La medicina egipcia antigua, la angustia mental, el estrés emocional y el corazón.


El Papiro de Ebers es uno de los documentos médicos más antiguos y completos que han sobrevivido desde el Antiguo Egipto. Fechado alrededor de 1550 a.C. durante el reinado de Amenhotep I, se cree que fue copiado de textos aún más antiguos. El papiro fue encontrado en Tebas en el siglo XIX y toma su nombre de Georg Ebers, el egiptólogo alemán que lo adquirió en 1873.

Contenido y estructura

El papiro tiene aproximadamente 110 páginas y mide unos 20 metros de longitud. Está escrito en hierático, una forma cursiva de la escritura jeroglífica, y contiene más de 800 recetas y tratamientos médicos, que abordan una amplia variedad de dolencias y condiciones, desde afecciones internas hasta problemas de la piel, el cabello y los dientes. También incluye observaciones sobre enfermedades oculares, ginecológicas y parasitarias, lo que lo convierte en una fuente crucial para entender la medicina egipcia.

Además de los tratamientos médicos, el Papiro de Ebers proporciona una visión del conocimiento médico en el contexto del pensamiento mágico-religioso de la época. Los remedios no solo consisten en ingredientes naturales como plantas, minerales y partes de animales, sino que también incorporan conjuros y encantamientos, lo que refleja la creencia egipcia de que muchas enfermedades tenían un origen divino o espiritual.

Importancia en la historia de la medicina

El Papiro de Ebers es relevante porque ofrece una visión detallada de la farmacología antigua. Muchos de los ingredientes descritos en las recetas tienen efectos medicinales comprobados, como el uso de miel como antiséptico o el uso de plantas con propiedades laxantes. También presenta un enfoque sorprendentemente metódico, con descripciones claras de síntomas y prescripciones específicas, lo que sugiere que los médicos egipcios tenían un nivel avanzado de conocimiento empírico.

Perspectiva académica

Desde una perspectiva académica, el Papiro de Ebers es un objeto de estudio fundamental para historiadores de la medicina, antropólogos y egiptólogos, ya que proporciona evidencia directa del vínculo entre la ciencia médica y la cosmología religiosa en las sociedades antiguas. El texto ilustra cómo los egipcios intentaban comprender el cuerpo humano y las enfermedades a través de una combinación de observación empírica y prácticas rituales.

El Papiro de Ebers no solo es un tratado médico, sino que también refleja la cosmovisión egipcia en torno a la salud, la enfermedad y la muerte. Es un testimonio invaluable de los esfuerzos humanos por combatir el sufrimiento físico a través del conocimiento, la observación y el ritual, lo que lo convierte en una de las fuentes más importantes para el estudio de la medicina antigua.

El Papiro de Ebers, aunque es un texto médico clave del Antiguo Egipto, no contiene referencias directas a lo que hoy entendemos como enfermedad mental en el sentido moderno de la psiquiatría. Sin embargo, desde una perspectiva académica, es posible identificar descripciones de síntomas y afecciones que podrían interpretarse en términos de alteraciones psicológicas o de lo que más tarde sería conceptualizado como trastornos mentales.

Contexto cultural y conceptualización de la salud mental

En el contexto del Antiguo Egipto, las causas de las enfermedades, tanto físicas como psicológicas, estaban fuertemente asociadas con el mundo espiritual y los dioses. Las dolencias del cuerpo y de la mente solían ser vistas como castigos divinos, posesiones espirituales o desequilibrios provocados por fuerzas sobrenaturales. Por lo tanto, las enfermedades que hoy clasificaríamos como mentales, como la depresión o la ansiedad, podrían haber sido entendidas como trastornos causados por espíritus malignos o deidades.

El Papiro de Ebers describe ciertos comportamientos y síntomas que podrían asociarse con lo que hoy denominamos trastornos mentales. Por ejemplo, menciona la sensación de "estar perturbado" o "tener el corazón atrapado", lo que, en términos modernos, podría sugerir una condición similar a la angustia mental o el estrés emocional. Estas afecciones se trataban en el contexto de la medicina mágica, combinando tratamientos a base de hierbas con conjuros y rituales destinados a calmar o expulsar los espíritus malignos responsables de la alteración del individuo.

Interpretaciones modernas

Los académicos que han estudiado el Papiro de Ebers señalan que, aunque los egipcios no conceptualizaban la mente y el cuerpo de manera dualista como lo hacemos en la actualidad, es posible rastrear una forma primitiva de tratamiento para trastornos emocionales o conductuales. Estos se vinculaban al corazón, considerado el centro de las emociones y del pensamiento en la concepción egipcia. En lugar de un sistema médico que separara las enfermedades físicas de las mentales, el enfoque egipcio era holístico, abordando ambas dimensiones de manera unificada bajo el marco de influencias espirituales o divinas.

Tratamientos descritos

El papiro describe una serie de remedios y prácticas que podrían aplicarse a personas que hoy serían diagnosticadas con trastornos de ansiedad o psicosomáticos. Estos incluían:

  1. Infusiones de hierbas calmantes.
  2. Baños rituales para purificar el cuerpo y el espíritu.
  3. Conjuros y oraciones dirigidos a apaciguar a los dioses o espíritus.

Estos tratamientos no diferenciaban entre lo que hoy entendemos como causas físicas o psicológicas, ya que ambas esferas se consideraban entrelazadas en la cultura médica egipcia.

Reflexión crítica desde la psiquiatría moderna

Desde una perspectiva académica contemporánea, es posible hacer una comparación crítica entre las nociones espirituales egipcias sobre la causa de las dolencias mentales y los conceptos actuales de la psicopatología. Si bien los egipcios no desarrollaron una teoría de la enfermedad mental como la entendemos hoy, el uso de rituales y remedios que inducían calma o alivio emocional podría interpretarse como una proto-psiquiatría o una forma primitiva de tratamiento de alteraciones psicológicas.

Los estudios de historia de la medicina, como los de Charles E. Rosenberg o Nikolas Rose, podrían interpretar estos rituales y recetas como manifestaciones tempranas de los intentos humanos por dar sentido y tratar las dolencias psíquicas, mostrando que las sociedades antiguas ya consideraban la dimensión mental de la salud, aunque enmarcada en términos religiosos y mágicos.

Desde la perspectiva de la medicina egipcia, el órgano que se consideraba el centro de las alteraciones emocionales y de la vida mental era el corazón. En la cosmovisión médica y espiritual del Antiguo Egipto, el corazón no solo se entendía como el órgano vital encargado de la circulación sanguínea, sino también como el asiento de las emociones, el intelecto, y la conciencia. Los egipcios creían que todas las facultades mentales y espirituales, incluidos los sentimientos, el pensamiento racional y la moralidad, estaban intrínsecamente ligadas al corazón.

El corazón v/s el cerebro en la antigua medicina egipcia

En los textos médicos egipcios, como el Papiro de Ebers y el Papiro de Edwin Smith, se hace referencia al corazón de manera prominente cuando se trata de describir síntomas y trastornos emocionales o psicológicos. Estas fuentes reflejan que los médicos egipcios observaban que las alteraciones emocionales podían manifestarse a través del cuerpo, y que muchas dolencias que hoy podríamos interpretar como psicosomáticas tenían su origen en el corazón.

El corazón se consideraba también el principal medio de comunicación con los dioses y el lugar donde se reflejaban las acciones morales. Después de la muerte, el corazón era simbólicamente pesado en la balanza de la justicia, en el juicio del dios Osiris, para determinar si el alma del difunto merecía la vida eterna. Este vínculo profundo entre lo emocional, lo espiritual y lo moral revela la centralidad del corazón no solo en la vida física, sino también en la mental y ética.

Tratamientos relacionados con el corazón y las emociones

En términos de tratamiento, la medicina egipcia incluía diversas intervenciones que, desde su perspectiva, actuaban sobre las alteraciones emocionales a través del corazón. Los rituales mágicos y las recetas herbales dirigidos al corazón no solo pretendían curar enfermedades físicas, sino también equilibrar las emociones y calmar estados de ánimo alterados. Los conjuros y amuletos solían estar orientados a proteger el corazón de influencias malignas que pudieran perturbar la estabilidad emocional de una persona.

Análisis académico

Desde una posición académica, podemos interpretar esta centralidad del corazón en la medicina egipcia como un enfoque holístico en el que el cuerpo, las emociones y el espíritu eran inseparables. Los egipcios no desarrollaron una concepción dualista como la que posteriormente se observaría en la medicina occidental, donde mente y cuerpo se tratan de manera separada. Por el contrario, el corazón funcionaba como un centro unificador que abarcaba tanto las funciones fisiológicas como las emocionales y espirituales, lo que se reflejaba en las prácticas médicas y religiosas.

Esta cosmovisión pone de relieve cómo las culturas antiguas integraban sus creencias espirituales en su comprensión del cuerpo humano, y cómo los aspectos emocionales y psicológicos eran tratados en el marco de su interpretación sobre el funcionamiento del cuerpo.

¿Cumplía algún rol el cerebro en eses contexto?

En el contexto de la medicina y cosmología egipcia, el cerebro tenía un rol relativamente secundario en comparación con el corazón, que era considerado el centro de las emociones, el intelecto y la conciencia. De hecho, los antiguos egipcios no atribuían al cerebro las funciones cognitivas y emocionales que hoy sabemos que tiene. En los textos médicos egipcios, como el Papiro de Ebers y el Papiro de Edwin Smith, hay menciones al cerebro, pero su importancia era vista de manera muy distinta a la que se le da en la medicina moderna.

Rol del cerebro en la medicina egipcia

En la medicina egipcia, el cerebro se menciona principalmente en relación con lesiones craneales o traumas en la cabeza. Por ejemplo, en el Papiro de Edwin Smith, que es uno de los textos médicos más detallados sobre cirugía y traumatología, hay descripciones de casos de heridas en la cabeza que afectan al cerebro, así como las observaciones médicas sobre el daño cerebral y sus efectos en el cuerpo. Este papiro describe tratamientos que debían aplicarse en casos de fracturas craneales y otras lesiones de la cabeza, lo que sugiere que los médicos egipcios reconocían la importancia del cerebro en el control de funciones motoras y corporales, pero sin vincularlo a procesos mentales o emocionales.

El cerebro y la cosmología egipcia

Curiosamente, durante el proceso de momificación, los egipcios solían extraer el cerebro a través de la nariz y desecharlo, mientras que el corazón se dejaba intacto en el cuerpo o se devolvía después de ser tratado. Este tratamiento diferenciado entre el cerebro y el corazón refleja la baja consideración del cerebro en la cosmología egipcia, ya que se creía que el corazón era el órgano que el difunto necesitaría en el más allá para ser juzgado en el tribunal de Osiris, mientras que el cerebro no era considerado esencial para la vida después de la muerte.

Perspectiva académica: el cerebro en contraste con el corazón

Desde una perspectiva académica, podemos ver que los egipcios tenían una comprensión bastante limitada del rol del cerebro en las funciones mentales y emocionales. Esto es comprensible dado el conocimiento anatómico y médico de la época, que se basaba más en la observación de síntomas externos y en un marco cosmológico donde el corazón tenía un estatus espiritual y funcional superior. El hecho de que el cerebro no fuera preservado durante la momificación y que no se le asignaran funciones cognitivas significativas refleja la creencia de que las capacidades intelectuales y emocionales estaban completamente centradas en el corazón.

Aunque los egipcios reconocían que el cerebro desempeñaba un papel en las funciones físicas, como el movimiento, no lo consideraban central para la vida mental o emocional. El corazón era el órgano primordial tanto en la vida cotidiana como en el más allá, mientras que el cerebro cumplía un rol meramente biológico en situaciones específicas, como lesiones. Esta diferencia en el valor atribuido al corazón y al cerebro ilustra las particularidades de la medicina egipcia antigua, que fusionaba estrechamente lo biológico con lo espiritual.

 

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