Trabajo Obligatorio del 11 al 24 de junio: ¿Qué son las enfermedades mentales?. Los problemas del diagnóstico

 


"Al abordar la cuestión de la enfermedad mental se imponen dos preguntas: 
  • ¿en qué condiciones se puede hablar de enfermedad en el terreno psicológico?; 
  • Y ¿qué relaciones podemos definir entre los hechos de la patología mental y los de la patología orgánica?.

Todas las psicologías se han ajustado a estos dos problemas: están la psicologías de la heterogenedad, que se niegan -como lo ha hecho Blondel- a interpretar como psicología normal las estructuras de la conciencia mórbida y, en el otro extremo, las psicologías analíticas o fenomenológicas que procuran incorporar la inteligibilidad de toda conducta, aún la demente, en significaciones anteriores a distinción  entre lo normal y lo patológico. Encontramos una división análoga en el gran debate sobre la psicogénesis y la organogénesis: por un lado, se indaga la etiología orgánica -desde el descubrimiento de la parálisis general y su etiología sifilítica- y, por el otro, se analiza la causalidad psicológica, a partir de los trastornos sin fundamento orgánico, definidos fines del siglo  XIX como síndrome histérico.

Retomados tantas veces, estos problemas hoy hastían y no tendría sentido resumir los debates a que dieron lugar. Pero si podemos preguntarnos si el hastío no se debe que siempre se le da el mismo sentido a nociones tales  como enfermedad, síntomas o etiología, ya sea que se esté hablando de patología mental o de patología orgánica. Si nos cuesta tanto definir la enfermedad y la salud psicológicas, ¿no será porque no se esforzamos en vano en aplicarles masivamente conceptos destinados también a la medicina somática? La dificultad de encontrar una unidad entre las perturbaciones orgánicas y las alteraciones de la personalidad, ¿no procede de suponerles una estructura del mismo tipo? Más allá de las patologías mental y orgánica, hay una patología general y abstracta que domina a ambas y les impone, como prejuicios, los mismos conceptos y les indica, como postulados, los mismos métodos. Querríamos mostrar que la raíz de la patología mental no debe buscarse en ninguna " metapatología" sino en cierta relación, históricamente situada, del hombre con el " loco" y con el hombre verdadero.

Con todo, es necesario hacer un balance rápido para recordar cómo se constituyeron las patologías tradicionales o recientes y, al mismo tiempo, para mostrar de que datos previos debe ser consciente la medicina mental para encontrar un nuevo rigor.".


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Michel FoucaultEnfermedad mental y psicología. 1* ed .Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Paídos, 2016 (título original Maladie mentale et psychologie. Quadrige / PUF, 2011)

  Trabajo de la quincena: 

  1. Vea el Video de la Conferencia HIBRIDISMO EPISTEMOLOGICO Y PSIQUIATRIA, del Profesor Germán Berríos
  2. Lea el artículo de Manuel Desviat (2010). Síntoma, signo e imaginario social. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría30(1), 125-133. 
  3. Lea el artículo de Norberto Conti y Daniel Matusevich “Lo importante es no tomar sus textos como catecismos, sino como herramientas para pensar la locura y la psiquiatría”. Entrevista al Profesor Rafael Huertas.
  4. Lea el artículo José Carlos Bermejo Barrera.: Psiquiatría y lenguaje: Filosofía e historia de la enfermedad mental. 

Complementariamente puede 

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El pazo máximo para enviar su COMENTARIO en el Blog es el sábado 22 de junio a las 23:30 horas.

La sesión sincrónica será el Lunes 24 de junio desde las 19:00 hrs.

Comentarios

  1. Uno de los primeros aspectos que me resulta interesante y esencial es reflexionar sobre qué implica la enfermedad mental, que, como se ha mencionado en los textos, difiere completamente del enfoque de otras áreas de la medicina. En los trastornos mentales, es el individuo en su totalidad quien experimenta el sufrimiento, no simplemente un componente físico o medible, como podría ser una estructura cerebral específica como la amígdala. Dentro de esto mismo hay que hablar de la importancia de la dimensión cultural y la cosmovisión en la comprensión de los diagnósticos psiquiátricos, ya que dependiendo donde se geste este trastorno será la manera en que será visto ya que en su tiempo para los chamanes la psicosis era aceptada e incluso valorada. Esto subraya que la enfermedad mental no se presenta como un ente claramente definido y observable en el mundo, como sugieren las actuales clasificaciones psiquiátricas operacionales, sino como una hipótesis de trabajo dinámica que debe considerar aspectos biológicos y socio-históricos de manera integrada, evitando la simplificación unilateral ya que esto puede dejar fuera varias de las visiones que nos podrían explicar y ayudar a tratar estos trastornos.

    Otro aspecto relevante que se destaca en los textos es la necesidad de integrar plenamente la filosofía como herramienta fundamental en nuestra concepción de la psiquiatría. Aunque esto se reconoció en la primera mitad del siglo XX, las tendencias biologicistas han marginado brutalmente esta perspectiva. Como mencionaba Jaspers, es esencial ser consciente de los presupuestos filosóficos siempre presentes en la psiquiatría; ignorarlos no implica su ausencia. Es imperativo reconstruir esta conexión entre la psiquiatría y la filosofía hoy en día, junto con la historia, la sociología y la antropología, disciplinas que nos permiten situarnos en el mundo del paciente. Berrios, lo menciona y dice que hay que ser un “poliglota” lo cual es muy adecuado pensando que debemos ver al paciente desde varios puntos de vista.

    Finalmente, otro aspecto crucial que se menciona en los textos y se destaca en la entrevista a Rafael Huertas es el de la biopolítica: cómo los mecanismos de poder, control y política influyen en la vida humana. Esto concierne profundamente a la psiquiatría, especialmente para quienes nos estamos integrando en esta disciplina relativamente reciente. Es crucial entender el desarrollo histórico de la psiquiatría y cómo los psiquiatras han tenido y siguen teniendo un significativo poder político al determinar quién es diagnosticado con una enfermedad mental. Esto se ve reflejado en prácticas históricas cuestionables como las lobotomías y otros procedimientos invasivos. Al reflexionar sobre la enfermedad mental, siempre debemos cuestionarnos a quién realmente beneficia esta etiqueta: ¿al paciente, al Estado, a las aseguradoras de salud?. Por esta última reflexión recuerdo mi trabajo en APS donde se da constantemente esta reflexión ya que el poder de entregar una licencia médica a un paciente que sufre un trastorno de salud mental y que con frecuencia este sufrimiento se sustentaba principalmente en situaciones socioeconómicas nos dice que es importante ver al paciente desde varios lentes y tenemos adoptar una postura ante el mundo y no perder de vista que todo debe girar en torno a la persona que experimenta sufrimiento psíquico y busca ayuda.

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    1. En referencia al comentario de mi colega, quisiera destacar su reflexión sobre la esencia de la enfermedad mental. A diferencia de otras especialidades médicas, donde se puede identificar y medir un objeto o signo específico, como en el caso de una apendicitis, en psiquiatría el foco de estudio es aquello que ocurre en la mente de las personas, influenciado por su historia, cultura y cosmovisión. No es posible cuantificar una emoción, o poner en una escala cuánto amor siente una paciente por su familia o cuánta tristeza está padeciendo en un momento dado. Por ello, es fundamental integrar todos los aspectos que influyen en la vida de la persona y evitar caer en un reduccionismo biológico que trate estos episodios como meramente orgánicos. De ahí el peligro, como menciona mi colega, de limitarse a diagnósticos basados únicamente en clasificaciones internacionales.

      Además, quiero resaltar la mención que hace al Dr. Berrios, quien nos invita a ser "políglotas" en una analogía que sugiere la necesidad de interpretar las distintas dimensiones del paciente, evaluándolo desde todos los puntos de vista posibles.

      Finalmente, es importante destacar el concepto de biopolítica, que trata sobre cómo los mecanismos de poder y política influyen en la vida de las personas. Un ejemplo claro de esto es la pandemia que vivimos hace unos años, donde el gobierno decretó cuarentenas que exacerbaron la prevalencia de ciertas enfermedades mentales. Durante mi estadía en APS en Monteáguila, durante y después de la pandemia, observé un aumento de casos de depresión en la comuna, asociado al aislamiento, la pérdida de contacto social y la disminución de redes de apoyo con las que muchos pacientes contaban antes de este evento.

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  2. Dentro de la lectura de los artículos y el video, quisiera destacar en primer lugar la entrevista al Dr. Berríos, quien subraya el mayor interés de la psiquiatría por la filosofía para comprender de manera completa el estudio de las enfermedades mentales. Este interés se ha visto mermado últimamente por corrientes reduccionistas y biologicistas que no integran los diversos aspectos de la vida humana, como lo afectivo, cultural, psicológico y social, entre otros. Ignorar estos aspectos impide ofrecer una atención adecuada a cada uno de nuestros pacientes.

    Recientemente, la psiquiatría ha caído en el pragmatismo, como se menciona en los artículos, ejemplificado por la proliferación de escalas y categorías como el DSM. Aunque estos instrumentos buscan estandarizar el conocimiento, a menudo reducen la riqueza que podría aportar la semiología psiquiátrica descriptiva para entender realmente lo que sucede en la mente del paciente. Esta situación ocurre en un contexto de crisis de valores en la sociedad occidental, donde todo se considera desechable, en detrimento de una relación clínica integradora con el paciente. Este enfoque está influenciado en parte por el sistema neoliberal imperante y las farmacéuticas, que solo buscan ganancias a cualquier precio.

    Lo anterior se refuerza en la entrevista con el Dr. Huertas, quien presenta las visiones esencialista y no esencialista. Destaco la segunda, ya que toma en cuenta el contexto, lo experiencial y lo relacional del individuo, así como lo biológico y científico. Lamentablemente, el contexto actual, debido al sistema pragmático en el que vivimos, favorece el desarrollo de enfermedades mentales por su narcisismo e individualismo, donde coincido con la opinión del Dr. Huertas. La importancia de esto radica en que se desatiende el sufrimiento real, el acompañamiento y la humanidad que debemos a nuestros pacientes.

    La relevancia de la integralidad se refuerza en el artículo de Bermejo, que también critica el reduccionismo de la ciencia, dejando de lado lo subjetivo, social e histórico. Como experiencia personal, quisiera recordar mi paso por Cesfam Monteáguila, donde, debido al poco tiempo asignado por paciente en las consultas de salud mental (20 minutos), no era posible realizar una descripción clínica completa de lo que realmente le estaba sucediendo al paciente, como por ejemplo, en el caso de un episodio depresivo. Debido al pragmatismo con el que debíamos rendir, prácticamente se nos exigía realizar un check-list de síntomas y evaluar con una escala y protocolo para determinar si el paciente encaja o no dentro del diagnóstico. Esto, como mencioné anteriormente, solo perjudica la atención integral del paciente.

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    1. Quisiera reflexionar acerca de lo expuesto por el colega; especificamente sobre la masificación de escalas y diagnósticos desde lo categorial, coincido plenamente en que opacan la riqueza del diagnóstico de la enfermedad mental y del paciente puntual, transformandose en un checklist. Dejando a un lado lo que le puede estar pasando realmente al paciente en todas sus aristas; lo social, lo político y también lo neurobiológico. Coincido también en que este enfoque más bien reduccionista de la enfermedad mental, tiene una perspectiva desde la cultura occidental de la inmediatéz; donde repasar una serie de sintomas y signos en vez de darse el tiempo de conocer al paciente y su contexto es más "costo efectivo".
      Muy de la mano con todo lo expuesto están los rendimientos por paciente que nos exigen en los Centros de Salud Familiar (CESFAM), que lejos de acercarnos al paciente y la comunidad, nos ponen en el lugar de "diagnosticadores" de patologías del CIE-10 y luego prescriptores de psicofármacos.
      Considero firmemente que parte de nuestro rol como futuros psiquiatras comunitarios es ayudar en el cambio de paradigma de la enfermedad mental sobre todo en el sector público, ayudando a que se comprenda que atender "rápido" y con un checklist en el largo plazo dará resultados discretos, en cambio entendiendo lo multidimensional de la enfermedad mental y sus manejos (ambiental, histórico, farmacológico, entre otros) podremos tener mejores resultados.

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  3. Leídos los textos y revisado el video me quedo con una buena sensación. Reconforta sentir que son varias las voces y los autores que coinciden en que la psiquiatría siempre ha estado entre las ciencias naturales y las ciencias sociales, emergiendo como un híbrido; que deriva de fuentes no homogéneas, con “poderes” para explicar ciertas cosas de manera novedosa. Es así como el Hibridismo Epistemológico comentado por Berrios, agrega también la dimensión histórica, donde como se menciona en el video; los psiquiatras del futuro “van a reírse de nosotros” refiriéndose a los diagnósticos, prescripciones, estigma y en la valoración de lo que es bueno y malo.
    Es cierto que la enfermedad mental puede verse como una enfermedad del cerebro (lo fisiopatológico) o de alguna parte del cuerpo según el modelo organicista griego, pero también es el resultado de la interacción entre los seres humanos y sus medios sociales y biológicos, agregando la dimensión cultural. Me encantó la frase "Cada cultura crea sus propios enfermos mentales, que nacen, crecen y se extinguen con ella".
    Complementando lo anterior, a lo largo de los textos se van agregando aún más dimensiones a la enfermedad mental, como las agresiones psíquicas y sociales en la esquizofrenia que postula Minkowski o la antipsiquiatría que refuerza los factores familiares, sociales y agrega la innegable dimensión política.
    Este concepto multidimensional en el que se quiere intentar definir o posicionar a la psiquiatría, nos plantea varios desafíos, creo que quienes nos estamos formando para ejercerla debemos ser sensibles tanto al lenguaje médico, considerando esta arista importante, como a un lenguaje más amplio. Todo esto no con el objetivo de satisfacernos a nosotros mismos en el camino del saber, sino con el fin de ayudar al enfermo.
    El deber de la psiquiatría y el nuestro como residentes será entonces, entender sobre neurotransmisores y psicofarmacología, como también comprender sobre nuestra sociedad y brechas sociales, la cultura, contexto y nuestro tiempo, conocer un poco de todo, en un rango tan amplio como conocer sobre grandes psiquiatras o filósofos, hasta la música o la red social de moda.
    En mi caso el humanismo, la lectura, la cultura y la opinión crítica sobre las diferencias sociales se ha incrustado en mi crianza y forma de ser, puesto por el colegio en el que iba y el hogar en el que me crié, viví gran parte de mi infancia y adolescencia leyendo a los escritores del llamado boom latinoamericano, escuchando a Silvio o Serrat, siempre comentando nuestra realidad de forma crítica e intentando ser un agente de cambio en mi realidad más próxima. Ese espíritu más bien humanista fue el que me llevó a querer estudiar medicina en primera instancia, donde fui bombardeada de ciencias básicas, pruebas de alternativas sin espacio para la reflexión y una formación más bien unificada hacia que “seamos todos iguales”, sin mucho cuestionamiento, cosa que fue un importante debate interno en mi formación.
    Terminado el pregrado, quise unificar estas “dos vidas”, mi crianza más bien “hippie” con mi formación académica más “dura”, y encontré un camino en esta hermosa especialidad, específicamente mirando todos los factores que definimos previamente desde la perspectiva de las infancias. Leídos los textos confirmo mi camino, intentando hacer honor a este “híbrido”.

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    1. Respecto al comentario de mi compañera Francisca, concuerdo con su reflexión respecto al Hibridismo Epistemológico descrito por Berríos. Destaco el énfasis que realiza en cuanto a nuestro deber como residentes de formarnos con un enfoque biológico, social y cultural. Berríos refuerza la idea de que los becados de psiquiatría tengamos una educación desde una mirada holística.
      Cuando leí su reflexión personal, me sentí muy identificada respecto a su formación desde infancia, adolescencia hasta llegar a la beca. En mi caso crecí en un entorno donde me enseñaron a observar a las personas desde una manera íntegra, no sólo verlas como portadoras de una enfermedad.
      Finalmente, nuestro desafío, aparte de comprender el contenido de nuestras asignaturas, es poder aprender a observar a los pacientes con la historia que hay detrás de cada uno de ellos.

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    2. Al leer los comentarios en este post me hacen reflexionar que es muy importante mirar desde distintas aristas con respecto a la persona, y ver que en la biografía de otros colegas se repite esta dicotomía de lo humanista y lo biologicista logrando comunicarse y volverse parte del trabajo que hemos decidido hacer formándonos como psiquiatras. Es esperanzador ver que es una reflexión que se repite en el discurso de varios residentes por lo cual lo leído en los textos cobra un sentido práctico, ayudando en nuestra formación para dar la mejor respuesta y tratamiento a la persona que está enfrente de nosotros. “No es una receta de cocina” una frase llega a mi mente al reflexionar esto. No podemos tener el mismo tratamiento para personas cuyas vivencias y contextos son distintos.

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  4. Para comenzar, quisiera referirme a lo que nos enseña Germán Berríos respecto al "Hibridismo epistemológico y psiquiatría". Considero fundamental comprender que la psiquiatría es una disciplina híbrida, ya que nos indica que no sólo tiene bases biológicas, sino que también, tiene bases sociales, filosóficas y antropológicas. Además, quiero destacar que Berríos nos enseña que la cultura, así como la historia de cada individuo penetra en los trastornos mentales. Complementando lo anterior, me parece interesante el análisis que realiza dicho autor en el artículo “La psiquiatría y sus objetivos”, esto porque como becados de psiquiatría es fundamental comprender que esta especialidad es una disciplina híbrida donde uno de los objetivos de nuestra especialidad es que tengamos una visión holística de los trastornos mentales, con el fin de ayudar al paciente.
    Respecto al artículo de Manuel Desviat, me llama la atención que el autor se refiera al DSM como una “trampa” de la que nos invita a salir, para así trabajar en una psicopatología que permita entender la enfermedad mental del sujeto en su integridad, con su historia y cultura. Respecto a la lectura “Lo importante es no tomar sus textos como catecismos, sino como herramientas para pensar la locura y la psiquiatría”, refuerza lo expresado en el artículo de Desviat, ya que nos indica que el ser humano no sólo es biología, sino que además es cultura, por lo tanto, nos sugiere no caer en el reduccionismo de encasillar a los pacientes en clasificaciones diagnósticas. En cuanto a la lectura “Psiquiatría y lenguaje: Filosofía e historia de la enfermedad mental”, reafirma la idea de no caer en el reduccionismo, así como también nos enseña que conocer la historia de la enfermedad mental es fundamental para comprender los dolores y dichas de los individuos.
    Por lo expuesto anteriormente, al leer estos documentos, recordé cuando me encontraba trabajando como médica general de zona en APS. Quiero destacar el trabajo de una de las psiquiatras de COSAM Lo Prado, ya que al final de cada consulta, siempre les explicaba a los pacientes que las personas somos más que un diagnóstico. Es decir, si bien, existe un determinado número de diagnósticos en psiquiatría, existen millones de personas en el mundo, entonces, la psiquiatra les explicaba que sería muy reduccionista encasillarnos en sólo diagnósticos ya que los individuos somos mucho más complejos que eso. Desde entonces, comprendí que, si bien las clasificaciones nos orientan en nuestra labor, no significa que debamos mirar al paciente como una escala diagnóstica, sino como un ser íntegro y que está determinado por su contexto donde cobran sentido los síntomas. A modo de conclusión, considero relevante que nuestras intervenciones sean aplicadas de manera integral, es decir, que considere los enfoques psicológico, biológico y social.

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    1. Me parece muy interesante lo que comenta mi compañera sobre su experiencia en consultoría en el centro de salud de Atención Primaria. A veces siento que en la esfera médica nos alejamos de la empatía hacia quienes consultan y de la angustia que nuestra labor puede generar en ellos.

      Si bien los diagnósticos ayudan mucho a enfocar el manejo, el pronóstico, y a menudo proporcionan comprensión de cómo se sienten los pacientes, es difícil evitar que se conviertan en etiquetas sociales, donde ciertos diagnósticos son categóricos y a menudo significan marginación social.

      Cobra mucha relevancia explicar más allá del diagnóstico y de los síntomas, ya que es ahí donde podemos conectar de manera mucho más auténtica con nuestros pacientes. Es importante lograr visualizar cómo se siente una persona dentro de un contexto (que a veces nos parece obvio que podría afectar la salud mental).

      Durante este tiempo, he visualizado desde el espacio de formación la necesidad de manejar a los pacientes que sufren problemas de salud mental desde una perspectiva híbrida, teniendo en cuenta la esfera biomédica para tratar algunos síntomas, pero reconociendo que muchas veces el verdadero cambio radical y significativo en sus vidas proviene de las herramientas y gestiones que se pueden realizar desde la esfera social para lograr una verdadera reinserción. Es crucial la entrega de herramientas y apoyo que vayan más allá de lo farmacológico para promover una mayor integración social y un mayor bienestar.

      Saludos

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    2. Estoy muy de acuerdo con lo que comenta la compañera, efectivamente es muy interesante el como la psiquiatría se nos presenta como una disciplina hibrida, según lo expuesto por el profesor Berríos, nos hace reflexionar sobre el rol que cumple el lado humanista y de las ciencias sociales en las características fenomenológicas de la psiquiatría. Como residentes es un desafío importante el comprender esto, ya que desde el pregrado se nos forma con un enfoque más bien biomédico, dejando de lado el componente social.
      En la misma línea de lo anterior, es interesante como lo expuesto por la compañera con respecto a las categorías diagnósticas y los sistemas de listas, nos hace ver de manera más superficial y reduccionista el sentido propio del cómo vemos la salud mental.
      Un afectuoso saludo.

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  5. Tras la revisión del material sugerido quisiera partir reflexionando sobre la entrevista que se realizó al Dr. Berríos, quien señala la importancia de la filosofía para comprender la psiquiatría en sí, y por consecuencia, las enfermedades mentales como tal. Este enfoque se ha visto reducido por corrientes científicas y por la biología y la necesidad de dar sentido científico a lo que se aprecia en psiquiatría, dejando de lado el aspecto social, cultural y otros que deben asociarse si o si a los padecimientos mentales, y a los pacientes que los sufren, para dar una atención integral a estos últimos. Como experiencia personal, puedo señalar que, hasta este momento de mi formación académica, el enfoque científico es el que ha primado para lograr el entendimiento psiquiátrico y de las patologías de salud mental, especialmente en el pregrado, en donde por cierto no se ahonda mucho en aspectos esenciales como los tratados por el Dr. Berríos.
    Durante la evolución y con el paso del tiempo, la psiquiatría ha caído en un enfoque pragmático, que ha sido objetivado a través de escalas usadas masivamente en nuestro quehacer, tales como el DSM. Si bien se busca estandarizar el ejercicio diagnóstico, se cae en el reduccionismo de no considerar de manera integral la realidad del paciente, ya que solo considera la sintomatología y los tiempos de evolución, pero deja de considerar lo que está influenciado por la sociedad, que ha sufrido cambios importantes en el ultimo tiempo, y esto ha permitido que grandes empresas, como las farmacéuticas se abran espacio en un sistema neoliberal impuesto y generen ganancias a costas del enfoque pragmático en el que nos vemos envueltos.
    El reduccionismo científico en el que hemos caído se ve reflejado en el artículo del Dr. Bermejo, que deja en evidencia que esta corriente ha dejado de lado lo social, la evolución histórica de la psiquiatría y lo subjetivo o que es propio de la realidad de cada paciente.
    Por otra parte, creo que es necesario destacar y discutir el enfoque mencionado en la entrevista a Rafael Huertas, en donde cita mecanismos de poder y de control, y la política, y como la influencia de la psiquiatría ha destacado en estos aspectos, con la posibilidad de determinar quien padece una enfermedad mental y quien no. Es necesario entender el desarrollo histórico de la psiquiatría como tal, ya que a lo largo de la evolución de la misma se han realizado prácticas cuestionables, como las lobotomías y terapias electroconvulsivas con escasa evidencia y grandes efectos adversos, con el objetivo de favorecer al paciente, pero ciertamente no es el único que se beneficia, sino que también pueden hacerlo por este mecanismo el estado inclusive.
    Todo lo anterior me lleva a la reflexión, inclusive, del tratamiento que se le da en atención primaria a la salud mental, ya que en mi experiencia de 5 años como médico de APS que atendía en salud mental, y acudía constantemente a capacitaciones sobre lo mismo, no se le da la relevancia necesaria a lo que es propio del paciente, y se cae en el reduccionismo citado por distintos autores, ya que utilizamos escalas que nos llevan a eso, pero también responde a lo que se nos enseña, que es realizar un diagnóstico basado en la sintomatología, los signos y los tiempos de evolución del paciente, dejando de lado su realidad social y cultural, que son tremendamente influyentes para ofrecer un manejo integral a la población usuaria.

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    1. Estimado Marcel, me parece muy interesante tu reflexión sobre el texto del Dr. Huerta. Considero que, en la actualidad, muchos/as colegas han optado por adscribir a un enfoque bastante reduccionista, únicamente basados en las ciencias naturales (neurotransmisores, circuitos neurales, etc.), dejando de lado algo tan importante como el contexto biopsicosocial de los usuarios. ¿De qué sirve indicar el antipsicótico más idóneo para el paciente si mi alianza terapéutica con él no fue lo suficientemente sólida cómo para que adhiriera a mi plan terapéutico? ¿De qué sirve recetar el mejor antidepresivo de última generación si no fui capaz de dilucidar que mi paciente está pasando por una mal momento económico y no podrá comprarlo? Son dudas que vale la pena cuestionarse de vez en cuando. Es por ello que me gustó mucho el término de hibridismo biológico y humanista planteado por el Dr. Berrios, puesto que engloba, de manera bastante acertada, el real y complejo devenir de la epistemología alienista.

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  6. Me resulta bastante interesante el como a través de los textos se va dejando entrever el hecho de que la psiquiatría no solo busca un sentido positivista de su desarrollo como tal, al contrario de lo que se podría intuir al ser una rama de la medicina. Estoy muy de acuerdo, conque la psiquiatría biológica (como se expone en uno de los textos) no es suficiente para comprender en su totalidad el comportamiento y la patología mental humana, tal como el profesor Berrios recalca, siempre es un componente hibrido, es ahí, donde me hace mucho sentido el modelo comunitario/social o biopsicosocial. Un síntoma o signo en psiquiatría no solo va explicado por un desequilibrio homeostático o neuroquímico, sino que por un trasfondo absolutamente multiaxial.
    Continuando con la línea del cómo hay que integrar a la psiquiatría con otras ramas de las ciencias sociales, se me hace muy importante e interesante el saber que la psiquiatría es la única (o creo que la única), rama de la medicina que integra las ciencias sociales y las ciencias naturales de manera conjunta, me resulta muy llamativo el integrar a la filosofía con lo netamente biológico, para comprender de una forma correcta la salud mental. Como el profesor Berrios señala, debemos ser un “poliglota”.
    Por otro lado me parece bastante interesante el hecho de que la política, el control de las poblaciones y el poder, han estado siempre entrelazados con el ejercicio de la psiquiatría, no dimensionamos el poder que tenemos al realizar un diagnóstico y como eso puede influir en todas las esferas de la vida del paciente, al reflexionar eso, considero que tenemos un poder importante y que si no lo ejercemos con la responsabilidad que eso conlleva, podemos cometer errores que para nosotros pueden ser sutiles, pero para los pacientes pueden ser muy importantes y determinantes en su vida.
    Cuando trabajaba en APS en el programa de salud mental, si bien se intentaba realizar un enfoque comunitario, la verdad es que costaba, porque se caía en el reduccionismo de implementar pautas y cumplir objetivos que a veces no tenían como fin último al paciente y eran más temas administrativos, el hecho de comprender de mejor manera lo que los textos nos invitan a reflexionar, haría que el enfoque de la salud mental comunitaria fuera más cercano, pese a que se tengan que luchar con múltiples factores externos, como la falta de recursos y la politización partidista que a veces abunda en los municipios u organismos públicos.

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    1. Respecto a lo señalado por el compañero, estoy de acuerdo que es insuficiente reducir a la psiquiatría en solo en el aspecto biológico, no solamente a una falla biológica. Para comprender la salud mental debemos tener una mirada integradora de ciencias naturales y ciencias sociales, de la mano de la filosofía, considerando los síntomas como objetos híbridos que incluyen determinantes sociales, factores biológicos, personales, familiares, culturales e históricos.

      Al igual que el compañero, al trabajar en APS es fácil caer en la mecanización, en verse obligado a cumplir rendimientos, fines administrativos y tiempos limitados viendo casi como algo utópico el poder cumplir con el enfoque comunitario, quedando ahí nuestra tarea de cumplir y acercar este modelo.

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  7. Quisiera comenzar con una frase del texto de Desviat que me resonó profundamente: “La manera en que la enfermedad se manifiesta en cada individuo refleja las expectativas que cada sociedad tiene sobre el comportamiento de los enfermos. El síntoma adquiere significado en la biografía del sujeto y se convierte en enfermedad según el imaginario colectivo”. En relación con esta cita, considero crucial que veamos la salud mental desde una perspectiva evolutiva y social. Como bien mencionó Berrios, los criterios que hoy consideramos acordados podrían convertirse en anécdotas en el futuro cercano.

    Podemos observar ejemplos actuales, como el reconocimiento reciente de que las diversas orientaciones sexuales no constituyen trastornos, a pesar de que aún queda trabajo por hacer en la despatologización de estas identidades. Similarmente, al analizar la población trans, encontramos el diagnóstico de disforia de género, no porque ser una persona trans sea patológico, sino debido a los síntomas emocionales generados por la transfobia en nuestra sociedad.

    La psiquiatría no puede reducirse simplemente a fallos en las conexiones neuronales. Como residentes, debemos impulsar un cambio desde el paradigma biomédico predominante en la educación universitaria hacia una perspectiva híbrida. Necesitamos ir más allá del reduccionismo biológico y reconocer a las personas como individuos con un entorno, una historia, desafíos sociales, vulnerabilidades, creencias y en búsqueda de ayuda. Es esencial considerar todas estas variables para mitigar el sufrimiento.

    Vivimos en una sociedad con altas expectativas tanto internas como externas. Como se discutió en la entrevista con Rafael Huertas, los contextos sociales y culturales contemporáneos favorecen la aparición de trastornos mentales. La presión constante para ser productivos genera estrés continuo y, como consecuencia, sufrimiento psíquico. Debemos no solo ofrecer enfoques integrales de ayuda, sino también criticar activamente el sistema en el que estamos inmersos y buscar, desde nuestros propios roles, generar cambios que prioricen la salud mental en todos los ámbitos.

    Al examinar la categorización y los diagnósticos basados en listas de verificación de acuerdos internacionales como el DSM, es crucial cuestionar más allá del ámbito académico. En la actualidad, las redes sociales están saturadas de información, y aunque la información puede empoderar socialmente, también puede convertirse en un arma de doble filo. Socialmente, tendemos a etiquetar y buscar diagnósticos, reduciendo complejidades humanas a nombres científicos. Debemos alejarnos de estas categorías y listas de síntomas vacíos que solo perpetúan el encasillamiento. En mi práctica médica, frecuentemente encuentro pacientes que llegan con diagnósticos basados en TikTok o YouTube, lo cual dificulta educarlos sobre la complejidad de su situación y lograr un entendimiento más integral.

    En la actualidad, las personas tienen una necesidad imperiosa de clasificarse, asociarse a categorías y encontrar respuestas, pero esta búsqueda a veces solo impone límites que obstaculizan el verdadero progreso.

    Saludos

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    1. Estimada Carolina, concuerdo contigo y las frases que recalcas me hacen también un profundo sentido, analizando lo que actualmente estamos haciendo. Claramente, la psiquiatría es mucho más que lo biológico. Lamentablemente, la formación clínica tiende a favorecer esta manera de pensar y de diagnosticar. Es clave en nuestra formación como futuros psiquiatras poder abrir nuestra mente más allá y visualizar el contexto social, económico y cultural de nuestros usuarios. Además, es importante que los manuales diagnósticos los usemos con cautela y con criterio. Como mencionas, hay usuarios que llegan con un diagnóstico obtenido por las redes sociales y es muy difícil hacer psicoeducación en estos casos, pero siempre se puede. Lamentablemente, mi experiencia en APS me hace darme cuenta de que muchas veces priorizamos cumplir metas en relación con tiempos de atención antes que hacer un buen diagnóstico con un correcto abordaje del paciente y esto posteriormente nos dificulta las acciones terapéuticas. Debemos hacer cambios significativos para mejorar la atención de nuestros usuarios.

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    2. Estimada Carolina:

      Adhiero con tu comentario en fondo y forma, y particularmente porque las citas que mencionas, sobre todo las de Desviat y Huerta, fueron de las que más resonaron en mi tras las lecturas.

      La integración de la biografía y el entorno del paciente en la configuración de su padecer mental no sólo es imperante para la mejor comprensión del mismo sino medular para permear a la psiquiatría a métodos más conciliadores y vinculantes a la hora de explicar y establecer sus objetos. La frenética necesidad científica de la catalogar y clasificar el conocimiento de las enfermedades mentales no sólo se ha vuelto un importante escollo para abordarlas en su complejidad, sino que también ha logrado camuflar un importante conflicto de interés donde se esconde la industria farmacéutica y las políticas de estado, y que pasivamente desplaza en la escala de prioridades al sufrir del enfermo.

      Como bien decía Berrios en su presentación, en 150 años más probablemente el entendimiento de la salud mental cambie drásticamente y se ría de la estructura actual, lo que hace sentido con la evolución histórica de la disciplina; por lo mismo, para propiciar aquél proceso debemos de abolir la mirada biológica reduccionista y abrirnos a la cooperación con las ciencias humanas y la cultura misma a la hora de entender la mente.

      Esto último, debe resonar con nosotros como gremio no sólo desde lo teórico e investigativo, sino esencialmente en la práctica, en donde la mayor parte de nosotros probablemente nos desenvolvamos. Hemos de ser agentes de cambio en el discurso hasta en los lugares más pequeños de nuestra práctica, como en atención primaria o en la consulta, para que no sólo la mirada de nuestros colegas de robustezca y se amplíe, sino también al de la población general y aun más, nuestros pacientes.

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    3. Estimada Carolina, comparto tu mirada crítica y a la vez compasiva sobre que la psiquiatría no puede reducirse simplemente a fallos en las conexiones neuronales. Es imprescindible que, como residentes, seamos conscientes y aportemos desde el cambio individual para transformar estas perspectivas. Debemos contribuir a una comprensión y aplicación integral que considere los contextos sociales, históricos y culturales de cada individuo. De esta manera, podremos abordar el sufrimiento psíquico como lo que es: una interacción compleja de múltiples elementos, incluida la persona y su entorno.

      Destaco además que el Dr. Berríos propone que la función más importante de la narrativa en psiquiatría no es simplemente satisfacer al investigador, sino ayudar al enfermo. Esto puede parecer obvio, pero lamentablemente parece estar siendo olvidado en la práctica.

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    4. Estimada Carolina, concuerdo con tus reflexiones respecto al gran impacto que están teniendo las redes sociales hoy en día, que lejos de informar potencian el desconocimiento y por ende la estigmatización.

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  8. Luego de ver el video del Dr. Berrios, leer los textos adicionales y conversar con algunos compañeros durante la semana sobre varios tópicos destacados, como “los sistemas de descripción, explicación y gestión (SDEG)”, “la macro y micro epistemología” o “La psiquiatría y el lenguaje”, me siento fascinado por la larga historia y el constante cambio del conocimiento. Esta evolución, que parece impredecible, afecta la forma en que estudiamos y entendemos la salud mental, la fenomenología y su epistemología.
    Al pensar sobre el pasado de las culturas y su lenguaje, aparece en primer lugar el factor geográfico como principal influyente para su desarrollo, entre otros factores. Pensar en el mestizaje cultural de los últimos siglos y en los cambios biopolíticos constantes nos ayuda a comprender cómo estas transformaciones impactan nuestra forma de ver y entender la conducta y el pensamiento. Pensar en la globalización, la informática y el internet nos afectó, nos afecta y afectará indudablemente, ¿en qué manera? Ni Berrios sabe.
    Siguiendo sobre la evolución, a nivel social, también podemos observar una evolución de los SDEG. Hay variaciones a distintas escalas: a nivel de países, a nivel regional e incluso familiar o comunitario, ya que cada grupo humano crea sus propias formas de manejar los síntomas mentales.
    En mi experiencia tanto en la práctica laboral como en lo cotidiano, he visto cómo distintas familias tienen diferentes maneras de afrontar, organizarse y gestionar distintas situaciones que las afectan: como una muerte inesperada, una enfermedad degenerativa o una hospitalización por problemas no graves.
    Por último, mi impresión personal es que la ciencia y la epistemología tienen un cursos indeterminables hacia el futuro, algo caótico no predecible.

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    1. Estimado colega, me gustaría hacer una reflexión en base al comentario precedente. Creo que tienes razón en explicar la evolución impredecible que ha tomado la psiquiatría a través de la historia, ciertamente influenciada por distintos factores, tales como políticos e interés de terceros inclusive.
      A pesar de esto, creo que la diferencia podemos marcarla nosotros en contexto de lo que se nos está enseñando, ya que teniendo en cuenta la importancia de la historia de lo que estudiamos y la incierta evolución, podemos ser agentes de cambio a través de un acto simple y cotidiano, como nuestra atención a los usuarios. Si nos damos el trabajo de buscar activamente los factores que regularmente no se investigan en la historia del paciente, como su influencia cultural, social, etc. podemos quizás ser más optimistas en relación a la evolución y lo que está por venir respecto a la salud mental, pues si bien algunos, como yo, consideramos que podríamos haber hecho más en las prestaciones que entregamos anteriormente como médicos de APS, por ejemplo, el momento del cambio es precisamente cuando concientizamos sobre lo que nos faltó, y que ahora puede convertirse en una estrategia a utilizar en el ejercicio diario.

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    2. La reflexión presentada tras ver el video del Dr. Berrios y leer textos adicionales, así como las conversaciones mantenidas con compañeros, revela una fascinación profunda por la evolución constante del conocimiento en el campo de la salud mental y la epistemología. Esta evolución es percibida como impredecible y caótica, un aspecto que subraya la complejidad de la historia de la psiquiatría y sus teorías.

      El concepto de "sistemas de descripción, explicación y gestión (SDEG)" es especialmente interesante. Estos sistemas varían enormemente a diferentes niveles y contextos, lo que refleja la diversidad cultural y social en la manera de abordar la salud mental. La macro y micro epistemología permiten entender esta diversidad a distintas escalas, desde lo global hasta lo familiar, evidenciando cómo cada grupo humano desarrolla sus propias estrategias y comprensiones sobre los trastornos mentales.

      La idea de que el factor geográfico ha sido una influencia crucial en el desarrollo de las culturas y su lenguaje es particularmente relevante. Este factor, junto con el mestizaje cultural y los constantes cambios biopolíticos, ha moldeado significativamente la forma en que entendemos la conducta y el pensamiento humano. La globalización, la informática y el internet representan fuerzas contemporáneas que continúan transformando nuestra percepción y gestión de la salud mental, aunque las direcciones y consecuencias exactas de estos cambios sean inciertas, incluso para expertos como el Dr. Berrios.

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    3. Totalmente de acuerdo con el comentario, ver como la interculturalidad pueden influenciar no solo el como se percibe un sintoma sino también la interpretación que un individuo puede darle como "patológica o no" puede inducir un sesgo importante al momento de abordar un paciente. Por ejemplo, recuerdo recientemente un individuo que fue valorado en una de las asignaturas que llevamos donde se pensó que al examen mental había presencia de neologismos y un lenguaje incoherente pero posterior a recibir un input cultural nos dimos cuenta que se trataba de palabras autoctonas de la región de origen; de la misma manera que ciertas interpretaciones delirantes tomaban una connotación distinta al entender la forma de operar de ciertos elementos sociales que el paciente compartió.

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  9. Las lecturas nos muestran los inicios de la epistemología y su desarrollo histórico. Con respecto a las preguntas, cuando hablamos de enfermedad, todo parte con un síntoma, como médicos desarrollamos los motivos de consultas para buscar desarrollarlo, como por ejemplo: el dolor físico, nosotros siempre preguntamos cuando apareció, donde se localiza, cuál es su intensidad con escala cuantitativa (pero en salud mental todo es cualitativo, todo es bajo el contexto en que nos narran y que dependerá de cada paciente), con respecto al dolor físico podemos preguntar como mejora y empeora el dolor (no es posible abordar con un paciente de salud mental que lo hace llorar más o sufrir menos, seria iatrogénico ser tan directo, es primordial el tacto, la contención y la valides que se otorga a su sintomatología) pero claramente es más fácil el abordaje de un síntoma físico a diferencia de un síntoma mental, pero con la práctica clínica es posible llevar su manejo, actualmente todos en el curso tienen experiencia clínica en la esfera de salud mental y se conocen áreas más clarificadas y otras más oscuras que con nuestra experiencia requiere apoyo y seguimiento, pero la disciplina de psiquiatría incluye la tarea principal de comprender, entender y manejar las aflicciones humanas, así como lo relata el DR German Berrios.
    Actualmente me encuentro rotando por una unidad de hospitalizados y muchas veces hay ingresos de pacientes pediátricos y adolescentes con antecedentes de salud mental, pero a la vez también hay ingresos de contextos sociales de pacientes sin redes de apoyo o institucionalizados, de tenerlos hospitalizados, porque el sistema judicial aún no tiene un adulto responsable o esté en busca de un cupo de residencia, adultos responsables sin posibilidad económica muchas veces de alimentarlos o entregarles herramientas de crianza responsable, por lo cual en ocasiones su requerimiento o sus objetivos de ingreso quedan fuera del alcance clínico o psiquiátrico. No existe un terreno definido tan específico como en otras áreas de ciencias científicas, ya que la salud mental es un terreno con muchos condicionantes que influyen en el bienestar del paciente como físicas, emocionales, sociales, culturales, étnicas, políticas, los procesos de salud-enfermedad en el contexto de salud mental. En ocasiones se puede concluir que son ciencias médicas con envergadura social y política. Lo importante es determinar que no existe un demarcador para definir un terreno; influye en todas sus escalas las patologías de la esfera de salud mental, con niveles de impacto según patología específica, pero en ocasiones los mismos factores sociales y políticas pueden entorpecer y/o tener un tratamiento no tan oportuno.
    Creo que de forma personal y en relación con lo descrito anteriormente, cuando tenemos ya un paciente y un motivo de consulta, no generar prejuicios, ni estigmas, independientemente de que siempre el trato debe ser igual, crear esta relación médico-paciente y siempre descartar patologías orgánicas de sus síntomas. Gracias a los avances y estudios, se cuentan con exámenes complementarios para ello, pero de igual forma hay patologías orgánicas como la fibromialgia que generan sintomatología de la esfera de salud mental, por ello siempre la indicación es llevar un tratamiento conjunto.
    En relación con el video, me pareció interesante, a veces olvidamos que pese a tener carreras científicas, no podemos tener una ciencia reduccionista, que la epistemología ya es macro y micro, el mismo campo social y antropológico tienen relación con la historia y cómo se ha desarrollado una disciplina. Es importante diferenciar que, en las esferas científicas, en el área de psiquiatría tenemos como objetos de estudios pacientes con racimos de síntomas y que esto tiene relación biológica u orgánica como mencionada anteriormente, además de relación son factores sociales. Lo que sí me hubiese gustado escuchar más, es sobre aquellos pacientes con locura con enfermedades que hoy en día ya no se ven.

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    1. Estimada colega, concuerdo plenamente con varios aspectos de los que mencionas en tu comentario, tales como la subjetividad del relato sintomático de cada paciente que se muestra al mundo basado en historia personal, por lo cual debemos desarrollar la empatía continuamente llegando tratando de llegar a un equilibrio.
      retenerte al tema de los adolescentes institucionalizados hospitalizados, que mencionas, sin redes de apoyo, sin adulto responsable, me hace reflexionar en varias cosas, por ejemplo en la psicoeducación de esos padres en crianza responsable y automáticamente en educación en colegios sobre métodos anticonceptivos y el valor que se le da el traer una nueva vida a este mundo. Fomentar este tipo de conversatorios con la población infantoadolescente pudiese tener una impacto en el embarazo adolescente.
      Otro tema que mencionas, es el abstraerse de prejuicios y valores personales en la atención medica de salud mental de nuestros usuarios, observando continuamente la trasferencia de nuestros pacientes y contratransferencia de nosotros mismos, el cual es solo una vía de comunicación de los síntomas de salud mental.
      Agradezco este curso que nos abre la mente a poder formarnos como futuros psiquiatras en donde ya tenemos mas herramientas para poder entender que la psiquiatra hace muchas décadas ha dejado ser algo biológico, reduccionista y biomédico, y se ha llenado de otras ciencias, la antropología, la filosofía, la sociología, psicología y la epistemología que da la base teórica e histórica para poder entender la génesis de los trastornos mentales, este hibridismo entre el enfoque biológico y la configuración personal, familiar, sociocultural, explicado por el Dr. German Berrios.

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  10. Según la literatura expuesta y en mi opinión podemos decir que cuando nos enfrentamos a un paciente, el cual es una persona que viene con su historia personal, sus ideales, deseos, frustraciones, historia familiar, de pareja, historia del neurodesarrollo su felicidad e infelicidad, y su interacción con el medio, específicamente lo social, ya que somos seres sociales, al escucharlo debemos ver como estos factores se unen, se mezclan, y nos muestra la forma que tiene esa persona de mostrarse al mundo. Con esta evaluación que se forma de el aprendizaje de distintos enfoques psiquiátricos, conceptos psicoanalíticos, fenomenológicos, psicobiológicos, podemos intentar comprender la vida de esa persona, y nos damos cuenta como su historia hace que expresen esas demandas por las cuales consulta, las cuales además están teñidas de experiencias traumáticas, por lo general, ya que estamos en aprendizaje de pacientes complejos de atención secundaria o terciaria.
    En base a lo anterior expuesto podemos mencionar porqué la psiquiatría debe ser estudiada más allá de biológico, y es como el Dr. German Berrios menciona en su obra “ Hacia una nueva epistemología de la psiquiatría” , este hibridismo en los trastornos mentales, entre el enfoque biológico y la configuración personal, familiar, sociocultural que debe recurrir a la epistemología para poder mirar y entender los trastornos mentales rescatando a la historia, la filosofía, la psicología social, al antropología, la lingüística y la hermenéutica.
    ¿Por lo tanto, como se origina la enfermedad mental? Sabemos que hay una genética a la base, y una predisposición que puede estar implicada más la epigenética que dará el resultado de la expresión o no de esa enfermedad mental. Pero qué pasa si la historia de vida fuese distinta, si los determinantes sociales fuesen distintos, si los eventos traumáticos no existiesen en esta persona, a lo mejor no habría expresión de enfermedad. Entonces los enfoques terapéuticos, según mi opinión basada en mi experiencia y en la literatura sugerida, deben ir enfocadas a mejorar nuestra sociedad enferma cargada de intereses de poder en lograr nuevas moléculas químicas que permitan lograr “el mejor fármaco”, y que plasman la desigualdad del acceso a ese nuevo fármaco por el alto costo que implica.
    Algunas interrogantes son: Por qué el consumo de sustancias sigue tan elevado en nuestros usuarios, porque el maltrato sigue siendo una experiencia traumática recurrente en nuestros usuarios, por que la violencia física, económica, y sexual sigue siendo habitual en nuestro usuarios, porque siguen estando presentes padres que no validan a sus hijos en nuestros usuarios, porque el suicidio sigue siendo una solución a la salida de múltiples problemáticas de nuestros usuarios, porque estamos así como sociedad? ¿Que nos pasó? ¿Que nos ha pasado?, como ha sido nuestra historia, que traumas tenemos impregnados como sociedad?
    Como podemos ver con estas interrogantes podríamos decir que las enfermedades mentales se generan por las experiencias traumáticas ocurridas a lo largo de nuestras vidas y estas se transmiten de forma transgeneracional, las cuales generan cambios neurobiológicos, bioquímicos, que modifican ciertas zonas cerebrales responsables de originar y mantener conductas, pensamientos que son estudiadas por la psiquiatría desencadenando una enfermedad mental.
    No hemos visto avances en nuestra sociedad en décadas, por lo cual según la entrevista al profesor Rafael Huertas, una estrategia para tomar consciencia sobre el origen y desarrollo de las enfermedades mentales podría ser discutir de viejos problemas, “ peligrosidad social, tratamiento involuntario, estigma… pero también identificar nuevos escenarios y nuevas herramientas: salud mental colectiva, activismo en salud mental, las cuales nos llevan a politizar el sufrimiento psíquico y entender a las enfermedades mentales como construcciones discursivas revisables y sujetas a cambios sociales y culturales”.

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    1. Concuerdo con tus reflexiones Nicolás, considero que el trauma es un eje importante en la génesis de patologías de salud mental en la población y que este va transmutando, generando patrones, y expresándose a diferentes niveles: sociedad, familia y personalidad.
      También considero interesante la propuesta del Dr. Germán Berrios del hibridismo en la psiquiatría, creo que es importante conciliar áreas como las ciencias naturales y las ciencias sociales para un mejor entendimiento de los síntomas de nuestros pacientes y para nosotros, psiquiatras en desarrollo, tener una formación más completa que incluya esas dos áreas en pos de mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes.
      En relación a tus interrogantes yo creo que vivimos en una sociedad muy desigual y donde se ha normalizado la violencia y el maltrato en distintos niveles lo que genera mucho trauma interpersonal y transgeneracional, violencia económica, sexual y consumo de sustancias.

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  11. El artículo de Félix Cova et al., titulado "Sobrediagnóstico de trastornos mentales y criterios diagnósticos del DSM: la perspectiva de Jerome Wakefield," aborda una cuestión crítica en la psiquiatría moderna: el sobrediagnóstico de trastornos mentales. Este fenómeno tiene importantes implicaciones tanto para la práctica clínica como para la comprensión teórica de la salud mental

    Cova et al. exploran cómo los criterios del DSM pueden contribuir al sobrediagnóstico al incluir un espectro amplio de síntomas que no siempre representan disfunciones significativas. Esto puede llevar a etiquetar como trastornos mentales a variaciones normales del comportamiento humano o a reacciones esperables frente a circunstancias adversas. Tal práctica no solo puede estigmatizar a las personas, sino que también puede desviar recursos terapéuticos necesarios hacia individuos que tal vez no los necesiten, mientras se desatienden aquellos con trastornos más severos.

    El artículo subraya la importancia de una evaluación cuidadosa y contextualizada en el diagnóstico de trastornos mentales, apoyando la idea de Wakefield de que no todo malestar psicológico debe ser patologizado. La crítica al DSM por su potencial para el sobrediagnóstico sugiere la necesidad de un enfoque diagnóstico más matizado, que distinga entre la disfunción clínica significativa y las respuestas normales a situaciones de vida difíciles.



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    1. Creo que la reflexión de la colega trae a la luz un importante punto: el poder que tienen los diagnósticos en la población. Tal como se señalaba en uno de los textos, la definición de la "locura", de "enfermo" y "sano" dependen de la cultura en que se engendran y mueren cuando ella cambia, y hoy nos encontramos en una etapa donde todo malestar, todo sufrimiento, independiente de su explicación, debe estar a la base de una "enfermedad". Un sobrediagnóstico que, tal como menciona la colega, es peligroso por su estigmatización de los individuos y por lo recursos implicados que conlleva.

      A su vez creo que sobrellevar esta ola de sobrediagnósticos y llegar a un punto en el que nuestros diagnósticos y atenciones vuelvan a estar al servicio de las personas, de la sociedad, está en nosotros mismos. Es por eso que creo importante generar más espacios como este, donde se nos lleva a reflexionar y cuestionar, o criticar. Tal como mencionaba el Dr. Huertas en la entrevista que se le realizó es importante que como psiquiatras tengamos una base de filosofía, sociología y ciencias sociales, ya que ello es lo que nos dará herramientas para pensar más allá de sólo la psicopatología del DSM.

      Saludos

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    2. Estimada Michelle, estoy muy de acuerdo con tu opinión respecto al texto de Félix Cova et al., titulado "Sobrediagnóstico de trastornos mentales y criterios diagnósticos del DSM: la perspectiva de Jerome Wakefield,"

      El sobrediagnóstico que en parte se da por el criticado DSM, por su reduccionismo, además se da otro factor muy importante que como consecuencia del sobrediagnóstico viene la sobre medicación de trastornos psicológicos normales de la vida, con esto aumentando en medida la estigmatización del sufrimiento como algo que nunca debiese existir, como lo fue en muchos casos que me toco ver en mi cesfam, de un duelo normativo, donde buscaban no estar tristes tras 2 o 3 semanas de duelo, solicitando medicamentos antidepresivos.

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  12. Como futuros psiquiatras, a veces no somos conscientes de la mecanización con la que en ocasiones ejercemos nuestra profesión, ya que diagnosticamos bajo criterios estrictos, guiados por manuales y puede que caigamos en simplificaciones que son reforzadas por lo científico.

    En el video y documentos analizados, se realiza la crítica de una visión reduccionista en torno a la mirada del positivismo médico, destacando las limitaciones que puede tener el DSM-V. Por lo que se podría incurrir en un análisis simplificado de la experiencia humana, a una visión dualista de mente y cerebro, que despoja al síntoma de todo el ambiente psicosocial, dejando de lado los determinantes sociales, los factores económicos, culturales e históricos, centrándose solamente en la “falla biológica”.

    Las enfermedades mentales son representaciones del contexto histórico. Para las patologías de salud mental, no podemos centrarnos solamente en el usuario y en su sintomatología, ya que es inseparable de su contexto cultural y social; uno de los postulados que refuerza este aspecto es la teoría ecológica de Bronfenbrenner, considerando la determinación histórica, social, biológica y psicológica donde cobran sentido los síntomas.

    Se nos insta de cierto modo a buscar la psicopatología más allá del modelo sindrómico y la psiquiatría biológica, centrándonos en que cada individuo es único y va a experimentar una enfermedad mental de forma distinta, considerando siempre su libertad, autonomía y ciudadanía del paciente.

    Respecto a lo señalado en la entrevista a Rafael Huertas y el video del Dr. Berríos, se afianza la idea de los otros textos de ver más allá de la psiquiatría biológica, teniendo en cuenta el contexto individual y colectivo en conjunto a las experiencias.

    Se recalca que el análisis epistemológico de la psiquiatría nos ayuda a considerar la subjetividad y experiencia del individuo, se refuerza el evitar los reduccionismos tanto en el proceso diagnóstico como en el manejo clínico.

    Se ha tratado de “depurar” de cierta forma el concepto y el análisis de la psiquiatría, reduciéndolo a meramente alteraciones neurobiológicas, se interpreta que esto es para justificar una agenda de las industrias farmacéuticas y biotecnológicas. Junto a esto, queda el desafío de no centrarnos solo en la neurofarmacopsiquiatría, sino ir más allá considerando el enfoque comunitario.

    Nos queda como reto en nuestra formación como residentes, ser críticos con toda la información recibida, tanto biológica, como científica, con el fin de mantener un equilibrio ocupando las herramientas prácticas de manuales, psicopatología y terapias, no ignorando las otras áreas que también se imbrican en la psiquiatría, como es la antropología, sociología, historia y por sobre todo la filosofía para poder “aprender a pensar” y así poder entregar una atención digna y de calidad a nuestros pacientes. Hay que tener en cuenta este hibridismo de la psiquiatría, es decir, considerar tanto las ciencias naturales como sociales para poder comprender la salud mental, además de considerar a los síntomas mentales como objetos híbridos que incorporan factores biológicos, personales, sociales, familiares y culturales.

    Basándome en mi experiencia actual de rotación en el Hospital de Tomé, puedo señalar que se trabaja con un enfoque comunitario en la atención; he sido parte de un taller del programa mejor niñez, donde el objetivo principal es la socialización entre niños y adolescentes de este programa. Muchos de los usuarios de este taller presentan diagnósticos exacerbados o francamente originados por sus condiciones sociales y, a través de la socialización con otros niños con contextos similares, les ha ayudado a poder desenvolverse, poder expresarse libremente y hasta presentar mejoría/avances en sus procesos. Con esto, puedo ver reflejado lo integral de la atención con enfoque comunitario y la importancia de ir más allá de sólo hacer un checklist con los criterios diagnósticos, reduciendo la atención a sólo el cuadro clínico.
    (continúa)

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    1. Lo que puedo concluir es que se subraya la necesidad de abordar la complejidad de la psiquiatría desde una perspectiva de comprensión profunda de los síntomas mentales y su origen, lo que nos ayuda a interpretar a esta rama desde una mirada interdisciplinaria y desde una epistemología específica para comprender la complejidad de los trastornos mentales y su tratamiento. Se nos insta de cierto modo a buscar la psicopatología más allá del modelo sindrómico y la psiquiatría biológica, centrándonos en que cada individuo es único y va a experimentar una enfermedad mental de forma distinta, considerando siempre su libertad, autonomía y ciudadanía del paciente.

      El fin último es poder realizar un diagnóstico integral y fundamentado, realizar una intervención y un plan de cuidados integrales uniendo todas las áreas del sufrimiento psíquico.

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    2. Estimada colega, comparto plenamente tu visión respecto a la lamentable situación que ocurre actualmente en nuestras prácticas clínicas, en donde caemos en reducir y basar nuestras atenciones en escalas y manuales diagnósticos, ignorando lo fundamental que es tratar al paciente en su totalidad, considerando los múltiples determinantes que influyen en la salud mental, como los determinantes históricos, sociales, biológicos y psicológicos. No caer en reduccionismos biomédicos que se enfocan de forma excesiva en aspectos neurobiológicos y farmacológicos, que en ocasiones pueden estar influenciados por agendas de industrias farmacéuticas y biotecnológicas.

      De ahí radica la importancia de nuestra formación como futuros psiquiatras, que no solo abarque el conocimiento científico y técnico, sino también áreas como la antropología, sociología, historia y filosofía, para comprender de manera integral la salud mental y proporcionar una atención de calidad y respetuosa hacia los pacientes.

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  13. Una de las reflexiones más prominentes que me quedó luego de revisar el material para esta quincena es que la psiquiatría es más un arte que una ciencia, por mucho que el desarrollo de distintos manuales y escalas en las últimas décadas quiera hacer parecer a la psiquiatría como algo "medible". Y este afán por buscar lo medible, lo objetivo, en algo tan subjetivo como el actuar, pensar y sentir, es lo que nos ha llevado a un reduccionismo de la psiquiatría, buscando cada vez más marcadores específicos de conducta que le den "seriedad" a los diagnósticos. Lamentablemente dejando de lado el comprender a la persona, entender que su sentir no es algo del momento, sino que es algo que se explica por su historia personal y por la historia de la cultura y la sociedad en que se encuentra inmerso. En ese sentido el Dr. Berrios lo explica muy bien al decir que la psiquiatría es híbrida, es ciencia natural y humana. Tal como menciona el Dr. Huerta en su texto es también sociología y filosofía.

    Otra reflexión que sentí importante de estas lecturas es que la definición de enfermo y sano son propias de la cultura. Y es una reflexión que quedó reverberando en mi mente pues me llevó a cuestionar lo que en reflexiones anteriores he comentado: ¿será depresión o sólo es tristeza y frustración ante una cultura extremadamente capitalista? Y esto me llevó a otra reflexión ¿Cuál es el rol que nosotros, como entes de salud mental a quienes se nos otorga un poder junto con nuestro título, cumplimos en mantener o romper este sobrediagnóstico? Quiero creer que somos entes de cambio, y que instancias como estas, de reflexión, son esenciales para que dejemos de ser parte del problema y seamos parte de la solución. Cómo menciona el Dr. Berrios, quizá en unos años más los psiquiatras del futuro crean ridículos o equivocadas las etiquetas diagnósticas que utilizamos hoy en día.

    Cómo última reflexión, creo importante que estas discusiones deben llevarse también al pregrado. Me veo sorprendida de encontrarme con estos espacios solo en postgrado, cuando la medicina en general es también una práctica híbrida: ciencia natural y humana.

    Saludos

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    1. Concuerdo muchísimo con el comentario de la colega. Va avanzando el tiempo y todo es tan impredecible en el campo de la psiquiatría, que me hace recordar algunas frases del Dr. Berrios en su video, que en la antigüedad existían locuras en patologías que, en la actualidad, ya no existen. Quizás el arte de la psiquiatría siga evolucionando y aquellas patologías que hoy nos embargan, en el futuro tampoco se encuentren. Es fundamental el rol activo que como médicos podemos tener en el desarrollo de la historia, como con el carácter humanista y comunitario, podemos tener más cercanía a nuestros pacientes en su proceso de salud-enfermedad. Y también ir aceptando la invitación a ser poliglotas en la disciplina de la psiquiatría.
      Una de las preguntas de la colega me trae otros recuerdos: ¿será depresión o sólo es tristeza y frustración ante una cultura extremadamente capitalista? Volvemos a retomar los temas ya abordados con la diferencia de clases y cómo se aceptan también los diagnósticos. En la actualidad, trabajando, observo cómo aquellas familias de mejor situación económica rechazan el diagnóstico de TEA en sus hijos, aceptando solo trastorno del lenguaje o justificando que los menores solo se desenvuelven con personas adultas. Esto se ve distinto cuando  una familia de escasos recursos acepta el diagnóstico de TEA como una acción ganancial, accesos en educación, acceso a la primera vivienda, entre otros ejemplos.
      Se agradece el comentario de la colega y cómo nos llama a la reflexión conjunta y cómo poco a poco vamos quitando prejuicios y no hacer tan encuadrada esta ciencia.

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    2. Hola Andrea me hizo mucho sentido el punto que mencionas sobre la definición cultural de la enfermedad y la salud es particularmente crucial, en una sociedad donde las presiones capitalistas pueden provocar sentimientos de frustración y tristeza, es fácil caer en el sobrediagnóstico y patologizar experiencias humanas . Aquí, nuestra responsabilidad como profesionales de la salud mental es enorme, pienso que debemos ser conscientes de nuestro rol y poder, evitando caer en la trampa de etiquetar excesivamente, lo que puede llevar a la medicalización innecesaria de problemas sociales y existenciales.
      Coincido contigo en que debemos ser agentes de cambio, como profesionales, debemos mantener una visión crítica y estar abiertos a la evolución de nuestra disciplina, siempre con el objetivo de servir mejor a nuestros pacientes.

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  14. Me resulta muy agradable revisar textos que se alinean con lo que profesamos. Disfruto de la discusión que los autores presentan sobre la importancia de no considerar la psiquiatría únicamente como una ciencia biológica sino como una práctica que integra tanto la biología como los contextos sociales de las personas, y es motivador ver como el Dr Berrios en su ponencia piensa en el enfoque que debemos dar los Residentes de Psiquiatria al ejercicio.
    En la práctica es fundamental considerar estos aspectos para evitar una visión reduccionista de los problemas que se enfoque solo en lo biológico, algo que probablemente en algún momento hemos hecho.

    Por otra parte, en el texto sobre psiquiatría y lenguaje, se destaca el papel que desempeñan los factores sociales, biológicos y culturales en cómo las personas viven su enfermedad así como en la manera en que sienten y manejan sus síntomas. Esto me recuerda a los pacientes del programa del dolor en el CESFAM donde trabajé, donde observábamos que dos pacientes con el mismo diagnóstico podían experimentar su dolor de manera muy diferente solo por tener mayor o menor elementos influyentes alrededor de su enfermedad como por ejemplo el apoyo y comprensión familiar, esto por poner un ejemplo de cómo la vivencia y los factores externos pueden influir en el sentir la enfermedad, definitivamente, conecto con la idea de que entendiendo los factores que rodean a nuestros pacientes podríamos intervenir de manera más efectiva sin depender únicamente de los fármacos lo que beneficiaría significativamente sus procesos.
    También se critica en los textos que reducir nuestros diagnósticos a manuales como el DSM-5 es simplista, reduccionoista y puede llevarnos a ignorar la visión integral de los problemas y circunstancias que afectan al ser humano. Esto nos invita a ampliar nuestra formación en psiquiatría. Considero esto muy relevante, ya que enfoques basados únicamente en tratamientos farmacológicos pueden llevarnos al fracaso, pues solo trataríamos los síntomas y no sus raíces.
    Cursos como este son una excelente oportunidad para reflexionar sobre los errores cometidos en la práctica y el reto que tenemos por delante en desarrollar una visión más amplia y crítica.

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    1. Hola Franzelis. Me hizo mucho sentido el cómo abordaste la sintomatología más "médica", de acuerdo a lo leído en los textos. Siempre es bueno no olvidar que los problemas médicos, que asumimos principalmente como algo biológico, también están influenciados por la cultura y el ámbito social de cada paciente. Además, somos profesionales de la salud, lo que significa que nuestros usuarios tienen afecciones tanto biologicas como mentales. Los usuarios con condiciones mentales también se enferman, y éstas enfermedades somáticas también las vivencian según su persona; la que es configurada por su crianza, cultura, estatus socio-económico, entre otros. Berrios en el video hace referencia a que la medicina desde su origen siempre ha cabalgado entre las ciencias naturales y las ciencias humanas. Por ende, siempre es bueno un enfoque integral en cada una de las dolencias de nuestros pacientes.

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  15. Respecto al video de la conferencia del Dr. Berrios sobre Hibridismo epistemológico, me parece fascinante como deja reflejada la importancia de la historia de la psiquiatría, demostrando como en sus inicios emergió como disciplina hibrida, y como las distintas situaciones culturales han ido estructurando distintas patologías que con el pasar de los años han desaparecido, según hace referencia.
    Otro aspecto de gran interés para mi es como describe los “kernel” y sus envoltorios Biológico, configuradores culturales y el resultado del encuentro dialógico médico-paciente, haciendo referencia nuevamente a que debemos tener una visión amplia del síntoma que nos refiere nuestro paciente, del contexto socio-económico-cultural en el cual se desarrolla , y los resultados de las entrevistas entre médico-paciente, que serán capas que nos harán mas o menos permeables los síntomas o enfermedades que podres ser capaces de detectar. Asi siendo conscientes de esto podemos reflexionar sobre estrategias, paciente a paciente, para tratar de hacer más permeables estas capas con la intención de obtener más información que nos ayude a entender lo mas posible a nuestros pacientes.
    Sobre el texto de Manuel Desviat “Síntoma, signo e imaginario social”, esta habla y profundiza la relación socio-cultural de los síntomas, signos y enfermedades mentales, de la relación indivisible del sujeto con su historia, y como sin historia no hay sujetos, y como esta historia esta configurada en un contexto social-cultural que va definiendo los parámetros dicotómicos de la normalidad – anormalidad de forma dinámica, según esta se vaya desarrollando, algo que hace alusión Berrios en su conferencia, de que quizás en 300 años más se estarán riendo de lo que hoy entendemos, vemos o consideremos como enfermedades mentales.
    Es muy interesante lo que menciona respecto a recuperar la clínica psicopatológica del ayer, buscando reformar los cimientos para, parafraseando, “una nueva clínica que dé cuenta de la diversidad del ser humano, que se construya desde la libertad y ciudadanía del paciente y en fluida confluencia con otras ramas del saber y de la técnica.” Hay mucho por hacer para mejorar la salud mental en nuestra sociedad, desde las mismas instituciones que la imparten y las que regulan, de quienes conforman estas instituciones, y de la sociedad en general, buscando siempre derribar el estigma que conlleva el “enfermar mental”.
    En mi experiencia personal durante mi formación de pregrado, las frases que buscaban denostar la salud mental de pacientes, emanadas desde otros profesionales médicos no psiquiatras, y profesionales no médicos, fueran escuchadas lamentablemente de forma reiterativa, reduciendo el sufrimiento de personas con malestares psiquiátricos a ser personas “H-I” y con malos tratos solo por el hecho de tener antecedentes, una lamentable practica que hago alusión respecto a la mención del texto sobre las barreras que debemos vencer, desde la propia comunidad medica hacia la sociedad.
    Respecto al texto de Norberto Conti y Daniel Matusevich “Lo importante es no tomar sus textos como catecismos, sino como herramientas para pensar la locura y la psiquiatría”. Entrevista al Profesor Rafael Huertas.
    Se menciona el modelo biológico-biográfico-psicológico-social, lo biográfico haciendo alusión a lo histórico personal, como lo histórico en su contexto, para poder entender la subjetividad de alguien, con o sin sufrimiento psíquico, sin tener en cuenta lo experiencial y lo relacional. De esta frase vuelve a desprenderse el hibridismo del cual es sujeto la psiquiatría, y además menciona en el texto como German Berrios describe la psiquiatría como un conjunto de lenguajes desarrollados por las sociedades para describir, explicar y en ciertos casos manejar los trastornos conductuales que pueden, como no, tener una base disfuncional neurobiológica o psicológica.


    Continua.....

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  16. Me es muy interesante en la entrevista, la mención que hace Rafael Huertas a como la psiquiatría no es una ciencia, si no una tecnología que necesita de saberes científicos para su desarrollo y su finalidad que es la proxis terapéutica. Hace referencia a la amplia visión, poliglota según Berrios, que todo psiquiatra debería tener, mientas mas amplios conocimientos integremos, deberíamos poder entregar una mejor praxis a nuestros pacientes. Rafael Huertas hace mención a varios autores como German Berrios y a Georges Lantéri-Laura, quienes también son citados por Manuel Desviat, y al mismo Dr. Berrios quien dicto la charla del video evaluado, dando cuenta de la importancia de estos autores y sus obras para la practica actual de la psiquiatría con enfoque comunitario, dejando de lado practicas reduccionistas, que en ocasiones son necesarias, pero insuficientes para el aprendizaje y formación de médicos psiquiatras. Destacar del texto de Jose Carlos Bermejo donde destaca la interesante evolución la historia de la psiquiatría y alguna de sus teorías, como esta ha caído en el reduccionismo dejando de lado los aspectos históricos y sociales de las personas.
    En mi experiencia personal como Medico EDF en Cesfam lo miranda, al conocer un poco mas el aspecto social de las personas, como estas Vivian y se relacionaban en su comunidad, a través de las visitas domiciliarias, me ayudo a entender mas a mis pacientes que acudían a salud mental, muchos de ellos por síndrome del cuidador, entre otros. Poder entender mas el ámbito socio-cultural de mis pacientes me ayudo en gran medida a poder brindar una mejor atención, de forma mas personalizada, al entender en algo mas sus distintas dinámicas, que a al final traía como resultado pacientes que sanaban en gran medida sus aflicciones en salud mental.

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  17. Los textos y la conferencia me han ayudado a entender mejor la complejidad de la psiquiatría y la relevancia de una perspectiva integradora. Se sostiene que la psiquiatría no es una ciencia pura, sino una práctica que utiliza conocimientos científicos y clínicos para tratar los trastornos mentales. La psiquiatría fusiona datos biológicos y culturales, lo que permite una comprensión más completa de la enfermedad mental. Este enfoque mixto es crucial para evitar reduccionismos y para integrar adecuadamente las dimensiones biológicas y culturales de los síntomas. Se introduce el concepto de imaginario social, fundamental para entender cómo las sociedades interpretan y responden a los trastornos mentales. Los síntomas y enfermedades mentales están profundamente influenciados por las narrativas y expectativas culturales de cada época. Este enfoque permite una psiquiatría más inclusiva y contextualizada, que reconoce la diversidad y complejidad de las experiencias humanas.

    En mi práctica diaria en Araucanía Sur, he observado cómo los trastornos mentales se manifiestan de maneras que reflejan el imaginario social de nuestra comunidad. Los síntomas no son solo señales de disfunción biológica, sino expresiones de experiencias individuales y colectivas. Por ejemplo, los relatos de sufrimiento están a menudo entrelazados con historias de desarraigo, pérdida cultural y las tensiones generadas por la modernización y la globalización.

    En CESFAM de la Araucanía, conocí a un hombre mapuche de 53 años con esquizofrenia. A pesar de varios tratamientos médicos, sus síntomas solo mejoraron cuando se involucró a un machi en su cuidado. Este enfoque que combinó terapias tradicionales mapuches con tratamientos médicos no solo estabilizó su condición, sino que también reforzó su conexión con su cultura y su comunidad. La experiencia mostró cómo respetar y valorar las tradiciones locales puede ser clave para mejorar la salud mental y el bienestar de una persona.

    A través de la combinación de terapias basadas en la evidencia y un enfoque empático que valora las historias y contextos individuales, puedo ofrecer un cuidado más integral y efectivo. Este enfoque no solo mejora los resultados clínicos, sino que también fortalece la relación médico paciente, esencial para el éxito del tratamiento psiquiátrico en cualquier contexto, pero especialmente en comunidades con fuertes identidades culturales como la nuestra.

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    1. Ignacio, es muy interesante tu experiencia y mas en en la zona de Araucanía donde aun esta la cultura indígena y entender sus síntomas o muchas veces sus enfermedades nos implica como dice el texto abrir nuestras mentes, mas allá de lo alopático, poder entender su cultura entender que con las fases de la luna podemos ayudar en sus tratamientos, esto nos da una mirada distinta y así como lo nombras la combinación de las distintas terapias se puede ofrecer un tratamiento integral.

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    2. Creo que tu experiencia individual es un ejemplo certero que es imposible entender el mundo psíquico de cada individuo, sin la posibilidad de entender sus propias vivencias. Como menciona Desviat, " el síntoma cobra sentido en la biografía del sujeto y se hace enfermedad según el imaginario colectivo".
      Da para reflexionar, que pasaba por la " psiquis" del hombre de tu relato, respecto a sus alucinaciones y lo que creía su comunidad respecto a ello, además me interpela en el sentido del por qué acudió a la " medicina convencional", acaso fue por la cultura preponderante y la significado que tenían sus malestares; o fue acaso debido a que en su comunidad no se lo veía como una enfermedad; o también podremos pensar si acaso no lograron dentro de su contexto y entendimiento "ayudar" a mejorar su síntoma. Que interesante que con un ejemplo muy particular, podamos extrapolar todas las interrogantes y reflexiones que se presentan respecto de la epistemología de la psiquiatría.

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  18. Estoy de acuerdo con mi colega sobre su experiencia. Me fascina cómo la efectividad en la búsqueda del bienestar de un individuo depende de la perspectiva del observador, las posibilidades del paciente y su contexto. Recuerdo el caso de una paciente similar, una joven mapuche de 15 años con diagnóstico DSM de esquizofrenia. Inicialmente, su funcionamiento global empeoró. Sin embargo, tras consultarlo con su comunidad étnica, su familia tomó la decisión de suspender el tratamiento y regresarla a su comunidad de origen. Según los informes de su familia, inscrita en mi establecimiento, la paciente se adaptó de manera excelente en su entorno familiar y comunitario. Esto a propósito de los sistemas de explicación, gestión y tratamiento de cada unidad social.

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  19. Me parece interesante el tema de reflexión en relación con el vídeo y la lectura de los artículos. Entonces, ¿qué son las enfermedades mentales? Es tan frecuente que diagnostiquemos enfermedades mentales en relación a los conceptos que hemos aprendido durante nuestra formación a base de síntomas y signos que presentan nuestros pacientes, pero sin analizar más allá, en relación a su contexto social, familiar, laboral y comunitario. Al pensar así, hasta una máquina podría diagnosticar en base a algoritmos, pero claramente debemos ir más allá y analizar de una manera más amplia la psicopatología. Las enfermedades mentales se presentan con sintomatología tan variada como lo es cada persona. Por eso, el diagnóstico no siempre se puede hacer con una sola entrevista y se necesita complementar para tener la visión desde otros enfoques. Por ejemplo, pienso en un niño que su madre consulta porque, a su modo de ver, es hiperactivo e impulsivo. Posterior a hacer una buena historia clínica, debemos complementar la información con otro contexto, en este caso, el escolar, en que la profesora nos puede informar todo lo contrario: que es un niño tranquilo, que se logra concentrar, no es impulsivo, disfruta jugar con sus compañeros y, si analizamos más allá, es la familia la que desea que este niño esté quieto sin salir de su casa, desafortunadamente cuenta con padres sedentarios que prefieren actividades con pantallas y él pasa varias horas al día con estas. Entonces nuestro “paciente” sería un niño completamente normal, pero si no hubiésemos indagado, nos quedaríamos solo con el motivo de consulta materno, pudiendo diagnosticar y tratar una patología que no existe.
    Me parece muy interesante, además, lo que menciona que las enfermedades mentales se dan en un contexto histórico, eso me hace pensar en varias “patologías” que se han sacado del DSM y actualmente se consideran y son manifestaciones normales. Como lo es la homosexualidad, en el DSM I se consideraba una enfermedad mental, basándose en teorías sin evidencia científica que proponían una conexión entre homosexualidad y desajustes psicológicos. Se suponía que la homosexualidad era el síntoma de una enfermedad mental, lo que probablemente estaba en contexto con lo que la sociedad de la época consideraba, pero posteriormente esto fue corregido y así otras manifestaciones. Lo que nos lleva a analizar que todos estos manuales diagnósticos no son categóricos y siempre tendrán que estar en análisis por parte del clínico.

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    1. Estimada colega, comparto sus reflexiones respecto a este problema de la distancia entre lo aprendido en el manual, y lo que aparece caso a caso. La distinción de lo patológico con lo sano parece ser no estar zanjado definitivamente, presenta excepciones y territorios sobrepuestos. Es algo que resulta inseparable de las concepciones culturales que una sociedad determinada tenga sobre las virtudes y valores que componen lo saludable para ese grupo humano. Tal vez eso haga que en una localidad se considere sano, lo que en otra sería pensado como enfermo. Ahora, para no caer en relativismos absurdos, es importante plantear la pregunta de manera situada. Por ello creo que el enfrentamiento al caso debe ser individualizado, contextualizado social e históricamente, y el objetivo de las intervenciones debe ser planteado según las necesidades situadas de la persona consultante. Creo que teniendo en consideración estos elementos, la pregunta clínica de ¿qué es una enfermedad mental? se vuelve una pregunta ética que se nutre de la capacidad de tomar perspectiva desde varios niveles epistemológicos. Curiosamente, creo que esta pregunta, aplicada a otros campos de la medicina, también tiene la misma respuesta. Sin embargo, operativamente, las otras especialidades cumplen de manera más satisfactoria el rol histórico y social que se les ha adjudicado, a diferencia de la psiquiatría donde el rol se vuelve más incierto, insuficiente y problemático. Saludos!

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  20. Quiero empezar este comentario usando uno de los argumentos planteados por Huertas que refiere “la psiquiatría no es una ciencia en si misma sino una práctica clínica apoyada por otras disciplinas como la historia y la filosofía”. Es a mi parecer, esta perspectiva la que mejor resume lo propuestos en los textos.
    La salud mental se encuentra intrínsicamente relacionado por las narrativas socialmente aceptadas en el punto específico en el tiempo que se estudie. A partir de esto existen dos formas de verlo:
    - Desde el punto de vista clínico (y práctico), si lo que se quiere es generar una intervención efectiva en el sujeto debe comprenderse a su vez su entorno, entendiendo que la forma en como ciertos síntomas impactan al individuo son procesados a raiz de la significancia biográfica y social que estos representan. De forma que si son interpretados desde una realidad cultural ajena dejarían de ser extrapolables o incluso podrían no considerarse patológicos.
    - Si el objeto de estudio es la psiquiatría como tal, y no el sujeto, la forma en como se interpretan los múltiples padecimientos médicos y el concepto de enfermedad varían según el momento en el tiempo.
    Por todo lo anterior es que se termina proponiendo este enfoque multisistémico que integre los aspectos bioquímicos, anatómicos, psicológicos, sociales y afectivos

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    1. Rodrigo, si bien la psiquiatría es una rama de la medicina y la que estudia los trastornos mentales, en la practica nos damos cuenta que mas allá de dar un diagnostico y como lo menciona Huertas debemos ver al paciente en su entorno biopsicosocial y al ver su entorno y lograr o mejor dicho tratar de ayudar en esto y con el tratamiento farmacológico podemos hacer una complementación entre si, es importante para nosotros que estamos en formación poder entender el rol de la epistemología y aplicarlo para lograr un adecuado manejo.

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    2. Comparto tu reflexión sobre lo planteado por el Dr. Huertas sobre “la psiquiatría no es una ciencia en sí misma, sino una práctica clínica apoyada por otras disciplinas como la historia y la filosofía”. Además creo busca detener el proceso de "medicalización de la locura" como él también menciona. Estos nos permitiría cambiar el enfoque biológico y entender tal vez como una de las otras disciplinas que apoyan nuestra práctica clínica.
      Practica clínica que debe poner en el centro al individuo y las comunidades, para entender y tratar, cuando es necesario, a través de un enfoque multi sistémico.

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  21. QUÉ SON LAS ENFERMEDADES MENTALES?. LOS PROBLEMAS DEL DIAGNÓSTICO

    Desde la antigüedad y hablamos desde antes de cristo de culturas mágico-animistas quienes hablan de la enfermedad que posee una concepción sobrenatural en donde el medico de esta misma cultura y esto como dato histórico, debía pensar en cual podría ser este demonio que causaba dicha enfermedad, y a través del tiempo se ha visto como no solo hay concepciones de algo mágico, sino que vino evolucionando, recordemos que filósofos como Platón o Hipócrates dejaron huella para esta rama de la medicina e incluso es Platón quien indica la importancia de la entrevista para aproximarnos a un diagnóstico, esto sin aun entender a el paciente en la esfera biopsicosocial. Sin embargo, desde que se tiene conocimiento sobre esta área hasta ahora se viene haciendo una aproximación sobre las enfermedades mentales, pese a que como vimos previamente que desde la segunda guerra mundial se empieza hablar de la salud mental y su importancia, y en ese se desconocía sobre todo lo que implica tener una buena salud mental o por qué padecemos de una patología de salud mental: más allá de medicar o dar un diagnóstico poco a poco se fueron dando cuenta que se debe ver a la persona como un todo y poder empezar a entender su esfera biopsicosocial la cual en muchas ocasiones precede una patología de salud mental.

    Por eso, como futuros psiquiatras debemos conocer de la epistemología, rama de la filosofía que estudia el conocimiento y como se adquiere lo que nos ayudaría en la práctica médica para reflexionar sobre los modelos de enfermedad y con esto poder dar un enfoque o tratamiento a los pacientes. Aunque por muchos estudios realizados aún no se conoce la biología de las enfermedades mentales, pero si nos dice la mayoría de la literatura que son de origen multifactorial (Genético, social o incluso ambiental).

    La filosofía ha tenido un papel fundamental, como dice en la entrevista de Rafael Huertas, y como lo mencione previamente (Platón–Hipócrates) son algunos de los que marcan esta rama y que esta nos ayuda a ampliar la mirada más allá de la psicopatología y lo contrario supondrían un empobrecimiento de su práctica en aras de una clínica supuestamente eficaz.

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    1. Me gusta tu comentario porque explica de manera clara y directa cómo ha cambiado la forma de entender las enfermedades mentales desde tiempos antiguos. Es interesante cómo destacas la evolución desde creencias mágicas hasta las ideas de filósofos como Platón e Hipócrates. Además, me parece muy acertado que pongas énfasis en la importancia de la entrevista y la observación para hacer un buen diagnóstico, ya que esto es clave para entender al paciente de manera integral, considerando su entorno social y biológico, algo fundamental en la psiquiatría actual.

      También encuentro muy acertado cómo mencionas la epistemología, esa parte de la filosofía que nos ayuda a pensar sobre cómo adquirimos conocimiento, y cómo esto puede mejorar nuestra práctica médica. Mencionar a expertos y filósofos refuerza la idea de que la psiquiatría necesita una base filosófica sólida para enriquecer sus teorías y prácticas. Esta mezcla de conocimientos médicos y culturales es crucial para evitar caer en explicaciones demasiado simples y asegurar que los tratamientos sean más humanos y efectivos.

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  22. En relación al texto de Rafael Huertas y el video de German Berrios me parece interesante la propuesto de filósofos y textos de Rafael Huertas, concuerdo en la importancia de tener una base sólida en la bibliografía mencionada para esta etapa de formación en Psiquiatría y personalmente me llama la atención Foucault debido al contenido de su obra: el poder, construcción de la verdad y subjetivación de la norma, por lo que será para mí una nueva “área” a explorar.
    Me llama la atención el hibridismo propuesto por German Berrios y estoy de que acuerdo con la idea de que los síntomas mentales son objetos híbridos implicando dos metodologías para el manejo de estos síntomas, una empírica propia de las ciencias naturales y otra hermenéutica propia de las ciencias humanas, creo que este foco que le da a la psiquiatría permite un abordaje más integral, una comprensión más holística y a su vez permite una cierta alianza entre dos corrientes (psiquiatría biológica vs psiquiatría humanista) que a lo largo de la historia de la psiquiatría se han planteado como contrarias. También a nivel académico esta visión híbrida de la psiquiatría guía hacia una nueva forma en cómo se forman los residentes de psiquiatría, como es mencionado en el video, se forma un psiquiatra más apto, más flexible, políglota, que puede hablar dos idiomas (neurociencias y sociología).

    También se menciona en uno de los textos que en la historia de la enfermedad mental, cómo los prejuicios dificultan la observación clínica como ocurría con la sífilis y la parálisis general progresiva, siento que hoy en día aún existe en la práctica clínica estos prejuicios como en la comunidad trans y en pacientes con VIH donde, por ejemplo, en algunos escenarios clínicos se discrimina de diversas formas como no llamando a la persona por su nombre social o en la forma del trato del profesional sanitario incurriendo en comentarios despectivos dificultando el trato justo, digno y de calidad que se debe tener frente a cualquier persona independiente de su género o condición de salud.

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  23. ¿Qué es la enfermedad mental? La pregunta aquí planteada para motivar la discusión es una tremendamente necesaria para contextualizar nuestra formación. El material entregado para nutrir la discusión me pareció pertinente y adecuado.

    La propuesta del prof. Berrios de un hibridismo epistemológico resulta valiosa para enfrentarse a la incertidumbre del objeto de estudio de la psiquiatría. Este objeto, "el psiquismo", "la mente", ha sido estudiado por distintas disciplinas humanistas, como la filosofía, psicología, sociología, antropología, etc. Sin ninguna dar con respuestas definitivas al respecto. Más aún, los reduccionismos que han intentado "dar en el clavo", al ser analizados históricamente, pueden entenderse como partes de sistemas de poder que pretenden asegurar posiciones asimétricas de relaciones sociales. El matrimonio entre las farmacéuticas y la psiquiatría biologicista resulta el ejemplo más pertinente al caso. Por ello, encuentro prudente esta postura que propone el profesor, maleable y adaptable según el avance de las ciencias y los casos a los que se enfrente.

    En este pluralismo, o hibridismo, conviene revisar la historia, el devenir de sus conceptos para tomar perspectiva sobre los mismos. Por esta razón encuentro también muy valioso el estudio de la filosofía cuando se profundiza en estas preguntas. El artículo de prof. Bermejo, por lo mismo es muy recomendable. En contra de una noción "evolucionista" de la teoría psiquiátrica, que considere que su historia sólo ha ido acrecentando su entendimiento y perfeccionándose, creo que los problemas que aquejan a esta especialidad desde sus cimientos son los mismos que por siglos han aquejado a la filosofía. Parecen ser problemas epistemológicos, ontológicos y éticos, con repercusiones políticas. Por esta razón, estar abierto a entender las antiguas posturas, y sus contextos, me parece nutritivo para preguntas actuales.

    De las agudas críticas de Desviat, me parece también relevante destacar la noción dinamista y situada de lo que se consideran los síntomas psiquiátricos. Contextualizada por una biografía, historia, cultura y condiciones materiales, la vivencia de un sujeto estará influida o teñida por estos elementos. Esto hará que la vivencia de enfermedad refleje las "expectativas que tiene cada sociedad sobre el comportamiento de los enfermos". Por ello, las mismas nociones que la psicopatología reafirma como patológicas, y la genealogía cultural que la replica y transmite entre los individuos de una sociedad, influye en cómo la persona significa sus experiencias. La retroalimentación es inevitable y contribuye al desarrollo, evolución y respuesta clínica de cada caso. Esto hace que el problema de definir lo patológico sea particularmente difícil en psiquiatría.

    Finalmente, como apunta el prof. Huerta, podríamos entender "la enfermedad mental como una construcción discursiva, revisable, sujeta a cambios culturales y sociales." En otras palabras, un constructo social. Por esto, su invitación a tolerar la incertidumbre me parece completamente apropiada.

    De lo que he leído de filosofía, me puedo dar cuenta de que, siendo su foco la vida y lo humano, inabarcable y hasta el momento incognoscible en su totalidad, la virtud del pensamiento filosófico no está en cerrar, sino en abrir caminos discursivos. Hace la finta, por el borde de la incógnita, y juega creando o desarmando territorios. Estos movimientos creo que entregan posibilidades de articulación, adaptación y amortiguación existencial. Todas estas herramientas pueden ser útiles para un clínico de lo esquivo.

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    1. Estimado Felipe, me quedo con la reflexión respecto a la incertidumbre que resaltas en tu comentario.

      Al parecer el mundo de las certezas resulta mucho más atractivo y necesario para brindar seguridad, en un mundo donde lo "líquido" y desechable, lo material y superficial resulta la norma.

      Me parece importante siempre recalcar a los pacientes que su diagnóstico no los define, y son un mundo extenso y profundo como personas, que una etiqueta diagnóstica no puede reducir.

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  24. Es interesante reflexionar sobre la naturaleza híbrida de los síntomas mentales, de la cual hace mención el Dr. Germán Berrios, la importancia de su componente biológico y cultural y de como esta característica es tan propia de nuestra disciplina

    Como se menciona en los textos, el enfoque biopsicosocial es crucial para entender la complejidad de la psiquiatría y la salud mental. El contexto cultural e histórico desempeñan un papel significativo en la forma en que interpretamos y tratamos los síntomas mentales.

    Una visión reduccionista biológica de la psiquiatría nos hace ignorar o minimizar las experiencias vitales y las circunstancias sociales y culturales que a menudo desempeñan un papel relevante en la salud mental.

    Uno de los cambios más contemporáneos, y que personalmente me parece muy relevante, es la eliminación de la homosexualidad como enfermedad mental. Antes era denominada como una alteración sociopática de la personalidad” y posteriormente “desviación sexual”. En 1973 fue retirada del DSM y no fue hasta 1991 que la OMS la elimino del CIE. Determinándose la homosexualidad como una orienta sexual diversa y no patológica.

    Este proceso no fue por el descubrimiento de ningún neurotransmisor o marcado biológico sino que estos cambios se dieron en un contexto marcado por la lucha de la comunidad/colectivo.

    El componente cultural de psiquiatría, nos demuestra como la cultura puede definir lo que denominamos síntoma y trastorno mentales. Pero no debemos como la psiquiatría influye sobre la cultura, como las etiquetas psiquiátricas han sido utilizadas históricamente para marginalizar y controlar a ciertos grupos de personas.

    Es la importancia del componente cultural lo que también nos debe hacer reflexionar sobre nuestra responsabilidad como profesional. Me quedo con las palabras del Dr. Rafael Huertas “para obtener una buena formación en psiquiatría es absolutamente necesario “abrir” la cabeza y aprender a “pensar” la psicopatología más allá del manual diagnóstico”.

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    1. Estimada Paulina, me parece muy acertado el enfoque que utilizas respecto de los temas planteados. Me parece una ejemplificación muy clara y tal vez la más relevante, la que expones sobre la relación histórico-cultural que enfrenta la homosexualidad al patologizarla y taxonomizarla inclusive en DSM I-III y como terminó desmontada de los "trastornos mentales" no por una evidencia cientificista, sino por un cambio cultural.

      Es a mi parecer, sólo bajo un lógica del entendimiento intercultural y transdisciplinario en el ámbito psiquiátrico, que podemos reflexionar nuestro alcance en el ámbito clínico, y tener presente la naturaleza híbrida de la psicopatología, que nos propone el Dr. Berríos.

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  25. Desde que entré en la carrera de Medicina, e incluso antes con la visión científica que siempre me otorgo mi padre (ingeniero), mi concepción de la vida y del ser de los objetos de nuestra realidad siempre ha sido muy monista. Para mi todo tenía una explicación material que aún no había sido descubierta; cosa que se reforzó cuando adopté el marxismo, y con ello el materialismo. Me aventuré en esta creencia de las enfermedades mentales como cosas que hay que cambiar de manera material, quizá pecando de literalidad acerca de lo que significa materialismo (en otras palabras ignorancia).
    Enfrentarme a nuestra especialidad, y en esta oportunidad a estos textos, ha provocado una seguidilla de cuestionamientos internos acerca de mis ideales y creencias. Primero, el entendimiento de que nuestra percepción de la realidad está determinada por este "meta-espacio" que configura las sensaciones externas en representaciones e ideas. Cuando niño percibia que mis compañeros distorsionaban la realidad. Siempre me acuerdo que escuchabamos canciones y luego las interpretaban cambiando la melodía sin siquiera darse cuenta, lo que me generaba frustración. Creía que no prestaban realmente atención a lo que sucedía. Posteriormente, entendí que como seres humanos distintos tenemos habilidades distintas y lo asociaba en este ejemplo a una menor capacidad musical. Luego supe que había un componente inconsciente de nuestra mentalidad y empecé a explicar el fenómeno como si simplemente tuvieran intereses distintos, motivados por su ello. Ahora me doy cuenta que es aún más complejo. No solamente tienen intereses distintos, sino que también hay un componente conceptual-cultural-social que calibra el instrumento perceptivo, y que no hay una conexión directa con la realidad. Esto repercute directamente en la manera en que percibimos a los pacientes. Y el problema no termina ahí. El Modelo de Cambridge añade que incluso en la expresión de los síntomas mentales por parte del paciente, influyen estos configuradores sociales-culturales que lo hacen tener ciertas conductas de acuerdo a su momento histórico.
    Por otro lado, volviendo a mi intención de vida, pareceria ser que no es relevante avanzar ciegamente en una visión que puede que no tenga un impacto social significativo, abanderamiento que probablemente hice sin cuestionarme el por qué lo estaba haciendo. Siempre vale cuestionarse el por qué del predominio de estas ideas positivistas, y no es aberrante pensar que siguen las dinámicas de mercado. Por un lado está la industria farmacéutica, aquel agente evidente que se beneficiaría directamente por la concepción biologicista. Sin embargo, omitir el impacto social en la salud mental de nuestros pacientes nos lleva a una pasividad frente a las condiciones de vida en que vivimos; pasividad que le sirve indirectamente a los grupos económicos dominantes. Por lo tanto, ahora me replanteo mi postura y pienso que el motor debe ser cambiar la realidad material de nuestra sociedad mediante una visión terapéutica que adopte distintos componentes estructurales, ya sea desde la biología, psicología, ciencia política, etc.
    Sin duda el estudio epistemológico psiquiátrico desde el inicio del proceso de especialización termina direccionando el aprendizaje de los trastornos mentales, generando variaciones en el sentido de prominencia de cada uno de los componentes del objeto psiquiatrico. Sin embargo, para lograr el actuar terapéutico acorde a la visión planteada, impresiona una gran montaña a escalar debido a la ingente cantidad de saberes que se deben explorar para poder tener una concepción que quizas en algún momento podré llamar integral acerca de lo que hay que tratar. Dando crédito a mi pareja, que me sacó del enfrentamiento individualista al contarle mi ansiedad respecto al problema, creo que es importantisimo abordar este problema de forma multidisciplinaria y de manera grupal. La enorme montaña se hace más amena y fácil si lo hacemos en conjunto.

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  26. Algunas de las reflexiones que puedo destacar a partir de los artículos leídos (y observados) en el caso de la interesante conferencia del Dr Berríos, me parece que tienen como punto principal de confluencia la necesidad de comprender la psiquiatría más allá de una visión científica neuro-biologicista, que sería absolutamente insuficiente para explicar los fenómenos a estudiar y por tanto, implicaría que nos alejemos de una correcta praxis clínica, a mi parecer.

    Hay que entender a la psiquiatría como una herramienta o una “tecnología” según lo mencionado por Huertas en su entrevista, al servicio de la comunidad, y requiere sin duda alimentarse del pensamiento humanista para delimitar íntegramente nuestro campo de estudio. Me parece muy interesante cómo esto lo estructura el profesor Berríos en su visión “híbrida” del síntoma mental, desde un núcleo con señales neurobiológicas, que interactúan con un medio externo y que están configurados culturalmente, pudiendo cambiar incluso por completo la “señal” inicial. Esto me parece interesante contrastarlo con la visión predominante en la medicina actual, extrapolada a su vez al ámbito psiquiátrico, y que nos muestra justamente un enfoque totalmente biologicista, cerrado en su investigación a nuevos objeticos sólo de laboratorio, imágenes, marcadores y fármacos, que como mencionara Desviat, suscita implícitamente una funcionalidad mercantil, mecanicista y no crítica de la realidad.

    Tal como vi en mi práctica clínica, cuando trabajé con comunidades huilliches, }es necesaria una visión intercultural, comprendiendo cosmovisiones diferentes a la occidental y respetando las propias decisiones del paciente en su comunidad, pues si se cae en dichos reduccionismos clínicos, se podría caer en errores tan graves como patologizar costumbres y creencias locales, sólo por el contenido de su imaginario. Hay que mantener, por lo tanto, una multiplicidad de enfoques tanto en el estudio teórico como en el ámbito práctico, para fortalecer el modelo comunitario.

    Puedo destacar para finalizar, que la visión como futuros psiquiatras a desarrollar en nuestra propia disciplina y en el entendimiento de la psicopatología, no debe ser solo descriptiva, sino también “prescriptiva”, (citando a Berríos), pues al final del día requiere generar un cambio. Buscar la aplicabilidad de lo teórico en un sujeto individualizable, concreto para ayudarlo, acompañarlo y apoyarlo en su sufrimiento. Por esto me parece que aplicar esta mirada epistemológica más amplia, sería un imperativo ético ante lo que nos concierne: el acto médico.

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  27. Que gran balde de agua fría ha sido leer y escuchar sobre epistemología. Como todo lo que inunda estas reflexiones, este balde de agua fría no tiene una significancia positiva o negativa, lo que quiero decir es que personalmente me parece extraordinario, fundamental, enriquecedor, etc; solo tener la posibilidad de leer, de "entender" y reflexionar frente al tema de enfermedad mental. Solo tiendo a pensar, que damos por hecho, que esta "información" puede estar al alcance de todos y que incluso las implicancias de algunos textos en cada uno de nosotros, puede ser infinitamente dispar.
    " no hay hechos sociales sin sujeto, ni sujeto sin historia, ni una semiología del enfermar psiquico construida con signos aconductuales, SIN SENTIDO"
    Escribo esto último en mayúscula, ya que es el sin sentido actual, el que predomina en todas las áreas del ser humano, en todos los enfoques, esta cultura "liquida".
    Recuerdo mencionar en reiteradas ocasiones, en respuesta a preguntas: ¿ Por qué estás aquí? ¿Por qué tomaste tal o cual decisión?... Porque me hace sentido.
    Deberíamos quizás combinar saberes pasados y presentes, en el sentido de que lo pragmático, nos ha "robado" el arte del trato con un otro, en este caso con el que padece el síntoma psíquico. Que relevante es el termino híbrido que menciona Berrios, en un sentido amplio, vendrìa a ser el objetivo de la formación futura, incluso si ya no "existen" los psiquiatras con formación desde lo biomédico. Me parece factible esta hipotesis del futuro con un "grupo" con interés, espero genuino" en sanar.
    Por último quisiera mencionar, partiendo de la definición desde la antropología que se menciona en uno de los textos, respecto a que el individuo tiende a expresar su malestar por medio de formas aceptables y significativas para su propia cultura. No logré sacar de mis pensamientos, los adolescentes con la etiqueta " trastorno del desarrollo de la personalidad emocionalmente inestable", trastorno que ha aumentado su prevalencia de forma exponencial, y donde curiosamente, nuestros individuos adolescentes expresan su malestar de formas similares, bien conocidas entre nosotros. Me gustaría dejar para reflexión, ¿ por qué estas conductas serían aceptables y significativas para nuestra cultura actual?
    Agradecer por el enriquecimiento emocional y psíquico que derivo esta tarea.

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    1. Estimada Carolina:
      Qué buena forma de describir el resumen de las lecturas: fue como un balde de agua fría. Coincido completamente contigo en que hemos normalizado un tipo de saber despojado de sentido, atrapado en lo pragmático y lo rápido, que muchas veces pierde de vista al sujeto que padece.
      La frase que destacas en mayúsculas también me quedó resonando. Es realmente un llamado a recuperar la dimensión humana, subjetiva e histórica del síntoma. Y me pareció muy valioso lo que señalas sobre los adolescentes diagnosticados con “trastorno de la personalidad emocionalmente inestable”. También lo he visto: formas de malestar que se repiten, que se parecen entre sí, y que más que expresar “enfermedades individuales”, quizás están señalando algo que duele colectivamente. ¿Qué nos está diciendo esta generación a través de esos síntomas? ¿Qué tanto los estamos escuchando?
      Me quedo con la esperanza que mencionas al final: que, aunque el modelo biomédico siga siendo dominante, podamos ser parte de un grupo genuino que quiera sanar, no solo con técnicas, sino con humanidad.

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  28. La presentación del Dr. Berrios no sólo resulta una sensata y muy lúcida explicación de dónde está el camino en el entendimiento de la enfermedad mental, sino también en un recordatorio fundamental del cómo se gesta lo que conocemos de nuestra disciplina: los síntomas mentales son penetrados por la cultura; desde su génesis hasta su expresión en la actualidad.

    Este concepto siento que es el hilo conector entre los textos consultados para esta reflexión. Como bien evidencia Bermejo en su análisis histórico, la cultura permea al síntoma mental en su concepción y con ello, define que su comprensión mutará inevitablemente con el paso del tiempo. Y con el paso del tiempo, quiero inferir el cambio cultural: los valores, las tradiciones. Es por eso que resulta tan obvia como esencial la integración con las ciencias humanas: el entender la salud mental nace desde una perspectiva híbrida, que no sólo la hace más cercana al enfermo, sino también más fecunda a la hora de poder abrir brechas hacia otras configuraciones.

    Al mismo tiempo que nos oponemos a la concepción biológica reduccionista de la enfermedad mental, Desviat y Huertas hacen observaciones, desde esquinas paralelas, a un tema ineludible de la medicina actual: el uso de la justificación científica como arma para defender intereses particulares. Desviat da cuenta de esto a través de la teoría neopositivista encubierta que trae el pragmatismo "ateórico" de la psiquiatría que hoy impera. Y esto, por supuesto, se alínea con los flujos neoliberales actuales, lo que termina irremediablemente por desplazar al sujeto, en este caso el paciente, por el mercado. Es importante hacer eco de esta postura contestataria de Desviat contra la política de mercado de la neurofarmacopsiquiatría moderna, que es el cáncer que crece desrregulado bajo la férrea defensa científica que impone la biología reduccionista. Como bien menciona Huertas en su entrevista, es importante desconfiar de los axiomas que pueden esconder maniobras ideológicas para imponer lo científico y con ello, el modelo; sobre todo hoy en donde el conocimiento científico tiene el mayor poder sobre la verdad.

    En síntesis, creo que esta revisión es un buen ejercicio para seguir asimilando el entendimiento de las enfermedades mentales desde lo "híbrido", como señala el Dr. Berrios: desde lo cultural, desde lo contextualizado. Y desde ahí, no sólo mirar analíticamente el trecho cubierto, sino que trazar hacia el futuro líneas de estudio que estén abiertas al cambio, a la cooperación, y más aun, a la reestructuración del conocimiento mismo de nuestra disciplina, cuyo dinamismo es infinito e indefinible.

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  29. Tras la revisión y análisis del material brindado, tanto de la literatura como el video proporcionados, me gustaría mencionar en primer lugar la entrevista al profesor Rafael Huertas, quien en su texto resalta la importancia de un enfoque interdisciplinario en el estudio y la práctica de la psiquiatría. El ser humano es biología y es cultura, por tanto, es de suma importancia en psiquiatría evitar los reduccionismos, tanto biológicos como culturales. El ser humano es un ente complejo cuya subjetividad debe ser comprendida en su totalidad, teniendo en cuenta tanto los aspectos relacionales como los aspectos biográficos (lo experiencial).

    Nos invita a no caer en reduccionismos organizándonos solo y exclusivamente desde una perspectiva médica, que si bien es necesaria pero insuficiente en nuestra formación como médicos psiquiatras. Lo anterior me lleva a reflexionar sobre la paulatina medicalización de la enfermedad mental, abordada en el artículo de Manuel Desviat, práctica muy común en la actualidad, que se limita a reducir la enfermedad mental a sus componentes biológicos, ignorando sus dimensiones psicológicas y sociales. Cómo en la práctica clínica, muchas veces las evaluaciones y diagnósticos realizados a un paciente se ven reducidos a sistemas de clasificación como escalas o manuales, dejando de lado la visión integral de los problemas que afectan al ser humano.

    Todo lo anterior se reafirma en el artículo de José Carlos Bermejo en donde se realiza una crítica de aquellas teorías que reducen la enfermedad mental a simples procesos bioquímicos o estructurales. En su lugar, apoya una visión que incluya factores sociales, simbólicos y emocionales, reconociendo los trastornos mentales como un proceso complejo. Comprendiendo además la naturaleza híbrida de los síntomas mentales, como expone el Doctor Germán Berríos, los cuales estarían constituidos por una amalgama de señales biológicas y configuradores personales, familiares, sociales y culturales.

    Como experiencia personal, durante el ejercicio de la profesión como médico general en la atención pública cuestiono el tiempo que actualmente se nos brinda para la atención de los pacientes, escasos minutos en los que no logramos abordar su malestar en su totalidad, donde terminamos cayendo en la mecanización de nuestra profesión, siguiendo una serie de algoritmos tal cual fuese un manual de cocina o una lista de cosas por hacer que debiésemos completar, dejando de lado lo esencial que es tratar al paciente en su integralidad y sobre todo con un enfoque comunitario en donde se busque fortalecer el trabajo en red, con equipos multidisciplinarios, promoviendo una mayor accesibilidad y equidad de los servicios.

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  30. Me parece muy interesante el concepto de hibridismo epistemológico que plantea el Doctor Berrios, respecto a la psiquiatría. Sin dudas concuerdo en que es una disciplina que tiene componentes tanto biológicos como sociales, y que no se pueden entender los objetos de la psiquiatría sólo a partir de un componente u otro. Respecto a esto, considero importante mencionar que, durante la lectura de la entrevista al Dr. Huertas, pude reflexionar sobre la importancia de que los residentes de psiquiatría, como yo, podamos tener una formación mucho más rica sobre el componente filosófico de las enfermedades del alma, puesto que hoy en día se vive un paulatino proceso de medicalización del sufrimiento psíquico.
    El otro concepto que realmente me llamó mucho la atención, fue el de “el encuentro dialógico” entre médico y paciente. Esta idea de que, durante el acto médico, el clínico y el enfermo “negocian” el síntoma mental, me resulta muy familiar a mi práctica clínica cotidiana. Muchas veces uno debe ir adentrándose en el síntoma mental del paciente de manera muy cautelosa, produciéndose una situación de “tira y afloja”, y será finalmente, a lo largo de los años de experiencia, que el clínico desarrollará la habilidad de hacer las preguntas correctas en los momentos correctos de la entrevista.
    Respecto al texto del Dr. Desviat, fue bastante revelador su crítica al devenir actual del alienismo. Me preocupa muchísimo el hecho de que la psiquiatría actual sea vista como una forma de control gubernamental y económico sobre los individuos, como una manera de gestión del malestar, buscando en la terapia soluciones a las fallas sociales. Es por ello que, aunque se convierta en una tarea difícil, nunca debemos perder el verdadero foco de nuestro quehacer: el bienestar de nuestros pacientes.
    Finalmente, respecto al texto del Dr. Bernejo, me gustó bastante la extensa reseña histórica y filosófica de la enfermedad mental que este autor realizó. Un ejemplo muy interesante de cómo la historia y el contexto sociocultural va “moldeando” lo que significa tener una enfermedad mental, se ve reflejado en lo que llamamos "delirios colectivos". En ese contexto considero relevante mencionar las creencias religiosas. Estas sólo pueden ser entendidas desde una perspectiva sociocultural, y esto permite, por ende, que no sean consideradas "patológicas".

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    1. Estimada,

      Concuerdo plenamente con tus reflexiones. En cuanto a tu preocupación sobre la percepción que se pueda tener de la psiquiatría como un dispositivo de control sobre la vida de los individuos, creo que es crucial que, más allá de los intereses de quienes ven en la psiquiatría una forma rápida y eficaz de devolver funcionalidad a las personas dentro de un sistema que perpetúa y agrava el malestar, como profesionales seamos conscientes de estas dinámicas y nos posicionemos como agentes de cambio, rechazando las visiones reduccionistas del malestar psíquico. En este sentido, considero relevante, como menciona Huertas, politizar el síntoma, evitando aislarlo y reconociendo la importancia de su contexto histórico y teórico.

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  31. Los textos y el video del Dr. Berríos invitan a cuestionar cómo las patologías mentales han sido siempre mutantes y versátiles a lo largo de la historia, dependiendo del contexto cultural. "Es la comunidad la que tiene los criterios de lo normal y lo patológico, y la misma comunidad quien los sanciona", rescato el ejemplo de que las personas que catalogamos hoy como psicóticas, antes eran llamadas chamanes. Incluso se comenta sobre la posibilidad de que en unos años lo que hoy discutimos sea diferente, invitándonos a cuestionar las directrices diagnósticas que a veces tomamos como incuestionables, pero que al final del día son consensos. Además, recalca que el problema con los conceptos en psiquiatría es que son invisibles y dan un sentido de confianza falso. En la actualidad parece que nos enfocamos en los pacientes como síntomas y no como personas, sin considerar suficientemente la influencia de la cultura y la sociedad. Esta realidad queda en evidencia cuando se emplean herramientas para intentar ayudar a nuestros pacientes, pero que perpetúan sus padecimientos porque retornan al mismo ambiente que los propicia.
    Se habla de que se ha ido perdiendo de vista la perspectiva que las ciencias sociales aportaron a la psiquiatría en sus inicios. De aquí nace el hibridismo epistemológico; tanto en los textos como en el video se subraya la importancia de aceptar el origen biológico de los padecimientos mentales sin reducirlo únicamente a ello, y de recordar que los orígenes sociales son igualmente importantes. También lo enlazo con las lecturas de la sesión anterior donde se critica el enfoque biomédico y se analiza el enfoque socioeconómico.
    Finalmente, creo que es importante y destaco que se nos dé el espacio y se nos inste a reflexionar activamente sobre esto para poder formarnos como “residentes políglotas”.

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    1. Es muy cierto lo que acota nuestra compañera en su resumen; el Dr. Berríos destaca cómo las patologías mentales han cambiado con el tiempo según el contexto cultural; y que es la comunidad la que define lo normal y lo patológico, alude el hecho de cómo antes se llamaba chamanes a quienes hoy consideramos psicóticos. Invita a cuestionar los criterios diagnósticos actuales, señalando que los conceptos en psiquiatría son invisibles y a menudo dan una falsa seguridad; y ademas debemos reconocer la influencia cultural y social, promoviendo una visión híbrida que integra tanto aspectos biológicos como sociales de los trastornos mentales.

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  32. Según los diferentes textos administrados podemos determinar que la psiquiatría contemporánea enfrenta el reto de integrar múltiples perspectivas epistemológicas. Desde la necesidad de aceptar la incertidumbre y evitar reduccionismos biológicos hasta reconocer la importancia del contexto cultural y social en la formación de los síntomas, la psiquiatría debe navegar entre ciencias naturales y humanidades para ofrecer una comprensión holística de los trastornos mentales.
    Así mismo podemos ver que la epistemología puede influir en la psiquiatría, centrándose en la importancia de tolerar la incertidumbre en la práctica clínica; dado que esta proporciona herramientas para cuestionar visiones deterministas y mecanicistas de los trastornos mentales, favoreciendo una comprensión más amplia que incluye tanto aspectos biológicos como culturales y contextuales.
    Además podemos apreciar el punto de vista del Dr. Huertas quien resalta la necesidad de una visión no reduccionista de la psiquiatría, integrando tanto la biología como la cultura; y critica la separación estricta entre aproximaciones neurocientíficas y socio-culturales, proponiendo una psiquiatría que considere la subjetividad y la experiencia individual. Y por otro lado Berrios argumentaba que en la psiquiatría no pueden separarse de los sistemas de descripción, explicación y gestión que las sociedades utilizan para manejarlos. Esto implica que los trastornos mentales son entidades relacionales, cambiando con las percepciones sociales y culturales. Por lo que ve la psiquiatría como una disciplina híbrida, situada entre las ciencias naturales y las humanidades, heredando influencias epistemológicas del siglo XIX. Posterior a ello Desviat aborda la transformación de la psiquiatría moderna, destacando la pérdida de una perspectiva amplia que integraba la filosofía, el arte y la cultura; pero también critica la reducción de la psiquiatría a algoritmos y decisiones rápidas, abogando por una comprensión histórica, social y biológica de los síntomas mentales. Resalta la importancia de paradigmas históricos en la semiología psiquiátrica, como los descritos por Lantéri-Laura quien concluye que la psiquiatría no es una ciencia en sí misma, sino un campo clínico que integra conocimientos de diversas disciplinas para manejar y comprender los trastornos mentales. Este enfoque pluralista y multidisciplinario es crucial para abordar la complejidad de la enfermedad mental en la práctica clínica.
    Con respecto a mi vida personal en las ultimas semanas (fecha donde inicié la especialidad) en el contexto del Hospital Mauricio Heyermann Angol, la mayoría de comunidad es origen Mapuche y su idiosincrasia va mas allá de lo que nosotros (Profesionales no Mapuches) conocemos y esperamos tratar dado que su vida gira a la naturaleza, misticismo y creencias; y he podido observar que los síntomas son solo síntomas, y que lo que debemos tratar son a las personas. Porque a la final se interpone su cultura y creencia; Y eso está muy bien.

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    1. Estimado Jossued,
      Estoy de acuerdo con la perspectiva no reduccionista que estudiamos y la forma en la que la planteas. Al fin y al cabo, si al cirujano le enseñan en su formación a acotar el campo para preservar elementos como la esterilidad y la técnica, a nosotros nos interesa ampliar la mirada e incorporar una gran visión que busque involucrar todo aquello que participa en la realidad que observamos.

      Para mí, ha sido una experiencia muy enriquecedora poder conocer y estudiar la dinámica del entorno intercultural en el que estamos inmersos. Llegamos a incorporarnos a una comunidad que se entiende en una situación histórica y social, una realidad que se conjuga por aspectos nacionales, que bien conocemos, pero también locales, que nos tocará comprender para poder ser partícipes de un dispositivo instalado para ayudar a los miembros de su comunidad. La vida de todos gira en torno a la naturaleza y creencias, está en el saber de cada uno la proporción que le asignamos para entender nuestra realidad. Ese contexto intercultural es necesario para comprender el vivenciar de las personas que vemos día a día, por lo que siempre estaremos requiriendo de una multiplicidad de enfoques que nos permita acercarnos a la realidad de nuestra comunidad.

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  33. El poder responder esta pregunta, en la actualidad resulta complejo, pero lo haré desde lo que me ha hecho sentido durante las lecturas y videos que hemos revisado en esta ocasión.

    Para iniciar quisiera citar a Germán Barrios que menciona que la visión de las enfermedades mentales no es neutra, son una categoría creada a partir de una concepción construida por quien la investiga, la define y la describe, un alguien que está situado en un contexto sociohistórico del cual surge una epistemología.

    Las diversas concepciones como menciona Bermejo nos han llevado a diferentes consideraciones y creo que la consideración epistemológica que más impacto e influencia ha tenido en los pensamientos tanto de los psiquiatras como de la comunidad misma ha sido el modelo reduccionista biomédico, que claro, por una parte ha realizado sus aportes desde el comprender procesos biológicos patológicos, no obstante este, en la búsqueda de ser ciencia, ha intentado objetivar la vida humana e instaurarse como la verdad absoluta. Lo cual se traduce, como lo plantea Desviat, en que haya una visión específica sobre quienes viven sufrimientos psíquico o enfermedades mentales y que a propósito de esa visión se les otorga una posición social en un imaginario colectivo, que lejos de considerarles como seres humanos iguales en dignidad se les excluye de la sociedad y por ello quisiera retomar los planteamientos de Barrios ya que me hace sentido que a partir de estas concepciones es en donde se les cuida a las personas con enfermedades mentales y a partir de estas es como se organiza los espacios en los cuales se contiene a la locura.

    Entonces ahí es cuando surgen los problemas del diagnóstico, que, en la reducción de la humanidad a una categoría diagnóstica clínica se invisibilizan procesos de vida complejos, procesos estructurales sociopolíticos dominantes tales como el neoliberalismo y capitalismo o patriarcado, que pueden hacer aparecer situaciones de salud mental o potenciar el mal pronóstico de estas. Por ello, es importante como mención Desviat pensar en una visión integral acerca de lo que son las enfermedades que incluya estos diferentes aspectos, incluso la subjetividad de las personas sufridoras de salud mental en el estudio de las enfermedades y en sus respectivos tratamientos. Detrás de una enfermedad, o primero que una enfermedad, hay una persona, con sus sentires, con su experiencia de vida y visión particular de ver el mundo, hay un contexto sociopolítico y también hay un contexto familiar presente.

    Y para hacernos cargo de lo peligroso que puede resultar fortalecer la perspectiva reduccionista concuerdo con el planteamiento de Huertas de incluir la epistemología y el pensamiento crítico en la formación de los psiquiatras, pero, también es importante involucrar esto en la formación de todos los profesionales y actores comunitarios que se dedican a la salud mental, porque de lo contrario, estaríamos también cayendo en un reduccionismo de que el diálogo sólo pertenece a los psiquiatras o a los equipos psicosociales, cuando deberían estas conversaciones o análisis estar presentes también para las formaciones como tens o enfermeras/os u otros agentes.

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  34. A partir de la lectura de los textos y la conferencia del Dr. Berríos, surgen una serie de ideas clave sobre la epistemología psiquiátrica, los supuestos teóricos que sustentan conceptos como "síntoma" y "enfermedad mental", y reflexiones en torno a las consecuencias que sufriría la disciplina psiquiátrica al despojarla de su componente histórico y filosófico.

    En la entrevista con Huertas, el autor destaca la necesidad de confrontar el reduccionismo biomédico y de entender las enfermedades mentales como constructos influenciados por factores sociales y culturales. En este sentido, enfatiza que la epistemología puede ser un aporte al dar espacio a la incertidumbre en la práctica psiquiátrica, aceptando la falta de certezas como una herramienta para cuestionar determinismos y enfoques lineales que opacan una comprensión más amplia respecto a lo que entendemos como enfermedad mental. Coincide con el Dr. Berríos en que la epistemología de la psiquiatría es "híbrida", combinando ciencias sociales y naturales, y que el síntoma también es "híbrido", compuesto por factores biológicos, personales, familiares, sociales y culturales. Ambos abogan por recurrir a las ciencias humanas como una herramienta para reflexionar sobre la psiquiatría de una manera no positivista y no esencialista.

    Desviat, por su parte, aborda la crisis de la psiquiatría desde la perspectiva de la excesiva medicalización, que refleja las tendencias neoliberales de la era moderna, marcada por la rapidez, el consumismo y la insatisfacción. El autor critica la tendencia de la psiquiatría a legitimarse como ciencia mediante un enfoque biológico que agrupa criterios diagnósticos de manera arbitraria, ignorando las determinaciones sociales, culturales, biológicas y psicológicas que dan sentido a los síntomas. Propone que, para desarrollar una psicología clínica o una psiquiatría enmarcada en un modelo comunitario, es necesario construir una clínica que refleje la diversidad humana e integre múltiples enfoques.

    En esta misma línea, Bermejo analiza los fundamentos teóricos del concepto de enfermedad mental, subrayando la importancia de revisar los supuestos teóricos y entender las implicaciones de las conceptualizaciones existentes. Advierte que las explicaciones unilaterales tienen una validez limitada y aboga por un enfoque sistémico que contemple múltiples perspectivas.

    En cuanto a mi propia experiencia trabajando en salud, he observado no solo una fuerte presión sobre los profesionales de la psiquiatría para que diagnostiquen a los pacientes (posiblemente como una forma operativa de sintetizar la comprensión de los casos), sino también una demanda activa de los propios usuarios en busca de un diagnóstico que les proporcione certeza o control sobre su situación. Esta necesidad parece estar motivada por el deseo de aliviar la incertidumbre de no saber qué les sucede.

    Considero crucial, como ocurre en la devolución psicodiagnóstica que se realiza en el ámbito de la psicología, ofrecer respuestas que vayan más allá de lo categorial. Es fundamental que como profesionales podamos generar hipótesis comprensivas sobre el malestar de nuestros pacientes, que tengan en cuenta no solo la dimensión sintomática, sino también los factores sociales, económicos, familiares y biográficos que influyen en su manera de estar en el mundo. En lugar de ofrecer una etiqueta reduccionista y categorial sobre lo que es la enfermedad mental, debemos ayudar a los pacientes a entender su malestar dentro del contexto más amplio de sus vidas.

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  35. Para comenzar, me gustaría plantear que siempre me ha resultado interesante la filosofía, aún cuando a muchos les resulte infértil, desde mis tiempos cursando la universidad, su lectura me parecía gratificante, más aún cuando conocí a Marx y entendí que los procesos vividos en las actualidad, se repiten en su base desde hace muchos años. Debido a esto, probablemente, el hibridismo planteado por Berríos me resulta gratificante más aún cuando me desarrollo como enfermera de salud mental, ya que la conjunción entre las ciencias biologicas y la filosofía son la clave para desarrollar la psiquiatría, primer acercamiento "humanista" en la revisión bibliografica desarrollada.

    Quisiera desarrollar con mayor complejidad, el texto "síntoma, signo e imaginario social" de Manuel Desviat, debido a que personalmente fue el que mayor interés. Se plantea el reduccionismo con que se miró a la psiquiatría intentando la explicarla únicamente como un componente biologico y cito "...por parte de los gobiernos, busca en la terapia soluciones a las fallas sociales, y por parte de los ciudadanos, atajos a la felicidad", frase que representa la medicalización que muchas personas desean y de la cual el sistema neoliberal se beneficia. En el texto se desarrolla la idea de como la medicina busca un signo físico para identificar alguna patología, y de este modo curarla, lo cual no puede ser más lejano a la salud mental, ya que en este campo los síntomas resultan "invisibles" y están determinados por las vivencias que ha tenido cada persona, su ambiente, su estilo de vida, sus relaciones, sus trabajos, etc., por lo que el relato del sujeto es primordial a la hora de entregar un tratamiento, de modo que aislar el síntoma de la persona y de su mundo, resulta una equivocacion con sesgo biologicista.

    Respecto al texto de José Carlos Bermejo, interesante destacar como el sentido de la enfermedad mental está estrechamente relacionada al contexto histórico, y por lo tanto social de los sujetos, así mismo los prejuicios religiosos, filosóficos y sociales limitaron la comprensión de las enfermedades mentales, y por consiguiente, el trato que se les entregaba a las personas que las parecían. Cómo ejemplos se menciona que en Grecia existían tres modelos para explicar la enfermedad mental: religioso, médico y filosófico, luego se desarrolla la figura del excluido y la creación de manicomnios, y más adelante el nacimiento del psicoanálisis.

    Finalmente, Desviat realiza una invitación a estudiar autores, sin dejar de lado jamás la visión respecto a las posturas que se exponen.

    Me quedo profundamente satisfecha con la lectura y los comentarios realizados por mis compañeros y compañeras. En más de una ocasión en la clínica, se observa un ejercicio de la medicina en dónde el sujeto es el nombre de su diagnóstico, es un número de cama, es una bacteria a exterminar o un procedimiento a realizar, pero en la psiquiatría que estamos estudiando, este ejercicio queda obsoleto, ya que no se puede entender un sujeto que padece de dolencias psíquicas, sin ligarlo a su contexto y a su propia experiencia.

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  36. El tema de estudio de la semana nos plantea esta pregunta que impresiona tener una respuesta sencilla. Sin embargo al ver el video y las lecturas se nos invita a cuestionar varios temas que se suelen dar por sentados en la práctica clínica. Foucault plantea que seguimos aplicando al campo de lo psíquico las mismas categorías que usamos para entender lo orgánico: síntomas, etiología, enfermedad. Esto muchas veces limita nuestra comprensión del sufrimiento humano. Me hace reflexionar de lo que he visto en atención clínica, cuando un diagnóstico se aplica rápidamente según criterios del DSM, pero algo del relato de la persona queda fuera, sin ser escuchado ni comprendido en profundidad. Manuel Desviat en su texto nos refuerza esta idea al mostrar que el síntoma no es algo neutro ni universal, sino que cobra sentido dentro de una historia de vida y una cultura. No hay síntomas “puros” o sin interpretación. Eso lo he podido ver en algunos casos trabajando con adolescentes: lo que para el manual es “conducta oposicionista”, muchas veces es una forma de resistir a contextos familiares o escolares que los invisibilizan o castigan. Es importante recordar que el malestar no es sólo individual, sino que también se construye social y simbólicamente.

    La entrevista a Rafael Huertas nos aporta otra área de reflexión ya que señala que la psiquiatría no es una ciencia en el sentido tradicional, sino una práctica clínica que necesita de múltiples saberes. Él advierte sobre el riesgo del reduccionismo biologicista y plantea algo muy valioso: que lo biológico también debe pensarse como biográfico. Es decir, que no podemos entender el sufrimiento de alguien sin su historia, sin sus vínculos, sin su contexto. Esto me hace bastante sentido, considerando nuestra práctica clínica diaria. porque conecta con muchas situaciones clínicas donde lo que se necesita no es sólo un fármaco, sino una escucha atenta, tiempo y comprensión.

    La lectura “Psiquiatría y lenguaje” cuestiona cómo el lenguaje científico puede reducir la complejidad de las personas a un modelo que, si bien es útil en varios aspectos, deja muchas cosas fuera. Me parece una advertencia necesaria, sobre todo en esta época donde se habla de salud mental en todos lados, pero muchas veces desde un enfoque simplificado, rápido, que olvida al sujeto. Estas lecturas me dejaron reflexionando en lo importante que es no perder la dimensión ética de nuestro quehacer. El diagnóstico no puede ser solo una etiqueta que encaje en una lista de síntomas, sino tiene que ser una herramienta para comprender y acompañar, no para encasillar. Y sobre todo, necesitamos recuperar una mirada más amplia, que nos permita sostener la incertidumbre, hacer preguntas y estar atentos al sentido de lo que cada persona trae, sin reducirla a un número o a un protocolo.

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