La crisis climática es responsabilidad de la humanidad, pero no todas las personas son igualmente responsables

 


“El  planeta  experimenta  una  crisis  climática  acelerada  con  implicaciones  globales.  El consenso imperante atribuye la responsabilidad de este fenómeno a la humanidad en general;  sin  embargo,  es  impreciso  suponer  que  todas  las  personas  son  igualmente responsables. De hecho, una minoría es causante de la mayor parte de los daños debido a la concentración desigual de la riqueza, mientras que las comunidades más empobrecidas y que menos contribuyen son las más perjudicadas. Prueba de ello es que casi la mitad de la  población  mundial  se  ve  afectada  por  el  cambio  climático.  Según  el  Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés)  de  las  Naciones  Unidas,  entre  2010  y  2020,  la  tasa  de  mortalidad  por inundaciones,  sequías  y  tormentas  fue  15  veces  mayor  en  las  regiones  con  alta vulnerabilidad climática que en aquellas con baja vulnerabilidad. En contraste, 10% de los hogares más ricos son responsables de 45% de las emisiones mundiales. Por lo tanto, no se trata de un problema antropogénico atribuible a la actividad humana, sino de una cuestión capitalogénica, como señala Jason Moore (2020). Este término sirve para ilustrar la disposición del sistema capitalista hacia la injusticia de la forma más cruda e implacable.

Una  parte  significativa  de  la  comunidad  académica  dedicada  al  estudio  del capitalismo  postula  que  la reproducción  de  este  sistema  está  supeditada  a los  límites planetarios. Autores como Kohei Saito (2022) presentan pruebas de que es un modo de producción en conflicto o en guerra con la naturaleza y la vida misma, porque, cuando la explotación de los recursos naturales se produce fuera de una frontera segura, pone en peligro funciones y procesos biofísicos que, en última instancia, podrían desembocar en un ecocidio. Una interpretación aún más radical sugeriría que el genocidio en curso en Gaza  y  la  invasión  rusa  de  Ucrania  –por  mencionar  dos  de  las  crisis  geopolíticas  y humanitarias  que  se  están  desarrollando  actualmente  en  el  mundo–  también  están contribuyendo  a  la  catástrofe  ecológica,  acelerándola  y  profundizando  la  injusticia climática. No obstante, desde una perspectiva académica que comparte una conclusión similar, se tiende a centrar más en el papel de los Estados como responsables de víctimas humanas y no humanas, sin abordar explícitamente la participación del sector privado dedicado,  entre  otras  cosas,  al  armamento  y  equipamiento  de  los  ejércitos  y  grupos armados implicados.

A finales de 2023, bajo la coordinación de Raúl Ornelas, se publicó con meticulosa precisión Las corporaciones militares privadas y el gran negocio de la guerra. En consonancia con las recientes investigaciones sobre el complejo militar-industrial, el libro, de poco más de 300 páginas, presenta un análisis exhaustivo de la guerra más allá de los Estados. Como advierte Ana Esther Ceceña en el prólogo, la obra hace hincapié en una multitud de actores privados, caracterizados por su naturaleza escurridiza, que se dedican a actividades restringidas, proscritas, encubiertas o abiertamente ilegales relacionadas con la seguridad y  la  guerra.  Empero,  su  condición  de  invisibilidad  dificulta  cuestionarlos  o  exigirles responsabilidades públicas pese a actuar como auxiliares de los gobiernos y sus propósitos letales.  Ceceña  afirma  que  estos  actores  conforman  un  enjambre  que  desafía  la institucionalidad,  operando  en  paralelo  al  poder  legitimado  democráticamente.  Esta dinámica hace imposible garantizar su subordinación a la legalidad estatal y la rendición de cuentas a la sociedad.

A la vez que realiza una profunda crítica del neoliberalismo, el libro ofrece un profundo estudio de la situación, el alcance, los límites y las perspectivas de las impunes corporaciones militares privadas. Sobre todo, analiza la progresiva incorporación de la lógica militar y bélica –impulsada por la noción de libertad burguesa– a otras dinámicas sociales, así como su ensimismamiento con la política. De este modo, la obra brinda un conjunto  de  herramientas  para  comprender  y,  en  último  término,  enfrentar  el  cerco militarista impuesto a las sociedades democráticas. Para ello, el libro cuenta con la pluma de jóvenes promesas académicas y de investigadores de destacada trayectoria, quienes forman parte del Laboratorio de Estudios sobre Empresas Transnacionales (LET) del Instituto  de  Investigaciones  Económicas  de  la  Universidad  Nacional  Autónoma  de México (UNAM). Los cinco capítulos que componen la obra están organizados en dos niveles de análisis sobre la actividad de las corporaciones militares privadas: su impacto en América Latina y su alcance a escala global.”

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Texto inicial del artículo de Jorge Guzmán (2024). El negocio de la guerra en el contexto de la crisis climática. Economía, Sociedad y Territorio,24(76): e2397. http://dx.doi.org/10.22136/est20242397

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