TRABAJO OBLIGATORIO DEL 23 de DICIEMBRE AL 6 DE ENERO: SALUD MENTAL, AFLICCIONES Y SABERES OTROS


Martín Correa-Urquiza

SALUD MENTAL, AFLICCIONES  Y SABERES OTROS

La salud mental, tradicionalmente abordada desde paradigmas biomédicos y psiquiátricos, enfrenta una profunda transformación conceptual y práctica al considerar las aflicciones psicosociales desde perspectivas críticas que incorporan saberes otros. Este enfoque, enraizado en la Antropología Médica Crítica y la Psiquiatría Comunitaria, desafía la universalización de las categorías diagnósticas y propone un entendimiento situado, interseccional y decolonial de las experiencias humanas de sufrimiento.

El modelo biomédico ha dominado históricamente las prácticas psiquiátricas, conceptualizando las aflicciones mentales como desórdenes individuales localizados en el cerebro y tratables mediante intervenciones farmacológicas o terapéuticas estandarizadas. Autores como Nikolas Rose (2006) han criticado este enfoque por su reduccionismo, argumentando que despoja a las experiencias humanas de sus contextos históricos, sociales y culturales. En este sentido, las aflicciones son patologizadas, desconectándolas de las desigualdades estructurales que las producen o exacerban.

Las aflicciones mentales, vistas desde una perspectiva crítica, son entendidas no solo como diagnósticos clínicos, sino como expresiones de sufrimiento derivadas de condiciones estructurales de opresión, exclusión y violencia. Este marco analítico se alinea con la Salud Colectiva Latinoamericana, que enfatiza la determinación social de la salud y el sufrimiento (Breilh, 2003). Aquí, las experiencias de aflicción no son anomalías individuales, sino manifestaciones de desigualdades materiales, simbólicas y afectivas que atraviesan cuerpos, territorios y subjetividades.

La inclusión de saberes otros —experiencia en primera persona de quienes han sido diagnosticados y tratados por la psiquiatría, formas de conocimiento no occidentales, comunitarias e indígenas— en el campo de la salud mental ofrece una alternativa disruptiva frente a la hegemonía biomédica: una perspectiva de  pluralismo epistémico. Estas perspectivas comprenden las aflicciones como fenómenos relacionales que involucran no solo al individuo, sino también a su comunidad, entorno y cosmos. Por ejemplo, en tradiciones indígenas de Abya Yala, las aflicciones son frecuentemente interpretadas como desequilibrios en las relaciones sociales, ecológicas y espirituales, abordadas a través de rituales colectivos y prácticas integradoras (Walsh, 2009).

El reconocimiento de estos saberes no implica un mero eclecticismo, sino una reconfiguración ética y política del campo de la salud mental, que debe asumir un compromiso con la justicia epistémica y la resistencia frente a la colonialidad del saber.

La psiquiatría comunitaria en este contexto, se entiende como un espacio de articulación entre saberes diversos y prácticas transformadoras. Reinspirada por la Salud Colectiva, esta perspectiva busca democratizar el acceso a los servicios de salud mental y empoderar a las comunidades en la gestión de su bienestar. Proyectos pioneros en América Latina, como los desarrollados en Brasil en el marco de la Reforma Psiquiátrica, han demostrado que los enfoques integrales y participativos pueden abordar las aflicciones mentales de manera más eficaz y ética que los modelos tradicionales centrados en el hospital psiquiátrico.

La evidencia social del sufrimiento es abordada por Martín Correa-Urquiza y Ángel Martínez-Hernáez (2006), quienes analizan cómo las políticas globales de salud mental pueden imponer categorías y prácticas que no siempre se ajustan a las realidades locales, generando tensiones y resistencias. Su trabajo destaca la importancia de considerar las narrativas locales y los saberes otros en la construcción de políticas y prácticas de salud mental que sean culturalmente pertinentes y socialmente justas.

En su artículo "Un saber menos dado: nuevos posicionamientos en el campo de la salud mental colectiva", Martínez-Hernáez y Correa-Urquiza (2017) abogan por la incorporación de perspectivas etnográficas y saberes otros en la salud mental colectiva. Argumentan que la hegemonía de una epistemología-mundo ha naturalizado ciertas verdades, excluyendo otras formas de conocimiento y limitando la posibilidad de cuestionar nosologías, protocolos y políticas establecidas. La etnografía, como forma de conocimiento y relación social, puede ensanchar los espacios para una salud colectiva más inclusiva y contextualizada.

A modo de conclusión, podemos afirmar que el estudio crítico de la salud mental, las aflicciones y los saberes otros nos invita a repensar los fundamentos epistemológicos y políticos de nuestras prácticas. Desde la Antropología Médica Crítica y la Psiquiatría Comunitaria, es posible trazar caminos hacia una salud mental emancipadora, que no solo alivie el sufrimiento, sino que transforme las condiciones sociales, culturales y políticas que lo producen.

 Referencias:

  • Breilh, J. (2003). Epidemiología crítica: Ciencia emancipadora e interculturalidad. Buenos Aires: Lugar Editorial.
  • Correa-Urquiza, M., & Martínez-Hernáez, Á. (2006). La evidencia social del sufrimiento: salud mental, políticas globales y narrativas locales. Quaderns de l'Institut Català d'Antropologia, (22), 47-69. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2799290
  • Martínez-Hernáez, Á., & Correa-Urquiza, M. (2017). Un saber menos dado: nuevos posicionamientos en el campo de la salud mental colectiva. Salud Colectiva, 13(2), 267-278. Recuperado de https://www.scielosp.org/article/scol/2017.v13n2/267-278/es/
  • Rose, N. (2006). The Politics of Life Itself: Biomedicine, Power, and Subjectivity in the Twenty-First Century. Princeton University Press.
  • Walsh, C. (2009). Interculturalidad crítica y epistemologías del sur. Quito: Ediciones Abya Yala.

----------------

Material Obligatorio:

-Además de leer reflexivamente esta Introducción:

-Vea el video de la Conferencia: Aflicciones, salud mental y determinantes sociales. Martín Correa-Urquiza. CSMC_2023 29.05.2023

-Lea el texto Soltar Amarras, de Aunción PIÉ BALAGUER, Martín CORREA-URQUIZA y Ángel MARTINEZ-HERNÁEZ.

-Lea el texto  La Condición del diálogo. Saberes profanos y nuevos contextos del decirde M CORREA-URQUIZA
 

Material complementario:

Radio Nikosia es un colectivo que buscar generar nuevas instancias de escucha, acogida, lucha y comunicación en el campo de la salud emocional

-Tesis Doctoral RADIO NIKOSIA: LA REBELIÓN DE LOS SABERES PROFANOS. (OTRAS PRÁCTICAS, OTROS TERRITORIOS PARA LA LOCURA, de M CORREA-URQUIZA.

- Video RADIO NIKOSIAPrimera parte del reportaje creado por Christián Carmona, Paula Blanco, Verónica Jordana, Karina Rosendo y Martiza García sobre Radio Nikosia.

_____________________

Participe en los Comentarios del Blog hasta el sábado 04 de enero de 2025

RECUERDE QUE  LOS COMENTARIOS DEBEN INCLUIR : 
(1)LAS LECTURAS Y VIDEOS; 
(2) SUS EXPERIENCIAS Y APRENDIZAJES PREVIOS y 
(3) LOS COMENTARIOS DE SUS COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS EN EL CURSO
Participe en la discusión sincrónica del lunes 06 de enero de 2025 desde las 19:00 hrs. 


Comentarios

  1. Los textos de esta semana dejan en entrever las dos realidades detrás de este proceso de entrega diagnóstica, por un lado la responsabilidad disciplinaria que nace desde la epistemología, y por otro el marco de la experiencia vivida. Y para hacer visible lo anterior el profesor Martin Correa utiliza una analogia que encuentro muy útil, él saca a colación la pregunta de "¿Quién aceptaría sin cuestionar un diagnóstico de esquizofrenia sin pasar por un proceso de negación primero?" Y es que pareciese que como médicos se nos olvida la tremenda repercusión que tiene encasillar a un paciente en un diagnóstico. Dicho proceso de negación puede nacer, desde lo disruptivo que implica el convivir con una enfermedad tan grave como esta hasta el reconocer los estigmas que vienen consigo.

    Y es que parte del tratamiento es acompañar desde este sufrimiento psíquico, porque el sujeto expuesto a un mundo lleno de significados nuevos y aterradores buscará llenar de explicaciones a todo lo que le ocurre, y es ahí cuando nuestro trabajo se convierte en uno de contención y guía. Sin embargo, estimo de vital importancia evitar caer en un reduccionismo peligroso desde cualquiera los extremos; es decir, así como no podemos afrontar un diagnóstico solo desde lo epistemológico tampoco se puede pretender asociar todo lo que ocurre a una vivencia traumática porque algunas patologías tendrían su origen en componentes predominantemente genéticos y azarosos, que claro está pueden agravarse por situaciones ambientales desde la biografía del sujeto.

    Me gustó mucho el abordaje de Arthur Kleinman con sus tres conceptos de aproximación (Illness, disease y sickness) para incluir la experiencia subjetiva, la dimensión orgánica y el malestar generado; pienso que si ocupáramos estos tres componentes a modo de algoritmo pudiésemos proporcionar un abordaje más integral.

    A nivel personal, recuerdo una paciente que durante una sesión con psicología se desbordó indicando que recientemente se habría dado cuenta que tenia diagnóstico de esquizofrenia y "no consideraba que ese diagnóstico calzara con ella porque no era violenta, y todos los esquizofrénicos actuaban así". Bastó con tomarse un par de minutos y explicar en que consistía realmente la enfermedad para comprender como desde el estigma esta paciente que en un primer momento estaba llena de desesperanza pudo salir del box con una actitud distinta.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimado Rodrigo:
      Considero muy asertivo tu comentario. Quisiera citar al autor Martín Correa quien en uno de los textos nos señala que la salud no puede pensarse únicamente desde una perspectiva organicista. No es solo una cuestión médica, sino el resultado de múltiples factores como el aire que respiramos, las dificultades vitales y existenciales, la situación socioeconómica, los hábitos alimentarios, e incluso los marcos culturales que determinan nuestra concepción de salud y enfermedad.
      En este contexto, empatizo contigo respecto a tu experiencia vivida con la paciente con diagnóstico de esquizofrenia. En varias oportunidades, desempeñándome como EDF así como residente en el CDT, al realizar una mirada un poco más objetiva de nuestro quehacer, considero que los pacientes llegan a la consulta con una idea fija y sesgada respecto a las patologías de salud mental, así como hay algunos pacientes que vienen sin expectativas a consecuencia de las malas experiencias previas en este sistema de salud, sin embargo, considero que el hecho de poder generar un vínculo de calidad con los usuarios, nos permitirá ir deconstruyendo los estigmas en salud mental.

      Eliminar
    2. Tu reflexión aborda con profundidad la complejidad del proceso diagnóstico en salud mental, poniendo en tensión dos dimensiones fundamentales: la epistemológica y la experiencia vivida. La analogía planteada por el profesor Martín Correa es sumamente potente, pues evidencia cómo el diagnóstico no solo tiene implicancias clínicas, sino también profundas repercusiones en la identidad y percepción del paciente, particularmente en condiciones como la esquizofrenia, donde el estigma social y la falta de comprensión agravan el sufrimiento.

      El proceso de negación que mencionas no debe ser visto como resistencia, sino como una reacción natural ante un impacto tan significativo en la vida del paciente. Esto subraya el rol del profesional como acompañante, no solo en el manejo del síntoma, sino también en la construcción de sentido, facilitando que el paciente pueda integrar esta nueva realidad desde una perspectiva menos amenazante.

      Tu referencia a los conceptos de Kleinman ("illness", "disease" y "sickness") es clave para un abordaje más integral. Incorporar estas dimensiones permite superar el reduccionismo, integrando tanto lo orgánico como lo subjetivo y lo social. Tu experiencia clínica, donde una paciente transformó la desesperanza en comprensión gracias a la validación y educación, ilustra cómo un enfoque humano y contextual puede ser transformador. Esto reafirma la importancia de atender tanto al saber médico como a los significados personales del paciente

      Eliminar
  2. Estimado Rodrigo:

    Me gustó mucho tu comentario ya que abarca en gran medida la profundidad de los textos previamente revisados, además del abordaje de Arthur Kleinman; el cual me parece muy atingente, y correcto de integrar a nuestra visión médica y psiquiátrica.

    Comparto tu visión de los diagnósticos y del estigma asociado; en como cada persona, según su historia y recursos a lo largo de su ciclo vital, atribuye características a cada enfermedad que no siempre corresponden a la realidad. Como en el caso de la esquizofrenia que pocas veces es de pacientes "violentos".
    Valoro en este caso el rol de la psicoeducación.

    En mi caso, como residente de psiquiatría infanto juvenil la educación en los diagnósticos de salud mental e implicancias se amplía también a la familia y (con el debido criterio) a otros ambientes del niño, niña o adolescente, como su escuela u otros dispositivos. Pienso que entregar información, educar en el momento preciso y según las necesidades de cada paciente y entorno es clave

    Saludos!

    ResponderEliminar
  3. Un profesor en Pregrado nos dice; “No existen las enfermedades, existen los enfermos”

    Frase que me hace sentido para las lecturas y el video revisados en esta quincena; En el texto "La condición del diálogo. Saberes profanos y nuevos contextos del decir" de Martín Correa-Urquiza se aborda la compleja relación entre los saberes institucionales y los saberes profanos en el ámbito de la salud mental.

    En nuestro contexto considero muy importante dar lugar y reconocimiento a la experiencia vivida por la persona, a cómo esta describe y vivencia su propio sufrimiento psíquico, incluso si lo vive o no como un sufrimiento (como en el video se comentan los ejemplos de las voces y pájaros que tenían una utilidad para el buen vivir y adecuado funcionamiento de las personas). Reconocer la vivencia de otro más allá del mero diagnóstico, abarcar la complejidad del sufrimiento psíquico, visualizar la identidad de quien nos visita en consulta, ver además cómo esta persona se puede desenvolver en un ambiente y con otros grupos a partir de un rol más político, más allá de la simple etiqueta categorial, puede establecer un vínculo profundo, en nuestro caso terapeuta-paciente y ser más útil para la terapia que la suma de síntomas y signos en un check list. Sin centrarnos en la enfermedad todo el tiempo, con una narrativa relativa a los síntomas, su origen y lo que generan en el paciente, priorizando también lo que da sentido a su vida, se pueden agregar más herramientas que son también terapéuticas.

    Por otro lado, sobre el modelo biomédico imperante entiendo y comparto que las aflicciones mentales tienen un componente de desequilibrio a nivel cerebral, pero comparto también que ese es un enfoque reduccionista, puesto no mira con detención las experiencias humanas de sus contextos históricos, sociales y culturales. Sin ver lo “colectivo” de la enfermedad mental.

    Todo lo expuesto anteriormente se entrelaza de forma natural con la psiquiatría comunitaria que, junto a otras corrientes, desafían la universalización de las categorías diagnósticas y proponen un entendimiento situado, interseccional y decolonial de las experiencias humanas de sufrimiento. Complementando el modelo biomédico. La psiquiatría comunitaria Emerge entonces como como un espacio de articulación entre saberes diversos y prácticas transformadoras. Creo que nuestro rol es ser un buen lector del contexto sin dejar de lado los saberes de la ciencia.

    La propuesta de la psiquiatría comunitaria y de los textos, es muy pertinente y necesaria en el contexto actual de la salud mental y quiero mezclarlo con mi experiencia en la práctica clínica; como residente de psiquiatría infanto juvenil, actualmente me ha tocado recibir en policlínico muchos padres con la necesidad imperiosa de recibir un diagnóstico de forma inmediata, específicamente de Trastorno del Espectro Autista (TEA), puesto con el solo diagnóstico, el solo timbre afirmativo acceden a beneficios escolares y gubernamentales incluso, que sin ese diagnóstico no tendrían. Desde ese punto de vista me parece perverso diagnosticar a un niño o niña pequeña incluso cuando tenemos dudas solo porque recibirá apoyo educacional, es una pena que así sea y que estos apoyos no sean universales y dependan de una categoría diagnóstica. Y como modelo y como país nos pisamos la cola con lo anteriormente expuesto. La crítica a la patologización y la búsqueda de espacios de diálogo y cuidado mutuo debieran ser lo fundamental para avanzar hacia un modelo más humano y comprensivo, y no la consecución de una etiqueta que deje tranquilo al colegio o los padres

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me parece muy acertado el comentario y el análisis que entregas de los textos y video revisado.

      Es fundamental entender a los pacientes en contextos, con historias y biografías que vale la pena escuchar. En ocasiones desde los mismos espacios académicos se nos invita a desconectarnos del contenido del relato e ir a la forma, pero creo que es una práctica que invisibiliza la narrativa que puedan traer los usuarios, y que nos aleja de proporcionar una ayuda individualizada y centrada en las necesidades del consultante.

      Si bien los diagnósticos son necesarios para muchas cosas, ya sea enfoques terapéuticos, objetivos programáticos, gestión de recursos e inclusive tranquilidad de los pacientes al lograr entenderse dentro de una categoría más circunscrita, trae consigo grandes dificultades también. Es común visualizar la segregación que trae la etiqueta diagnóstica, es muy ejemplificador el caso de radio Nikosia que pone en manifiesto Martín Correa, en donde un locutor de la radio relataba no entender porque era llamado esquizofrénico si solo el 10% de su vida era mandatado por ese rol. Creo que el ejemplo es claro y una realidad latente, muchas veces las categorías diagnósticas se convierten en sentencias para las personas y significan ataduras que despojan a las personas de toda autonomía o poder discursivo frente a la vida.

      Personalmente, visualizo frecuentemente la pérdida de poder narrativo que se asume en muchas personas con trastornos mentales severos. Creo fundamental la escucha activa e interés genuino en las historias y necesidades que pueden verbalizar nuestros pacientes y desde ahí la construcción de un vínculo estrecho, cercano y que fortalezca una comunicación efectiva para poder ayudarles. Si bien, es relevante no desconectarnos de los procesos biológicos que van detrás de cada uno de los síntomas, debemos lograr ver los síntomas más allá de eso, visualizarlos como un sufrimiento psíquico situado, con un contexto político, social, familiar, laboral, entre muchos otros que es fundamental escuchar para proporcionar una ayuda genuina y que logre proporcionar un apoyo centrado en la individualidad más allá de la etiqueta o generalidad diagnóstica.

      Eliminar
    2. Estimada Francisca:

      Quiero expresar mi acuerdo con lo que mencionas sobre la importancia que debemos otorgar, como prestadores de salud, al reconocimiento de la experiencia vivida por cada persona. Creo que esta es la base no solo para validar la realidad del paciente, sino también para establecer un punto de partida sólido desde el cual iniciar cualquier proceso terapéutico. Asimismo, coincido en que, en ocasiones, esta experiencia no necesariamente conlleva sufrimiento, tal como mencionas con el ejemplo relacionado de las aves.

      Es solo a través del reconocimiento genuino de las experiencias del paciente que podemos abordar la complejidad de la vivencia. Desde esta perspectiva, estoy de acuerdo en que el modelo biomédico tiende a ser reduccionista, ya que se enfoca únicamente en el individuo, sin considerar el contexto colectivo que influye en el proceso de recuperación.

      Por esta razón, es crucial lo que mencionas acerca de la psiquiatría comunitaria, que actúa como un puente entre el conocimiento científico y el saber profano. En la práctica, esta unión resulta sumamente beneficiosa para los pacientes. Un ejemplo de esto se observa en varios lugares de nuestro país, donde se han incorporado los saberes de la cultura mapuche en el ámbito de la salud. Esta integración con la medicina tradicional ha representado, sin duda, un avance significativo en el esfuerzo por amalgamar diferentes formas de conocimiento, enriqueciendo así la atención que brindamos y promoviendo un enfoque más holístico en el cuidado de la salud.

      Eliminar
    3. Estimada Francisca: muy de acuerdo con la visión que tiene con respecto a los textos y video presentado para esta sesión, pensar que la interpretación y vivencia de la persona que sufre una enfermedad mental grave es menospreciada y supeditada al saber institucional (biomédico), siendo que deberían estar a la par ambas experiencias. Dentro de esta idea es algo que actualmente está retomando fuerza como parte también de tratamientos para dichas enfermedades con enfoque relacionado a poner en la palestra la vivencia y sufrimiento del paciente. El ejemplo que me gustaría compartir son la existencia de terapia de diálogos abiertos que es un abordaje que restaura los valores humanos al enfatizar la escucha y la respuesta a la persona como un todo en un contexto determinado, contrariamente a las prácticas convencionales que tienden por defecto a ver al paciente como un objeto del tratamiento, sin capacidad de decisión como lo mencionado en esta sesión. Solo enfocarse en el diagnóstico como tal.
      Además comparto lo mencionado por Francisca, también como residente de psiquiatría infanto juvenil el boom del diagnóstico de TEA ha generado un sistema perverso donde es necesario presentar este diagnóstico para acceder a prestaciones que de otra manera son muy difícil acceder desde el punto de vista económico o por el tiempo que se demoran en acceder. Dentro de esto mismo genera también una necesidad de encasillar con un diagnóstico lo que perpetúa ver a la persona como un diagnóstico. Por lo que la psiquiatría comunitaria puede aportar desde su lado una mirada que sea menos estrecha y se amplíe para poder enfocarse en todo el proceso que conlleva que una persona enferme y que comience su recuperación.

      Eliminar
    4. Concuerdo respecto a como debemos coexistir en este saber biomédico reduccionista, que es muy útil, y sin dejar de lado todo el saber profano, junto con el contexto social asociado a las experiencias condicionantes de las vidas de las personas. La psiquiatría comunitaria efectivamente se abre como un opción para tratar de dar respuestas mas amplias, conciliadoras e inclusivas, para mejorar nuestra forma de "humanizar" mas la atención de salud mental. Creo que falta un larguísimo camino para llegar a lo que anhela la psiquiatria comunitaria, y que no puede ser dejado solo en manos del ambito de la salud, si no que debemos incluir politicas sociales y educacionales, pensar a largo plazo.

      Eliminar
    5. Estimada Francisca, concuerdo contigo respecto al reduccionismo biomédico y el ejemplo que mencionas del video del paciente que escuchaba pájaros sin una interpretación negativa. Creo que a lo largo del curso y de la beca he aprendido a desnaturalizar ciertos paradigmas biomédicos y psiquiátricos. En el pregrado recuerdo que durante muchas clases, sobre todo cuando nos enseñaban psicosis y manía era que siempre había que tratarla farmacológicamente, mas no recuerdo habernos detenido en algún momento en la importancia de todo el resto. Al inicio de la beca me surgió la duda de por qué alguien había decidido no iniciar inmediatamente antipsicóticos a un paciente que había comenzado a tener delirios místico religiosos y alucinaciones auditivas, que continuaba viviendo una vida tranquila, sin problemas con su familia, y a quien las voces no le provocaban malestar. Si bien en aquel momento no me hacía tanto sentido, hoy me lo planteo incluyendo otra perspectiva. Por otro lado, recuerdo a otro paciente, en que para él las alucinaciones auditivas las describe como una tortura. He aquí la importancia de escuchar genuinamente las narrativas personales de cada persona y trabajar colaborativamente.

      Eliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  5. Continuación


    En mi experiencia personal, durante estos meses realizando mi pasantía en el CDT del Hospital Barros Luco he visualizado el rol fundamental de evaluar el sufrimiento dentro de diferentes contextos, y en cómo, el trabajo en equipo y con un enfoque multidisciplinario aporta en gran medida para lograrlo. Las evaluaciones desde diferentes esferas y por diferentes miradas profesionales logran visualizar al sujeto en diferentes contextos y con diferentes problemáticas que deben ser abordadas más allá de un tratamiento farmacológico y una visión reduccionista y principalmente biomédica. Me quedo con una frase que he visualizado en carpetas y puertas del CDT “no somos diagnósticos, somos historias”, creo profundamente que es ahí el foco de trabajo para un bienestar global de nuestros consultantes.

    ResponderEliminar
  6. A partir de las lecturas y del video, quisiera destacar que la comprensión de la salud mental ha evolucionado con el tiempo. Inicialmente, se abordaba desde un enfoque biomédico que se centraba en tratamientos individuales. Nikolas Rose critica este reduccionismo, argumentando que ignora los factores sociales y culturales que, en muchas ocasiones, son responsables del sufrimiento derivado de las desigualdades sociales. Por esta razón, es esencial incorporar las experiencias de las personas y diversas perspectivas culturales de manera holística, involucrando a la comunidad en el proceso terapéutico. La psiquiatría comunitaria ofrece un marco para integrar estos saberes y prácticas, empoderando a las comunidades. Correa-Urquiza resalta la relevancia de las experiencias locales, las cuales deben ser validadas y reconocidas.

    Es fundamental considerar diferentes saberes y vivencias comunitarias. Por ejemplo, el sufrimiento psíquico es un conocimiento que debe ser tomado en cuenta en la terapia. Además, es crucial permitir que el paciente otorgue su propio significado a lo que está viviendo. Si el significado se impone desde el exterior, el paciente pierde la autoridad sobre su relato, lo que le impide validarse a sí mismo. A menudo, en la práctica, se tiende a abordar al paciente en función de lo que representa para los demás, como en el caso del TDAH, en lugar de centrarse en lo que realmente siente.

    En cuanto a los saberes profanos, que derivan de la experiencia personal del sufrimiento, a menudo son desestimados por la mirada del experto. Sin embargo, considero que son esenciales para el bienestar de las personas. Estos saberes enfrentan obstáculos y son descalificados al no ser considerados “expertos”, lo que los deja fuera del modelo biomédico hegemónico. Esta exclusión se debe a la falta de espacios de diálogo, a pesar de que estos conocimientos enriquecen la comprensión colectiva y aportan un nuevo sentido a la experiencia, abordándola desde una perspectiva más inclusiva.

    Quisiera también mencionar el concepto de salud colectiva, que se presenta como un campo interdisciplinario que examina problemas estructurales en relación con la salud. Este enfoque amplía la visión biomédica, considerando a la persona en toda su complejidad, incluyendo sus vidas, historias y trayectorias. En contraposición, el modelo biologicista tiende a aislar al paciente en su diagnóstico, apoyado por un sistema utilitario que ignora las experiencias individuales. Esto es problemático, ya que niega la capacidad del paciente para elegir y desestima las dimensiones imaginativas y las relaciones interpersonales, enfocándose en fármacos que benefician al sistema, en lugar de promover terapias con un enfoque social y comunitario. Estas últimas son esenciales para combatir la soledad que a menudo acompaña a las patologías de salud mental.

    Finalmente, me gustaría compartir una experiencia personal en el Cesfam Monteáguila, donde el equipo organizaba, al menos una vez al mes, reuniones comunitarias con varios usuarios de salud mental. En estas reuniones, los participantes compartían sus experiencias y conocimientos sobre el bienestar emocional, lo que permitió reconocer la importancia de la sabiduría local en el proceso de mejora. Este enfoque facilitó la integración de estos saberes en las intervenciones; un ejemplo de ello es el uso del agua de melisa, ampliamente utilizada en la localidad y que formaba parte integral de la terapia habitual para casos de estrés o ansiedad.

    ResponderEliminar
  7. Quisiera destacar, tanto de las lecturas como del video del antropólogo Martín Correa Urquiza, lo siguiente: los padecimientos de la mente, entendidos como "enfermedades" o "trastornos", responden a la lógica de la conformación de un campo de conocimiento dentro de las áreas profesionales relacionadas. Esto se basa en la necesidad de elaborar categorías que permitan nombrar, clasificar, comprender y tratar diversos compendios sintomatológicos. Sin embargo, asumir que estas categorías abarcan la complejidad del sufrimiento psíquico y social asociado a la llamada locura sería una falacia.
    Martín Correa describe la locura como "perderse en los brazos del otro" y señala la violencia que se ejerce sobre los pacientes catalogados como locos, quienes pierden la jurisdicción sobre su propio relato. La antropología nos recuerda que la cultura es la fuente de los significados con los cuales interpretamos los fenómenos de la vida cotidiana para interactuar socialmente, pero no representa la realidad en sí misma.
    En este contexto, destaco al autor Arthur Kleinman, quien propone un análisis de los marcos de referencia desde los cuales se construye el conocimiento. Según Kleinman, es posible distinguir tres conceptos fundamentales al abordar la enfermedad: illness, disease y sickness. Illness se refiere a la experiencia subjetiva de aflicción; Disease abarca la dimensión orgánica y clínica de la enfermedad; Sickness engloba el malestar social y cultural asociado a la disfunción, incluyendo las significaciones sociales que esta genera.
    Por otro lado, el estigma en salud mental está profundamente ligado al diagnóstico y a las etiquetas que este impone sobre los sujetos y sus identidades sociales. Somos conscientes de la carga social que implican categorías diagnósticas como la esquizofrenia. Si bien estas etiquetas pueden facilitar ciertos beneficios, como una pensión, también limitan la autonomía del individuo, clausurando posibilidades y reduciendo su experiencia a una categoría que no refleja la complejidad del sufrimiento psíquico.
    Es necesario mencionar el “movimiento loco”, que busca reconocimiento y activa deconstrucciones significativas. Este movimiento lucha contra la percepción de que a las personas solo les queda la medicación y “esperar en el sofá”. Es una lucha por el reconocimiento y la reivindicación de sus derechos.
    El diagnóstico en salud mental frecuentemente lleva al desacreditamiento de las personas, generando lo que se denomina "injusticia testimonial". Esto ocurre cuando ciertos grupos son subrepresentados o desacreditados en el discurso social, haciendo que sus testimonios sean menos creíbles o valorados. Este tipo de opresión epistémica refuerza la marginación de las voces de individuos pertenecientes a grupos vulnerables. Por ello, resulta crucial fomentar vínculos genuinos y participar activamente en los procesos de cuidado.
    Además, es común que las conductas disruptivas sean castigadas, medicadas o sujetas a contención física, no por el beneficio del paciente, sino para evitar que "nos molesten a nosotros mismos". Esto distorsiona el enfoque de cuidado y refuerza la importancia del vínculo terapéutico como eje fundamental.
    En mi experiencia personal como EDF, aprendí que, aunque los diagnósticos pueden generar estigma, en algunos casos también representan un alivio al ofrecer una explicación a ciertos comportamientos. Recuerdo una consultoría en la que una paciente fue diagnosticada con TEA. La psiquiatra mostró gran empatía y le explicó que se trataba de una condición médica que no definía su valor como persona ni la limitaba como individuo. Le aclaró que el diagnóstico no la encasillaba, destacando que existen pocas categorías diagnósticas para una gran diversidad de experiencias humanas. Desde entonces, comprendí la importancia de no estigmatizar a los pacientes y de establecer vínculos de calidad con cada usuario.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimada Jessica: estoy de acuerdo con tu opinión basada en lo que dice Martin Correa que describe la locura como "perderse en los brazos del otro" y señala la violencia que se ejerce sobre los pacientes catalogados como locos, quienes pierden la jurisdicción sobre su propio relato. Esto lo podemos ver a diario con nuestros pacientes que están hospitalizados en la UPA, y que principalmente por el estado de psicosis pierden su autonomía. Lo vemos a diario también en los pacientes con consumo de sustancias, adiciones a cocaína los cuales en estado abstinencia se tornan muy irritables en donde se utilizan medidas coercitivas como la contención física y farmacológica para nos ser golpeados por ellos. Es terrible llegar a estas acciones coercitivas, pero tampoco es justo que guardias en el momento de la contención obtengan una fractura de nariz en el procedimiento, o parte del equipo médico sea escupido por pacientes con desajustes conductuales.

      Eliminar
  8. Luego de ver el video y las lecturas obligatorias, creo que la información entregada nos lleva a la reflexión profunda sobre como concebimos la puesta en práctica de nuestra profesión y otras afines en el mundo de la salud mental, de los cuidados que creemos que se entregan y además de nuestros saberes “hegemónicos” que suelen invisibilizar a los saberes profanos como los llama Martin Correa. Este autor explica distintas maneras de como abordar de forma diferente estas problemáticas, además de enseñar como las pone en práctica con radio Nikosia, y aportando muy buenos ejemplos, como el de Dolors y como entiendo que se volvió loca, o sobra la paciente que se apagaba los cigarrillos en las muñecas. Creo que, de forma mas profunda, a todas las palabras rimbombantes y complejas explicaciones que se dan a los temas aludidos, podemos analizar que dentro de todo lo hablado, existe un problema que claramente va más allá del ámbito médico, y está relacionado con la poca practica de “ser humano” , lo que esto significa y como vivimos en un mundo mecanizado, acelerado, que nos deshumaniza, y donde creo hay falta de valores, que nos enseñen a como ser más humanos. Quiero destacar las enseñanzas del budismo que podríamos aplicar en todo ámbito de nuestra profesión, como lo son, entre otras: La compasión y empatía, el mindfulness, el No-juicio y aceptación, y la Interdependencia. En mi experiencia personal en la atención de pacientes, reconocer al otro como un igual que está sufriendo y necesita ayuda, me ha abierto las posibilidades de forjar una alianza terapéutica donde se abren mas posibilidades de intervención, llegar a sus saberes y sufrimientos escondidos, donde ser escuchados atentamente y reconocidos, suele ser mejor terapia o “remedio” que muchos fármacos que pueda prescribir.
    Esto lo podemos llevar en la practica de como atendemos a las personas desde una consulta, como son tratados en las hospitalizaciones psiquiatricas, a las medidas de contención física, la puesta en practica de la coerción, hasta como nos relacionamos nosotros mismos con nuestros pares.

    ResponderEliminar
  9. En este blog sobre la salud mental, aflicciones y saberes otros, quiero comentar sobre la crítica que se hace al modelo biomédico. Está claro lo que en su momento este modelo entregó para poder categorizar y clasificar de mejor manera los trastornos psiquiátricos. Sin embargo, es reduccionista, biologicista, que solo de encarga de diagnosticar en base a criterios y dar un esquema farmacológico. Sin embargo, la visión de otros puntos de vista como el antropológico, las dimensiones socioculturales, miradas filosóficas hacen que este modelo no sea el que pueda representar de mejor manera el diagnóstico de las enfermedades mentales, es decir, queda reducido a un solo espacio de las diversas miradas terapéuticas y enfoques posibles.
    Con el diagnóstico ocurren varias cosas. Actualmente hacer el diagnóstico de autismo, que esta muy moda en este momento y que trae algunos beneficios, como la obtención de la credencial de discapacidad, mejor oportunidad en el acceso de hora de atenciones médicas en centros de atención de salud de publica, posibilidad de comprar un automóvil en el norte del país adaptado a la condición física del usuario, sin embargo, esta condición genera estigma social, discriminación, lo que demuestra una gran falta de conocimiento de la sociedad por el autismo. Es nuestro rol poder llegar a un equilibrio en despatologizar y garantizar la continuidad de derechos para las personas afectadas.
    Quiero valorar enormemente el concepto abordado en esta ocasión de validar los saberes otros, las experiencias de sufrimiento son individuales, generan alteraciones en nuestra identidad, tienen efectos en nuestro ambiente, familia, relaciones interpersonales, de pareja, relaciones con los hijos, y amigos, por lo cual nuestros pacientes se convierten en expertos de su sufrimiento, ya que solo ellos son los que saben cual es su verdadero sufrimiento, los cuales son muy distintos a los del paciente de al lado, a pesar de que tengan la misma categoría diagnóstica. Por lo cual debemos integrar la vivencia única, individual del sufrimiento humano en nuestros pacientes. Al validar y conocer la subjetividad del sufrimiento humano podremos encontrar nuevos focos terapéuticos para el paciente y para demostrar la diversidad de síntomas, signos, e historia de vida distintas una de otras de nuestros usuarios.
    Debemos educar a la población, escuchar a la comunidad sus propias necesidades que están basadas en su cultura, su espacio geográfico, su historia, sus recursos, sus determinantes sociales, sus necesidades como comunidad, su nivel socioeconómico, es decir es un trabajo colectivo, y participativo que debe integrar estos “saberes otros”.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tu reflexión es un aporte valioso para el debate sobre la salud mental, especialmente al criticar el reduccionismo del modelo biomédico y valorar los "saberes otros". Reconocer las limitaciones del enfoque biomédico no implica desestimar sus contribuciones, sino avanzar hacia una perspectiva más integradora que contemple las dimensiones socioculturales, filosóficas y antropológicas. Este enfoque permite enriquecer la comprensión del sufrimiento humano, atendiendo no solo a categorías diagnósticas, sino también a las experiencias subjetivas y singulares de cada paciente.

      El ejemplo del diagnóstico de autismo refleja las tensiones que surgen entre los beneficios de la categorización diagnóstica y los riesgos asociados, como el estigma y la discriminación. Aquí surge la importancia de despatologizar, garantizando al mismo tiempo derechos y acceso a servicios. Este equilibrio es clave para promover una atención centrada en la persona.

      Además, tu énfasis en validar las vivencias individuales del sufrimiento humano subraya un aspecto crucial: los pacientes son expertos en sus propias experiencias, y su voz debe guiar el proceso terapéutico. Por último, el llamado a escuchar a las comunidades y trabajar desde sus contextos específicos resalta la necesidad de construir una salud mental que no solo sea participativa, sino también culturalmente pertinente y socialmente equitativa.

      Eliminar
    2. Nicolas tu comentario resalta una verdad y es: el sufrimiento psíquico es complejo y no puede reducirse a una sola mirada o categoría por lo que coincido en que integrar perspectivas antropológicas, socioculturales y filosóficas no solo enriquece nuestra comprensión, sino que también nos acerca más a la humanidad de las personas que acompañamos. Cuando validamos los saberes que surgen de la experiencia personal, estamos reconociendo la riqueza de las vivencias individuales y brindando el espacio para que cada persona pueda ser escuchada y comprendida. Esto nos invita a construir intervenciones más, respetuosas.
      Me parece muy acorde lo que comentas acerca de encontrar un equilibrio entre despatologizar y garantizar derechos. En el caso del autismo, es esencial recordar que detrás de cada diagnóstico hay una persona con una historia única. No debería ocurrir que el diagnóstico sea la única puerta de acceso a apoyos, y tampoco debería ocurrir que se convierta en una etiqueta que limite o defina a alguien por completo.

      Eliminar
    3. Nicolas, encuentro muy asertivo tu comentario, comparto el hecho de considerar las narrativas personales de las personas con aflicciones de salud mental para construir un trabajo y salud colectiva que pueda encontrar nuevos focos terapéuticos igual o mejor de válidos que el modelo biomédico hegemónico actual. Las experiencia personales de sufrimiento son elementos valiosos que pueden ser oportunidades a tomar por terapeutas para poder externalizar y transformar el malestar, en ese sentido lo más importante es validar, acompañar e intentar entregar una mirada que haga sentido en el vivenciar de la persona. Creo que las etiquetas diagnósticas son útiles, pero no son más que eso, etiquetas y que por lo demás tener una mirada multidimensional y compleja de las aflicciones en salud mental constituye el camino hacia una trabajo intersubjetivo respetuoso y que por lo demás aporta a una colectividad muy necesaria hoy en día.

      Eliminar
  10. La salud mental infantojuvenil en Chile enfrenta desafíos que resuenan con las reflexiones de los textos "Soltar Amarras" y "La Condición del diálogo". En el primer texto, se destaca la necesidad de replantear las prácticas en salud mental, pudiendo adoptar enfoques hacia el dialogo y participativos que puedan incluir a niños, niñas y adolescentes como protagonistas de su bienestar. En el contexto chileno, esto requiere abandonar modelos rígidos y lineales, adaptándose a las realidades locales y priorizando la voz de los jóvenes en la construcción de soluciones.

    Por otro lado, "La Condición del diálogo" subraya la importancia de integrar los saberes profanos, aquellos conocimientos cotidianos de las comunidades, familias y sujetos, para complementar las perspectivas biomédicas. En Chile, esto implica fomentar una red de apoyo que articule actores escolares, familiares y comunitarios, valorizando los saberes locales y culturales en la promoción de la salud mental.

    Ambos textos invitan a repensar los modelos actuales, promoviendo un enfoque interdisciplinario y contextualizado. En Chile, donde aún persisten brechas de acceso y estigmas asociados a la salud mental, la implementación de estos principios podría marcar la diferencia al ofrecer intervenciones inclusivas, participativas y culturalmente pertinentes para la población infantojuvenil.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimada Mónica, considero que tu reflexión es de gran valor, ya que destaca elementos fundamentales que nos brindan apoyo para generar modificaciones en el actual modelo de salud mental, facilitándonos alcanzar un sistema más inclusivo, participativo y con una perspectiva cultural. Concuerdo plenamente en buscar estrategias que permitan a los niños, niñas y adolescentes ser actores principales de su proceso de bienestar, pues los fortalece e involucra de manera activa en la toma de decisiones relacionadas con su propio cuidado, lo que conduce a mejores resultados, dado que se establece un mejor vínculo terapéutico. En cuanto a los conocimientos profanos, la importancia está en considerarlos como un enriquecimiento adicional a los conocimientos científicos y académicos. A mi juicio, deben integrarse en las estrategias de salud pública, ya que nos facilitan proporcionar perspectivas culturalmente apropiadas y accesibles. Por ejemplo, en el ámbito de la salud mental, las comunidades frecuentemente disponen de prácticas y redes de soporte social que pueden contribuir a prevenir y tratar trastornos mentales, contribuyendo a los tratamientos de salud mental actual y con esto potenciar la eficacia de las intervenciones.

      Eliminar
    2. Estoy de acuerdo con el comentario en cuanto a la necesidad de replantear las prácticas en salud mental infantojuvenil en Chile, incorporando enfoques más participativos y contextualizados. La idea de posicionar a niños, niñas y adolescentes como protagonistas de su bienestar es crucial, especialmente en un sistema que históricamente ha tendido a excluir sus voces en la toma de decisiones. Adoptar modelos más flexibles y adaptados a las realidades locales permitiría no solo responder mejor a sus necesidades, sino también empoderarlos como agentes activos en sus procesos de salud.

      También coincido en la importancia de integrar los conocimientos cotidianos y comunitarios. Incluir a las familias, las escuelas y las comunidades en una red de apoyo más horizontal puede enriquecer las intervenciones y contribuir a desmantelar el estigma asociado a la salud mental. Este enfoque no solo complementa las perspectivas biomédicas, sino que también fomenta un sentido de pertenencia y corresponsabilidad en la búsqueda de soluciones.

      Persisten brechas significativas en el acceso a servicios de salud mental, y aplicar estos principios podría marcar una diferencia tangible. Una salud mental inclusiva y culturalmente pertinente es no solo una meta deseable, sino también una necesidad urgente para garantizar el bienestar de las nuevas generaciones.

      Eliminar
  11. En el material de esta semana se abordan temas claves relacionados con la desigualdad en las relaciones entre los distintos campos del saber, específicamente entre el saber experto-hegemónico de las disciplinas médicas especializadas y el saber basado en la experiencia vivida del sufrimiento, que habitualmente es ocultado, negado o relegado al olvido.
    Según Kleinman, al aproximarnos a la enfermedad es posible distinguir tres conceptos fundamentales: "illnes" , que se refiere a la experiencia subjetiva de la enfermedad; "disease", que abarca la dimensión orgánica y clínica del padecimiento; y "sickness", que engloba el malestar y la disfunción en el contexto sociocultural.
    En este marco, resulta particularmente interesante cómo se aborda la complejidad del discurso en casos complejos, como la psicosis. Esta complejidad conlleva desafíos en la comunicación, la narrativa y la interpretación, los cuales derivan del tipo específico de sufrimiento o trastorno mental. Como consecuencia, existe el riesgo de desatender al individuo que sufre, es lo que hacemos/vemos en la práctica clínica habitualmente, mientras que gran parte de su vivencia es desestimada en favor de la interpretación y tranquilidad .
    En este sentido, la psiquiatría comunitaria desempeña un papel fundamental al ofrecer un espacio para promover una salud mental colaborativa, enriquecida por la integración de diversas perspectivas y miradas.
    Como experiencia personal, observo más que una invalidación del relato desde el equipo de salud, visualizo más una invalidación del relato de parte de los familiares cercanos o redes de apoyo principales de los pacientes (especialmente en casos de deterioro funcional grave o estados de fin de vida)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimado Wilson, creo que la invalidación de los pacientes de parte de sus propias redes de apoyo es un tema importante a tratar. Creo que esto tiene que ver directamente con nuestra cultura. Hace no mucho, un diagnóstico de enfermedad mental era considerado una forma de debilidad moral, de minusvalía y fracaso en las expectativas del desarrollo pleno de un ser humano. Creo que los estigmas que derivan de estas posturas son, aún, tremendamente dañinos para los consultantes y facilitan la alienación. Creo que el trabajo que hay que hacer para modificar estos prejuicios y estigmas, es uno que debe hacerse desde la cultura y la educación, ya que implica transformaciones de imaginarios colectivos y narrativas dominantes.

      Eliminar
    2. Estimado Wilson:

      Efectivamente, las personas con trastornos de salud, según mi experiencia, sufren en gran medida por el estigma que enfrentan desde sus seres queridos. En HDD junto a Javiera, estamos encargadas del taller de psicoeducación de familiares donde podemos visualizar que sus padres, madres, hermanos y cercanos, aplican el paternalismo y la victimización, limitando así su capacidad de desarrollo personal, tema que se toca en cada sesión. Sin embargo, las familias que acuden, finalizan el proceso contestas debido a las herramientas que se les otorgan para llevar de la mejor forma posible el proceso.

      Eliminar
  12. Las reflexiones de esta semana, tanto en las lecturas como en el video de Martín Correa-Urquiza, nuevamente vienen a hacernos reflexionar sobre impacto del diagnóstico en la relación con las personas que atendemos y cómo este puede perpetuar el estigma y limitar nuestra capacidad de generar vínculos terapéuticos .
    Como señala Correa-Urquiza en el video, el estigma está en el diagnóstico, y el diagnóstico se transforma en un tipo de vínculo en donde supuestamente se sabe todo sobre la persona. Este enfoque, aunque útil desde una perspectiva técnica, puede clausurar la narrativa de quienes sufren, reduciendo su identidad a una etiqueta. El diagnóstico se presenta como una "categoría inapelable, permanente y para siempre", que actúa como una especie de "aplanadora", cerrando la posibilidad de explorar la complejidad del sufrimiento psíquico, lo que hace reflexionar que el diagnóstico no es más que una construcción momentánea que nunca puede abarcar en su totalidad la experiencia subjetiva y la multidimensionalidad del sufrimiento de la persona.
    En mi experiencia, he sido testigo de cómo esta reducción puede impactar negativamente en las personas, especialmente en quienes sienten que su diagnóstico define su existencia, personas que se sienten completamente inestables o limitados tan solo porque fueron diagnosticados con equis patología. Al darle espacio para expresar su experiencia, logramos construir un vínculo más auténtico, lo que me reafirmó la importancia de no encasillar a las personas en categorías rígidas.
    La crítica de Correa-Urquiza al modelo biomédico también invita a reflexionar sobre la necesidad de incorporar estos saberes profanos como parte fundamental de nuestras intervenciones. Si bien los diagnósticos son útiles para estructurar tratamientos y acceder a recursos, debemos recordar que no son verdades absolutas, sino construcciones culturales y momentáneas que deben estar abiertas al diálogo y a la reinterpretación constante. En palabras de Correa-Urquiza, debemos recordar que "el diagnóstico no alcanza a abarcar la complejidad del sufrimiento psíquico; es algo mucho mayor".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Comparto la idea de que debemos encontrar un equilibrio entre el conocimiento científico y las dimensiones sociales y personales de la salud mental. La psiquiatría comunitaria ofrece una vía prometedora para humanizar la atención, pero es necesario un esfuerzo conjunto que involucre a diversos sectores de la sociedad y una planificación estratégica a largo plazo.

      Eliminar
  13. En los materiales a trabajar durante esta quincena, se tematiza fundamentalmente sobre la relación, a modo de desafío, entre los llamados saberes profanos y aquel que caracteriza al ámbito de la psiquiatría institucionalmente constituida, signada muchas veces de manera excluyente por el paradigma biomédico en salud mental. El carácter de desafío es planteado no solo por los problemas asociados al paradigma biomédico, como puede ser el reducir el fenómeno de lo que se considera patológico solamente a desajustes de la realidad corporal y orgánica de los individuos, soslayando muchas veces el entramado social en el cual aparecen ciertos signos clínicos que son leídos como constitutivos de una enfermedad, sino también a la perspectiva misma de la salud mental comunitaria que busca tratar con pacientes que no solo son portadores de un padecimiento psíquico, sino fundamentalmente como individuos portadores de derechos.
    En el ámbito de las ciencias sociales, el término de saber profano se utiliza para designar a un conjunto de saberes que aparecen por fuera de aquellos que constituyen saberes institucionales en relación a un tema o un área social en cuestión. En este caso, los saberes profanos en salud mental son el conjunto heterogéneo y muchas veces contradictorios entre sí de conocimientos, valoraciones normativas y morales, creencias, etc, que efectivamente poseen los individuos y que surgen del suelo mismo de la vida práctica; que se contrapone a un saber propio de las ciencias médicas y de la psiquiatría, tanto en la determinación del binomio salud/enfermedad, como de las herramientas a desplegar para el tratamiento de las enfermedades, como de la promoción de la salud. La relevancia del saber profano para la conceptualización y narración del padecimiento psíquico por partes de quienes efectivamente lo padecen, aparece como un aspecto insoslayable no sólo para una determinación que no reduzca el fenómeno de la morbilidad a sus aspectos sintomatológicos en su acepción clínica, sino que también ha adquirido un peso político específico debido a las diversas experiencias de activismo en salud mental que buscan rescatar la voz en primera persona de quienes padecen y han padecido de trastornos mentales. Este activismo es de suma importancia, ya que no solo ha permitido visibilizar los atropellos tanto de los profesionales como de las instituciones de salud mental sobre los pacientes, muchas veces justificadas de manera benévola o cínica como realizadas en bien de estos últimos, si no que también ha permitido un enriquecimiento conceptual del ámbito de la salud mental, y una mejora tanto en el ámbito epistemológico, como en el tratamiento de determinados trastornos de la salud mental misma.
    Otra herramienta epistemológica fundamental, propia del ámbito de la antropología médica crítica, es la distinción de tres aspectos de la construcción de lo que se entiende como enfermedad que busca no reducir la misma a sus aspectos clínicos sintomatológicos. Esta sería la distinción entre “illness”, “disease” y “sickness” como tres aspectos relacionados internamente que permiten dar cuenta de una manera más acabada del fenómeno mismo de la enfermedad. El primero de estos se refiere al aspecto subjetivo del individuo en su padecimiento de la enfermedad. El segundo refiere al desajuste orgánico que puede ser leído en vistas de determinados síntomas clínicos. Y el tercero se refiere a los aspectos estructurales y sociales de la enfermedad.
    Considerando los elementos planteados en los párrafos anteriores, se entiende el carácter de desafío que plantea el habilitar los saberes profanos, la voz misma de quienes padecen dolor psíquico, frente al saber instituido en el ámbito de la salud mental. Para mencionar algunos pocos aspectos, mencionare que nos permite desnaturalizar el saber médico mismo, al historizarlo y reinsertarlo en el ámbito de la producción simbólica que tiene toda comunidad humana. Y en segundo lugar que nos permite integrar en el proceso terapéutico a aquellas mismas personas que necesitan del mismo por estar sufriendo en acto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. concuerdo totalmente contigo compañera, creo que nos brinda la posibilidad de horizontalizar el saber médico como mencionas, de que la comunidad tome ese saber como suyo, y de todos, que las prácticas llamadas como "alternativas" o el como resuelve la comunidad también sea parte del dialogo.

      Eliminar
    2. Estimada:
      Sin duda conocer teóricamente las distinciones, las categorías analíticas para desnaturalizar las prácticas hegemónicas (dejar de verlas como la respuesta "natural", "lógica", "científicamente fundada"), es un primer paso, que contribuye a que podamos recuperar nuestra libertad creativa de alternativas construidas con las personas y comunidades, para transformar esa situación.

      Eliminar

  14. Carolina, al igual que a ti, a mi en efecto también me llamó mucho la atención el ejemplo mencionado en el video de la paciente que se había quemado las muñecas con colillas de cigarro, ya que me parece que es de una riqueza gigante no solo como experiencia en sí misma, sino para entender el rol de los saberes profanos, frente a o en relación con, el saber médico institucionalizado. Como se menciona en el mismo video, no hay que considerar la relación entre las perspectivas en primera persona y el saber médico externo, como una relación entre falsedad y verdad, o entre dos contenidos proposicionales que disputan la carrera por ver cuál de los dos es más verdadero o correcto. Lo importante es ver el “rendimiento” simbólico, y como muchas veces, esta producción de sentido puede ser un canal más adecuado para entender no solo el padecimiento de un paciente en cuestión, sino que nos puede acercar de mejor manera a un posible tratamiento, al adentrarnos en una forma de narrar del propio individuo.

    ResponderEliminar
  15. Hola a todos, respecto al video y las lecturas de esta sesión, nos sigue invitando a reflexionar más profundamente sobre cómo entendemos y abordamos en sufrimiento psíquico. En este contexto, cobra especial relevancia el concepto de "saberes profanos", esos conocimientos y experiencias que no provienen directamente del ámbito académico o institucional, pero que tienen un gran valor en la construcción de estrategias terapéuticas y de autocuidado, y sobre todo, del reconocimiento de las voces de quienes lo sufren. Se propone una intersección entre el saber profesional y la experiencia subjetiva de las personas, muchas veces dejada de lado.
    El gran desafío radica en la posibilidad de un diálogo entre los saberes “de nosotros” y “de ellos”, los cuales no pueden ser vistos como opuestos o excluyentes. El problema no es la existencia de diagnósticos, sino cómo estos pueden deshumanizar a la persona si se utilizan de manera rígida y como etiquetas que limitan la comprensión del sufrimiento. Si bien pueden ser útiles para iniciar un proceso terapéutico, el riesgo está en que se conviertan en una etiqueta social que pueda ser difícil quitar, generando una violencia simbólica, ya que la etiqueta a menudo no solo estigmatiza al individuo, sino que también establece un filtro a través del cual se perciben todas sus acciones y relaciones. En mi experiencia, he tenido pacientes en que el tener un diagnóstico y que se les explique les da la tranquilidad de sentir que no son las únicas personas que viven con su sufrimiento, les da la sensación de no sentirse “raros” ni “solos”, al explicarles en qué consiste cierta categoría y recalcar que son consensos que no los definen, creo en mi experiencia que mejora el vínculo y les da más tranquilidad. En cambio, hay otros pacientes que no les hacen sentido sus diagnósticos, y al haberlos tenido alguna vez, en alguna hospitalización o en otro contexto, se sienten etiquetados y reducidos.
    Es aquí donde los movimientos de "primera persona" cobran especial relevancia. Ya habíamos leído en sesiones previas sobre la experiencia de radio Nikosia, lo cual encuentro un ejemplo admirable. Estos espacios permiten validar y revalorizar su propio saber sobre el dolor y las formas de sobrellevarlo. Me llamó la atención la forma en que, por ejemplo, en radio Nikosia resignificaban el primer episodio de psicosis, donde en el texto una persona habla de cómo su paranoia estaba fundada en su experiencia en la niñez en la que su madre le mentía todos los años con su muñeco de regalo, u otro ejemplo que el profesor mencionó en el video, en que una persona al estar por primera vez hospitalizada, le dio la oportunidad de que su padre supiera todo lo que ella nunca pudo decirle antes. La semana pasada una paciente me decía que quería trabajar la relación que tenía con su papá, con quien hasta antes de la hospitalización tenían una relación muy difícil. Pasa mucho que los pacientes dicen que las relaciones con sus familias cambian después de estar hospitalizados.
    Destaco además una parte del video que habla de la conciencia de enfermedad: “Yo sí asumo que tengo un sufrimiento inmenso, a mí me falta la escafandra, la coraza que tiene todo el resto, y me cuesta gestionar eso, yo asumo que tengo conciencia de mi sufrimiento, pero lo que no tengo, es una etiqueta que intenta reducir mi sufrimiento a algo supuestamente de la serotonina de mi cerebro, porque al mismo tiempo es una etiqueta que me desautoriza socialmente para hablar”. Esto me recuerda a una paciente que me ha referido una explicación a su sufrimiento psíquico de una manera parecida, en que para ella es “muy difícil vivir y sobrellevar el mundo de los normales”.
    Finalmente, es importante reconocer realmente las voces de aquellos que viven el sufrimiento psíquico y promover estos espacios de sinergia de los que se habla, dejar atrás el que cada uno esté aferrado a sus conceptos y que al final del día podamos ser alguien en quienes las personas puedan confiar y no ser un obstáculo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Perla, me parece acertada la interpretación que realizas sobre el tema en tu comentario. Concuerdo en la dificultad del diagnóstico rigidizado como limitante de las posibilidades individuales, con el riesgo consiguiente de reducir el sufrimiento psíquico singular en un constructo biomédico que termina por estigmatizar socialmente muchas veces como mencionas, y añado que muchas veces invalidan el significado personal íntimo de la aflicción en la biografía y modo de estar en el mundo de la persona sufriente.
      También me pareció muy interesante ese extracto de radio nikosia, justamente en el relato sobre la “desautorización” de la sociedad para hablar, que me parece representa muy bien la problemática del despojo del sentir propio, ante el impuesto en relación al resto de la sociedad bajo sus normas y etiquetas, también lo asocio a lo que mencionan en el mismo video “la gente tiene pánico a la locura” por el “miedo a lo desconocido”, que genera rechazo y discriminación. Me parece valioso el esfuerzo de reivindicación de estos espacios de encuentro, reflexión y resignificación como radio Nikosia.
      Así mismo, es interesante lo que expones en cuanto a cómo reaccionan los pacientes frente al proceso diagnóstico y concuerdo que lo primordial es abordar caso a caso, entendiendo las complejidades multidimensionales del paciente como un ser otro en el mundo, más allá del componente biomédico de su aflicción mental, a la vez que ponderan las expectativas de tratamiento, los discursos y saberes implicados en esta compleja relación vincular de equipo tratante-paciente-red apoyo-comunidad. Lo más importante a mi juicio, es no perder de vista el diálogo empático y genuino.

      Eliminar
    2. Estando muy de acuerdo con ambos, creo que en un aspecto práctico y sencillo, hemos tenido un gran privilegio al encontrar en Angol un contexto validado por personas que nos han mostrado y enseñado una actitud crítica hacia la categoría y el reduccionismo biomédico. Creo que conocer esto "por primera intención" nos hace más permeables a la filosofía detrás, abarcada por los textos.

      El desafío siento que tiene relación con, por una parte, sostenerse o aguantar en esta actitud, entendiendo que, por detrás de la consulta existe un entorno desafiante, una pareja desesperada, una familia que busca respuestas, o incluso un juez que demanda saber si la persona merece castigo o tratamiento. Y por otra parte, el esfuerzo activo que implica deconstruir nuestro (o culturalmente nuestro) propio significado ante una narrativa que es ajena, para darle cabida y extensión a la perspectiva en la primera persona del paciente.

      Eliminar
  16. A propósito de las lecturas y visualización de video me surgen las siguientes reflexiones que vincularé con las terapias ocupacionales desde el sur ya que, el tema de esta semana fue parte de muchos diálogos que se sostuvieron durante mi formación en las que hablábamos de las estructuras hegemónicas de poder, exclusión y opresión presentes en el ámbito de la salud mental. Por lo tanto, comprender la salud como algo colectivo invita a un cambio de paradigma y por lo tanto a nuevas formas de hacer y entender las situaciones o condiciones de salud mental.

    Este cambio de paradigma, de pasar del modelo biomédico a uno antihegemónico implica hacernos parte de procesos de despatologización de las experiencias y cotidianidades de diversas personas que sufren a raíz de estructuras sociales desiguales y opresivas. Estos procesos de desestigmatización o despatologización sólo cobrarán sentido cuando exista un reconocimiento de las voces y saberes invisibilizados o “profanos", como se señala en uno de los textos, para construir nuevas formas terapéuticas que logren dar respuesta. En este sentido, quisiera mencionar a Sousa Santos quien señala que a través de la ecología de saberes podemos desarrollar encuentros mutuos y diálogos recíprocos desde la horizontalidad. En este sentido, desde lo ético y lo político las T.o´s del sur asumimos el desafío de transformar las prácticas terapéuticas, de desarrollar una praxis que favorezca la transformación de las condicionantes sociales que generan sufrimiento planteando alternativas basadas en el respeto por los derechos humanos, de la otredad y de las otras formas de ser en comunidad. Creo que todos y todas quienes estamos vinculados y vinculadas con salud tenemos que hacernos conscientes de la responsabilidad ética y política que tenemos, el hacer o no hacer tiene implicancias directas en las personas, por ello esta perspectiva nos invita a desarrollar praxis transformadoras que, desde la escucha activa y el respeto por la diversidad, podamos contribuir a la construcción de un bienestar colectivo o buen vivir.

    Con esto último recuerdo mi experiencia voluntariando y trabajando en el colectivo sin fronteras, espacio en el que su pilar de acción es apuntar al buen vivir. Lugar en el que vi posible desarrollar prácticas transformadoras y anti hegemónicas para brindar apoyo y acompañamiento a niñeces y familias en situación de movilidad humana. Ahora, pensando en el contexto hospitalario en el que trabajo actualmente desarrollar prácticas decoloniales y anti hegemónicas es un total desafío, muchas veces me encuentro con “no sé como afrontar esto”, me frustro porque me encuentro de cara con las limitantes, me llego a encontrar incoherente, sobre todo con las prácticas coercitivas, pero a la vez pienso que cada cambio cuenta, por muy pequeño que sea, aunque sea promover roles significativos dentro de un espacio de hospitalización, de escuchar atentamente y de dar lugar a esas voces, de facilitar que los/as mismos/as usuarios/as desarrollen talleres, por eso es que lecturas como estas me motivan a seguir intentándolo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimada:
      Respecto a la última parte de tu comentario creo que es un sentir común al trabajar en un ambiente hospitalario lo que mencionas. En mi caso hay prácticas que vienen desde hace años, maneras de hacer las cosas que han tenido sentido en ese contexto para un grupo de personas anterior a nosotros y que cuesta muchas veces poder cambiar. Incluso uno cae en la continuidad y en esto de sentirse "incoherente" como lo mencionas. Pese a ello, está en nosotros el ir realizando este cambio de paradigma y estas reformas sobre reformas continuas como explicaba Martín Correa, motivar a nuestros equipos y trabajar en conjunto con nuestros usuarios.




      Eliminar
  17. De acuerdo al vídeo y los documentos de esta semana en relación a salud mental, aflicciones y saberes otros. Estos temas nos reflejan las falencias de nuestra perspectiva biomédica actual, en relación a que se enfoca principalmente en los aspectos biológicos y fisiológicos de las enfermedades, excluyendo factores psicosociales y culturales, y quizás lo más importante, la vivencia de la enfermedad. Actualmente tenemos un modelo reduccionista, con falta de enfoque en la prevención y en la calidad de vida de las personas. Lo que nos lleva a tratamientos que a veces no abordan las reales causas o a soluciones incompletas. Considero que en un tratamiento, sobre todo de salud mental, se debe escuchar al paciente; ahí la importancia de la empatía, el apoyo emocional y el bienestar general, lo cual es crucial para su recuperación. Si pensamos en un modelo ampliado de salud que incluya otras variables como factores sociales, psicológicos, ambientales y culturales, estaríamos abordando al usuario desde una perspectiva más integradora y holística de la salud.

    En relación al sufrimiento psíquico, es clave abordarlo de manera integral al tener un origen multifactorial y al estar relacionado con el mundo interno de la persona. La experiencia subjetiva del usuario es una herramienta valiosa para complementar el conocimiento médico tradicional.

    El diálogo y vínculo que se logre entre terapeuta y usuario de salud mental, considero que es la clave de un buen proceso terapéutico: la escucha activa y respetada, siempre validando los saberes profanos del paciente, su experiencia, su vivencia y, además, integrando todo dentro de su cultura. Esto permitirá lograr nuestros objetivos que van más allá de lograr la ausencia de enfermedad; más bien son promover el bienestar emocional, psicológico y social de las personas y principalmente disfrutar de su bienestar emocional. Los saberes profanos forman parte de las culturas y son fundamentales para la vida de las personas; debemos verlos como un complemento al conocimiento tradicional y valorar su contribución a la sociedad, ya que son inclusivos y accesibles.

    Considero muy valiosos, para nuestra formación, los temas de esta quincena, ya que nos permiten enriquecer y diversificar las formas en que entendemos y tratamos el bienestar emocional y, además, cuestionar modos que muchas veces nos parecen naturales por estar tan arraigados a nuestro enfoque biomédico.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimada Valeria, quería destacar este reduccionismo en el que vemos habitualmente, no es raro que muchos pacientes con patologías de salud mental se definan como su diagnóstico, así como también los funcionarios lo reducen a solamente eso, despojándolo de cierto modo de su humanidad. No es inusual escuchar “el esquizofrénico hizo esto, el bipolar no ha venido a control”
      Una de nuestras misiones es tratar de entender dentro de su contexto a cada paciente, comprender cómo es su funcionamiento o su procesamiento mental y tratar de encontrar un punto medio entre sus visiones y las nuestras. Es difícil la verdadera inclusión de una persona con sufrimiento psíquico si lo vemos desde un punto de vista centrado en el capitalismo y solamente en la producción, más allá de las repercusiones sociales que esto trae, alienando aún más a los pacientes de salud mental.

      Eliminar

  18. Al leer estos artículos, textos y ver el video del autor antropólogo Martín Correa y su reflexión de introducción al tema ; Salud Mental, aflicciones y saberes otros.

    El texto "La condición del diálogo. Saberes profanos y nuevos contextos del decir”, el cual destaca que la integración de los saberes profanos en el diálogo sobre salud mental, puede desafiar las estructuras y metodologías tradicionales, que a menudo limitan la comprensión del sufrimiento humano. Al reconocer y valorar las experiencias vividas de las personas, se abre la posibilidad de desarrollar enfoques más holísticos y personalizados en la atención, que no solo aborden los síntomas, sino que también consideren el contexto social, emocional y cultural de cada individuo. El texto aboga por la necesidad de descolonizar las prácticas de atención y reconocer la diversidad de perspectivas en el ámbito de la salud mental. También menciona que el diálogo puede facilitar la creación de comunidades de apoyo donde las personas se sientan escuchadas y comprendidas, lo que es esencial para su bienestar emocional. Este sentido de comunidad y pertenencia puede ser un factor protector importante en el proceso de recuperación y en la lucha contra el estigma asociado a la salud mental.

    Martin Correa : La lucha de las políticas del reconocimiento, como tal una construcción de la subjetividad, la lucha por el reconocimiento, la misma noción de locura es complejo para el colectivo, ( El movimiento loco).
    Hablamos de articular el abordaje desde un posicionamiento epistémico que devuelva a los procesos de salud, enfermedad y atención su evidente multidimensionalidad (Martínez y Correa-Urquiza, 2017).

    La salud colectiva nace de la necesidad de cuestionar los métodos y las practicas que venían realizándose bajo el paraguas de la salud pública, y surge precisamente ante la necesidad de pensar al individuo ya no como objeto de intervenciones de los saberes técnicos, sino como sujeto activo en la construcción colectiva de una terapéutica individual y social. Esto no necesariamente tuvo la intención de poner en jaque los presupuestos biomédicos en términos de su efectividad, sino que cuestionaba el abordaje de estos procesos desde una uni-dimensionalidad biomédica, que por un lado, invisibilizaba toda dimensión sociocultural y socioeconómica y , por otro, impedía el abordaje atento de la extrema complejidad sustancial de los fenómenos relativos a la salud/enfermedad, y operando desde una mirada reduccionista.

    Por otro lado, el campo socio antropológico sería, a la vez un agente abocado a analizar, reflexionar y poner en valor aquellas otras estrategias que entran en juego a la hora de hacer frente a los procesos de salud/enfermedad y que no necesariamente coinciden con las propuestas por el modelo biomédico, pero que están ligadas a factores sociales, culturales, históricos y subjetivos del individuo, del grupo y de la comunidad.

    La salud pública, desde un enfoque centrado en la atención médica individual hacia un enfoque más amplio que aborda los determinantes sociales de la salud, que interactúan para influir en la salud de las personas, en un terreno de lucha de ideas e intereses sociales encontrados, dichas relaciones implican la imposición de un sistema de explotación social y de la naturaleza, que produce sociedades no sustentables.
    En este sentido, la determinación social de la salud puede ser utilizada como una herramienta para promover la equidad en salud y para abordar las desigualdades sociales en salud. Destacando que la gestión en salud mental debe considerar estos factores y abordarlos de manera integral para lograr una atención de salud mental más efectiva.

    ResponderEliminar
  19. Según lo estudiado esta semana, la salud mental está experimentando un cambio importante al integrar conocimientos alternativos y experiencias vividas. Tradicionalmente, el enfoque biomédico ha dominado el tratamiento de las aflicciones mentales, reduciéndolas a diagnósticos individuales y desvinculándolas de sus raíces sociales y culturales. Sin embargo, nuevas perspectivas, impulsadas por la Antropología Médica y la Psiquiatría Comunitaria, están transformando esta visión para incluir los contextos históricos y estructurales que generan el sufrimiento.

    Las experiencias y los conocimientos nacidos de quienes han atravesado problemas de salud mental están ganando relevancia. Estas perspectivas, basadas en vivencias reales y en las prácticas de cuidado comunitarias, ofrecen un enfoque más amplio y humano, complementando el modelo médico tradicional. Proyectos como Radio Nikosia han demostrado cómo compartir historias personales puede politizar el sufrimiento y cambiar las dinámicas de cuidado, generando prácticas más inclusivas y empáticas.

    Además, incorporar conocimientos comunitarios e indígenas resulta esencial para cuestionar la hegemonía del modelo biomédico. En muchas tradiciones, las aflicciones no son vistas como problemas exclusivamente individuales, sino como desequilibrios en las relaciones con el entorno y la comunidad. Este enfoque integrador no solo mejora la atención en salud mental, sino que también abre caminos hacia la justicia epistémica.

    La Araucanía sirve como un ejemplo de cómo los conocimientos locales, como los del pueblo mapuche, pueden enriquecer estas discusiones. Su conexión con la naturaleza y su énfasis en la comunidad ofrecen herramientas valiosas para un enfoque más holístico de la salud mental, promoviendo el diálogo entre saberes y fomentando una atención más equitativa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estoy totalmente de acuerdo con lo que mencionas. El enfoque tradicional biomédico ha sido limitado al centrarse únicamente en los diagnósticos individuales, sin considerar los factores sociales, culturales e históricos que afectan la salud mental. La integración de saberes alternativos, como los de la Antropología Médica y las prácticas comunitarias, permite una comprensión más rica y multidimensional del sufrimiento. Además, el involucrar a las personas que han atravesado experiencias de salud mental en la construcción del conocimiento y el cuidado es un paso esencial hacia una atención más equitativa y empática. Ejemplos como Radio Nikosia y los saberes indígenas, como los del pueblo Mapuche, son claves para cuestionar la hegemonía del modelo biomédico y enriquecer el enfoque terapéutico.

      Eliminar
    2. Estimado Ignacio: encuentro interesante lo que mencionas en el último párrafo, la región de La Araucanía destaca por su multiculturalidad, específicamente por la visión del pueblo mapuche con su conexión con la naturaleza y centrado en el desarrollo como comunidad. Escuchar sus historias de vida y su punto de vista para explicar enfermedades “mapuche” y “no mapuche”, incluyendo aquellas de salud mental resulta una experiencia enriquecedora que nos da nuevas perspectivas que complementan al modelo biomédico, creando así un enfoque más integral de la vivencia de la enfermedad.

      Eliminar
  20. Analizando el material administrado podemos determinar que la salud mental, lejos de ser solo un tema médico, puede ser entendida como un campo donde los saberes alternativos y las voces no institucionalizadas abren nuevas formas de comprensión y resistencia. El concepto de "soltar amarras" propuesto por Aunción Pié Balaguer, Martín Correa-Urquiza y Ángel Martínez-Hernández simboliza la liberación de las ataduras sociales y psicológicas que limitan a los individuos, promoviendo una mayor autonomía y la creación de nuevas relaciones sociales más inclusivas.
    Martín Correa-Urquiza, en su reflexión sobre los saberes profanos y el diálogo, resalta cómo las voces no académicas, provenientes de las experiencias cotidianas, deben ser valoradas en la construcción del conocimiento, especialmente en el ámbito de la salud mental. Estas voces emergen como una forma de cuestionar los enfoques tradicionales y de abrir espacios para una participación más equitativa.
    Un ejemplo de esta resistencia es Radio Nicosia, un proyecto comunitario que permite a personas con experiencias de salud mental redefinir su propia condición, desafiando las narrativas psiquiátricas oficiales. Este tipo de iniciativas, que revalorizan los saberes profanos, ofrecen una alternativa a los enfoques convencionales, creando territorios de inclusión y emancipación.
    En conjunto, estos enfoques sugieren que es esencial reconocer y dar espacio a los saberes alternativos en la salud mental, favoreciendo una comprensión más amplia y justa, que respete la diversidad de experiencias y promueva una transformación social.
    En mi experiencia como médico de salud mental en atención primaria, antes de iniciar la Beca de Psiquiatria, recuerdo un caso de un paciente que acudió por un cuadro de ansiedad de larga data, sin memoria de su sintomatología a pesar de tratamientos previos; pero en esa consulta en vez de centrarnos únicamente en medicar, opté por escuchar su historia completa y explorar sus contextos familiares y laborales. Al hacerlo, descubrí que gran parte de su malestar provenía de un entorno laboral tóxico y de la falta de apoyo en su hogar. Juntos trabajamos en estrategias de afrontamiento y derivé al terapeuta del programa para acompañar su proceso. A través de un enfoque más integral, no solo abordamos la sintomatología, sino también las causas subyacentes, lo que mejoró notablemente su bienestar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimado Jossued:
      Me gustó tu comentario pues logras sintetizar claramenta las ideas fuerza de la bibliografía asignada para esta quincena. Tu ejemplo de la Radio Nicosia me parece muy interesante, pues representa un medio de comunicación de las personas con patologías de salud mental, que tienen mucho por decir. Es importante poder replicar dichas iniciativas en nuestros entornos, ya que escuchar las perspectivas de nuestros/as usuarios/as es muy relevante para nuestro quehacer clínico.
      Finalmente, me pareció muy interesante el caso clínico que planteaste. En mi experiencia clínica también me ha sido de mucha utilidad ahondar en la historia de vida de las personas, pues desde ahí, los fenómenos que lo/a aquejan pueden ser muchos más comprensibles.

      Eliminar
  21. Tras analizar el material propuesto para esta quincena, me parece importante reflexionar en la variedad de temas abordados. Primero, señalar la importancia que posee la categorización diagnóstica sobre un usuario, y el estigma consecuente que a su vez tiene repercusiones en la validación del afectado, que se encuentra en esta categoría impuesta. Asimismo, es como los diagnósticos de salud mental, de manera permanente, aquejan a las personas que atendemos día a día, ya que el solo hecho de necesitar atención psiquiátrica los invalida en temas importantes como el discurso, por ejemplo, y suelen ser vistos como diferentes por los demás.
    Para comprender de manera continua a quienes nos solicitan ayuda, se debe ver mas allá de las necesidades inmediatas, y debemos interiorizarnos en su historia personal ciertamente, pero también en su historia familiar y debemos comprender a su entorno, pues esto de seguro explicaría muchas dolencias que pueden ser abordadas, y que de otra manera podrías pasar desapercibidas.
    La empatía es algo necesario dentro de la atención en salud mental, nos permitiría investigar lo ya mencionado, pero desde un punto en el que se valida a la otra persona, entendiendo que no es solo un diagnóstico, sino un sujeto con capacidad de discurso y de dar a entender sus problemas. De esta manera se evita jerarquizar el momento de atención, lo que podría generar una interacción sesgada por el mismo conocimiento biomédico. Muchas veces este sesgo genera la incomprensión de la incertidumbre que refleja tener un diagnóstico en salud mental, y la coerción que muchas veces se ejerce termina por subyugar al paciente, en base a una posición de poder por parte del tratante. La disposición empática podría alejarnos de este escenario.
    Yo por mi parte he sido testigo de la discriminación que sufren algunos pacientes de salud mental en las atenciones de urgencias, pues si el usuario señalaba contar con un diagnóstico de salud mental, era visto y tratado de manera diferente por la gran mayoría de los funcionarios, bajo la etiqueta que conllevan estos padecimientos. Esto incluso generó malos diagnósticos y tratamientos indicados, por asociar cualquier malestar a un conflicto psiquiátrico.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimado Marcel,
      Concuerdo con tu comentario, creo que una de las principales visiones que son compartidas en los textos de esta semana pasa por dejar esta invitación abierta de no olvidar que el paciente es más que el diagnóstico y que gran parte de lo que vemos en el usuario va más alla de lo biomédico y pasa por validar el contexto propio de como se vivencia la enfermedad.
      Por otro lado, la discriminación que mencionas es algo que lastimosamente se ve en el dia a dia en nuestra practica clinica y enlentece, y retrasa la progresion de nuestros pacientes.

      Eliminar
  22. Para mí, es sumamente importante entender la psiquiatría en tanto disciplina que se conforma con una perspectiva mucho más amplia que un enfoque biomédico. De aquello, lo que se aborda desde una antropología médica es completamente interesante, cautivante y motivante para entender la aflicción en salud mental. Siento que aún es posible construir un campo de trabajo que comprenda su impacto en los modos de significación ante el padecer de un ser humano, esto con el fin de enriquecer el campo terapéutico con el reconocimiento de parte de la persona de su propia experiencia, que ésta sea primordial en vivirla y darle significado. En ello tiene mucho que decir la antropología.

    Las palabras en el análisis de Martín Correa-Urquiza permiten teñir de sentido un abordaje fenomenológico de la experiencia del síntoma en el paciente, pero, más allá de eso, son útiles porque en ello también puede incluirse la experiencia del propio terapeuta, como un actor más en el rodaje de dispositivos destinados a colaborar hacia un bienestar en la salud mental de una comunidad, y que entiende que su actuar debe ser centrado en la persona. De esta forma cae el peso del problema del Reconocimiento. En los ejemplos que sitúa se puede abstraer una dinámica de poder que demanda la necesidad de que, como agentes en salud mental, valoremos la importancia de reconocer otras epistemologías, particularmente la que sintoniza el paciente, su entorno y comunidad. En la práctica, trabajamos con narrativas, con lo que las personas dicen, y en las narrativas hay sujetos, objetos, hechos, descripciones y caracterizaciones con un valor intrínseco. Por ello la narrativa de sufrimiento no es explicable por la categoría, el diagnóstico más que un vector, quizás es un contrato, muchas veces impuesto, un cierre a un problema y la respuesta a una pregunta, que busca movilizar desde el “qué le pasa a esta persona” al “qué hacemos por esta persona”. Es primordial entender que el diagnóstico no abarca la magnitud ni la totalidad de las vivencias.

    Pero, antes de la práctica hay un marco teórico en debate, que abarca desde dónde se entienden los orígenes y explicaciones del síntoma. La disputa entre saberes profanos y expertos se puede ver muchas veces omitida en la práctica clínica, en mi experiencia pude contemplar varios ejemplos. Particularmente en la Araucanía, he visto cómo nos topamos con un debate epistemológico que traen los pacientes desde su entorno y comunidad, y que tiñe la experiencia subjetiva de la narrativa que tenemos en frente, para terminar siendo subestimado o pospuesto ante el saber experto. Pero creo que es más valioso rescatar ejemplos contrarios, como casos de personas que encuentran bienestar ante su experiencia luego de un “encuentro” entre estos saberes, equipos que han sabido reconocer y favorecer un diálogo centrado en la persona. Una pincelada de esto me llevo al trabajar en nuestro hospital desde el enfoque de diálogos abiertos, una instancia de transformación de la dinámica de poder y conocimiento de la salud mental por la cual estoy personalmente muy agradecido de conocer, en tanto me lleva a reflexionar y centrar en la labor del reconocimiento. Los ejemplos presentes hacia el final en “Soltar Amarras”, son testimonios similares, una invitación clara y transparente a escuchar activamente estos relatos en primera persona, a identificar y combatir el juicio estigmatizante y deslegitimizante que hace el actuar biomédico, y colaborar en construir un cambio de actitud hacia el reconocimiento.

    ResponderEliminar
  23. Estimada colega, estoy totalmente de acuerdo con la necesidad de empatía como una base (mínima, incluso) para lograr comprender a nuestros usuarios. De esta manera se puede comprender de mejor manera la situación en la que se encuentra el paciente, no solo en cuanto a su propia historia, sino a la que lo ha llevado hasta el momento de su consulta, y finalmente a pedir ayuda para poder mejorar su vida.
    Muchas veces el conocimiento biomédico se interpone en esta transacción, y algunas veces prevalece por sobre lo demás, pero a pesar de su gran necesidad para aportar desde lo objetivo, no debemos pasar por alto que todos los pacientes son diferentes y tienen necesidades distintas.

    ResponderEliminar
  24. El texto plantea un enfoque valioso y necesario para repensar la salud mental desde una perspectiva más inclusiva y humanista. Coincido plenamente en que reconocer los "saberes profanos" no solo enriquece nuestra comprensión del sufrimiento psíquico, sino que también humaniza las estrategias de cuidado, devolviendo protagonismo a los sujetos afectados. Es preocupante cómo prácticas como la contención mecánica, justificadas desde una lógica técnica, terminan generando traumas y perpetuando dinámicas de poder. Esto deja en evidencia las limitaciones del modelo biomédico cuando se implementa sin considerar las dimensiones subjetivas de quienes están en tratamiento.

    La propuesta de un modelo de co-creación entre saberes expertos y profanos resulta profundamente transformadora. Incorporar la voz de los pacientes no como un complemento, sino como una fuente legítima de conocimiento, abre las puertas a un sistema de salud mental más justo, empático y respetuoso. En cuanto al uso de los diagnósticos, es fundamental recalibrar su rol para que sirvan como herramientas funcionales, no como etiquetas que definan o limiten a la persona.

    Personalmente, esto si bien ha sido material de multiples intentos en los centros donde he trabajado, no he logrado visualizarlo de manera plena, ya que al estar la salud mental tan alejada de nuestra sociedad (es decir vista desde el estigma), no se podido ver como puede contribuir el usuario y su entorno a realizar mejoras en el modelo.

    En mi opinión, este enfoque no solo es posible, sino urgente, en un contexto donde los sistemas de salud suelen operar desde paradigmas rígidos. Romper con estos esquemas no solo mejorará los resultados terapéuticos, sino que contribuirá al bienestar integral de los pacientes y al respeto de su autonomía y dignidad.

    ResponderEliminar
  25. Francisco:

    Me parece muy interesante tu comentario, señala acertadamente las limitaciones del modelo biomédico y resalta la importancia de integrar las experiencias subjetivas de los pacientes en las estrategias terapéuticas. Estoy de acuerdo con que reducir al paciente a un diagnóstico perpetúa el estigma y limita nuestra capacidad de entender su sufrimiento en su contexto social y ambiental. La perspectiva ampliada (disease, illness, sickness) y los síndromes culturales son herramientas clave para romper con el reduccionismo y adoptar una visión más integral.

    La frase "la salud no tiene necesariamente que ver con la medicina" es especialmente potente, porque nos recuerda que abordar el sufrimiento humano requiere mirar más allá de los síntomas y atender a las condiciones de vida. El desafío está en aplicar este enfoque en un sistema que favorece la rapidez y la medicalización, pero hacerlo es esencial para brindar una atención más humana y efectiva.

    ResponderEliminar
  26. Hoy el Andy me contó que lo detuvieron. Pasó a control de detención luego de ser arrestado en la calle luego de un carrete. El cabro, que tiene 17 años, andaba con un cortaplumas, una cuestión bastante común para los jóvenes de su edad en su barrio, “si me quieren asaltar lo primero que hago sería correr, soy rápido, pero si me persiguen o me quieren hacer algo quiero tener con qué defenderme”, me dijo. “Se acercaron por cómo me veo, seguro”. “Ando con polerón y anillos, siempre voy a ser sospechoso porque se que me ven como flayte”. “Me siento solo, terrible solo”, “siempre vamos a ser los discriminados, yo y mis amigos”.
    No super que decirle. Y no es que no “supiera” lo que debía decir, es que me sentí completamente impotente frente a una cuestión que me superaba en términos de qué ofrecer desde el pobre saber médico. Nada. Hay otros saberes y otros recursos de los cuales yo no tengo experticia que pueden hacer mucho más. Yo quisiera aprender de eso… Esperemos que en el futuro en este curso se logre una instancia más inversiva, práctica, salvaje y política.
    Hay mucho por hacer, pero no desde una lógica medicalizadora. Creo que el muchacho tiene derecho a tener el diagnóstico que quiera. Los autores han sido en eso claros es sus propuestas, recursos y herramientas, desde lo comunitario, desde lo político. Menciono este caso de discriminación porque no me queda claro hasta qué punto esta discriminación se ha institucionalizado en una etiqueta diagnóstica donde la medicina se pone al servicio de una cultura que discrimina, que prejuzga, que separa, que enferma y perpetúa.
    Resulta entonces, completamente pertinente que en miras de nuestro objetivo declarado de no naturalizar nuestra práctica y nuestra realidad, otros saberes críticos, como la antropología médica, ingresen a nuestro cuerpo de conocimientos.

    ResponderEliminar
  27. Luego de revisar las lecturas y video, me resulta interesante considerar al modelo biomédico como reduccionista ya que en la mayoría de nuestros años de formación como profesionales de la salud nos basamos en él, incluso sin llegar a cuestionarlo, simplemente lo estudiamos y lo incorporamos en nuestra práctica clínica como algo absoluto. Sin embargo, no hay que olvidar que somos seres integrales, que nos moldeamos por la realidad en la que vivimos y que claramente involucra los contextos históricos, sociales y culturales, como sale explicado en el artículo de Martín Correa, pudiendo resumirse en la frase “las aflicciones mentales son la expresión del sufrimiento derivadas de condiciones estructurales de opresión, exclusión y violencia”, que nos lleva directo al análisis de los determinantes sociales.

    En mi experiencia, he notado que se suele delegar el análisis de la realidad actual de nuestros pacientes al resto del equipo multidisciplinario (principalmente trabajo social), sin embargo resulta una experiencia enriquecedora el indagar uno mismo la realidad sociocultural de nuestros pacientes, mediante visitas domiciliarias y entrevistas a los demás miembros del núcleo familiar, conocer cómo viven, cómo se alimentan, sus rutinas, sus costumbres y celebraciones, sus trabajos, el lugar de estudios, etc. Esto además de crearnos una imagen integral de la vida del paciente, nos permite ahondar nuestra empatía como tratantes, sin dejar de lado esa parte tan importante en las relaciones humanas.

    Por límites de recursos y tiempo es comprensible la delegación de esta tarea, por eso considero importante tomar esa oportunidad si se presenta durante nuestra formación como psiquiatras, por ejemplo, citar más seguido a los pacientes u organizar una visita domiciliaria.

    ResponderEliminar
  28. Uno de los puntos que me gustaría destacar del material entregado esta semana tiene que ver con los conceptos que manejamos como diagnósticos en salud mental, si bien comparto que es necesario clasificar, a través de la nosología, para guiar los tratamientos y entregar ciertos pronósticos, no debemos olvidar que los diagnósticos en salud mental nacen a partir de un determinado contexto social y cultural.

    En la actualidad, el reduccionismo médico ha definido síntomas y enfermedades en salud mental que se encuentran altamente estigmatizados y patologizados. El síntoma sigue siendo aquello que no cumple un rol útil y productivo en la sociedad, alejándose de la percepción de sufrimiento de los 'pacientes' y sus saberes.

    Un ejemplo claro es el caso del TDAH, en la práctica clínica, probablemente a muchos nos ha tocado un aumento de las consultas por sospecha de este diagnóstico, al indagar en la historia, si bien no se cumplen los criterios diagnósticos, claramente existe un sufrimiento mental, pero más bien asociado a no cumplir con rendimientos laborales o educacionales, rendimientos que muchas veces son insostenibles, pero que se han normalizado en nuestra sociedad.

    Otro punto importante es la integración de saberes diversos y prácticas. Este último no puedo evitar relacionarlo con el material de la semana pasada, ya que considero que tendríamos prácticas menos coercitivas hacia los usuarios si pudiéramos integrar mucho más sus saberes y visiones. Y como dice uno de los textos, no solo desde la perspectiva de expertos por experiencia, que ha ido tomando fuerza en los últimos años, sino de una forma más integradora y democrática.

    Un aspecto fundamental de estas prácticas, radica en el activismo y empoderamiento que se otorgan a los usuarios en su proceso de bienestar, lo que genera resultados favorables en su proceso de recuperación.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Interesante el comentario que haces sobre el TDAH, Paulina. Incluso más allá del sufrimiento mental, es tal el aumento de conciencia de este trastorno que mucha gente va "en búsqueda" del diagnóstico a la consulta. En la práctica en CESAM me ha tocado ver pacientes que viven casi con alivio la confirmación de este diagnóstico; y a eso van, en búsqueda de alivio a través del diagnóstico más que la terapéutica, lo que sin duda es un fenómeno interesante de análisis.

      Esto es una demostración de la potestad que tiene la clasificación de turno de los trastornos mentales, tanto al servicio de quien/quienes categorizan como sobre quienes son categorizados.

      Es imperativo educar y empoderar a la gente en su complejidad para abordar su sufrimiento mental. Tridimensionalizar la corriente reduccionista biomédica y transmitir el mensaje hacia la comunidad es lo que eventualmente podría ser la chispa que encienda un cambio en el cómo practicamos la salud en su totalidad.

      Eliminar
  29. Para comenzar, realizaré una reflexión respecto al texto “La condición del diálogo. Saberes profanos y nuevos contextos del decir”, en el que los autores realizan un crítica importante al diagnostico o etiqueta en salud mental, argumentada en la frivolidad y exclusión de la experiencia personal de la persona afectada, en donde los saberes “profanos” o “herejes” emergen del contexto en el que cada sujeto se desarrolla, sus experiencias, su territorialidad, y que si bien no tienen evidencia científica, deberían ser una experiencia a validar de parte de los equipos tratantes para atender y acompañar el padecimiento en salud mental. Además, me quedo con otra idea que me gustaría plasmar, la que identifica que el diagnostico médico en sí no sería el problema, si no más bien, las implicancias sociales de ser etiquetado, la discriminación, la violencia médica al utilizar por ejemplo, medidas físicas de contención que vulneran y traumatizan a las personas que deben vivirlo, y cito “..las posibilidades de emergencia de lo profano, radica en las opciones del sujeto para construir y producir un campo propio de significados alrededor de su experiencia y mundo vital que va más allá del nombramiento clínico y las pautas expertas”.
    En la presentación del blog, el texto “salud mental, aflicciones y saberes otros”, se continua con la idea de criticar las etiquetas diagnosticas, mencionando que el modelo biomédico reduce las aflicciones mentales como desordenes individuales localizados en el cerebro y tratables con fármacos e intervenciones terapéuticas, despojando el sufrimiento y padecimiento de un trastorno de salud mental de sus contextos históricos, sociales, culturales, personales y subjetivos, y por lo tanto, se olvida que las desigualdades estructurales los producen o exacerban. Sin embargo, el modelo de psiquiatría comunitario surge como una solución a esta problemática, ya que es un espacio de articulación entre diversos saberes y practicas transformadoras.
    Por último, el libro “soltar amarras” de Martin Correa y Ángel Martínez, nos plantea la metáfora de los barcos amarrados al puerto, como un espacio de “comodidad” repleto de ataduras y complejos internos y externos que no nos permiten perseguir nuestra identidad de forma autentica, donde las amarras internas representan los miedos, inseguridades y creencias limitantes de las que muchas personas no son conscientes y entorpecen su desarrollo; las amarras externas son la representación de las limitaciones impuestas por el contexto social y cultural. En el libro se aconseja “soltar amarras” y ser fiel a uno mismo, nuestros deseos, valores y capacidades para encontrar un propósito en la vida y darle significado a nuestra existencia.
    Desde mi experiencia como enfermera en psiquiatría, he podido observar a tratantes para los que la etiqueta diagnostica resulta una limitante, y por el contrario, tratantes que valoran qué es lo que el paciente problematiza como objetivos a tratar, lo que se ve reflejado en la confección del PCI.

    ResponderEliminar

  30. Los textos propuestos para esta quincena resultaron ser un elocuente complemento del tema previamente tratado; y es que el estigma está estrechamente vinculado al concepto de la injusticia epistémica, citado por el prof. Correa-Urquiza. La pérdida de validez del discurso del etiquetado, y para estos efectos, el enfermo, constituye la raíz de la anulación narrativa de las que son víctimas y del por qué su futuro como civil está limitado de forma inapelable.

    Podemos tener una idea de que la reparación de esta injusticia podrá tardarnos algunas generaciones de recambio cultural, pero ello nos deja tarea como clínicos de tratar de realizar un buen control de daños. Comprender la historia de la nosología y la carga de reduccionismo médico que conllevan los diagnósticos nos ha de instar a ser particularmente cuidadosos a la hora de realizarlos. La intersubjetividad y el validar del vivenciar ajeno deben ser de regla en el desarrollo de nuestros vínculos terapéuticos, y nuestros vínculos en general: la consideración de una concepción de realidad distinta a la nuestra puede ser la puerta de entrada al cambio cultural que la abolición del estigma requiere.

    El profesor Correa-Urquiza bien usa la expresión “perderse en los brazos del otro”, a la hora de apuntar de que la locura, en su expresión más amplia, no es la existencia de la psicosis en sí, sino la pérdida de sintonía, de validación en el discurso para los otros. Es la exclusión discursiva del colectivo. Y probablemente muchos de nosotros lo hemos podido palpar en nuestras experiencias clínicas, en donde el eco vacío de la voz y voluntad del enfermo mental se pierde entre las voces de quienes lo tratan y “saben” lo mejor para él.

    Hemos abordado muchos puntos críticos en pro del avance hacia una psiquiatría integrativa y de sentido humano, pero el devolverle la voz a quienes han sido históricamente excluidos asoma como un catalizador importante.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy de acuerdo con su comentario maestro. Resueno mucho cuando menciona el conocimiento nosológico de los diagnósticos que utilizamos a diario. Al estudiar históricamente cada uno de ellos podemos encontrar fácilmente cambios que no tenían nada que ver con beneficiar a quien es catalogado, sino simples cambios en pos de una descripción más certera influenciados por coyunturas políticas-intelectuales. Esto nos hace separar aún más el sistema categorial de la realidad que vemos en nuestras y nuestros usuarios, y así cambiar la forma en que presentaremos nuestros diagnósticos de trabajo frente a ellxs.

      Eliminar
  31. Respecto al texto de Correa-Urquiza, me pareció bastante llamativo el término de los “saberes profanos”, pues no lo había escuchado antes. Considero muy interesante, pues el autor le puso nombre a algo que, por lo menos en mi caso, ha estado presente a lo largo de toda mi vida. El conocimiento transmitido de generación en generación dentro de las familias es muy enriquecedor. Las recetas milenarias para los diversos malestares, la interpretación del sentirse mal, el “mal de ojo”, etc.
    En ese mismo sentido, el texto aterriza este conocimiento social a la práctica médica actual. Explora la necesidad de reconocer dos enfoques complementarios en la comprensión del sufrimiento humano: el de la experiencia subjetiva del dolor (aflicción) y el de las disciplinas académicas/biomédicas que intentan objetivar la enfermedad (enfermedades mentales, trastornos, etc). A partir de una concepción amplia de salud, se argumenta que el sufrimiento no puede entenderse únicamente desde una perspectiva biomédica, sino que debe integrarse también la experiencia individual y los contextos socioculturales que influyen en la interpretación de la enfermedad. Se introducen conceptos clave propuestos por Arthur Kleinman como “illness” (experiencia subjetiva), “disease” (dimensión orgánica y clínica) y “sickness” (malestar social y cultural), para ilustrar cómo el sufrimiento psíquico es abordado desde distintos marcos de conocimiento. Además, se cuestiona la legitimidad de las categorías diagnósticas, que pueden deshumanizar a los individuos al reducir su identidad a una etiqueta, y se destaca la necesidad de crear un diálogo entre los saberes biomédicos hegemónicos y las experiencias vividas por los/as afectados/as.
    Respecto al Libro “Soltar amarras”, consideré muy provechosa la aproximación de los autores al término de “salud mental colectiva”, puesto que es un concepto muy utilizado actualmente, y que en ocasiones, puede perder su sentido más puro. Apunta específicamente al esfuerzo colectivo para lograr una permeabilidad que nos permita una construcción participativa y comunitaria de la aflicción. Como futuros psiquiatras debemos estar siempre dispuestos a la coalescencia de múltiples marcos de aproximación y referencia, para comprender el sufrimiento humano. Lo anterior, nos permitirá poder abordar de mejor manera estrategias terapéuticas que le hagan sentido al paciente y su entorno.
    Lo anterior ha sido comprobado en múltiples ocasiones durante mi práctica clínica, pues el hecho de incluir terapias que al paciente le hagan más sentido, siempre permite que se sienta más cómo con el tratamiento. Por ejemplo, en el COSAM de El Bosque, contamos con terapeutas naturales que ofrecen a los/as usuarios/as Reiki, flores de Bach, acupuntura, sonoterapia, entre otros. En ese sentido, muchos de mis paciente se encuentran con un SOS de flores de Bach, que a ellos les resulta mucho más útil que un benzodiacepina.
    Finalmente, en cuanto al video, me llamó mucho la atención que el profesor Correa-Urquiza definiera a la antropología como algo “que molesta o incomoda”, pues cuestiona “lo dado por hecho”, lo establecido. En ese sentido, es muy relevante no naturalizar prácticas o saberes biomédicos hegemónicos que van en contra de nuestros principios o de lo que desean los/as usuarios/as. Es importante siempre mantener una mirada crítica y tomar en cuenta las experiencias o saberes de las personas con sufrimiento psíquico.
    Otro punto que me hizo mucho sentido, fue que esta violencia epistemológica que muchas veces se ejerce desde el campo psiquiátrico, hace que los pacientes comiencen a definirse a si mismos desde sus diagnósticos, lo que claramente coarta su individualidad. Un ejemplo que daba el profesor en su charla fue el de usuarios en un grupo que se presentaban “hola, soy Juan y soy esquizofrénico paranoide”. Hay que tener en claro que esa persona es mucho más que su diagnóstico de salud mental, e intentar no encasillarlo en él como si fuese lo único relevante en su vida.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimada colega, concuerdo muchísimo con tu comentario y tu enfoque, como resumes los temas, además de la experiencia de tú COSAM, estamos tan acostumbrados a encasillar, a normar según normas, pero en ocasiones es importante tener esta apertura a nuevas terapias, enfoques, tratamientos. Considero sumamente como culminas tu comentario y la violencia epistemológica y como hay que ir avanzando en un trato humanizado, donde este los nombres de los pacientes mas haya de su condición física, patológica de una enfermedad crónica o de salud mental.

      Eliminar
  32. Muy buena reflexión, compañera, sobre el diagnóstico, sus consecuencias y el estigma que este genera. Lo cual me hizo recordar una discusión durante una instancia de psicoeducación hace unos meses, junto a unas usuarias debatíamos sobre el “ser o tener” un trastorno de salud mental. Donde comentábamos como“ser” bipolar, esquizofrénico, loco, etc., nos aleja de nosotros mismos, “ya no soy María, soy la bipolar”

    En uno de los videos, Martín Correa relata que una usuaria le dijo: “No sé por qué dicen que soy loca, si solo ejerzo de ello una parte parcial del tiempo”. Esta frase me quedó muy grabada respecto al “ser loco”. Damos un diagnóstico, y el usuario se transforma en ello en su totalidad, sin que nos importen demasiado las otras aristas de su persona.

    Además, el diagnóstico es nuestra etiqueta, validada por nosotros y por el contexto sociocultural en el cual estamos inmersos, aplicándola al sufrimiento mental de un otro y nombrándolo en nuestro idioma. Un ejemplo es el caso que comentas: una paciente que se quema. En nuestro marco de referencia, eso es autolesionarse, sin importar necesariamente lo que signifique para el usuario.

    ResponderEliminar
  33. Me hizo mucho sentido una frase de Martín Correa Urquiza, cuando menciona que la crisis en un episodio, no es algo que determine a una persona. Ahora la utilizó cuando efectúo una intervención familiar, con el usuario y con compañeros de trabajo, para demostrarles que no identifica a la persona, que es episódica.
    También me hizo pensar en los amigos imaginarios de los niños, que nadie los cuestiona, no así con las voces y personas que observan nuestros usuarios, los identifican como una problemática.
    Hay muchos pasajes de la lecturas y videos que me hacen mucho sentido, también se observan en cotidiano en las consultas de urgencia y lamentablemente en hospitalizaciones psiquiátricas, donde se estigma al paciente, donde se observa al buen paciente , es el buen enfermo.
    También se ve al usuario por su patología, dejando todas el resto de las áreas de lado.
    Cada vez me hace sentido estar el lugar donde me desempeño a diario, el trabajar con los usuarios y sus familias y/o redes de apoyo.

    ResponderEliminar
  34. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  35. El material de esta sesión hace referencia a un problema transversal al ejercicio de la psiquiatría como institución normativa, esto es, la injusticia epistémica. Este concepto, propuesto por Miranda Fricker, que trae a colación Martín Correa-Urquiza, resulta útil para cuestionar la posición respecto a distintos tipos de saberes en nuestra sociedad. Siendo algo que excede al campo de la psiquiatría, la crítica refleja cómo ciertas formas de saber, hegemónicas, se imponen y opacan otras formas de saber, sólo por el "lugar" de donde emergen: la voz de la mujer, de la persona pobre, del alienado, del extranjero, del loco. Esta imposición epistemológica permea, inadvertidamente, los encuentros clínicos de una salud mental de corte biomédico. Aquí, la palabra del médico, el diagnóstico y la terapéutica pesan más que la palabra del paciente, particularmente si se trata de uno considerado psicótico.

    La experiencia vivida de alguien diagnosticado con una enfermedad mental severa, muchas veces queda, por lo anterior, anulada, disminuida a un error mental, a un descalabro bioquímico de su cerebro. Al perder la oportunidad de que emerjan estas narrativas no hegemónicas se aliena más aún a alguien que puede ya estar teniendo grandes dificultades para mantener el ritmo de las interacciones sociales. La búsqueda de un pluralismo epistémico parece un buen horizonte, pero ¿Cómo se logra? Nuestra cultura, en general, posiciona el discurso cientificista por sobre otros. Esto pareciera ser algo que tiene que ver con cómo nos educamos, ejercemos nuestros poderes cívicos y nos involucramos políticamente. Por lo tanto, los cambios deberían llevarse a cabo de manera intersectorial, desde la cultura y educación hacia las distintas especializaciones de nuestras formas de organización social.

    Por lo pronto, queda revisar el trato cotidiano, del día a día, con los usuarios y usuarias que consultan en nuestros servicios. Estar abierto a la escucha, intentar encontrar afectos en común, reconocer narrativas con capacidades dinámicas de los propios consultantes y ofrecer narrativas varias, alternativas, puede ser un buen lugar de donde partir. Hace poco tuve la experiencia de atender a un hombre cuyo diagnóstico por el cual ha sido tratado los últimos 25 años es uno de esquizofrenia. Este individuo ha sido vulnerado en sus derechos por el sistema de salud en más de una ocasión, y ya, entrado en su edad mayor, niega reconocerse como un "esquizofrénico". Al conversar sobre esto que llaman "conciencia de enfermedad", le reflejé cómo, a veces, es difícil entender su discurso, por desórdenes temporales que enturbian el relato. Él me ha sido muy claro en decir que es así, y así se entiende a sí mismo. Me preguntó si yo acaso no hablaba desordenado a veces, y si acaso no podría reconocer que todos los seres humanos somos distintos. Me preguntó por qué quería cambiar su forma de ser. La verdad me llegaron profundas sus preguntas, y le respondí preguntando, en qué quería ayuda él. En su respuesta encontramos un camino en común, de volver a establecer rutinas para encontrar trabajo. Territorios comunes, sentidos comunes, creo que a eso hay que apuntar en el encuentro clínico. De otra forma corro el riesgo de ser, sin quererlo, injusto con el otro que tenga al frente.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No había leído este comentario antes. La experiencia que conté en mi apartado es de un adolescente del PAI TRICAO, grupo que atiende adolescentes infractores. No hay psiquiatra ni médico destinado ni que quiera trabajar con esta población, por eso vamos los becados. El motivo uno lo intuye a través de algunos comentarios... "Son todos anti-sociales" dicen algunos profesionales. Fuertísimo relato, sobre todo cuando uno escucha un padecer genuino de sentirse discriminado y rechazado. ¿Qué hay de antisocial en sufrir por el rechazo del otro?. Me gusta saber que con tu paciente lograste dibujar un camino común, hermano. Un abrazo.

      Eliminar
  36. Según lo revisado en el material bibliográfico, uno de los puntos que me llamó más la atención fue el concepto de saberes profanos, ya que no lo conocía como tal, destacando lo subvalorado que es este punto en la práctica diaria. Cabe señalar la importancia de considerar siempre esta materia y se debe tener en cuenta esta experiencia subjetiva del sufrimiento que incluye aspectos más allá del nivel psíquico, como son los aspectos emocionales y sociales, intentando ir más allá de solo un checklist para cumplir ciertos criterios y realizar un diagnóstico solo con fines administrativos, intentando apartarse de esta hegemonía del conocimiento.

    Como hemos visto a lo largo de este curso, es clave evaluar el contexto social y material; debemos considerar la experiencia del sufrimiento además de las disciplinas expertas, intentar apartarse, que según lo señalado por los textos, la define como un monólogo, muchas veces evidenciado en la práctica clínica con una marcada asimetría.

    Es importante señalar el impacto del diagnóstico y del estigma en la psiquiatría, ya que nosotros muchas veces, al realizar una hipótesis diagnóstica e indicar ciertos tratamientos, derivaciones e intervenciones, tratamos de resolver y educar a las personas con patologías de salud mental en el box, sin pensar en las consecuencias personales y sociales que traerá todo esto.
    Este hecho probablemente implicará una serie de cuestionamientos internos y externos desde la persona con patología de salud mental y desde su entorno. Quería comentar sobre un caso que me tocó evaluar en APS, donde se puede observar el nivel de prejuicio frente a un diagnóstico. Se realizó el diagnóstico de depresión a una paciente funcionaria del centro donde ejercía, donde dentro de las indicaciones se deja reposo médico. En los controles posteriores, la paciente me comenta que desde su familia recibió constantes comentarios como “es que te falta echarle ganas, la depresión no existe, es flojera que no quieras hacer las cosas, yo no te veo mal, después vas a depender de las puras pastillas”, entre otros. Por otra parte, también esto sufrió repercusiones en su lugar de trabajo, donde su jefatura cuestiona de forma directa e indirecta la indicación médica y el qué tan “enferma” estaba, resultando en cuestionamiento tanto de mis indicaciones como del estado de la paciente. Todo esto generó más angustia y más sufrimiento, teniendo que eventualmente derivar a la atención secundaria por la evolución tórpida de sus síntomas. Como bien se manifiesta en los textos, la etiqueta puede saquear las relaciones y las vidas.

    Por eso es importante el cambio de paradigma que intenta plantear la psiquiatría comunitaria versus los modelos centrados en los hospitales psiquiátricos. En el servicio de salud Concepción se está intentando cambiar a la población atendida desde hospitales psiquiátricos a los COSAM, donde no se encuentran las condiciones estructurales, laborales ni la cantidad de personal. Esto detonó una crisis hace un par de meses, generando el paro de funciones de los profesionales producto de esta situación crítica, llegando a la renuncia de los superiores, por no estar las condiciones para trabajar ni para dar una atención de calidad a los pacientes con patologías de salud mental, por lo que resalta la importancia de las condiciones sociales, económicas y políticas del entorno en que nos desempeñamos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Coincido en que el caso que relatas muestra cómo la “etiqueta diagnóstica” puede amplificar el sufrimiento cuando los saberes profanos (la propia vivencia de la paciente y la lectura que hace su entorno) quedan fuera de la escena clínica. Correa-Urquiza llama a esos silencios un “monólogo epistémico”: el profesional clasifica, prescribe y abandona el box sin abrir espacio a la negociación de significados. El resultado es doble estigma: social (familia y jefatura) e institucional (la duda sobre la validez del reposo), que termina medicalizando aún más lo que en buena parte es dolor relacional.
      En ese sentido, trasladar usuarios del hospital al COSAM sin reforzar recursos ni lógicas participativas reproduce el mismo problema a otra escala: cambiamos el escenario, no la relación de poder. Quizá el giro real pase por tres mínimos operativos: registrar en la historia clínica la explicación del propio usuario (no como anécdota, sino como parte del diagnóstico compartido); citar a familiares o empleadores clave para una “sesión de alfabetización en sufrimiento” donde se negocien apoyos concretos y tiempos de reposo; e incorporar pares expertos en los COSAM, de modo que la voz del “paciente” se vuelva parte estable del dispositivo. Son microintervenciones, pero cada una erosiona la asimetría que convierte el diagnóstico en carga y al mismo tiempo presiona para que las reformas estructurales dejen de ser la eterna promesa que detona paros y renuncias.

      Eliminar
  37. En todo el trayecto del curso, así como en particular estas lecturas, dan la proyección a través de los saberes profanos y, como existió esa marcada estigmatización de catalogar a un grupo de personas que presentan o presentaban una condición de salud mental en particular, los saberes de los profanos nos otorgan historia, trayectoria, de cómo se hacían, cómo se implementaba y cómo surgían vínculos terapéuticos, desde el tabú, desde las especulaciones y desde una mirada frívola, distante y demarcada de qué componente aporta cada uno de los procesos salud-enfermedad. Considero que la historia es parte de cómo nos formamos ahora, de cómo es tan importante el trato, la educación por generaciones, porque parte de otro estigma en ocasiones nos condiciona a querer normar todo, cuando se ha demostrado que los vínculos, ciertas cercanías, provocan un mejor trato terapéutico y cómo esta nueva generación puede observar, humanizar el trato y generar vínculos desde la confianza, la empatía y observar al otro desde una mirada humanista y consciente.

    ResponderEliminar
  38. Los temas a discutir me parecieron muy interesantes en la línea de dar voz a la comunidad de usuarixs y generar gobernanza. Me pareció muy interesante el concepto de hegemonía gramsciano aplicado a la salud mental, mostrando cómo muchxs de nuestrxs usuarixs se subyugan a las expectativas supraestructurales de la sociedad, perdiendo su subjetividad y casi que su humanidad al momento de aceptar un diagnóstico de salud mental. Pareciera que lo que está validado epistémicamente es aquello que da resultados económicos y puede ser explotado, por lo que rápidamente la persona con diagnóstico de salud mental se ve como un problema de un objeto/engranaje de una máquina más grande, el cual debemos arreglar con las herramientas que han demostrado echar andar la máquina nuevamente. Por lo tanto, estas herramientas nacen desde las condiciones económicas. En otras palabras, el individuo se ve reducido/reificado a su existencia funcional con un problema importantísimo y predominante frente al resto, que es el diagnóstico de salud mental; el cual es estudiado desde una perspectiva teñida de expectativas culturales.
    Es en esta reducción que se ve aislado al no tener una subjetividad equiparable con otro individuo por lo que aquí comienza el punto de generar gobernanza y lo fundamental de los saberes profanos. Los textos nos refieren que al generar contrahegemonía se genera un refuerzo de la identidad individual: el cual nos genera un usuario persona, eliminando al padeciente perfecto o imperfecto; y una identidad colectiva: la cual genera cohesión social e identificación como colectivo político en la sociedad, dando así herramientas de lucha y opinión pública.
    En mis vacaciones tuve la oportunidad de conversar con un hijo de un pescador artesanal quien admiraba mucho a su padre. Me contaba que su hermana, quien incursionó estudios en la universidad, invitaba a sus amigas y amigos a su hogar. En esas ocasiones su padre se escondía por que le daba vergüenza no tener qué conversarle a estudiantes universitarios. Sentía que su conocimiento era menos válido que lo que se estudiaba en la educación superior. Esto me hizo pensar de inmediato en nuestrxs usuarixs y cómo todo el conocimiento que tienen desde el 'Illness' es ocultado deliberadamente por este temor o malas experiencias con los dispositivos. Por ende, la articulación de la gobernanza e inducir formación de colectivos locos nos abre camino a nuevas formas de pensar el bienestar de quienes transitan por nuestra red.

    ResponderEliminar
  39. Interesante tema, las lecturas sitúan el sufrimiento psíquico en dos campos de saber: el biomédico y el de la experiencia vivida, o “saberes profanos” . Esta distinción se apoya en Kleinman al diferenciar illness (aflicción), disease (dimensión orgánica) y sickness (malestar social) , recordándonos que la construcción diagnóstica nunca abarca por completo la complejidad del dolor humano. Asimismo, el texto de Correa‑Urquiza problematiza la dificultad de estos saberes para adquirir legitimidad, planteando la paradoja de un “monólogo institucional” frente al silencio obligado de las personas etiquetadas y la idea de paratopía (sensación de no‑pertenencia al espacio psiquiátrico) que alimenta ese silencio.
    Desde mi experiencia en talleres de promoción de salud mental comunitaria, he visto cómo prácticas colaborativas generan espacios de diálogo que trascienden la mera participación como “paciente experto” (que muchas veces reproduce lógicas biomédicas) y habilitan procesos de autoatención y empoderamiento . En uno de estos talleres, tras compartir relatos profanos, constatamos que nombrar biográficamente las experiencias (tal como hizo Dolors al reconectar su sufrimiento con traumas infantiles), abre rutas propias de curación más allá de los esquemas standard de contención mecánica. Por lo que incorporar estos saberes profanos no es un gesto ornamental, sino una exigencia ética y política: abrir espacios donde la voz de quienes sufren sea motor de construcción colectiva de salud, descolonizando las taxonomías y reimaginando prácticas comunitarias que restauren autonomía, sentido y cuidados mutuos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Carolina, el término “paciente experto” me recuerda a las intervenciones grupales de las cuales he estado formando parte en el último tiempo. Contexto: centro de rehabilitación en consumo de drogas. He notado pacientes con distintos niveles de saberes propios cuya profundidad va más allá del factor tiempo. En sus relatos, una evasión del sufrimiento psíquico pareciera retrasar su autoconocimiento. Sin embargo, a medida que lo transitan (fuera o dentro del espacio terapéutico), más se comprenden y más expertos se vuelven en sí mismos. Como si en la colectividad comprenden que hay otras personas con experiencias vividas similares a las suyas, y de ese modo, se autorizan a verse y comprenderse de un modo distinto y, podría decir, hasta autocompasivo. Esto me hace pensar en la salud mental colectiva como un espacio de autoconocimiento y, por ende, como un espacio de crecimiento individual y colectivo.

      Eliminar
  40. En esta sesión de lectura me he encontrado con las respuestas a interrogantes que me he planteado en diferentes momentos de la formación. Cuestionamientos ciertamente complejos de armar y que dejaban cabos sin poder atar. Y desde ese punto, me es tranquilizador encontrar también en otros y otras la intención de ver a los pacientes como mundos singulares y no como entes diagnósticos. Desde el rol médico y la consecuente “identidad biomédica” una suerte de contradicción surgía al darle -o intentar darle- cabida a los otros saberes, tal vez como producto de la hegemonía interdisciplinar. Y se sentía confuso.

    En los artículos, resulta interesante la asociación que se puede armar entre conceptos como la interculturalidad funcional de Catherine Walsh y la del pluralismo epistémico de Angel Martínez-Hernáez y Martín Correa-Urquiza. Esto me lleva a pensar que la transición entre una interculturalidad funcional hacia una interculturalidad crítica, basada en un cambio desde la colonialidad a un proceso de de-colonialidad; que, a su vez, se argumenta en pedagogías críticas de-coloniales, probablemente podrían esclarecer el estado de confusión antes mencionado. De igual forma, también se explica en el libro Soltar amarras con la frase “hay poco de técnica adquirida, de protocolo pautado y establecido” que justamente nos acerca a la definición de salud mental colectiva, a ese encuentro con el otro.

    Por otro lado, también en el encuentro con el otro, los intentos -por decir- “no exitosos” de hacer emerger otros saberes, plasman el impacto de este saber dado a través de la cultura hegemónica. Concretamente, cuando el paciente espera una respuesta coherente proveniente de la epistemología-mundo, comprensible desde un saber menos dado. Ante eso, me pregunto ¿los pacientes que residen en entornos urbanos tendrán menor consciencia del potencial de su propio saber que aquellos oriundos de pueblos originarios? Pareciera que el saber profano y la manera natural de entender la realidad y de comprenderse favorece a los últimos.

    Quiero destacar que, como aprendizaje, he adquirido la noción de basarme en la antropología, como mencionó Martín en la conferencia Aflicciones, salud mental y determinantes sociales, para integrar la producción de saberes del propio paciente. Es decir, promover un intercambio horizontal de saberes que de lugar a la construcción de una narrativa clara y que de sentido a la búsqueda de elementos de cuidado a fines a ella.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares