TRABAJO OBLIGATORIO: factores psicosociales, enfermedad y salud mental

 

Gabriel García Márquez, Premio Nóbel de Literatura 1982

Dado que cualquier intento de establecer una estructura comunitaria de atención en salud mental y de mejorar la situación de las personas con trastornos mentales graves, desde una óptica de recuperación y ciudadanía activa, implica el esfuerzo continuado por mejorar las actitudes sociales negativas que englobamos bajo el término estigma, ésta es también un área de intervención de interés creciente. 

Y ahí, junto a iniciativas exitosas, hay experiencias de escasa o nula utilidad. Por ello, pensamos que podía ser útil considerar críticamente el conocimiento acumulado para intentar mejorar nuestras posibilidades de intervención, evitando malgastar esfuerzos y dinero en intervenciones poco útiles o contraproducentes. 

Así, hemos resumido la bibliografía que parece más relevante y articulado un marco razonable que nos ayude a organizar la actividad en este frente, uno más junto a los muchos otros en que, continuando con la metáfora bélica, se desarrollan hoy distintos "combates" por mejorar la atención a este sector bastante abandonado de nuestras poblaciones. 

En definitiva se trata de intentar que también esta área de la intervención social se beneficie de una base tecnológica y no solo de buenas (o no tan buenas) intenciones

Párrafo del texto La lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental. Una estrategia compleja basada en la información disponible, de Marcelino López et. al.

LECTURA OBLIGATORIA

Lea el cuento SOLO VINE A HABLAR POR TELÉFONO, que además de mostrar el talento de su autor, ocupa un lugar clásico en la pedagogía de la psiquiatría crítica. Este cuento hace parte del libro DOCE CUENTOS PEREGRINOS (1992) de Gabriel García Márquez, -Premio Nóbel de Literatura 1982-, Lea el cuento entrando por AQUI.

Lea el Capítulo 1 (página 3 a 104, que corresponde al Marco Teórico)  de la Tesis Doctoral (2006): VARIABLES MODIFICADORAS DE LA ASOCIACIÓN EXPRESIVIDAD EMOCIONALFAMILIAR-RECIDIVAS EN PACIENTESESQUIZOFRÉNICOS. De FRANCISCO BELLVER PRADAS, Universitat de Valencia.

Lea el artículo: Ana Barrón López de Roda y Esteban Sánchez Moreno (2001). ESTRUCTURASOCIAL, APOYO SOCIAL Y SALUD MENTAL. Psicothema, Vol. 13, nº 1, pp. 17-23

Lea el artículo La lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental. Una estrategia compleja basada en la información disponible, de Marcelino López, Margarita Laviana, Luis Fernández, Andrés López, Ana María Rodríguez y Almudena Aparicio.

Lea el artículo Estigma hacia los trastornos mentales: características e intervenciones, de Franco Mascayano Tapia, Walter Lips Castro, Carlos Mena Poblete y Cristóbal Manchego Soza

COMPLEMENTARIAMENTE: 

Lea el Ensayo El modelo biopsicosocial en evolución de Francesc Borrell i Carrió , del Grupo Comunicación y Salud. España. Profesor Asociado de Medicina de Familia. Universidad de Barcelona. ABS Gavarra. ICS Cornellà de Llobregat. Barcelona.

Vea el video del Seminario sobre Participación Social en Salud Mental: efectuado el el 17 de Noviembre de 2020.


Envíe sus comentarios hasta el sábado 7, participe en la reunión sincrónica el lunes 9 de diciembre

Comentarios

  1. Es importante destacar, a partir de las lecturas, la relevancia del apoyo social entendido como provisiones instrumentales y/o expresivas, ya sean reales o percibidas, que provienen de la comunidad y de redes de apoyo. Se plantearon dos efectos del apoyo social que dieron lugar a las hipótesis conocidas como efecto directo y efecto de amortiguación. La hipótesis de efectos directos sostiene que el apoyo social tiene un impacto positivo en la salud y el bienestar, independientemente de la presencia de estrés. Por otro lado, la hipótesis del efecto de amortiguación propone que el apoyo social actúa como moderador de factores que afectan el bienestar, especialmente los eventos vitales estresantes. El texto resalta que variables como la clase y la integración sociales deben incluirse en cualquier modelo que explique el deterioro psicológico. Es relevante la salud mental como un fenómeno determinado social y psicológicamente. La explicación estructural del bienestar psicológico y de la depresión se establece mediante dos niveles de mediación. El primero, de carácter ambiental y social, abarca las influencias del estrés, la alienación y la integración comunitaria. El segundo, de naturaleza psicosocial, incluye el apoyo social, la autoestima y los estilos de afrontamiento. Es necesario promover programas que incrementen estos recursos, aunque ello implique intervenciones y cambios sociales. En cuanto al estigma asociado a los trastornos mentales, este se define como los atributos de un individuo que generan descrédito y desvaloración social. El estigma constituye un obstáculo para lograr la plena inclusión social de las personas con padecimientos psíquicos. Los pacientes suelen ser percibidos como peligrosos, impredecibles, violentos e incapaces de desempeñarse laboralmente. Conceptos como “miedo al diagnóstico” o “qué pensarán los demás” son justificaciones frecuentes que refuerzan el estigma y evitan que las personas busquen ayuda en el sistema de salud mental. En cuanto a las estrategias para reducir el estigma, el texto destaca los programas de empoderamiento personal, que fortalecen los recursos individuales de los pacientes, promoviendo la autovalencia y el control sobre sus vidas. Un aspecto clave de estas intervenciones es establecer relaciones equitativas entre profesionales y pacientes, otorgando a estos últimos un rol activo en los planes de atención sanitaria y reforzando su derecho a la autonomía. Finalmente, quiero compartir una experiencia personal relacionada con el estigma en salud mental. Al atender a pacientes en el CDT de psiquiatría de HBLT, varios me solicitaron certificados para justificar su asistencia en sus trabajos. Lo que me llamó la atención fue que al menos dos de ellos pidieron explícitamente que no se mencionara el servicio de psiquiatría, por temor a burlas o comentarios despectivos por parte de sus colegas y superiores. Este tipo de situaciones demuestra que, lamentablemente, vivimos en una sociedad que aún etiqueta y discrimina. Es crucial educar a la población sobre los trastornos de salud mental y su importancia ya que solo así podremos cambiar el enfoque y eliminar los tabúes asociados a este tema.

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    1. Estoy totalmente de acuerdo con lo que planteas, me parece una muy buena síntesis de los documentos leídos estas semanas.

      Es muy lamentable que hasta el día de hoy exista un gran miedo por parte de los pacientes a que se pueda saber el diagnóstico de salud mental que padecen, y cómo, este se vive en muchas ocasiones con vergüenza. Es común escuchar que exista gran culpa en torno a poseer un diagnóstico de salud mental, como si hubiese sido voluntario el hecho de tenerlo. Si comparamos esta situación con otras patologías, esto no ocurre, es muy común que las personas digan sus diagnósticos de otras esferas sin ningún miedo al juicio por ello, entendiendo en esos casos el concepto de enfermedad y sin ninguna relación de culpabilidad con ello.

      Es importante que como profesionales de salud mantengamos una visión crítica en torno a esto y que trabajemos en generar instancias anti estigma, y que mediante la dedicación constante, se aporte siempre en pro de un bienestar y aceptación de las patologías de salud mental como el resto de enfermedades, sin la carga estigmatizante que tienen hasta la actualidad, y que no solo aleja a los pacientes de una adecuada inserción social, sino también es parte fundamental de la persistencia de la problemática.

      Es fundamental romper el círculo del aislamiento social que se da en personas con trastornos de salud mental, ya que, tal como lo mencionas la integración comunitaria y social cumplen un rol fundamental en la estabilización de la sintomatología y aporta en gran medida a un estado de bienestar.

      Personalmente durante el tiempo que trabajé en APS, vi en muchas ocasiones como las personas sentían vergüenza al padecer un trastorno de salud mental y sentían impotencia al requerir un tratamiento farmacológico y no "habérsela podido solos/as". Se hace relevante en esas instancias educar y normalizar la necesidad de un tratamiento cuando se requiere, tal cómo se normaliza un fármaco cuando se diagnostica una hipertensión arterial.

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    2. Compañera:
      Me parece valiosa la reflexión que haces, el énfasis que haces en la importancia del apoyo social y las estrategias para combatir el estigma en la salud mental. En primer lugar, reconocer que el apoyo social tiene un impacto tanto directo como amortiguador en el bienestar mental es clave para entender cómo las relaciones y redes humanas pueden convertirse en un recurso esencial para quienes enfrentan retos psicológicos. Estos conceptos no solo validan la necesidad de un entorno social positivo, sino que también subrayan la interrelación entre factores sociales, psicológicos y comunitarios en la salud mental.

      El testimonio personal que compartes sobre el temor de los pacientes a ser etiquetados demuestra que el estigma no es un concepto abstracto, sino una realidad palpable que influye en las decisiones y emociones cotidianas de muchas personas, lo vivimos ambos en el CDT a diario. Este ejemplo ilustra cómo los prejuicios asociados a los trastornos mentales aún persisten y generan barreras, incluso en espacios que deberían ser de apoyo, como el ámbito laboral.

      Saludos!

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    3. @jessica rozasMe gustaría ahondar un poco sobre lo que postee en torno a la frase que cierra tu posteo: “Es crucial educar a la población sobre los trastornos de salud mental y su importancia ya que solo así podremos cambiar el enfoque y eliminar los tabúes asociados a este tema”
      Estoy de acuerdo en la importancia y necesidad de educar y brindar información lo más adecuada posible para contribuir a derribar tabúes y estigmas en torno a las representaciones sociales que circulan en torno a la salud mental y de quienes padecen algún tipo de problema al respecto. Sin embargo, más allá de las buenas intenciones detrás de estos llamados a educar y brindar información, por sí solas tales acciones son ineficientes ya que no conciben los aspectos de materialidad social que se sedimentan en la conformación de estigmas y prejuicios. Esta sedimentación social no se resuelve solamente corrigiendo con argumentos y datos una opinión incorrecta, como si fuese sencillamente un error cognitivo. Esto no significa, creo, que una estrategia de múltiples niveles que busque mitigar los efectos negativos de la estigmatización no deba tener al menos algunos momentos centrados en la educación o en la concientización, sin embargo debe articularse con otros momentos que incluyan la necesidad de una modificación de aspectos relevantes de la misma estructura política, económica y social que están por detrás de tales estigmas y tabúes.

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  2. Gracias al material administrado (escrito y audiovisual) puedo concluir que la salud mental está profundamente influenciada por una variedad de factores, tanto individuales como sociales. El apoyo social y la dinámica familiar juegan un papel crucial en el bienestar de las personas con trastornos mentales. Por ejemplo, en el caso de pacientes esquizofrénicos, el ambiente emocional familiar, caracterizado por actitudes de crítica, hostilidad o sobreimplicación, puede aumentar significativamente las tasas de recaídas. Esto se debe a que la expresividad emocional alta en las familias crea un entorno de estrés que afecta la estabilidad del paciente, incluso cuando sigue un tratamiento farmacológico adecuado. En este contexto, programas de intervención familiar como terapia y grupos de apoyo pueden ser esenciales para reducir el estrés y mejorar la comunicación, lo que ayuda a prevenir recaídas.
    El estigma hacia las personas con trastornos mentales es otro factor que empeora su calidad de vida, limitando su acceso a empleo, vivienda y relaciones sociales. En América Latina, este estigma se manifiesta en diversas formas, desde el autoestigma, cuando los pacientes internalizan los prejuicios sociales, hasta el estigma institucional presente en los sistemas de salud. Para combatir estas actitudes, se proponen estrategias como programas de empoderamiento y campañas educativas, adaptadas a las realidades culturales de cada contexto. Sin embargo, es necesario un enfoque integral que combine acciones educativas, sociales y políticas para promover la inclusión social y reducir la discriminación.
    Los factores socioeconómicos también son determinantes en la salud mental. Las personas de clases sociales bajas experimentan más estrés y alienación, lo que incrementa el riesgo de depresión. En este sentido, el apoyo social emerge como un factor protector frente a los efectos negativos del estrés. El apoyo social puede moderar el impacto de los factores estresantes y mejorar el bienestar psicológico. Por tanto, los modelos teóricos de salud mental deben considerar tanto las condiciones socioeconómicas como las redes de apoyo disponibles para los individuos. Intervenciones que fomenten la integración comunitaria y la creación de sistemas de apoyo social pueden ser clave para mejorar la salud mental de las personas en contextos de vulnerabilidad.
    Finalmente, la narrativa de "Solo vine a hablar por teléfono" de Gabriel García Márquez ilustra cómo un simple error en un sistema burocrático puede tener consecuencias devastadoras en la vida de una persona. María de la Luz, la protagonista, es internada por error en un sanatorio mental después de que su coche se avería. Su desesperación es malinterpretada, y la confusión lleva a su reclusión permanente. Esta historia refleja la fragilidad humana frente a la incomprensión y la indiferencia de las instituciones, mostrando cómo los malentendidos y la falta de apoyo pueden convertir un incidente menor en una tragedia irreversible.

    Así que debemos recordar que la salud mental no puede abordarse de manera aislada; requiere comprender las complejas interacciones entre el individuo, su entorno social y las estructuras que lo rodean. Solo con empatía, apoyo integral y una transformación de actitudes podemos construir un mundo verdaderamente inclusivo y humano.

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    1. Estimado Jossued:
      Comparto contigo respecto a la importancia del apoyo social. La salud mental debe tener un enfoque comunitario, y como tal, debemos incluir la participación tanto de los profesionales de salud como todas las personas consideradas como red de apoyo. Además, considerar que los estigmas de salud mental con una forma de segregar y etiquetas a las personas con un trastorno de salud mental. Es crucial educar a la población, dar un enfoque integral así como otorgar un rol activo a los pacientes que sufren un trastorno de salud mental.

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    2. Jossued, concuerdo con tu comentario sobre los articulos analizados para este blog. La tarea para poder abordar el estigma social, el apoyo social, los determinantes sociales como los ingresos, los barrios, la falta de ingreso oportuno a servicios de salud y de apoyo, van afectando negativamente y siendo factores predictores negativos de salud mental. La tarea de lograr vencer esto es muy grande, que debe enfocarse desde una perspectiva interdisciplinaria, intersectorial y como una política de estado, que perdure en el tiempo.

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    3. Jossued
      Me parece muy acertivo, correcto y sintético de las lecturas tu comentario, es verdad que necesitamos un sistema completo que de soporte y apoyo a quienes sufren trastornos de Salud Mental, pero un apoyo que sea real desde la no discriminación y la evitación del estigma.

      Por otro lado, estoy de acuerdo en la interpretación del texto de García Marquéz; donde un pequeño error se puede transformar en una internación; esto podría ser visto de manera lúdica, casi anecdótico, pero una vez incertos en el sistema sanitario y en la red de salud mental, podemos darnos cuenta que es algo que podría ocurrir. Nuevamente aparece ante nosotros el fantasma del estigma, y el prejuicio.

      Saludos!

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    6. Estimado Jossued

      Comparto al respecto, que el estigma tiene un impacto amplio y complejo en la vida de las personas con trastornos mentales graves, afectando no solo su bienestar individual, sino también a sus familias y a la sociedad en general. Abordar el estigma y promover una mayor comprensión y apoyo es esencial para mejorar la atención y la calidad de vida de estas personas.

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  3. En el artículo de López et al. (2008) y la tesis doctoral de Bellver Pradas hablan sobre miradas complementarias de los desafíos en el tratamiento de la esquizofrenia. En la tesis doctoral menciona algo que me parece interesante, el cómo resalta la importancia de la expresividad emocional familiar en la predicción de recaídas, mientras que el artículo de López menciona el impacto que puede tener el estigma social y la discriminación en las oportunidades y en la calidad de vida de los pacientes. En ambos artículos se menciona la necesidad de un enfoque holístico, que considere e integre las dinámicas familiares, asi como el contexto comunitario. Realizar intervenciones familiares que sean efectivas, asociado a estrategias para combatir el estigma en la comunidad, serian fundamentales para mejorar el pronóstico y la inclusión social de los pacientes. El estigma según se describe en el artículo de Mascayano, no concuerdo con los diferentes tipos de estigma, si no mas bien me parece que el estigma es uno, pero aplicados en distintas perspectivas, en este caso individual, familiar, social, institucional. Creo que una de las medidas más importantes para ayudar a combatir el estigma es reformar el sistema educativo, donde en los Jardines, colegios/liceos, Institutos y universidades se enseñe siempre el respeto por los otros seres humanos, la empatía, esperando que con generaciones venideras logren vencer el estigma y la discriminación hacia los pacientes de salud mental. Además, como mención Ana Barron en su artículo, los pacientes en salud mental tienen mejores resulta en cuando a deterioro psicológico y depresión a medida que tenga una mejor calidad de apoyo social, demostrando con su investigación, que un sistema integral de programas de apoyo social es fundamental, para ayudar a generar los recursos materiales y a mejorar las condiciones de vida que son responsables de perpetuar el deterioro de la salud de nuestros pacientes. Es una forma de combatir con los determinantes sociales de salud.
    En resumen, aun hay mucho por realizar para mejorar el estigma, el apoyo social, los determinantes de la salud, y la salud en general de nuestro país, donde vemos que los presupuestos de salud no alcanzan para los programas ya establecidos, con listas de esperas enormes, tanto en psiquiatría como en otras especialidades, con una deuda pública elevadísima, hace difícil pensar que algo de esto pueda resolverse en el corto o mediano plazo. Por eso creo que, si queremos un cambio real, debe buscar hacer cambios para el largo plazo.

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    1. En mi experiencia personal en CDT Barros Luco, he podido presenciar como las intervenciones familiares o a la comunidad no logran ser las suficientes ni con la frecuencia necesaria, debido a la alta demanda asistencial a la que se ve sometido el servicio. Hay instancias donde se logra apoyar a la familia, a los escasos que se quieren involucrar, estas intervenciones son insuficientes para la población que es atendida, Si bien se logra que los pacientes accedan a beneficios sociales con la ayuda de las trabajadoras sociales, estas ayudas como pensión de invalidez, si bien son un aporte, no son lo suficientemente sustanciales como para generar un real cambio de apoyo social.

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    2. Y respecto al cuento de Gabriel Garcia-Marquez, muestra como la falta de empatía, la falta de dedicación de tiempo para comprender a otro ser humano y el estigma social en una época, logro que una persona que solo necesitaba usar un teléfono para solicitar ayuda, llegase a estar hospitalizada y considerada no apta para vivir en la comunidad. En una versión mas cruenta, la Serie American Horror Story - Asylum muestra una realidad similar, llena de vejaciones que probablemente hayan vivido seres humanos que les toco estar en el lugar y momento equivocado, pero que muestra como la historia debería enseñarnos a no repetir los horrores del pasado.

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  4. En torno a los textos leídos durante estas semanas, se mezclan bastantes cosas.

    En primera instancia visualizamos mediante un cuento escrito por García Márquez, la visibilidad que tiene el estigma y la discriminación deliberada que se ejerce en personas que padecen de trastornos de salud mental, o en cómo el hecho de estar en un mismo espacio físico con las pacientes de psiquiatría te convierte en uno. La literatura muestra una fotografía de lo que aún vivimos, en donde conductas que no son "aceptables" en un contexto determinado se patologizan inmediatamente.

    En relación a la tesis revisada, me pareció bastante relevante la importancia de la vinculación con las redes de apoyo primarias, como lo es la familia, intercede de manera directa en la posibilidad de recaída de pacientes con trastornos mentales. La alta crítica, alta sobre implicación emocional son cualidades de las dinámicas familiares que pueden perpetuar el estrés en los pacientes, y que inclusive mediante vías biológicas expliquen la recaída sintomática. También es fundamental considerar la cultura en las características principales de vinculación familiar y en cómo el afecto se vuelve un factor protector, inclusive independiente de las horas que las familias pasen con los pacientes. Es relevante intervenir a las familias e intentar potenciar el recurso familiar como un factor protector y de baja expresividad emocional, se torna relevante educar siempre en el entendimiento de las patologías para evitar el alto nivel de crítica y culpabilización de ciertas esferas sintomáticas, principalmente síntomas negativos, como algo caracterológico y voluntario por parte de los pacientes. Me parece fundamental buscar espacios de intervención que han mostrado evidencia para trabajar con las familias y potenciarles como un espacio positivo para el cuidado de nuestros usuarios.

    En relación con los documentos sobre estigma, es bastante interesante leer el fundamento teórico desde donde aparece. La discriminación, el prejuicio y los estereotipos son la base del estigma, y visualizamos los tres en los pacientes que padecen patología de salud mental. Es lamentable visualizar como el estigma social repercute tan fuerte que se canaliza hasta un auto estigma y sentimiento de insuficiencia de los pacientes. Creo que es un círculo vicioso bastante negativo, ya que el estigma genera aislamiento social, y tal como describe uno de los documentos, es el apoyo social y la integración comunitaria pilares fundamentales y factores protectores para un estado de bienestar, justamente dos cosas que en ocasiones los pacientes de salud mental no poseen por la carga estigmatizante de sus diagnósticos.

    Es relevante trabajar constantemente en políticas anti-estigmatizantes, si bien se menciona la protesta y educación como herramientas relevantes para trabajar en ellas, se ha visualizado también que la integración social es aquella que tiene más peso y potencia a la hora de ayudar en el estigma, por ende, se debe potenciar siempre la autonomía y la integración de las personas con trastornos de salud mental, es relevante aportar en que puedan salir del rol constante que viven como enfermos y que logren ejecutar el rol ciudadano al cual tienen derecho. Creo que se avanza día a día en visibilizar esta problemática, pero siento que muchas veces se disminuye el estigma en trastornos mentales comunes, pero se mantiene en aquella población que más aqueja necesidades de tener una integración comunitaria.

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    1. Personalmente durante un tiempo realizando turnos en un servicio de urgencia rural, vi como el mismo equipo de salud perpetua conductas estigmatizantes, ya que en los datos personales de los usuarios se subrayaba en rojo si pertenecía al programa de salud mental, y lo anterior, ya que para los funcionarios, el hecho de tener un trastorno de salud mental significaba que había que tomarle un menor valor al motivo de consulta, ya que se interpretaba como una exageración o bien correspondía a síntomas somáticos que debíamos médicamente bajarle el perfil. Conductas como estas perpetúan la problemática, y creo que es importante mantener una visión crítica en todos los espacios para evitar la mantención de ellas.

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    2. Estimada Carolina. Concuerdo con tu reflexión del estigma y la salud mental.
      En relación a la importancia que mencionas con respecto a las redes de apoyo, en especial la familia como un factor primordial, lo cual me parece absolutamente cierto porque son ellos los que pasan mayor tiempo con el paciente, por lo que sus intervenciones son significativas, ya sea de manera positiva o negativa en la vida del usuario. La importancia de la educación familiar nos permite prevenir un daño hacia el paciente; es importante que la familia conozca las habilidades de sus integrantes y las potencie. Las críticas negativas en relación a habilidades que requerirán mayores intervenciones en el paciente afectarán su autoestima y perjudicarán su bienestar emocional.

      En relación a la situación que compartes de estigmatización hacia los usuarios de salud mental por parte de los mismos funcionarios, me parece realmente grave. Estas prácticas no se pueden permitir, deben ser denunciadas para evitar que se perpetúen. Nos habla de la poca empatía y escasos conocimientos en relación a salud mental por parte de profesionales de salud; este tipo de situaciones pone en riesgo a nuestros usuarios y a la vez los hace sentir discriminados. Se debe trabajar, como mencionas, en base a políticas públicas antiestigmatizantes. Tu reflexión es un llamado a la acción para trabajar con la integración y la visibilidad de las personas con trastornos mentales. 

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  5. Los textos de esta quincena dejan de manifiesto que el estigma que enfrentan las personas con enfermedades mentales es un fenómeno social complejo que trasciende la mera falta de información; está profundamente vinculado a actitudes y creencias arraigadas en la sociedad. Este estigma se puede manifestar como una barrera significativa para la verdadera inclusión social de las personas afectadas y sus familias. Para abordarlo, se deben implementar intervenciones centradas en la educación y la sensibilización, que promuevan la autoafirmación y empoderamiento de los individuos, apoyadas por instituciones y grupos comunitarios.
    El documento "Estigma hacia los trastornos mentales" de Mascayano et al. (2015) se centra en la prevalencia del estigma en Latinoamérica, describiendo su impacto negativo y proponiendo también estrategias de intervención que implican la colaboración entre distintos sectores de la sociedad para fomentar la inclusión social y combatir el estigma.
    Por otro lado, en el análisis de Bellver Pradas sobre la expresividad emocional en contexto familiar, nos entrega una mirada importante sobre cómo las dinámicas familiares influyen en las recaídas de pacientes esquizofrénicos. La investigación sugiere que las diferencias culturales y contextuales son determinantes en la manera en que la crítica y el cariño pueden afectar a estos pacientes, lo que resalta la necesidad de enfoques culturalmente sensibles en el tratamiento.
    A nivel personal, es alentador leer propuestas concretas que enfocan la atención en la educación y el apoyo social, y que abogan por políticas que refuercen la integración comunitaria. Debemos realizar un esfuerzo colectivo para avanzar hacia sociedades más inclusivas y comprensivas, en todo sentido, para vivir libres del temor al rechazo.
    Sin embargo, aun se siguen viendo practicas altamente estigmatizantes que rozan la ilegalidad; en mi experiencia, cuando trabajaba haciendo turnos en medicina general en un hospital de baja complejidad y me tocó un paciente con diagnóstico de esquizofrenia con una obstrucción intestinal, para su traslado, solo por el antecedente psiquiátrico no quería ser recibido por el área quirúrgica, luego de mucho insistir lo aceptaron. Finalmente me entero qué, el paciente no era prioridad para pabellón a pesar de la urgencia. Finalmente fallece a los 38 años. Muestra de importante discriminación e impunidad al respecto.
    Finalmente, y terminando de una forma más lúdica, el texto “Solo vine a hablar por teléfono” de García Márquez, nos invita a la reflexión desde una situación casi anecdótica y curiosa, cual comedia de equivocaciones; donde una mujer es hospitaliza en psiquiatría literalmente por “solo querer hablar por teléfono”. Este texto añade una dimensión adicional a la complejidad de la salud mental y su percepción social, enriqueciendo el entendimiento de las narrativas personales en el contexto del estigma.

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  6. Al leer el cuento, la tesis y los artículos se puedo reflexionar varias cosas:

    Primero que todo el cuento es una crítica potente a las estructuras que oprimen al individuo, ya sea el sistema psiquiátrico como símbolo de poder institucional o la indiferencia de las relaciones cercanas bajo presión.

    Desde un punto de vista crítico, la tesis destaca dos aspectos clave: la importancia de la psicoeducación familiar y la complejidad de mantener los efectos positivos a largo plazo. Los resultados iniciales son alentadores, especialmente en términos de reducción de la sobreimplicación emocional, pero la resistencia de la hostilidad como factor y el aumento de recaídas a largo plazo subrayan que las intervenciones familiares deben ser vistas como parte de un proceso continuo, más que como una solución única.

    Otro punto relevante es el reconocimiento de diferencias culturales en la relación entre la expresividad emocional y las recaídas. Esto no solo amplía la utilidad del estudio más allá del contexto local, sino que también resalta la necesidad de adaptar las intervenciones a las realidades socioculturales de las familias involucradas.

    El artículo de Franco Mascayano nos ofrece un análisis profundo y relevante sobre el estigma hacia los trastornos mentales, destacando su impacto en múltiples niveles: público, personal, familiar e institucional. Su enfoque en el contexto latinoamericano es crucial, dado que este fenómeno se agrava por las desigualdades sociales y la falta de recursos en la región y en nuestro país.

    Mi experiencia en CDT del Hospital Barros Luco, me ha hecho plantear que el problema no siempre radica en el usuario/paciente, sino que es en el sistema completo, hemos conversado que en algunos casos la alta expresividad emocional de la familia, influye negativamente en la ‘’psiquiatrización’’ y particularmente en la ‘’esquizofrenización’’ de nuestros pacientes, si bien no ocurre con todas la familias, hay ocasiones en las cuales el tratamiento es hacia el paciente y hacia la familia en general, lo cual nos genera un desgaste significativo en el equipo, ya que no se piensa, ni se destinan los recursos para esto.
    Tal como leímos en los artículos, estrategias propuestas, como el empoderamiento personal, la terapia cognitivo-conductual y la sensibilización profesional, son valiosas herramientas para enfrentar este problema. Sin embargo, los artículos subrayan que el estigma sigue siendo un obstáculo persistente, lo que resalta la necesidad de intervenciones integrales y sostenidas que incluyan campañas de educación, políticas públicas inclusivas y programas comunitarios.

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    1. Estimado Javier:

      Coincido contigo en que el libro ofrece una profunda crítica al modelo manicomial que, durante mucho tiempo, prevaleció en los tratamientos y hospitalizaciones psiquiátricas. Este enfoque, sin duda, menoscababa la dignidad humana y su valor intrínseco, como se evidencia en el relato del sufrimiento que experimentaban los pacientes bajo esas condiciones, sin la posibilidad de acceder a una rehabilitación adecuada.

      En cuanto al estigma en salud mental, también considero que es perjudicial en todos los niveles que mencionas, afectando negativamente la vida de los individuos. Este problema se ve aún más agudizado por las desigualdades socioeconómicas y la escasez de recursos, especialmente en Latinoamérica, lo que repercute en la calidad de vida de nuestros pacientes y reduce sus posibilidades de reinserción social y empleo. Por ello, es fundamental promover políticas públicas de psicoeducación y talleres comunitarios que combatan el estigma.

      Respecto a tu experiencia en el CDT del HBL, comparto que muchas veces el problema trasciende al paciente, siendo necesario involucrar a la familia en su conjunto para facilitar la mejora del individuo. También aquí encontramos el riesgo de una “psiquiatrización” que podría llevarnos a limitar nuestro enfoque a lo biomédico, olvidando la importancia de una perspectiva holística del sujeto.

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  7. A partir de los artículos, destaco algunos aspectos del cuento de G.G.M., que retrata el sufrimiento de personas encerradas en asilos por patologías mentales hasta mediados del siglo XX. Este contexto evidencia la estigmatización de las mujeres, a menudo etiquetadas como "histéricas". En estos asilos, no solo sufrían maltrato y la negación de sus derechos, sino que también eran vistas como "locas" o "peligrosas". La falta de un enfoque rehabilitador se manifestaba en prácticas de contención, sedación y confinamiento prolongado, sin un manejo comunitario adecuado. Por ello, considero que G.G.M. ha creado una obra que visibiliza la vulneración de derechos y la realidad de la salud mental de esa época, antes del modelo comunitario.

    Además, resalto el concepto de expresividad emocional, que muestra cómo el estrés familiar afecta la evolución de los trastornos mentales. En entornos con alta crítica y hostilidad, los pacientes tienden a tener peores resultados, lo que puede aumentar los reingresos hospitalarios. Por lo tanto, es crucial implementar intervenciones que fomenten dinámicas familiares saludables, reconociendo a la familia como un recurso esencial en el tratamiento.

    En el ámbito del apoyo social y las redes, es crucial reconocer su impacto en las personas. Es importante entender las funciones y la estructura de estas redes, identificando el apoyo emocional, recursos y orientación disponibles en momentos críticos. También debemos considerar la calidad y diversidad de las relaciones, ya sean amigos, familiares o compañeros. Al abordar estos aspectos, podemos mejorar el pronóstico de los pacientes, como demuestran estudios de Thoits (1982) y Barron (1990). Por lo tanto, es fundamental implementar intervenciones que fomenten grupos de apoyo, la integración social y políticas públicas que aborden desigualdades sociales.

    Respecto a la lucha contra la estigmatización, es esencial considerar las actitudes sociales hacia personas con patologías de salud mental, ya que afectan su calidad de vida y su inserción social. El estigma y la discriminación generan problemas como la etiquetación de peligrosidad y la falta de acceso a servicios, impactando negativamente la autoestima de los pacientes. Por ello, es vital promover programas de desestigmatización a través de la educación, campañas de sensibilización y talleres psicosociales.

    Quisiera compartir una experiencia en el Cesfam Monteáguila, en una localidad rural donde persiste el estigma hacia los problemas de salud mental, a menudo vistos como locura o debilidad. Esto lleva a muchos pacientes a evitar buscar ayuda. Atendí a una paciente que llegó con síntomas de ansiedad y dolores físicos, pero que tendía a minimizar su malestar y reaccionaba defensivamente ante la idea de tomar medicamentos.

    Se decidió derivar a un grupo de apoyo social organizado por el equipo, donde se discutió la importancia de cuidar la salud mental. Gracias a este espacio, la paciente pudo hablar con más comodidad sobre su situación y comenzó a desestigmatizar su problema, reconociendo la búsqueda de ayuda como una fortaleza en lugar de una debilidad.

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    1. Estimado colega, valoro mucho el análisis realizado y además estoy de acuerdo con su postura, como enuncia los puntos claves de cada texto y como nos cuentas tu experiencia en APS. En mi caso, estuve trabajando casi 2 años en postas rurales y el resto de mi formación fue en Cesfam en urbano. Está el cambio de mentalidad y la postura de ingresar a programas de salud mental; incluso aumenta el rechazo con aquellos pacientes de mayor edad, por miedo, pero más que miedo, como reportaban, vergüenza acudir, siendo muy importantes sus ingresos para el trabajo. En muchas ocasiones veía como con temor entregaban su carnet de salud mental para solicitar hora o solicitar medicamentos. Creo que es importante "el cómo" y "el dónde" formar estos grupos de apoyo social; creo que es una buena práctica digna de imitar y mostrar a los otros CESFAM, ya que en ocasiones es bueno conocer las experiencias de otros centros para trabajar. en mejoras conjuntas. 

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  8. Luego de leer los textos y artículos en base a los factores psicosociales, enfermedad y salud mental.

    Quisiera comenzar destacando a Erwin Goffman y su clásica publicación Estigma: la identidad deteriorada, define el fenómeno del estigma como los atributos de un individuo que le generan profundo descrédito y desvaloración social. Según el autor, los procesos de estigmatización emergen desde la discrepancia entre una “identidad social virtual” (las características que debe tener una persona según las normas culturales) y una “identidad social actual” (los atributos que efectivamente presenta la persona).
    Considerando lo anterior, creemos que es pertinente comprender cómo se entiende y se aborda en la actualidad el estigma hacia la enfermedad mental, como las estrategias para reducir la estigmatización en sus diferentes expresiones.

    Se identifican varias dimensiones del apoyo social, incluyendo aspectos funcionales (funciones de las relaciones sociales) y estructurales (composición de las redes sociales), así como provisiones instrumentales y expresivas, y la distinción entre apoyo real y percibido.
    Se destaca que el apoyo social no solo se distribuye de manera equitativa en la sociedad, sino que está influenciado por el estatus social de los individuos, lo que resalta la relevancia de abordar tanto los aspectos positivos como negativos del apoyo social en relación con la salud mental
    Un enfoque integral implica que los programas de intervención deben ser diseñados no solo para proporcionar apoyo social a nivel individual o grupal, sino también para abordar las condiciones sociales y económicas que contribuyen al deterioro de la salud mental. Esto podría incluir iniciativas que fomenten la cohesión comunitaria, el acceso a recursos económicos y la creación de redes de apoyo que sean inclusivas y accesibles para todos los miembros de la comunidad.

    Finalmente, se concluye que la salud mental debe ser vista como un fenómeno social y psicológico, donde la comprensión de su complejidad requiere un enfoque biopsicosocial que considere tanto las experiencias individuales como las condiciones sociales más amplias. Este enfoque no solo enriquecería la teoría en el campo de la salud mental, sino que también podría tener un impacto significativo en la práctica y en la formulación de políticas públicas orientadas a mejorar el bienestar psicológico de la población.

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    1. Estimada:

      Muy de acuerdo con tu análisis.

      En uno de los textos se cita a Marx y el término alienación, el que realizó una profunda crítica al modelo social y económico que se ha seguido replicando a los largo de los años, por lo que hemos podido observar como las políticas públicas resultan importantes para lograr acceso a derechos básicos fundamentales para lograr una calidad de vida medianamente digna, lo que está estudiado de forma acabada, repercute en la salud mental individual y social. Aunque también rescato, la idea de "la identidad social virtual" y "la identidad social actual", que siempre me lleva a cuestionar qué es la "normalidad" y porque cómo sociedad se le tema a lo desconocido, por lo que la educación y la psicoeducación resultan pilares que según mi perspectiva, deberían incluirse dentro del currículum escolar.

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    2. Estoy de acuerdo con tu análisis a partir de Goffman resalta de manera precisa la tensión entre la “identidad social virtual” y la “actual”, y cómo esta discrepancia perpetúa el estigma hacia la enfermedad mental. Es crucial destacar que el estigma no es solo un problema individual, sino una construcción social enraizada en normas culturales que condicionan la percepción y trato hacia quienes viven con un trastorno mental.

      Abordar este fenómeno requiere, como bien mencionas, un enfoque integral. Es decir, no basta con trabajar sobre el individuo; también es necesario transformar las condiciones estructurales que perpetúan la exclusión. Esto incluye fomentar el acceso equitativo a redes de apoyo social y recursos económicos, además de fortalecer la cohesión comunitaria. En el contexto chileno, por ejemplo, la desigualdad en la distribución del apoyo social es un reflejo del panorama socioeconómico, lo que agrava el impacto del estigma, especialmente en poblaciones vulnerables.

      El enfoque biopsicosocial que propones es esencial para avanzar hacia una comprensión holística de la salud mental. Incorporar dimensiones sociales y económicas en las políticas públicas y programas de intervención no solo mejora el acceso a los tratamientos, sino que también puede mitigar las condiciones que exacerban los trastornos. De este modo, podríamos reducir la brecha entre las identidades sociales "virtuales" y "actuales" y, en última instancia, avanzar hacia una sociedad más inclusiva.

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  9. Respecto a la bibliografía solicitada para la siguiente reflexión, me parece importante destacar:

    Se entregan diversos recursos para concluir una definición de estigma, la que se puede resumir como un proceso en el que participaban 3 características: estereotipo, prejuicios y discriminación, con connotación negativa predominantemente, ante grupos que presentan una etiqueta o características particular, y que generalmente son minoría en comparación al resto de la sociedad, en dónde en salud mental, se les entregan características como peligrosidad, impredecibles, violentos, incapaces de desarrollar una actividad laboral, lo cual repercute profundamente en las posibilidades que tienen las personas con diagnósticos de salud mental de desarrollar una vida que satisfaga sus necesidades, además de sufrir constantemente la odiosidad y el rechazo de la sociedad, que por consiguiente, afecta su autoestima, y se desarrolla el autoestigma. Uno de los textos, plantea como estrategia de intervención "programas de empoderamiento personal" lo que sería la mejor estrategia para disminuir el estigma internalizado. Con respecto al estigma hacia la familia, situación que observo permanente en HDD, se sugieren las intervenciones de tipo comunitario, y la psicoeducación como pilar.

    Respeto al texto "Estructura social, apoyo social y salud mental", se analiza cómo el apoyo social, los factores ambientales, la alienación los sucesos vitales y la integración comunitaria, intervienen en el deterioro psicólogico y la depresión, de dónde se desprende que ".. los niveles de alienación aumentan a medida que descendemos en la escala socioeconómica" lo cual propicia un impacto negativo en la salud mental. Además, "... las personas que ocupan posiciones más ventajosas gozan de una mayor integración comunitaria.", y por consiguiente "... las personas más integradas en su comunidad perciben mayor apoyo psicológico, lo que repercute beneficiosamente sobre su salud mental."

    Sumado a lo anterior, el insumo que entrega la tesis, entrega información acerca de cómo las familias resultan un pilar en el tratamiento y desarrollo de enfermedad de las personas con esquizofrenia, dónde la expresividad emocional y las dinámicas familiares, son predictores respecto al desarrollo de la enfermedad, por lo que las estrategias de sensibilización y psicoeducacion familiares se hacen imprescindibles en el tratamiento de estos pacientes.

    Por último, y mi favorito, el cuento de Gabriel García Márquez, nos muestra cómo el estigma puede llegar a determinar el desarrollo de la vida de una persona, a quién dentro de la institución, se le patologiza por una situación fortuita.

    El análisis lo concluyo con mi experiencia en HDD, dónde la población que ingresa es variada en términos de insumos económicos, patologías, edades, etc. de pacientes y familiares. Junto a Javiera, una de las psicólogas de la unidad, realizamos el taller de psicoeducación de familiares, dónde se palpa la angustia de personas viviendo una situación familiar compleja, pero también mucha desinformación y estigma, dónde más de una vez se escucha "enfermito" para referirse a sus hijos, y la dinámica de sobreinvolucramiento por considerar a su familiar inepto. La concurrencia no es amplia, debido al horario, sin embargo se realiza un profundo trabajo de psicoeducación que abarca temáticas como el estigma y de qué manera repercute en los pacientes y en las familias, comunicación asertiva, patologías y sus tratamientos, y muchas más. Me inunda la alegría cada vez que se va de alta alguno de los usuarios, y su familia agradece profundamente la instancia como espacio de desahogo, de aprendizaje y lo valoran como positivo tanto para el tratamiento de su familiar, cómo ellos mismos y su dinámica familiar.

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  10. Las lecturas para el trabajo de esta semana han resultado muy significativas para mí por lo que a continuación compartiré mis reflexiones.

    Las personas que experimentan sufrimiento psíquico, definidas como personas con trastornos mentales graves son discriminadas de forma cotidiana en diversos espacios a propósito de los estigmas que se le asocian. Esto genera grandes repercusiones en sus identidades y formas de percibir la vida, lo cual es muy preocupante, sobre todo cuando sucede en contextos sanitarios dedicados a la salud mental, los que debieran ser espacios seguros para aquellos que sufren, pero que a falta de entendimiento se sostienen de manera sistemática los estigmas y autoestigmas, por ejemplo desde la patologización de reacciones emocionales a situaciones de injusticia, que cuando surgen desde “personas sin diagnóstico” pasan desapercibidas o bien son validadas o que cuando son expresadas desde una persona del lado de “los pacientes” se explica la “queja” desde el diagnóstico. Entonces ya no nos encontramos con personas que están sufriendo, asimilando diagnósticos catastróficos, personas que tienen miedo, que no quieren estar “ahí”, que se encuentran perdidas en el tiempo y espacio, sino que con personas sometidas a relaciones de poder asimétricas, coercionadas, cuestionadas, invalidadas desde un diagnóstico y des-contenidas emocionalmente o contenidas mecánicamente ante cualquier “desajuste”. Esto tiene grandes repercusiones en la participación, es triste ver como las voces se invisibilizan y luego ya no se escuchan, ya no hablan. Es preocupante como se puede anteponer un diagnóstico como si este definiera la totalidad del ser de una persona.

    Entonces claro, como se menciona en los textos, el acompañar, contener y escuchar a las personas usuarias de salud mental no basta, se necesitan intervenciones en diferentes contextos para poder generar cambios significativos, desde psicoeducaciones a familias o vínculos cercanos porque algo relevante es que la expresividad emocional, como lo pudimos revisar, también incorpora los estigmas en sus diferentes expresiones, hasta requiriendo un abordaje a nivel de políticas públicas.

    Actualmente me encuentro desarrollando en mi espacio de trabajo (unidad de corta estadía) hace algunos meses un taller de “ciudadanía y pensamiento crítico” que surge desde las ganas de intencionar procesos de empoderamiento, participación y pensamiento crítico respecto a situaciones de vida dadas en el marco de presentar una condición/situación de salud mental grave dialogando en torno a participación en la vida cotidiana, dialogar en torno a derechos, a las categorías diagnósticas y a los estigmas asociados, entre otros temas. Es una instancia muy desafiante y compleja de abordar, el rescatar “las voces invisibilizadas” y el poder actuar como facilitadora de este espacio más no ser directiva, el romper con estigmas y propiciar que hable “Juan o María”, más no la persona con esquizofrenia o con TLP.

    Para cerrar leer el cuento de Gabriel Garcia Marquez ha sido muy removedor, me hace recordar varias situaciones y relatos y no puedo evitar pensar que plasma muy bien parte de lo que viven las personas con situaciones/condiciones de salud mental graves, despojadas de su voz, de su historia, de su ser.

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  11. Los materiales a trabajar durante esta quincena se centran en distintos aspectos vinculados con los múltiples aspectos sociales que influyen con un grado variable y muchas veces no del todo asibles en su peso individual, más no por eso menos reales en sus efectos, sobre los trastornos de salud mental, tanto en la constitución misma de tales trastornos, como de las diversas representaciones sobre los mismos que se construyen en nuestras sociedades. Es sumamente importante para un enfoque comunitario en salud mental trabajar con modelos teoricos y analiticos que consideren los aspectos psicosociales, económicos y políticos, que confluyen tanto en la determinación de lo que se considera como patológico, como a su vez en las distintas herramientas que poseen los individuos con tales patologías o trastornos para hacer frente a los mismos. En este sentido es relevante considerar en la determinación misma de un trastorno mental, los aspectos sociales que influyen con efecto variable tanto el surgimiento del mismo, como en las posibilidades de poder lidiar con él, tanto en el sentido individual de quien padece, como de las posibilidades de intervención terapéutica que concibe a las personas con padecimientos de salud mental como sujetos activos de derecho. Como señala el artículo de Barrón López de Roda y Sanchez Moreno, hay una innegable influencia de la estructura social en la salud mental de los individuos. Ellos plantean la necesidad de trabajar con un modelo de salud mental de los individuos que articule los aspectos psicosociales, con la estructura social tanto en sus aspectos funcionales como estructurales. Plantean que hay un determinado tipo de relación entre el “apoyo social” entendido como un conjunto de herramientas a las cuales puede acceder un individuo, tanto reales como imaginarias (lo importante es que el individuo las perciba como reales), para hacer frente a los aspectos estresantes por los cuales atraviesa, brindados por diversos actores sociales, desde los más cercanos (amistades, familiares, de pareja, etc), pasando por los comunitarios, hasta los institucionales. El punto acá es entender, o como mínimo tener en cuenta, como se instancian estos apoyos sociales en relación con la posición social de un individuo en cuestión, recuperando el posicionamiento de clase como un eje de análisis central, y no solo en aspectos biográficos aislados del mismo.
    Establecida la relación entres aspectos sociales y salud mental, el articulo “La lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental. Una estrategia compleja basada en la información disponible” plantea un análisis sobre la relación entre estigmas y trastornos mentales sosteniendo que hay una relación de retroalimentación entre ambos aspectos que no contribuyen en el tratamiento de los individuos que padecen problemas de salud mental. Para poder enfrentar este problema, es necesario entender como operan los procesos sociales de estigmatización para generar estrategias tanto terapeuticas como politicas en pos de un correcto tratamiento de los individuos con patologías de salud mental en tanto sujetos de derechos económicos, sociales y políticos. Para esto es necesario reconocer la articulación de un proceso en movimiento de estigma/prejuicios/discriminación, que implica tanto aspectos cognitivos de clasificación y atribución de rasgos distintivos sobre un grupo social determinado, como de creencias vinculadas con aspectos emotivos del comportamiento de los individuos, hasta llegar al momentos de la concreción de un numero variable de acciones en torno al grupo social estigmatizado con distintos niveles de “distancia social” frente al mismo. En linea con lo anterior, generar estrategias de mitigacion de los efectos de estigma/prejuicios/discriminación simplemente basados en el brindar información, no es del todo efectivo dado el arraigo en aspectos emotivos y y estructurales de una sociedad en cuestión

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  12. En relación con la literatura entregada para esta quincena. Primero, destacar el cuento "Solo vine a hablar por teléfono" de Gabriel García Márquez; me dejó una profunda angustia este lugar "sanatorio" que las compañeras de la protagonista describen como "los profundos infiernos", donde no se sienten a gusto, ni son escuchadas, están alejadas de sus familias y de la vida real, por tiempos prolongados. Que en un inicio discutían por estar ahí, pero después "se acostumbran", como mencionó el médico. Me hizo imaginarme una cárcel, un castigo para las personas que tienen patologías de salud mental, donde están expuestas a abusos de todo tipo y que muchas veces, nadie les cree ni escucha. Son básicamente aislados para ser silenciados y marginados de la sociedad. Es básicamente algo que nadie querría para un ser querido. Al leerlo, nos potencia el apoyo hacia el enfoque comunitario de la psiquiatría que fortalece a los usuarios en su ambiente y comunidad, potenciando sus habilidades sociales y que sean integrados a la sociedad. Con respecto al estigma, considero que no es un tema fácil ni rápido de trabajar a nivel social. Me ha tocado ver casos de discriminación y prejuicio en niños. Recuerdo el caso de un usuario con diagnóstico de TEA que estaba inserto en una comunidad educativa tradicional, con un buen rendimiento escolar, pero que sus compañeros no lo invitaban a sus cumpleaños. Los motivos indicados por su madre eran que a los padres les daba miedo que tuviera actitudes agresivas o impulsivas. Esto, afortunadamente, no parecía afectarle a él, quizás por su corta edad, pero sí a sus padres, que sentían este aislamiento, exclusión y falta de oportunidad para crear vínculos. En relación a su caso, evolucionó de manera favorable con educación hacia los apoderados por parte del equipo tratante del paciente y del programa de integración escolar. Este tipo de situaciones potencia el miedo a los diagnósticos, lo que nos lleva a diagnósticos tardíos con riesgo de difícil manejo y peor evolución. Consideró que la psicoeducación es una herramienta que debemos potenciar, ya que nos ayuda a modificar creencias erróneas en base a los diagnósticos. Debemos pensar que el apoyo social es básico para el bienestar psicológico; por eso nuestros pacientes deben estar insertos en la sociedad, potenciando sus habilidades y manteniendo la interacción social y el sentido de pertenencia a la comunidad. Recordemos que el estigma también afecta el acceso a tratamientos, por lo que perjudica al paciente en todas las áreas. Además, me pareció relevante la importancia de la expresividad emocional en el contexto familiar y su impacto en la salud mental de los pacientes con diagnóstico de esquizofrenia, tanto en la integración en el proceso terapéutico como en potenciar sus habilidades. Claramente, todos merecemos estar insertos en una familia con un enfoque positivo; es un factor protector de salud mental.

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    1. Valeria tu análisis resalta elementos clave del cuento de García Márquez en relación con la psiquiatría actual. Coincido en que el "sanatorio" descrito en el relato evoca una visión histórica de la psiquiatría como un lugar de aislamiento y castigo, más que de cuidado. Esto contrasta radicalmente con el enfoque comunitario, que busca la integración y la dignidad del paciente, fortaleciendo sus vínculos con su entorno y promoviendo su autonomía.

      El caso que mencionas sobre el niño con TEA refleja de forma clara cómo el estigma opera desde la niñez, muchas veces no solo afectando al paciente, sino también a su familia. La exclusión social que vivió demuestra la importancia de la psicoeducación, no solo como herramienta clínica, sino como una estrategia comunitaria para transformar prejuicios y fomentar la inclusión. Este enfoque proactivo, acompañado de intervenciones en red como la del programa de integración escolar, es esencial para prevenir el aislamiento y promover la aceptación.

      Finalmente, la expresividad emocional en las familias de pacientes con esquizofrenia que mencionas es crucial. Un ambiente de apoyo y baja crítica puede influir positivamente en la evolución del paciente, subrayando la importancia de abordar no solo al individuo, sino también a su sistema relacional. Integrar estos principios en la práctica psiquiátrica actual es fundamental para combatir el estigma y promover una salud mental integral.

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  13. Estas lecturas y videos presentan un análisis profundo de la literatura científica sobre el estigma y la discriminación en salud mental, explorando sus causas, consecuencias y estrategias de intervención. Creo que, con el paso del curso, nos adentramos más en aquellos determinantes desde el enfoque político. Así como aquellos determinantes sociales y como cultura están instaurados en nuestro sistema de políticas públicas, en sistemas de salud e incluso en el perfil de algunos egresados ​​de escuelas de las ciencias de la salud. Uno de los textos, como El estigma y la descremación en salud mental, me dio la impresión de cómo se analizarán los estereotipos, prejuicios y discriminaciones hacia las personas con enfermedades mentales, así como los procesos de estigmatización y su impacto en la vida diaria.
    Lo cual me recuerda también mi paso por mi Cesfam y como estar inmerso en la región de la Araucanía, le sumaria el tema del tabú que impacta de forma negativa en los procesos salud-enfermedad y como estos efectos en la esferas de los pacientes, pero también tengo una chispa de esperanza con las nuevas generaciones y de como esto de las patologías de salud mental, ya no son un tema de impacto negativo, de como en sus momentos se estigmatiza a los pacientes que se le administran el metilfenidato y como en la actualidad, la conciencia de los colegios, de personal entrenado y capacitado, ya maneja nociones del tema, en ocasiones también me paso de recibir derivaciones en la esfera de salud mental de profesores, otra cosa que se trabajo en los últimos años fue potenciar y el trabajo conjunto en la comunidad con el equipo PASMI, el colocar folletos en los espacios de espera del Cesfam, logro al menos la atención y como ya los padres, profesores, familiares de niños hacían conciencia que niños de 5 a 9 años También podría tener un ingreso de salud mental, por múltiples razones. Creo también de forma positiva en estas lecturas agregar un texto; en ocasiones es tan difícil dar referencias al alcance de los pacientes que un cuento inclusivo se puede trabajar en su análisis o incluso, desde lo más mínimo, incentivar la lectura para cuestionarse en ocasiones. la simple realidad y recomendar el libre a familiares y/o pacientes. 

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    1. Estimada Jocelyn, concuerdo que todavía es muy vívido el estigma respecto al uso de fármacos y en los diagnósticos dentro del espectro de neurodivergencia, que en nuestras rotaciones vemos frecuentemente. Este estigma proviene de las familias y de los mismos pacientes, además de la presencia de creencias y prejuicios instaurados profundamente en la comunidad educacional, por lo que uno de nuestros tantos objetivos es informar, educar y empoderar a nuestros usuarios, siempre con el norte de buscar su bienestar.

      Además del estigma del diagnóstico de patología psiquiátrica, muchos usuarios viven, lamentablemente, además, discriminación respecto a su identidad de género, origen étnico y también su clase social, causando un mayor sufrimiento psíquico. Por ello es importante también resaltar el rol de los pacientes como agentes de cambio y, al mismo tiempo, promotores de sus derechos, buscando últimamente un cambio de paradigma, con una visión y ejercicio de la psiquiatría comunitaria.

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  14. Si bien en este momento me quiero referir al artículo "La lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental" y destaca cómo el estigma asociado a los trastornos mentales actúa como una barrera significativa para el acceso a servicios, perpetuando desigualdades y profundizando el aislamiento de las personas afectadas. En este artículo los autores proponen un abordaje multifacético que incluye educación pública, contacto con personas que viven con estas condiciones y políticas inclusivas, subrayando que el cambio cultural requiere tiempo y compromiso sostenido. En el contexto de Chile, este enfoque resulta altamente pertinente, considerando la persistencia de estigmas en torno a la salud mental y cual paciente que padecen Bipolaridad e incluso esquizofrenia han padecido, tanto en la población general como dentro del propio sistema de salud. Aunque en los últimos años se han impulsado campañas de sensibilización, aún queda mucho por avanzar en la construcción de un modelo de atención que no solo sea accesible, sino también inclusivo y no discriminatorio. La implementación de estrategias comunitarias y la capacitación en atención primaria, como las que has destacado en tu experiencia, pueden jugar un rol clave para reducir el estigma y fomentar una comprensión más empática y colaborativa de la salud mental en el país. Un sistema centrado en la comunidad podría ser el primer paso para transformar actitudes y promover la inclusión.

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    1. Tu análisis sobre La lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental es acertado y relevante para el contexto chileno, donde los prejuicios sobre trastornos como la bipolaridad y la esquizofrenia aún limitan el acceso a servicios de salud mental. El artículo enfatiza que el estigma es una barrera estructural que agrava la exclusión social y dificulta el tratamiento adecuado. Coincido en que un enfoque multifacético basado en educación pública, contacto con personas afectadas y políticas inclusivas es clave para lograr un cambio cultural profundo.

      En Chile, aunque se han impulsado campañas de sensibilización, aún falta consolidar un modelo de atención comunitario y accesible. La capacitación en atención primaria y la creación de redes de apoyo podrían mejorar la calidad de vida de los pacientes y reducir la discriminación. Esto se alinea con investigaciones sobre apoyo social, que destacan cómo las redes familiares y comunitarias pueden mitigar el impacto de la exclusión.

      Narrativas como Solo vine a hablar por teléfono de García Márquez también ayudan a comprender las consecuencias humanas de la indiferencia y el poder deshumanizador. Un sistema inclusivo no solo requiere políticas públicas efectivas, sino también un compromiso cultural y social que promueva la empatía y la justicia.

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  15. Considero muy valioso para la práctica clínica los temas abordados en las lecturas de esta semana, los factores que influyen en la salud mental, un tema que hemos ido visualizando en clases anteriores, pero que en esta instancia se aborda de manera más profunda. Los textos analizados nos permiten reflexionar sobre factores como el estigma, el apoyo social y el contexto familiar.
    Uno de los temas que me pareció más interesante en las lecturas fue la explicación y el análisis del apoyo social realizado por López y Sánchez. En este texto se presenta una clara esquematización mediante un modelo que relaciona la estructura social y la salud mental. Este modelo sitúa, en un primer nivel, las experiencias sociales y ambientales derivadas de la posición socioeconómica; y, en un segundo nivel, las mediaciones psicológicas y psicosociales, donde se encuentran estrategias de afrontamiento, autoestima y apoyo social. Estos factores generan un bienestar psicológico que influye significativamente en el curso y pronóstico de las enfermedades mentales. Considero que es extremadamente relevante integrar este esquema y sus variables al momento de abordar a los pacientes de manera integral.
    Relacionado también con el abordaje de los pacientes, la revisión sobre la expresividad emocional de las familias resulta muy enriquecedora. Este enfoque permite analizar la dinámica familiar e identificar si se convierte en un factor de riesgo o de protección en el curso de la enfermedad del paciente, además de brinda la posibilidad de diseñar intervenciones conjuntas con las familias. Por ejemplo, en aquellas familias con BEE se pueden realizar intervenciones de psicoeducación que las transformen en aliadas en el proceso terapéutico. Por otro lado, en familias con AEE, es necesario implementar intervenciones psicoterapéuticas sistémicas o psicoeducativas que permitan reducir el nivel de estrés y la carga familiar.
    Otro tema igualmente importante abordado en los textos, es el estigma y su impacto en las enfermedades de salud mental. Este factor disminuye la calidad de vida, afecta la autoestima y genera un peor pronóstico. Dentro del texto se explican los cuatro tipos de estigma, incluyendo el estigma familiar. Este último es algo que observamos a diario en nuestras atenciones, en el relato de nuestros pacientes o cuandoestos son acompañados por familiares.
    Durante nuestra experiencia en el COSAM de El Bosque, tuve la oportunidad de realizar un taller de psicoeducación sobre Trastorno Afectivo Bipolar. En este taller, una de las sesiones estuvo dirigida a familiares. En dicha sesión pudimos observar cómo los familiares presentaban inicialmente prejuicios y estigmas hacia la enfermedad, pero a medida que avanzaba la sesión, y se resolvían sus dudas, lograron disminuir muchos de esos prejuicios, pero que claramente no se pueden derribar con 1 sola sesión. Considero que instancias como esta deberían repetirse de manera sistematica, para los familiares de todos los pacientes, ya que no solo permiten entregar herramientas para que se conviertan en aliados en el proceso terapéutico, sino que también contribuyen a reducir el estigma familiar.

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    1. Estimada Paulina:
      Concuerdo mucho con tu punto de vista respecto al estigma familiar. Es muy frecuente ver que familiares infantilizan a personas con condiciones de salud mental, coartando su capacidad de tomar sus propias decisiones y de ejercer su independencia como un sujeto de derechos.
      Respecto al taller psicoeducativo, también creo que estas estrategias deberían mantenerse y replicarse en diversos centros, pues la incorporación de familiares en procesos terapéuticos debería ser de rutina.
      Se deben defender estas buenas prácticas, y no permitir que la presión asistencial o de autoridades interesadas en cumplir metas o "acortar listas de espera" arrebaten estos espacios comunitarios que tanto esfuerzo tienen detrás.

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    2. Estimada compañera, encuentro valioso el relato de tu experiencia en el taller de psicoeducación. Creo que es importante destacar cómo este esfuerzo de reducir estigmas y prejuicios no se logran de un momento a otro, sólo con hablar o exponer el problema una vez. Requieren de un proceso sostenido en la confianza y buen vínculo, reflejando una vez más la relevancia de armar red para hacer cambios.

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  16. ¿Y qué pasaría si soy yo el que enfermo?
    La reflexión de esta quincena tuvo un impacto más grande del que pensé tendría, y creo que es perfectamente ejemplificado en el cuento de Gabriel García Márquez.
    Por si estar enfermo no fuese lo suficientemente malo en el caso de la salud mental se agrega el componente “estigma”. Es como si una etiqueta invisible reposase 24/7 alienándonos de los demás y segregando nuestro todo. En ese sentido, los textos traen a colación la importancia de reconocer los factores psicosociales que retroalimentan a esta segregación, e invitan a fomentar estudios locales que se adapten a nuestra realidad y reconozcan los factores que pudiesen estar asociados a su aparición.
    Por otro lado, es parte de nuestras funciones como psiquiatras en formación velar por los derechos de nuestros usuarios y por el empoderamiento de ellos y sus familias para garantizar que reciban el trato y respeto que merecen; y es acá donde traigo a colación la pregunta que hice al inicio ¿qué pasaría si soy yo el que enferma?
    ¿Cómo se sentiría si mis derechos son arrebatados por aquejar de una patología de salud mental?
    El texto de García Márquez eriza los pelos si se lee desde una perspectiva de primera persona y nos detenemos a pensar en cómo el entorno de la salud mental, y en particular de ambientes hospitalarios se ha visto históricamente como una cárcel más que como una herramienta de auxilio.
    Todo lo anterior me recuerda la enorme cantidad de casos que vemos en las atenciones desde cosam de pacientes que son derivados a APS u otras especialidades y que son vistos en menos por “ser salud mental”.

    Este ha sido, sin lugar a dudas la temática abordada que más me ha gustado.

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    1. Estimado Rodrigo: estoy muy de acuerdo con tu reflexion sobre estigma, y me hace pensar en que nosotros mismos en este trabajo discrimimanos, en especial en comentarios de pasillo de que existen varios profesionales que no les gusta atender a pacientes en situacion calle, en consumo de sustancias, ( PBC) en donde dicen estos pacientes son mentirosos, abandonan tratamiento, no se compromenten, etc, en donde vemos que es parte de la enfermedad presentar estas caracteristicas. Nosostros no estamos para juzgar en lo absoluto, debemos acompañar al paciente en su proceso terapeutico y no apresurar resultados, mas bien generar motivacion conscinete al cambio, el cual se iniciara una vez que el paciente esté preparado.
      Todo ser humano tiene derecho a una atencion de salud mental digna, sin importar su sexo, etnia, origen, orientacion sexual, situacion econonomica y nivel educacional y es deber de nosotros, nuevas generaciones de futuros psiquiatras el poder entegrar esta atencion de calidad.

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    2. Estimado colega, efectivamente, tal y como mencionas en tu comentario la realidad es concebida de otra manera si uno se calza los zapatos del paciente.
      Esa es la realidad a la que nos enfrentamos día a día, y tenemos la oportunidad de aportar nuestro grano de arena para nivelar un poco más las oportunidades y darles, al menos en el espacio que manejamos, un trato diferente y más adecuado a cada uno de nuestros usuarios.
      En relación con lo mismo, tuve la oportunidad de ver en un servicio de urgencias en el que trabajé una patología cardiaca mal diagnosticada, confundida con un dolor precordial ansioso. Lo único que orientaba a patologías de salud mental era el antecedente de un TAG remitido hace meses en la paciente, pero fue suficiente para que la etiqueta apareciera y no se explorase más allá en la dolencia por la que consultó al menos 4 veces.
      Si bien los pacientes de salud mental aún son discriminados, nosotros podemos ofrecer algo diferente en nuestro diario quehacer.

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    3. Estimado Rodrigo, creo que a muchos nos impacto el cuento de Gabriel García Márquez, y tu reflexión sobre qué pasaría si nosotros fuéramos los enfermos

      El miedo al diagnóstico de salud mental, se relaciona con el estigma que tienen estos trastornos, pero además con el pasar de los años y el estigma, los distintos trastornos de salud mental han cobrado un peso distinto. Es decir, no es lo mismo tener un episodio depresivo, tener TAB o ser "perso". Las 3 patologías pueden presentarse en personas  funcionales para la sociedad, pero la carga “loco” no es la misma en los 3.

      Podemos observar como no solo existe estigma en salud mental, sino también dentro de esta, y creo que en esa carga de estigma de las distintas enfermedades, nosotros como profesionales de la salud mental hemos jugado un rol importante en incrementarlo , desestimando la complejidad de ciertos trastornos y hasta evitando diagnosticar algunos.

      Entonces, a tu pregunta, ¿Y qué pasaría si soy yo el que enfermo? Le sumaría, ¿y a qué diagnóstico le tendría más?

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  17. El cuento Solo vine a hablar por teléfono de Gabriel García Márquez es una poderosa narrativa que expone el impacto del estigma, la exclusión social y la falta de apoyo en la salud mental. La historia de María, una mujer atrapada en un hospital psiquiátrico debido a un malentendido, refleja realidades abordadas en investigaciones sobre discriminación, apoyo social y expresividad emocional en entornos familiares y sociales.

    Los estudios revisados muestran que el estigma es una barrera clave para el bienestar de las personas con trastornos mentales. Según el análisis sobre la lucha contra el estigma, los prejuicios sociales convierten a las personas en objetos de discriminación estructural, reduciendo sus posibilidades de reintegración. El encierro de María y su tratamiento deshumanizante en el hospital reflejan este fenómeno. El personal médico y las guardianas representan una burocracia indiferente que actúa sin escuchar ni verificar la historia personal de la protagonista, lo que demuestra la rigidez de un sistema estigmatizante.

    La ausencia de apoyo social también se destaca como un factor crucial en el deterioro de María. El documento sobre estructura y apoyo social subraya que la falta de redes de apoyo puede desencadenar y agravar crisis emocionales. En la historia, Saturno, su esposo, actúa de manera distante y desconfiada, abandonándola emocionalmente debido a sus celos y a su incapacidad para comprender la situación. Esta ruptura en su red de apoyo intensifica el aislamiento de María, ilustrando cómo el abandono emocional se convierte en un factor de riesgo para su salud mental.

    Por otro lado, la tesis sobre expresividad emocional señala que los entornos familiares cargados de tensión pueden afectar negativamente a las personas con vulnerabilidades mentales. Saturno no solo carece de empatía, sino que también contribuye al sufrimiento de María al no brindar un entorno emocional seguro. Su reacción refleja un contexto familiar disfuncional que agrava el conflicto interno de la protagonista.

    Finalmente, desde una perspectiva sociocultural, el destino de María recuerda el trato histórico que han sufrido las comunidades indígenas en La Araucanía. Como la protagonista, estas comunidades han enfrentado estigmatización, exclusión y violencia institucional. Su historia simboliza la lucha contra un sistema que impone etiquetas y suprime voces.

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  18. La psicoeducación familiar es fundamental para poder entender la enfermedad, sus síntomas claves, sus recaídas, una buena o mala evolución de la enfermedad, y no juzgar negativamente sin saber que los síntomas o signos presentes en la enfermedad, son a causa de esta misma, mas no de la personalidad del paciente, idea que la familia sin saber enjuicia.
    El sistema de salud se debe preocupar de hacer grupos y mesas de trabajos de profesionales competentes en el área psiquiátrica en poder psico educar a la comunidad mediante los dispositivos de atención psiquiátrica en proteger la salud mental del cuidador del paciente psiquiátrico, promoviendo un entorno más favorable para la recuperación del paciente.
    En base a los distintos trastornos psiquiátricos tenemos familias agotadas, estresadas, sin información ni educación en la patología de su familiar. Este estrés puede elevar su expresión emocional familiar, sin tener las habilidades para poder sobrellevar la complejidad de un familiar con algún trastorno mental severo, generando el riesgo de una recaída.
    Por lo cual deben crearse protocolos de apoyo a las familias, talleres grupales, más recurso humano en la contratación de terapeutas ocupacionales enfocada en los cuidadores de pacientes con trastornos psiquiátricos complejos, como EQZ, TAB, demencias, TUS, TLP en crisis, por mencionar algunas patologías.
    Es tarea de todos capacitarse en mejorar protocolos de atención de familias con un paciente con trastorno mental severo, si queremos lograr la mayor reinserción social de nuestros pacientes, es necesario educar a la comunidad la gravedad que tiene el estigma en salud mental para la toma de conciencia de como ayudamos todos a tener una mejor sociedad menos discriminatoria y más inclusiva.
    En mi experiencia en COSAM Hualpén, recuerdo un caso de paciente con esquizofrenia de 55 años, no vidente, si ayudas técnicas, ni bastón de mano, el cual asistía con su hermano mayor que lo cuidada, y acompañaba en los controles médicos. Lo que más me llamo la atención fue como este hermano mayor le enrostraba en todo el control que gracias a los cuidados de él, el paciente podía estar bien, comer, realizar sus actividades diarias, si embrago cuando se le ofrecía una ayuda técnica como un bastón articulado, el hermano inmediatamente desestimaba esta opción, e insistía en mantener y prolongar cierto control y dependencia de su hermano esquizofrénico hacia él. Acá vemos como el estigma de la enfermedad impide la independencia, a la autonomía que debe lograr este usuario, sin embrago por creencias familiares, sobreprotección, perpetúan el cansancio del cuidador y de la dependencia hacia el de su familiar.

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    1. Estoy de acuerdo contigo en que el entorno social y familiar juega un papel fundamental en la recuperación de las personas con problemas de salud mental. Es clave que trabajemos en programas educativos y políticas que les abran las puertas y den más oportunidades que a todos los que sufren y sus familias.

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    2. Estimado Nicolas, también me ha tocado experimentar con frecuencia en la práctica clínica familias agotadas con los cuidados y el soporte hacia la persona con enfermedad mental grave, por lo mismo hay que pesquisar e intervenir precozmente para evitar desenlaces clínicos desfavorables, la pérdida de calidad vida y la propagación de estrés en las familias, es por esto que intervenciones como la psicoeducación, realizar taller grupales e intervenir a la familia mediante visitas domiciliarias son puntos claves en la atención en psiquiatría comunitaria sobretodo en familias con alta expresividad emocional.

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  19. A partir del material compartido para esta quincena, quisiera partir reflexionando respecto a algo que ya ha sido tocado en sesiones anteriores, y mencionado por varios de quienes participamos en este foro. La salud mental como tal está influenciada por factores diversos, dentro de los cuales no solo importan aquellos personales, sino que debemos hacer hincapié en aquellos influenciados por la sociedad y también por los mas cercanos al usuario, que son quienes en general acompañan al mismo durante el proceso mismo. Así es como el apoyo que se puede dar a nivel social y también a nivel familiar pueden ser críticos para no solo mejorar la condición de quien está siendo tratado, sino también de empeorar su pronóstico si las condiciones no son propicias para cada realidad.
    Lamentablemente, al día de hoy, a pesar de los esfuerzos que se han hecho por integrar a las personas que padecen enfermedades de salud mental, estos se ven limitados en campos tan significativos como el acceso a un trabajo o incluso para entablar relaciones con sus pares. La educación es este sentido es tremendamente necesaria, y hoy en día, es necesario que desde las políticas atingentes se haga un esfuerzo mayor para lograr equiparar el terreno y todos tengan las mismas oportunidades.
    También es necesario recordar, a partir del material expuesto, que existen determinantes sociales en salud mental, tales como pertenecer a un estrato social bajo, distancias de traslado mayores entre el hogar y el trabajo, etc., que precisamente generan mayor prevalencia e incidencia de estas patologías, motivo por el cual el soporte social puede mejorar la oportunidad con relación a padecer o no una enfermedad mental. En este sentido, equiparar el terreno también se entiende como una necesidad hoy en día.
    De una manera dirigida, en relación al cuento de García Márquez, me parece bastante demostrativo en relación a como los errores propios de un sistema oficinesco puede generar consecuencias tan graves para una persona. En este caso, su protagonista termina institucionalizada de manera permanente por una interpretación inicial errada, sumada a otras malas interpretaciones. En esto creo que se refleja de manera caricaturesca la sobre reacción que se puede tener frente a lo que no se entiende por completo, o también la rigidez con la que actúan las instituciones frente a circunstancias en las que quizás se está sobredimensionando un problema que inicialmente era menor, corregible y que por cierto no debería generar un impacto de tal magnitud en la vida de una persona.
    Lo anterior me ha hecho reflexionar respecto a mi experiencia previa como médico en APS, en donde pude ser testigo de como en muchas oportunidades a los pacientes conocidos por padecer de un diagnóstico de salud mental eran constantemente tratados de manera peyorativa entre los integrantes de los equipos de salud, siendo que muchas veces su motivo de consulta distaba de su diagnóstico habitual, muchas veces mal interpretando el síntoma principal y relacionándolo a salud mental, siendo que esa relación no existiría si no se estuviese predispuesto por la información de la ficha clínica y los antecedentes que constan ahí.

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    1. Compañero comparto tu comentario sobre todo donde destacas cómo los factores sociales y familiares impactan de manera decisiva en el pronóstico y bienestar de los pacientes con enfermedades de salud mental. Coincido en que la educación y las políticas inclusivas son clave para reducir las brechas en acceso a oportunidades, especialmente en áreas laborales y sociales

      Además, tu reflexión sobre las experiencias en APS y el relato de García Márquez tocan un punto crucial: la tendencia a sobredimensionar problemas o encasillar a las personas con diagnósticos previos, algo que claramente puede ser perjudicial.

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  20. De los textos sugeridos para discusión, destaco cómo los factores sociales, ambientales y psicológicos interactúan en el bienestar, lo que motiva a relacionar los elementos sociales y a mostrar, a través del estudio revisado, que la posición socioeconómica influye significativamente en la salud mental mediante variables. como la alienación, la integración comunitaria y el apoyo social percibido. En este sentido, se plantea que el apoyo social mejora la salud y el bienestar independientemente del estrés, y también que este apoyo modera el impacto de los eventos estresantes en el bienestar psicológico. El enfoque se orienta hacia el desarrollo de programas de intervención y estrategias de apoyo social para mejorar las condiciones de vida y el acceso a servicios.

    El otro texto aborda el concepto de alta expresividad emocional, resaltando cómo esta característica familiar puede influir en el riesgo de recaída en pacientes con trastornos mentales. Lo más relevante es cómo los programas de intervención psicosocial buscan mitigar los efectos negativos de esta dinámica, transformando el rol de la familia de un factor de estrés en un instrumento que promueve el bienestar del paciente.

    En otro texto se comenta cómo el estigma y la discriminación asociada a las enfermedades mentales representan barreras significativas para el bienestar de nuestros pacientes lo que limita su acceso a servicios y oportunidades. Este estigma no solo afecta la percepción social, sino también las políticas públicas y las actitudes de los profesionales de salud mental, perpetuando un ciclo de exclusión. Es un problema bastante común que veo a diario en CDT, donde muchos pacientes se enfrentan a múltiples entrevistas laborales siendo rechazados lo que genera frustración y en muchos casos que quiera ocultar sus diagnósticos para evitar actitudes distantes, lo que demuestra aun mas la imperiosa necesidad de programas educativos y de contacto social que disminuya los prejuicios.

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    1. Estimada Franzelis:
      Concuerdo plenamente en lo que comentas. El estigma, el ser distinto del otro socialmente, trae importantes repercusiones para nuestros usuarios, partiendo del autoestigma y su relación familiar, lo que trae repercusiones en el tratamiento y en las intervenciones a realizar. Lo que comentas del ámbito laboral también me ha tocado verlo: pacientes que solicitan informes con temor a exponer su diagnóstico o el sólo hecho de que sepan que se atienden con Psiquiatra. Esto genera muchas veces la automarginación de oportunidades laborales por el temor a ser juzgados e incluso deterioro de sus relaciones familiares al considerar por ejemplo que el paciente con EQZ es "flojo" y no quiere realizar actividades remuneradas u otras, viéndo la enfermedad como un juego de voluntades y no con un sustrato biológico.

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    2. Estimada Franzelis:
      Estoy de acuerdo con lo que planteas. En cuanto al tema de la alta expresividad emocional en las familias, me parece un aspecto muy interesante y a menudo pasado por alto en la atención clínica. Los ambientes familiares con alta emocionalidad pueden ser tanto un factor de riesgo como una oportunidad para la intervención. Los programas psicosociales que buscan transformar la familia en un pilar de apoyo, en lugar de un agente de estrés, son fundamentales para mejorar la adherencia al tratamiento y el bienestar general del paciente. Este enfoque integral, que toma en cuenta la dinámica familiar, tiene el potencial de ser una herramienta poderosa para la recuperación a largo plazo.

      Finalmente, el tema del estigma y la discriminación sigue siendo un desafío persistente que, como mencionas, limita enormemente el acceso de las personas con trastornos mentales a las oportunidades laborales y a la integración social. El estigma no solo crea barreras externas, sino que también afecta la autoimagen del paciente, lo que puede llevar a ocultar el diagnóstico y evitar buscar ayuda. En este sentido, estoy de acuerdo en que es urgente promover programas educativos que sensibilicen a la sociedad y a los profesionales de salud mental sobre la importancia de tratar a las personas con enfermedades mentales con empatía y respeto. Estos programas no solo deben enfocarse en el paciente, sino también en la comunidad en general, para disminuir los prejuicios y facilitar una mayor inclusión.

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  21. Los textos de esta quincena ponen el foco en el estigma y la discriminación como factores clave que perpetúan el sufrimiento y la exclusión de personas con trastornos mentales como en el cuento donde la protagonista María sin apoyo y sin opinión atrapada en el Hospital perpetuando su sufrimiento y mermando sus herramientas. Este estigma, presente tanto en entornos personales como institucionales, se manifiesta de diversas formas: desde comentarios directos y ofensivos hasta omisiones ante situaciones discriminatorias. Las consecuencias de este fenómeno son graves, afectando la calidad de vida, la inclusión social y el acceso a oportunidades.

    Se enfatizan la necesidad de intervenciones culturales que aborden el estigma a nivel comunitario, considerando las particularidades culturales del espacio a intervenir. Estas no solo mejorarían la calidad de vida de las personas afectadas, sino que también resultan en beneficios económicos a largo plazo al reducir las recaídas y los costos asociados.

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  22. Las lecturas de estas semanas son de vital ayuda para comprender, en sustento, el impacto de condicionantes psicosociales sobre la estabilidad de lo que entendemos por salud mental. Una de las principales conclusiones que dejan, es la convicción de que, la comprensión de esta dinámica (desde todas las personas) es lo que finalmente más ayuda a batallar contra el estigma. En lo personal y desde mis convicciones, considero fielmente que la salud mental tiene que entenderse como un fenómeno social y psicológicamente determinado. La ponderación de los distintos factores varía en cada escenario clínico porque lidiamos con la variedad intrínseca de las personas, pero son los factores sociales los que marcan una presencia transversal. El artículo de López de Roda y Sánchez Moreno ayuda a tomar conciencia de esta dinámica.

    El estigma es una categorización que siempre acompaña a la persona que recibe un diagnóstico de salud mental. Superarlo, en cierta forma, es superar la enfermedad, una lucha contra un enemigo colosal e intrínsecamente apegado a las culturas. El estigma recluta prejuicios y actos discriminatorios, pero también ideas, iniciativas, políticas y discursos que pueden disfrazarse de asistencia y cuidado, pero que igualmente colaboran con esta necesidad de inmunizar ante lo ajeno, lo extraño, lo impredecible. Sabemos reconocer su impacto, incluso muchos de nosotros lo hemos vivido. Los distintos tipos de estigma no solo se viven en la experiencia de la enfermedad mental, sino en toda enfermedad, discapacidad o estado de vulnerabilidad (la teoría del etiquetamiento colabora con entender aquello), lo que alterada la globalidad de la salud de las personas. La presencia infecciosa del estigma en la familia, las instituciones, en la comunidad y en las culturas hace que estas dimensiones sean fundamentales de abordar en un trabajo mancomunado hacia la recuperación de las personas, en un mundo ideal, antes de llegar a la manifestación más grave de esta situación que es el autoestigma.

    De las diversas implicancias de convivir o acompañar a una persona con algún problema de salud mental, emerge una característica fenotípica de cómo se expresan nuestros afectos (expresividad emocional o EE) hacia estas personas. En el análisis de casos y su contexto familiar, este concepto es enriquecedor por su valor empírico, siendo evidente su impacto en la práctica clínica. Respecto a este, me resuena mucho el análisis que se hace respecto a las diferencias observadas en alta vs baja EE (Vaughn, 1986): la existencia de respeto por las necesidades de relación de los pacientes, la presencia de actitudes de legitimación de la enfermedad, la existencia de un nivel de expectativas ajustado sobre el funcionamiento del paciente y la adecuación de las reacciones emocionales ante la enfermedad del paciente. A estas alturas del partido y en mi humilde opinión, esto habla de una ética de mínimos. (...)

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    1. (...) Desde un modo instrumental, para diferenciar entre alta y baja EE, la entrevista familiar de Camberwell en su versión simplificada valora cinco dominios, crítica (desaprobación hacia la conducta o personalidad), hostilidad (comentarios hacia el rechazo o crítica generalizada hacia la persona), sobreimplicación emocional (respuesta emocional exagerada, sobreprotección, autosacrificio), afecto (manifestación del afecto hacia el paciente durante la entrevista) y comentarios positivos. En el análisis de estas dimensiones es fundamental considerar las diferencias transculturales como factores que van a limitar la capacidad predictiva del análisis de EE. Es interesante también el hecho de que existan estudios que no hayan valorado relación entre la expresividad emocional, gravedad sintomática, y diagnóstico de los pacientes. Pareciera ser que su impacto es transversal a diversos escenarios. El síntoma que más genera crítica es la abulia y que más genera sobreimplicación es la depresión, a mi juicio existen muchas interpretaciones de la influencia sociocultural en ello. Llama la atención que sí existe relación evidente entre el nivel de EE y elementos previos a la recaída índice, peor funcionamiento social, psicopatología y rasgos de personalidad, mayor duración de la enfermedad, mejor funcionamiento cognitivo y más episodios de psicosis; y que, al parecer, la mayor parte de los familiares mantiene el mismo grado de EE en el tiempo, lo que fundamenta un campo de acción fundamental al hablar de prevención y continuidad de cuidados.

      En suma, las lecturas permiten internalizar y resonar con la experiencia de estigma y su gravedad, promoviendo un análisis de su impacto y fundamentos de intervención en diversos escenarios. Hacer frente a los problemas de salud mental en las personas implica acompañar en esta lucha a individuos que, al igual que tod@s, merecen la inclusión y el respeto de su comunidad.

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  23. El tema asignado para esta semana nos invita a reflexionar sobre los garrafales errores que podemos estar cometiendo disfrazados de “buenas intenciones”. Como se refleja en el cuento del autor García Márquez, es muy fácil caer en la inercia de la rutina, la patologización y la incredulidad, dejando de lado lo más relevante: el bienestar de las/as usuarios/as.

    Se debe dejar de hacer cosas “en nombre de”, y comenzar a preguntar directamente intereses, metas, anhelos y preocupaciones. Las personas con alguna condición de salud mental no dejan de ser sujetos de derechos sólo por tener un diagnóstico.

    En esa misma línea, concuerdo con lo planteado por el Dr. Bellver en su tesis doctoral respecto a la expresividad emocional en familias de personas con diagnóstico de esquizofrenia. Considero que el ambiente familiar/social es un factor determinante a la hora de favorecer la mala evolución o propiciar recaídas en personas con ciertas patologías de salud mental. El hecho de invalidar las emociones, pensamientos, decisiones de las personas sólo por su condición, claramente afecta su pronóstico. Por ello, es muy relevante incluir a la familia como parte de los procesos terapéuticos, pues estas enfrentan una carga significativa, necesitando apoyo y orientación para garantizar la salud de todos sus miembros y contribuir a la rehabilitación del/la paciente.

    Lo anterior, se relaciona claramente con el estudio de Barrón y Sánchez, que evidencia el rol fundamental que tienen los aspectos socioculturales en la determinación del bienestar y malestar psicológico. Un ejemplo de lo anterior, se puede observar todos lo días en la práctica clínica, pues resulta casi obvio considerar a un/a paciente con un pronóstico mucho más ominoso si no posee una buena red de apoyo, una situación económica precaria, poca escolaridad, entre otros.

    Por otro lado, respecto al estigma, las personas con trastornos graves de salud mental enfrentan múltiples problemas, el estigma asociado a su enfermedad, que suele ser más constante y difícil de abordar, tiene un impacto negativo duradero en su calidad de vida, afectando aspectos como relaciones sociales, empleo y salud. Lo anterior, se ve con mucha frecuencia en la práctica clínica, pues muchos/as usuarios/as prefieren omitir sus antecedentes de salud mental en sus trabajos, centros educacionales, grupos de amigos, etc. Esto debido al temor de ser estigmatizados o excluidos de estos grupos sociales. Esto nos debe impulsar y motivar a fomentar la psicoeducación en todos los escenarios sociales, pues es un acto de desestigmatización.

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  24. Las lecturas de estas semanas abordan una temática central respecto a la relación entre un sistema normativo, como es la psiquiatría, y sus usuarios. Uno de los problemas principales de esta relación es su asimetría de poder, donde se valida una postura epistémica (la médica-científica), por sobre otra (la narrativa y significación de los usuarios). Esta distancia y verticalidad facilita injusticias en el trato, prejuicios y estigmas, que alienan y pueden dañar la vida de una persona con diagnóstico psiquiátrico. Perder la voz, la credibilidad y la independencia, como experiencia vital, representa un obstáculo más para alguien que ya puede estar mermado en distintas dimensiones de su existencia.

    El cuento de García Márquez resuena con todo esto pues refleja esta falta de voz, este descrédito que viven quienes se encuentran institucionalizados. Duele pues, en alguna parte, se siente injusto. Ésta es una injusticia epistémica.

    Más aún, como la epistémica hegemónica del sistema de salud tiene una influencia cultural de peso, se esparcen o refuerzas posturas prejuiciadas hacia otros sistemas comunitarios como son la familia, el trabajo y la vecindad. Estos prejuicios, creo, se forman como un "camino fácil" para enfrentarse a la otredad, aquel encuentro donde uno no logra aprehender al que tiene al frente y prefiere relacionarse desde una distancia que anule esa dificultad. Funcionar desde el prejuicio muchas veces reduce la sensación de inseguridad e incertidumbre en las personas, como una forma de sostener la propia identidad y valores que a uno le son más importantes.

    Tal vez el fenómeno social de la psicosis es el ejemplo paradigmático de lo dicho hasta aquí. Puede resultar tan extraño el encuentro intersubjetivo con una persona que esté en ese estado, que muchos prefieren sostener distancias basadas en prejuicios de la cultura. Esto sin duda afecta el curso del padecimiento de quien sufra este diagnóstico. La postura, el trato, el sostén y dinámicas vinculares influyen en cómo una persona se desarrolle vitalmente. Lo anterior podemos verlo reflejado en el escrito sobre las familias de alta expresividad emocional, donde el funcionamiento de esta dinámica aumenta los síntomas, crisis y descompensaciones.

    La orientación debe ir dirigida hacia la cultura, el desarrollo comunitario y educación. No sólo desde el sistema de salud sino como sociedad en conjunto. Sin intervenciones de esta magnitud es muy difícil lograr la transición a una forma más inclusiva de tratar con personas diagnosticadas con trastornos mentales.

    En mi experiencia trabajando en salud mental veo como los comentarios prejuiciados de pasillo son algo frecuente, incluso en equipos de trabajo que, dentro del box, son sumamente respetuosos y validan a sus usuarios. Creo que, tal vez, configura una forma de simplificar los problemas, a veces hacerlos risibles o caricaturescos, con tal de hacerse el trabajo más liviano. Sin embargo, este gesto, muchas veces inocente, tiene el riesgo de reificar estigmas y perjudicar a nuestros usuarios. Por lo mismo valido cuando compañeros o compañeras me han corregido cuando, sin pensarlo, digo algo en esta forma prejuiciosa. Es positivo reforzar el cuidado que debemos tener con las palabras, de forma sensata y amistosa, ya que muchas veces no hay una mala intención de por medio.

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    1. Estimado Dr Crocco:

      He vivido una situación similar con los comentarios de pasillo de profesionales de la red. En general las y los colegas a quienes les he escuchado este tipo de comentarios también tienden a ser muy respetuosos con les usuaries que atienden. No obstante, me he fijado que emergen estas conversaciones inadecuadas en relación a usuaries que les generan contratransferencia. Generalmente, cuando están agotades por alguna conducta de la persona o por una sensación de no avanzar en el tratamiento. Desde esa esfera, me hace mucho sentido que el proceso de eliminar el estigma desde los profesionales de salud no solamente sea desde la información/conocimiento/comprensión, sino también desde el autocuidado. Asi, evitar hacer daño.

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  25. A partir de las lecturas de esta semana me parece importante destacar el cuento de Gabriel García Márquez que de forma artística representa en carne propia una experiencia de estigma y cómo a través de este velo se va mermando progresivamente la persona en la mayor parte de sus ámbitos perdiendo sus derechos fundamentales y, con el paso de los años, todo tipo de red de apoyo y de propositividad hacia la vida. Creo que ilustra de buena manera cómo las instituciones, el sistema de salud y la sociedad pueden perpetuar el estigma hacia las personas por medio de la etiqueta de enfermo mental y de esta forma privándolas de su desarrollo libre como personas dentro de la comunidad. Personalmente me generó muchos sentimientos encontrados y bastante pena la historia de María, en parte creo que es porque al atender pacientes con la etiqueta de enfermedad mental uno observa muchas barreras estigmáticas que enfrentan como puede ser una familia mal cohesionada y con alta expresividad emocional, un sistema de salud que ante consultas generales o en servicios de urgencias o incluso en el mismo pasillo del consultorio de salud mental son catalogados como pacientes Hi o con trastornos de personalidad perdiendo la visión de persona en su libre derecho por consultar.

    En relación a la alta expresividad emocional me parece importante poder identificar esas emociones, actitudes y comportamientos expresados por los familiares hacia el paciente ya que un clima emocional negativo de críticas y hostilidad puede aumentar el riesgo de recaídas por lo tanto hay que tener claro cuales son las familias que pueden poner en jaque a nuestros pacientes para poder intervenir asertivamente. Trabajar y generar intervenciones familiares centradas en reducir la alta expresividad emocional son claves para mejorar los resultados clínicos, de hecho el paradigma actual cambia el rol de la familia en la esquizofrenia, considerándolo un recurso crucial para el tratamiento, recuperación y mejora en calidad de vida del paciente y su familia.

    Con respecto al apoyo social y salud mental me parece importante rescatar el impacto positivo que tiene el apoyo social percibido en el bienestar psicológico, lo que indica que las personas que cuentan con mayor apoyo tienden a experimentar mejores niveles de salud mental, por lo demás actúa como una variable mediadora en la relación entre el estrés y el deterioro psicológico pudiendo amortiguar los efectos negativos del estrés en la salud mental.
    Por otra parte me pareció interesante la hipótesis del efecto de amortiguación, en la que el apoyo social no solo tiene efectos directos sobre la salud y bienestar, sino que también modera la influencia de factores estresantes implicando que las personas que perciben un mayor apoyo social pueden manejar mejor los acontecimientos vitales estresantes. Esto es interesante de ver en la práctica ya que una mayor red de apoyo y vínculos principalmente familiares bien fortalecidos son aliados poderosos para evitar descompensaciones y eventos clínicos adversos.

    Por último y puntualizando acerca de lo que es el estigma hacia los trastornos mentales creo que es útil resaltar estrategias para reducir el estigma como lo es la psicoeducación modificando creencias erróneas sobre los trastornos mentales, reemplazándolas con información más objetiva y basada en la evidencia. También tener una postura crítica y desafiante de las actitudes y comportamientos que promueven el estigma creo que es una buena práctica que se podría aplicar en el contexto interdisciplinario, siempre con una actitud de respeto y construcción de una relación laboral sana. Por otro lado la participación e intervenciones comunitarias que incluyan apoyo, contención, psicoeducación y entrenamiento para ayudar a las familias y cuidadores de personas con trastornos mentales han tenido resultados positivos en la reducción del estigma familiar por lo que me parece una alternativa plausible a aplicar en la práctica diaria de la psiquiatría comunitaria.

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    1. Estimado Francisco, concuerdo con tu análisis, muy completo. Respecto del estigma, como nos ilustra el cuento de García Márquez, el estigma configura una suerte de negación de la identidad del otro, en que esta alteridad da paso a la imposibilidad de validar su propia existencia toda vez que no se entiende fuera del margen de la etiqueta bajo la que se ha catalogado y "condenado" a la persona, como en el caso de la protagonista de la historia. Concuerdo a su vez en que en ese sentido, el estigma debe ser combatido desde la educación tanto a nivel de paciente, familia, comunidad y sociedad, en los distintos espacios en los que nos desenvolvemos, con coparticipación e intersectorialidad. La alternativa que planteas no solo me parece plausible sino necesaria en pos de la construcción de una psiquiatría comunitaria libre de estigmatización. Saludos!

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  26. En relación a los textos de esta quincena, destaco el cuento de García Márquez, ya que nos permite ver desde una perspectiva no relacionada con la salud mental la figura del hospital psiquiátrico. En la historia de María, quien, por azares del destino, se ve integrada a este recinto como una paciente más, hay varias figuras que destacan. Por ejemplo, el personaje de "Herculina", quien ejemplifica la fuerza física opresora que se emplea cuando los recursos de la persuasión y la sedación ya no son posibles. También, en relación con la figura del médico director del hospital, se presenta un momento que podemos extrapolar a nuestro quehacer clínico: él conversa (atiende) a la “paciente”, transmite empatía y escucha activa, logrando reconfortar a María. Sin embargo, finalmente no cree la versión de que su presencia en el hospital sea un error, basándose en el prejuicio y en la idea de que, al estar “psicótica”, su relato no es creíble, lo que pone de manifiesto el estigma del loco. Tampoco cuenta con una red de apoyo detrás que pueda ayudarla en el proceso, lo que resalta la importancia de dicha red, y aún más de su ausencia.

    Respecto a los otros textos, en la tesis "Variables Modificadoras de la Asociación Expresividad Emocional", se nos presenta el constructo de la expresividad emocional como emociones, actitudes y comportamientos expresados por los familiares acerca de un miembro de la familia. Por lo tanto, se vuelve primordial incorporar a la familia como aliada terapéutica, ya que una alta o baja expresividad influirá positiva o negativamente en el paciente, dependiendo del caso. Se destaca que esto es independiente de la variable tratamiento farmacológico para medir recidivas.

    Dentro de la explicación de los modelos, me gustó lo que plantearon Jenkins y Karno al señalar que hay una perspectiva transcultural desde lo antropológico que no puede ser obviada y debe ser considerada tanto en los estudios como en las intervenciones a realizar. Como se menciona en una parte: "quizás todos los problemas expuestos hasta ahora puedan resumirse en uno: la ausencia de una financiación específica para las terapias psicosociales".

    Destaco que, al tener claras las distintas variables, podemos realizar intervenciones más eficaces y eficientes, como por ejemplo en un programa de intervención estructural.

    El resto de los textos define muy bien el estigma (incluyendo el autoestigma) y las líneas de intervención basadas en la evidencia disponibles, así como sus barreras de implementación.

    En mi experiencia personal, creo que los factores psicosociales en salud mental no son habitualmente valorados, por lo que, a la hora de tratar al paciente, nos enfocamos principalmente en los psicofármacos y no valoramos otras intervenciones que la evidencia ha validado. Muchas veces tampoco hacemos intervenciones que puedan disminuir el estigma de salud mental, entendiendo esto como un esfuerzo colectivo que no es habitual en la práctica clínica

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  27. Hola a todos, respecto a las lecturas de esta sesión:
    El estigma de las patologías de salud mental es un problema que ha afectado a las personas que padecen trastornos mentales durante mucho tiempo. A menudo, las personas con enfermedades mentales son marginadas y discriminadas por la sociedad, lo que puede llevar a la exclusión social y a la falta de acceso a la atención médica adecuada. La psiquiatría comunitaria puede ser una herramienta valiosa para abordar el estigma y mejorar la atención en salud mental.

    Destaco el cuento de Gabriel García Márquez, donde se nos muestra cómo la falta de comunicación efectiva, influida por ideas preconcebidas y prejuicios que estigmatizan a las personas, puede tener consecuencias negativas.

    Esta lectura, entonces, refuerza lo que los otros textos también subrayan: la importancia de reconocer los prejuicios dentro de la comunidad, no solo en la sociedad en general, sino también en las familias, los profesionales de la salud y el mismo autoestigma, que contribuyen a perpetuar estas actitudes. Una adecuada concientización, educación y el establecimiento de una red de apoyo efectiva pueden convertirnos, no en generadores de prejuicios internalizados en los pacientes, sino en factores protectores, terapéuticos y rehabilitadores.

    El concepto de expresividad emocional era algo desconocido para mi hasta este año, en el internado y al inicio de la beca observaba estas situaciones que me llamaban la atención, cuestionándome qué se podía hacer en casos en que la familia misma de los pacientes eran hostiles, sobre implicándose en las decisiones personales de los pacientes, minimizando o cuestionando sus decisiones personales, laborales, financieras, incluso de reproducción. Unas semanas después, un profesor nos habló de la alta expresividad emocional y me hizo sentido cómo esto podía afectar y frenar el proceso terapéutico de las personas y su progreso, afectando incluso en las recaídas, lo cual se confirma con los datos entregados en las lecturas.

    Considero interesante que en los textos no sólo se exponga sobre datos, sino que se den diferentes tipos de intervenciones que pueden realizarse. En nuestra experiencia en la beca, por ejemplo, se realizan diálogos abiertos todas las semanas.

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    1. Perla,
      Coincido contigo en la importancia del reconocimiento de prejuicios a nivel comunitario. Identificarlos en las dinámicas de trabajo y familiares son un buen primer paso para acercanos a la capa más difícil de remover: la cultural.

      La concientización y educación son las herramientas más valiosas con las que contamos, como agentes de salud mental, pero su puesta en marcha tiene limitaciones obvias relativas al escaso alcance que tenemos, como voceros de entidades sanitarias. No es sino el convertir este discurso en una entidad social lo que efectivamente, puede generar un cambio cultural que nos ayude a integrar y a devolver dignidad y voz a los enfermos mentales. Y aquella misión, ingente como parece, ha de comenzar en la integración de los esfuerzos no sólo de quienes participamos en salud, sino de todos los actores y entidades que puedan elevar el mensaje en la sociedad.

      En el camino a ello, la apertura de instancias como los diálogos abiertos y la práctica de empatía y el desprejuicio en nuestra práctica clínica son pequeños granos de arena que pueden al menos, tener un impacto local y cotidiano con el que sentir algun grado de retroalimentación sobre lo que se hace.

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  28. Los textos de esta quincena abren la discusión sobre posiblemente, la problemática más transversal y arraigada en el núcleo de la salud mental: el estigma. Y es que el estigma en salud mental se siembra sobre los cimientos de la patología psiquiátrica; desde lo cultural, haciéndose presente de manera insidiosa y latente desde los albores en la historia de la psiquiatría moderna.

    El cuento de García Marquez nos presenta una sintiente alegoría de lo inherente que es la discriminación a la enfermedad mental. La invalidación de un grupo de la sociedad basado en el mero nexo cultural de la locura con lo erróneo, lo indeseable, "lo que sobra". La sola etiqueta de los trastornos mentales, presenta figuradamente el texto, involucra el silenciar y disminuir la importancia del mundo de la persona padeciente, sin importar contexto o explicación, sin mediar defensa alguna. El argumento, si bien ficción, extrapola de buena forma el cómo la enfermedad mental es sistemáticamente desvestida de voz y de derechos en múltiples aristas de la cotidianidad, dejando entrever que el prejuicio tiene una base cultural tan fuerte que su intervención requiere más que sólo la mirada sanitaria del problema.

    Variados son los intentos de estructurar los esfuerzos para incidir en este cambio. El texto relativo a las familias de alta expresividad emocional proponen un entendimiento más sistémico e integral de cómo se articulan las dinámicas en torno a los trastornos y como la prolongación de éstos gatilla más síntomas y descompensaciones. Tratar de abarcar la problemática con una mirada familiar y social es un buen acercamiento al núcleo cultural de esta problemática, y debiese ser el camino a seguir pavimentando.

    Los textos siguientes profundizan en la preponderancia de las determinantes socioculturales en el desarrollo del estigma y cómo este debilita en su base todos los esfuerzos terapéuticos que se puedan implementar con los pacientes. La experiencia en atención primaria no sólo ha sido ventana para dar cuenta de lo enrraizado del estigma y su impacto, sino también para denotar que éste logra permear hasta los equipos de trabajo y profesionales orientados a trabajar contra el mismo. Comentarios de pasillo, prejuicios, socialización de conceptos y comprensiones que atentan justamente contra el trabajo desplegado para combatir este estigma. Es menester entonces, generar consciencia no sólo desde el discurso médico-sanitario, sino desde lo cultural. Y para ello, la integración transversal de los actores sociales es medular. Medular para construir un camino que probablemente nos lleve generaciones conseguir terminar.

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  29. El tema y los textos de estas semanas nos proponen cuestionarnos un aspecto fundamental de nuestro quehacer: nuestro rol "desacreditador" y las consecuencias asociadas que viven las y los usuarios de la red.

    La entrega de definiciones de estigma y sus distintas subramas me parecieron interesantes ya que llama a la estandarización, con la consecuente medición y estudios descriptivos e intervencionistas mencionados. Pero lo que más me llamó la atención fue la evidencia de las distintas intervenciones que se proponen para combatir este problema. Hasta ahora nunca había visto estudios que intentaran medir cambios de patrones cognitivos, respuestas emocionales y conductas en relación a cuestiones sociales. Con esto, uno podría pensar que el estigma podría ser analogable a los problemas políticos de nuestro día a día. Viéndolo desde un lado muy conductista (aunque también podría ser percibido como constructivista), finalmente son estos tres elementos antes mencionados los que terminan moldeando como cada individuo percibe la realidad, y con ello la coyuntura política contemporánea. Entonces, ¿estamos cambiando con estas intervenciones (en algún grado) la visión política de la población?
    Me pareció divertido el énfasis que hacían, en relación a la medida de entrega de información, de que no se asemejara a una propaganda política. Pareciera que así perdía la efectividad que decía tener. No obstante, en lo material, se realiza un cambio de mentalidad frente a temas políticamente controversiales en los diálogos informales no académicos.
    Por lo tanto, ¿es el estigma un problema similar a la desigualdad de género o a la desigualdad económica?. En todas estas entidades se plantea un origen evolutivo-biopsicosocioeconómico el cual no determina una naturaleza correcta, sino una que persistió hasta el día de hoy porque no hubo otra que obtuviese una ventaja adaptativa frente a ésta. Ahora nos damos cuenta de las grandes falencias de cada una de estas cuestiones porque de alguna manera alguien señaló un problema a resolver, que obstaculiza nuestro sentido de trascendencia. En todas hay movimientos que buscan una solución al respecto. El estigma (pienso) tiene más evidencia por ser algo relacionado a lo "médico", tiene una autoridad "científica" detrás. Por ende, me quedará dando vuelta el hecho de quizás estas medidas anti-estigma se puedan aplicar con otros objetivos, y viceversa, la propaganda política quizá tiene mucho que enseñarnos a la hora de generar intervenciones.

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    1. Respecto al texto de García Márquez, y saliendo de la política, quisiera decir que me pareció un texto muy bello en cuanto a la narrativa de la vivencia de incomprensión y las consecuencias de la institucionalización. Cuando María llega con las demás personas con enfermedades mentales, es automáticamente "desacreditada" en su relato, independiente de la coherencia o linealidad de su discurso. Cada uno de los personajes que interactúan con ella relativos a la autoridad, impresionaban que estuviesen percibiéndola de una manera incorrecta. Muestra claramente como se produce una desconexión de ambos mundos percibidos y ambos interlocutores dejan de habitar una realidad común. Lo peor es que esto llevaba a conductas por parte de la protagonista que tendían a reforzar el diagnóstico colocado sobre ella (discursos aparentemente incoherentes "yo solo vine a hablar por teléfono" o agitación). Por ende, se entra en un círculo vicioso, el cual condenó a María a quedarse hasta el fin del Hospital Psiquiátrico. Por otro lado, muestra pequeños bocetos de cómo las y los usuarios se adaptan a una nueva realidad que les da "paz", privándoles de disfrutar/sufrir una vida acorde a lo que concebimos como el vivir del ciudadano. No obstante, muestra también las múltiples vulneraciones de derechos efectuadas en estas instituciones.

      Por último, agregar una experiencia que viví en COSAM El Bosque. En las primeras semanas de beca, como no tenía usuaries, mi tutor me envió a un grupo de socialización del Territorio Santa Laura llamado Grupo Florecer. Estuve aproximadamente un mes en el grupo y fue prácticamente vivir la estrategia de "contacto e interacción social". Vi muchas personas en un contexto distinto a lo clínico, donde nunca me dijeron qué diagnóstico tenían. En consecuencia, entré a conocerlos sin la etiqueta y los estereotipos asociados. Hacíamos juegos, conversabamos de sus intereses, entre otras actividades.
      Sinceramente... no tenía idea que diagnóstico tenían (salvo que fuese muy evidente). Me niego rotundamente a atribuirlo por completo a mi inexperiencia. Fue sorprendente verles a cada une luego en consulta con mi tutor. Eran otras personas. Sentí que en el box de atención descargaban su psicopatología en búsqueda de ayuda, pero que en otras oportunidades simplemente actuaban como un "ciudadano funcional cualquiera" con discursos similares a los que tengo con mis familiares y amigos. Igual que yo.

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  30. Tras la lectura del material y la discusión enriquecedora que tuvimos este lunes, no puedo dejar de mencionar algunas cosas que me parecen relevantes sobre la temática.

    Si bien se abordan temas que inicialmente parecen heterogéneos en materia de salud mental, creo que se entrelazan necesariamente en relación al estigma y confluyen materializándose en el cuento de García Márquez, que insisto, me resuena justamente desde lo verosímil que puede leerse en su momento histórico y que pone a su vez de manifiesto los riesgos del estigma en salud mental. La instrumentalización y exceso de burocratización pueden llevar a faltas graves en la praxis que en nuestra área conllevan estigma e incluso llevar al encierro involuntario. Es muy necesario, por tanto, mantener siempre una lectura crítica y no perder la mirada empática y humana, que nos guíe en una mejor praxis médica.

    Me resulta esclarecedor lo planteado por Barrón López y Sánchez sobre cómo y en qué grado intervienen los distintos factores sociales y ambientales en la salud mental de un individuo (positiva o negativamente), en una suerte de ecuación donde inciden directa o indirectamente en la psique del individuo en cuestión. Queda claro que el apoyo social y comunitario es capaz de generar amortiguación de los factores estresores en la vida protegiendo de las vulnerabilidades que desencadenan trastornos de salud mental a la vez que las intervenciones desde la comunidad y en pro de mejorar las condiciones materiales de existencia, se correlacionan positivamente con mayores tasas de bienestar.

    Pero qué ocurre en caso contrario? La alienación y ausencia de redes de apoyo mencionada por Barrón et al, se potencia y se condice con los procesos de estigma, problemática que persiste y se reproduce en nuestra sociedad desde el prejuicio y el miedo a lo “extraño” a lo impredecible o no recíproco. Tanto Mascayano como López et al, ponen el énfasis en la tipología y reproducción social del estigma en salud mental con sus implicancias: desde lo público, institucional, con menor capacidad de acceso, menor pesquisa de patologías, dificultad en inserción laboral/comunitaria o incluso sufriendo discriminación desde el estado a través de sus instituciones judiciales.

    Concuerdo con Mascayano, en que una de las peores consecuencias de la estigmatización, sería la autoestigmatización, que se vivencia desde un daño a la autoestima, desesperanza y peor pronóstico al sentirse profundamente desvalorizados e incapaces de reinsertarse en la comunidad. Esto se agrava cuando es la propia familia la que ejerce dicha discriminación. Está estudiado que un paciente esquizofrénico inserto en una familia que lo devalúa sistemáticamente, con una actitud hostil y se sobreimplica emocionalmente quitándole autonomía y seguridad, tendrá hasta un 59% más riesgo de recidiva hospitalaria, con peor pronóstico. La alta expresividad emocional (AEE) configura entonces un escenario de mayor estigmatización, como se puede apreciar en la tesis de Bellver Pradas.

    Adquiere entonces, suma importancia llevar a la práctica intervenciones que vayan en contra de la estigmatización, desde acciones psicoeducativas, políticas y sociales en todos los flancos de la sociedad, bajo todas nuestras posibilidades de cambio (desde nuestra práctica clínica, en relación a microgestión, en nuestras relaciones sociales, etc) aprovechando los espacios de diálogo y comunicación para generar activismo desestigmatizante.

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    1. (CONTINUA)
      En mi experiencia clínica, en APS principalmente pude ver como muchos pacientes (sobre todo de grupos etáreos mayores), se negaban frecuentemente a admitir la posibilidad de tener una enfermedad psiquiátrica por vergüenza y miedo a las consecuencias negativas que acarrea la etiqueta del diagnóstico. Por otra parte, también recuerdo al menos tres casos actuales en mi paso por CESAM en que usuarios con TMG pero estables y de buena funcionalidad, me han reportado no poder encontrar trabajo pese al apoyo del equipo (con terapeuta ocupacional y asistente social) netamente por su condición clínica. Es una problemática que debemos abordar si propendemos una salud mental comunitaria inclusiva e integrativa. A la vez que luchamos por mejorar las condiciones de vida con un enfoque preventivo y de protección social.

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  31. Muy interesante las lecturas.
    Y con respecto al cuento, no pude dejar de imaginarme cuanto de esto ha pasado desde los inicio de la psiquiatría y en hospitales psiquiátricos, no es una fantasía o algo inusual, impensado. Lo que da cuenta de lo inhumano que fue en su época. Como lo he comentado en diferentes instancia, no puedo dejar de imaginarme a los pacientes que conocí en Hospital Psiquiátrico el Peral, tal vez no en la misma circunstancia de la mujer del cuento, pero sí habían personas que estaban en un hospicio, y al quemarse éste, fueron traslados a este Hospital Psiquiátrico, comenzando para ellos, la institucionalización
    También, pienso, en todos estos años que estoy vinculada a psiquiatría, que tal vez nuestros usuarios dentro de sus delirios, es lo “normal” y nosotros somos los que no encajamos en su mundo.
    Puedo agregar también que la Salud Mental está ligada a factores sociales como individuales. Las dinámicas familiares influyen mucho en el bienestar de los usuarios. Como lo hemos podido observar a lo largo de cada una de nuestras intervenciones con nuestros usuarios, donde existe en las familias alta expresión emocional, es mucho más complejo la estabilización.
    Otro punto importante es respecto a la desigualdad entre los estratos sociales. Podemos apreciar que los estratos altos, tiene acceso oportuno a Salud Mental, con tratamiento farmacológico más eficaces e intervenciones más periódicas, en comparación con usuarios de menos recursos económicos.
    En relación al estigma, es triste y vergonzoso saber que los propios funcionarios de Salud lo practican, es más vergonzoso aun cuando es por parte de médico, hablan de “tus loquitos”, “mi prioridad son los otros pacientes, no los psiquiátricos” y este estigma se propaga al resto de los funcionarios. Es de suma importancia, capacitar, capacitar y capacitar.

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  32. La bibliografía para esta sesión, reafirma una de las temáticas importantes que se han ido abordando en el curso: el cómo establecer una etiqueta frente a las personas que padecen una patología de salud mental conlleva a una exacerbación, mantención o mejora en cuanto a su funcionamiento en la sociedad, y como la estructura y apoyo social, pueden ser determinantes en la prevención y rehabilitación de estos individuos.
    En el documento de “Estigma hacia los trastornos mentales: características e intervenciones”, se profundiza como el estigma en torno a la salud mental es un fenómeno complejo que afecta profundamente a individuos y comunidades. Las ideas de Goffman sobre la discrepancia entre la identidad social virtual y la actual arrojan luz sobre cómo las personas con enfermedades mentales enfrentan el estigma. La asociación de etiquetas y estereotipos con la patología mental lleva a percepciones erróneas por parte de la sociedad en cuanto a peligrosidad, debilidad e inutilidad, lo que genera una profunda desvalorización social. En cuanto a los distintos tipos de estigma me pareció interesante como por ejemplo el estigma internalizado es especialmente perjudicial, puesto que merma la autoestima, la autoeficacia y puede agravar los síntomas, impactando directamente en su calidad de vida. Me parece importante destacar como la familia también sufre las consecuencias, enfrentando discriminación y a menudo experimentando estigmatización en diversos aspectos de sus vidas, siendo que se debe cuidar e impulsar a la familia como primer motor de cambio e impulso en la rehabilitación de las personas.
    Entre otros puntos abordados, me parece preocupante como las mismas instituciones y las personas que las conforman pueden tener una consecuencia negativa tanto para las personas que padecen algún trastorno mental como a sus familias, lo que se ilustra en el estigma institucional. Aquí me quiero detener y hacer un símil con el cuento de Gabriel García Marquez, en donde se puede desprender como el solo hecho de estar en un manicomio, da por sentado que María está loca, nadie indaga más, hay estigma, poca comunicación y dificultad de conectar con los demás. Abordando como el estigma de que alguien esté en un sanatorio, da por sentado que de verdad tiene un trastorno mental, y como este estigma se refleja en la sociedad, a tal punto que el resto de las personas da por hecho que una persona tiene un trastorno mental, por estar institucionalizada. Esto puede influir en el acceso a tratamientos adecuados y en la manera en que se aborda la recuperación.
    Las estrategias que se proponen para abordar el estigma buscan empoderar a las personas afectadas y a su familia, a través de estrategias como la psicoeducación, el contacto interpersonal, que pueden tener efectos positivos, no obstante es fundamental que se implementen dentro de programas más amplios y sostenidos en el tiempo, con un robusto apoyo social que impacta directamente en la salud mental de las personas, cómo se aborda en el texto de “estructura social, apoyo social y salud mental”, donde el apoyo social juega un papel vital en la salud mental. Las provisiones instrumentales y expresivas provenientes de la red social (ya sea ayuda tangible o emocional) tienen una influencia significativa en el bienestar mental y emocional de las personas, impactando de manera positiva en ellas, su familia y comunidad.

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    1. Continuación...

      A mi parecer uno de los tópicos fundamentales de este curso es el abordado en la tesis doctoral con respecto a la Expresividad Emocional: “variables modificadoras de la asociación expresividad emocional familiar-recidivas en pacientes Esquizofrénicos”. El término “esquizofrénico” utilizado en el título resulta ambivalente con respecto a las temáticas abordadas en esta sesión, puesto que el tildar de “esquizofrénico” a una persona, ya trae consigo un estigma. No obstante la temática abordada en la tesis, me parece imprescindible para entender el rol de la familia como ente fundamental en el cuidado y relación que tiene con el paciente que tiene esquizofrenia u algún otro trastorno mental grave. Me pareció interesante cómo se aborda la relación entre la alta expresividad emocional y las recaídas, sugiriendo una especie de ciclo retroalimentado entre las conductas disruptivas del paciente y la respuesta emocional negativa de la familia. También como la EE pareciera estar condicionada por las características del paciente y su familia, más que por la intensidad de la enfermedad en sí misma. Según lo abordado acá, se tiende a establecer correlaciones directas entre la alta expresividad emocional de la familia y las recaídas del paciente. No obstante, me parece que esta generalización puede pasar por alto las variaciones individuales y los contextos específicos que podrían influir en las dinámicas familiares y la condición del paciente. Por lo que cabe preguntarse: ¿La alta expresividad emocional causa las recaídas o viceversa? La conexión entre la expresividad emocional y las recaídas podría no ser lineal ni unidireccional. Es importante destacar que, si bien el estrés familiar es un factor relevante, centrarse únicamente en él puede obviar otros aspectos, como el apoyo social y la interacción del paciente con el entorno más amplio, que también pueden influir en las recaídas.
      En cuanto al enfoque terapéutico, creo que es fundamental centrarse en una intervención familiar: Mientras se reconoce la eficacia de la intervención familiar, creo que es esencial comprender mejor la diversidad de contextos familiares y la adaptabilidad de estas intervenciones a diferentes realidades familiares. Pienso que como profesionales de salud mental debemos orientarnos en responder a: ¿cómo se adaptaría esta intervención a diferentes contextos familiares o culturales?, dado que los enfoques terapéuticos pueden variar significativamente según la dinámica familiar, y es nuestro rol determinar los aspectos a intervenir en cada familia.

      Al leer estos textos me ha hecho sentido como la EE se relaciona con los pacientes con esquizofrenia de más difícil manejo, que he podido ver en mi práctica. Observar como familias, que tratan de reflejar preocupación, dedicación en el cuidado de los usuarios, han tenido peores experiencias en cuanto a la compensación de sus familiares. En cuanto al sobreinvolucramiento, he podido visualizar, como miembros de la familia, intentan “proteger” del mundo externo al individuo afectado, no dejando que participe en actividades sociales, aislándolo, sobreprotegiéndolo. Creyendo que de esta manera la persona se encontrará de mejor manera y se podría contribuir a su estabilización. Sin embargo, es aquí donde he podido darme cuenta de la mayor sintomatología negativa y afectiva que presentan los usuarios con esquizofrenia. Si bien, la familia se da cuenta de ello, pero persisten en esta dinámica como queriendo mantener esta homeostasis que los hace ser menos flexibles y proclives al cambio.
      En cuanto a la EE y su relación con las recaídas, es importante abordar estos hallazgos con cautela y reconocer la complejidad de los factores involucrados ya que no solo uno explica todo el proceso de la enfermedad. Una comprensión más holística y menos estigmatizadora de las dinámicas familiares podría enriquecer significativamente las estrategias de intervención.




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  33. Según lo revisado desde el material bibliográfico, destaco lo vigente del estigma que presenta hacia personas con patologías de salud mental, evidenciado desde su entorno más cercano hasta la sociedad completa. Es una realidad la limitación de oportunidades y el nivel alto de prejuicios a los que se enfrentan los pacientes con diagnósticos de salud mental, las barreras impuestas por la sociedad, la discriminación intensa y el rechazo social persistente, llevando a una afectación en la calidad de vida, a la disposición de servicios de salud mental. Todo esto podría llevar a una discriminación activa, pudiendo repercutir aún más en su sintomatología y su dependencia de terceros, causando consecuencias graves en su autovalía, autoeficacia y autoestima.

    En torno a la lectura de Gabriel García Márquez, si bien es un caso ficticio, no se aleja lamentablemente a ciertas realidades que existen hasta el día de hoy; logra transmitir esta angustia y lo desvalidas que se encuentran ciertas personas con sufrimientos psíquicos, lejos de sus familias y segregadas de la sociedad. Desafortunadamente, aquí no es tan ilógico encontrarnos con similitudes con el sistema carcelario, como lo manifiesta Focault, donde más que una búsqueda de la recuperación del paciente, nos encontramos con una forma de control social y de segregación a las personas que no seguían la norma.

    Respecto a estos temas analizados, quería comentar el caso que vi recientemente durante mi rotación en un dispositivo de la red en la cual estoy realizando mi beca, donde evaluamos a un paciente de 7 años con diagnóstico de un TEA grado 3 con un trastorno vincular severo, en proceso judicial donde la madre pierde custodia y sus abuelos se hacen cargo del paciente, es decir, un caso complejo; nuestro usuario presentaba una gran dependencia en todos los ámbitos y en todas sus actividades de la vida diaria, nula comunicación verbal, escasa comunicación verbal y autoagresiones y heteroagresiones diarias. Lo que quería destacar, aparte de el gran compromiso de los abuelos en sus terapias e intervenciones que ha sido un enorme factor protector, es que el paciente estaba asistiendo a una escuela rural donde tenían un programa PIE que funcionaba como debería, siendo en realidad una excepción a la norma, donde la familia nos comentaba que la profesora a cargo del curso hizo un extenso y admirable trabajo de anticipación y educación al resto de los compañeros donde de cierto modo ellos también ejercen un rol de co terapeutas, donde lo integran a sus actividades, entienden sus procesos y tiempos, comprenden sus conductas y esto ha ayudado a disminuir su nivel de agresividad hacia él y hacia otros, dentro de avances concretos que ha ido presentado. Aquí recalco la importancia de la educación y preparación adecuada, tanto de la familia como de su entorno, y que cuando existen profesionales formados, interesados y proactivos, realmente pueden ayudar a cambiar el estigma en pos de una verdadera inclusión.

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  34. Al repasar la literatura sobre factores psicosociales en salud mental, me impresiona la claridad con que Bellver Pradas sitúa la esquizofrenia dentro de un modelo de vulnerabilidad + estrés; siendo un trastorno con alta prevalencia y costes sanitarios e indirectos, donde aún entre un 30–40 % de los pacientes recaen pese a la medicación. En este marco, la “Expresividad Emocional” (EE) familiar, no es un factor causal, pero sí un potente desencadenante de recaídas que justifica intervenciones psicoeducativas y de apoyo en el núcleo domiciliario. Sin embargo, la familia no es el único recurso. Barrón y Sánchez Moreno nos recuerdan que el apoyo social engloba provisiones tanto estructurales (tamaño y densidad de redes) como funcionales (instrumentales y emocionales) . Este apoyo tiene un “efecto directo” sobre el bienestar y un “efecto de amortiguación” frente a estresores vitales. Incluir la posición social y la integración comunitaria en nuestros modelos es esencial para no sobrecargar a la familia y reforzar redes amplias de contención. Sin embargo, cualquier red de cuidados topa con un muro invisible: el estigma. Marcelino López et al. describen cómo las actitudes negativas hacia el “otro marcado” encierran a las personas con trastornos mentales en barreras que perduran incluso tras el tratamiento clínico, generando discriminación estructural y emocional difíciles de revertir. Mascayano y cols. aportan además evidencia latinoamericana en relación a prejuicios de peligrosidad e inutilidad aislando laboral y socialmente a usuarios y familias que merman la autoestima, la adherencia al tratamiento y la calidad de vida.
    Este conjunto de hallazgos conecta poderosamente con el cuento de Gabriel García Márquez. Allí, María de la Luz, una mujer perfectamente cuerda, es confundida con reclusas por el mero hecho de “no traer identificación”. Su voz y su urgencia quedan silenciadas, sus demandas básicas se vuelven ilegítimas y acaba internada por error en un sanatorio. La historia expone con crudeza cómo la etiqueta diagnóstica y la rutina institucional pueden anular la agencia de una persona, fracturar sus lazos familiares (el marido que nunca recibe su mensaje) y someterla a violencia física y química. Este desplazamiento súbito de la carretera al claustro psiquiátrico ilustra el poder deshumanizante del estigma y la negación de redes de apoyo formales e informales.
    En conjunto, estos textos confirman que una intervención efectiva debe ser holística: Reducir la expresividad emocional familiar, mediante psicoeducación que abra espacios de diálogo y gestión emocional. Fortalecer el apoyo social amplio, reconociendo la estructura y función de redes comunitarias más allá de la familia. Combatir el estigma con campañas sostenidas y basadas en evidencia, que restauren la voz y la identidad de los usuarios. Solo así avanzaremos hacia un modelo de salud mental realmente comunitario, donde la red de afectos y derechos sea más sólida que cualquier diagnóstico.

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  35. Estimada:
    Me parece muy acertado tu comentario ya que para mi como residente de psiquiatría infantojuvenil, este análisis resuena profundamente para la práctica diaria y los desafíos que enfrentamos. Estoy de acuerdo con la idea presentada con respecto a la visión de que la esquizofrenia (y por extensión, muchos trastornos mentales graves) bajo el modelo de vulnerabilidad-estrés es fundamental en nuestra formación. Sin embargo, al trabajar con niños y adolescentes, este modelo adquiere matices particulares, desde la experiencia de evaluar a pacientes en desarrollo hay que tener presente la vulnerabilidad en el desarrollo ya que esta no es estática. Estamos lidiando con cerebros y sistemas psicosociales en pleno desarrollo. Factores genéticos interactúan de forma compleja con experiencias tempranas (adversidad, trauma, apego) que pueden moldear esa vulnerabilidad de maneras únicas y a veces más maleables que en adultos, pero también potencialmente más dañinas si no se interviene a tiempo.
    También el concepto de expresividad emocional es crucial. La familia no es solo un "contexto" o un factor de recaída; es el entorno primario donde el niño/adolescente se desarrolla, aprende a regular emociones y construye su identidad. Una alta expresividad emocional en la familia puede ser particularmente tóxica en etapas formativas, no solo precipitando recaídas, sino también interfiriendo en el desarrollo de habilidades socioemocionales básicas. Por eso, las intervenciones familiares (psicoeducación, terapia familiar sistémica, entrenamiento parental) son a menudo la piedra angular de nuestro trabajo, no solo un complemento. Buscamos modificar ese "microclima" emocional para evitar las consecuencias de la alta expresividad emocional.
    A pesar de lo anterior mencionado también coincido en la necesidad de mirar más allá de la familia. Para niños y adolescentes, el "apoyo social" incluye de forma crítica la escuela, los pares y otras figuras significativas (entrenadores, mentores). La integración en estos sistemas es vital. El rechazo o aislamiento en el colegio, por ejemplo, puede ser un estresor tan potente o más que la dinámica familiar. Nuestro desafío es, a menudo, cómo intervenir o coordinarnos con estos sistemas externos (colegio, servicios sociales) que tienen sus propias lógicas y limitaciones.
    Por último, el estigma golpea con especial dureza a los jóvenes. Puede internalizar tempranamente, afectando la autoestima en formación y llevando a ocultar síntomas por vergüenza, retrasando la búsqueda de ayuda. Vemos cómo los prejuicios pueden llevar al aislamiento social, al bullying y a la limitación de oportunidades futuras. El estigma no solo afecta al paciente identificado, sino que a menudo envuelve a toda la familia, generando secreto y sobrecarga.
    Finalmente me gustaría opinar del cuento "Sólo vine a hablar por teléfono" la cual es una metáfora brutalmente precisa de lo que puede ocurrir cuando el sistema (sanitario, social, educativo) no escucha, etiqueta prematuramente y despoja de agencia. En niños y adolescentes, esto es aún más crítico porque su voz ya es, de por sí, menos escuchada o validada que la de un adulto. ¿Cuántas veces un joven intenta comunicar su malestar y es desestimado como "cosas de la edad", "llamadas de atención" o simplemente no se le cree? La historia de María de la Luz es un recordatorio constante de la responsabilidad que tenemos de escuchar activamente, validar la experiencia subjetiva y evitar que la etiqueta diagnóstica borre a la persona y sus redes. El riesgo de "institucionalización" (no sólo física, sino también mental) por falta de escucha y apoyo es muy real.
    Como conclusión podría decir que la integración de estos factores psicosociales no es un "extra" en nuestra especialidad, es el núcleo mismo de una intervención efectiva y ética.

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    1. Coincido en que, cuando trabajamos con niños y adolescentes, el eje vulnerabilidad-estrés adquiere una densidad especial: la “vulnerabilidad” es todavía plástico cerebral y socialmente, mientras que los estresores (familia, escuela, pares) son también matrices de desarrollo. Bellver recuerda que la expresividad emocional familiar no es sólo predictor de recaída; en etapas formativas modela patrones de autorregulación que luego cristalizan como riesgo permanente. Por eso las intervenciones sistémicas que mencionas no son periféricas sino tratamiento de primera línea: cambian el microclima donde esa plasticidad se juega.
      Sumaría dos puntos de la literatura de estigma (López et al.; Mascayano et al.) que refuerzan tu reflexión: Estigma anticipado: los jóvenes internalizan tempranamente la expectativa de rechazo; eso explica parte de la demora en consulta y del abandono escolar que vemos en clínica. Contact-based interventions: la evidencia indica que, en menores, las campañas más eficaces no son las informativas sino las que crean interacción directa con pares que han vivido problemas de salud mental y se muestran en recuperación.
      Respecto a “Sólo vine a hablar por teléfono”, comparto que la metáfora es doblemente perturbadora en población infanto-juvenil: si el adulto pierde agencia al ser etiquetado, el menor, cuya voz ya está devaluada, queda a merced de instituciones que deciden por él. Eso nos obliga a escalar la escucha más allá del box y negociar con escuela y servicios sociales, tal como propones. El desafío es pasar del modelo biopsicosocial “en papel” a un dispositivo realmente integrador: historia clínica que registre la narrativa del propio adolescente, reuniones de caso con docentes/pares significativos y, sobre todo, espacios donde el joven participe en las decisiones que le conciernen. En síntesis, no añadimos un componente psicosocial al tratamiento biológico: trabajamos en el punto exacto donde maduración, entorno y estigma se entrelazan. Ahí se juega la prevención secundaria más potente que podemos ofrecer.

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  36. Recuerdo que esta sesión fue la más discutida que tuve en el curso. Me agarré con todos los que sostenían que el relato de 12 cuentos peregrinos de García Márquez era posible. Fue incómodo en tanto se me llegó a intentar explicar que era solo una metáfora. Y es que es medio obvio aquello... el caso es que frente a la provocación del Dr. Rafael, donde la pregunta era "¿Ustedes creen que algo así podría llegar a suceder?" para mi llevaba al límite cierta crítica hacia la práctica psiquiátrica que a mi me pareció en ese momento un poco caricaturesca. Me parece que para hablar seriamente de discriminación, etiquetado, prejuicios y estigma hay que tener un cierto grado de respeto y aprecio por nuestra práctica. No somos los buenos de la película, pero tampoco los malos y me resisto a cierta banalidad del mal que emergen de ciertos grupos construyen en contra de esta disciplina, donde se afirma que no existe la enfermedad mental y que la psiquiatría no es nada más que una tecnología de control. No creo que las cosas sean así. Al menos para mí esta discusión me recuerda que hay que estar constantemente advertido y atento a las consecuencias negativas y iatrogénicas de una práctica clínica irresponsable que no priorice antes que todo, al sujeto que está consultando. Las consecuencias de un diagnóstico sí pueden ser devastadoras y quienes tenemos ese poder, el de diagnosticar, encerrar, y ordenar sobre otros cuerpos, tenemos que estar enteramente entrenados de manera muy disciplinada en nuestro oficio. La posibilidad de una ética entendida desde un ejercicio consciente hermenéutico/interpretativo del sujeto y su contexto me parece que es una brújula necesaria a tener en nuestro ejercicio. La discriminación y el estigma son un problema real sobre el cuál no tenemos control, control que si tenemos sobre nuestro trabajo.

    En relación al concepto de EE me despertó ciertas preguntas e inquietudes en particular respecto de la falta de claridad en relación al formato de hipótesis de asociatividad entre los rasgos familiares y las consecuencias sobre el sujeto con esquizofrenia. Me preocupa que se personalice o responsabilice a las familias, al ámbito privado, de aquello que, como ya hemos estudiado, tiene influencias desde cuestiones mucho más amplias, como por ejemplo, la pobreza, el acceso a sustancias, el capital cultural, la satisfacción de necesidades, la seguridad y los factores protectores que no dependen de la privacidad de la familia sino de lo que como sociedad podemos ofrecer... ¿Son las familias las psicotizantes o vivimos en un siglo y una sociedad particularmente psicotizante?... es este último juicio el que me hace ruido, no tengo respuesta para eso aún. No lo sé.

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    1. Y para esta discusión traigo a colación un caso que me tocó atender en conjunto con mi maestra en el COSAM. Le diremos señora Rosa a la paciente, recuerdo que ella estaba ingresada al COSAM con diagnóstico de una esquizofrenia residual (el término parafrenia era el más adecuado, pero ustedes sabrán que ese término no está codificado con ese nombre). Mi paciente tenía muy claro su diagnóstico, "parafrenia". Ocurrió que, como dios si puede ser así de cruel, la Rosa además de la etiqueta de "esquizofrenia" en la ficha electrónica, tenía un parkinsonismo que desde años le llamaron temblor esencial en el CRS de referencia. Resulta que en verdad era una enfermedad ed Parkinson de libro y lo confirmamos mediante un estudio imagenológico que evidenciaba la destrucción de la S. nigra. En fin, para acceder a sus exámenes, derivación y tratamientos, tuvimos que realizar un informe donde, adivinen, sí, apareció el diagnóstico de esquizofrenia. La Rosita estaba furiosa, ya que ella identificaba la esquizofrenia como una cuestión que no tenía ninguna relación con su estado. Ella misma calificaba a los "esquizofrénicos" como "gente loca y agresiva, que veía cosas y era peligrosa"... perdónenme la expresión, pero quedé loco. No era el momento de explicar la relación entre ambos constructos, me limité a escucharla, explicarle que ella tenía razón y que el problema era solo la falta de un código para poder poner en el informe. Creo que pude haber echo más, pero quedé demasiado sorprendido. No publicaré comentarios acá porque en la clase expuse bastante de mis diferencias con quienes comentaron y discutieron esa vez. Eso.

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  37. Los años 70 estaban marcados por dictaduras militares en muchos países latinoamericanos, período en el cual se ejercía un gran control social, represión política y desapariciones forzadas. Aquel fue parte del contexto histórico en que G.G. Márquez escribe el cuento “Solo vine a hablar por teléfono”. Este relato refleja el cuestionamiento incipiente a las instituciones de encierro como hospitales psiquiátricos, vistas como espacios de opresión coherentes a un sistema constantemente controlador. Espacios cercanos a la marginación y lejanos al cuidado. Dicho eso, considero que el cuento refleja la intención del autor por denunciar una cara más de los abusos de poder e invita a tener una mirada crítica de cómo estos derivan en la abolición de la identidad y autonomía propias.
    Los personajes en el cuento representan parte de los tipos de estigma descritos en el texto Estigma hacia los trastornos mentales: características e intervenciones. El autoestigma de María, quien termina internalizando las actitudes negativas recibidas al ser considerada una “interna” más del sanatorio como parte del propio y naturalizado estigma institucional ejercido por diversos funcionarios. El estigma en la familia y el estigma público no se contemplan en el cuento.
    Posteriormente, podría decirse que los movimientos por los derechos humanos se ven representados por las ruinas del hospital. Esto último me lleva a pensar en el apoyo social descrito en el texto Estructura social, apoyo social y salud mental. En el cuento, desde la perspectiva de López y Sánchez, no hubo provisión instrumental, pues no se le proporcionó recursos o ayuda práctica para salir del encierro injusto. Tampoco hubo provisión expresiva, ya que María no recibió consuelo emocional ni reafirmación de su identidad o de su relato, es más, fue tratada como alguien desechable y su voz quedó completamente invalidada.
    Hoy en día persiste un fenómeno similar de otras formas de exclusión y estigmatización. Las personas con sufrimiento psíquico siguen enfrentando barreras sociales a manera de muros invisibles. Ya no se expresa (aunque no siempre) mediante el encierro físico, se expresa tácitamente a través de la pérdida de oportunidades y la invalidación del relato personal.
    El artículo de Marcelino y colegas refuerza que el estigma no es solo un problema de prejuicios individuales, sino un fenómeno estructural que se reproduce desde políticas públicas, mediante medios de comunicación, pasando por sistemas educativos y/o de salud hasta lo cotidiano en el entorno inmediato. Lo anterior dificulta el acceso a apoyos reales y percibidos, favoreciendo la exclusión y la cronificación de problemas de salud mental.
    En mi experiencia, también puedo notar cómo aún se perpetúa el estigma dentro de servicios de salud mental. Forma parte del día a día desde diversas intenciones, por ejemplo, desde la intención de buscar que el paciente “encaje” en lo que se espera socialmente de él, anulando así su experiencia subjetiva. Esto me lleva a pensar que, aunque los contextos cambian, el desafío de luchar contra el estigma sigue vigente. Para aquello, se requieren estrategias de transformación cultural profunda como las intervenciones descritas por Franco Mascayano y colegas, que buscan reconstruir redes de apoyo genuinas que reconozcan la voz, los derechos y la dignidad de las personas con malestar mental.

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    1. Gracias por tu reflexión, me parece muy acertada. Coincido plenamente en lo que planteas al final: el estigma sigue estando presente incluso en espacios donde se supone que debería haberse superado. Esa idea de moldear al otro para que "encaje" puede ser muy sutil, pero profundamente dañina, porque invisibiliza la singularidad y vulnera la dignidad. Como señalas, el cambio requiere algo más que buena voluntad, se necesitan intervenciones profundas que promuevan un reconocimiento real de la experiencia del otro, como propone el enfoque comunitario que rescata Mascayano.

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  38. Al leer lo planteado por Marcelino López, notamos la importancia de intervenir en el estigma como una dimensión central en salud mental, ya que muchas veces son las actitudes sociales, más que los síntomas clínicos, las que refuerzan la exclusión, el sufrimiento y la cronificación. En este sentido, el cuento de García Márquez se convierte en una metáfora del estigma institucional: una mujer que sufre una falla mecánica termina ingresada por error en un hospital psiquiátrico, donde todo su relato es invalidado, su identidad es puesta en duda, y su necesidad de ser escuchada es anulada. Resulta inquietante cómo los factores sociales, afectivos y burocráticos van sellando su destino. Nadie la escucha realmente, ni siquiera su pareja, quien termina convencido de la versión médica. Es una ficción que refleja con crudeza lo que ocurre cuando el entorno (incluido el sistema de salud, los profesionales y las relaciones cercanas) se vuelve incapaz de validar la experiencia del otro. La historia evidencia que el estigma no sólo vive en los prejuicios, sino en las prácticas cotidianas que despojan a las personas de agencia y de credibilidad.

    Los textos nos invitan a cuestionarnos éticamente: ¿estamos contribuyendo a una transformación real o seguimos, desde nuestras prácticas diarias reproduciendo dinámicas de exclusión y desconfianza? Muchas veces, por comodidad o por inercia, se tiende a sostener estructuras que juzgan y deslegitiman a los usuarios. En mi experiencia, tanto en contextos clínicos como fuera de ellos, el cambio suele generar resistencia. Por eso valoro especialmente el llamado a mantener una escucha genuina, sin prejuicios, y a acoger con respeto aquello que las personas deciden compartirnos.

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