TRABAJO OBLIGATORIO DEL 01 AL 14 DE OCTUBRE: El Modelo Comunitario de Atención en Salud Mental en Chile. Antecedentes.


Juan Marconi Tassara en Italia, en el pueblo de origen de su familia

"Era una mañana de abril o mayo de 1968. Los estudiantes de la Facultad de Medicina discutían acaloradamente en el Auditorio Emilio Croizet acerca de ese momento en el proceso de Reforma Universitaria. Uno de los estudiantes alegaba que no era posible, que el orden y la autoridad del decano, que el Claustro de los profesores… Mi amigo Rodrigo Rojas Mackenzie, recordando su paso por la Escuela de Medicina de Concepción, me comentó indignado: “¡Cómo es posible que dejen hablar a tipos como ése…! En Conce se le da un solo cachetazo…”. La discusión apasionada continuó. De pronto todos los estudiantes comenzaron a darse vuelta y a mirar hacia la parte superior del auditorio. Sentado en una de las últimas gradas –en ese entonces no tenía butacas–, con sus largas piernas dobladas, estaba Juan Marconi Tassara, profesor de la Cátedra Extraordinaria de Psiquiatría, primer profesor del Claustro de la Facultad que abandonaba esos ámbitos académicos y se sumaba al bullente movimiento estudiantil. Creo que éste fue el inicio de la presencia pública de Juan Marconi. El hasta entonces psiquiatra experto en alcoholismo, que había estudiado los efectos de la coagulación del núcleo dorsomedial del tálamo y ahora se preocupaba por las definiciones operacionales del beber excesivo útiles a estudios epidemiológicos, se entregaba por entero a la reforma de los estudios de medicina. Entonces vino la ‘teoría del calcetín’ y su discusión en los debates del momento. Marconi destacaba algo que era sentido por todos los estudiantes de medicina: el árido paso por las ciencias básicas para encontrarse con un paciente solo después de mucho tiempo, y proponía dar vuelta el calcetín para que el paciente estuviera primero y las ciencias básicas se entendieran con el apoyo motivacional de la clínica. Después vino la elección del nuevo decano, en que Marconi, la expresión más auténtica del ánimo de la reforma, fuera superado por Alfredo Jadresic, quien tenía detrás suyo el aparato político de la Unidad Popular. Después vino el traslado al Área Sur y entonces la estrategia intracomunitaria para enfrentar la salud mental comienza a desarrollarse y aplicarse: en alcoholismo, en neurosis y en privación sensorial. En 1973 Marconi publica en Acta Psiquiátrica y Psicológica para América Latina su conocido texto “La revolución cultural chilena en programas de salud mental”. ¡Y el resto es historia!

Aquí hay aspectos por aclarar. Es cierto que lo de la “revolución cultural” aparece en el texto asociado a citas del Libro Rojo de Mao; es cierto que se trataba de asimilar algunos aspectos muy limitados de la relación intelectuales-pueblo con la relación entre personal sanitario y población periférica. Es cierto que algunas referencias a la sociedad de clases, a la evolución de la humanidad de acuerdo a los ‘modos de producción’, provienen de una versión gruesa de la obra de Marx; en este caso, la versión divulgativa de Marta Harnecker. Pero a quien conoció al personaje no se le puede pasar por la cabeza alguna asociación entre Juan Marconi y el marxismo, cosa que así aprecio en algunas lecturas actuales. La idea de ‘revolución cultural’ apuntaba a destacar las diferencias culturales existentes entre el mundo de las instituciones sanitarias, incluido su personal, y el mundo de la población que debía ser atendida por los primeros. El mundo institucional sanitario entendía el problema de manera tecnocrático-institucional: la prevalencia de problemas de salud mental permite estimar las necesidades de atención, es decir, uno de los términos de la ecuación; los recursos humanos presentes y su tasa de incremento permiten estimar el otro de los términos; y de su relación, las posibilidades de satisfacción de esas necesidades. Si se procediera según esos criterios, contar con cifras satisfactorias solo sería posible después de 462 años: varias vidas de frustraciones y desesperanzas, y eso en caso de que todo funcionara óptimamente. Por consiguiente, para Marconi era fundamental subvertir esa manera de entender. Y eso era la ‘revolución cultural’: perturbar ese orden de pensar, estableciendo nuevas formas de atender las necesidades y entendiendo a la comunidad como una fuente ilimitada de creatividad y recursos. Mao y su Libro Rojo y Marx en versión harneckeana están al alcance de la mano. Hasta 1973 la revolución está de moda. Pero nada de esto puede hacer de Juan Marconi un adalid del marxismo. El punto más serio de mi propuesta o alegato, y lo que más me preocupa, tiene que ver con que no es posible que sea necesario haber conocido al personaje para alertar sobre este tipo de lecturas desmesuradas. Los que coincidimos en algún momento de la historia con Marconi estamos envejeciendo y más temprano que tarde no estaremos aquí. Obviamente, éste es un caso muy específico, pero cosa similar puede ocurrir cuando nos interesemos en Ignacio Matte Blanco o, por ir más lejos, en Augusto Orrego Luco y su idea de la cuestión social. ¿Qué se puede hacer, entonces? Aquí es donde entra una vez más la historia y sus exigencias permanentes de contextualizar, de recurrir al diálogo interdisciplinario, de intentar aprehender la totalidad. ¿Cómo llegó a Chile y cómo se entendió acá la revolución cultural en China? ¿Qué ocurría en nuestro país con el debate chino-soviético?, ¿qué relación tenía Marconi con todo eso? ¿De qué tipo eran las fuentes que Marconi utilizaba? La gente suele hacer cosas con lo que dice, además de predicar o denotar algo acerca de ellas. ¿Qué quería hacer Marconi con las cosas que dijo en el momento de la reforma, o después, al irse al Área Sur? La experiencia de Marconi es, una vez más, una expresión de la injerencia de las ciencias sociales en salud. ¿A qué tipo de sociología o de antropología tuvo acceso Marconi? ¿Cómo se construye esa idea de comunidad que él expone? En salud pública, así como en tantas otras cosas, la historia ofrece un punto de apoyo imprescindible. Los contenidos o referentes esenciales que aporta la historia alimentan, encauzan y ordenan nuestro pensamiento, ayudándonos así a orientarnos y a pensar con sentido, entendimiento y razón, como dice la canción."

Necesidades de la historia: a propósito de Juan Marconi. Texto de Jorge Gaete, publicado como Editorial de la Revista Chilena de Salud Pública, Rev Chil Salud Pública 2017; Vol 21 (2): 111-112

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Durante la quincena del 07 al 20 de diciembre 

LEER OBLIGATORIAMENTE:

Norambuena, Pablo. (2016) La psiquiatría intracomunitaria, la psicología y el contexto local en su desarrollo, 1968-1973. Trazos para una historia de la psicología comunitaria en Chile. En Mardones R (ed), Historia local de la psicología. Santiago: RIL-UST.

Marconi, Juan (1971) Asistencia psiquiátrica intracomunitaria en el área sur de Santiago. Bases teóricas y operativas para su implementación (1968/1970). ACTA Psiquiátrica y Psicológica de América Latina, Vol. XVII, N° 4: 3-12. 

Lea el libro Psiquiatría Comunitaria en el sur de Chile: Temuco y Nueva Imperial, 1968-1973, de Rosa Torres y Claudia Araya

Marconi, Juan. (1973)"La revolución cultural chilena en programas de salud mental". Acta. psiquiàt.psicol. Amer.lat.1973, 19, 17. 

Vea el Video de la entrevista al Dr. Martín Cordero en La Internacional de Allendehttps://vimeo.com/455416181


LEER AL MENOS UNO DE LOS SIGUIENTES TEXTOS

Araya, Claudia y Leyton, César (2017)  La vía chilena a la psiquiatría social. Propuestas y debates en torno al cambio del asistencia mental . En Huertas R,(Ed.) Políticas de salud mental y cambio social en América Latina. Ed. Catarata, Madrid

Mendive, Susana. (2004). Entrevista al Dr. Juan Marconi, Creador de la Psiquiatría Intracomunitaria: Reflexiones Acerca de su Legado Para la Psicología Comunitaria Chilena. Psykhe (Santiago)13(2), 187-199. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-22282004000200014

LEER OPCIONALMENTE

Comunidad, Salud Mental Y Psicología. Raíces De La Psicología Comunitaria En Chile: Pensamiento, Práctica Y Desarrollo De Programas De Salud Mental Comunitaria Y Otras Iniciativas De Enfoque Comunitario, Entre 1960-1973 . Tesis Doctoral de Pablo Norambuena Cárdenas. Doctor en Psicología, Académico de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile

El Dr. Juan Marconi Tassara: impulsor de la Psiquiatría Comunitaria. Dr. Enrique Escobar Miguel

Semblanza de Juan Marconi Tassara. Dr. Alberto Minoletti Scaramelli

Muñoz, Marcelo (2011). Consideraciones iniciales entorno al trabajo de Juan Marconi en Chile: el abordaje intracomunitario en salud mental. III Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XVIII Jornadas de Investigación Séptimo Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología - Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

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RECORDAR QUE  LOS COMENTARIOS DEBEN INCLUIR : (1)LAS LECTURAS Y VIDEOS; (2) SUS EXPERIENCIAS Y APRENDIZAJES PREVIOS y (3) LOS COMENTARIOS DE SUS COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS EN EL CURSO

Nuestra Reunión virtual será el lunes 14 de octubre a las 19:00 hrs.

Comentarios

  1. Los textos mencionados exploran un periodo clave en el desarrollo de la psiquiatría y psicología comunitaria en Chile entre 1968 y 1973. Durante ese tiempo, se promovió un enfoque que integraba la atención de la salud mental dentro del contexto local y social, buscando democratizar los servicios psiquiátricos y adaptarlos a las realidades culturales del país. Esto marcó una transición importante hacia una mirada más comunitaria y menos centrada en el individuo, subrayando la necesidad de políticas públicas que garantizaran el acceso equitativo a la atención en salud mental.

    Pablo Norambuena, por ejemplo, destaca la importancia de este desarrollo histórico al conectar los factores sociales con la atención psiquiátrica, mientras que Juan Marconi (1971) resalta cómo la psiquiatría intracomunitaria implementada en el sur de Santiago trataba de integrar a las comunidades en el cuidado de la salud mental. En el sur de Chile, según Torres y Araya (2016), se logró adaptar estos programas a las particularidades socioculturales de zonas rurales, ofreciendo un enfoque preventivo y respetuoso de las diferencias culturales. Este modelo integraba saberes locales y promovía la participación comunitaria en la atención de la salud mental.

    A través de estos textos, se observa cómo el enfoque comunitario no solo atendía a los trastornos mentales, sino que buscaba transformar la relación entre la sociedad y la salud mental, considerándola un derecho social, como Marconi (1973) planteaba. En mi experiencia personal, la transición de un enfoque tradicional a uno más comunitario en mi atención psiquiátrica fue crucial para entender la importancia de los factores sociales y del apoyo colectivo, mostrando cómo un enfoque holístico y comunitario puede ser más efectivo en el proceso de sanación. Incorporando las características culturales de la población atendida por ejemplo en la salud mental desde enfoque intercultural, elemento que no estaba incorporado en mi trabajo previo como medico venezolana, elemento que favoreció mi conexión con los pacientes de la décima región.

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    1. Estimada Michelle:

      Coincido con lo que mencionas sobre la importancia del proceso que tuvo lugar en nuestro país durante la década de los 60. Este enfoque promovía una visión integradora y holística, involucrando a la comunidad en la sanación del paciente y facilitando su comprensión de la enfermedad que padecía. Se establecieron diferentes niveles en el proceso de recuperación, adaptándose a la realidad de un país donde el acceso a una atención de calidad era limitado, especialmente en las áreas rurales.

      Lamentablemente, como se puede escuchar en el relato del Dr. Cordero, este avance hacia la desinstitucionalización y un modelo comunitario se truncó debido al golpe cívico-militar de 1973. Muchos médicos, incluido el Dr. Cordero, se vieron obligados a exiliarse, dejando en el aire la especulación sobre lo que podría haber sucedido si el proceso se hubiera llevado a cabo sin interrupciones. ¿Cómo sería hoy nuestra salud mental? Muchos pacientes quedaron sin el seguimiento y el apoyo que necesitaban, lo que aumentó los trastornos psiquiátricos, exacerbados por violaciones a los derechos humanos. Además, muchos profesionales que aspiraban a una atención más digna fueron reprimidos o exiliados.

      Quisiera compartir mi experiencia en el Cesfam Monteáguila, donde tuve la oportunidad de participar en varias ferias de salud mental. Allí distribuimos folletos informativos redactados en un lenguaje sencillo, con el objetivo de prevenir y alertar a las personas sobre la importancia de consultar oportunamente ante síntomas de alarma. También organizamos actividades recreativas que ofrecían un espacio para que los pacientes compartieran experiencias y discutieran diversas temáticas.

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    2. Me gusta ver como trabajaban en otros CESFAM, yo fui la coordinadora y medico asesor de salud mental por 5 años y la verdad es que donde mejor nos fue con la población fue en las actividades grupales y masivas desde los cine foros de salud mental, un programa de radio sobre prevención en salud mental así como las ferias adolescentes en conjunto con espacio amigable y la actividad de un concurso de cómic anual sobre el suicidio que se convirtió en un evento esperado por la población cada año.

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  2. A partir de la lectura de los textos y del video, me gustaría comentar que me llamó la atención el inicio de la psiquiatría comunitaria en Chile en la década de 1960, así como el proceso de desinstitucionalización de los servicios de salud mental. Este movimiento surgió en respuesta a una demanda social de la época, buscando atender a una población que tenía dificultades para acceder a tratamientos para sus patologías psiquiátricas. En 1968, Marconi lanzó la psiquiatría intracomunitaria, un enfoque que promovía la atención de estos pacientes en diversas instituciones comunitarias, con el objetivo de evitar los altos costos en infraestructura y equipos profesionales. Este modelo se sustentó en la delegación de funciones, permitiendo que cada profesional asumiera un rol específico en la mejora del paciente. Para cada patología, se establecieron tres objetivos fundamentales: prevención, diagnóstico y tratamiento, definiendo un mínimo necesario para ofrecer una respuesta efectiva.

    Asimismo, resulta notable que el modelo reconozca la brecha en la gestión de la información entre médicos y pacientes, lo que llevó a establecer distintos niveles de atención para empoderar a la población en el manejo de su propia salud.

    Sin embargo, como explica el Dr. Cordero en el video, su experiencia como pionero de un hospital psiquiátrico comunitario en la región de la Araucanía, y su trabajo en rehabilitación psiquiátrica tras conocer al Dr. Bennett, lo llevaron a transformar este centro en un referente para otros países de Latinoamérica, gracias al apoyo de la OPS. Lamentablemente, este proceso se vio interrumpido por el golpe cívico-militar de 1973, que resultó en su injusto exilio en Inglaterra junto a su familia. Esta situación no solo lo afectó a él, sino también a muchos que aspiraban a consolidar la psiquiatría comunitaria en nuestro país.

    También es importante mencionar el libro de Claudia Araya, que documenta los esfuerzos por implementar el modelo comunitario en Temuco y Nueva Imperial. Este enfoque busca ofrecer un trato más humanizado y holístico a las personas, reafirmando que trabajar en comunidad es esencial para identificar las dificultades y empoderar a las personas en el ámbito de su salud mental, respetando de manera integral las costumbres locales de la población. Además, se hace referencia a la historia del Dr. Cordero, abordada previamente.

    En la actualidad, considero fundamental reafirmar este modelo comunitario en nuestro país, donde se valide realmente a la comunidad en la búsqueda de soluciones a sus propios problemas. Para lograrlo, es necesario descentralizar los servicios, permitiendo un trabajo más segmentado que asegure soluciones tangibles. Es crucial continuar empoderando a las personas en su salud mental y eliminar los estigmas que existen en la población, lo que fomentará una mayor participación comunitaria.

    En mi experiencia personal, trabajando en el CESFAM Monteáguila, quisiera compartir la historia de una paciente que sufría de duelo patológico tras el fallecimiento de uno de sus hermanos. Esta paciente fue atendida y escuchada por un psicólogo del equipo de salud mental, quien la invitó a participar en un grupo de apoyo junto a otros pacientes del programa. A partir de esta experiencia, logró hacer amistades y redescubrir su pasión por la jardinería, creando un huerto en su casa. Esto atrajo a otros pacientes a visitarla y conversar, lo que resultó en una mejora significativa en su salud mental y en la de otros usuarios. Este caso ilustra claramente la importancia de la comunidad en el proceso de recuperación de nuestros pacientes.

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    1. Estimado:

      Respecto a tu experiencia en CESFAM, me parece super valorable y un claro ejemplo de cómo con simples acciones podemos mejorar la salud mental y la vida de nuestros pacientes. Además, rescato la importancia del uso de estrategias no farmacológicas, simples, de bajo costo y colectivas; como los grupos o la jardinería. Que quizá se alejan de la práctica psiquiátrica diaria dentro del box, pero me gustaría que no nos fuesen prácticas tan ajenas.

      A partir de las lecturas, además, quisiera pensar que nuestra agenda médica-psiquiátrica podría mutar paulatinamente a una parte asistencial-clínica (por ejemplo, las mañanas para recetas, atenciones, etc) y otra parte robusta para acudir a las comunidades en terreno, con los saberes del psiquiatra, pero aportando desde lo humano también, ayudando en la construcción por ejemplo, del jardín de tu paciente.

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    2. Alejandro:

      Coincido plenamente con tus palabras. Es lamentable ver cómo tantas iniciativas fueron relegadas tras la dictadura, y, como mencionan los autores, la salud mental no fue la excepción. Es inspirador reconocer que nuestros colegas nunca se rindieron y han luchado por avanzar en un sistema que continúa en construcción hasta hoy.

      En relación a tu experiencia en APS, considero que es un claro ejemplo de que, a pesar de la falta de recursos, se pueden llevar a cabo intervenciones significativas impulsadas por la voluntad de "crear un cambio".

      ¡Saludos!

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  3. En primer lugar, Martín Cordero, figura clave en la promoción de la psiquiatría comunitaria en Chile. Junto a Ruth Obrecht, y sin pertenecer a un partido político, se involucra en la creación de un modelo de psiquiatría que prioriza la atención comunitaria y la inclusión de los pacientes en su tratamiento. Se da cuenta de los problemas psicosociales y del trato a los pacientes psiquiátricos en Chile, y se esfuerza por implementar un enfoque que permita a la comunidad participar y vincularse activamente en la solución de sus problemas de salud mental. Este trabajo es llevado a cabo en un inicio en Temuco (y sus localidades aledañas) y con la comunidad Mapuche. Lejos del gran Santiago, mostrándonos que esta quimera es posible, con estudio, disciplina y convicción.

    En la misma senda, Juan Marconi lidera el Programa de Psiquiatría Intracomunitaria, que se centra en la integración de la comunidad en el tratamiento y la prevención de problemas de salud mental en la zona sur de Santiago, en alcoholismo inicialmente para obreros y campesinos. Posteriormente se agregarían neurosis y un programa de privación sensorial. Uno de los aspectos más innovadores del programa fue la creación de unidades de adiestramiento; la enseñanza programada de conocimientos y habilidades desde los niveles más altos de la pirámide hasta los más bajos, utilizando un lenguaje ajustado a la realidad de los participantes. Los resultados, demostraron un éxito significativo en la reducción del consumo de alcohol en la población intervenida.

    Cordero y Marconi comparten, así como una buena parte de los chilenos; la interrupción de sus proyectos debido al golpe militar, resultando en la represión de muchos de estos esfuerzos y en la desarticulación del sistema de atención en salud mental. Creo que el maltrato a los pacientes con condiciones de salud mental evidenciado en amenazas tipo “si salen del hospital les disparamos” o el cese de estos programas de corte comunitario, va en plena línea con la dictadura; coartar toda acción que le otorgue capacidad de agencia a los pobladores y las comunidades, manteniendo y profundizando el “status quo”.
    Ambos proyectos, tienen valores relevantes; se forjan bajo una ideología de izquierda, empoderando a las bases, desde las comunidades y no desde la academia. Destaco también que estos no son proyectos realizados con improvisación, tienen propósitos bien fundamentados desde lo teórico y excelentemente bien organizados desde lo práctico. Siento en lo personal, y me ha tocado verlo cuando he participado de oyente en agrupaciones como las juventudes comunistas, socialistas o colectivos escolares y universitarios, que a veces nos hemos quedado en declarar buenas intenciones, en proyectos más fundados en ganas que en bibliografía y evidencia. Considero que los cambios profundos deben ir necesariamente acompañados con conocimiento, así también de un amor por lo que hacemos, en consonancia con Cordero y Marconi.

    Es digno de análisis como en países como Chile la política y la salud se entrelazan de maneras complejas. La crítica que puede surgir aquí se centra en la fragilidad de las iniciativas sociales en el campo de la salud mental ante estructuras de poder autoritarias. A pesar de que la psiquiatría comunitaria representa un avance significativo hacia la normalización y desestigmatización de la atención a pacientes psiquiátricos, su éxito está condicionado por factores externos que, en última instancia, pueden revertir los progresos logrados. La Salud Mental es fundamentalmente un asunto de derechos humanos y dignidad, y no debe estar sujeta a los vaivenes de la política, sino que debería ser un pilar del bienestar social.

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    1. Estimada Francisca, estoy de acuerdo con que la salud mental es un asunto que se relaciona directamente con los derechos humanos y dignidad. Sin embargo, creo que esto inevitablemente se relaciona a la política por el hecho que los derechos se ganan o pierden a través de movimientos políticos; la legislación se encuentra en el marco del ejercicio político. Ahora bien, estando de acuerdo contigo en que debería ser un pilar de bienestar social, tal vez podría ser menos voluble en la medida de que se garantizara su prioridad y fortaleza en la constitución del país. No soy versado en leyes, por lo que me pregunto si ¿será necesario un cambio constitucional para asegurar a los ciudadanos y ciudadanas cuidados en salud mental? o ¿es que necesitamos nuevas leyes?. Saludos

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    2. Estimad@s.
      Lamentablemente el golpe de estado detuvo estos maravillosos proyectos de psiquiatría comunitaria, sin respetar a los pacientes bajo tratamiento, ni a los profesionales que habían dedicado toda su energía en llevar a cabo estas valiosas experiencias, ni los derechos fundamentales. Es impactante el testimonio del dr. Cordero en su entrevista, que describe cómo después del golpe de estado dejaron a un militar a cargo del hospital, que decía que cualquier enfermo psiquiátrico que se saliera del hospital le iban a disparar, que “no querían ver más locos en el pueblo” y que finalmente el doctor haya tenido que irse. Una época lamentable que terminó en el desmantelamiento de tan valiosas iniciativas. Queda reflexionar, qué habría pasado si todas aquellas experiencias hubiesen tenido más tiempo para poder desarrollarse sin interrupciones. Estas experiencias nos hacen replantear lo importante de apoyar la investigación y la necesidad de acoger nuevas iniciativas que permitan seguir desarrollando el modelo comunitario; como psiquiatras debemos educar a la población y a los políticos y líderes comunitarios de las ventajas de este modelo, en un contexto país de alta prevalencia de trastornos de salud mental, con énfasis en la prevención y promoción.

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  4. Quisiera en esta oportunidad destacar un par de asuntos que me resultan relevantes, a la hora de reflexionar sobre la historia de la psiquiatría comunitaria en Chile.

    Primero, reconocer el aporte del Prof. Marconi y el Dr. Cordero en el desarrollo de programas democráticos de salud mental, donde la influencia de ambos, y de la gente que los acompañó en esos procesos, sigue repercutiendo en la formación de profesionales de salud mental hasta el día de hoy (como podemos ver en esta entrada del Blog). Siguiendo las palabras de Pablo Norambuena, lo que aúna estos proyectos, como así también el de Luis Weinstein, contemporáneo a los anteriores, es una búsqueda por la socialización del conocimiento. Por parte del Prof. Marconi, se puede evidenciar en su programa de psiquiatría intracomunitaria que, basada en un modelo democrático entre la academia universitaria y la comunidad, hace horizontal las relaciones de poder e influencia. Se toma valor en la palabra de la comunidad y se plantean planes de compartir conocimientos para generar colaboraciones articuladas en distintos niveles de especialización, como podemos ver en la pirámide de delegaciones (D1-D5). Por su parte, el Dr. Cordero, trabajando con población psiquiátrica, pone en relevancia el valor de la palabra de la comunidad (los vecinos, auxiliares de aseo, familia, etc.) a la hora de enfrentarse a los casos clínicos. Los reconoce en el contexto de problemas mundanos, humanos, básicos; relaciones entre hermanos, vecinos, problemas de vivienda, financieros, rumores, historias de barrio, etc. Esta postura lleva a una articulación inclusiva del proceso de salud mental con la comunidad en la que ocurre, como se ejemplifica con el trabajo que el Dr Cordero realizó en Nueva Imperial. Por supuesto, el golpe cívico-militar de 1973, poniendo fin a la democracia, también truncó los procesos democratizantes en el ámbito de la salud mental. El legado de estos actores se retoma con sus numerosos discípulos, sobre todo, post-dictadura.

    (el comentario continúa en una respuesta)

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    1. En segundo lugar, y ligado con lo anterior, quisiera plantear una serie de preguntas sobre la posibilidad de llevar a cabo proyectos de socialización del conocimiento en la actualidad. ¿Podemos aplicar los mismos modelos de los años 60? ¿Qué podemos rescatar de éstos? ¿Qué necesitamos para actualizar esta intención a nuestra época? Las condiciones de vida han cambiado, las preocupaciones de la población, necesidades y desafíos son distintos. Se dice que vivimos en la era del capitalismo tardío, con la inminencia catastrófica de un futuro ominoso por el cambio climático. Nuestra relación cultural con el quehacer técnico (me refiero al crear técnica y tecnología), es cada vez más lejana: pocos entienden cómo funcionan los objetos que usamos cotidianamente, celulares y computadores, dependiendo estrictamente de la energía eléctrica, de internet y redes sociales para subsistir. Nos encontramos sobre la punta de una ola tecnológica sumamente avanzada, pero la brecha a los conocimientos básicos de subsistencia es abismal. Si el proyecto comunitario es emancipatorio: ¿Hacia dónde dirigimos nuestro desarrollo y socialización de conocimientos? ¿A la vida sustentable? ¿A la tecnología de alta gama, memes, AI? Creo que estas son preguntas sobre el futuro de nuestra cultura y sociedad, y por ende, las respuestas inevitablemente pertenecen al ámbito de la política. Sin embargo, me pregunto, ¿es la única forma de influenciar la dirección de estos procesos la política? Tengo la intuición de que, aprovechando el desarrollo tecnológico y traspaso de información inmediata por internet a través de imágenes, memes y videos, se puede crear cultura y enseñar, aunque sea a través de chistes y parodias, ¿es eso también política? No tengo las respuestas claras para esto.

      En mi experiencia atendiendo en el sistema público he visto cómo la gente sabe vivir como puede, y en ello, muchos pacientes que he visto saben más que yo de lo mundano. Por lo mismo valoro sus experiencias y palabras, ya que me enseñan también a mi, el traspaso se da en ambas direcciones. Creo que la horizontalidad en el trato es sustancial al encuentro clínico, base para la construcción, de a poco, de redes más firmes y resilientes, frente a los desafíos que esta época nos trae.

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    2. Estimado Felipe:

      Tus cuestionamientos me parecen muy atingentes a nuestra realidad, y me surgieron algunas preguntas similares a las tuyas, por ejemplo, que nos detiene para retomar el realizado en los 60's?.

      Respecto a si se puede hacer política mediante los memes y de esta forma acercar la medicina o los conceptos de salud alejados al lenguaje cotidiano, a las personas, me parece que sí, son embargo, para ello, debemos dejar de lado nuestro ego de ser los utilizadores del lenguaje científico, por ejercer carreras relacionadas a las ciencias, cuestión que claramente, Marconi y Cordero dejaron de lado para lograr implementar modelos realmente comunitarios, dónde los obreros fueron educados y concientizados acerca de sus dolencias,y más importante aún, de cómo intervenirlas.

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  5. Al leer los textos, llama la atención cómo el Dr. Marconi fue creando, de manera casi autodidacta, el modelo comunitario en nuestro país, pese a la falta de evidencia existente en ese momento. Podríamos decir que fue un concepto totalmente adelantado a su época. Las condiciones sociales de 1968 eran absolutamente deficientes, aunque siento que aún se mantiene el paradigma de los escasos recursos públicos destinados a la salud mental. Es interesante cómo se establece el concepto de líderes comunitarios, con el objetivo de empoderar a la población para identificar los problemas, utilizando sus propios recursos.

    Me llama profundamente la atención cómo el Dr. Cordero toma la iniciativa de traer el Modecate a Chile, algo de lo que nos beneficiamos hasta el día de hoy y que cumplió un rol fundamental en la desinstitucionalización, facilitando la implementación del modelo comunitario. De alguna manera, esto nos permitió compensar a los pacientes sin necesidad de tenerlos constantemente hospitalizados.

    Durante mi práctica clínica, tanto actualmente en el CDT como en APS, siempre me he quejado de la falta de recursos para llevar a cabo las cosas, ya que siempre he tenido la percepción de que no tenemos nada. Sin embargo, al leer cómo estos grandes personajes construyeron un modelo teniendo todo en contra, siento una gran admiración, pues prácticamente comenzaron desde cero.

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    1. Comparto la percepción de que la falta de recursos es algo que podemos observar en el CDT. En comparación con el momento donde el Dr. Marconi, y el Dr. Cordero implementaron sus programas, ellos claramente estaban en una mayor desventaja a la cual nosotros nos enfrentemos. Vivian en una época, en un contexto político-social, cultural y económico muy distinto al nuestro. Ahora, no creo que este precedente deba llevarnos al conformarnos con lo que tenemos, si no al revés, siguiendo el espíritu del Dr. Marconi, deberíamos seguir buscando mejores condiciones para nuestros pacientes.

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    2. Estimado Javier, comparto tu opinión, el Dr. Cordero fue pionero de la psiquiatria comunitaria en Chile creando varias estrategias innovadoras para implementarla, es un ejemplo a destacar y seguir en la actualidad. Me parece que a pesar de la falta de recursos que vivimos actualmente, aún hay mucho por hacer e implementar en el marco de la psiquiatria comunitaria, para eso hay que empoderarse con la misma actitud y deseo de cambio que el Dr. Marconi y Dr. Cordero tenían en su época.

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    3. Estimado Javier, respecto a tu reflexión final creo que es importante tomar como ejemplo todo el trabajo que construyeron Marconi y Cordero y ver que si hay posibilidades de transformación, pero para que allá transformación hay que colocarse en plan de ello.

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    4. Creo que el concepto de trabajar en el servicio público, y principalmente en APS, no es solo vocación, es el sentido de un trato humanizado hacia nuestros pacientes, compromiso en sus tratamientos e indicaciones, es un sentido de pertenencia y brindar lo que más podamos hacia nuestros pacientes. Trabajar en APS también es contar con lo que hay, pocos recursos y creo profundamente que este grupo humano, actualmente, en muchas ocasiones tuvo que ejercer un rol autodidacta, buscar espacios, ejercer promoción y recordar muchas veces ir a presentarme al comité de farmacia y oficina. GES, por quiebre de stock de fármacos básicos en la canasta de APS, tanto fue que luego como desafío opte por aquellas referencias, pese a que las reuniones la hacían post periodo laboral, fue productivo en contar con fármacos para los pacientes y que ellos se replique en el tiempo. Creo firmemente en el potencial, en el respeto mutuo y en el compromiso de hacer una psiquiatría comunitaria más cercana.

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  6. Revisando los documentos, uno se sumerge en la historia de Juan Marconi, un hombre que cambió para siempre la manera en que se entendía la salud mental en Chile. Realizo una transformación silenciosa, un cambio de paradigma que se fue abriendo paso entre los años 68 y 73.
    Su "Programa de Asistencia Psiquiátrica Intracomunitaria", no fue solo una innovación médica, sino un proyecto social con una visión radicalmente diferente para su época, buscando integrar a la comunidad en el proceso terapéutico, delegar responsabilidades, involucrar a los mismos vecinos en el cuidado de sus semejantes, cuando el enfermo psiquiátrico era considerado uno de los últimos eslabones de la sociedad. No se trataba sólo de curar enfermedades; se buscaba empoderar a la gente, darles las herramientas para construir su propia salud mental. Era un enfoque integrador, que reconocía la interconexión entre salud mental y el contexto social, un enfoque que se adelantó a su tiempo.
    El Dr. Marconi no se limitó a aplicar teorías; las adaptó, las recontextualizó a la realidad chilena, convirtiendo su programa en un reflejo de su propia convicción social
    Y es aquí donde el texto sobre la "Revolución Cultural Chilena en Programas de Salud Mental" cobra vida. Su crítica a los modelos tradicionales, etnocéntricos y elitistas, no fue una crítica superficial. Se adentró en la discusión ideológica, exponiendo las fallas de un sistema que dejaba de lado a la clase obrera y a los más necesitados.
    La interrupción abrupta tras el golpe militar de 1973 no minimiza el impacto de su labor. Aunque el programa de Marconi fue truncado, el legado de su trabajo permanece. (Nuestro servicio de psiquiatría Sur lleva su nombre). Sus ideas fueron pioneras, y aunque el camino fue interrumpido, sentaron las bases para una nueva manera de pensar y abordar la salud mental en Chile. Su historia es un recordatorio de que la innovación en salud mental requiere, además de conocimiento científico, un compromiso con la justicia social y la equidad, y no solo depende de los profesionales de la salud, como hemos analizado de forma reiterada en casi todos los blogs anteriores. El legado de Juan Marconi es un ejemplo de perseverancia y de la búsqueda de soluciones adaptadas a las necesidades de la comunidad, modelo que tratamos de seguir implementando en la actualidad, tratando de seguir mejorando sus alcances. No deja de intrigarme que después de tantos años, aun nos falta mucho por lograr un enfoque de psiquiatría comunitaria mas robusta en salud pública.
    Respecto al video donde se entrevista al Dr. Martin Cordero, destaca como realizó una obra muy similar a la que realizo Juan Marconi, pero en Temuco, buscnado un enfoque de psiquiatría comunitaria, incorporando a la población mapuche de la zona, buscando un enfoque intercultural, junto al trabajo del grupo de antropólogos y sociólogos que llegaron desde el extranjero en aquella época a Temuco, según relata en el video. Fue tal el impacto, que gano reconocimiento a nivel latinoamericano, siendo un centro de referencia donde profesionales de otros países viajaron a aprender la experiencia que se estaba realizando en este centro de salud. Lamentablemente el golpe de estado del año 1973 termino abruptamente aquel proyecto.

    En mi experiencia personal en la atención de salud mental en el servicio publico, he podido ser testigo de la diferencia que existe entre lo ideal de un programa de atención en salud mental versus la realidad a la cual el paciente puede hacer uso, donde no logramos satisfacer en la mayora de los casos el numero de atenciones requeridos por un paciente por parte del equipo multidisciplinario, donde casi no existe el tiempo de realizar prevención en salud mental, y solo logramos ir apagando el incendio de las grandes listas de esperas y la falta de recursos de los hospitales.

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    1. No cabe mas que esperar que el nuevo proyecto de ley que fue analizando previamente, logre aunar el enfoque de lo que Juan Marconi buscaba junto a una solida base legal, que permita desarrollar en profundidad la psiquiatría comunitaria, y que no termine siendo lindas frases que adornen un programa que no logra implementarse.

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    2. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Tal como comenté más abajo, los diferentes trabajos en Chile con enfoque comunitario fueron experiencias muy enriquecedoras, admiradas tanto en el país como en el extranjero, y siguen liderando la forma de ejecutar la salud mental en muchos lugares. Por otra parte, es lamentable cómo se vieron truncadas por el golpe militar.
      En relación con la posibilidad de ejecutar planes similares actualmente, me mantengo expectante, principalmente por la manera en que la sociedad se relaciona en la actualidad. A pesar de lo anterior, estoy convencida de que es fundamental mantener una visión crítica al respecto y utilizar la energía y el conocimiento para implementar cambios en los sistemas donde transitemos laboralmente, poniendo el foco en la conexión con la comunidad consultante y enfocando el trabajo en sus necesidades individualizadas.
      Respecto a lo que comentas sobre la nueva ley, me parece muy relevante, ya que creo que los cambios sustanciales deben tener bases sólidas a nivel gubernamental y no deben depender de voluntades y energías personales para su continuidad, como ocurrió en los hechos mencionados en los documentos.
      En mi experiencia, muchos de los proyectos innovadores en dispositivos de salud a veces se consolidan y mantienen por la energía y voluntad de unas pocas personas. Aunque esto es admirable, también representa un riesgo, ya que la dependencia de proyectos importantes debería contar con bases administrativas sólidas para su mantenimiento en el tiempo.

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  7. De los textos revisados, se destaca la trayectoria de varios personajes importantes en el desarrollo de la psiquiatría comunitaria. En primer lugar el Dr. Marconi según Norambuena jugo un papel fundamental teniendo énfasis su trabajo en impulsar una atención involucrando a la población y a todos los agentes, cuestionando el modelo tecnocrático y desarrollando programas intracomunitarios (programas de prevención y tratamiento de alcoholismo entre otros) respetando las culturas locales y sus recursos.
    En el libro de Psiquiatría Comunitaria en el sur de Chile de Torres y Araya y en el libro texto de Marconi, destaca el cambio histórico de la salud mental en chile (asilo 1852-1952, hospitalario 1953-1970 y comunitaria desde 1971), haciendo énfasis el desarrollo del enfoque comunitario en Chile, el trabajo del Dr Cordero y Dra Obrecht en un equipo donde se promovía la democratización del conocimiento y la participación activa de todos los miembros. Se destaca el implemento de distintas estrategias comunitarias a pesar de las limitaciones en recursos y se menciona la importancia en el diagnostico psicosocial para la implementación de las estrategias (incluyendo el trabajo del equipo del servicio social y sus funciones)

    Los trabajos pioneros de Marconi, Cordero y Obrecht marcaron un antes y un después en la atención en salud mental en Chile. Al desafiar el modelo tradicional hospitalario y promover un enfoque comunitario y democrático. Sus experiencias evidencian la importancia de la participación social en la definición de políticas públicas y en la provisión de servicios de salud. Sus ideas nos invitan a repensar los modelos de atención de cada lugar y cultura estemos donde estemos.

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    1. Estimado compañero,
      Me gusto mucho que destacaras la democratización del conocimiento porque en realidad no se puede hablar de participacion comunitaria si primero no nos preocupamos por capacitar de manera asertiva a quienes queremos proyectar como apoyo a la red.
      Además mencionar que concuerdo completamente con que lo que hicieron tanto el Dr Cordero como el Dr Marconi supuso el desafiar al sistema convencional con cambios evidentes y efectivos que vinieron a reforzar la necesidad de proyectar hacia una psiquiatria comunitaria.

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  8. No puedo dejar de iniciar este comentario expresando mi admiración por aquellos que, frente a la adversidad, decidieron seguir luchando y levantando proyectos para generar mejoras en la salud mental de nuestro país, como fue el aporte del Dr. Cordero y el Dr. Marconi. En ocasiones, siento que la frustración ante las adversidades del sistema surge de manera precipitada e interrumpe la inspiración para generar cambios. Espero que, tras estos relatos, mi forma de enfrentar las adversidades cambie.

    Quisiera destacar el proyecto del Dr. Marconi en el sector sur, específicamente en La Victoria, que comenzó abordando el alcoholismo y luego incorporó intervenciones en neurosis y en niños y niñas. Me parece muy relevante el modelo de trabajo comunitario que se inició en ese espacio y la pirámide construida en el proyecto para potenciar el impacto de la intervención. Es esperanzador observar cómo la misma comunidad desempeña el rol más relevante en la pesquisa y problematización en torno al consumo de alcohol, convirtiendo a los profesionales en acompañantes y guías del proceso.

    Considero enriquecedor, en nuestra formación, leer sobre estos proyectos, donde se evidencia que el traspaso de información adaptada a los diferentes eslabones de la pirámide es una herramienta de alta potencia y eficiencia para mejorar la salud mental de la población. Es motivador ver cómo se logra hacer salud mental en comunidad y cómo el cuidado entre los miembros de la comunidad se convierte en una realidad con resultados prometedores, mejorando los porcentajes de abstinencia en comparación con intervenciones tradicionales.

    Creo profundamente que es importante integrar a la comunidad en su totalidad para cualquier intervención que busque mejorar los estados de salud, y enfocar la intervención en las necesidades levantadas desde esos espacios. También es relevante visualizar las diferencias culturales de la sociedad actual en comparación con las de los años 60 y 70, cuando se realizó la intervención del Dr. Marconi. Actualmente, el individualismo imperante nos aleja de este tipo de intervenciones. Me parece fundamental seguir trabajando y educando para generar intervenciones que promuevan el trabajo colectivo y arraigar el cuidado entre las comunidades como un proceso esencial para fomentar el bienestar.

    En mi experiencia personal en atención primaria, he percibido que las actividades grupales en salud mental, tras la pandemia, han perdido fuerza, y las personas con las que trabajamos preferían intervenciones individuales. Por ello, considero importante trabajar para cambiar este paradigma y enfocarnos en el trabajo comunitario, visualizando desde el interior las verdaderas necesidades y priorizando esta labor. Además, es esencial empoderar a través de la educación en salud mental, convirtiendo a las comunidades en gestoras de espacios de bienestar.


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    1. Es admirable cómo conectas las experiencias históricas de figuras como el Dr. Marconi con los desafíos actuales en salud mental comunitaria. Tu comentario sobre el impacto del individualismo, especialmente en el contexto post-pandemia, destaca una barrera clave para las intervenciones comunitarias que antes eran más efectivas. La relevancia del modelo de Marconi radica en cómo la comunidad fue el pilar central de la intervención, con los profesionales acompañando el proceso. Esta filosofía sigue siendo aplicable, y es alentador que veas en la educación y la participación comunitaria una vía para empoderar y fomentar el bienestar colectivo.

      Tu experiencia en APS refuerza esa idea: el reto de revivir las actividades grupales y trabajar colectivamente es grande, pero esencial para cambiar el paradigma actual. Empoderar a las comunidades para que tomen un rol activo en la creación de sus espacios de bienestar podría marcar la diferencia, como lo fue en los proyectos pioneros de salud mental en Chile.

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    2. Estoy completamente de acuerdo con tu reflexión sobre la importancia de la intervención comunitaria en salud mental. Sin duda, las contribuciones del Dr. Marconi y el Dr. Cordero son admirables y profundamente inspiradoras, demostrando que al empoderar a las personas y fomentar un trabajo colaborativo, se pueden lograr cambios significativos y sostenibles. Es fundamental que como profesionales seamos promotores de un enfoque que priorice la colaboración y la escucha activa de las necesidades locales.

      Tu experiencia en APS abre un tema que me parece crucial abordar, que es el desafío del individualismo en la actualidad. Debemos redirigir nuestra atención hacia un enfoque que fortalezca el trabajo colectivo que ha sido tan efectivo en salud mental, que potencia el bienestar comunitario y fortalece las redes de apoyo.

      En mi experiencia trabajando en APS, tuve la oportunidad de ser participante de diversos talleres y actividades comunitarias, entre ellos, por ejemplo, grupos de cuidadores de pacientes dependientes, donde pude apreciar cómo el enfoque colaborativo puede conducir a resultados positivos.

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    3. Carolina, comparto tu apreciación de cómo hubo un decaimiento marcado en el quehacer colectivo de salud mental tras la pandemia. Y si bien,creo que son muchas las variantes configurando este escenario, la desazón de la comunidad en el sistema de salud me resulta la más palpable de todas, y aquella donde quizás tengamos algo que decir. La pandemia expuso como nunca las falencias del sistema: la falta de recursos, los tiempos de espera, la falta de personal, la lista de problemas es larga y todas vieron amplificadas su impacto en la confianza de la gente en la salud.

      Creo que podemos extraer mucho de las primeras experiencias en psiquiatría comunitaria del Dr. Cordero o de Marconi para tratar de reestablecer esa confianza; no sólo desde lo meramente asistencial, sino también desde la educación y la horizontalización de la atención. Hay que sumar a la comunidad para atender a la comunidad.

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    4. Comparto la frustración que mencionasCarolina. Creo que todos nos sentimos superados a veces por las dificultades para realizar cambios o generar iniciativas, especialmente en el sector salud.
      Sin embargo, los textos también me generan un efecto motivador al mostrar iniciativas como las de la población La Victoria, donde la comunidad participo activamente en la construcción del proyecto, asumiendo un rol fundamental en el proceso.
      Considero que una de nuestras labores más importantes, y que debemos tener en cuenta en nuestras futuras intervenciones, es centrar esfuerzos en resaltar el papel de la comunidad, transformándola en un agente activo en el proceso. Este claramente no es un camino que pase únicamente por nosotros; de hecho, creo que para lograrlo como profesionales debemos sacrificar privilegios y la verticalidad que se nos es tan cómoda. En su lugar, debemos colaborar y proporcionar los conocimientos y herramientas que puedan enriquecer dicho proceso, además de propiciar la creación de espacios más horizontales, intersectoriales y comunitarios.
      Al igual que tú, creo que estamos en un contexto donde el individualismo prima y las intervenciones comunitarias son cada vez más escasas, lo que dificulta considerablemente la realización de este tipo de iniciativas. Sin embargo considero que debemos seguir priorizando y trabajando en ello.

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    5. Estimada Carolina,
      Comparto tu frustración, la vivo en el trabajo y formación diarias, pero también como usuario de la red. Entiendo el sentimiento que se proyecta al enfrentarnos a problemas en salud mental que se escapan a las herramientas que nos da la academia. Pero, si hay algo que he podido meditar de ese sentimiento, es que es también consecuencia de la perspectiva individualista que nos impone este sistema. Nos hace ver lo comunitario y social realmente como inabordable, para que tengamos que refugiarnos en el individuo aislado y su desesperanza intrínseca, porque como personas únicas siempre estaremos limitados. Precisamente, creo que la palabra que permite enfrentarla es "esperanza", no un optimismo ingenuo, sino el considerar que en el advenimiento hay lugar para que instancias como las que estudiamos nos reorienten al cambio y seamos parte de ello.

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  9. Respecto a la bibliografía entregada.

    Me parece de suma importancia revisar la historia de la psiquiatria en Chile, y los cimientos de la psiquiatría comunitaria, que como bien se puede observar, en sus inicios se pudo llevar a cabo de manera integral, dónde las comunidades fueron parte esencial dentro de la pirámide creada para dar solución a los problemas de salud que aquejaban a la mayoría de la población chilena, determinada por la clase social obrera-trabajora, quienes componen la fuerza primordial para que una nación logre sus objetivos económicos.

    Dentro de los textos, el más interesante para mí, fue "la psiquiatría intracomunitaria, la psicología y el contexto local en su desarrollo, 1968-1973. Trazos para una historia de la psicología comunitaria en Chile", en el que Pablo Norambuena realiza una revisión exhaustiva y no libre de inconvenientes, ya que como él mismo menciona, no existe bibliografía de fácil acceso, y a la que se suman entrevistas que él mismo realizó.

    El doctor Marconi, en un contexto de movilización social y reflexión respecto a las carentes condiciones en las que se encontraban los pacientes con patologías de salud mental, fue pionero en la instalación de un nuevo programa comunitario de salud mental, dadas las necesidades observadas dentro de las comunas más pobres de Santiago, y más necesitadas, ya que no contaban con los medios económicos para obtener ayuda a sus dolencias. Dentro de los problemas más prevalentes se encuentran el alcoholismo, principal fuente de estudio. Marconi crea una pirámide de atención, denominada "piramide de delegación de funciones en psiquiatría", D1 corresponde a médicos y psiquiatras, D2 enfermeras, asistentes sociales, matronas y otros profesionales, D3 auxiliares de enfermería, voluntarios, profesores primarios y líderes religiosos, D4 líderes comunitarios, monitores, rehabilitados y D5 la comunidad, dónde casa escalafón superior educaba al inferior. De esta manera se cubría la falta de psiquiatras disponibles para atención, y se integraba a la comunidad dentro del mismo problema y su solución. Se definió de manera muy estructurada, los contenidos, metodología, lugar y grupo objetivo, siendo este un modelo replicable en otras comunas de Santiago. Importante destacar que la primera vez que se utiliza este modelo, es en la población La Victoria, con el consultorio Santa Anselma como centro de salud referencial.

    Posteriormente, se incluye a las mujeres en el programa, en su mayoría esposas de alcohólicos, que ingresan al programa de neurosis, y luego se extiende a los hijos de estás familiares, con el fin de la estimulación cognitiva.

    Me resultó muy emotiva la entrevista que entrega el Dr. Martin Cordero, quien en contexto pre-elecciones presidenciales en las que ganaría Salvador Allende, primer mandatario de la unidad popular elegido de forma democrática, y el corto periodo que pudo ejercer su liderazgo como presidente de Chile, fue enviado a la comunidad de Temuco, dónde junto a colaboradores, crea el hospital de Nueva Imperial, ubicado en localidad mapuche, dónde comienzan a desarrollar un proyecto denominado granja psiquiátrica, primer hospital puertas abiertas de Chile, dónde los pacientes formaron parte de su remodelación, y trabajan la tierra para obtener recursos y de esta forma ser vendidos en las localidades. En este periodo llega a Chile un antropólogo de nombre Miler, para estudiar la sociedad mapuche y funda CERER(centro de estudios de la realidad regional). Parte del trabajo, incluyó nuevas maneras de entender la salud mental, lo que fue la primera experiencia intercultural en Chile.

    (El comentario continúa abajo)

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    1. Tristemente, al ocurrir el Golpe de Estado en Chile, todas estas intervenciones se ven paralizadas, y todo lo avanzado se congela en el tiempo. Para los militares, resultó ser muy libertina esta manera de entender la psiquiatría, y como bien es sabido, la ignorancia causa terror, que tiñe de violencia y asesinatos nuestro país. A pesar de ello, me conmueve conocer que durante algún periodo de tiempo, está psiquiatría se concretó y se logró implementar en algunas localidades, gracias esto, multiples familias de escasos recursos se vieron beneficiadas, aunque no puedo evitar cuestionarme porqué no se retoman este tipo de intervenciones.

      Respecto a lo anterior, en la malla de enfermería durante el periodo que estudié en la USACH, cursé un ramo que trataba exclusivamente del rol que cumple la educación en la promoción y prevención de la salud, en la que les enfermeres jugamos un rol fundamental, por lo que en nuestro que hacer, estamos constantemente educando pacientes y familiares respecto a diversas dimensiones de la salud, como ejemplo, pacientes usuarios de sonda Foley que debian mantener el disponible en sus hogares, y necesitaban la capacitación correspondiente para su manejo y evitar infecciones asociadas al dispositivo. Hermoso rol de la enfermería, y que hoy puedo aplicar de forma diaria en mi trabajo como enfermera en HDD.

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  10. En esta sesión, me pareció muy interesante poder integrar lo leído previamente en nuestro contexto, nuestro país y su población. En el texto de Marconi sobre la "revolución cultural en salud mental", destaca un hecho que considero significativo hoy en día: si siempre nos enfocamos en los recursos y planificaciones de países con otro nivel de poderío económico y distinta cultura, siempre quedaremos "al debe", tanto en el número de psiquiatras como en la cantidad de fármacos disponibles (y asequibles, que es lo más relevante). En cambio, Marconi propuso cómo mejorar globalmente la salud mental de una población seleccionada utilizando elementos ya existentes, como los clubes de alcohólicos. Al compararlo con la actualidad, por ejemplo, se observan muchas charlas sobre fármacos novedosos, pero muchos de ellos no están —ni probablemente estarán— en la canasta que incluye la atención de salud mental en el servicio público. Evidentemente, es importante conocerlo, ¿pero será lo más prioritario? En la entrevista al Dr. Marconi, él menciona algo muy interesante relacionado con este tema: desde los 90, hubo un "boom" que volvió a poner la temática de la comunidad en salud mental en el centro, pero sería más bien una idea que una realidad, ya que el enfoque sigue siendo tecnocrático, como él describe.


    Si bien seguimos en esta atmósfera más "tecnocrática" de la salud mental, a mi parecer hay indicios de que esto podría mejorar. Este mismo curso, en cierto sentido, ayuda a reflexionar y tomar conciencia de cómo estamos actuando en el campo de la salud mental, cuál es nuestro objetivo y cómo podemos lograrlo. Una experiencia personal ha sido en APS, donde se capacitan monitores para realizar intervenciones en la comunidad sobre la prevención de alcohol y drogas, lo cual cuenta con una gran participación por parte de la comunidad y una recepción muy positiva. Esto me recuerda bastante a lo que el Dr. Marconi menciona sobre la delegación. Finalmente, me parece fundamental para el futuro de la salud mental en nuestro país poder ayudar a que nuestra población se organice y se apoye mutuamente, como fue una realidad hace algunas décadas.

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    1. Javiera, es muy interesante cómo integras las ideas de Marconi con tu experiencia en APS. El enfoque en aprovechar recursos comunitarios y fomentar la participación de la población, en lugar de depender exclusivamente de modelos y tecnologías costosas, es crucial para mejorar la salud mental en Chile. Es un reto que sigue presente, como bien mencionas, dado que el sistema de salud pública sigue centrado en un enfoque tecnocrático. Sin embargo, tu experiencia capacitando monitores para prevenir alcohol y drogas muestra que existen maneras efectivas de involucrar a la comunidad. Esto no solo fortalece la autonomía local, sino que también crea soluciones más sostenibles y accesibles. Es un modelo de trabajo que podría inspirar futuras políticas de salud mental, devolviendo a las comunidades el protagonismo en su propio bienestar.

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  11. El análisis de Pablo Norambuena sobre la psiquiatría intracomunitaria y la psicología en Chile sigue siendo relevante en el contexto actual, donde la salud mental comunitaria ha cobrado renovada importancia. Hoy, ante el incremento de problemas de salud mental exacerbados por la pandemia, la crisis social y la desigualdad económica que se vive, se retoma la necesidad de modelos de atención que vayan más allá del enfoque clínico tradicional y que integren a la comunidad en la solución de sus problemas. La psiquiatría intracomunitaria que Norambuena describe, con su énfasis en la participación colectiva y el abordaje contextualizado, resuena con las estrategias contemporáneas de promoción de salud mental, que buscan ser accesibles y adaptadas a las necesidades locales.

    Los desafíos actuales, como la sobrecarga de los sistemas de salud mental y la falta de recursos, han llevado a reconocer que las soluciones no pueden provenir exclusivamente de los profesionales, sino que deben involucrar a la comunidad en la prevención, el acompañamiento y la rehabilitación. Tal como en la época que Norambuena estudia, las políticas de salud mental comunitaria enfrentan barreras políticas y sociales, pero el enfoque comunitario sigue siendo crucial para combatir la exclusión social y mejorar el bienestar general. Hoy en día, con un mayor énfasis en los determinantes sociales de la salud, el legado de esa época sigue orientando el diseño de intervenciones más inclusivas y equitativas en Chile.

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    1. Me parece que tu comentario es muy acertado al destacar la relevancia actual del enfoque comunitario en la salud mental, especialmente en un contexto de crisis como el que vivimos. La psiquiatría intracomunitaria, desarrollada por el Dr. Juan Marconi, precisamente subraya la importancia de la participación colectiva y la integración de la comunidad en la atención de su propia salud mental. Este modelo, que delega funciones a diferentes niveles de la sociedad, desde profesionales hasta líderes comunitarios, es una respuesta eficaz frente a la sobrecarga de los sistemas de salud y la falta de recursos. Tal como mencionas, la pandemia y la crisis social han evidenciado que los problemas de salud mental no pueden ser abordados únicamente desde un enfoque clínico tradicional.

      Al igual que en los tiempos que describe Norambuena, los determinantes sociales, como la pobreza y la exclusión, siguen jugando un papel fundamental en el desarrollo de trastornos mentales. Por eso, el enfoque comunitario no solo combate la exclusión social, sino que también mejora el acceso y la equidad en los servicios de salud mental. Este legado sigue guiando intervenciones que buscan ser más inclusivas y adaptadas a las necesidades locales.

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  12. El inicio de la psiquiatría comunitaria en Chile en la década de 1960 se caracteriza por una serie de innovaciones en el campo de la salud mental, orientadas a romper con el modelo tradicional y centralizado. Las primeras experiencias con este modelo de atención son lideradas por el Dr. Juan Marconi y el Dr. Cordero.

    El pionero de la psiquiatría comunitaria en Chile fue el Dr. Juan Marconi, quien en 1968 implementó el Programa de Psiquiatría Intracomunitaria en el sur de Santiago, que surgió en un contexto de movilización social y de desinstitucionalización psiquiátrica, centrado en la atención de la salud mental en el contexto de la comunidad, buscando desinstitucionalizar los tratamientos y promover una mejor integración de las personas con trastornos mentales.

    Como explica en el video, el Dr. Martín Cordero, mientras desarrollaba su beca de psiquiatría en el hospital psiquiátrico, pudo ver directamente que las condiciones de los pacientes psiquiátricos en Chile eran deplorables. Estas experiencias lo motivaron a impulsar la reforma de los servicios psiquiátricos en Chile, promoviendo un enfoque más humanizado y comunitario en el tratamiento de la salud mental, buscando mejorar las condiciones de vida y atención de estos pacientes, convirtiéndose así en figura influyente en la psiquiatría comunitaria, siendo pionero en la creación de un hospital psiquiátrico comunitario en Temuco.

    En el libro "Psiquiatría comunitaria en el sur de Chile: Temuco y Nueva Imperial, 1968-1973", se relata la experiencia de un proyecto de psiquiatría comunitaria implementado en dichas zonas del sur de Chile, cuyo enfoque integraba la participación activa de la comunidad en la atención de la salud mental, basado en la horizontalidad del conocimiento, en donde tanto los profesionales de salud como los miembros de la comunidad compartían responsabilidades y tomaban decisiones en conjunto.

    A lo largo de mi experiencia trabajando en el servicio público y sobre todo actualmente en el desarrollo de mi beca en psiquiatría de adultos, he tenido la oportunidad de involucrarme en la psiquiatría comunitaria, una experiencia enriquecedora que sin duda me ha otorgado una visión profunda respecto a la relevancia de la integración social, la colaboración interdisciplinaria y sobre todo el respeto a la dignidad humana. He podido observar directamente cómo las personas que poseen un trastorno de salud mental se enfrentan no solo a los síntomas clínicos sino también a un marcado aislamiento social y cómo su integración a la comunidad contribuye a mejorar su bienestar emocional y reducir el estigma.

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    1. Estimada Constanza: En primer lugar, me sumo a tus apreciaciones sobre los temas expuestos. Efectivamente es elogiable el trabajo liderado tanto por el Dr Marconni como por el Dr Cordero en relación con la implementación del modelo comunitario en sus respectivos servicios de salud, de forma pionera en nuestro país y sentando las bases para la estructuración de una red en salud mental con un enfoque integrador, humanizado y participativo, con respeto por la dignidad de los pacientes y su comunidad. Me parece eso sí, que, si bien se han logrado retomar avances en el desarrollo de la psiquiatría comunitaria post dictadura, aún nos encontramos a medio camino para lograr masificar su implementación a la vez que profundizamos en una integración real. En este punto, resueno con tu reflexión sobre el aislamiento social al que se enfrentan estos usuarios, acentuado en los pacientes con enfermedades mentales graves, configurado además por entornos sociales vulnerables y un sistema capitalista individualizador que los margina. Ayudar a quitar el estigma, a su vez es clave para lograr su integración social, co-construyendo comunidad.

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  13. Me parece interesante el hecho de que la formación de organizaciones comunitarias relacionadas con el programa intracomunitario haya sido de forma importante resultado de las características previas de la población donde se desarrolló la estrategia, eso habla de una construcción social de la época vinculada al ámbito comunitario de forma orgánica, rescato que originalmente nace desde las necesidades propias de las personas la conglomeración de organizaciones e instituciones comunitarias más que una imposición desde el estado. Personalmente en mi paso por la atención primaria debido a la pandemia de COVID-19 no tuve la oportunidad de participar extensamente con organizaciones de la comunidad debido a que estas orgánicamente se disolvieron por el aislamiento, hubiese sido muy interesante y provechoso trabajar con ellas para vincular necesidades de la gente con lo que puede ofrecer la atención primaria en su carta de prestaciones o en la confección de talleres y educaciones.

    En relación al video del Dr. Martin Cordero me llamó la atención el nuevo proyecto de granja-psiquiátrica el cual fue el primer hospital “puertas abiertas”, destaco la forma en que repararon el hospital con la participación de pacientes pintando el hospital y la contratación de funcionarios originalmente campesinos para darle ese tinte hospitalario con contacto con la naturaleza y con características comunitarias e incluso llegando a producir y cosechar no sólo alimentos desde la tierra sino también el cultivo de trabajo en equipo y una atención más cooperativa, integrativa y eficiente incluyendo a personas de distintas parte del mundo en su atención. Me lo imagino como un proceso muy bonito y a la vez bastante radical ya que creer en los demás para generar proyectos de este calibre ya es un acto revolucionario en sí y que hoy en día es difícil de ver. Por lo demás es un pena que este proyecto haya terminado o puesto en pausa por la dictadura militar ya que se proyectaba como un ejemplo a nivel de nacional.

    Con respecto al libro Psiquiatría Comunitaria en el sur de Chile: Temuco y Nueva Imperial, 1968-1973 me parece muy relevante la labor otorgada en el Servicio de Psiquiatría de Temuco por las y los Trabajadores Sociales, siendo pioneros en darles una gran importancia e innovación al servicio. Creo que sus aportes como el Fichero, la gran cantidad de visitas domiciliarios, entrevistas, gestiones dentro y fuera de la institución, colaboración en la terapia, participación en reuniones terapéuticas y actividades docentes, y planificación de la investigación sobre los resultados sociales de la incorporación del modecate hablan del gran peso que pueden tener para el funcionamiento óptimo de un servicio comunitario de psiquiatria. Personalmente en mi práctica clínica he tenido el gusto de compartir actividades clínicas con trabajadores sociales, y me parece clave su trabajo, destacando por ejemplo, la promoción de un vínculo familiar con la terapia otorgada en el hospital y el rescate de pacientes no adherentes para una mejor continuidad de cuidados, también la ejecución de fichas familiares y catastro de las redes familiares del paciente para poder intervenir en caso necesario.

    Finalizando, refiriéndome a la revolución cultural chilena en programas de salud mental me hace mucho más sentido el modelo democrático: relativista cultural, ya que es un modelo horizontal, colocando tanto a la Universidad como a los Servicios de Salud a la misma altura de las culturas populares y aborígenes, esto permite una comunicación más fluida en busca soluciones más efectivas a las problemáticas comunes. En ese sentido para la resolución de problemas, la jerarquización y distribución de los objetivos delegables y el esquema de delegación con 5 niveles entre el médico general y la masa obrera y campesina son importantes a la hora sistematizar respuestas con sus correspondientes complejidades a los distintos actores de la comunidad.

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    1. Estimado Francisco: estoy de acuerdo con un punto de vista que rescatas, que es el que Juan Marconi expresa en sus documentos y que Rosa Torres Domínguez y Claudia Araya Ibacache en su libro, Psiquiatría Comunitaria en el sur de Chile: Temuco y Nueva Imperial, 1968-1973, que es respeto por la riqueza cultural que entrega la comunidad, en donde sus vivencias y necesidades son las que nos importan, por lo cual la comunidad adquiere un rol vital, autónomo, ya que es única, con necesidades particulares y propias asociadas a su localidad geográfica, determinantes de salud marcados, distribución de la población, recursos naturales, etc. Y que esta salud mental es compartida entre los facilitadores de salud mental y los lideres comunitarios de la comunidad, en donde los lineamientos en el trabajo de la salud mental comunitaria son consensuados entre ellos mismos y no son impuestos por el estado.

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  14. La lectura de los textos fue muy significativa para mí. En primer lugar quiero destacar los importantes conocimientos en base a la experiencia que relata el Dr. Marconi en torno a el programa intracomunitario que desarrolló. Impulsor de importantes acontecimientos en torno a la incorporación de la salud mental y psiquiatría comunitaria en la zona sur de Santiago.

    En segundo lugar quiero destacar mi experiencia leyendo el libro de Torres y Araya, que durante toda la lectura me llevó a revisar el contexto cotidiano en el que habito, a mi espacio laboral, desde los muy relevantes aportes del DR. Cordero hasta los diversos desafíos que implicó todo su trabajo.

    Al iniciar la lectura nos podemos encontrar con una importante crítica, que resalta que en la actualidad siguen operando modelos de asistencia psiquiátrica reduccionistas y formas de funcionamiento de los equipos de salud mental enfrentados a relaciones de poder verticales y jerárquicas. Se pueden ver aún las “puertas giratorias” en el sistema hospitalario, se puede ver como no existe un proceso de participación interdisciplinario en el traspaso de información y toma de decisiones y se puede ver cómo las personas usuarias de salud mental son visualizadas como seres pasivos en cuanto a su proceso siendo oprimidas en diversa situaciones.

    Por ello, creo que debemos tomar muy en serio los conocimientos traspasados desde la importante labor de todas las personas que hicieron posible que sucediera el maravilloso trabajo del servicio de psiquiatría de Temuco. Esta experiencia nos muestra que con vocación, presencia, reconocimiento y un trabajo colaborativo e insistente es posible transformar la forma de hacer las cosas.

    Pensando en mi espacio cotidiano, como lo mencione al principio, creo que nos hace falta pensarnos como parte de un proyecto en común, de entender cuál es la relevancia de estar en ese espacio y los importantes aportes que se podrían hacer si estuviésemos alineados con el mismo propósito que es acompañar a personas que sufren psíquicamente, acompañamiento en el que debiese ser clave la participación protagónica de dichas personas.

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  15. Los documentos presentados nos dan una mirada del desarrollo de la psiquiatría y la psicología comunitaria en Chile entre 1968 y 1973, en donde Juan Marconi, psiquiatra comunitario con un gran liderazgo impulsa apasionadamente la forma de hacer salud metal en Chile con enfoque comunitario. En este tiempo de crisis social marcado por la desinstitucionalización psiquiátrica y movilización social en donde para Marconi la pobreza y el cambio social son claves para impulsar esta mirada comunitaria a la psiquiatría.
    De su programa de psiquiatría intracomunitaria destaca la forma en que organizó el modelo psiquiátrico comunitario mediante la ideación de una pirámide que involucra la participación tanto de profesionales a cargo como de miembros de la comunidad, desarrollando la idea de la delegación de funciones que son vitales para dar curso a los lineamientos de este nuevo modelo de atención medica psiquiátrica.
    Destaca un cambio de visión del equipo multidisciplinario transformándolo en facilitadores de salud más que autoridades médicas, haciendo más cercana la comunicación entre lideres comunales y facilitador de salud mental.
    Este programa se caracterizó por integrar ideas del área antropología cultural y educación, lo que evolucionó a la participación de distintas profesiones para abordar las problemáticas de la psiquiatría, en donde la participación de la comunidad toma relevancia a la riqueza que entrega desde un punto vista cultural y local.
    Lo que hace innovador a este programa de psiquiatría comunitaria es el enfoque preventivo y terapéutico originado por demandas locales, por lo cual a este modelo de atención psiquiátrica comunitario se agrega la experiencia local cultural mezclando el conocimiento médico con lo sociocultural, en donde la salud mental se integra a la vida de la comunidad, dejando que ésta comunidad de empodere, sea más autónoma, entregando información valiosa para trabajar de manera conjunta, ya que nadie sabrá mejor cuales son las reales problemáticas de salud mental que los propios ciudadanos de esa comunidad.
    Este tema también queda plasmado en libro Psiquiatría Comunitaria en el sur de Chile: Temuco y Nueva Imperial, 1968-1973, escrito por Rosa Torres Domínguez y Claudia Araya Ibacache, en donde se puso en práctica el modelo salud mental comunitaria integrando la participación comunitaria en contextos locales como el de las comunidades mapuches en el sur de Chile mostrando la desigualdad social, la inclusión de otras comunidades culturales y su participación dentro de la comunidad.
    En mi análisis personal, creo que este es el camino de la psiquiatría comunitaria, el respeto a la riqueza sociocultural local entregada por la comunidad especifica, la cual tiene necesidades particulares. En mi experiencia laboral en COSAM Hualpén se reunían los usuarios del programa TMS (trastorno mental severo) todos los 3 de mayo, o cercano a la fecha para realizar la festividad de la Cruz de Mayo, con cantos, flores, instrumentos musicales, transitando por todo el sector que circunda al COSAM, tocando puerta a puerta las casas, haciendo visible a este grupo de usuarios, disminuyendo el estigma de los trastornos mentales, siendo esta una actividad lúdica que integra a los usuarios, que hace participar al equipo multidisciplinario como facilitador de salud mental, haciendo salud mental comunitaria in situ.

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    1. Estimado Nicolás:
      Destaco de tu comentario la importancia de la participación de los diferentes profesionales de salud, así como los miembros de la comunidad en el enfoque de psiquiatría comunitaria.
      Considero que la delegación de las funciones, así como el trabajo de un equipo multidisciplinario nos permite una comunicación más íntegra entre profesionales y la comunidad.
      También, me llamó bastante la atención el trabajo que realizabas en CESFAM Hualpén junto con la comunidad. Esta labor admirable, refleja el compromiso para con la comunidad, el poder salir a terreno, ir puerta a puerta y participar de los rituales de la comunidad, hasta hacerse parte de ella para trabajar con ella, derribando los estigmas de salud, es un trabajo digno de ejemplificar.

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    2. Creo que el trabajo del Dr. Cordero con su conviccion por el trabajo, ansías por la justicia , sumado a capacidad de liderazgo, que atrajo a otro sinnumero de sujetos interesados en su proyecto , quienes fueron capaces de autogestionar un proyecto que sirvió de modelo global en psiquiatría nos muestra que sin tener que necesariamente comprometernos con una perspectiva que anude de manera tan fuerte las posibilidades de un ejercicio de la salud mental que respete la dignidad y autonomía de las personas desde una perspectiva comunitaria, con una praxis política revolucionaria por fuera del ámbito de nuestro quehacer médico. Me parece que como mínimo tenemos que volvernos conscientes de que el suelo en el cual ejercemos nuestra práctica está firmemente enraizado e influenciado por la estructura económico-social en la cual nos movemos. En este sentido es que debemos entender que nuestro ejercicio como profesionales de la salud mental, más allá de los efectos propiamente vinculados al ámbito de la salud, tiene efectos políticos que exceden tal ámbito. En ese sentido, es propio de nuestro deber ético como buenos profesionales de las ciencias médicas, ser conscientes de tales efectos políticos que trascienden el quehacer biomédico y cuestionar nuestra praxis cotidiana considerando tal hecho.

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  16. De los artículos, considero relevante destacar a la psiquiatría comunitaria no como una rama de la psiquiatría, sino que, más bien, afirmar que la psiquiatría es comunitaria. En uno de los artículos se plantea como objetivo a la psiquiatría comunitaria como una forma de revolución cultural, en la que participan diferentes profesionales de la salud, para así generar una transformación de las condiciones sociales de las personas.
    La psiquiatría intracomunitaria se integró en un contexto local, caracterizado por la búsqueda de nuevas formas de intervención social que priorizaban la comunidad sobre el enfoque individualista. Se destacan las influencias teóricas y prácticas de la época, así como el papel de los profesionales de la salud mental en la promoción de una atención más accesible.
    También es importante destacar cómo se analiza el desarrollo de la psiquiatría comunitaria en Temuco y Nueva Imperial en el período de 1968-1973. Las autoras examinan cómo la psiquiatría se adaptó a las necesidades locales, promoviendo un enfoque más inclusivo y centrado en la comunidad. El texto resalta las prácticas implementadas en esos años, que buscaban integrar a los pacientes en su entorno social y fomentar la participación comunitaria. Además, se aborda el contexto sociopolítico de Chile en esa época, enfatizando el impacto de los movimientos sociales y la reforma en salud mental.
    Durante los años 60, en Latinoamérica, diversas prácticas y aportes disciplinarios confluyeron sobre el eje de la pobreza, el subdesarrollo y el compromiso con proyectos políticos y religiosos, lo que dio origen a lo que se ha llamado psicología crítica o psicología de la liberación, más centrada en la práctica.
    Al enfocar este campo de análisis en Chile, también se desarrollaban aproximaciones iniciales de carácter comunitario, cuyo devenir tiene elementos muy particulares. Estos desarrollos se centran en la salud mental como tema, pero subrayando la práctica y la acción transformadora, con un compromiso progresivo con un proyecto político, como fue al inicio en Latinoamérica. Es destacable que estos modelos hayan estado vinculados a programas médico-psiquiátricos desde su inicio.
    En este contexto, el Programa de Psiquiatría Intracomunitaria, implementado inicialmente en el sector sur de Santiago, tuvo como representante principal a Juan Marconi. En el campo de la psiquiatría, el Programa Intracomunitario ha sido objeto de múltiples apariencias. Concretamente, es posible decir que tuvo efectos directos en toda una generación de psiquiatras formados bajo la tutela de Marconi en la Universidad de Chile, entre quienes se encuentran los que han liderado el desarrollo de la psiquiatría comunitaria o salud mental comunitaria en Chile durante los años '90 y hasta la actualidad, instalándola como el modelo central de atención en salud mental en nuestro país, como lo atestigua el Plan Nacional de Salud Mental y Psiquiatría.
    En relación con el video del Dr. Cordero, es notable cómo desde sus inicios mostró un profundo interés por la psiquiatría, a pesar de las dificultades que enfrentó en ese período debido a la intensa presión política. Además, se encontró con un entorno social complejo, en el cual los pacientes con patologías psiquiátricas vivían en condiciones precarias y, a menudo, eran abandonados.
    Quisiera resaltar especialmente cuando el Dr. Cordero afirma que "la psiquiatría sensata es la psiquiatría comunitaria". Este enfoque lo ejemplifica en el trabajo que fue personalizado en Temuco en 1969, al establecer el centro de salud autogestionado denominado "Pueblo Nuevo". Asimismo, es destacable su trabajo con la comunidad mapuche y los esfuerzos realizados en la restauración del Hospital de Nueva Imperial.
    Finalmente, en base a lo expuesto anteriormente y mi experiencia profesional, comprendí que es crucial incorporar a la comunidad, ya que es el motor de cambio, y que, con el apoyo de diferentes profesionales de la salud, podremos generar un impacto significativo en nuestra sociedad.

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  17. Las lecturas correspondientes a esta quincena me resultaron particularmente resonantes; no sólo por ser ilustrativas de la concepción del enfoque comunitario en el medio local, sino también porque logra dar cuenta del caracter contestatario de la psiquiatría comunitaria en su génesis, asentada en la mente y las convicciones de sus próceres.

    El trabajo realizado por el Dr. Marconi y el Dr. Cordero genera admiración por su labor pionera desde una perspectiva académica y sanitaria, pero asoma como aun más heroica al ubicar el cuerpo de trabajo en el contexto sociopolítico y cultural de aquellos años. Norambuena describe con elocuencia los primeros años de la implementación del Programa Intracomunitario de Marconi, que además de evidenciar la preponderancia de las ciencias sociales en los cimientos de la psiquiatría comunitaria, es consecuente la lectura epidemiológica de la fecha y se despliega en un territorio estratégico para llegar al paciente: en plena población La Victoria.

    Por otra parte, los relatos del Dr. Cordero en su entrevista y las experiencias descritas por Rosas y Araya en el libro de Psiquiatria Comunitaria en Temuco y Nueva Imperial durante el mismo periodo 1968-1973, ponen el énfasis en la desnaturalización del trato vejatorio que recibían los enfermos de aquél entonces: el resonar con el sufrimiento del "loco" asoma como motor del cambio, y los principios y convicciones que cuestionan el modelo social imperante, que finalmente es el que impone el trato para los padecientes, serían los catalizadores para implementar una forma más humana y eficiente de acercar la salud mental a la comunidad. No para ellos ni donde ellos; con ellos.

    La revolución cultural que versa Marconi en su documento es bastante explicativa respecto de lo ineludible del entendimiento sociopolítico para plantearnos la salud mental en la comunidad. Elementos como la pirámide de delegación de funciones, las unidades de adiestramiento y el desarrollo consecutivo de los programas de neurosis e infantojuvenil develan como eje medular de la propuesta comunitaria la horizontalización de la atención en salud mental, y el cómo democratizar el conocimiento es el camino correcto hacia el bienestar.

    Todo lo descrito no hace sino cuestionarnos nuestro labor como clínicos en la actualidad. Mi paso por la atención primaria y en particular el trabajo realizado en el Programa de Salud Mental, con consultas en box, visitas domiciliarias y trabajo vecinal fueron un crudo recordatorio de que estamos inmersos, más que nunca, en una sociedad de clases que vulnera sistemáticamente a una clase "proletaria" mayoritaria, víctima de un modelo capitalista tardío que no visiona ninguna mejoría para el futuro. Hemos de nutrirnos no sólo en lo profesional para combatir esto; es imperativo abrazar una postura y una voz política para ejercer los cambios.

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  18. En las décadas de 1960 y 1970, Chile experimentó una transformación en la psiquiatría comunitaria gracias al Programa de Psiquiatría Intracomunitaria liderado por el Dr. Juan Marconi. Este programa desafió el modelo hospitalario tradicional al fomentar la integración comunitaria y la delegación de funciones, involucrando a diversos sectores de la sociedad en la prevención y tratamiento de trastornos mentales.

    La "pirámide de delegación de funciones" fue central en este enfoque, asignando responsabilidades desde médicos hasta líderes comunitarios y la población general. Esto permitió intervenciones directas en problemas como el alcoholismo, que afectaba gravemente a las clases trabajadoras. Al democratizar el acceso a los servicios de salud mental, se logró atender de manera más equitativa en un contexto de recursos limitados y alta demanda.

    Este modelo no solo buscaba aliviar la carga de las instituciones psiquiátricas, sino que también reconocía la influencia de factores sociales como la pobreza y el aislamiento en la aparición y persistencia de trastornos mentales. Fue pionero al abordar la salud mental desde una perspectiva integral que consideraba las condiciones de vida de la población.

    Desde mi experiencia en La Araucanía, muchos desafíos que Marconi enfrentó siguen presentes. El acceso limitado a servicios de salud mental y la persistencia de problemas sociales continúan siendo factores clave en el desarrollo de trastornos. El legado de la psiquiatría comunitaria resalta la necesidad de adaptar los recursos de salud a las realidades locales, en lugar de aplicar enfoques estandarizados que no reflejan las particularidades culturales y sociales de cada región.

    Este modelo histórico nos enseña que la participación comunitaria y la consideración de los contextos sociales son esenciales para abordar eficazmente los desafíos actuales en salud mental. Es crucial retomar y actualizar estas estrategias para responder a las necesidades contemporáneas, promoviendo una atención más inclusiva y contextualizada.

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  19. Primeramente, me gustaría agradecer los diversos artículos compartidos para la lectura de esta quincena, ya que creo profundamente relevante para nuestra formación, tener al menos nociones históricas del desarrollo de la psiquiatría a nivel local que nos permitan realizar análisis críticos sobre los cuales podamos marcar una dirección clara hacia la conducción de una medicina comunitaria.

    Esta vez nos adentramos en los albores de la psiquiatría comunitaria chilena en la década de los 60’’ de la mano de un contexto histórico y sociocultural marcado por la concientización de la justicia social tanto en Chile como en el mundo, dándose las condiciones de posibilidad para que se gesten y desarrollen alternativas al modelo asilar y altamente precarizado presente hasta entonces en nuestro país.

    Por una parte, se destaca la inmensa labor del Dr Juan Marconni, quien rescatando bases de ciencias sociales sumado a la generación de evidencia epidemiológica en Salud mental (pionero en nuestro país al respecto de sus estudios en alcoholismo) y su análisis fenomenológico, elabora una revolucionaria propuesta asistencial de “psiquiatría intracomunitaria” en el área sur de la Región Metropolitana (1971) logrando generar un enfoque más humanitario, participativo y preventivo, involucrando a los diversos actores sociales de la comunidad para una mejor gestión de la red a la vez que se involucraba a la misma en su co-construcción a través por ejemplo, del sistema de delegación de responsabilidades, donde la psicoeducación en alcohol o neurosis de 1 sólo médico puede lograr un mayor alcance poblacional si se logra capacitar gradualmente a los actores involucrados acorde a su nivel de especialización. Me parece muy destacable que el Dr Marconni no sólo se limitó a la teorización e instalación de este programa particular, sino que se mantuvo impulsando este modelo, aún frente a lo abrupto y descorazonador del golpe cívico-militar en 1973. “Contra viento y marea” su legado permanece y crece progresivamente hoy en día.

    Por otra parte, destaca la notable experiencia comunitaria del Dr Martín Cordero y su equipo de salud, en la región de La Araucanía entre 1968-1973. Destaco principalmente, el trabajo historiográfico de la profesora Claudia Araya al respecto donde evidencia el desarrollo de múltiples iniciativas de carácter comunitario, logrando avances pioneros en la región e incluso logrando un reconocimiento a nivel latinoamericano. Rescato especialmente la experiencia del Hospital de Puertas Abiertas y “La Granja” en Nueva Imperial como una muestra fidedigna del espíritu desinstitucionalizador y de una relación de confianza y respeto con la comunidad mapuche local. Lamentablemente también fue truncado en el 73’ por el golpe de estado, quienes en palabras de la Dra Obrecht vieron como “peligrosos” a esos “locos sueltos”.

    En mi caso particular, resueno profundamente con la experiencia del Dr Cordero, ya que, en mi paso por el Hospital Comunitario Intercultural de San Juan de la Costa en la región de Los Lagos, pude ver parte de sus legados vivos, en la participación activa y empoderada de la comunidad Huilliche local en su salud, desarrollando en conjunto con el equipo de salud y otros actores de la comunidad local distintos espacios de pertenencia y resignificación de la salud mental. Reafirmo mi postura de que es éste el modelo a seguir, “con” la comunidad.

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  20. Respecto a los textos entregados durante estos días, conlleva muchos sentimientos encontrados, ya que comentan los primeros inicios de la medicina psiquiátrica comunitaria en nuestro país, además de muchos lugares que conozco de forma física, al ser originaria de la zona. Así que surge un sentimiento de orgullo, lo difícil de integración, pero el interés y compromiso de los profesionales conlleva su éxito. Durante el video, el Dr. Martin Cordero representa la realidad de la época, el miedo, el temor de que los profesionales perdieran el espacio físico que habían recuperado y las imposiciones que instauro en esa época el poder militar. Esas historias se han ido contando de generación y generación. Con la llegada del poder militar a la comuna de Nueva Imperial, provoca una gran migración de Nueva Imperial hacia la capital de Santiago, debido al déficit que se produjo en la comuna. Pero también trae el sabor amargo de lo difícil que fue reconstruir un espacio físico para la entrega de un servicio digno hacia la población y sus alrededores, además de ser un centro también que recibió estudiantes en formación y se mostraron patologías y realidades muy distintas a la capital, ya que a los pacientes de la zona sur no se les presentaba la similitud de los cuadros clínicos que, si se estudiaban en Santiago, como además el nivel de cosmovisión de la zona en cuestión. Además, me impacta que dentro de la época de los 60 y 70 los profesionales tuvieran acciones de pseudoprotestas, no para mejoras económicas, sino para mejoras estructurales y mejoras dignas para recibir a la población que recibirán. Eso habla del compromiso, el sentido de carácter humano de sus formaciones y del sentido de igualdad… Otra cosa que me llamó la atención fueron las palabras del Dr. Cordero. Descritas hay 2 cosas que los humanos y que la psiquiatría aún no se da cuenta: la falta de reciprocidad y la falta de impredecibilidad que dentro de un paciente psiquiátrico es difícil de manejar. Le encontré tanto sentido a sus sabias palabras, y de igual una ayuda a la dirección de la atención y trabajo a la cual se deben enfocar los estudios, ya lo individualizado que debe ser la atención. En la actualidad, la comuna de Nueva Imperial está tan distinta, luego de contar con uno de los pocos hospitales psiquiátricos que fue demolido en los años 2000 para la construcción de un Hospital Intercultural y desaparecer el área de psiquiatría, que fue trasladada a un espacio reducido en las inmediaciones del hospital antiguo, que es compartido con también el Cesfam y con crisis actuales de espacios físicos. Sin contar con los pocos profesionales de psiquiatras en la zona, tanto de adultos e infanto-juvenil, espero que la nueva formación de la nueva generación de psiquiatras tenga el sentido de pertenencia, trato humanizado y energía para entregar un servicio de calidad.

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    1. Estimada Jocelyn, que decepcionante es leer que ya no quedan vestigios literales y figurativos del trabajo del equipo del doctor Cordero en Nueva Imperial, donde en este nuevo Hospital intercultural no se dio cabida para el área de psiquiatría. A veces nos encerramos en nuestras realidades locales y no vemos que la crisis en salud mental se extrapole a nivel de todo el país. Queda entonces la esperanza que con la nueva formación de psiquiatras se pueda continuar este enfoque intracomunitario en psiquiatría con un grado de pertenencia asociado al compromiso a la atención de nuestros usuarios de forma digna e inclusiva.

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  21. Los textos y video de esta quincena ofrecen una perspectiva integral y detallada sobre la evolución de la psiquiatría comunitaria en Chile, destacando cómo esta disciplina, inicialmente influenciada por modelos institucionales tradicionales, fue transformada profundamente por el Programa de Psiquiatría Intracomunitaria liderado por el Dr Marconi. Esto representó un cambio radical en la manera de abordar la salud mental en el país, alejándose del enfoque centralizado y elitista que había predominado hasta entonces, para establecer un modelo en el cual la comunidad jugaba un rol activo en la prevención, diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales. No solo se analizan los aspectos operativos sino también su contexto histórico, político y social, así como las implicaciones más amplias que tuvo para la salud mental en Chile.
    Uno de los elementos centrales del programa fue la delegación de funciones, una estrategia diseñada para hacer frente a la falta de profesionales de salud mental, especialmente en las áreas más desfavorecidas. Esto permitió que los profesionales, como médicos y psiquiatras, transfirieran sus conocimientos y responsabilidades a actores clave de la comunidad, como maestros, voluntarios, líderes religiosos, y miembros de la Cruz Roja. El objetivo era involucrar a la sociedad, empoderando a la comunidad. De ahí la importancia de destacar que el Dr Marconi y sus colaboradores consideraban inadecuado para la realidad chilena y latinoamericana el enfoque occidental que se le daba a la psiquiatría , centrado en grandes instituciones como los hospitales psiquiátricos, ya que habían demostrado ser ineficaces en abordar las necesidades locales, al ignorar las particularidades culturales y sociales de las comunidades. Marconi argumentaba que este modelo perpetuaba un colonialismo cultural, imponiendo teorías y prácticas europeas y estadounidenses que no respondían a las dinámicas de las comunidades obreras y campesinas de Chile. Frente a esto, el enfoque intracomunitario buscaba respetar y aprovechar los recursos culturales locales, fomentando una mayor conexión entre la salud mental y las dinámicas comunitarias, en lugar de imponer soluciones foráneas.

    El contexto político de Chile en los años 60 y 70 también juega un papel crucial en el desarrollo y éxito de este modelo. La atmósfera de reforma social y movilización política, impulsada por los gobiernos de Frei y Allende, facilitó la creación de programas que promovían la participación comunitaria y la descentralización del poder. La salud mental dejó de ser un asunto exclusivamente médico, para convertirse en una herramienta para el empoderamiento social y la transformación cultural. Programas como el de Marconi no solo se centraban en tratar los síntomas de los trastornos mentales, sino que buscaban abordar sus causas estructurales, como la pobreza, la exclusión social y las desigualdades económicas. En este sentido, la psiquiatría comunitaria en Chile se transformó en un proyecto político que reflejaba los ideales de justicia social y equidad promovidos en ese momento.
    El Dr Marconi, sentó las bases para el desarrollo de la psiquiatría comunitaria en Chile en las décadas posteriores. Aunque el contexto político cambió drásticamente con el golpe de Estado de 1973, muchos de los principios establecidos por Marconi sobrevivieron y fueron integrados en los planes nacionales de salud mental de los años 90 y 2000. La atención descentralizada y el empoderamiento comunitario se convirtieron en pilares del sistema de salud mental en Chile.

    Para finalizar, me parece de suma importancia y digno de admiración, el aporte a la salud mental intracomunitaria, en su intento de participar activa y profundamente enraizados en el respeto por las culturas locales, rompiendo con los modelos psiquiátricos tradicionales.

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  22. Me gustaría iniciar mi comentario expresando mi admiración por el trabajo del Dr. Marconi y el Dr. Cordero, y todos aquellos que participaron en el desarrollo del modelo comunitario, la lectura y revisión del material no solo fue una instancia para conocer más sobre el proceso histórico y formación del modelo sino que resulto una instancia inspiradora, pero a la vez frustrante, debido a las secuelas que provoco que el golpe de estado en todo este proceso.

    El proceso llevado a cabo por el Dr. Marconi me parece excepcional. No solo porque puso en marcha el programa intercomunitario, sino también porque, al revisarlo, lo primero que pensé fue: “esto lo tiene todo”. Esto lo relaciono con varios temas que hemos ido abordando a lo largo del curso, lo cual refuerza la calidad y la solidez de su enfoque.

    Nos presenta un modelo de donde se realiza delegación de funciones, con un enfoque interdisciplinario pero también intersectorial, con una fuerte participación de la comunidad, desde un enfoque sistémico-familiar, que identifica la importancia de la prevención y también la educación a la comunidad, entendido la barrera que existe entre el conocimiento médico y la comunidad.

    Considero que el éxito (o por lo menos hasta donde logro funcionar) radica en la comunidad, a esto me refiero a que se consideró las necesidades de la comunidad, iniciar con un programa de alcoholismo, el cual es un problema de carácter sociocultural, con una alta prevalencia en las clases sociales bajas, como la que se observa en el sector sur de santiago. Luego el programa fue expandiéndose, abordando temas como neurosis y la privación sensorial, problemáticas también prioritarias para la comunidad.

    Pero no solo se trata de la identificación y priorización de necesidades, sino que se logra un trabajo comunitario que resulta ser emocionante, donde el tejido social y el poder popular de la comunidad sostenían el proyecto, siendo una parte fundamental del proceso. Donde claramente, el contexto social, histórico y político no solo lo permitía, sino que lo relevaba, dándole un significado aún más profundo y reforzando su impacto en el desarrollo del proyecto.

    Es en este punto donde el panorama se vuelve deprimente al imaginar la posibilidad de llevar a cabo iniciativas como está en nuestro país en la actualidad. El golpe militar y la dictadura desintegraron el tejido social e impusieron un modelo económico neoliberal, en el cual propuestas de este tipo son consideradas hasta peligrosas para la continuidad del sistema. Este contexto hace que la reproducción de iniciativas comunitarias con un enfoque tan integrador y participativo, donde la comunidad tenga mayor control sobre sus condiciones, sea extremadamente difícil, y amenazante para la estabilidad del modelo imperante.

    Me gustaría poder relacionar mi experiencia en el COSAM o en APS con la participación o el conocimiento de, alguna experiencia similar. Lamentablemente no ha sido así. Sin embargo, sí existen algunas iniciativas que buscan rescatar elementos importantes del modelo, como el trabajo con pares, las actividades grupales y algunas instancias de educación popular

    Trato de abordar este panorama de manera desafiante, en lugar de ser pesimista, viendo en estas pequeñas iniciativas un punto de partida para seguir construyendo. En mi caso, realizaré mi proceso de formación en el sector sur de Santiago y mi PAO en el Hospital Barros Luco, y al conocer más sobre la historia del modelo, lo considero un gran privilegio. Por lo que conocer el proceso realizado por el Dr. Marconi cobra relevancia, ya que nos inspira a convertirnos en agentes activos de cambio y promotores del modelo de Psiquiatría comunitaria (que como menciona el Dr. Cordero, “Es la única psiquiatría sensata").

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    1. Estimada:
      Respecto a lo que comentas, hay un punto fundamental que comparto que es la importancia de la comunidad y el éxito de lo implementado por Marconi.
      Si bien podemos realizar nuestro trabajo de acuerdo a las necesidades de la comunidad y en conjunto con ella siguiendo el modelo comunitario, tendemos quizás por “malformación” a que el éxito o fracaso de un proyecto dependa del equipo de salud (mental en este caso). Sin embargo en mi experiencia el poder de la comunidad tal como mencionas se ha ido mermando por distintos motivos (lo que da para un análisis gigante), incluyendo el modelo neoliberal establecido por décadas, que alienta en muchas ocasiones la individualidad sobre el bien común, el beneficio económico sobre la justicia y equidad y cualquier atisbo de cambio que beneficie a la mayoría a un tinte político que desestabiliza todo.
      Sería interesante algún estudio de cómo esto impacta actualmente en la salud mental comunitaria y así poder reforzar esta unión que tal como vimos en los textos puede llevar a resultados notables.

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    2. Estimada Paulina. Tu comentario me resultó inspirador, debido a que es evidente que valoras la importancia del modelo comunitario en la psiquiatría. Además, comparto absolutamente la frustración que te produce el retroceso de los avances en salud mental a causa de un contexto político como el golpe militar, y nos hace visualizar que somos una de las áreas de la salud más frágiles y vulnerables. Me pareció relevante la importancia que le diste a la "barrera que existe entre el conocimiento médico y la comunidad"; esta frase nos permite pensar en los retos que tenemos de educar y empoderar a la comunidad para hacerla participe de su salud. El desafío que planteas de incorporar este modelo y ser agente activo del cambio realmente motiva y demuestra tu compromiso con la salud mental en Chile.

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    3. Estimada Paulina.
      Estoy muy de acuerdo respecto a tu visión de ver la actualidad como un desafío. No podemos hacer caso omiso a las necesidades de la población chilena, sabiendo que en algún momento se logró un atisbo de psiquiatría sensata. En este minuto nos tenemos que hacer responsables de lo que pudo ser y debemos apuntar a aquello nuevamente, y con más fuerza.
      Debemos hacerle frente a los cambios que permanecieron tras la dictadura y que nos hacen zancadillas. Por eso, este proceso no será simplemente un acto médico o salubrista, sino que también será una declaración política frente al modelo de atención y frente al modelo político-económico establecido en la actualidad. Tomemos postura.

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  23. En primera instancia quiero mencionar que fue bastante enriquecedora la lectura de los textos y también el video de la entrevista al Dr. Cordero no sólo por los aspectos teóricos y de implementación de un modelo distinto de trabajo, si no también por la conmovedora sensación de vocación y bienestar hacia la población que transmiten cada una de las iniciativas y testimonios presentados.

    El texto de Pablo Norambuena nos aporta inicialmente el contexto sociopolítico en que se empieza a desarrollar la psiquiatría comunitaria en Chile y rescata los aportes fundamentales de Marconi no sólo en la influencia de sus ideas sino también en realizar descripciones analíticas y específicas acerca del programa, conceptos y su forma de estructurar su trabajo gracias a una recopilación de diversos documentos.
    Destaca el enorme trabajo de Marconi en una zona que hasta ese momento no tenía servicios institucionales de salud mental, en contraste con la alta demanda de atención.
    Ahí surge este genial cambio de paradigma de situar las intervenciones y tratamiento desde el núcleo de la comunidad, ocupando los elementos que ya estaban funcionando y que eran familiares y reconocidos por la población, además de incorporarla activamente al delegar funciones en su llamada “pirámide de delegación”.

    Esto me parece notable ya que no sólo acerca la salud mental en cuanto al lugar de atención instalando los centros comunitarios como eje, también hace responsable a la comunidad de su propia salud y con un rol preponderante en la prevención. Además trabaja activamente la capacitación a todos los niveles, en un conocimiento compartido y retroalimentado con la comunidad.
    Destaca también la incorporación de actores de las ciencias sociales y de otras áreas, en un diálogo permanente que se funda también en el movimiento social de la época del cual es imposible mantenerse aislado.
    Además de caracterizar los diversos programas de salud mental a partir de fundamentado por Marconi, rescato del texto una frase que hace mucho sentido:
    “Un enfoque comunitario, así comprendido, no incorpora a la población como objetivo normativo o como dirección de la intervención, sino como principio constituyente y transformador de las ideas. No porque deba hacerse, sino porque solo así llega a ser”.

    En relación a “Asistencia psiquiátrica intracomunitaria en el área sur de Santiago. Bases teóricas y operativas para su implementación” de Marconi, define algo que quizás hoy nos parece básico pero que es fundamental: “La asistencia, el control y la prevención de los desórdenes mentales es la meta final de un programa de salud mental definido sectorialmente”.
    Es notable dentro del texto el cómo Marconi va edificando su programa inicialmente sin recursos institucionales pero con una claridad de conceptos e ideas que logran soslayar este problema.
    Parte de algo importante: reconoce que los esquemas teóricos y prácticos estadounidenses y europeos tienen limitaciones en la implementación desde la imitación (algo que con la globalización se da aún más el día de hoy no sólo en el ámbito salud).

    Propone el modelo centrado en la comunidad “relativista cultural”, dandole valor a la comunidad con sus características culturales, al contrario del modelo centrado en las instituciones, estableciendo un modelo de trabajo minucioso y estructurado partiendo de la sectorización de la comunidad. Aquí destaco que en la transferencia de conocimientos incorpora el lenguaje de acuerdo a la comunidad con la que trabaja, haciéndolo comprensible para todos los niveles.
    Esto es explicado detalladamente en la entrevista acerca de su legado, entendiendo mejor el contexto y la implementación de los programas en sí.
    Rescato también una declaración de principios que adaptada a nuestra realidad actual aun hace mucho sentido:
    “El profesional de Salud que aplique esta enseñanza programada será lo que realmente un
    profesional dehe ser en América latina: el vértice de una pirámide educativa para la Salud efectiva y controlada en nuestras comunidades”

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    1. El libro "Psiquiatría Comunitaria en el sur de Chile: Temuco y Nueva Imperial, 1968-1973" de Rosa Torres y Claudia Araya me pareció muy interesante ya que no sólo realiza descripciones de cómo se fue implementando la Psiquiatría comunitaria en Temuco y alrededores, con iniciativas únicas y que destacaron a nivel mundial, sino que también incorpora el elemento vivencial a través de entrevistas de sus protagonistas y un extenso anexo con diversos elementos que le dan aún más valor a todo lo que hicieron el Dr. Cordero y su equipo a lo largo de los años. Queda obviamente la sensación amarga de qué hubiera pasado si el golpe militar no hubiera interrumpido brutalmente el trabajo de tantos profesionales, técnicos, pacientes, familiares y otros actores de la comunidad.

      Cordero incorpora innovaciones que actualmente las vemos como básicas, en el espíritu del valor del ser humano y sus derechos, pero que en esa época no eran habituales y menos para un paciente con patología de salud mental.
      La laborterapia, terapia ocupacional, la privacidad y el derecho de los pacientes, el énfasis en la prevención, disminuir el estigma tanto en trabajadores de salud mental como en la comunidad, la incorporación del MODECATE, el manual de Psiquiatría para la Comunidad, el cambio en relación al Servicio Social y un largo etcétera son iniciativas que no sólo hablan de un académico genial, si no que también con un profundo sentido humano que era compartido con el resto de su equipo, algo que por lo que transmite el libro no se si aún se puede ver en nuestro servicio actual.
      Destaco la implementación del Hospital Granja, con la producción de insumos y verduras en acuerdos según la necesidad de la zona, dándole funcionalidad a los pacientes de una forma más alejada del contexto clínico y como declaración de una verdadera rehabilitación, yendo más allá aún al concepto de “normalización”.

      Al inicio hay una frase que me parece notable sobre el modelo preponderante no comunitario (y aún actual?) “El rol del psiquiatra de ocultador de los déficits que trae la pobreza y el desconcierto de las personas que no han tenido acceso a la educación a la vida, como nosotros nos parece que debería ser”.
      Esto me hace mucho sentido en mi experiencia personal, tanto en mi trabajo en APS como actualmente en el CDT del Barros Luco. A veces pareciera que nadamos solos, reducidos a una prescripción de psicofármacos, en un medio hostil que minimiza las intervenciones del equipo tratante.

      Esto se recoge también en el video de la entrevista a Martín Cordero, donde desde el elemento vivencial explica su trabajo con énfasis en algunos tópicos, como las condiciones de los pacientes al llegar al servicio y la importancia de la capacitación a la comunidad, ya que el paciente antes de presentar una enfermedad o descompensación tiene contacto con muchos miembros de ésta antes de consular, permitiendo un abordaje precoz.

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  24. La experiencia de la psiquiatría intercomunitaria que se inició el año 1968, abordando inicialmente el problema de consumo de alcohol y luego extendiéndose al abordaje de los cuadros neuróticos y la privación sensorial en niños, se trató de una práctica clínica-comunitaria masiva en el área sur de Santiago en que se entregó a la comunidad o se le hizo partícipe de manera extensa del manejo de estos problemas de salud mental, con apoyo piramidal de profesionales de la salud quienes formaban monitores comunitarios quienes hacían gran parte de las intervenciones de acogida y apoyo a personas afectadas.

    El Dr.Marconi , quien explica su programa sobre el alcoholismo y la manera en la que se intentó llevar a cabo a través de una psiquiatría intracomunitaria , en la cual formo distintos niveles con distintos roles y participación activa en la comunidad.

    La creación de la figura de monitor y el logro de un reconocimiento social de parte de la comunidad hacia este, ya a que la gente que se mejora del alcoholismo y pasa a ser líder, recae mucho menos que los que no son lideres, entonces, el efecto de demostración ayuda a mejorar otros pacientes, entonces el supuesto era que la transmisión entre los pares y miembros de la comunidad era el agente de salud mental.
    Mirada psicosocial en la comprensión de las problemáticas de salud mental: el programa aludido, constituye una de las primeras experiencias en que se aborda desde la psiquiatría, la salud mental con principios explicativos distanciados de la postura intrapsíquica o netamente conductual. El mensaje que recibía el nivel D5 a través de las unidades de adiestramiento, identificaba las condiciones de vida cotidiana ,psicológicas y sociales, como un importante factor influyente en la generación de problemas de salud mental.
    Rol activo de la comunidad: se buscó́ traspasar conocimientos y destrezas tradicionalmente en el espacio académico o profesional, hacia integrantes de la comunidad


    Con respecto al la entrevista realizada al Dr. Cordero, quien se traslada al hospital regional de Temuco , donde emprende un proyecto pionero en psiquiatría comunitaria, que desde 1969 se trasforma en un referente para la OPS/ OMS , donde destaca un proyecto denominado granja psiquiátrica, primer hospital puertas abiertas de Chile, incorporando a la población mapuche de la zona, buscando un enfoque intercultural, junto al trabajo del grupo de antropólogos y sociólogos que llegaron desde el extranjero en aquella época a Temuco.
    Lamentablemente, todos estos procesos se vieron interrumpido por el golpe cívico-militar de 1973

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  26. “La psiquiatría comunitaria no es un pedazo de la psiquiatría; la psiquiatría comunitaria es la psiquiatría. Toda la psiquiatría es comunitaria”. Me gustaría partir destacando la figura del Dr. Martín Cordero y de la Dra. Obrecht por sus aportes y la humanización de la salud mental en Chile, especialmente en La Araucanía, dejando de manifiesto que desde las regiones se puede ser referente y hacer grandes cambios. El libro "Psiquiatría comunitaria en el sur de Chile" fue uno de los primeros materiales que se nos encomendó leer en el primer mes de la beca. Destaco la participación de todos los estamentos y de la comunidad, la creación del hospital-granja, etc.

    Durante estos meses, uno de nuestros profesores nos ha transmitido su experiencia y lo que su mentor, Martín Cordero, le ha enseñado a lo largo de su vida. Nos relata, además, historias que en la actualidad imaginaríamos como lejanas o más difíciles de concretar debido a la demanda asistencial actual, pero que siento más cercanas y posibles al leer y escuchar a las mismas personas que ya lo han hecho.

    Asimismo, el Dr. Marconi fue un pionero en implementar la psiquiatría intracomunitaria, proponiendo un plan nacional de salud mental, inicialmente orientado al alcoholismo, donde quedan comprobados, por sus buenos resultados, la importancia del involucramiento activo de toda la comunidad y su trabajo colaborativo, trabajando en delegación y enseñanza programada. El texto de Pablo Norambuena hace un resumen histórico de cómo nació la psicología comunitaria, de la cual no existen muchos escritos que expliquen la relevancia de su nacimiento. Llama la atención la ausencia de la figura del psicólogo en el modelo de delegación de funciones, así como en el equipo de profesionales formados, que se considera dentro de los logros del programa en sus primeros años, constituidos por médicos y psiquiatras.

    Creo que a través de todos los textos y el video se recalca la importancia de la educación y de invertir el sistema de recursos, entregándole el poder a la comunidad para solucionar sus problemas por sí mismos. Queda en evidencia que todos quienes estuvieron involucrados en este proceso hicieron cambios radicales, teniendo el coraje de creer en los demás.

    En la práctica, a veces quedo con la sensación de que los pacientes, sus familias y la comunidad podrían hacer más de lo que creen que son capaces. Me llama la atención que, a veces, las familias de los pacientes no vean más soluciones que (re)hospitalizarlos. Durante varias sesiones, se ha destacado la importancia de la educación; quizás deberíamos cuestionarnos qué tan efectivas son las herramientas o la psicoeducación que entregamos a la comunidad para dejar atrás la vida tutelada y la dependencia asistencial. “Hay déficit de médicos para dar solución a la demanda potencial por problemas de salud mental, pero además, hay una barrera cultural que separa el conocimiento médico-universitario del conocimiento de la comunidad”. Creo que esta problemática aún no se ha resuelto y permanecemos en deuda.

    Lamentablemente, el florecimiento de todo este progreso se vio mermado por la dictadura militar, un periodo que, además de muchas otras vulneraciones, restringió las oportunidades y el desarrollo de la salud mental en nuestro país. Sin embargo, es fundamental recordar que, como menciona en Dr. Cordero, “dejar que cien flores distintas florezcan” implica no solo permitir la diversidad de ideas, sino también la creación de un espacio donde todas las oportunidades estén al alcance de todos.

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    1. Coincido contigo y me parece notable que hayas mencionado el hospital-granja y cómo estos modelos de atención representan un compromiso auténtico con la comunidad, donde todos los estamentos se integran para un objetivo común y considero que el papel de la educación es fundamental, como bien señalas, para superar la dependencia asistencial y promover una mayor autonomía. Esa sensación que mencionamos, de que los pacientes y sus familias podrían hacer más lo vemos a diario en nuestras atenciones y es un desafío que nos recuerda la importancia de entregar herramientas efectivas y construir un puente entre nosotros como médicos y nuestras comunidades, también nos queda mucho camino en seguir educando para hacerlos parte de esto.

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    2. Me encanta el hecho de destacar que La psiquiatría comunitaria no es un pedazo de la psiquiatría; la psiquiatría comunitaria es la psiquiatría. Toda la psiquiatría es comunitaria”. Dado que siento que también es un llamado a no vernos como religiosos de una congregación predicando y adoctrinando a los demás a vernos como personas de un polo en sí! Sino que por el contrario es un llamado a que aprendamos que debemos trabajar de forma global la psiquiatria, abordar todo lo que rodea a nuestro paciente, su entorno, su ser... de verdad que muy bueno tu resumen colega!

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  28. Los textos y el video brindan una detallada visión del desarrollo de la psiquiatría comunitaria en Chile, siendo el pionero el Dr. Juan Marconi quien implementó el Programa de Psiquiatría Intracomunitaria, sin tener grandes evidencias científicas, pero visualizando la importancia de la participación comunitaria en la salud mental.
    Me parecen muy valiosos e interesantes los objetivos que propone el programa del Dr. Marconi, incluso visionarios para su época. Su enfoque es muy relevante para países como Chile en que la desigualdad social ha influido históricamente en el acceso y la calidad de la atención en salud mental. Dentro de los objetivos que me parecen más significativos está ver a las personas no solo como pacientes, si no como agentes activos en su proceso de recuperación. Esto lo podemos visualizar como apoyo en la mayoría de las patologías de salud mental, siendo muy transcendente; por ejemplo, en trastorno por consumo de sustancias, en que si el paciente adulto está en etapa precontemplativa, es muy difícil lograr avances sin previamente obtener el interés del usuario por un cambio. Cuando trabajaba en APS junto al equipo multidisciplinario, se abordaban estas patologías hasta que el paciente lograba estar en etapa contemplativa y ahí podíamos derivarlo a nivel secundario para recibir un tratamiento adecuado, demostrándonos que el usuario debe ser un sujeto activo en su rehabilitación. Con esto se visualiza la relevancia de los centros de salud familiar que tienen principalmente un enfoque preventivo, pesquisan y tratan patologías en etapas tempranas, son cercanos y abiertos a la comunidad y además realizan educación, empoderando a los usuarios.
    Otro de los objetivos del programa del Dr. Marconi que me parece interesante de destacar es la integración de las disciplinas, ya que el modelo comunitario de salud mental debe trabajar en equipo con el mismo objetivo final por la salud integral del paciente.
    En relación a la experiencia que tuvo el Dr. Marconi con el contexto político y social de la época, nos permite visualizar la fragilidad de los avances en salud mental. Me hace recordar la reciente pandemia que debilitó principalmente los programas de salud mental, visualizándolos como de menor relevancia, pero que al término de esta demostró el gran error cometido. Considero que el programa del Dr. Marconi es relevante hasta la fecha y nos sirve de inspiración para nuevas iniciativas. Nos deja grandes enseñanzas y desafíos para transformar la atención de salud mental.

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  29. Las lecturas realizadas me han permitido reflexionar sobre el legado del Dr. Marconi, quien nos recuerda el compromiso ineludible que tenemos con la sociedad, especialmente en respuesta a sus necesidades cambiantes. El trabajo realizado en las comunidades en los años 70 marca una transformación significativa en el enfoque de la atención psiquiátrica, particularmente con la implementación del programa de asistencia comunitaria. Este programa concebía a la comunidad no solo como receptora de atención, sino como un agente activo en la construcción de su propia salud, promoviendo la autogestión . A través de una estructura jerárquica, se delegaban funciones con el objetivo de transferir conocimientos a la misma comunidad. Este modelo se alinea con los enfoques actuales en salud pública, que promueven la descentralización y la participación activa de la comunidad, sirviendo como un ejemplo valioso para otras regiones con recursos limitados.
    El surgimiento y crecimiento de programas como estos son inspiradores, ya que evidencian cómo la colaboración entre instituciones y comunidades es esencial para mejorar la salud de nuestros usuarios. Es notable también el trabajo del Dr. Cordero, quien, a pesar de contar con recursos muy limitados, logró identificar las problemáticas de la comunidad y crear un espacio para mejorar la vida de aquellos considerados "locos" en la época, involucrándolos de manera activa en el proceso. Desafortunadamente, el proyecto fue interrumpido abruptamente por el contexto político de 1973, pero sin duda, su trabajo representa un precedente sobre cómo comenzar con muy poco, desde y hacia las comunidades.
    Desde la Atención Primaria de Salud (APS), buscamos mantener y fortalecer estos modelos de participación comunitaria, que promueven la descentralización y fomentan la corresponsabilidad. Aun cuando los recursos son limitados, se procura siempre establecer líderes comunitarios que participen en proyectos que respondan a necesidades reales. Es fácil centrarse en lo que falta o en los recursos escasos, pero también debemos tomar el ejemplo del Dr. Martín, quien, en momentos adversos y con tan poca información, sentó las bases de un proyecto monumental que hoy representa el antecedente de nuestro trabajo. actual.

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    1. Me parece importante lo que comentas respecto a la visualización de los recursos disponibles. Al igual que el Dr. Cordero, Marconi también adoptó esta perspectiva al desarrollar sus iniciativas, enfocándose en los recursos que ya existían en la comunidad para crear un proyecto de bajo costo que logró avances significativos en salud mental, a lo que él se refiere como "papel y saliva", pues no tuvo financiamiento para la implementación, sino que necesito solo de papel y tiempo de las comunidades y los profesionales. Esto resalta la importancia de reconocer el potencial y las capacidades de las comunidades, en lugar de centrarse únicamente en lo que falta desde la institucionalidad (hospitales, camas, plazas, cupos, etc.), ya que al hacerlo, no solo se fomentan soluciones sostenibles, sino que también se empodera a las comunidades para que sean agentes activos en la resolución de sus propios problemas.

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    2. Estimada Franzelis:
      Me parece muy interesante tu comentario y concuerdo bastante contigo. Considero muy destacable el hecho de que el Dr. Cordero haya logrado tanto con tan poco apoyo y recursos económicos. Esto es un claro ejemplo de que en muchas ocasiones, lo más relevante para impulsar iniciativas, es la motivación y el recurso humano.
      Además, me gustó mucho tu mención respecto a que todas estas iniciativas buscaban mejorar la calidad de vida de los "locos". Esto merma respecto a calidad de vida, se ve claramente reflejado en la actualidad en nuestro/as usuarios/as. Hay sólida evidencia de que personas con trastornos mentales graves continúa teniendo menor expectativa de vida (y menor calidad de vida) respecto a la población general. Lo anterior debe ser un motor que nos impulse a mejorar nuestras actuales y futuras intervenciones.

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    3. Estimada Franzelis:
      Estoy de acuerdo con lo que mencionas sobre el legado del Dr. Marconi y Dr. Cordero y la importancia de involucrar a la comunidad como un agente activo en su propia salud. Este enfoque, basado en la participación y autogestión, no solo transforma el modelo de atención, sino que también empodera a las personas, dándoles las herramientas necesarias para mejorar su bienestar.

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  30. Quisiera destacar lo que para mi constituye un paralelismo entre las intervenciones del Dr Marconi y el Dr Cordero, que como modelos de practica psiquiatrica, se retroalimentan entre si y que marcaron un antes y un después en la psiquiatría comunitaria.

    Por una parte el Dr Marconi, quien inicia con esta psiquiatría intracomunitaria . Se da cuenta de las dificultades del paciente para acceder a la red y genera esta nueva herramienta de intervención por medio de la comunidad, pero al mismo tiempo se preocupa por la capacitacion y educación de los mismos para garantizar que la intervención sea efectiva. Lo anterior permite un acceso oportuno y a la vez el reconocimiento de la idiosincrasia y las particularidades del entorno que rodea al paciente. Me gusto mucho una frase que usa el texto donde describe lo hecho por el Dr Marconi de la siguiente manera "una expresión de la injerencia de las ciencias sociales en salud".

    Por otro lado tenemos al Dr Martin Cordero y la Dra Obrecht quienes implementan este modelo de atención en salud mental desde las comunidades en Temuco y llegan a integrarse con comunidades Mapuches y terminan por convertirse en un ejemplo para la psiquiatria latinoamericana de la época. Pero no solo eso, sino que llegan a desarrollar una medicina verdaderamente integral logrando conseguir facilidades de atención en distintas especialidades para sus pacientes. No puedo evitar preguntarme que hubiese sido si ese proyecto no hubiera sido interrumpido por el golpe militar de la época.

    A nivel personal, recuerdo por mi paso en APS en al VI región cuando nos tocaba realizar atenciones domiciliarias a pacientes quienes por distintas particularidades no tenian acceso al CESFAM. La posibilidad de conocer las poblaciones, la red familiar y la realidad económica del paciente permitian comprender muchos de los sintomas que aquejaban al paciente, y a su vez establecer herraminetas verdaderamente aplicables y que con el paso del tiempo generaban un impacto tangible.

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    1. Concuerdo plenamente, ambos pioneros enfatizaron la participación activa de la comunidad en la atención en salud mental, la adaptación a las particularidades culturales y la importancia de una atención integral.

      Mi experiencia en atención primaria me ha mostrado que las actividades comunitarias son fundamentales para brindar una atención integral a los pacientes, su familia y entorno. Fortaleciendo el vínculo entre los profesionales de la salud y la comunidad, generando algo más confianza y adherencia a los tratamientos.

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    2. Estimado colega, en relación con tu experiencia creo que es tremendamente enriquecedor haber tenido la oportunidad de atender pacientes en su domicilio, independiente del motivo o de las razones por las cuales no accedan al espacio físico destinado para las atenciones en general, o sea, el CESFAM.
      Tal y como citaste, desde el momento en el que uno conoce a cabalidad la realidad del usuario se pueden dar indicaciones más aterrizadas y aplicables, según la red de apoyo, las posibilidades económicas, entre otros tantos factores relevantes.
      Esto lo destaco porque, tal y como citan los textos que leímos, cada vez se hace más necesario involucrar al paciente en su totalidad, considerar la realidad en la que se ve envuelto, para así ofrecer las mejores opciones a las que pueda acceder para finalmente manejar el motivo de consulta, el cual muchas veces está directamente relacionado con estos factores. Sería un privilegio, quizás, poder contar con mas tiempo para indagar esto con nuestros pacientes, pero es precisamente hacia allá adonde debemos apuntar.

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  31. A partir de la lectura de los textos y la entrevista al Dr. Cordero, se desprenden una serie de reflexiones en torno a los proyectos de Psiquiatría Intracomunitaria que tuvieron lugar en Chile.

    En primer lugar, es fundamental considerar no solo el contexto social que se desarrollaba en las comunidades que autogestionaban su malestar, como los Clubs de Abstemios, sino también el inicio de la Reforma Universitaria en Chile en 1968. El inicio de este movimiento dio pie a que se iniciaran diálogos que buscaban fomentar el acercamiento de los profesionales de la salud a prácticas comunitarias con un fuerte compromiso social. Mientras leía respecto a este panorama social y el eventual golpe de Estado en Chile, que interrumpió los proyectos intracomunitarios en gestación, inevitablemente recordé las lecturas previas sobre la reforma psiquiátrica en Europa, la cual se desarrollaba casi de manera paralela en medio de la dictadura Franquista en España. Al comparar ambos contextos, se evidencia cómo proyectos significativos relacionados con la salud mental se vieron profundamente influidos por el contexto sociopolítico. Lamentablemente, en el caso de Chile, la dictadura representó un corte abrupto y un retroceso en los avances hacia una psiquiatría comunitaria, como lo demuestran los proyectos comunitarios de figuras como Marconi y Cordero. En contraste, en Europa, las reformas psiquiátricas lograron continuar, aunque de manera clandestina, en medio de un contexto complejo. En ambos casos, las condiciones de posibilidad históricas, políticas, sociales, económicas y culturales eran lo suficientemente diferentes como para permitir el avance de políticas progresistas en un contexto, mientras que en el otro se limitaron por completo.

    En segundo lugar, al reflexionar sobre las lecturas y clases previas sobre la nueva Ley Integral de Salud Mental, resulta difícil no comparar los planteamientos del proyecto de ley con un proyecto de psiquiatría intracomunitaria que ya se implementó en nuestro país. En este sentido, aunque esta ley incorpora algunos principios de lo que podríamos considerar una psiquiatría comunitaria, me doy cuenta de que no incluye propuestas en cuanto a metodología y mecanismos específicos que se asemejen a los enfoques utilizados por Marconi o Cordero. En sus proyectos, el trabajo siempre comenzaba desde la comunidad y solo posteriormente se dirigía a la figura del médico o de los profesionales de la salud. Marconi, en su entrevista, aborda esta cuestión: “Ahora tenemos otro país, hay una progresión de derecha brutal, ese cambio hace extraordinariamente difícil programas a nivel masivo porque no hay agentes de cambio masivo”.
    Esto no significa que deban implementarse modelos idénticos a los proyectos intracomunitarios de aquella época, que, por ejemplo, no consideraban aspectos como la perspectiva de género que se tiene actualmente. Sin embargo, sería importante detallar qué estrategias específicas se aplicarán al trabajar en comunidad, de modo que el enfoque no se quede en lo teórico, sino que pueda llevarse a cabo con éxito en la práctica.

    Por último, en mi rol como psicóloga, considero que los proyectos intracomunitarios de Cordero y Marconi son profundamente relevantes, especialmente al reflexionar sobre la escasez de antecedentes del trabajo en psicología comunitaria en esa época, algo que también observé en mis lecturas sobre este tema durante la carrera. Creo que es fundamental que este tipo de prácticas no se centralicen exclusivamente en la perspectiva médica, sino que incorporen e integren a un equipo de trabajo interdisciplinario que aborde, desde la comunidad como motor central y agente de cambio, las diversas problemáticas en salud mental, reconociendo el potencial y los recursos que tienen estas comunidades para enfrentar y dar solución a sus propios desafíos.

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  32. Según lo leído en las diversas y extensas fuentes y visto en el video, entre 1968 y 1973 en Chile se vivió un momento clave para el desarrollo de la psicología y la psiquiatría comunitaria, impulsado por un contexto social y político transformador. Durante este período, marcado por cambios profundos que culminaron con el gobierno de la Unidad Popular, surgieron nuevos enfoques en la atención de la salud mental que se alejaban de los modelos hospitalarios tradicionales y centrados en el individuo, para promover una integración comunitaria y un enfoque preventivo.
    Se enfatizó la importancia de involucrar a la comunidad en los tratamientos y de considerar los factores sociales, económicos y culturales en el manejo de los trastornos mentales. Inspirados en experiencias internacionales como la desinstitucionalización en Europa y Estados Unidos, los profesionales chilenos comenzaron a implementar modelos de atención basados en la descentralización de los servicios psiquiátricos, priorizando la atención ambulatoria, la prevención y la rehabilitación psicosocial.
    Este movimiento encontró un terreno fértil en las políticas del gobierno de Salvador Allende, que promovían la participación activa de las comunidades en áreas como la salud, la educación y el bienestar social. En este contexto, instituciones como la Universidad de Chile jugaron un papel crucial en la formación de profesionales comprometidos con estos nuevos enfoques, que rompían con el modelo médico hegemónico y ponían énfasis en la dimensión social de la salud mental.
    En áreas como el sur de Chile, particularmente en localidades como Temuco y Nueva Imperial, estos enfoques encontraron un desafío adicional al intentar integrar a comunidades indígenas, como los mapuche, que enfrentaban barreras culturales y estructurales para acceder a la atención sanitaria. A pesar de los avances, las iniciativas enfrentaron dificultades significativas, tales como la escasez de recursos, la resistencia de sectores médicos tradicionales y las tensiones culturales y políticas.
    Los textos también subrayan que este periodo estuvo marcado por debates intensos sobre el rol del Estado y la comunidad en la salud mental, con propuestas que buscaban democratizar y adaptar la atención a las realidades locales. Aunque muchos de estos proyectos se truncaron tras el golpe de Estado en 1973, el legado de la psicología y psiquiatría comunitaria continuó influyendo en las políticas públicas y en la formación de profesionales de la salud mental en las décadas posteriores.
    En resumen, entre 1968 y 1973, la psiquiatría y psicología comunitaria en Chile buscó transformar la manera en que se entendía y se trataba la salud mental, centrando los esfuerzos en la comunidad y en un enfoque más inclusivo y preventivo, aunque su avance fue interrumpido por el cambio político que siguió al golpe militar.
    En mi experiencia personal como ya lo he mencionado muchísimas veces en los diferentes resúmenes, cuando trabajaba en APS en el programa de salud mental siempre nos valíamos de la colaboración de los lideres comentarios y la promoción de redes de apoyo social en el CESFAM, estas eran prácticas que se alineaban con el legado de la psiquiatría comunitaria, dado que nuestro enfoque era intervenir oportunamente para prevenir cualquier complicación (descompensación) de nuestros pacientes.

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  33. Al igual que algunos compañerxs, quiero partir expresando mi profunda admiración por las personas que plasmaron en su labor un enorme cariño hacia el trabajo con las personas, tanto en la capital como en las regiones de nuestro país. Son una fuente inspiradora muy importante en la medida en que entregan esperanza ante la adversidad que enfrenta la sociedad.

    El tema de esta quincena es particularmente significativo para mí. Esta inspiración “de abajo hacia arriba” fue una de las primeras emociones que tuve al llegar a la beca, de manos de uno de nuestros profesores, cuando en la segunda semana y luego de una breve introducción de su persona, nos acercó nuestro primer texto, el de Rosa Torres y Claudia Araya. La experiencia del Dr. Cordero y su testimonio son ejemplos de una acción transformadora que se construyó centrada en una intención de bienestar comunitario, un trabajo dignificante y esperanzador que me permitió cambiar la perspectiva hacia lo valioso de la psiquiatría (y la medicina), que son las personas. Fue un muy acertado y afortunado punto de partida.

    El testimonio de este libro va más allá de hacer una narrativa histórica del recorrido del Dr. Cordero en la Araucanía. Enseña y enmarca en un contexto, cómo es posible elaborar un proyecto de salud mental basado en las necesidades de las personas y en la gestión humanitaria de los recursos, tomando referencias de la psiquiatría británica (Douglas Bennet, por ej.), perspectivas de interculturalidad y “el sentido común”. El modelo asilar, retratado en los testimonios de las almas que recorrían el Patio 17, nos enseña lo que no hay que hacer. Lo que vino después fue la expresión de voluntades que apelaron a una vocación de ayuda y servicio, alineadas por una mezcla de profesionalismo y coincidencia. En Temuco, fue signo de ello la psiquiatría de enlace sin burocracias, basadas en el diálogo interdisciplinario, las innovaciones en investigación sociológica dentro de un hospital y la incorporación de tratamientos vanguardistas a la fecha, como fue el Modecate (y su impacto en la deshospitalización posterior), la realización de TEC bajo anestesia y sesión nocturna, entre muchas otras. Este espíritu se materializa posteriormente, cuando se elabora el Manual de Psiquiatría, como instancia de democratización del conocimiento, “la información que el Servicio de Psiquiatría debe entregar a la comunidad”. Lo que siguió en Nueva Imperial fue la aplicación del proyecto a la necesidad de dignificación de los pacientes hospitalizados crónica y hasta entonces, irremediablemente, una comunidad de Puertas Abiertas en las que se plasma una genuina intención de recuperación. Resulta significativo y hasta romántico para esta comunidad, que la mediación hacia la vida laboral sea con el trabajo en la tierra, plano terrenal en el que todas las personas forman parte.

    Es posible encontrar orígenes de la psiquiatría comunitaria en diversos lugares y al mismo tiempo, como gérmenes que resignifican el problema de la salud mental hacia la dimensión social, transversal a todas las culturas, pareciera ser. Hacen sentido las palabras de Pablo Norambuena, al destacar que, el comienzo de instancias como el programa intracomunitario está en el campo de académico – universitario de la salud mental (algo observable en lo “paralelo” de la academia estadounidense o europea), pero que en pocos años se manifiesta en una fuerza de cambio social, haciéndose parte de un proyecto de acción transformadora. Tienen en común eso el programa intracomunitario y los trabajos del Dr. Marconi en el sur de Santiago, y la labor del Dr. Cordero y la Dra. Obrecht en Temuco y Nueva Imperial, son demostraciones de la fuerza que tiene la acción mancomunada entre la cátedra universitaria y la comunidad, en la medida en que tras un diagnóstico epidemiológico y de recursos de la red, integran componentes conceptuales de la antropología, culturalidad y la educación en una práctica humanizada.

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    1. (...) Hay algo más presente en ambas instancias que me es importante destacar, aquello que, valida, certifica y reorienta la planificación de estos proyectos. Lo que les da energías a estos movimientos es relacionado con la investigación cualitativa, constantemente evaluar y revisar la calidad del trabajo, su alcance, limitaciones, eficiencia y eficacia. Es una herramienta fundamental para cualquier intervención, y la más valiosa estrategia de crecimiento para un proyecto en salud mental. Por supuesto que tiene validez lo estadístico, pero lo que les dio significado a estos trabajos, fue, en buena medida, además de ver objetivamente los resultados, el preguntarles a los pacientes, familiares, miembros de la comunidad, cómo ven los esfuerzos realizados, cómo pueden mejorar, rescatando el reporte subjetivo, la antología, la etnografía, y las discusiones grupales, para construir validez.

      “Mientras palpita el corazón existe la vida. La dictadura es reversible, no perdurará. Reafirmamos nuestra voluntad de lucha. El corazón tiene el tamaño de un puño”. Estas letras se exhibían en la entrada del estadio nacional en la conmemoración de 51 años del golpe militar, el recién pasado 11 de septiembre. Resuenan armónicamente hoy, a propósito de un proyecto de la comunidad coartado por la dictadura. Tiene lugar preguntarse qué hubiese pasado si no se hubieran suspendido estas instancias tras el golpe militar (al menos de la manera en la que habían sido elaborados), pero más importante me parece preguntarnos qué será hacia el futuro si olvidamos, si dejamos pasar lo que se cometió y no retomamos estas formas de trabajo centradas en la persona y su comunidad.

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  34. Fue un placer leer los diferentes artículos, libro y ver el video, por que? porque le pude poner caras a todas las lecturas y el trabajo que se efectuaba en esos años, lo encontré fascinante e interesante, motivador y entusiasmada en continuar es esta labor, que efectuó diariamente.,
    Creo que todas la lectura de esta quincena, se encuentran vinculadas.
    Me llama la atención que ya desde hace alrededor de 60 años, se hablará de psiquiatría comunitaria, tal vez denominado de otra forma, pero con el mismo objetivo, de llevar la atención a la comunidad y no sólo para el paciente, sino para la familia.
    Hay varios temas que quisiera nombrar, por ejemplo, el haber comenzado la labor con personas con problemas de alcoholismo, que al continuar leyendo, efectivamente, pareciera que ese era una realidad que existía en gran mayoría (lo veía en mi entorno) y que haya tenido un buen resultado.
    Encontré muy interesante la pirámide de delegación de funciones, siendo de esta manera, existe una cuota de responsabilidad en los procesos de rehabilitación de los usuarios, no está centrada la tarea en un sólo profesional, los involucraba a todos.
    También menciona la lectura, capacitación al personal, pobladores, agentes de la Comunidad, personas vinculadas en todas las áreas del entorno a los pacientes del territorio.
    Otro tema que quería destacar, es la gran importancia del Trabajo Social en la Psiquiatría de esos años, No siendo solamente asilar, sino que tenía la participación activa en los todos los programas que se llevaron a cabo por le Dr. Cordero.
    El Video de Dr. Cordero, como ya lo dije, fue un gusto verlo y al finalizar con esa contagiosa risa.
    Lo que podría resumir es que hay muchos temas, por no decir todos, pueden ser abordados en la actualidad, sí en esa época se comenzaron, siendo que no contaban tal vez, con los recursos necesarios, conocimientos. Ahora ya contamos con una base, que es la experiencia de ellos y muchos otros, que han abordados todos estos temas.
    No puedo dejar pasar estas 2 citas, que algo me hicieron sentir:
    - "Un enfermero mental, es una persona que necesita ayuda, que una vez mejorada, vuelve a ser normal y debe ser tratada como tal"
    - "Nadie que trabaje en Psiquiatría puede no saber de psiquiatría"

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  35. Los textos revisados nos permiten adentrarnos de manera importante en la historia de la salud mental en nuestro país, y en particular entender la evolución de los sistemas de atención considerando un cambio de enfoque relevante en cierto período de nuestra historia como nación.
    Dentro de lo leído se destaca el trabajo fundamental que tuvo el Dr. Marconi, en donde se comenzó a incluir dentro del proceso de atención a la población como tal y a todos aquellos que influyen dentro del proceso mismo. Esto lleva a cuestionar posteriormente la modalidad de atención de ese entonces, y se comienzan a desarrollar programas intracomunitarios, que van de la mano con la realidad local y con las costumbres de los pobladores y usuarios.
    En sintonía con lo anterior, dentro de los textos se destaca el desarrollo del enfoque comunitario en chile, desde el año 1971 para ser más exactos, y destacando el trabajo de la Dra. Obrecht y el Dr. Cordero, en donde se promueve liberar el conocimiento y promover la participación activa de los miembros que son parte de las atenciones, con el correspondiente estudio psicosocial previo para correlacionar las intervenciones con la realidad local. Esto se realizó a pesar del importante límite de recursos, lo cual creo, lo hace mas merecedor de reconocimiento.
    Todos los citados, en definitiva, generaron un cambio y un impacto mayor en la atención de salud mental de nuestro país. Estos se perciben hasta el día de hoy, en donde cada vez cobra más relevancia la participación social en los procesos de atención y también en aquellos a mayor escala, como en los cambios a nivel de políticas sociales con impacto en salud, por ejemplo.
    En relación a mi experiencia personal, creo que desde el pregrado a la fecha, a la par que me he adentrado más en psiquiatría, he sido testigo de cómo ha cobrado mayor relevancia el entendimiento respecto a las características sociales de nuestros usuarios y de su entorno, y de cómo aquello permite generar mejores decisiones terapéuticas para las personas, pues no solo se considera la enfermedad como un problemas aislado, sino como un todo que se desarrolla en un sistema más amplio que el paciente mismo.

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  36. Los textos asignados para esta quincena me parecieron bastante interesantes pues nos permiten comprender cómo la salud mental comunitaria ha ido ganando terreno en nuestro país durante las últimas décadas.

    Como menciona el Dr. Marconi en una de sus reseñas, se instauró un dramático cambio en los Programas de Salud Mental en Chile durante la década de los 60-70s, todo dentro del contexto mundial de ruptura de los esquemas institucionales en Psiquiatría. Se mencionan 3 principales etapas dentro de la psiquiatría chilena: asilar, hospitalaria y comunitaria.


    Algunos de los factores que se mencionan como propulsores o que sirvieron como caldo de cultivo para la llegada de la Psiquiatría comunitaria fueron: el contexto sociopolítico de aquella época (socialismo), la orientación mundial hacia el modelo comunitario, la llegada de tratamientos farmacológicos efectivos (ej: neurolépticos), la alta demanda de atención psiquiátrica por parte de la población (representada típicamente por los problemas de alcoholismo de la época, prevalentes sobre todo en clase obrera), entre otros.

    Por otro lado, el Dr. Marconi planteaba que la necesidad de una Psiquiatría comunitaria radicaba en que la mayor parte de los trastornos mentales se presentaban en personas de clase social baja (“estrato obrero – campesino”), siendo estos, al mismo tiempo, quienes tenían peor acceso a la asistencia psiquiátrica. Lo anterior, fue nombrado por él como una “Salud Mental de clases”.
    También, menciona algunos de los propósitos de la SM comunitaria como: la prevención de un problema de salud mental, la transmisión de información entre los distintos niveles “de las masas a las masas”, generar un cambio cultural programado, redistribución y optimización de recursos, entre otros.

    Respecto a la entrevista realizada al Dr. Cordero, esta me permitió poder comprender de mejor manera el contexto sociopolítico en el que se surge y se va gestando esta revolucionaria iniciativa de la salud mental comunitaria. Me pareció muy importante su planteamiento de que “la única Psiquiatría sensata, es la comunitaria”. Este convencimiento se ve claramente reflejado en sus constantes esfuerzos realizados en el Hospital de Temuco, que dieron como fruto que la OPS llegara a nombrarlo como un centro de referencia, en cuanto a los avances en el enfoque comunitario implementados en dicho centro.

    Otro hito que considero relevante destacar, fue la idea que tuvo el grupo de trabajo del Dr. Cordero respecto a la capacitación en temas de salud a pastores, profesores, carabineros, etc. Lo anterior, debido a que se dieron cuenta que muchas veces el paciente y/o sus familiares iban a consultar primero con ellos por sus dolencias, puesto que era mas asequibles dentro de la comunidad que los médicos. Esto me hace reflexionar bastante sobre el valor de la docencia, sobre el traspaso de conocimiento desde el PSQ al becado, del becado mayor al menor, del interno a los familiares, etc; pues es una manera totalmente exponencial de ir amplificando el conocimiento y que culmina en beneficios para la salud de todas las personas.

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  37. Es interesante constatar cómo en determinados lapsos de tiempo, diversos grupos de personas en latitudes diferentes del mundo, pueden articular un sinnúmero de interrogantes que surgen tanto del ámbito mismo de la práctica existente de la salud mental, como de la insuficiencia de los modelos teóricos y epistemológicos existente en las ciencias médicas. Esto fue lo que sucedió en la década del 60 del siglo pasado, en donde podemos asistir al surgimiento de lo que conocemos como psicología comunitaria. Los orígenes de la psicología comunitaria en Chile, tal como lo mencionan los textos, se ubican en la segunda mitad de la década del 60 en torno a las experiencias llevadas adelante por el programa de psiquiatría intracomunitaria dirigida por el doctor Juan Marconi en el sur de Santiago en el periodo que va desde 1968 a 1973. Como menciona Torres y Araya (2016), este programa también se pudo adaptar y llevar a cabo en zonas rurales del sur de Chile en este mismo periodo de tiempo. Más allá de las diferencias de las experiencias desarrolladas en esta época, las mismas tenían como objetivo democratizar el acceso a la salud mental para las grandes mayorías pauperizadas y subalternas del Chile de la época, buscando articular los saberes de las ciencias médicas con los saberes previamente existentes en el seno de la comunidad, en pos tanto de poder maximizar la eficiencia de los recursos materiales y humanos provenientes de la institucionalidad gubernamental, como de empoderar a los sectores de base de las comunidades en la gestión de los recursos destinados a la mejora del estado de su salud mental desde una perspectiva holística y respetuosa de las peculiaridades locales de su propia identidad social.

    A pesar de los resultados obtenidos, la profundización y extensión de estas propuestas se vieron truncadas por el golpe militar de 1973 y la dictadura militar que vino después. Me parece que es necesario detenerse en este punto para esbozar algunas tensiones y aparentes paradojas que pueden ser enriquecedoras para reflexionar desde el presente en torno a las posibilidades de un enfoque comunitario y holista en torno a la praxis de la salud mental. El ejercicio de un enfoque comunitario de las ciencias de la salud nos lleva a abrazar una perspectiva más integral de la noción misma de salud que no solo considere el bienestar psicofísico de las personas tanto en lo individual como en lo colectivo, sino que integre también la perspectiva de un bienestar desde el punto de vista económico, social y político. Marconi (1971) sostenía que la crisis del sistema de salud mental en Chile estaba íntimamente ligado a los efectos de segregación y pauperización económica, política y social propias de la estructura de clases de la sociedad capitalista chilena de la época, en donde la crisis del primero debía enmarcarse necesariamente en una crisis la segunda. Marconi no solo pensaba que esta vinculación era una realidad imposible de ser soslayada, y que cualquier enfoque que la ignorase estaba destinado al fracaso, si no que concebía que para poder llevar a cabo una reestructuración verdaderamente revolucionaria de la salud mental en Chile, era necesario avanzar en el plano de lo político en la abolición de la sociedad de clases propia del capitalismo de la época.

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  38. Quedé gratamente impresionado luego de leer acerca de las experiencias tempranas de la Psiquiatría comunitaria en Chile. No obstante, me invadió un sabor amargo. Se muestran acontecimientos que lograron en ese momento un gran nivel de profundidad dentro de sus comunidades respectivas, lo que se ve casi impensable en estos días.
    En un contexto impulsado por la guerra fría, donde la explotación era el principal problema del trabajador, se gestaba un pensamiento colectivo donde se podía entender al sí mismo dentro de un conjunto de individuos que no necesariamente pertencían a sus respectivas familias. Este conjunto era un grupo que se reconocía por características comunes: dónde vivían, en qué trabajaban, cómo se veían y a qué sector de la ciudadanía pertenecían. Como resultado de este reconocimiento, podían diferenciarse del "otro" explotador y así tomar medidas para cuidarse.
    Dentro de su dinámica vivencial, desarrollaban soluciones para los problemas del día a día, problemas que surgían de los propios miembros de su comunidad. Tal cual una civilización incipiente frente al medio ambiente. Tal cual el pueblo mapuche frente a la sucesión de estados. Este elemento es crucial para la autonomía terapéutica. Es justo lo que se utilizó en ambas experiencias.
    La gracia de entender esta dinámica autónoma de estos sistemas, es ver en ella la posibilidad de congeniar y potenciarla con conocimiento médico-psiquiátrico con fines salubristas. Tanto el trabajo en el área sur de Santiago como el trabajo de Temuco nos muestran los beneficios de involucrar a la comunidad en el proceso terapéutico de sí misma. Mejoró la velocidad, calidad y oportunidad de atención. Incluso se llegó a desarrollar nuevas áreas de conocimiento, aludiendo a la Psiquiatría Intercultural con el pueblo mapuche.
    Lamentablemente, todo este círculo virtuoso generado entre el motor social y las intenciones salubristas en salud mental se vería cortado por el conflicto geopolítico internacional que concluyó en el avance de las ideas norteamericanas mediante un golpe militar. Todo aquello que implicara organización comunitaria, era tachado como amenaza al status quo impuesto por Estados Unidos. Incluso si las intenciones de los pobladores fuesen únicamente asegurar alimentos o una atención en salud, era motivo de desarticulación. El Poder Popular no debía existir.
    Luego de los años oscuros, de regresión en términos de salud mental, volvió la democracia, pero quedaron secuelas importantes. Se implantó terror a la organización por lo que se dañó un factor importante para generar procesos terapéuticos. La introducción de drogas duras en poblaciones, sobre todo en aquellas reconocidas de izquierda, favoreció el ascenso de una masa de ciudadanos que solo velan por su satisfacción personal, aumentando los actos delictivos en contra de sus propios pares de clase, alterando la alianza comunitaria. Por último, las políticas neoliberales determinaron una exacerbación del entendimiento del sí mismo individual en detrimento del sí mismo en comunidad. Esto hace que uno vea impensable reproducir las experiencias del pasado.

    Continua

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    1. Esto lo veo reflejado en distintos usuarios que atiendo relacionados a trastornos por consumo de sustancias, pero veo una esperanza. Muchos de ellos están involucrados en narcotráfico o han tenido que delinquir en algún punto de su vida para poder consumir. Muchos llegaron a estar en prisión. Pero cuando vienen a la consulta pareciera que hay una motivación por querer cambiar y darle otro sentido a su vida. Marconi dice en su entrevista "Si usted escarba, se da cuenta que la gente quiere estar sana y el alcohólico es uno de ellos; para los alcohólicos la mejoría es una liberación y le da mayor sentido de vida ayudar a otro...". Ésto fomenta el ímpetu de cambio.
      Que nos hayan cambiado el país es simplemente un obstáculo. Uno no puede dejar de lado el compromiso por la comunidad porque ahora no están las bases para realizar el cambio. Las bases nunca estuvieron al cien por ciento. Marconi los hacía a punta de papel y saliva. Cordero se conseguía recursos olvidados (como el antiguo hospital de Nueva Imperial) para construir dispositivos para la comunidad. Nosotros quizá tenemos más recursos que en ese entonces. Debemos fijarnos un objetivo claro. Rearticular el poder popular.

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    2. Estaba pensando durante estas lecturas en algo similar en relación a las dinámicas de clase. No se usted, compa, pero esas categorías de clase están cortas respecto a las dinámicas de dominación de este siglo. Hay un malestar colectivo, que por más de una razón no se logran organizar en un cuerpo, salvo quizá para el estallido, para luego ser nuevamente separada y usufructuada la voluntad constituyente. Mi tesis es que el poder popular está y la organización está, solo que nosotros ya pertenecemos a otra clase y no estamos ahí donde la organización ocurre a nivel popular... Cada vez lo respeto más, profe.

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    3. Comparto tu “sabor amargo” respecto a que la psiquiatría intracomunitaria que impulsaron Marconi y Cordero demostró que, cuando el diagnóstico y la solución nacen en la propia población, la clínica se convierte en punto de apoyo y no de tutela. La represión y el neoliberalismo cercenaron ese círculo virtuoso, pero el deseo colectivo de cuidarse no desapareció; quedó disperso y a veces soterrado. La tarea hoy no es replicar 1968-73, sino retomar sus principios con las herramientas y cicatrices de 2025. Los pequeños núcleos de autoayuda que mencionas son el equivalente actual de los antiguos Clubs de Abstemios; allí late un poder popular microscópico sobre el que pueden anclar dispositivos de salud. Nuestro papel profesional ya no es llevar la agenda sino traducir recursos hacia esas redes que sobreviven. Papel y saliva se transforman hoy en formular proyectos SIGGES, acompañar gestiones municipales o abrir datos que legitimen la demanda. Y frente al temor que aún suscita cualquier organización de base, conviene enmarcar cada iniciativa en la Convención sobre Discapacidad y en la nueva ley de salud mental: es un lenguaje menos amenazante para las instituciones pero igualmente redistributivo. Rearticular el poder popular implica detectar las grietas donde persiste la solidaridad y dotarlas de sostén técnico y jurídico. Si la comunidad recobra ese protagonismo, la intracomunitaria dejará de ser memoria heroica para convertirse, otra vez, en práctica posible.

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  40. Según lo visto en el video de la entrevista al doctor Cordero, es importante conocer la historia de la psiquiatría comunitaria a través de uno de los protagonistas principales en esta área en Chile, donde cuenta en primera persona cómo llegaron a desarrollar este centro de salud autogestionado en Temuco, posteriormente desarrollando en Nueva Imperial el primer hospital puertas abiertas, de la mano de la educación a la población y con un énfasis en la reinserción laboral de los pacientes con diagnósticos psiquiátricos. Durante la entrevista, se logra entrever un gran compromiso por parte del equipo, llegando hasta la instancia de huelgas para poder obtener lo mínimo que se pedía para dar un trato digno a sus pacientes.
    Todo esto se vio truncado con el golpe de Estado, donde se tuvo una mirada retrógrada de los pacientes con diagnósticos de salud mental, levantando la amenaza de que a cualquier paciente que no estuviese donde debería estar le iban a disparar, esto desencadenando en el posterior exilio del doctor Cordero. Esto deja un cierto gusto amargo, porque es inevitable pensar en todo lo que pudo haber avanzado la salud mental comunitaria que estaba gestándose en el sur del país, en todas las instancias de rehabilitación e inclusión que se vieron truncadas, en cuantos pronósticos y mejoras de calidad de vida pudieron evidenciarse.

    El antecedente de la huelga nombrada en la entrevista del doctor Cordero me recordó a lo ocurrido hace un par de semanas en el Servicio de Salud Concepción, donde el equipo de salud mental (los 8 dispositivos, que también tienen un enfoque de rehabilitación en salud mental comunitaria) a modo de paralelismo estuvieron en paro por aproximadamente 1 mes por el escaso presupuesto, falta de horas de personal, infraestructura, condiciones laborales y contractuales. Todas estas carencias creo que son extrapolables para todos los servicios en el país, donde están administrando pobreza, y al final el intentar realizar un cambio queda supeditado al nivel de compromiso o entrega de los profesionales de la salud mental.

    Respecto a los documentos del doctor Marconi, los programas de intervención comunitaria liderados por éste, donde se implementa el modelo de trabajo comunitario a través de la mirada de la psiquiatría intracomunitaria, la delegación de funciones a través de distintos niveles de participación que iban desde los profesionales de salud a los mismos habitantes. Uno de los resultados que resaltan es la expansión de este modelo donde ocurriría una adaptación según las características y las necesidades locales. A nivel país, proyectó este modelo hasta la psiquiatría infantojuvenil con este enfoque hacia la horizontalidad en pos del bienestar de los usuarios.

    Lo que he podido evidenciar durante mis distintas rotaciones en el SS Talcahuano es el compromiso de la mayoría de los profesionales hacia este modelo, dando énfasis en la coordinación con los otros equipos y dispositivos, no sólo centrándose en lo hospitalario, esperando que a su vez estos equipos sigan trabajando con su familia, entorno y comunidad. Por ejemplo, durante mi rotación en la UHCIP he visto la importancia que se le da a la coordinación al ingreso, estadía y egreso de un usuario a la unidad, intentando conocerlo mejor a través del equipo de su dispositivo de origen y no sólo intervenir a nivel de la urgencia psiquiátrica, si no trabajar en conjunto para la mejoría y estabilización del paciente.

    Lo medular del enfoque intracomunitario entonces es la educación y el empoderamiento de las personas para gestionar sus problemas del área psiquiátrica, a todo nivel de su entorno. Se reconoce a la comunidad, se le da un rol en la red, cambiando el paradigma de solo ser receptores de atenciones médicas hacia una participación activa en su mejoría, estabilización, inclusión y rehabilitación.

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  41. Gruesos antecedentes los propuestos. A mí no me deja de sorprender que haya personas que se molesten o rabeen en contra de la esencia política de nuestro trabajo. Escucho al Dr. Martín Cordero y la forma en que fue despedido del espacio/lugar que construyó con sus propias manos y no concibo que a alguien esto le resulte, primero, tolerable y segundo inocente. Entre risas el maestro dice “lo peligroso era ser de izquierda y sin partido”. Mi interpretación es que podía cuestionar y crear, y cualquier autocracia o totalitarismo es por definición enemigo de la creatividad, la solidaridad y la distribución del poder.

    En otra trinchera, el Dr. Marconni, sin ser marxista, fue capaz de entender lo esencial de la lógica revolucionaria, subvertir las estructuras de poder. No lo he leído lo suficiente para poder hacerme una idea de dicha militancia. Pero no imagino a los marxistas militantes de la época, sujetos del partido y sus estructuras burocráticas, cuya crítica deslizaban Castoriadis y otros intelectuales que avivaban el fuego de las ideas revolucionarias en Europa, creando y entregando a las bases la capacidad de crear y tener poder por fuera del partido.

    Me satisface enormemente conocer el pensamiento de ambos autores. Revolucionar, en su etimología, dar la vuelta, cambiar de rumbo bruscamente, provocar un cambio radical es, desde mi humilde punto de vista, estas formas de acción que se gestaron y produjeron DESDE, EN y PARA las comunidades. Un profundo acto creativo y democrático. Respeto profundamente la construcción realizada por ambos colegas. Uno espera poder tener la mitad de su valentía para poder hacer lo correcto. Gracias por el material.

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    1. Las propuestas de Marconi y otros pioneros de la salud mental comunitaria no fueron solo técnicas, sino actos profundamente éticos y políticos. Como dices, revolucionar es crear desde el compromiso, hacerlo desde y para las comunidades es quizás el mayor gesto de valentía y coherencia profesional, implica desafiar estructuras establecidas, incomodar verdades supuestas y apostar por formas de atención que reconozcan el sufrimiento humano en su dimensión más amplia y contextualizada, aún a riesgo de enfrentar resistencias o nadar contra la corriente institucional. Es construir salud desde lo colectivo, con ética, ternura y convicción. Ojalá podamos tomar ese impulso y seguir construyendo colectivamente.

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  42. Al leer sobre Juan Marconi notamos cómo las raíces del modelo comunitario de salud mental en Chile no solo se asociaron a reformas técnicas, sino que también implicaron un cambio cultural y político detrás, impulsado por personas que cuestionaban las bases del “saber médico” tradicional, incluso dudando por qué nuestra formación médica inicia con ciencias básicas y recién luego de un par de años recién podemos ver pacientes reales (modelo que a pesar de ser cuestionado, permanece vigente hoy en día).

    El Programa de Psiquiatría Intracomunitaria del Área Sur, liderado por Marconi, fue un punto de inflexión para desarrollar esta área en Chile. Inicialmente se concibió desde una mirada médica, pero luego incluyó otros profesionales como psicólogos y trabajadores sociales, sentando las bases de un modelo multidisciplinario, con un enfoque “de abajo hacia arriba” que se basaba en el trabajo con la comunidad y no solo hacia la comunidad. En el libro “Psiquiatría Comunitaria en el Sur de Chile: Temuco y Nueva Imperial”, se describe una situación que ejemplifica literalmente este concepto, mencionando que cuando se fundó el Servicio de Psiquiatría del Hospital Regional de Temuco, los pacientes participaban de sus reuniones clínicas junto al resto del equipo profesional, también se les permitió revisar sus propias fichas clínicas y se eliminó el candado de la puerta, cambiando el concepto de ”fuga” por “salida”, donde los pacientes solían volver voluntariamente a sus hospitalizaciones luego de “una salida voluntaria”.

    Bajo mi experiencia en este establecimiento, actualmente estas prácticas no son llevadas a cabo, a excepción de la solicitud de la copia de ficha clínica como derecho fundamental del paciente, sin embargo resultaría interesante considerar la participación de los pacientes en algunas reuniones con el equipo completo, que claramente no es lo mismo que encontrar a cada profesional por separado durante la hospitalización. Esto permitiría que los pacientes sean más considerados en la toma de decisiones terapéuticas, asumiendo este rol más comunitario dentro de su propio manejo. Hoy en día podría equivaler a las entrevistas en sala espejo, pero en esos casos no ocurre una conversación del paciente con el equipo completo reunido frente a ellos.

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