TRABAJO OBLIGATORIO DEL 25 DE JUNIO AL 08 DE JULIO: LOS ENCARGOS DE LA SOCIEDAD A LA PSIQUIATRIA en voz de Alberto Fernández Liria
Sobre el libro LOCURA DE LA PSIQUIATRIA:
La tesis de Fernández Liria, que la psiquiatría no sería una ciencia, pues no es el logro de un saber que se ha demostrado esquivo, sino que sería una tecnología, es decir, un dispositivo para alcanzar una utilidad. Una utilidad definida por la sociedad que crea dicho dispositivo.
Para el autor, es el sistema sociocultural de un determinado momento histórico el que realiza un encargo a la psiquiatría, la cual, como herramienta de dicho sistema sociocultural, se apresta a llevar a cabo.
Solo aposteriori, de forma inmediata, pero siempre como consecuencia de ese encargo primigenio, es cuando la psiquiatría desarrolla determinadas teorías para justificar la pertinencia y el sentido de las prácticas que realiza a la hora de cumplir con dicho encargo.
Es la infraestructura, en forma en este caso de encargo social, quien determina el funcionamiento de la psiquiatría como institución y disciplina y sus teorías son pura superestructura, juegos de humo y espejos por decirlo de otra manera.
(Texto basado en la Reseña escrita por José Valdecasas y publicada originalmente en el blog Postpsiquiatría en junio de 2018, y posteriormente republicada el el blog Mad in (S)pain, el 19 de noviembre de 2018)
Sobre el Autor: Alberto Fernández Liria
Alberto Fernández Liria, trabajó en el Hospital Príncipe de Asturias, en el que fue Jefe de Servicio y Director del Área de Gestión Clínica de Psiquiatría y Salud Mental y en la Universidad de Alcalá en la que fue profesor asociado, donde creó y dirigió, junto con Beatriz Rodríguez Vega un máster en psicoterapia.
Ha estado involucrado en los movimientos de transformación de la asistencia psiquiátrica desde 1980, orientando a ello su actividad en los servicios públicos de salud mental primero en Leganés y luego en Alcalá de Henares (Madrid) y la desarrollada desde asociaciones profesionales como la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN), o institucionales como el Comité Técnico de la Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud o la Comisión Nacional de la Espècialidad de Psiquiatría.
Participó en la trasformación del Hospital Psiquiátrico de Leganés en una red de servicios comunitarios y posteriormente en la articulación de la red de servicios de salud mental de Alcalá de Henares (Madrid).
Se ha interesado especialmente en el campo de la psicoterapia y otras intervenciones psicosociales en el que ha desarrollado una labor clínica docente y de investigación.
Ha contribuido al desarrollo de programas psicosociales y de protección de los derechos humanos de las personas diagnosticadas de trastornos mentales en distintos países y en diversas situaciones de violencia o conflicto armado, donde ha trabajado como Consultor y Cooperante.
Ha realizado una cantidad de publicaciones que están en buena medida disponibles en la página http://afliria.info/
- Lea el libro LA LOCURA DE LA PSIQUIATRIA de Alberto Fernández Liria.
- Vea el Video: Funciones sociales de la Psiquiatría y la Salud Mental, Conferencia de Alberto Fernández Liria en el Taller Internacional de Salud Mental y Psiquiatría Comunitaria, Escuela de Salud Pública-MEDICHI, Universidad de Chile.
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Analizando el libro a leer se comienza con un cambio conceptual hacia la salud mental, priorizando la salud pública. Sin embargo, esta evolución la convierte en un ente multidisciplinario, crucial porque el tratamiento no puede limitarse a la medicina. Los pacientes deben ser tratados de manera integral, considerando su malestar, entorno, historia, miedos y creencias. Desde esta perspectiva, el enfoque de salud mental como un trabajo en equipo parece más apropiado.
ResponderEliminarEl libro tambien propone inicialmente que la psiquiatría no es una ciencia, sino una tecnología. Esta idea no me convence del todo, ya que reduciría su función a proporcionar bienestar social en lugar de generar conocimiento. Yo creo que la psiquiatría cumple con ambos roles: mejora el bienestar social al promover la salud mental y contribuye al conocimiento mediante investigaciones y estudios que comenzaron con observaciones simples, como las de Pinel en su tiempo.
Se señala que la psiquiatría surge en respuesta a demandas sociales cambiantes a lo largo de la historia y describe cómo ha evolucionado para satisfacer estas necesidades. Como vimos en textos anteriores, ahora se espera que la psiquiatría ofrezca soluciones rápidas, centrándose más en los resultados que en los procesos, como el uso de fármacos específicos.
El cambio de perspectiva hacia las personas con enfermedades mentales ha sido notable: de ser relegados al aislamiento y encierro, ahora se busca comprender las causas subyacentes de sus conductas alteradas. Este cambio refleja la necesidad de estudiar y comprender los trastornos mentales más allá de su base neurobiológica, considerando los factores involucrados y cómo la definición de enfermedad varía según la sociedad.
La revolución industrial también desempeñó un papel importante al mostrar cómo el ritmo de vida y las condiciones laborales afectan la salud mental de los trabajadores. Esto condujo a la expansión de las atenciones psiquiátricas no solo para los "locos", sino también para aquellos con trastornos neuróticos, reconociendo que los tratamientos deben ir más allá de los fármacos e incluir la psicoterapia.
Es crucial reflexionar sobre las expectativas que los pacientes tienen respecto a la psiquiatría, especialmente cuando buscan soluciones rápidas mediante psicofármacos. Sobre esto en mi experiencia en APS, me di cuenta de importante que es consultar las expectativas de los pacientes y contrastarlas con las del tratante ya que al mantener una comunicación fluida nos puede resultar mucho más satisfactoria para poder lograr progresos en los procesos de los pacientes y poder sugerir e indicar distintos tipos de tratamientos no solo lo psicofarmacológico.
En resumen, el libro no sólo explora cómo la psiquiatría ha respondido a las demandas sociales, sino que también establece directrices para las nuevas generaciones de profesionales, enfatizando la importancia de centrarse en las necesidades de los pacientes en el ejercicio de la psiquiatría.
Estoy de acuerdo con lo que plantea mi colega y quisiera reflexionar sobre la importancia de comprender a fondo el verdadero malestar, los miedos y las creencias de los pacientes, por ejemplo durante un episodio depresivo. Me pregunto si realmente el CIE-10 o el DSM permiten captar en toda su extensión la experiencia del paciente con ese trastorno, o si se limitan a establecer una lista de verificación de síntomas, estandarizando a todos los pacientes por igual. Esto puede llevar a una deshumanización de la persona, como si el ser humano fuera simplemente un mecanismo que se puede reparar con una receta médica.
EliminarLo que expone mi colega está en línea con la crítica hacia la tendencia de buscar soluciones rápidas mediante fármacos, enfocándose en restaurar a la brevedad posible, las funciones de las personas para que vuelvan a ser productivas para la sociedad. Este enfoque no aborda la problemática de fondo que padece el individuo.
Desde un punto de vista histórico, es relevante lo que menciona mi colega sobre la evolución de la atención psiquiátrica. Agregar, que en el pasado, los hospitales psiquiátricos funcionaban más como lugares de contención que de tratamiento, a menudo sin la presencia de médicos. Con el tiempo, se ha incrementado el número de profesionales y equipos multidisciplinarios, y ha surgido el modelo comunitario en salud mental, lo cual considero un avance positivo, tal como menciona el Dr. Fernández.
Con respecto a su experiencia personal, quisiera destacar la importancia de establecer una alianza terapéutica adecuada, en beneficio directo del paciente. Es crucial comunicar el pronóstico de la enfermedad y preguntar a los pacientes sobre sus expectativas de mejora al finalizar el tratamiento. En mi experiencia personal en el Cesfam Monteáguila, he comprobado que una buena comunicación es fundamental para lograr una adherencia efectiva, no solo a los tratamientos farmacológicos, sino también a las intervenciones psicosociales.
Concuerdo con Javiera, el libro hace un paralelismo interesante entre el desarrollo de la psiquiatria desde su contexto historico-social- comunitario y como esta fue cambiando de objetivo, desde los gravemente enfermos hasta el entender como "las enfermedades menores" eran la piedra angular que suponía las bases de la mayor afectación al estado, y como se fue creando la necesidad de innovar una forma de intervención que acercara la salud al enfermo y no lo contrario.
EliminarHace que nos cuestionemos la perspectiva en como concebimos los conceptos de salud y enfermedad, y nos llama a no desenfocarnos de nuestra misión como profesionales de salud. Nos insta a abrirnos de mente y tratar de incidir desde la prevención hasta la enfermedad ya establecida.
Con respecto a la lectura del libro y el análisis del vídeo del Dr. Fernández, quisiera reflexionar primero sobre el término que él utiliza para referirse a la psiquiatría, cambiándolo a "salud mental". Este cambio sugiere que en el proceso de sanación del individuo no solo está involucrado el médico, sino también un equipo multidisciplinario. Esto permite visualizar las distintas áreas que componen al individuo, como el ámbito social, psicológico, familiar, ocupacional y biológico, proponiendo así un enfoque más humano y respetuoso con la persona, tomando en cuenta su dignidad inherente.
ResponderEliminarMe llamó la atención también el hecho de plantear la psiquiatría más bien como una tecnología en lugar de una ciencia. Esto nos hace reflexionar sobre su fin último, que no es la producción de nuevo conocimiento, sino ofrecer un servicio a la sociedad, similar a la arquitectura. En otras palabras, su meta final es satisfacer las demandas de las personas cuando requieren atención, como en el caso de un trastorno mental. Por lo tanto, el libro nos invita a pensar en cómo mejorar la misión social de la psiquiatría.
El libro menciona que la psiquiatría debe ser capaz de responder a las demandas de la sociedad y sus cambios a lo largo del tiempo. Por ejemplo, menciona el proceso de urbanización e industrialización, donde se comienza a ver al individuo como un ser que debe producir para el avance de la sociedad, valorándolo en función de su utilidad para el sistema económico. Esta tendencia va de la mano con el deseo de reducir la sintomatología psiquiátrica a meras guías prácticas, dejando de lado lo fenomenológico.
Es así como, se fomentan las ganancias de la industria farmacéutica y el negocio de la salud, siendo los fármacos la respuesta del sistema a estas demandas preestablecidas por guías, dejando de ver realmente lo que está ocurriendo con el paciente. Así, los médicos se transforman en anunciantes de esta industria.
En base a lo anteriormente expuesto, considero relevante, tal como menciona el libro, ser críticos respecto al sistema biomédico reduccionista imperante, favoreciendo otras intervenciones como las psicosociales y la psicoterapia. Estas intervenciones, al generar menos ganancias, no son tan estudiadas como los fármacos en los estudios clínicos. También es importante, como profesionales, generar espacios de discusión y reflexión sobre estos temas, buscando empoderar al paciente en su propia salud y fomentar publicaciones críticas para mejorar el sistema en el que estamos envueltos.
Como experiencia personal, quisiera mencionar la buena experiencia que tuve en mi paso por Cesfam Monteáguila, al haber sido partícipe de talleres psicosociales con equipos multidisciplinarios en muchas ocasiones y ver los resultados a corto y largo plazo en la mejoría de los pacientes de salud mental. Pude comprobar la importancia del trato personalizado y humanitario que debemos tener con nuestros pacientes, lo cual va en directo beneficio de ellos.
¡Qué enriquecedora experiencia! Tu paso por Cesfam Monteáguila y la participación en talleres psicosociales con equipos multidisciplinarios reflejan perfectamente el enfoque integral que Fernández Liria defiende. Es inspirador ver cómo el trato personalizado y humanitario puede marcar una diferencia significativa en la vida de los pacientes. Tu experiencia en ese lugar reafirma que este enfoque no solo es prometedor, sino que también tiene un impacto positivo tangible en la salud mental y el bienestar general de las personas. ¡Gracias por compartir compañero!
EliminarAlejandro, buenísima tu experiencia en el Cesfam, que bien el abordaje que le daban a la salud mental. El sumamente enriquecedor el poder dar ese enfoque personalizado a cada paciente, sumado al trabajo en equipo que pudiste realizar, de esa forma y tal como se menciona en el libro, se pueden realizar intervenciones mas cercanas a las problemas de los pacientes, conociendo su entorno y su forma de vivir el día a día, permite abordar de forma las empática y detectar de mejor forma el origen de sus trastornos de salud mental. ¡Un gran logro! muchas gracias por compartir tu experiencia.
EliminarSaludos!
Concuerdo con mis colegas y me alegra ver cómo este modelo multidisciplinario comienza a desarrollarse en atención primaria. Considero que es responsabilidad del médico participar activamente para que esto suceda. Frecuentemente, debido a la carga asistencial, el médico se ve relegado a atender en consulta individual en lugar de participar en intervenciones grupales con otros miembros del equipo de salud. Este aspecto es crucial debido al impacto positivo que puede tener en la práctica clínica.
EliminarPersonalmente, al trabajar en APS, mis primeros años estuvieron centrados principalmente en la atención clínica individual. Sin embargo, con el tiempo, comencé a involucrarme más en actividades educativas de salud y a participar fuera del consultorio. Esta experiencia me permitió ampliar mis horizontes y entender la importancia de ser un agente activo en el trabajo multidisciplinario necesario, especialmente en el ámbito de la salud mental.
En "La locura de la psiquiatría: Apuntes para una crítica de la psiquiatría y la salud mental", El Doctor Fernández Liria en su libro nos muestra una crítica profunda pero así mismo reflexiva sobre el estado actual de la psiquiatría y el sistema de salud mental. A través de un análisis detallado, cuestionando las prácticas predominantes en la psiquiatría moderna y su evolución histórica.
ResponderEliminarAsí mismo argumenta que la psiquiatría ha sido excesivamente influenciada por la industria farmacéutica, lo que ha llevado a una medicalización de la salud mental; por lo que entiendo es que trata de centrar su enfoque hacia el hecho del objetivo de estas es en tratar los síntomas con medicamentos en lugar de abordar las causas subyacentes de los trastornos mentales. Esto, a su juicio, ha deshumanizado la atención psiquiátrica y ha reducido a los pacientes a meros receptores de tratamientos farmacológicos.
El libro también critica la manera en que se diagnostican los trastornos mentales, sugiriendo que muchas veces se basan en criterios subjetivos y culturales más que en evidencias científicas sólidas. También señala que el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) ha contribuido a esta problemática, al expandir constantemente las categorías diagnósticas y patologizar comportamientos normales.
Además, destaca la importancia de factores sociales, económicos y culturales en la salud mental, los cuales a menudo son ignorados en la práctica psiquiátrica; tambien aboga por un enfoque más holístico y humanista que considere al individuo en su totalidad, incluyendo su contexto social y emocional.
A medida que nos vamos profundizando en el libro podemos ver como aborda la cuestión del estigma asociado a los trastornos mentales; y sostiene que el enfoque actual de la psiquiatría puede perpetuar este estigma, al etiquetar y marginar a las personas en lugar de integrarlas y apoyarlas en su recuperación.
En conclusión, y además muy personal del libro "La locura de la psiquiatría" lo siento como una crítica incisiva de la psiquiatría contemporánea y un llamado a repensar cómo entendemos y tratamos la salud mental; Y es así como el Dr Fernandez Lira nos invita a considerar un enfoque más humano y comprensivo, que vaya más allá de los diagnósticos y los medicamentos para realmente ayudar a las personas a llevar vidas más plenas y saludables. Y hacer parte de nosotros el hecho de que la Psiquiatria lo que busca es producir un bien social, como lo expuso en la conferencia realizada para la escuela de medicina de la Universidad de Chile.
En cuanto a mi experiencia personal traigo consigo el hecho de que duurante mi internado en psiquiatría, el doctor quien era mi tutor tenía un paciente que había sido diagnosticado con esquizofrenia paranoide, quien había estado en tratamiento con antipsicóticos durante años, y pasando de doctor en doctor en el policlínico, pero aun así seguía luchando con episodios de paranoia y alucinaciones; y todos los que lo conocían podían asegurar que sus relaciones familiares y sociales cada día estaban más deterioradas, y parecía que el tratamiento no estaba mejorando su calidad de vida. Y este tutor decide aplicar un enfoque más integral, trabajando con su familia, incluendonos en el trabajo, para proporcionar educación y apoyo emocional, y bajo su guía y la de los demás profesionales de salud mental Implementamos terapias ocupacionales que le permitieron reconectar con sus intereses y habilidades. Posterior a ello termine mi pasada por Psiquiatría pero decidí volver un tiempo después y me contaron que nuestro paciente empezó a mostrar mejorías no solo en sus síntomas, sino también en su bienestar general.
Esta experiencia me enseñó que, aunque la medicación es crucial, es igualmente importante abordar las necesidades emocionales y sociales de los pacientes.
Por lo que veo aplicada La crítica de Liria que la psiquiatría debe ser una disciplina que trate a las personas en su totalidad, más allá de sus síntomas.
Con respecto a lo que dice el colega en mi concepción de la psiquiatría no existe la psiquiatría en un box encerrado, no existe un trabajo individual que no incluya en sistema donde el individuo se está desarrollando y que genera una interacción bidireccional en su enfermedad, el trabajo multidisciplinario que mezcle lo biologicista con lo social y humanista es la mejor respuesta y tratamiento que la psiquiatría le puede brindar a la patología mental.
EliminarDesde mi formación previa en psiquiatría de enfoque psicoanalítico en Venezuela puedo destacar en el libro la locura de la psiquiatría 3 aspectos:
ResponderEliminar-Perspectiva Crítica: Fernández Liria proporciona una visión crítica que desafía la ortodoxia psiquiátrica. Su enfoque cuestiona la excesiva dependencia en los tratamientos farmacológicos y la patologización de comportamientos que pueden ser respuestas normales a circunstancias vitales.
-Interdisciplinariedad: El autor integra conocimientos de diversas disciplinas como la psicología, la sociología y la filosofía, lo que enriquece su análisis y ofrece una perspectiva más holística sobre la salud mental.
-Experiencia Profesional: Como profesional con amplia experiencia, Fernández Liria ofrece un punto de vista informado y fundamentado en su práctica clínica y académica.
Discrepo con el autor desde mi visión de la psiquiatría en el tono crítico y a veces confrontativo del libro puede resultar polarizador. Algunos lectores pueden percibirlo como una crítica demasiado negativa y generalizadora de la psiquiatría, ignorando los avances y beneficios que la disciplina ha aportado.
Con respecto al video no cabe duda que la psiquiatría trabaja en forma paralela con la socioantropologia y se nutre de ella, se forma y constituye desde la sociedad y es lo que ha hecho que sea tan variada y diversa según la época que se ejerza.
Hola Michelle, concuerdo con tu comentario y lo que menciones sobre su experiencia profesional, la interdisciplinariedad y sobre la perspectiva critica.
EliminarRespecto a esta perspectiva critica que tiene el autor a mi también me pareció muy polarizador y hasta reduccionista sobre ciertos temas. Me hubiese gustado que además de criticar el capitalismo, haya realizado una comparación con otros modelos económicos no neoliberales, para tener una visión mas amplia al respecto.
Tomando en cuenta el video del doctor Fernández Liria y leyendo el libro “Locura de la psiquiatría”, queda de manifiesto que la psiquiatría mas que una disciplina del tipo “ciencia”, es mas bien una “tecnología”. Nunca había tenido esa tesis en mi cabeza, pero leyendo como lo expone el doctor Fernández Liria, me hace mucho sentido y estoy de acuerdo con esa premisa, no del todo, ya que creo que es mas bien algo hibrido entre las dos disciplinas, pero de todas maneras encuentro fenomenal la vuelta que se le da al tema desde el punto de vista de la tecnología.
ResponderEliminarTambién me parece muy necesario el cambio de “psiquiatría” a “salud mental”, si nos estamos desempeñando en dispositivos salud comunitaria, no podemos caer en el reduccionismo de solo ver la disciplina desde la esfera medica, sino que necesitamos involucrar-nos a el equipo de salud mental, multidisciplinario y llegar a la población con todas las estrategias y conocimientos de las diversas disciplinas, de esta manera podremos conocer a los usuarios con un enfoque mucho mas multidimensional y darnos cuenta que el problema radica en varias partes del sistema.
Lo anterior hace mucho sentido, cuando se nos expone que se debe responder a las demandas sociales y como esto va evolucionando con el transcurso del tiempo, el trabajo multidisciplinario es fundamental para poder “leer” las demandas de la sociedad.
A modo personal, cuando trabajaba en APS, tuve muy pocas posibilidades de poder realizar talleres o intervenciones comunitarias junto a mi equipo de salud mental, principalmente porque el recurso “medico” funcionaba casi como un dispositivo aparte de lo psicosocial, todo por un tema de rendimientos y era prácticamente imposible sacar al médico del box. Hubiese sido muy valioso para la comunidad, que el médico viviera su cotidianidad y sus problemáticas de manera mas cercana, de esta forma llegar a proponer soluciones mas idóneas a sus necesidades en el ámbito de la salud mental. Así se comenzaría a dejar de ser dispensadores de fármacos y categorizadores del DSM o CIE, tal como critica el doctor Fernández Liria en su libro.
Me parece interesante tu comentario, sobre todo en la experiencia personal. Creo firmemente que separarnos los médicos de las demás disciplinas del CESFAM pasa por cada persona, por voluntades desde las jefaturas hacia abajo y que es una realidad que ocurre en la mayoría de los centros de salud.
EliminarMe ocurrió en lo personal que al principio estaba de 8.00 a 17.00 encerrada en mi box de atención, con agenda completa sin tiempo ni para ir al baño practicamente. Pero con los meses fui peleando espacios de reuniones y participación en la comunidad. Tuve la suerte de encontrarme con jefes más llanos a poner al médico de salud mental (en mi caso infanto juvenil) a la cabeza de los equipos y poco a poco me fui ganando tiempo fuera del box.
Estoy plenamente conciente que no es así en todos los casos, y que siempre la agenda y la programación apremian, pero también creo que con buenos argumentos podemos ir fusionandonos con nuestros equipos y nuestra comunidad.
Comparto tu idea de cambio de psiquiatria a salud mental, creo que las enfermedades mentales al ser constructos parten de una narrativa personal y sistema social-familiar perturbado, por lo tanto el enfoque de abordaje tiene que ser multidisciplinario si o sí, integrando a todos los actores tanto del equipo de salud como a la familia. El cambio de concepción a salud mental le da una mirada más integral y holística, evitando el reduccionismo médico y medicalizar todo quejar de salud mental.
EliminarCon respecto a tu experiencia en el CESFAM, también me pasaba de forma similar que prácticamente no tenía momentos para intervenir de forma comunitaria y la experiencia o el vivir propio de las personas lo podía conocer sólo a través de una atención corta de 15 a 20 minutos o en una visita domiciliaria la cual hacía muy infrecuentemente. Probablemente esto me llevo a sobrediagnosticar patologías psiquiátricas, por ende medicalizar siendo que quizás lo más efectivo hubiese sido intervenir psicosocialmente. Creo que falta potenciar las intervenciones psicosociales en la atención primaria partiendo de la base de dotar tanto de recurso humano idóneo como del espacio físico necesario para este fin, más que contratar médicos para cubrir consultas de 15 minutos donde uno enfrenta consultas por problemas psicosociales complejos pero de baja gravedad y en los que se tiende a sobremedicalizar.
Estoy plenamente de acuerdo contigo respecto a lo que planteas sobre el trabajo en equipos multidisciplinarios de salud mental (o interdisciplinarios como lo aborda el texto). La importancia del trabajo en equipo dentro de la salud mental es sumamente importante y no debe ser subestimada. Involucrar a profesionales de diferentes disciplinas nos permite proporcionar una comprensión más completa y efectiva de las necesidades de los usuarios, ayudándonos a abordar estas necesidades desde múltiples ángulos y con diversas estrategias. Lo anterior es esencial para poder responder lo más adecuadamente posible a las demandas sociales cambiantes y para ofrecer un apoyo más integral a los pacientes.
EliminarRespecto a tu experiencia laboral en APS, es lamentable ver que es una realidad tristemente frecuente en la atención primaria, que resalta una problemática común: la preocupación constante en temas de rendimiento, limitando la atención médica a escasos minutos sin salir del box y en muchas ocasiones con escasas oportunidades de poder realizar talleres o actividades con la comunidad (lo cual debo agradecer, no fue mi realidad). Involucrar a los médicos más directamente en la comunidad podría mejorar significativamente la comprensión de los problemas y la calidad de las soluciones propuestas.
Estimado, me llama la atención también y en el pasado jamás me había cuestionado que la distinción entre psiquiatría y salud mental podría ser meramente pretenciosa. Una de las razones por las cuales la psiquiatría captó más mi atención durante el pregrado, es porque en ningún otro internado presencié tan firmemente la interdisciplinariedad y la toma de decisiones realmente conjunta, sin creer que como médicos tenemos la última palabra. Es interesante contrastarlo con tu experiencia, donde el rol del médico era básicamente un dispositivo aparte y probablemente se hubiera beneficiado más del trabajo en equipo que, cómo menciona Constanza, no debe ser subestimado. El enfoque intertidisciplinario enriquece las intervenciones y nos permite abordar las necesidades de manera más completa y personalizada, a modo de poder llegar a un objetivo esencial que es producir un bien social.
EliminarLeído el texto y analizado el video siento que son cónsonos con lo leído previamente, respecto a que la psiquiatría y la salud mental han tenido un rol de acuerdo al contexto histórico, político, socio-cultural y por cierto, también sanitario. Concibiendo la psiquiatría al servicio de la historia y no al revés.
ResponderEliminarEn primer lugar, quiero referirme al momento histórico pretérito donde se le solicita a la psiquiatría “eliminar comportamientos incompatibles con la vida urbana”, donde se propone como solución a esta demanda el hospital psiquiátrico o asilos. Si bien esta idea parece retrógrada y vamos transitando hacia otra concepción de la “salud mental”, en mi experiencia personal como interna en el Hospital Philippe Pinel en Putaendo hace no tantos años, fui testigo de cómo aun las unidades de mediana estadía tenían más similitudes con las demandas antiguas que con la soñada y moderna autonomía del paciente, donde finalmente los usuarios hacían su vida entera en un encierro alejados de la ciudad y de sus vidas previas.
Por otro lado, quiero detenerme particularmente en la idea que el psiquiatra (o la psiquiatría) tiene por objetivo producir un bien, y este bien sea el hecho de producir salud. Me parece esta premisa algo muy valioso.
Por último, me parece importante destacar una idea que aparece brevemente en el video y también en el texto, donde se señalan algunas diferencias sobre todo de connotación entre la psiquiatría y la salud mental, donde el primer concepto alude quizás a algo más negativo, incluso oscuro; prescripción de psicofármacos, hospitales psiquiátricos y la figura del médico psiquiatra. Por otro lado, la salud mental emerge como un concepto más rupturista con fines reparadores incluso, donde participarían otros profesionales de salud. Me parece muy interesante esta disquisición y la tinción del un concepto más positivo versus uno menos positivo. Si bien me parece que ningún término deba desaparecer, y que en vez de “bueno y malo” estos serían complementarios, creo que esta discusión podría abrir nuevos debates a futuro puesto son muchos quienes podrían ser voces opinantes al respecto, desde teóricos a profesionales y por supuesto nuestros usuarios.
Qué lamentable leer el comentario en relación a tu experiencia en el Hospital de Putaendo. Sin embargo, tampoco me genera tanta extrañeza lo que escribes. En ocasiones, siento que, a pesar de que visualicemos aquellos hechos históricos lejanos en años y la evolución de la sociedad en que vivimos, existen malas prácticas que se perpetúan.
EliminarEn relación a la autonomía que comentas, es algo que constantemente me conflictúa. Si bien en el libro se consigna lo valioso que es la autonomía del paciente, también es tajante que debemos alejarla de objetivos neoliberales, individualistas y lejanos al manejo de la salud en comunidad. En relación al conflicto que me genera la autonomía, siento que, en ocasiones, desde las normas técnicas que rigen los centros de atención primaria, se alejan de proporcionar autonomía y, por el contrario, incitan a una atención paternalista. Muchas veces, la resolución de la problemática de salud de los pacientes recae totalmente en el equipo de salud, y nos convertimos en los responsables de su estado de enfermedad. Ejemplificando lo anterior: se entregan medicamentos pese a inasistencias para evitar descontinuación; si no asisten, se realiza rescate o intervenciones para que retomen sus controles; el dispositivo se preocupa de que tengan los exámenes preventivos al día, y, de lo contrario, se llega hasta a llamarlos para que acudan. Por otra parte, cuando pienso en el funcionamiento de redes privadas, en que de manera opuesta, la autonomía y obligación de buscar un estado de salud es en su totalidad responsabilidad de los pacientes, por ejemplo: la petición de las horas, la compra de medicamentos, ir al control para así tener medicamentos para seguir un tratamiento. Al analizarla, es una práctica bastante individualista, porque cada uno debe velar por su propio estado de salud.
Tras visualizar ambos sistemas, creo que hay que llegar a un equilibrio para, por una parte, propiciar la autonomía, pero, por otra, no caer en el paternalismo.
Colega, cuánto sentido me hace su experiencia personal. A veces se tiende a pensar como un escenario bastante lejano, que personas pasen su vida en un hospital psiquiátrico. Pero por lo que han planteado en este blog y sus distintas experiencias, me parece algo más bien recurrente de ver y lamentablemente una práctica que por diversos motivos se mantiene hasta el día de hoy. Puedo compartir mi experiencia, rotando por una unidad de mediana estadía, donde ya llevo un par de meses y claro que comencé a ver cierta cantidad de pacientes que se mantenían en el recinto, lo que me llevo a indagar que pasaba con ellos. La verdad, no fue tanta la sorpresa al enterarme que algunos llevaban al menos 8 años "hospitalizados", caminando por los mismo pasillos, casi con los mismos psicofármacos.
Eliminar¿Podremos esperar una mejoría de alguno de ellos? Me parece lamentable, pero las razones por las que seguían ahí, eran por sobre todo psicosociales, recordándome la mención que haces en tu comentario respecto a la frase: "eliminar comportamientos incompatibles con la vida urbana” de la psiquiatría "supuestamente" pretérita.
Del material revisado, me llamó la atención cómo Fernández Liria describe los cuatro "encargos", sus protagonistas y las líneas de acción a seguir desde su perspectiva personal. Es particularmente significativo cómo resalta el papel de estos protagonistas como agentes de cambio en el trato social, en el ámbito legislativo y asistencial de las personas que sufren trastornos de salud mental. Además, critica la influencia de entidades como el modelo económico, el mercado de farmacéuticas y el rol legislativo, que fomentan una visión individual, reduccionista y biológica de la salud mental. Específicamente en el tercer y cuarto "encargo", menciona cómo la sobredependencia de expertos, la medicalización, la expansión del mercado de psicofármacos (¡hola, Prozac!), el auge del coaching y la popularidad del mindfulness a menudo promueven y prometen soluciones rápidas, ignorando los factores sociales y estructurales que contribuyen a mantener o cronificar los problemas de salud mental.
ResponderEliminarA nivel personal, en la práctica dentro del consultorio, esto se hace tangible, especialmente con los pacientes y sus familias que presentan cuadros de trastornos menores de salud mental. Frases como "¿los medicamentos aún me los puede subir?" o "es que en la canasta no está el mejor medicamento" son comunes. Además, esto se refleja en el sistema de prestaciones específicas de las canastas GES de depresión leve, donde solo se ofrecen psicofármacos sin derecho a psicoterapia u otra terapia, o en la canasta GES de depresión grave con riesgo en fase de mantención, donde desaparece la prestación de psicoterapia. Seria bueno poder derivarlos a talleres o actividades sociales independiente de su cuadro o su gravedad.
Hola Wilson estoy de acuerdo contigo en que actualmente mantenemos en muchos de nuestros centros de APS un enfoque muy enmarcado en los medicamentos dejando de lado las terapias de apoyo que son tan necesarias o como ejemplo vemos como las sesiones de psico-social son con suerte cada 1 o 2 meses, tu observación sobre las frases comunes de los pacientes refleja una cotidianidad a la que probablemente muchos nos enfrentamos porque también las he escuchado, sin duda tenemos un gran trabajo que hacer en reeducarnos nosotros y educar a nuestros pacientes en esto para que con el tiempo podamos mejorar las intervenciones que hacemos y que además estas intervenciones deberían tener un enfoque mas social y humanista donde podamos conocer las realidades y ver que es lo que realmente necesitan de nosotros para que podamos ser mas efectivos.
EliminarHe leído el texto de la locura de la psiquiatría y ha sido fácil engancharme en el texto, pues me encontré con una revisión y crítica de la evolución y los retos de la psiquiatría . El texto me permitió saber cómo esta disciplina ha sido moldeada y usada por los intereses propios de cada época. Se usó la psiquiatría como una herramienta para control social que etiquetaba a las personas como locos y enfermos. Esto realmente me hizo reflexionar sobre cómo muchas veces deshumanizamos a nuestros pacientes y cómo muchas veces hacemos uso de diagnósticos o etiquetas que los marginan y los hacen estar aún más aislados. Posteriormente comenta como en la era industrial se destaca el uso de la psiquiatría como una herramienta para restaurar la capacidad de trabajar de las personas que cursaban con trastornos mentales, el autor critica cómo los diagnósticos y tratamientos psiquiátricos a menudo se centraban en adaptar a los individuos al mercado laboral sin cuestionar las condiciones laborales que podían estar causando su malestar, no puedo leer esto sin pensar en que esta práctica sigue ocurriendo en la actualidad donde hemos tenido un incremento de trastornos de salud mental relacionadas a las demandas laborales y no solo eso si no que en muchos casos la solución más rápida para estas situaciones es medicalizar para que el paciente sea funcional rápidamente sin buscar la raíz de los problemas que habitualmente están en el ambiente de trabajo donde se desarrolla la persona, a su vez esto ha llevado a que se genere un mercado expansivo en beneficio de las industrias farmacéuticas donde se busca resolver los problemas cotidianos con pastillas trayendo a su vez las consecuencias propias como el abuso, la dependencia y los efectos secundarios, siento que es tanto lo que esto ha generado que muchas veces los pacientes intentan persuadirnos para que podamos indicarles un tratamiento aun cuando consideramos que no es necesario porque han crecido pensando que una pastilla es la solución a ese problema que les afecta. En mi práctica en APS muchas veces me encontré con pacientes que me decían ¨pero por qué no me va a iniciar un antidepresivo si a mi mamá y a mi vecina si les indicaron, o frases como ¨mi familia es depresiva todos tomamos medicamentos ̈ ̈
ResponderEliminarComo último aspecto, en el libro se menciona la idea de que la autonomía y la recuperación es un concepto que ha sido manipulado para justificar la retirada de apoyo estatal y comunitario. En la práctica, es habitual ver que por reducir costos se prioriza la rapidez sobre la calidad de atención, los pacientes suelen ser vistos como números, como metas, y las intervenciones son evaluadas más por su costo-beneficio que, por su impacto real en la vida del paciente, situación que genera frustración en los usuarios y en nosotros los médicos que ejercemos en la salud mental.
Es lamentable que las consultas de morbilidad en CESFAM tengan una duración de 15 minutos, lo cual es el fiel reflejo de la deshumanización respecto al proceso de atención que vive la población, quienes debemos recordar acuden para aliviar su pesar físico o emocional, lo que se relaciona profundamente con el cumplimiento de las metas como bien planteas en tu reflexión.
EliminarMe pareció muy interesante el aporte que realiza el Dr. Fernández Liria mediante la lectura de su libro y la exposición vista en el video, donde analiza los cambios históricos y sociales que han influenciado los encargos dados a la Psiquiatría.
ResponderEliminarEn relación a lo anterior, me gustaría centrarme en dos aspectos principalmente. En primer lugar, el segundo encargo, donde se destaca la misión de los profesionales de la salud mental de restituir la capacidad de trabajar. Considero que este mandato ha cobrado relevancia en la evolución social actual, donde las exigencias laborales a menudo se convierten en la principal causa de desajustes emocionales. Sin embargo, estas mismas exigencias a veces nos alejan de conectar con nuestras emociones esenciales.
En segundo lugar, en cuanto al tercer encargo, creo que es algo que se observa frecuentemente en la práctica. La necesidad de resolver situaciones emocionales nos lleva a buscar opiniones de expertos incluso en crisis que podrían ser consideradas normativas. Estas situaciones se experimentan con una sintomatología intensa que puede dificultar la funcionalidad y productividad, llevándonos a buscar soluciones rápidas en lugar de emplear nuestras propias herramientas personales para la resolución.
Vivimos en una era de inmediatez, donde la prolongación del malestar genera mayor angustia y la búsqueda de soluciones rápidas es común para poder volver a ser "productivos". Esto ha llevado a un crecimiento de las farmacéuticas que ofrecen soluciones rápidas mediante medicamentos, apagando así emociones adaptativas y normales.
Me llamó la atención también la importancia que se le da en el libro a la atención primaria, especialmente en la creación de dispositivos de salud dentro de las comunidades locales, con la expectativa de resolver los problemas de manera más cercana y efectiva. Sin embargo, a menudo estos dispositivos se ven presionados por la necesidad de cumplir metas, lo que puede generar brechas en la calidad del trabajo realizado.
Personalmente, durante mi experiencia en atención primaria, he notado que las energías están enfocadas en la productividad y en generar estadísticas que reflejen un mayor número de atenciones, sin necesariamente analizar si estas están siendo efectivas para las necesidades reales de la población. En mi trabajo en el programa de salud mental de atención primaria, he sentido la falta de espacios para un enfoque verdaderamente multidisciplinario de los casos, donde se pueda considerar a los pacientes en sus contextos individuales y abordar sus necesidades de manera integral, sin ir más allá no teníamos un espacio protegido para conversar los casos y abordarlos en equipo. Lamentablemente, la disponibilidad de estos espacios y la calidad de la atención muchas veces dependen de voluntades administrativas, que por el contrario a proteger estos espacios, priorizan metas numéricas sobre la atención personalizada y de calidad.
Comprendo a fondo tu análisis, especialmente la percepción del enfoque utilitarista que comparten los actores del sistema sanitario. Desde encargados de estadísticas y dirección, que priorizan indicadores cuantitativos como el número de atenciones, reclamos o el cumplimiento de las famosas metas, hasta los usuarios o familiares que exigen medicamentos como el Clonazepam(“no le puede faltar el clonazepam”) o la renovación de licencias(“vengo solo por la licencia”), se observa una tendencia a priorizar soluciones rápidas, sin considerar la dimension psicosocial.
EliminarMe entristece presenciar la resignación, la fatiga y el deseo de evitar conflictos que experimentan algunos profesionales, tanto antiguos como nuevos.
Estimada colega, en relación al comentario que realizaste quisiera hacer hincapié en el hecho de que la cultura y el sistema en el que estamos inmersos han llevado muchas veces a colegas, tratantes y población en general a concluir que el bienestar está precisamente asociado a la capacidad laboral o de producir que tenemos, ya que el capitalismo apunta precisamente a la capacidad productiva de cada individuo, y este sistema cada vez genera más competencia entre quienes lo componen. De cierta manera, y tal como citaste, es esta misma realidad la que muchas veces compromete la salud mental de las personas, y con el objetivo de seguir produciendo en un sistema que lo exige constantemente , algunos no consultan hasta que literalmente ya no pueden con el problema. Creo que tener presente esta realidad se convierte en un llamado a no caer en ese reduccionismo en donde no debemos considerar como “sano” a alguien que solo ha recuperado su capacidad de trabajar, sino a aquel que logra desenvolverse sin conflicto en los distintos frentes en los que se desenvuelve, sin complicaciones emocionales o con el manejo adecuado para cada una de las situaciones a través de las adecuadas herramientas adquiridas, y teniendo siempre presente que el paciente tiene una realidad social, familiar, etc., y no solo laboral.
EliminarMe gustaría comenzar mencionando el agrado de leer bibliografía crítica respecto al actual sistema de salud psiquiátrico.
ResponderEliminarDel libro llamado "locura de la psiquiatria" escrito por el Dr. Alberto Fernández Lira se desprenden puntos relevantes a reflexionar respecto al ejercicio actual de la salud mental, cómo lo es la crítica a la etiqueta diagnóstica que utiliza como principales referentes bibliográficos el DSM y CIE, de los que el autor desprende la subjetividad, además de variantes sociales y culturales propias de cada profesional al otorgar un diagnóstico, lo que podría resultar perjudicial para el paciente, debido a la posible estigmatización que se relaciona indiscutiblemente a los diagnósticos de trastornos de salud mental, y por lo tanto el perjuicio hacia nuestros pacientes.
Del punto anterior y directamente relacionado al diagnóstico psiquiátrico, el doctor hace referencia a su postura crítica respecto a la medicación psiquiátrica, y lo argumenta debido a los posibles excesos de fármacos que los profesionales prescriben, y con esto una gran cantidad de efectos adversos posibles a los que se ven sometidos los individuos, con ello se podrían desarrollar adicionales problemas de salud y posible dependencia a estas drogas. Cabe destacar, que personalmente, con cuerdo con la postura que otorga el autor respecto a este punto.
Cómo alternativa, se postula en el libro, darle mayor énfasis a la psicoterapia como tratamiento de primera línea, antes de utilizar los recursos farmacologicos, y además la importancia de articular redes de apoyo para nuestros pacientes, quienes son su principal sostén. Sin embargo, la mejora de las condiciones sociales, dice este autor, pudiesen ser más efectivas que las intervenciones medicas aisladas, por lo que vuelve primordial incorporar modelos holísticos en los que se aborde al sujeto como un ente biopsicosocial para su adecuado tratamiento.
Además, se realiza un emplace a la industria farmacéutica, a la que en el libro se le acusa se lograr manipular ensayos debido a la cantidad de recursos que movilizan y su poderosa influencia a la hora de elegir un tratamiento farmacológico.
Me parece importante recordar el apartado en donde se habla del derecho del paciente a mantenerse informado a lo largo de su tratamiento, respecto a los cambios y las posibles consecuencias que estos pudiesen tener en su salud, cómo también la crítica a la hospitalización involuntaria, ya que vulnera la dignidad de la persona aludida.
Respecto al vídeo, mencionaré un fragmento en el que se hace referencia al padre Jofré, quién se cree podría ser el pionero respecto a la atención de salud mental. Quisiera creer esta versión de la historia, en la que el sacerdote crea una institución para brindar hospitalidad a las personas que incomodan a la sociedad, lo cual sería el origen del nombre hospital.
Por último mencionar, mi agrado al participar de estás reflexiones en el área de salud mental, ya que basada en mi experiencia personal, el contexto en el que me desarrollé fue austero, lo que me lleva a tomar la decisión de estudiar enfermería debido a mi convicción de ayudar personas que no contarán con recursos económicos que les permitieran acceder a salud digna, cariñosa, empática y de calidad. Por esta razón, mi desempeño profesional se ha desarrollado únicamente en el servicio público.
Me pareció interesante el video acerca de las funciones sociales de la Psiquiatría y la Salud Mental de Alberto Fernández Lira, en él se mencionan los sesgos negativos que existen en las enfermedades mentales dando el ejemplo de la enfermedad depresiva donde el paciente tiene una visión pesimista y se propone un manejo terapéutico de poner estas creencias a prueba para que el paciente entienda que estas predicciones negativas son poco funcionales; a mi parecer en pacientes depresivos es fundamental ejercer este tipo intervenciones y perturbaciones para lograr hacer un cambio en el sistema de creencias del paciente y así lograr mejorar su bienestar y autopercepción, muchas veces ocurre y la verdad es que es algo recurrente en las atenciones que he visto tanto en mi formación como médico general y residente que el paciente “se cronifica” y lo llenamos de fármacos en vista de un discurso repetitivo desbordado en negativismo y pesimismo, y finalmente la pieza del rompecabezas para ese paciente era una intervención más enfocada a lo cognitivo conductual donde poner a prueba las visiones y creencias de una forma sistematizada es clave, creo que haciendo esto nos podemos ahorrar el aumento de dosis o agregar fármacos, arriesgándonos a sus efectos adversos e interacciones y en consecuencia la calidad de vida percibida tanto del usuario y su familia podría mejorar.
ResponderEliminarTambién en el video se describe cómo los pacientes psicóticos mejoran su bienestar en contextos más rurales comparado con los contextos urbanos, esto me recuerda a un paciente esquizofrénico proveniente de Calera de Tango atendido en el policlínico del Hospital Barros Luco y donde mi psiquiatra tutor al indagar en su historia familiar pesquisa que el paciente tiene la posibilidad de vivir en un espacio más rural por lo que lo motiva a él y al familiar del paciente a irse a vivir prácticamente a ese lugar con bastante énfasis, en ese momento no entendía el por qué del énfasis y ahora al ver el video me doy cuenta de la importante influencia del espacio donde habita el paciente y la relación con su enfermedad, esto porque las personas “normales” en su habitar en un medio urbano y al interactuar con el paciente psicótico crean una realidad y enjuician el ser o el estar de la persona psicótica, ahora si lo comparamos con la vivencia del paciente psicótico en un espacio rural, lejos de los “normales”, este no puede ser juzgado por habitar en su mundo psicótico pudiendo desarrollarse bajo sus propias “leyes”, poniéndolo en una posición más cómoda, protegida y de mejor bienestar.
Con respecto al libro “Locura de la Psiquiatría” comparto la crítica al uso extendido de psicofármacos, a menudo estos psicofármacos se administran con posibles consecuencias significativas y sin una comprensión completa de sus efectos a largo plazo, también existe una tendencia a medicalizar problemas que se pueden manejar de manera más efectiva con enfoques psicosociales y que nuestro sistema de salud aún no logra dominar ni articular adecuadamente.
Estimado Francisco: al momento de leer tu reflexión, pude recordar que al leer el libro también me llamó la atención lo que señala el Dr. Fernández respecto a que los pacientes psicóticos mejoran su bienestar en contextos rurales, esto porque inicialmente no lograba comprender el por qué este ambiente generaría un efecto positivo. Lamentablemente, en el espacio urbano se crea una realidad donde se enjuicia a las personas que consultan en salud mental, no solamente pacientes que tienen un trastorno psicótico por dar un ejemplo. Como sociedad, nos falta bastante para progresar, ya que, finalmente, el juzgar a los pacientes de salud mental también es una forma de aislarlos, de excluirlos e incluso de verlos como seres de los que “tengamos que defendernos”, simplemente por basarnos en su diagnóstico y generar un sesgo por ello. Creo que para algunas personas es más fácil excluirlos que hacer un esfuerzo por comprenderlos, escucharlos e integrarlos. Por lo anterior, la sociedad nos “encarga” este rol como funcionarios de los equipos de salud mental. En muchas ocasiones, he sido testigo del comentario de los familiares de un paciente psicótico, refiriéndose a su familiar como “un cacho” o enfocando toda la responsabilidad en los funcionarios de salud diciendo “los médicos deben hacerse cargo o ¿acaso no tienen vocación?”. Por otra parte, creo que, si bien es nuestra labor generar un bien social, este trabajo no solo debiera enfocarse en el tratamiento, sino que también en la educación, prevención, solidaridad y empatía hacia el otro. Si analizamos al paciente psicótico que opta por migrar a un sitio rural, finalmente este cambio se vio motivado como vía de escape, para salir del espacio urbano porque fue excluido y no integrado como tal.
EliminarRespecto a la medicalización de problemas que se pueden manejar de un enfoque social, creo que en ocasiones es una medida “rápida” de “apagar un incendio”, impulsado por diversos factores tales como: escasez de tiempo de atención, sobrecarga laboral, presión de los familiares o cuidadores, entre otros. Sin embargo, estos factores no tienen por qué justificar que el manejo adecuado sea la medicalización de las problemáticas sociales. En este contexto, la comunicación entre los integrantes del equipo de salud es crucial, ya que así, podemos abordar al paciente en todas sus aristas para intentar generar un impacto en su calidad de vida y en el de su entorno.
Los encargos de la sociedad a la psiquiatría:
ResponderEliminarQuisiera destacar tanto del libro como del video lo que señala el Dr. Fernández Lira respecto a la psiquiatría como una labor interprofesional. Considero fundamental que nuestro trabajo se realice en equipo, es decir, junto a trabajadores sociales, psicólogos, terapeutas ocupacionales, enfermeros, entre otros. Creo que, como becados de psiquiatría, somos parte de un equipo integral cuyo objetivo es producir un bien social, esto porque el bien social surge en relación con la necesidad de resolver problemas planteados por los cambios socioculturales en un momento dado de la historia. En este contexto, el nacimiento de la psiquiatría juega un rol fundamental, ya que surge cuando los médicos son llamados a hacerse cargo del espacio preconstituido del manicomio. El padecimiento de la enfermedad, reconocida como tal en un entorno social dado, permite que quien la sufre adopte el rol de enfermo. Los pacientes, inicialmente mal catalogados “locos”, ya no son vistos como seres de los cuales tengamos que defendernos, sino como personas que están enfermas, por lo que nuestra labor es cuidar y ayudar.
Además, quisiera hacer hincapié respecto a lo que señala el Dr. Fernández respecto a cómo la psiquiatría y la salud mental fueron evolucionando según el contexto histórico. Uno de esos avances es el cómo la salud mental pasó a ser responsabilidad del sistema sanitario general, siendo la atención primaria de salud la principal protagonista, ya que es la primera aproximación que tienen los pacientes a los dispositivos de salud. Como experiencia profesional en atención primaria de salud, quiero reforzar la idea de que somos la primera aproximación que tienen los pacientes que buscan ser escuchados y tratados. También he sido testigo de cómo las personas que consultan en salud mental son discriminadas, ya que las encasillan en su diagnóstico y son mal llamadas “locas”. Al fin y al cabo, este tipo de encasillamiento también es una manera de llevarlos al aislamiento. El ser testigo de esta realidad me ha permitido aprender a ver a los pacientes de una manera íntegra, aprender a llamarlos por su nombre, comprender que no podemos tratar a las personas en base a clasificaciones diagnósticas, sino que es fundamental conocer su entorno social, sus familias, sus dolores, preocupaciones y miedos. Por lo anterior, concuerdo con lo que expone Fernández Lira respecto a que la psiquiatría no es una ciencia en sí, ya que no busca comprobar un conocimiento, sino que busca generar un bien social.
Finalmente, quisiera mencionar un fragmento que comparto con el autor y que me marcó al momento de leer las páginas de su libro, donde señala que la atención a la salud mental sólo puede entenderse como una acción colectiva guiada por la solidaridad entre individuos con los mismos derechos. Al respecto, pienso que nuestro rol como integrantes del equipo de salud mental es brindar a los pacientes un espacio seguro, donde puedan confiar en nosotros, sin prejuicios, sin discriminaciones y donde puedan sentir que hacemos valer sus derechos.
Hola Jessica, quisiera destacar un punto que hiciste en tu comentario que me parece muy relevante: la contextualización sociocultural y epocal de nuestra labor como médicos de salud mental, donde se nos pide cumplir con cierto rol (cuidar, ayudar), pero donde también los consultantes asumen cierto rol (cuidado, ayudado). Creo que ser conscientes de este contexto no es menor, ya que hay parte de las problemáticas que subyacen un motivo de consulta, que están condicionadas por este modelo de relación médico-paciente del encuentro psiquiátrico. A modo de ejemplo, durante mis años de trabajo en COSAM, me di cuenta de que habían varios casos que no "mejoraban" nunca a pesar de constantes intervenciones individuales y en equipo. Con el tiempo, y revisando el caso interdisciplinarmente, caí en cuenta de que sólo conmigo estos casos manifestaban su malestar, de alta intensidad sintomática y de forma muy demandante, pues yo cumplía ciegamente el rol del médico, intentado solucionar siempre la queja. Con el resto del equipo se mostraban más estables. Algo en ese encuentro de roles, hacía que emergiera, una y otra vez, la demanda sintomática y la intención de sanar, que lamentablemente no llevaba a ningún cambio. Parecía ser suficiente en sí mismo ese "acto", que a veces me parecía más teatral y me dejaba agotado. Creo que si uno no logra tomar perspectiva de este contexto y ejercicio de roles, puede hacer una clínica ciega a su circunstancia simbólica y representacional. Esto puede ser una desventaja en varios sentidos, una es la que mencioné como ejemplo: el médico se esfuerza y no logra nada. Otra es la rigidez del encuentro clínico donde se sostiene siempre esta relación, lo que ocluye posibles caminos al cambio (a lo terapéutico).
EliminarSaludos!
Considero tremendamente interesante y enriquecedor lo planteado por el doctor Alberto Fernández Lira tanto en el video como en el texto “la locura de la psiquiatría”, quien realiza un análisis exhaustivo y reflexivo sobre el estado actual de la psiquiatría, realizando una crítica profunda a la práctica psiquiátrica contemporánea, la cual se encuentra influenciada por corrientes reduccionistas y biologicistas, en donde se pretende hacer calzar síntomas en diagnósticos establecidos por los grandes sistemas de clasificación de las enfermedades, como lo son el DSM y CIE, limitando en gran parte la práctica profesional a ser meros prescriptores de fármacos promovidos por la industria farmacéutica, que por lo demás, suponen enormes beneficios para las empresas capitalistas que están detrás de ellas.
ResponderEliminarPor otra parte, resulta interesante el planteamiento de que la psiquiatría no es una ciencia, dado que el objeto de la ciencia es producir conocimiento y el de la Psiquiatría es producir un bien social. Es por ello que entra dentro del orden de la tecnología, que tiene como objeto dar satisfacción a unas demandas que son producto de cambios sociales, es decir, está al servicio de lo que la sociedad le demande.
Es sumamente importante recalcar que la psiquiatría es una tarea eminentemente interprofesional, siendo el resultado de una compleja colaboración de un equipo multidisciplinario en donde participan terapeutas, psicólogos, trabajadores sociales, enfermeros, entre otros, y en donde no es concebible una atención de salud mental integral sin el trabajo mancomunado de cada uno de ellos. Respecto a lo anterior, quisiera contar mi experiencia personal en el CECOSF de parque central, en donde trabajé como médico EDF los últimos años previo a entrar a la especialidad, donde tuve sin duda alguna una grata y muy linda experiencia siendo partícipe de un equipo multidisciplinario caracterizado por un trato integral y humanitario tanto con los pacientes como entre los propios funcionarios, equipo con el cual fuimos parte de diversos talleres realizados a la comunidad, pudiendo ver con satisfacción las evoluciones positivas que presentaban los usuarios a los apoyos y ayudas brindadas.
Quisiera finalizar mencionando que la bibliografía y video proporcionados nos invita a un espacio de reflexión sobre el estado actual y el futuro de la psiquiatría, instándonos a llevar nuestra práctica profesional a un enfoque más humano y empático, donde el paciente no sea visto solo como un conjunto de síntomas a tratar, sino como una persona con una historia y un contexto único, buscando maneras más integrales y humanas de tratar la salud mental.
Hola Constanza, estoy muy de acuerdo en la forma como describes la crítica que realiza Dr. Alberto Fernández tanto en su tesis “Locura de la psiquiatra” como en la conferencia “Funciones sociales de la psiquiatría y la atención a la salud mental”, que se enfoca principalmente en poder entregar la atención de salud mental como un bien social, tratando de restablecer la capacidad de amar a los usuarios, atender de forma interprofesional al usuario, siendo el trabajo en equipo vital en salud mental, en algunos casos hasta más eficientes que el tratamiento farmacológico. En su texto refiere que las sociedades a lo largo de la historia han ido demandando atención de salud mental en bases a contextos históricos y sociales, y es como van apareciendo día a día más demandas en salud mental, nuevas problemáticas, nuevos factores de riesgo, y por lo tanto nuevos desafíos.
EliminarEn mi experiencia en COSAM Hualpén y COSAM los Cerros, de Talcahuano, el trabajo en equipo era fundamental para coordinar atenciones que puedan optimizar la terapia de los pacientes, siempre integrando la historia personal y el contexto social, económico, familiar en donde está inmerso el usuario, ampliando nuevas aristas de enfoques terapéuticos.
Constanza, estoy de acuerdo como planteas el análisis del libro si bien la psiquiatría no es una ciencia pero con toda su historia que mas allá de ir a un laboratorio se pudo por así decirlo "investigar " con todas las practicas clínicas dado mas allá que fueran observaciones ayudaron para que hoy en pleno siglo XXI tuviéramos herramientas para poder tratar a los pacientes y comparto que la psiquiatría no se trabaja sola, se requiere de un gran equipo por que al final tenemos un objetivo y es el poder recuperar o lograr que el paciente sea funcionante.
EliminarAunque "Locura de la psiquiatría" es un libro que critica los inicios de la psiquiatría, empezando por la modalidad de hospitalización—o, como describe el autor, el aislamiento de aquellas personas cuyo juicio no estaba apto para estar en la sociedad—se necesitaban centros donde se les ofrecía "tratamiento". Lo pongo entre comillas porque en esa época no existían tratamientos médicos como los de la actualidad, por lo que se recurría a acciones que, aunque no aprobadas, podían causar dolor físico a las personas.
ResponderEliminarAunque la psiquiatría no es considerada una ciencia, los médicos y psicoanalistas de la época, sin justificar sus actos, comenzaron a describir trastornos poco a poco. Así se empezaron a formar manuales como el DSM e incluso la CIE. A medida que se avanzaba, se percataron de que estos comportamientos podían ser secundarios a las circunstancias de la vida, como lo describen en los primeros manuales DSM.
Considero que todos los eventos en la historia han sido importantes para los avances que tenemos hoy. Incluso los orígenes de la cirugía, aunque aterradores o rechazables, han sido fundamentales. De manera similar, se necesitó investigar los comportamientos humanos para identificar el origen de estos trastornos.
Por temas éticos, estos avances han sido lentos, incluso en la industria farmacéutica. Recién en los años noventa apareció el primer ISRS, y se comenzaron a entender las disfunciones cerebrales y las alteraciones en los neurotransmisores. Las benzodiazepinas, inicialmente tratamientos antiepilépticos, se descubrió que también tenían efectos ansiolíticos y sedantes. Aunque muchos fármacos tienen efectos secundarios que no podemos ignorar, han ayudado a reducir las hospitalizaciones y permitir que las personas funcionen mejor. La norma actual busca evitar la institucionalización, promoviendo actividades de promoción y prevención para la salud mental.
Aunque el libro es muy crítico con la historia de la psiquiatría, considero que estas medidas y situaciones, aunque cuestionables, fueron necesarias para avanzar hasta el punto en el que estamos hoy.
Comparto muchas de tus ideas. Me parece acertado cómo destacas la transición desde los inicios de la psiquiatría, con tratamientos muchas veces inadecuados y dolorosos, hasta los avances más humanizados que tenemos hoy. Es cierto que los primeros pasos fueron duros, pero necesarios para llegar a la comprensión actual.
EliminarTu explicación sobre la evolución de los manuales de diagnóstico como el DSM y el CIE es muy clara. Estos documentos han pasado de simplificar excesivamente los trastornos mentales a intentar capturar mejor la complejidad de las experiencias humanas. También me pareció interesante tu mención de los ISRS y otros medicamentos que han revolucionado el tratamiento de diversas condiciones, aunque siempre con la necesidad de monitorear sus efectos secundarios.
Coincido en que la historia de la psiquiatría está llena de errores y aciertos, y que ambos han sido necesarios para el progreso. El texto nos ayuda a reflexionar sobre estos aspectos y a entender mejor el camino recorrido. Es esencial que sigamos avanzando hacia una práctica más ética y centrada en las personas, integrando enfoques culturales y tradicionales cuando sea posible, como en el trabajo con la comunidad mapuche.
Creo que tu análisis resalta bien la importancia de estos desarrollos y la necesidad de seguir aprendiendo y adaptándonos.
Estimada Mónica, me parece interesante lo que planteas que el inicio de las distintas áreas de la medicina fue complejo y muchas veces criticable desde el enfoque ético actual. Pero claramente, si lo abordamos tenemos que analizarlo desde la situación de la época. No podemos solo criticar porque efectivamente no contaban con los conocimientos ni los tratamientos que tenemos hoy en día. Por eso hoy, nos sentimos con la oportunidad de criticar, ya que lo vemos desde fuera y con otras bases, esto también nos permite visualizar errores que con el saber que hoy en día tenemos no podemos cometer. Por eso debemos promover el enfoque comunitario de la psiquiatría buscando el bienestar del paciente y su integración a la sociedad lo más precoz posible, evitando hospitalizaciones prolongadas.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarInteresante libro y video de Alberto Fernández Liria sobre la “Locura de la Psiquiatría”. Creo que aborda con su crítica, desde muchos ángulos, el rol de la psiquiatría en distintos puntos como:
ResponderEliminarDisciplina “tecnológica” y no ciencia propiamente tal: La psiquiatría cuenta con gran cantidad de diagnósticos que pueden ser subjetivos y que se modifican constantemente según el contexto histórico.
Farmacoterapia: Es interesante cómo abarca qué tan profundamente está involucrada la industria farmacéutica en nuestra enseñanza profesional, en la producción de estudios científicos que validan sus propios fármacos, buscando generar un “bien” que, a todas luces, parece más bien una “ganancia económica”. Estas “mejorías” con los fármacos están llenas de efectos secundarios que no son inocuos y que interfieren fuertemente en la vida de los pacientes. Cabe mencionar la sobremedicación de los pacientes gracias al sobrediagnóstico, que va muy de la mano con los manuales diagnósticos como el DSM y el CIE, fuertemente criticados por su visión reduccionista.
Interdisciplina: Mencionada en reiteradas ocasiones, la salud mental debe abarcarse de forma interdisciplinaria con un enfoque integrador, que incluya al paciente, su familia y su entorno, buscando siempre la reintegración.
Investigación Científica: Aquí se critica duramente la influencia de la industria farmacéutica, ya que son los grandes financiadores de sus propias investigaciones, con grandes intereses comerciales, provocando desastres a escala, como lo fue en Estados Unidos la crisis de las benzodiacepinas y los opioides. Además, se critica la falta de rigor y ética, tanto de las industrias farmacéuticas como de los equipos investigadores, por falta de transparencia y rigurosidad, promocionando fármacos que no tienen evidencia científica robusta (grupos pequeños de investigación, falta de grupo control, seguimientos a corto plazo, minimizar efectos secundarios).
Sistema de atención reduccionista: Cabe destacar que la atención de salud mental por parte de APS es un sistema escaso de recursos económicos, humanos y de infraestructura. Se sobrecarga la atención de la salud mental en médicos generales escasamente entrenados para tal labor, con la visión reduccionista de que se recetan fármacos para los síntomas de los pacientes. En los escasos minutos que se disponen para su atención, no se logra dar una intervención mayor con una escucha efectiva de los malestares de los pacientes, tanto por cumplir todas las labores asistenciales y estadísticas, que son varias, como porque, francamente, el tiempo asignado no permite una atención de calidad, como hemos discutido en nuestro blog y en clases.
En mi experiencia personal en Cesfam Lo Miranda, pude modificar los tiempos de atención de salud mental a 45 minutos tras grandes luchas con el director, pero no disponíamos de intervenciones psicosociales. No había terapeuta ocupacional y solo disponíamos de una psicóloga, la cual no realizaba psicoterapia, no proponía áreas de trabajo ni planes de mejora, reduciendo su trabajo profesional, lamentablemente, a simples conversaciones cotidianas, o en buen chileno, "hablar con la vieja de la esquina". Intenté remediar estas situaciones incansablemente con diversos directores y con la misma psicóloga, sin resultado alguno. Las personas no reclamaban por pena, ya que la conocen a ella y a su familia, y "era de planta", decían los directores.
Alberto Fernández Liria, psiquiatra español, en su tesis “Locura de la psiquiatría” y en su conferencia “Funciones sociales de la psiquiatría y la atención a la salud mental”, expone una crítica al sistema psiquiátrico actual en donde la psiquiatría puede llegar a ser peligrosa, en donde se emplean tratamientos más dañinos que beneficiosos.
ResponderEliminarSu tesis describe el contexto histórico en el cual nace la necesidad del profesional médico como persona docta que pueda explicar en qué consisten las enfermedades mentales que deberá justificar la presencia y permanencia de los enfermos mentales en un hospital psiquiátrico como método de seguridad tanto para estos mismos de como para la sociedad de esa época. Menciona el concepto de que la salud como la capacidad de poder trabajar y amar, y esa es la función de los médicos, restituir la capacidad de amar y la vuelta al trabajo. Sin embargo, en nuestra sociedad actual que exige productividad esto no se ve reflejado, en donde la exigencia es volver a trabajar sin excusas.
Critica el uso de fármacos, los ISRS que se empezaron a usar para los trastornos depresivos y que ahora son el tratamiento farmacológico de varios trastornos de salud mental, dando un enfoque sobre como el poder económico gobierna a las industrias farmacéuticas, las cuales solo aumentan la brecha y desigualdad a tener acceso a esos nuevos fármacos, cuando además son solo una parte del tratamiento multidisciplinario integral.
Menciona el estigma que tiene los diagnostico de salud mental y como el DSM se ha encargado de hacer esa lista de comprobación, generando etiquetas, el cual en mi opinión es solo una guía clínica para poder categorizar los diagnósticos en psiquiatría.
Critica la forma de cómo se han llevado a cabo los tratamientos de salud mental siendo a la terapia cognitivo conductual la base del éxito para un episodio depresivo y otros trastornos de salud mental, dejando a la terapia electroconvulsiva como un método terapéutico que pudiese tener consecuencias a largo plazo.
Describe la experiencia que tuvo el Reino unido, el cual pudo llevar a cabo la estrategia de poder terminar con los altos costos que generaban para el economía del país el ausentismo laboral actual y que la solución fue capacitar a 10000 profesionales psicólogos, enfermeros y trabajadores sociales en psicoterapia, lo que sugiere las guías NICE, y con esto pudieron revertir dicho problema, el cual quedó demostrado en el IAPT ( Improving Access to Psychological Therapies que su traducción es Mejorando el Acceso a las Terapias Psicológicas)
En su tesis además propone alternativas terapéuticas a la psiquiatra la cual se debe enfocar de una arista más humanista e integral entiendo al individuo que viene con su historia personal y que está inmerso en un contexto social.
Como el Dr. Fernández menciona que la psiquiatría pudiese ser peligrosa estoy de acuerdo, ya que vemos como el ausentismo laboral crece día a día, el cual lo podemos ver en el sector público este 2024. Las cifras de ausentismo laboral arrojaron que los empleados públicos tienen una media 31 días de licencias médicas. Creo que actualmente se hace un mal uso del reposo laboral, y que siguen existiendo profesionales poco éticos que venden licencias médicas. Nos estamos formando para poder integrar la labor que tenemos la cual puede ser peligrosa o beneficiosa, en donde la labor de restituir la capacidad de amar debe ser nuestro objetivo principal y la vuelta al trabajo como secundario.
Me atrevo a decir que, hasta el momento, esta ha sido la reflexión que más ha capturado mi atención.
ResponderEliminarNo hay presente sin pasado, y todo cuanto vemos es el resultado de una constante de variaciones y experiencias aprendidas.
Es impresionante echar esta mirada al pasado y darse cuenta de como se visualizaba la enfermedad mental, la cual iba desde "una posesión demoníaca" hasta "un estorbo social" y donde la única intervención que por años parecía constante era el encierro o relego de este grupo sin garantizarseles alguna esperanza de mejora ni mucho menos calidad de vida. En este contexto la visión del problema radicaba en lo social, y por lo tanto los cuidados estaban a cargo de la iglesia y del empirismo que venia con "la buena voluntad" de quienes llegaban a ayudar.
Pone los pelos de punta el pensar que el nacimiento de los hospitales psiquiatricos es engendrado por la iglesia y por el deseo de alejar de la vista pública a los pacientes de cuadros mentales graves.
Y como todo proceso evolutivo, este marco conceptual se desarrolló de forma lenta, muy estructurada y dolorosa.
Fue hasta la integración de la medicina en estas unidades cuando se inicia a concebir necesario un sistema de clasificación y tratamiento de los padecimientos como enfermedades, y por consiguiente del trato de los usuarios como pacientes, e incluso así los tratos infrahumanos y las terapias traumáticas prevalecieron por algún tiempo.
Todo lo antes mencionado alejo el foco de atención de padecimientos "menos graves" y generó un estigma entorno a lo que implicaba el padecer de alguna enfermedad mental, y el terrible rechazo a contemplar una vida que conllevase ser tratado por algo así.
Fue hasta la des-insitucionalización de la salud mental que se apertura este abanico de posibilidades a incluir otros padecimientos y a mejorar las técnicas de abordaje de estas patologias. Y es aca donde de alguna manera se establece el cimiento que eventualmente desemboca en nosotros; en esta psiquiatría comunitaria que al dia de hoy continua siendo trastocada por movimientos sociales y políticos que o contribuyen en su mejoría o nos arrastran hacia una involución peligrosa.
De aqui mi reflexión, recae en nosotros como psiquiatras en formación el decidir si los recursos que tenemos por delante los tomamos para edificar una medicina más integrativa, completa y sanadora, o si nos convertimos en un arma de doble filo que enmascara algun grado de intervención efectiva (pero no contundente) cuyo trasfondo es un fin mercantilista con motivo ulterior al beneficio personal.
Colega Comparto completamente tu postura; me pasó muy similar; era como saber poco a poco cómo se dio, cómo ha ido evolucionando, de cómo, pese al poco conocimiento y accesos, trataban de dar respuesta a la problemática y cómo ésta, en contexto de salud mental, se ha realizado la proyección de que en el 2030 va a pasar a ser la principal morbilidad que consulten los pacientes. Además, me causó interés saber más al respecto y cómo migraron estos padecimientos "menos graves" para atención primaria y conocer la mente pensante. Me atrapó la lectura y ciertos capítulos leí más de una vez y busqué más referencias al respecto. Además, fue la tesis que expuso el autor del libro. Sus planteamientos y cómo se asemeja a la realidad lo hacen tan interesante. Gracias, colega, por sus reflexiones.
EliminarEn mi opinión, Locura de la Psiquiatría es un libro muy profundo que ofrece un análisis crítico y completo de cómo se practica la psiquiatría hoy en día. El autor toca varios aspectos de esta disciplina con una mirada constructiva, ofreciendo reflexiones y propuestas para mejorar el tratamiento de los trastornos mentales.
ResponderEliminarPienso que el libro critica muy bien los sistemas de diagnóstico actuales, como el DSM o CIE, que a menudo simplifican demasiado la complejidad de los trastornos mentales. Se examinan los dilemas éticos en la práctica psiquiátrica, incluyendo la medicación forzada y los tratamientos invasivos, y aboga por un enfoque más humano y menos coercitivo. Me parece que el libro ofrece un recorrido histórico detallado de la psiquiatría para entender los desafíos actuales y futuros.
Las alternativas terapéuticas que presenta Fernández Liria me parecen adecuadas. Combina medicamentos y psicoterapia, por ejemplo, se refiere a los antidepresivos como los ISRS y cómo han sido utilizados ampliamente no solo para tratar la depresión, sino también para trastornos de ansiedad, trastornos alimentarios y otros problemas de salud mental. También menciona la importancia de la terapia cognitivo-conductual desarrollada por Aaron Beck, que ha demostrado ser tan efectiva como los medicamentos en muchos casos, pero sin los efectos secundarios de estos.
Otro tratamiento relevante que menciona es el uso de estabilizadores del ánimo como el litio para el trastorno bipolar, que ha sido fundamental en la psiquiatría, pero también señala los riesgos y la necesidad de monitoreo constante para evitar efectos adversos. Además, habla sobre los antipsicóticos atípicos, como la quetiapina y el aripiprazol, que se utilizan en el tratamiento de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, destacando tanto su eficacia como los potenciales efectos secundarios que deben ser manejados cuidadosamente.
Desde mi experiencia como médico en el CESFAM de La Araucanía Sur, Locura de la Psiquiatría realmente resuena con los desafíos que enfrentamos en la atención primaria. La obra destaca lo importante que es tener un enfoque holístico y humanizado, algo clave cuando trabajamos con la comunidad mapuche. He visto que integrar sus prácticas culturales y de sanación tradicionales con la psiquiatría moderna es fundamental, y la crítica de Fernández Liria a la falta de sensibilidad cultural es muy relevante.
En su conferencia, Fernández Liria habló sobre la dualidad de la psiquiatría: su capacidad para hacer tanto bien como daño, dependiendo de cómo se maneje. Subrayó que la psiquiatría no es una ciencia en el sentido estricto, ya que su objetivo es generar un bien social. Fernández Liria mencionó también la terapia cognitivo-conductual, especialmente la desarrollada por Aaron Beck, que ha demostrado ser tan efectiva como los medicamentos en muchos casos, pero sin los efectos secundarios de estos.
Se critica cómo la psiquiatría ha sido utilizada históricamente para controlar comportamientos y vender tratamientos farmacéuticos, a veces a expensas del bienestar del paciente. Destaca la necesidad de una psiquiatría que sirva a las personas y no solo a los intereses económicos o institucionales. Además, menciona la importancia de entender el contexto social y económico en el que se desarrollan los trastornos mentales, argumentando que muchas veces los problemas psiquiátricos están vinculados a factores sociales como la pobreza, la desigualdad y el estrés laboral.
Finalmente, se habla sobre la evolución histórica de la psiquiatría y lo importante que es adaptar sus prácticas a los cambios sociales, manteniendo siempre un enfoque ético y centrado en el bienestar del paciente. En mi opinión, Locura de la Psiquiatría es un texto esencial para quienes quieren entender mejor el campo de la salud mental, ofreciendo una visión crítica y esperanzadora para su futuro.
Colega es muy cierto es un libro muy critico que nos hace reflexionar sobre toda la historia de la psiquiatría y estoy de acuerdo contigo en cuanto a la forma como se implementan los manuales diagnósticos, si bien y en la actualidad sabemos que son guías de apoyo previamente asumo que se hacia un check list del manual y según la misma si cumplía o no se daba el diagnostico, hoy en día como te comento sabemos que no es así, vemos al paciente como un todo su ámbito social, psicológico y biológico.
Eliminares muy relevante el comentario sobre los tratamiento actuales y como estos pueden ayudar al paciente, en mi experiencia considero que tanto el tratamiento farmacológico que se indique y se haga seguimiento mas controles psicológicos ( con terapia correspondiente) Es un paciente que volverá a la sociedad y será una persona activa, al final hay patologías como la depresión o ansiedad que pueden tener tratamiento menos de un año lo cual pese a todos los efectos adversos que puedan tener los fármacos es una gran ayuda.
La revisión del video, al igual que el libro, fue demasiado interesante en contenido, información que no conocía, en el flujo de la historia, con un análisis de cómo se instauraba la psiquiatría en épocas distintas, con evolución de hechos históricos (primera y segunda guerra mundial) del poco estudio y conocimiento de aquella época, pero llegaba el análisis de que ciertos eventos o exposiciones provocaban cambios en la estructura de la personalidad o rasgos que destacaban mayor o menor rasgo de gravedad. Me impactó de sobremanera cómo fueron los inicios de los hospitales psiquiátricos, también llamados manicomios y como su creación fue de la mano a los asilos como respuestas para dejar ciertos pacientes con condiciones específicas pero cuando estos fallaron, comenzaron a cerrar y los pacientes psiquiátricos, así como los adultos mayores sin redes terminaron en situación de calle en plena construcción de la nosología francesa, eso me trae a la actualidad, en mi ciudad donde trabajo y vivo existía un hospital psiquiátrico, que funcionaba además como hospital de día, posterior a su cierre, la familia no se hizo cargo y en su mayoría quedaron en las calles, falleciendo con el transcurso de los años por enfermedades comunes, enfriamiento, terminaron falleciendo solos eso fue hace unos 30 años y los pocos que quedan siguen vagando las calles, pero hace un mes también en mi ciudad cerraron el hogar de cristo, donde algunos adultos mayores consiguieron traslado, pero otros terminaron solo en residencias nocturnas y durante el día se les ve vagar por la feria pinto de Temuco, siento personalmente que la historia es cíclica, porque la observación se realizó en Europa, pero esto sigue pasando acá en América latina en ciudades pequeñas.
ResponderEliminarTambién durante la lectura se nombra nuestro país en un contexto un poco trágico-cómico, ya que tenemos un modelo capitalista y dentro de una revolución neoliberal. Creo que hemos visto en clases anteriores lo que ello conlleva, que no es tan agradable tener esa postura y nuestra visión como médicos trata de que la salud poco a poco mejore. También se ve reflejado el compromiso social que cada uno de nosotros como residentes de psiquiatría optó por elección propia.
Quedó impactada y llevó el análisis a la actualidad, de cómo se ha tratado de fijar la psiquiatría como una ciencia reduccionista, minimizando la sintomatología, de cómo se han instaurado ambos movimientos contrapuestos de psiquiatras con posturas diferentes, de cómo sin darse cuenta se provocó el regresar la mano de obra sin tener el bienestar pleno, sino con la idea de recuperar amor y estabilidad laboral. También se observó cómo se fueron instaurando los fármacos. Se llegó al análisis que hasta el día de hoy se utiliza, que la psicoterapia es un pilar fundamental en la mejoría clínica, que hay diferentes tipos de fármacos y con evidencia y mejoría se lograron establecer menos reacciones adversas.
Siento que el curso ha sido super enriquecedor en aprendizaje, en la selección de textos y obviamente en tomar parte de la historia; espero seguir aprendiendo.
Según Fernández Liria, la psiquiatría no busca la verdad, sino lo útil. Esto acerca la disciplina más a la tecnología que a la ciencia. Para el profesor, es un indicativo de que su objetivo no es producir conocimiento sino producir un bien social: la salud (específicamente, la salud mental). Es así como entiende el desarrollo de esta disciplina en torno a diferentes "encargos" de la salud que le ha hecho la sociedad en distintos momentos de su historia. En otras palabras, la psiquiatría ha respondido a necesidades prácticas de salud pública, las que han ido mutando y entremezclándose, influidas por modelos socioeconómicos, movimientos políticos y formas de estructurar nuestra escalas normativas de valores.
ResponderEliminarDe estos "encargos", quisiera reflexionar sobre el primero, ya que creo que sostiene una contradicción simbólica que parece subsistir en toda intervención clínica, rescatando ciertas nociones que he escuchado sobre las teorías de Emmanuel Levinas. El primer encargo, para Fernández Liria, es la gestión, como dispositivo asilar, de los alienados e indeseados. Es curioso como las palabras asilar y hospitalidad apuntan ambas al cuidado y la protección. Sin embargo, al agregar la palabra "psiquiátrico" a hospital o asilo, emergen imaginarios de espacios institucionales inhóspitos, carcelarios e indeseables. Más aún, es raro ver a alguien que quisiera voluntariamente estar en un asilo o un hospital general como sujeto receptor de esa hospitalidad. Esto sólo ocurre en la circunstancia en la cual uno se encuentra en una posición de necesidad, y por lo tanto, asimétrica, frente a un otro. El dispositivo clínico que ofrece esa ayuda requiere de ciertas normas para garantizar la protección y el cuidado que busca entregar. Estas normas, las reglas de la casa, deben ser acatadas por el sujeto subordinándose a éstas. Tal subordinación debería traer efectos terapéuticos, en el mejor de los casos, pero como sabemos, no siempre es así, abunda el daño iatrogénico. Existe un equilibrio delicado entre ofrecer esa acogida y no violentar al otro. Incluso hay quienes dicen que todo acto de hospitalidad conlleva en sí una mínima imposición sobre el otro, necesaria. Creo que esta reflexión puede extenderse a toda práctica clínica, desde los más nimios consejos prescriptivos de estilo de vida, pasando por los intentos de "perturbación del sistema familiar" (de la terapia sistémica), hasta las internaciones involuntarias que se continúan ejerciendo en nombre de la salud. Se intenta afectar al otro para ayudarlo, para protegerlo. ¿Dónde están los límites de esto, cuándo se vuelve demasiado? Me parece muy fértil para discutir sobre el ejercicio psiquiátrico este concepto, contradictorio, de lo hospitalario.
En la actualidad de mi práctica clínica me veo pensando en esto cuando se propone pasar a los antipsicóticos de depósito "porque el paciente no adhiere a las pastillas", cuando se levanta la pregunta de cómo se fuerza a alguien a ser tratado, cómo se le convence, "cómo se le entra". Es para mi uno de los problemas éticos que se deben tener presentes al tratar con personas tan radicalmente otras, como lo puede ser un "consultante" (quien a veces ni siquiera buscó ayuda) en estado psicótico. Detrás de todo esto, las críticas del profesor Fernández Liria resuenan, dado que el ejercicio hospitalario, el prestarle ayuda a otro, no se hace simplemente "en nombre de la salud". El "en nombre de la salud" cambia y se ve influido por el contexto sociocultural, modelo económico y político; en definitiva, la normatividad que lo enmarca. Si se da por sentado que la salud es algo muy concreto y claro, estático a través del tiempo, se hace vista gorda a todo el resto de lo que está retroalimentando el fenómeno que se busca cambiar. Por ello, el problema ético que planteo de ¿Dónde está el límite? no es obvio, es dinámico, epocal y situacional. Requiere, sin duda, un "saber hacer", una técnica viva, y muy atenta, del clínico en situación.
Me parece muy interesante tu comentario sobre el primer encargo. Como el surgimiento de los hospitales y asilos, al inicio de la historia de la psiquiatría, con el objetivo de protección a los “débiles”, termino cumpliendo una función de control y excusión, tal como se dice en el epílogo del texto “atar a los locos para tranquilizar a los cuerdos”.
EliminarEl proceso de intentar tratar sin caer en procesos de exclusión, sin ser iatrogénico, es una tarea que hasta ahora nos resulta difícil y tal vez es porque lamentablemente está demasiado arraigado en las raíces de la psiquiatría.
Creo que constantemente nos ha encontrado con el ejercicio hospitalario de una forma no tan lejana a la que se realizaba en las épocas del primer encargo, realizando acciones “en nombre de la salud (como tú mencionas) sin tomar en cuenta las necesidades de las personas, pensando lo que es mejor para los otros, lo que es más cómodo para los dispositivos y profesionales de salud, en lo que tenemos más manejo y conocimiento, y lo resumimos en lo que nosotros “creemos que es lo mejor para el usuario”.
Resueno mucho con tu comentario Felipe, sobretodo en el cuestionamiento de la premisa "en nombre de la salud". Al igual que tú, creo que este primer encargo social a la Psiquiatría esconde muchas respuestas a las interrogantes que aquejan a la disciplina hoy por hoy, y entender e integrar lo social en la misma, si bien obvio, resulta complejo.
EliminarEntender el "en nombre de la salud" como un "en nombre de los intereses de la sociedad" creo que resulta un ejercicio coherente a la hora de analizar como se han pensado y se piensan actualmente los tratamientos de las enfermedades mentales. La salud general como un todo y la mental en particular, si bien inserta en un contexto temporal y cultural, ha sido consistente en tratar de dar respuesta a lo mandatado por la sociedad, y dando cuenta de su heterogeneidad, los límites éticos se han mantenido difusos. Pero en lo concreto, estos mandatos no corresponden a una voz colectiva recolectada ni a una decisión democrática, sino a la amalgama de la necesidad a responder, con los intereses particulares de quienes reúnen el poder en el modelo político-social dominante en un momento determinado. Y desde esa óptica, el límite existe: "hasta que deje de ser conveniente".
Esa conveniencia, por supuesto, también dinámica, no debemos perderla de vista a la hora de replantearnos las vicisitudes que enfrenta nuestra disciplina, porque sólo así podremos eventualmente tocar la puerta a soluciones para alcanzar la verdadera "hospitalidad" para nuestros enfermos.
"A uno siempre le resulta más fácil hablar de lo positivo. La psiquiatría es peligrosa; entender por qué es crucial para asegurar que cause más bien que daño”. A partir de las reflexiones del Dr. Alberto Fernández, destaco la evolución de las funciones sociales de la psiquiatría y la atención en salud mental a lo largo de los años. Se cuestiona su naturaleza, no como una ciencia como la física o las matemáticas que busca producir conocimiento, sino como un campo destinado a generar un bien social. Fernández señala cómo los profesionales de la salud mental han respondido a diversas demandas a lo largo de la historia, desde sus orígenes caritativos hasta su medicalización, influenciada por la revolución francesa que la estructuró como disciplina médica.
ResponderEliminarLa primera solicitud, en el siglo XV, buscaba eliminar comportamientos incompatibles con la vida urbana, dando lugar a los asilos y la hospitalización psiquiátrica con una visión 'piadosa' de las personas. En ese entonces, los médicos no figuraban en este panorama.
La segunda, a finales del siglo XIX, abordó la necesidad de mantener mano de obra cualificada, cuando los trabajadores ya no podían ser fácilmente reemplazables como antes. La psiquiatría respondió buscando cumplir con la definición de salud mental que Freud propuso como la capacidad de trabajar y amar.
La tercera demanda, a finales del siglo XX, surge en un contexto económico que exige el crecimiento del mercado. Se busca sustituir los métodos tradicionales de gestión del malestar por servicios expertos y el uso de productos industrializados, especialmente psicofármacos. Se cuestiona a la industria farmacéutica, la segunda más lucrativa después de las armas. Personalmente, al pensar en el término 'obsolescencia programada', lo primero que se me venía a la mente era asociarlo con el calentamiento global. Ahora puedo agregarle una nueva perspectiva: “Esto que pasa con el iPad, también pasa con las emociones; las funciones que hemos pasado a cumplir los funcionarios de la salud mental como resultado de este encargo, es que lo mejor que podemos hacer con nuestras emociones, por ejemplo, cuando tenemos una pérdida, es contratar servicios de un profesional o consumir productos farmacéuticos”.
La cuarta demanda, a principios del siglo XXI, responde al llamado por la autonomía, destacando los beneficios y riesgos que puede tener. Por un lado, reconoce la libertad vital de las personas, pero advierte sobre los peligros de justificar la desprotección en nombre de la autonomía y la responsabilidad individual frente a la intervención estatal.
Considero que en la práctica podemos relacionar todas estas demandas históricas con prácticas actuales. Por ejemplo, la primera demanda aún se refleja en prescripciones farmacológicas que a veces buscan más mitigar el impacto del paciente en su entorno (familia, vecinos, incluso el mismo personal de salud que pasa más tiempo con la persona) que beneficiar directamente al usuario. La segunda sigue vigente al tener que mantener la capacidad de trabajar. Respecto a la tercera demanda, a veces se tiene la concepción de que somos mejores profesionales si recetamos más remedios, y no somos buenos si no prescribimos ningún fármaco. Al mismo tiempo, muchos aspectos de la vida emocional y conductual se han convertido en diagnósticos psiquiátricos, lo cual puede llevar a una sobredependencia de soluciones farmacológicas, dejando de lado otras intervenciones psicosociales que podrían ser más efectivas y menos invasivas. En cuanto a la cuarta demanda, constantemente me cuestiono dónde está el límite entre reconocer la autonomía del paciente y al mismo tiempo no caer en el paternalismo.
Finalmente, me queda resonando la invitación a cuestionar cómo, al intentar hacer el bien a las personas en nuestra práctica profesional, podemos inadvertidamente causar daño. Ser conscientes de esto nos permite evitarlo y centrarnos en el objetivo esencial de producir un bien social.
Estimada Perla,
EliminarMe hace mucho sentido como planteas las demandas históricas plasmadas en el texto con el escenario actual que nos convoca. Siento que existe mucho trabajo pendiente, y es una deuda que se acumula. Son juicios y tendencias que existen y que vemos en la práctica actual, ante lo cual nos corresponde entender de dónde vienen. Muchos aspectos de la vida se han convertido en diagnósticos, no solo psiquiátricos, involucran otras disciplinas en tanto se entiende a la medicina globalmente como un accesorio del mercado, un dispositivo que debiese ofrecernos soluciones pragmáticas a cambio del dinero u otros recursos.
Ser conscientes de los desafíos pendientes nos acerca a una mirada crítica en nuestro quehacer diario, y siento que es más valioso aún en tanto esta mirada parte temprano en nuestra formación en la especialidad. De esta forma podemos transformarnos en profesionales de cambio y centrados en la realidad de las personas que nos encontramos en el ejercicio de la psiquiatría.
Me pareció muy interesante el libro de Alberto Fernández Lira, y agradezco tener la oportunidad de leerlo y comentarlo en el marco de esta asignatura.
ResponderEliminarPrimero me gustaría comenzar por uno de los conceptos que se tratan tanto en el libro como en el video, que es entender la psiquiatría como tecnología y no como ciencia, ya que esta tiene como objetivo la producción de un bien social más que producir un conocimiento, esto no se me es conflictivo, sino que se me es más bien aclaratorio, y siento que me hace más sentido con la labor que realizamos.
El autor hace mención de "los encargos" que tiene la psiquiatría, antes siquiera de ser llamada psiquiatría, a esto se refiere con la misión que cumple la psiquiatría dentro de la sociedad, y que se encuentra determinada por esta.
Me quiero centrar en el segundo encargo, que llega de la mano con el avance del modelo capitalista y neoliberal. Consiste en restituir la capacidad de trabajar (y también de amar, como propone Freud). Es este el encargo en que creo que aún nos centramos y el que nos hace responder a las necesidades, pero también regirnos, lamentablemente, por las directrices sistema capitalista, con la “misión” de restituir la fuerza laboral.
Dentro de este capítulo surge el concepto de rehabilitación, me centraré en su relación con trabajo y nacimiento de las primeras cooperativas, donde me gustaría detenerme y compartir mi experiencia. Durante un par de años trabajé en un proyecto FIC que tenía como misión la formación de cooperativas de trabajo entre personas con trastornos de salud mental, y tal cual como dice el autor tenían como objetivo “generar trabajo no protegido en un ambiente no protegido” y en la misma línea que él menciona, este no fue un trabajo extenso de conflictos, lograr que los objetivos de la rehabilitación sin que estos se vean mermados por lógicas empresariales, no es una tarea fácil
Mi experiencia culminó en la creación de 1 cooperativa en la ciudad de Pichilemu y en el proceso también conocí otros trabajo de cooperativismo, en nuestro país, y en el extranjero, donde destacó el trabajo realizado en Chubut, Argentina. En todas experiencias las cooperativas son un aporte al bienestar del usuario (tal vez no a gran escala como nos gustaría) y cumplen, para mí, con el rol de la psiquiatría, que es la producción de bien social.
Entendiendo también la critica al recovery, que aparece más adelante en el libro (en el cuarto encargo) donde es denominado el “caballo de Troya del neoliberalismo”, más que eso, creo que como todo en nuestra sociedad se ve mermado y malversado por el neoliberalismo. Personalmente, creo que el recovery no es el problema en sí mismo, si no es no considerar las situaciones sociales en la cual están insertas las personas como parte del proceso de recuperación.
Encuentro genial tu experiencia Paulina. Siento que es una herramienta que se debería fomentar a nivel internacional y que podría lograr una articulación de ciudadanos que aboguen por sus derechos y una calidad de acceso a salud mental.
EliminarLamentablemente, todo aquello que signifique formación de poder popular genera terror en quienes ostentan el poder, y sobre todo si elaboramos organizamos colaborativos basados en la solidaridad. Cuesta pensar a largo plazo con optimismo una salida fácil y muchas veces me he visto frustrado con este tipo de situaciones. No obstante, me da confort la idea de ser activos en la sociedad estudiando y señalando cuando alguna idea tiene una orientación de doble interés, actuando a nivel territorial en la salud de nuestros usuarios, y organizándose y organizando a los distintos grupos vulnerables para generar una fuerza política que vele por sus propios intereses.
Responder a comentario de Francisca Rosso.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo en su comentario, donde dice que tenemos que ir generando espacios en la comunidad, nosotros mismos no estigmatizar o no avalarla. En mi actual función he observado, que cada vez que hay una persona, que presentan conductas antisociales, piden que lo evalué el equipo de psiquiatría, siendo que no corresponde. Es en esas instancias donde tenemos que educar a nuestros compañeros.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar¿Para qué sirve la Psiquiatría? Es la pregunta clave para entender gran parte de la historia de la disciplina. Y no solo eso, sino también nos muestra dónde nos quiere llevar la finalidad.
ResponderEliminarFernández Liria hace una enriquecedora crítica y repaso histórico de cómo surge nuestra Psiquiatría y cómo ha evolucionado a lo largo de los años. Uno puede dar cuenta que nacimos de una finalidad exterior a nosotros. Nunca fuimos un "nosotros" hasta que un "alguien", externo, nos conformó.
Las condiciones socioeconómicas históricas dieron fruto a la reorganización de las distintas civilizaciones del mundo, decantando en aglomeraciones urbanas. Así, cambiaron las formas de relacionarnos entre individuos. Nos juntamos más y, por ende, convivíamos más. Tuvimos que adaptarnos a una nueva forma de vida, que mostraba más oportunidades que el antiguo feudalismo y que concebíamos como única forma posible de vivir. Debíamos ser capaces de desenvolvernos en la nueva estructura. Estaba claro que fácilmente encontraríamos a los inadecuados. Inadecuados que nosotros mismos catalogamos como tal, ya que tenían comportamientos que no se alineaban con la visión moderna de vivir que nosotros compartíamos.
Los apuntamos con el dedo, y rápidamente nacieron las instituciones para hospedarlos.
Esto es una demostración de poder. Poder que no nace simplemente de la política y la sociedad, sino de lo económico. La capacidad para formar hospital, para llevar a cabo programas de intervención en la sociedad con fin de tratar la depresión, para fomentar la investigación en salud mental y los psicofármacos; no nace de un principio altruista. Desde la sociedad moderna hasta la actualidad se ha visto subordinada a los intereses de los grandes capitales en pos de agrandar más sus grandes capitales. Los hospitales mediante la iglesia de la edad moderna; el seguro social mediante el estado alemán, el programa de psicoterapia en depresión inglés mediante una revista económica. Todos ellos, ejemplos claros del motor de la historia del mundo; y en este contexto, de la Psiquiatría.
No podemos negar el beneficio que hemos recibido en los últimos años por los avances en evidencia respecto a salud mental y economía. El COSAM en el que me estoy desempeñando no existiría sin la inversión en un plan de salud mental para Chile. Muchos de los pacientes que he visto no podrían tener acceso a atenciones en salud mental si no fuese por estas políticas públicas. No obstante, esto se ve contrastado con el fin utilitario del servicio y que, por consecuencia de su objetivo, les imponen metas específicas que sirven de fiscalizador e incentivo para realizar la tarea.
Creo que a pesar del todas las cosas buenas que han traído las nuevas formas de hacer al trabajador más eficiente, debemos luchar por una independencia de dirección. Los profesionales de salud mental junto a la población organizqda debemos tomar las riendas de la salud, separados del interés económico de unos cuantos, y llevar a cabo un plan enfocado en el individuo como persona.
Con respecto al análisis del vídeo y el libro del doctor Fernández, me parecieron bastante cautivadores, sobre todo porque nos hacen viajar al pasado y abordar cómo fueron los difíciles inicios de la psiquiatría.
ResponderEliminarMe parece interesante su enfoque de plantear que la psiquiatría no es una ciencia, debido a que su principal objetivo es el bien social y producir salud, siendo que habitualmente la presentamos como una disciplina científica. A mi parecer, la psiquiatría tiene un área de investigación que genera conocimiento, por lo que sí podríamos considerarla una ciencia, pero claramente no es su objetivo primordial.
En relación a la evolución de la psiquiatría me atrajo la idea de pensar en que los cambios se van produciendo en base a las demandas sociales y cómo ha ido cambiando el manejo de manera tan considerable que en un inicio las personas con trastornos mentales eran aisladas en "manicomios" para evitar incomodar al resto de la sociedad. Afortunadamente, hoy en día se busca la integración y recuperación. En relación a los distintos roles que tuvo que cumplir la psiquiatría durante la historia, uno de ellos fue preservar y reparar la fuerza de trabajo. Nos da un enfoque claramente económico, que hoy en día se mantiene con la función de las instituciones de salud previsional que buscan un reintegro en relación a los tiempos de reposo estimados por patología, rechazando el reposo otorgado por profesionales que abordan al paciente con un enfoque multidisciplinario y de manera individual. Se entiende la importancia del reintegro laboral para el paciente y el modelo económico, pero nunca hay que olvidar que cada persona es diferente.
En relación a que la psiquiatría es peligrosa, me parece importante ver, analizar y estar conscientes de que muchas veces tratamos a pacientes que no están en condiciones de ejercer su principio de autonomía, por lo que necesitamos a las familias y al equipo para tomar decisiones en relaciones a los riesgos y efectos secundarios de los tratamientos.
Es importante, como señala Valeria, el tener en cuenta que la psiquiatría tiene otros objetivos más que el conocimiento científico puro, no debemos olvidarnos del norte de nuestra profesión que es buscar las mejores alternativas para el paciente, no sólo desde la vereda de lo científico o de lo puramente farmacológico, sino desde el enfoque multidisciplinario.
EliminarAdemás, destaco el darle la importancia a todo el factor histórico de la psiquiatría, cómo surge esta disciplina, desde este concepto de proteger al débil, partiendo con las “hospitalidad” alejada de la medicina a los manicomios a la psiquiatría actual, con un enfoque neoliberal con búsqueda del reintegro laboral temprano antes de buscar el bienestar del paciente.
Tras la lectura del libro propuesto y visto el video en donde el autor propone cierta perspectiva sobre la psiquiatría creo que es realmente importante tener en consideración cómo ha evolucionado esta a través del tiempo, incluso antes de llamarse psiquiatría como tal. En un momento inicial, según el texto, aquellas personas que presentaban un comportamiento impropio eran aisladas de las urbes, en donde no encajarían con el orden propuesto para este nuevo orden social, por lo que se infiere que el rol político y social que tuvieron medidas como estas eran realmente importantes. De todas maneras, creo que de igual manera es importante mencionar que cuando lo médicos comenzaron a hacerse cargo de estos lugares de asilo permanente el objetivo de los mismos cambió y el fin último iba más allá de mantener a las personas en estos lugares, en donde ahora serían tratados de manera respetuosa y también se buscaría una solución a los problemas que presentaban y que los hacía parecer tan diferentes.
ResponderEliminarDe esta última realidad se desprende que desde un inicio los médicos, y particularmente los psiquiatras, han aportado de manera importante a los padecimientos mentales con el objetivo de hacer lo mejor por sus pacientes, y buscar como tratar dirigidamente las enfermedades que los aquejan.
Me parece importante también remarcar la diferencia que se hace entre la “psiquiatría” y la “salud mental”, en donde este último término se refiere a algo más positivo y que en cierta manera, al evolucionar de la psiquiatría (término señalado como quizás algo negativo de nuestra historia) permite tomar la experiencia de la misma y complementar las atenciones que le corresponden, realizando un abordaje integral y con intervenciones que van más allá de la necesidad de psicofármacos y en el cual trabaja un equipo multidisciplinario, en donde cada integrante aporta de distinta manera para entregar al paciente todo lo necesario para su proceso terapéutico.
Quisiera también citar el concepto de reduccionismo abordado en el libro, en donde incluso se abordan los psicofármacos como una experiencia que nace de la visión (o la teoría) de que cada problema o enfermedad de salud mental responde a un mecanismo biológico que se compromete y podría mejorar con estos fármacos, y no se consideran los factores sociales y culturales, entre otros, en la génesis de los padecimientos; si bien esto último es necesario y se debe abordar al paciente de manera integral sin ignorar la realidad en la que está inserto, los medicamentos son complementarios a las demás medidas que se aplican y al día de hoy tienen evidencia para ciertos escenarios en los que son utilizados. La ganancias que han obtenido las farmacéuticas obedecen a lo anterior, pero también al constante avance que han tenido otras ramas de la medicina, en donde incluso en algunas especialidades se maneja un abanico mayor de fármacos, con valores exorbitantes muchas veces, y en donde quizás sería importante también aplicar esta reflexión.
Como experiencia personal quisiera citar la oportunidad que tuve como interno de pregrado de conocer la realidad de una unidad de hospitalización psiquiátrica de corta estadía, en donde los pacientes mayormente eran hospitalizados con patologías agudas que derivaban en comportamientos que, tal como cita el inicio del texto, los hacía ver como personas que presentaban un comportamiento impropio a nuestra normalidad, pero la gran diferencia está en el abordaje que vi de primera fuente, en donde el objetivo no es aislarlos, sino que abordarlos de manera tal que, siendo intervenido por distintos profesionales y psicofármacos, o incluso medidas más drásticas como terapia electro convulsiva, se buscaba insertarlos nuevamente en la sociedad, apuntando a la recuperación completa de los pacientes si la patología que los aquejaba lo permitía.
Estimado Marcel:
EliminarMe parece muy interesante que hayas mencionado en tu publicación el concepto de "reduccionismo", pues considero que, en muchas ocasiones, se puede caer en la tentación de considerar a las personas como simples diagnósticos y neurotransmisores que nivelar. Debemos ser capaces de ver a nuestros usuarios como seres integrales, abordando todas sus diversas y complejas aristas, para poder dar respuesta a sus múltiples requerimientos.
En ese sentido concuerdo con el profesor Fernández Liria, cuando menciona que debemos adoptar una visión constructivista de la enfermedad.
En mi práctica clínica me ha tocado ver cómo los diversos profesionales han intentado crear instrumentos o generar consenso, para poder pesquisar las reales necesidades de los usuarios, y dar respuesta a ellas. Un ejemplo de eso es el Plan de cuidados integrales, en el cual la persona fija metas personales, y se estructuran objetivos y medidas en torno a estas.
El entendimiento de la historia de la psiquiatría, según plantea Fernández Liria, como una disciplina que actúa por "encargos" sociales, me resulta sumamente resonante y elemental para tratar de darle sentido a su evolución. Particularmente me gustaría comenzar mi reflexión sobre el primero de sus planteamientos, que creo que esconde conceptos clave. En este "primer encargo" que describe el autor en su texto es donde yo creo que se instala un punto de inflexión importante para el curso de la salud mental. .
ResponderEliminarComo concepto se propone que la Psiquiatría a lo largo de su historia ha ido atendiendo necesidades de la sociedad con respecto a los enfermos mentales y al qué hacer con ellos, lo que de entrada otorga un buen cimiento sociológico y antropológico a una disciplina que se nos ha tratado de convencer, desde diversas ópticas, que es sólo propia de la biología. Pero al mismo tiempo, sitúa una contraparte contextual cultural: que estas directrices con que la sociedad da estos "encargos", en verdad, son el marco regulatorio que las personas a cargo del modelo preponderante, imponen.
Creo que desmenuzar esta premisa es crítica para tratar de descifrar el momento actual de la Psiquiatría y el devenir de la misma. En su momento, eran los locos quienes no encajaban con la estética y el funcionamiento de las ciudades, por lo que había que aislarlos. Más tarde, cuando la fuerza laboral era el indicador a preservar, los esfuerzos había que ponerlos en recuperarlos. Pasan los siglos y en la actualidad aun vemos con claridad los remanentes de estas premisas; históricamente, la salud pública y en particular la psiquiátrica ha estado respondido intereses políticos y económicos, en mayor o menor medida, por sobre los sanitarios. La industria farmacéutica, el auge y predominio del enfoque neurobiológico, el escaso desarrollo de redes para la atención de trastornos mentales graves en la salud pública, son sólo algunos de los resultados de este silente vínculo político-económico, este modelo económico neoliberal en que la psiquiatría ha tenido que desarrollarse actualmente.
Sin ir más lejos, en la práctica clínica he podido dar cuenta del peso de los estigmas primitivos por sobre todo el trabajo de reordenamiento y reestructuración que se pueda hacer en pro de la salud: por ejemplo, en nuestro Servicio de Salud Metropolitano Sur, hace poco tiempo atrás, se replanteó la organización del Hospital Psiquiátrico El Peral para tratar de tener un enfoque más integrativo y rehabilitador, aumentando el número de camas de mediana y larga estadía y dotándolas de mayores prestaciones en línea con el cambio de enfoque. Concretamente, esto no sólo no ha tenido un impacto sanitario positivo, sino además ha servido de excusa para levantar un nuevo abanico de obstáculos para la atención de casos y situaciones que con el orden anterior eran más abordables. Y ello, por supuesto, impacta tanto al funcionamiento y a las expectativas de los equipos de salud de la red como a la de los pacientes, quienes mantienen inamovibles sus creencias de que El Peral no es más que "el mismo infierno de locos de siempre" y refuerza los estigmas ya arrastrados.
Así, resulta sensato analizar que el tratamiento de las enfermedades mentales a través de los años, en una mirada epistemológica, ha sido y es dinámico por sobre todas las cosas. Y la integración de la cuestión social es de los factores que más dinamismo aporta; pero es trascendental entender que detrás de lo "social", el componente político y económico inherente esconde intereses de forma astuta y nos desvía del camino para entender y practicar mejor la salud mental. Tenemos el deber de no perder de vista estas aristas para alcanzar una salud mental congruente, una salud mental que nos haga sentido.
Estimado Gabriel, me parece una muy acertada lectura sobre cómo la dinámica establecida a través de los encargos se mantiene presente e incluso se perpetúa bajo ordenes sociopolítico culturales, muchas veces tácitas, a propósito de lo que mencionas con lo sucedido en El Peral (creo yo nuestro ejemplo más cercano y significativo de lo que este primer encargo ha significado transgeneracionalmente). Sin duda, un lado oscuro descorazonadoramente real y por tanto, una invitación a mantenernos alerta con una lectura crítica a nuestro rol como psiquiatras/profesionales de salud mental en esta sociedad neoliberal, con sus tensiones histórico-políticas y los devenires de tome en función de las contradicciones sociales.
EliminarSin duda, se agradecen las reflexiones entregadas por el Dr Fernandez Liria a través de su libro y presentación, mostrando una visión tanto crítica como reveladora de como se ha construido nuestra profesión. Desde su enfoque conceptual, a diferencia de las ciencias que buscan la verdad como fin último, la psiquiatría correspondería a una tecnología (“herramienta” si se quiere), teniendo por objetivo producir un “bien social”, que estaría condicionado por su contexto. Y aquí está la base de la problemática: en términos macrosistémicos, este “bien social” no sería necesariamente dirigido a favor de los beneficiarios; sino más bien a un orden social determinado, operando bajo encargos supeditados a los intereses de quienes detenten el poder hegemónico en ese tiempo histórico.
ResponderEliminarMe parece interesante la forma en que estructura una revisión histórica, donde pone en evidencia como la sociedad occidental, según sus distintos períodos, ha configurado la historicidad de la psiquiatría encomendándole cuatro respectivos “encargos” y explicando en consecuencia, porqué y en qué medida dichos encargos, permanecen vigentes hasta el día de hoy.
Del primer encargo, aparecido en el sXV para justificar el encierro y exclusión social de la locura, según lo que expone también M. Foucault en sus tomos de Historia de la locura en la época clásica, es una lógica que supuestamente ha tendido a desaparecer con el tiempo, pero no completamente, presentándose aún hoy, quizás bajo otras formas más sutiles. Esto me recuerda una realidad que evidencié en hospitales del área en mi práctica clínica, donde vi como los pacientes denominados “casos sociosanitarios” terminaban copando permanentemente las camas de centros de baja complejidad, poco capacitados y equipados para un cuidado adecuado y digno, donde ciertamente “hacer lo que se puede con lo que se tiene” sigue siendo lamentablemente un discurso diario. Allí, conocí un usuario con demencia secundaria a un trastorno por uso de alcohol, que no tenía red de apoyo y se encontraba a la espera ser aceptado en algún hogar de acogida, pero que finalmente, tras años de espera y negativas de hogares u otras alternativas para recibirlo, falleció ahí, solo; producto de una infección nosocomial. ¿Acaso no habíamos superado la época de la estigmatización, aislamiento e invisibilización de las enfermedades mentales?
Respecto al segundo, tercer y cuarto encargos, creo importante señalar que pese a aparecer en distintos periodos, actualmente se encuentran simultáneamente vigentes.
Estos encargos a mi parecer, aun presentándose bajo demandas sociales que pueden ser legítimas: como la búsqueda del bienestar afectivo y social en la población, poder añadir “arsenal terapéutico” farmacológico para revertir dolencias psíquicas, y buscando mayor reconocimiento y autonomía de los usuarios; están sujetos a un espacio de contradicciones históricas y sociales permanente, en el que las lógicas capitalistas en sus distintas facetas según el período histórico, han logrado cooptar estas demandas y moldearlas, para que sean funcionales a su lógica: ya sea manteniendo la fuerza productiva de trabajo como una pieza mercantil cambiable, (sin atender a las determinantes sociales de salud), generando y masificando el mercado farmacéutico (desde la mirada puramente biologicista, fácilmente manipulable), y en el caso del cuarto encargo, justificando bajo estas banderas de lucha la mayor pérdida de regulación del mercado, mayor privatización, disminución del acceso e incluso responsabilizando negativamente al paciente mental, con una suerte de “positivismo tóxico” en el que su mejoría clínica sólo recae en él, obviando (una vez más) los determinantes sociales a trabajar como comunidad.
Por lo tanto el llamado es a mantener una visión crítica en el ejercicio de nuestra profesión y en lo posible, atreviéndonos a participar activamente desde nuestra vereda y según nuestros alcances, en las políticas públicas sanitarias, desde una mirada integral, (me parece útil para esto, también incorporar las líneas de acción sugeridas) a fin de evitar ser “herramientas” manipulables, útiles al poder empresarial y no a nuestros pacientes.
EliminarMe pareció interesante el libro y el Video del Dr. Alberto Fernández, porque ha medida que iba avanzando en la lectura , se me venían a la mente imágenes de un hospital psiquiátrico, en el cual trabajé hace varios años atrás. Es tal cual como lo describe. Personas que llegaron a ese lugar, porque no contaban con una vivienda para hacerlo hacerlo, sin tener ninguna patología psiquiátrica, niños, que en la actualidad ya tienen mi misma edad, compartían sectores por "gravedad de su enfermedad" vivían hacinados, marginados, lejos de la población.
ResponderEliminarTambién lo que me llamo la atención es donde se menciona el hito, que las mujeres, con los avances tecnológicos, para la ayuda de los quehaceres del hogar, deberían tener más tiempo de ocio, lo que se traduce una mejor salud mental, pero siento que no es así, al contrario, en la actualidad la vida moderna ha significado un aumento en sus labores, muchas trabajan fuera de su hogar, llegan exhausta, cumplir con las labores que les corresponde en su hogar, cuentan con red de apoyo escasa para la ayuda en el cuidados de los niños.
Otro pasaje que quisiera enunciar: Las 4 características de enfermedad Según Parsons, las que en la actualidad, aún podemos ver que es el entorno de estas personas las que acuñan estos conceptos.
Estimada Mariela, comparto las reflexiones que has hecho en torno a los diversos roles que debe asumir la mujer en la actualidad, lo cuál también es un favor de riesgo importante en cuanto a presentar situaciones o enfermedades en salud mental. Desde mi posición como mujer me resulta importante considerar la interseccionalidad en los diferentes análisis que vamos haciendo.
EliminarEn relación a lo expuesto por Alberto Fernández Liria, en el video, al comienzo, menciona que en realidad hablará o de alguna forma nos viene a "mostrar" el lado oscuro de la psiquiatría. Eso me llevo a pensar, lo que él mismo describiría más tarde, en los hospitales psiquiátricos, los encierros que vivían en tanta oscuridad los padecientes de algún trastorno de enfermedad en salud mental. Y me refiero con esto a una oscuridad en varios sentidos, si solo tratáramos de mentalizarnos en un paciente actual con psicosis, podemos acercarnos levemente a "empatizar" el cómo vivían aislados en el siglo xviii los "esquizofrénicos" y qué pensarían de lo que sucedía.
ResponderEliminarDentro del análisis del libro del mismo autor: "la locura de la psiquiatría", me parece algo "rupturista" y a la vez "esperanzador" dependiendo del punto de vista. Me resuena que la palabra "encargos" centrándose en los 4 tipos que describe en el texto, van evolucionando no solo en el tiempo, sino también en las probabilidades de que se pueda incidir en el cambio. Me refiero que tenemos la facultad de poder aceptar o no tal y cual "encargo" y decidir hasta donde ser parte.
Por ejemplo, en mi experiencia personal de trabajo en un Cesfam del nodo lacustre en Araucanía Sur, luchaba por darle la importancia a la psicoeducación de los pacientes y sus familias, y dejar en claro la sobreestimación que se le daba a los psicofármacos y lo subestimado del acompañamiento psicológico. Para que hablar de los tiempos dispuestos para poder siquiera comprender la aflicción principal de nuestros pacientes. Luchar contra la mercantilización y a su vez con los tiempos, es una muestra para quién busca ayuda, de la poca importancia que tiene determinado tema para los gobiernos.
Así también me parece relevante mencionar, que pese a todo lo que se ha trabajado en pro del bienestar psicosocial de los usuarios que requieren atenciones de salud mental, se mantiene esta brecha de "derechos" y de autonomía relacionada con el encargo cuatro, que menciona Alberto Fernández Liria. En el sistema actual, no veo muy lejano el trato que se la da a usuarios con trastornos psicóticos o agitación psicomotora, por dar un ejemplo. En mi practica diaria, puedo ver la diferencia de como un adolescente psicótico hospitalizado en sala común (por falta de camas en UHCIP) es contenido de forma física por requerimientos del personal de salud, y como ese mismo adolescente al ser trasladado el mismo día a una unidad de cuidados especializados en salud mental, puede ser descontenido físicamente e incluso mantener un comportamiento adecuado, solo por el hecho de que el trato y la contención verbal se da como primera elección.
Me pareció muy interesante la lectura recomendada para esta quincena, pues, al igual que el profesor Fernández Liria, considero que la Psiquiatría es un dispositivo que sólo concibe su existencia y utilidad bajo el alero de las demandas y exigencias que le encomiendan las diferentes sociedades. El objeto de la psiquiatría va cambiando a medida que cambian las personas, las familias, las organizaciones, las sociedades. Es imposible concebir en nuestra sociedad actual las prácticas llevadas a cabo por los primeros alienistas, y por el contrario, probablemente nuestras teorías psiquiátricas actuales, aceptadas por la mayoría, serían objeto de escepticismo y críticas si fuesen presentadas a la comunidad científica de hace 200 años.
ResponderEliminarEn ese mismo sentido, me gustó mucho que el libro fuese estructurado a partir de “encargos”, pues permite comprender de mejor manera cómo el rol que le ha sido atribuido a la Psiquiatría ha ido mutando a través de los años.
Previo al siglo XIX, la sociedad asignó a la Psiquiatría la labor de “sacar” de las calles y recluir a todas aquellas personas que parecían no comprender la realidad tal como lo hacían los demás, presentando comportamientos erráticos que molestaban a los demás, pero que, al hacerlo de manera involuntaria, quedaban fuera del alcance de la justicia. Estas personas eran prácticamente expulsadas de la sociedad, pasando a vivir todo el resto de su vida en aquellos centros de exclusión. Esto me hizo reflexionar sobre el gran cambio que han sufrido los dispositivos de salud mental últimamente (COSAM, hospitales, clínicas psiquiátricas), buscando justamente prevenir aquellos prejuicios que, muchas veces, persisten hasta el día de hoy, e impiden a los pacientes acercase a pedir ayuda en el ámbito de la salud mental.
Posteriormente, con el advenimiento de la revolución industrial, comenzaron a surgir trastornos mentales relacionados con las altas exigencias laborales de la época, y por ende, le fue encargada a la Psiquiatría “curar” a estos trabajadores, únicamente para que pudiesen reincorporarse a sus labores lo más pronto posible. Esto sin duda me hace reflexionar sobre las licencias médicas de causa psiquiátrica, pues en muchas ocasiones son “mal vistas” por los empleadores, considerándolas como una “insuficiente justificación” de ausencia laboral.
Finalmente, con la instauración del neoliberalismo en su máximo esplendor, nuestra sociedad ha atribuido a la psiquiatría un rol meramente prescriptor de psicofármacos, dejando de lado técnicas que quizás no benefician de gran manera a la industria farmacéutica (psicoterapia, psiquiatría preventiva con un enfoque comunitario, etc). Este capítulo me hizo reflexionar sobre la crítica que muchos han hecho a la sobre patologización de conductas que son inherentes al ser humano en cada etapa de su vida, por ejemplo, adjudicando un diagnóstico de TDAH a cada niño inquieto, curioso y con mucha energía para jugar. Como dijo el profesor Fernández Liria en su conferencia, “la Psiquiatría es peligrosa, hay que tener cuidado para no terminar haciendo daño”.
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ResponderEliminarLo primero que encontré llamativo de la lectura y del video fue el concepto de que, más que una ciencia, la psiquiatría es una tecnología; no busca la verdad ni su objetivo es producir conocimiento, sino que su criterio es más bien buscar la utilidad para la sociedad.
ResponderEliminarEs importante que nos desmarquemos de cierto modo del ego de no ser una ciencia pura, sino más bien un híbrido (según lo visto en el módulo anterior) o un crisol de varias corrientes; la idea es no sentir que esa descripción es una desconsideración, sino más bien es un recordatorio de tener presente el trasfondo de nuestro ejercicio clínico con la función social que debemos cumplir.
En este punto, me hizo sentido y recordé bastante el principio de la medicina primium non sere, donde primero debemos evitar la iatrogenia, evitar ver al paciente como un checklist y sino más bien como un todo, tratar de evitar de usar psicofármacos indiscriminadamente, no tener un pensamiento automatizado y, en conclusión, evitar causarle más daño al paciente.
Otra reflexión que surge, fue el inicio de las políticas públicas y las fuerzas de trabajo cualificadas, y el cómo, cuando una persona se enferma, el ayudarlo parte desde la solidaridad a través de sus compañeros. Luego esto evoluciona a un sistema manejado por el estado, que, en nuestro país, por lo menos, específicamente en la APS donde trabajé, se ha desvirtuado completamente; el ausentismo laboral ha aumentado notoriamente y mayor aún las licencias por diagnósticos de salud mental.
Este fenómeno puede ocurrir porque efectivamente ha aumentado el estrés laboral, el burnout, pero lo que yo he vivenciado es que se "mal utiliza" este recurso.
Desde mi experiencia trabajando en el policlínico de atención a funcionarios, sucede que en ocasiones funcionarios solicitan licencias médicas por otros motivos, por ejemplo, porque están cansados, porque tienen a sus hijos enfermos, porque quieren tomarse unos días de vacaciones, porque tuvieron un problema con un compañero y no quieren ir. Entonces, aquí es clave mantener el norte de nuestra tarea y poner en una balanza todos estos factores, el cuestionarse si realmente esto está alterando su bienestar, si los factores sociales están causando este desequilibrio, y si esto es más bien un fin ganancial. Aquí entra el punto de la tecnología versus el aspecto meramente científico del ejercicio de nuestra profesión.
Acabar con la institución del manicomio ha sido una de las tareas primordiales de la psiquiatría moderna, y desde mi punto de vista, una de las banderas de lucha más interesantes, de lo que debiese ser la práctica médica en salud mental. Es, en cierto modo, una analogía, a la par del paradigma bioético que acordamos actualmente. Un ejemplo que se me viene a la mente de ello es la experiencia del Dr. Cordero y su equipo al trabajar en esta región (la Araucanía), poniendo en práctica reflexiones y lineamientos construidos luego de su formación y encuentro con los pacientes en el Patio 17. Es un ejemplo de lo que implica el trabajo en psiquiatría, formarse en esta disciplina implica construir una mirada crítica que nos acerque como comunidad a acompañar a las personas que están sufriendo.
ResponderEliminar“La psiquiatría no es una ciencia porque el objeto de la ciencia es producir conocimientos y el de la psiquiatría es producir un bien social”. Tengo que reconocer, que antes de entrar a este programa, en mi mente se concebía una intención de construir salud mental en base a la evidencia, a lo empírico. Tuve desde el pregrado, una mirada crítica respecto a cómo la práctica en salud mental implicaba abstraerse desde tecnicismos filosóficos y perspectivas históricas a los síntomas que experimentan las personas que consultan en salud mental, como si se refiriera a un vivenciar con principios teleológicos. Veía el juicio como finalidad categórica de la labor en psiquiatría, e ingresé a esta especialidad en cierta forma para plantear lo contrario. Estas lecturas en cierta forma me han servido para construir desde el principio de esta formación, una aclaración necesaria. En definitiva, la disciplina es más profunda que eso: al tener como objeto producir un bien deseable para la sociedad, se ha organizado para dar satisfacción a demandas que son producto de cambios sociales (que nada tienen que ver con ella, sino más bien con su contexto histórico), y que son acumulables.
En línea con lo anterior, lo que debemos definir es qué es lo que la comunidad le exige a la sociedad para crecer en bienestar, entendiendo que detrás existe una demanda y crítica fundamental al sistema neoliberal que nos sumerge. La enfermedad se concibe en este contexto, en la medida en que se construye un consenso sobre la idea de que debe intervenir el sistema de salud y sus agentes sociosanitarios. Esto lo viví de cerca trabajando en atención primaria y más de cerca como residente en un servicio de Medicina, donde muchos pacientes sufren las consecuencias de una atención sesgada y no tomando en cuenta su protagonismo sistémico, son tratados como números o entidades clínicas dignas de recibir un tratamiento estandarizado y despersonalizado. A partir de allí, me cuestioné qué es lo que hace falta, si es estudiar y hacer ciencia del vivenciar nosológico pero adaptado a la realidad local, o bien (como me lo planteo actualmente) aterrizar la práctica hacia la necesidad de las personas, es decir, garantizar un encuentro con la intención de acompañar.
Son muchas las reflexiones y aprendizajes que rescato del libro, nombrarlas terminaría en un texto muy extenso. Pero, a modo de conclusión, siento que es importante comprometerse (como agentes en comunidad), con los encargos que la sociedad tiene con esta disciplina. Hay que reconocer y valorar los acuerdos que construyen epistemología actualmente, pero entendiendo a qué llamado acuden. Ante eso, me parece significativo rescatar una frase respecto al encargo actual, uno de los que más nos convoca como futuros psiquiatras: “(…) Cabe pensar en formas de actuar en este campo que respeten radicalmente la autonomía del individuo. Pero hay que evitar que este respeto sirva de pretexto para la destrucción de los mecanismos de solidaridad que persigue el neoliberalismo. La atención a la salud mental es una tarea apasionante, pero difícil. Y solo puede entenderse como una acción colectiva guiada por la solidaridad entre individuos con los mismos derechos”.
Tal como mencionan mis compañeros/as me resultó muy interesante leer el libro y ver el video donde se aborda el recorrido histórico que ha tenido la psiquiatría, que en base a los encargos de la sociedad que definen el quehacer de los profesionales de la salud mental inspiran a realizar profundas reflexiones sobre las prácticas en el campo de la psiquiatría.
ResponderEliminarLos análisis que realiza Alberto Fernández tanto en el libro como en su conferencia me remueve frente a auto críticas que me he realizado desde hace tiempo y que se relacionan justamente con el rol que tenemos los profesionales de la salud mental.
Haciendo una lectura desde mi experiencia trabajando una unidad de corta estadía, puedo visualizar el encargo social actual. Este encargo se trata de que se espera que podamos hacer que la persona vuelva a ser “la misma de antes” o recupere todas las funciones que se han perdido y planteo esto último con suma delicadeza, ya que también se comprende que las familias o personas cuidadoras de los y las usuarias de salud mental se ven afectadas por la complejidad de las situaciones de sus seres queridos, no obstante, también se generan expectativas en base a una sociedad condicionante que impone un prototipo de normalidad al que deberíamos adherir como seres humanos.
En este sentido quiero detenerme y profundizar en el cuarto encargo que menciona Fernández, en el cual destaca la relevancia que toma la autonomía de las personas en el sentido de que es la persona usuaria quien tiene la última palabra respecto a su tratamiento, lo cual a la vez resulta peligroso, esto lo interpreto con que muchas veces dichas decisiones pueden empeorar la situación de la persona, pero que también es algo que tiene que ver con el poder que se nos ha otorgado.
En este punto, pienso que nuestro quehacer toma una crucial relevancia y me hace reflexionar desde mi rol como terapeuta ocupacional, en el que si bien me movilizo desde unas ganas genuinas de querer aportar a las personas en sus procesos terapéutico y a la vez, desde unas tremendas ganas de aportar a prácticas transformadoras desde un posicionamiento ético-político anti hegemónico, es un rol que también está mediado por un encargo de la sociedad actual.
El encargo o el mandato social actual busca la alta productividad de las personas usuarias en cuanto a recuperar su funcionalidad y por lo tanto, para lograr esto debe haber una alta productividad de los profesionales de la salud, en ello se genera la urgencia de hacer las cosas para ayer y por ende, la urgencia de que la persona tome decisiones muchas veces en base a una comprensión de su enfermedad desde la pasividad y desde la imposición de ideas, que aunque dichas ideas apunten al bienestar de las personas no llevan procesos reflexivos ni acompañamientos detrás.
Por ello es que a mi parecer los planteamientos de Fernández son un llamado de atención a mirar la responsabilidad que tenemos, siendo conscientes de que desde donde nos posicionamos e intervenimos puede tener grandes consecuencias para las personas usuarias. En este sentido, para ir cerrando creo que es muy importante revisar cómo configuramos a las personas en nuestro lenguaje cotidiano y el cómo nos aproximamos para generar diálogos y para mediar decisiones.
Estimada Carolina:
EliminarMe parece muy importante poner sobre la mesa una tensión que muchas veces vivimos en silencio: la contradicción entre nuestros deseos de acompañar desde un lugar ético y humano, y el mandato implícito (o explícito) de responder a una lógica de productividad que también atraviesa a los equipos de salud. Coincido contigo en que el cuarto encargo que menciona Fernández (que pone el foco en la autonomía de la persona usuaria) es profundamente complejo. En teoría es un avance enorme reconocer a las personas como sujetos activos de su proceso terapéutico, pero también es cierto que muchas veces esa autonomía es más bien aparente, ya que está condicionada por tiempos cortos, presiones externas, y por una comprensión de la enfermedad que no siempre nace de la experiencia propia, sino que viene mediada por discursos profesionales o sociales dominantes.
Me hizo mucho sentido lo que dijiste sobre cómo, en esa urgencia por lograr resultados funcionales, se termina pidiendo a las personas que tomen decisiones rápidas, sin acompañamiento real. Es como si la responsabilidad del bienestar se les delegara por completo, pero sin entregarles las condiciones necesarias para ejercer esa autonomía de forma reflexiva y situada. También nosotros como profesionales somos parte del engranaje social que define qué es salud, qué es recuperación y qué es “funcionar bien”. Y justamente ahí es donde aparece la posibilidad de transformar o al menos de acompañar a los usuarios con mayor conciencia.
Es interesante la tesis que plantea Fernández sobre entender la psiquiatría no como una ciencia en sentido estricto, sino más bien como una tecnología. Si lo pensamos bien tiene mucho sentido: más que producir conocimiento puro, como lo haría una ciencia tradicional, la psiquiatría tiene una función social muy concreta, que es atender el sufrimiento psíquico de las personas y dar respuesta a las necesidades de la sociedad en un momento histórico determinado. Esta idea me hizo pensar mucho en cómo se forman los diagnósticos hoy en día. Muchas veces parece que se busca más encajar a las personas en “categorías” que permitan actuar rápido (dando un medicamento, derivar a psicoterapia, etc) que entender realmente qué está pasando en el trasfondo. Esto conecta con lo que dice el libro sobre cómo el sistema sociocultural le “encarga” a la psiquiatría cumplir ciertos objetivos. Por ejemplo, en contextos de alta productividad, se espera que las personas funcionen, que no se “detengan”, y entonces se valora más la intervención rápida que el abordaje profundo o fenomenológico. Es como si la psiquiatría fuera ajustándose para mantener el orden social más que para comprender al sujeto en su complejidad. Esto podemos notarlo en nuestra práctica diaria, con un ejemplo tan sencillo como los tiempos acotados que imponen en algunos centros de salud para atender a los pacientes consultantes de salud mental. Rescato que en algunos establecimientos he visto que han logrado prolongarlos, obviamente recurriendo a justificaciones con evidencia y con un largo proceso administrativo.
ResponderEliminarLo aprendido con las lecturas y video de esta semana sirve como una oportunidad para repensar la misión de la psiquiatría, ya que si es una herramienta, entonces podemos y debemos cuestionarnos cómo y para qué la usamos. ¿Estamos de verdad acompañando el sufrimiento de las personas? ¿O estamos intentando que funcionen rápido en una sociedad que no se detiene?
Personalmente, el contenido me motivó a pensar que nuestra formación no solo debe entregarnos conocimientos técnicos, sino también sensibilidad para leer el contexto del paciente y disposición para revisar nuestras propias prácticas. Si queremos una psiquiatría con sentido, entonces también necesitamos profesionales que se pregunten por el sentido de lo que hacen.