenemos la razón? ¿por qué enfrentarnos a las creencias de esta cultura como si fueran ideas erróneas? ¿no resulta más beneficioso para ambas partes aprender de cada uno y complementarnos en vez de cuestionarnos?

    Ante esta situación de toparnos con otro, identificando que existe esta postura distinta a la nuestra, podemos desenvolvernos mediante lo propuesto en el texto “El encuentro con el Otro”: hacer la guerra, construir un muro a su alrededor o entablar un diálogo. Con nuestro objetivo como médicos, probablemente para obtener los mejores resultados nos servirá más la tercera opción.

    Pero ¿cómo llegamos a establecer este límite entre ambos enfoques, incluso llegando a catalogarlos como opuestos y no complementarios? como señalan los textos, la imposición de un modelo biomédico hegemónico que no considera las prácticas y conocimientos tradicionales de las comunidades, junto a la falta de formación intercultural en el personal sanitario e incluso las barreras lingüísticas dificultarían una comunicación efectiva y respetuosa, generando desconfianza y rechazo hacia los servicios de salud. Por lo tanto, para establecer un diálogo respetuoso es esencial fomentar la formación intercultural del personal de salud, promover la participación activa de las comunidades en la planificación y ejecución de programas sanitarios, y reconocer la validez de los sistemas médicos tradicionales. Esto implica una actitud de humildad y disposición para aprender de las prácticas culturales de los otros.

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  28. Comenzando a dar respuesta a las preguntas que nos plantean, puedo mencionar que diariamente mantenemos un encuentro humano, con diversidad de planteamientos, pensamientos, cultura, una mirada distinta eso es lo interesante e importante, y lo que se traduce a un amplio aprendizaje de saberes que más tarde podemos poner en practica con nuestros usuarios, con los saberes entregados en el día a día, con el paso de las generaciones, que nos ha tocado conocer
    El abrirnos paso a las creencias de las distintas culturales, con las cuales convivimos a diario, hace un aporte muy valioso a nuestro quehacer como profesionales de la salud, en post de la mejoría de los usuarios que nos consultan, para ello es muy importante que respetemos su creencia, estemos o no de acuerdo con ello.
    Para comenzar un dialogo respetuoso, lo primero es no estigmatizar, tomar en consideración sus ideales, creencia, validarlas, escucha activa, abrirnos al dialogo entre diferentes conocimientos y prácticas entregadas a la Salud. . Que la biomedicina no sea jerárquica.
    Para los que ya tenemos un par de años más pudimos observar como nuestros padres, cuando presentábamos alguna malestar o dolencia, recurrían a lo natural, a las agüitas, a las personas que componían huesos, para la tos un ungüentos de diferentes ingredientes naturales y así suma y sigue, y lo mejor es que nos hac+ian muy bien y sanábamos nuestra enfermedad. Tal vez recurrían a la medicina tradicional, por el poco acceso a los hospitales.

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  29. Iniciando desde la invitación desde alguna experiencia personal, es que recuerdo la diferencia tan notable en la forma de vivir, experimentar, transmitir, algo tan cotidiano en la práctica clínica, como es el manejo del dolor, desde la persona de una mujer extranjera en tierra extraña, en una sala en trabajo de parto, mientras era atendida no sin asombro, por el extrañado personal de salud, poco acostumbrado en esos tiempos, a formas “extranjeras” de vivir el dolor, sin embargo siempre humanas, y por ende hermanas.
    Creo que las tres primeras preguntas podrían abarcarse desde la simpleza de entendernos, y entender a los otros, justamente como humanos, sin más etiquetas, definiciones, fronteras, idiomas, razas, religiones, infinitos etc.
    Lo que limita el encuentro con el otro, es esencialmente el olvido de su naturaleza igual, mortal, humana, efímera, y de la misma forma es la memoria de esa simpleza, lo que condiciona el mínimo para un dialogo respetuoso en la diversidad.
    Opino que el concepto de interculturalidad en la atención y el ejercicio de atender procesos de sufrimiento desde ahí, es una invitación a reconocer en el otro, más allá de cualquier diferencia, una humanidad compartida. En este sentido, no solo se trata de comprender que existen otras formas de ver el mundo o de vivirlo, sino también de asumir la responsabilidad de situarse con humildad y respeto frente a esas otras perspectivas.
    De esta misma manera creo que el desafío fundamental es no solo la aceptación de que existen múltiples visiones sobre la vida, el sufrimiento y la sanación, sino también el compromiso de encontrar formas de diálogo que respeten esas diferencias y sin duda alguna, como fue planteado un poco más arriba, la educación en todos los niveles fue, es, y seguirá siendo lo más importante.

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    1. Hola cuan cierto es lo que comentas de que el mayor desafío no es solo reconocer que existen múltiples formas de experimentar la vida, el sufrimiento y la sanación, sino asumir el compromiso de encontrarnos con el otro desde una postura de humildad y respeto. La interculturalidad no debe limitarse a un concepto teórico, sino materializarse en prácticas que nos permitan construir puentes en lugar de imponer barreras. En este sentido, la educación juega un papel fundamental: no solo en la formación académica, sino en la sensibilización hacia la diversidad de experiencias que atraviesan los procesos de salud y enfermedad.

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  30. Aún en la actualidad, me resulta difícil desprenderme de la corriente que impone lo Biomedico como única práctica. Sin embargo, a través de la revisión de los textos sugeridos, pude reflexionar sobre cómo nuestras prácticas podrían enriquecerse mediante un enfoque intercultural, capaz de reconocer otras formas de entender y aplicar la salud. Somos seres diversos, y nuestras concepciones sobre el bienestar no pueden reducirse a un solo modelo.
    Desde mi experiencia, observó cómo el modelo biomédico suele imponerse como la única vía válida de tratamiento, sin considerar que existen prácticas médicas con un significado especial para las personas a las que atienden, pues están profundamente ligadas a su cultura, su familia y sus ancestros. Eroza-Solana y Carrasco, en su análisis sobre interculturalidad, señalan que la salud no es un concepto universal, sino que está entrelazada con la historia, la cultura y las creencias de cada comunidad. Esto se hace especialmente evidente en el trabajo con poblaciones indígenas y migrantes, donde la medicina tradicional y la concepción del sufrimiento humano pueden diferir significativamente.
    En este sentido, la implementación de programas interculturales resulta fundamental para abrir espacios donde coexistan diferentes saberes. En mi práctica clínica, he sido testigo de cómo los prejuicios pueden limitar el acceso a una atención pertinente. Un claro ejemplo es el de pacientes indígenas que, debido a sus formas de entender la salud, son etiquetados como "resistentes al tratamiento". Imponer un único modelo de salud nos lleva a perpetuar la exclusión que tanto hemos discutido erradicar.
    La película El abrazo de la serpiente es un reflejo cinematográfico de estos encuentros entre diferentes formas de conocimiento y poder. La transformación del explorador, quien inicialmente desprecia los saberes indígenas y solo al final logra comprender su profundidad, es una metáfora de lo que enfrentamos en la práctica clínica: la necesidad de despojarnos de estructuras rígidas y abrirnos a otras formas de comprender la salud, la enfermedad y el sufrimiento.
    Esta lectura nos deja una invitación clara: transformar nuestras prácticas y construir un modelo más inclusivo y equitativo. El sufrimiento humano puede experimentarse y sanarse de múltiples maneras, y todas las personas tienen derecho a ser escuchadas con dignidad y respeto.

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  31. Es vital destacar la importancia de la interculturalidad en nuestro ejercicio como médicos/as y futuros psiquiatras, considerando que nuestra labor se basa en el encuentro entre dos o más personas. Este encuentro debe reconocer la diversidad cultural como un pilar fundamental de la interacción, promoviendo el respeto por los saberes y valores de cada individuo, sin imponer el modelo biomédico hegemónico y autoritario. En su lugar, debemos adoptar un enfoque basado en la salud colectiva.

    Uno de los términos que me llamó la atención es “resocializar”, ya que rescata el carácter biosocial de la enfermedad, otorgando relevancia al contexto social, político y cultural en el proceso de enfermar. Este concepto también visibiliza las desigualdades que influyen en la enfermedad y pone en evidencia cómo la producción de conocimiento muchas veces no considera la cultura ni los saberes locales.
    Es imposible no relacionar esto con la definición de enfermedad mental. Durante el inicio del curso, revisamos cómo la sociedad y la cultura influyen en la manera en que definimos los síntomas mentales y en los términos que utilizamos para describir el sufrimiento psíquico.
    Esto me recuerda un caso que atendí hace unos meses en el COSAM de El Bosque. Se trataba de un paciente haitiano con sospecha de esquizofrenia desde la urgencia, cuyos ideas“delirantes” tenían un contenido místico-religioso. Recuerdo que nos costó mucho determinar si realmente se trataba de ideas delirantes, ya que desconocíamos su religión y no comprendíamos la pertinencia cultural de sus creencias.Casos como este son frecuentes, tal como ha sido comentado por otros compañeros en clase.
    Por ello, debemos llevar a cabo el proceso de atención en salud y enfermedad con un enfoque intercultural. Esto no solo fortalece el vínculo con los pacientes, sino que también nos brinda una visión más amplia en el diagnóstico y tratamiento.

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    1. Estimada Paulina:
      A mí también me llamó la atención el concepto de resocialización. Siento que es un llamado a abordar los problemas con temas anteriormente trabajados como la gobernanza, una forma de involucrar a lxs usuarixs aportando su visión desde una articulación política que se cuestione su realidad desde dentro. Así, tendríamos una visión más integral, sin la discriminación habitual de los aspectos fenomenológicos, dando a flote las problemáticas reales de nuestrxs pacientes.

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  32. Los textos de estas semanas fueron muy enriquecedores respecto a la problematización de todos los mediantes que ocurren en la interacción entre individuos. Nos hacen valorar la singularidad con la que y para que se construye la colectividad. Asombra las reflexiones de Martínez-Hernáez y Correa-Urquiza de todas los obstáculos que hay para poder tener un encuentro intersubjetivo por sobre la reificación del otro sujeto. Pareciera que en primera instancia nos preocupamos de una manera humana por la otra subjetividad, pero al momento de actuar, buscando el principio de beneficencia volvemos a las dinámicas de cosificación. Este modo de actuar no es más que una consecuencia de la infraestructura económica que determina una forma de pensamiento hegemónica de abordar los problemas. Necesitamos resultados que sean coherentes con las formas de objetivación de la cultura occidental de la que somos hijos.
    Pero esto no acaba aquí.
    Asusta ver cómo este problema se acrecenta aún más cuando la otredad no está inmersa en nuestra cultura. Si ya nos cuesta visualizar al sujeto de nuestra propia cultura, esto se dificulta mucho más con aquel que ni siquiera compartimos costumbres, tradiciones, lenguaje, entre otras cosas. La flexibilización de nuestros marcos de referencia debe ser mucho más grande para no caer en nuevamente en simplificaciones o reificaciones de lo que nos quiere decir. Peor aún, el motor económico nos dificulta en gran parte hacer tal ejercicio libremente. El por qué de la dificultad es algo discutible, pero claramente habla de pocas intenciones de conectar con otras naciones de nuestro estado.
    Finalmente impresiona que se autorreproduce: intereses económicos generan rendimientos específicos que llevan a un modelo de atención acotado basado en lo biomédico, y por lo tanto se enseña a atender según el modelo, quedando impregnado un status quo respecto a la clínica que no se cuestiona y busca formas de aplicarse en otros lados. Así, cuando las demás culturas pasan a ser un problema a nivel estado, se lleva la superestructura a éstas con una clara respuesta de rechazo, lo que lleva al malestar de los clínicos, apareciendo el racismo; disminuyendo claramente las posibilidades de cuestionamiento a la praxis, formando un círculo vicioso.
    Respecto al comprender la otredad en forma cabal, me trajo el recuerdo de una clase de poesía que tuve en mi formación de pregrado con los electivos obligatorios. El profesor hablaba de la subjetividad de la poesía, como una forma de arte que debemos leer desde nosotros y quizá no tanto desde el entendimiento colectivo. Hacía el ejemplo de la palabra 'septiembre'. Decía que para algunos de nosotros significaba primavera, las flores, fiestas patrias. Pero para él venía claramente de primeras el golpe de estado y lo que sufrió en aquella época. Esto es tal como nosotros entendemos los síntomas psiquiátricos y los reificamos sin saber lo que significa para el otro pronunciar aquellas palabras. Por eso me hace sentido el preguntar más allá en pos de una clínica más humana.

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    1. Concuerdo Carlos. El factor económico como determinante del modo operativo en la interacción clínica con un otro es un dato no menor que impacta en esta temática. El tiempo de rendimiento nos lleva a priorizar ciertas acciones por sobre otras y, probablemente, el ejercicio de poner en práctica la interculturalidad pasa a segundo plano. Es decir, la adaptación de unos al sistema impacta en la capacidad de adaptación de otros. Por eso, y a pesar de la supremacía económica, considero fundamental preservar acciones que promuevan la interculturalidad y fortalezcan la salud colectiva.

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    2. La posibilidad de una hermenéutica en la clínica es una bandera a sostener, como bien usted lo destaca, profe, en relación a la poesía. Y es que, aunque les moleste a los fenomenólogos, el contenido es tan importante como la forma, al menos en cuestiones de vínculo. Y como cada construcción humana es susceptible de una mirada hermenéutica, el sujeto puede comprenderse de esta misma forma. Gracias por su reflexión.

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  33. En un contexto clínico el proceso de encuentros humanos entre dos personas de distintas culturas plasma matices diversos, tanto en formas de ser, comprender, comunicar y vivenciar. La manera de llegar a posicionarse como pacientes o la novedad ante un síntoma que era desconocido como tal en su cultura denotan diferentes formas de comprender la salud según la cultura a la cuál se pertenece.
    Ante el caso de un joven de origen venezolano bajo un estado psicótico y cuyo entorno normaliza el síntoma, se pone en evidencia lo que para solo algunos de los presentes configuraba una urgencia en salud mental. Lo que para el personal de salud equivalía a criterios de ingreso hospitalario, para su cuidadora significaba un ya le ha de pasar. Al explicar la importancia de ser hospitalizado la cultura hegemónica prevalece sobre la del paciente/familia. Tal vez desde la intención de velar por el bienestar superior del menor, tal vez desde el saber hegemónico entre el paciente/familia – profesional, tal vez desde relaciones asimétricas de poder o desde la ausencia de interculturalidad como una forma de diálogo. Quizás esto último podría explicar por qué el paciente no terminó hospitalizado. Pese a hablar el mismo idioma, dicho encuentro se percibió cómo un intento de entenderse entre seres que hablan distintos idiomas culturales. Me pregunto si en su lugar ¿se habrá percibido como un intento de apropiación de su autonomía en decisiones de salud?
    En la crítica de Margarita María Becerra en relación con el espacio que tiene la cultura en la salud mental, conceptos como el universalismo de la “cultura colonialista” y su asimilacionismo, podrían explicar (entre otros múltiples factores) el límite en el encuentro con otros y otras. En el caso antes expuesto, se planteó una decisión probablemente desde esa vereda, a manera de conquista sobre un otro (agente pasivo de su propio proceso terapéutico). ¿Será su integración real y el sentirse validados desde su propio ser cultural lo que les permitiría comprenderse e identificarse como un ser intercultural y “pragmatizar” el concepto?
    Eso a nivel salud, sin embargo, creo que el proceso de interculturalidad es necesario que se manifieste de forma intersectorial y tempranamente, pudiendo palparse desde modelos educativos que integren identidades de distintos pueblos originarios, siguiendo la línea de trabajo de Stefano Sartorello. No obstante, y en concordancia con lo planteado por Angel Martínez-Hernáez y Martín Correa-Urquiza, sería propicio dar paso al cuestionamiento, deconstruir rigideces de saberes expertos y aperturarse a nuevas formas de convivir culturalmente.

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    1. Tu caso muestra con nitidez cómo, aun compartiendo idioma, podemos hablar “dialectos culturales” distintos. El joven en crisis queda atrapado entre dos gramáticas: la biomédica (que traduce su vivencia a urgencia hospitalaria) y la familiar, donde el episodio no es patológico sino parte de un ciclo que “ya pasará”. Cuando decidimos sin desentrañar ese segundo sentido, el acto terapéutico se vuelve, como advierte Becerra, una pequeña conquista.
      Más que descartar el protocolo, el reto es suspender la velocidad clínica para hospedar la explicación de la cuidadora: ¿cómo nombra ella lo que ve?, ¿qué temores o esperanzas proyecta sobre la hospitalización? Esa pausa no retrasa la atención; crea el piso común desde el cual negociar riesgos y cuidados en un plano menos asimétrico.
      Concederle estatuto de saber a la voz familiar no garantiza acuerdo, pero cambia la textura del poder: la eventual hospitalización deja de ser imposición y se vuelve decisión compartida. Así, cada encuentro se convierte en laboratorio donde la interculturalidad deja de ser consigna y se practica en tiempo real, desmontando la lógica de “universalismo colonial” que tanto limita nuestro trabajo.

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  34. “Cierto día, caminando hacia el sur para comprobar el buen estado de mi canoa, descubrí en la arena de la orilla la huella muy clara de un pie humano. ¡Quedé estupefacto y como herido por un rayo!, o como si me hubiera aparecido de pronto algún fantasma. Mudo de terror, miré en torno a mí y escuché, pero no oí ni vi. […] ¿Cómo había podido producirse aquello? Imposible conjeturarlo. Regresé a mi cabaña, horrorizado, volviendo la mirada a cada paso para ver si me perseguían, tomando hasta los árboles por hombres ocultos. Al llegar a mi fortaleza, me precipité en ella, como un hombre a quien persiguen de cerca. Ni siquiera recuerdo si entré en ella por la empalizada o por la roca. No dormí en toda la noche. […] Las circunstancias cambian los sentimientos del hombre. Antes me desesperaba porque me veía condenado a la soledad, y desterrado de la sociedad humana, y sin embargo ahora temblaba de espanto a la sola idea de ver a alguien de mi especie”
    Extracto de Robinson Crusoe de Daniel Defoe.
    Lacán dedicó un Seminario a esto. Obviamente no es original mi cita respecto de la novela de Defoe. Nuestros últimos 2 siglos están marcados por el odio interracial, por la xenofobia, discursos supremacistas y actualmente siendo testigos del primer genocidio transmitido en vivo en Palestina. El encuentro humano en la diversidad puede ser así de aterrorizante como el relato de Robinson nos recuerda. Lo distinto. Lo ajeno. Lo desconocido es atemorizante. Para ello recordar como desde la época del mito la muerte, como el paradigma de lo desconocido, cautiva y atemoriza a los hombres, depositando en el Hades las figuras de lo impensable.

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    1. El encuentro en la diversidad es una ruleta rusa. Es caos. La inmensidad de condiciones históricas, culturales, raciales, circunstanciales y biológicas que se ponen en juego en un encuentro es eso. Cualquier cosa es posible, como en el “Abrazo de la Serpiente” en ese reencuentro de nuestro protagonista con la comunidad cristiana donde crecieron los niños abandonados a sus traumas dejando “lo peor de ambas culturas” como un trágico resultado de aquel primer encuentro.
      El encuentro por cierto que estará teñido de cuestiones que tienen una valoración cultural negativa, como el prejuicio, el odio, la sospecha. Pero también existe el trauma, la experiencia sistemática y la cultura. Las posiciones políticas, los compromisos y a veces, sencillamente la tragedia.
      El diálogo respetuoso es posible, sin duda lo es, pero sostengo que hay que ser muy prudentes respectos de ciertos automatismos del bien. Y en esto, desde mi experiencia, yo no estaría jamás disponible para atender a un violador de derechos humanos. Ver una entrevista de Osvaldo Romo, el “Guatón Romo”, me revolvió el estómago y sentí un profundo rechazo. Hay límites que como terapeutas estamos obligados a reconocer en nosotros mismos y saber hasta cuando podemos estar disponibles. No todo se puede decir y no todo se puede escuchar.
      Entiendo, por cierto, que muy probablemente pensamos en lo intercultural lo primero que pensamos es en el encuentro con la comunidad mapuche, los rapa, los vecinos de Venezuela o de Haití. Son comunidades que resuenan cuando hablamos de lo intercultural. Me parece que es en estos casos cuando es más sencilla se me imagina la interacción en mi caso particular. Pero se me antojó poner en juego una cuestión más tensa con el otro, como cuando hay diferencias políticas, ideológicas, éticas y valóricas radicales. Eso… gracias por los textos.
      Es un buen desafío el propuesto en esta sesión.

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