Narrativas de poder e historias silenciadas: Hacia una salud mental comunitaria inclusiva

La historia, como herramienta narrativa y política, ha sido objeto de debates significativos en las ciencias sociales y las políticas públicas. La afirmación "la historia es escrita por quienes detentan el poder, redefiniendo el pasado y trazando el rumbo del futuro” sintetiza una crítica fundamental sobre la construcción hegemónica de la memoria colectiva y su influencia en las estructuras políticas contemporáneas. Este texto aborda la relación entre poder, historia y la configuración del futuro, explorando cómo los agentes con acceso al poder manipulan narrativas históricas para consolidar su autoridad y legitimar proyectos políticos, y cómo esta dinámica afecta la construcción de políticas públicas.

La construcción de la historia como dispositivo de poder ha sido discutida ampliamente por autores como Michel Foucault (1975), quien sostiene que el conocimiento y el poder están intrínsecamente vinculados. En este marco, la historia no es una narración objetiva de eventos pasados, sino un espacio de disputa por la verdad. Los grupos dominantes, al controlar los relatos históricos, no solo legitiman su dominio presente, sino que también moldean las condiciones discursivas para el futuro. Como señala Trouillot (1995), las “verdades” históricas son productos de silenciamientos y selecciones que favorecen a quienes detentan el poder.

La rescritura del pasado es un fenómeno observable en diversos contextos políticos. Por ejemplo, en regímenes autoritarios, la historia se instrumentaliza para justificar el control político y la represión (Gellately & Kiernan, 2003). Sin embargo, incluso en democracias consolidadas, la selección de eventos históricos en los programas educativos, las celebraciones nacionales y los monumentos revela cómo el pasado se manipula para construir un imaginario colectivo que respalde ciertos valores e intereses (Anderson, 1983). En palabras de Gramsci (1971), el control de la cultura histórica es una estrategia hegemónica esencial para mantener el consenso social y político.

El diseño del futuro a partir de narrativas históricas también se vincula estrechamente con la configuración de políticas públicas. Las narrativas de progreso, modernidad o desarrollo frecuentemente emplean la historia como justificación para proyectos políticos específicos. Ejemplos de ello se encuentran en las políticas neoliberales, que reconstruyen el pasado como una era de ineficiencia estatal para justificar reformas orientadas al mercado (Harvey, 2005). En el contexto neoliberal, la historia se convierte en un dispositivo clave para consolidar el discurso de la inevitabilidad de las reformas orientadas al mercado. Como Harvey (2005) señala, el neoliberalismo articula una narrativa que redefine el pasado como un período de fallas colectivas, posicionando al libre mercado como la única alternativa racional y viable. Este enfoque limita las posibilidades de imaginar modelos políticos y económicos alternativos, estableciendo una "historia única" (Fisher, 2009) que deslegitima las voces disidentes.

Desde una perspectiva neoliberal, la manipulación de la historia también se extiende a las formas de gobernanza y a la construcción de subjetividades. En este sentido, Bröckling (2015) argumenta que el neoliberalismo produce sujetos autogestionados y responsables mediante narrativas históricas que exaltan la autonomía individual y minimizan el papel del Estado como garante de derechos colectivos. Esta reinterpretación histórica sirve para justificar políticas de austeridad y privatización, moldeando tanto las estructuras políticas como las subjetividades individuales hacia un ideal de competencia y eficiencia.

La salud mental comunitaria ofrece una perspectiva crítica frente a estas dinámicas al enfatizar la importancia del contexto sociocultural y las relaciones colectivas en la construcción del bienestar psíquico. En este marco, la historia y la memoria colectiva se convierten en herramientas clave para cuestionar las narrativas dominantes que perpetúan desigualdades y exclusiones. Por ejemplo, la salud mental comunitaria propone un modelo que rechaza el enfoque biomédico predominante y se orienta hacia la construcción de subjetividades resilientes mediante la recuperación de narrativas locales y el fortalecimiento de vínculos comunitarios (Rose, 1999; De Sousa Santos, 2007).

Desde esta perspectiva, la manipulación de la historia por parte de agentes de poder no solo afecta la configuración de las políticas públicas, sino también el acceso a recursos simbólicos necesarios para la construcción de identidades colectivas saludables. Las políticas neoliberales, al desmantelar estructuras de apoyo comunitario y promover una narrativa de responsabilidad individual, socavan las bases de la salud mental comunitaria. Esto refuerza la necesidad de una epistemología crítica que recupere las voces silenciadas y valore los saberes locales, como argumenta Boaventura de Sousa Santos (2007). Además, como señala Nikolas Rose (1999), la salud mental no puede ser abordada exclusivamente desde una perspectiva individualista, ya que está profundamente enraizada en las dinámicas de poder y las configuraciones sociales.

Finalmente, a nuestro juicio, la articulación entre poder, historia y salud mental comunitaria pone de manifiesto la importancia de cuestionar las narrativas dominantes y promover enfoques inclusivos y plurales. La historia, como instrumento de resistencia, puede contribuir a la construcción de comunidades más saludables y equitativas, en las que el bienestar psíquico sea entendido como un proyecto colectivo y situado.

Referencias

  • Anderson, B. (1983). Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. Verso Books.
  • Bröckling, U. (2015). The Entrepreneurial Self: Fabricating a New Type of Subject. SAGE Publications.
  • Foucault, M. (1975). Discipline and Punish: The Birth of the Prison. Vintage Books.
  • Gellately, R., & Kiernan, B. (2003). The Specter of Genocide: Mass Murder in Historical Perspective. Cambridge University Press.
  • Gramsci, A. (1971). Selections from the Prison Notebooks. International Publishers.
  • Harvey, D. (2005). A Brief History of Neoliberalism. Oxford University Press.
  • Fisher, M. (2009). Capitalist Realism: Is There No Alternative? Zero Books.
  • Rose, N. (1999). Powers of Freedom: Reframing Political Thought. Cambridge University Press.
  • Spivak, G. C. (1988). “Can the Subaltern Speak?” In C. Nelson & L. Grossberg (Eds.), Marxism and the Interpretation of Culture (pp. 271-313). University of Illinois Press.
  • Trouillot, M.-R. (1995). Silencing the Past: Power and the Production of History. Beacon Press.
  • De Sousa Santos, B. (2007). Epistemologies of the South: Justice Against Epistemicide. Routledge.

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