TRABAJO OBLIGATORIO (PLAZO HASTA EL 8 deJUNIO ) ¿DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE SALUD MENTAL?
¿Qué es la "salud mental"?
"Esta pregunta supone otorgarle un estatus ontológico a esta entidad que en ocasiones se presenta como una condición de equilibrio de salud y bienestar de los individuos, a veces como un conjunto de saberes y disciplinas abocadas al estudio de dicho equilibrio y bienestar, y en otras ocasiones, como un campo de actuación que se ocupa de esos mismos asuntos.
De esta ontología múltiple, dada por las diferentes versiones que la componen, nos interesará abordar su actuación como una tecnología de subjetivación de la contemporaneidad, para poder esbozar algunas de sus características" ( Agüero MJ y Correa G, 2018).
Lecturas Obligatorias:
Restrepo DA, Jaramillo JC. (2012) Concepciones de salud mental en el campo de la salud pública. Rev. Fac. Nac. Salud Pública 2012; 30(2): 202-211. Disponible en: https://drive.google.com/file/d/1Y6LeD7KfH3I5RsTBDnB58iXgUCe0mfxp/view?usp=sharing
Agüero de Trenqualye, María José y Correa Moreira, Gonzalo (2018) Salud mental y ciudadanía: Una aproximación genealógica. Revista de
Historia de la Psicología, Vol. 39(1), 40–46
Jiménez-Molina A, Abraca-Brown G y Montenegro C (2019) "No hay salud mental sin justicia social": desigualdades, determinantes sociales y salud mental en Chile. Rev. Psiq. Clin. 2019; 57: 7-20. Disponible en https://revistas.uchile.cl/index.php/RPSC/article/download/65638/68872
Lecturas Complementarias:
Miranda Hiriart, G (2018).¿De qué hablamos cuando hablamos de salud mental?. Utopía y Praxis Latinoamericana, vol. 23, núm. 83, 2018. Disponible en: https://zenodo.org/record/1438570#.XkMcTmhKjIU
Lolas S, Fernando. (2008). Salud mental y psiquiatría: Pluralidad y heterogeneidad. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 46(2), 97-98. https://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272008000200001
Bertolote J (2008). Orígenes del concepto de "salud Mental". World Psychiatry (Ed Esp) 6:2 · Septiembre 2008. Disponible en : https://drive.google.com/file/d/1owM1agYVGDY8xFRSIokdQf7UbaSpWK2h/view?usp=sharing
Canguilhem, G () ¿Qué es la psicología?. Traducción publicada en Revista Colombiana de Psicología, Issue 7, p. 7-14, 1998. eISSN 2344-8644. Print ISSN 0121-5469. Disponible en https://revistas.unal.edu.co/index.php/psicologia/article/view/16039
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La Sesión Sincrónica tendrá lugar el Lunes 10 de Junio a las 19:00 hrs.


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ResponderEliminarMe pareció interesante, que el artículo sobre las concepciones de salud mental en salud pública menciona cuatro enfoques principales: biomédico, conductual, cognitivo y socioeconómico. De estos, considero que la perspectiva socioeconómica es la más integral y adecuada para ser considerada como funcionarios públicos. Esta perspectiva se centra en la promoción de la salud y la intersectorialidad, en lugar de enfocarse únicamente en tratar la patología médica, como hace la concepción biomédica, por ejemplo.
ResponderEliminarAdemás, la perspectiva socioeconómica critica la medicalización, que está estrechamente vinculada al mercantilismo. En este contexto, la industria farmacéutica prioriza la venta de medicamentos y la enfermedad, en lugar de la promoción y prevención de la salud. Un ejemplo de esto es el caso en Japón, que menciona el segundo artículo, donde se introdujo un fármaco para el "resfriado del alma". Este término trivializó la gravedad de la depresión, convirtiéndola en un simple resfriado, lo que disparó las ventas del medicamento y aumentó la prevalencia de la depresión, todo para incrementar las ventas.
Otra crítica relevante es al individualismo, que enmascara problemas sociales como si solo fueran problemas individuales. Además, se cuestiona el modelo neoliberal actual, que condiciona las decisiones de las personas según sus recursos disponibles.
En la misma línea, el artículo sobre salud mental y ciudadanía destaca que, en este sistema económico, estamos inmersos en una lógica de productividad que exige la adaptación del individuo al trabajo empresarial. Se menciona incluso la creación de un dispositivo, el "fitbit del alma", capaz de monitorizar el estado de ánimo en los trabajadores. Es crucial reflexionar sobre los alcances éticos de un dispositivo así, ya que podría generar mayor estrés y frustración al ser constantemente controlado. En mi experiencia personal, al atender pacientes de Salud mental durante mi período de trabajo en Cesfam Monteáguila, pude observar, una multitud de pacientes que acudían a consulta por cuadro de estrés laboral debido a acoso laboral o sensación de control excesivo por parte de la jefatura, de ahí, mi cuestionamiento al uso de un dispositivo de esas características, que pudiese aumentar trastornos ansiosos, por ejemplo.
Por todo lo anterior, es fundamental generar más políticas multisectoriales en educación, justicia y salud desde una perspectiva integradora. Promover la salud integral en escuelas e instituciones de salud local y realizar intervenciones que impacten positivamente en el bienestar de las personas es crucial. Estas acciones deben enfocarse en reducir las condicionantes sociales que perpetúan la inequidad, la injusticia y la discriminación, factores que afectan significativamente la salud mental
Concuerto con el compañero quien presenta un análisis perspicaz y crítico sobre las concepciones de salud mental en salud pública de acuerdo a lo leido y así mismo destaca la importancia de la perspectiva socioeconómica como la más integral y apropiada para los funcionarios públicos, enfatizando su enfoque en la promoción de la salud y la intersectorialidad. Critica acertadamente la medicalización, señalando cómo la industria farmacéutica prioriza la venta de medicamentos sobre la promoción de la salud. Además, destaca cómo el individualismo y el modelo neoliberal contribuyen actualmente a enmascarar problemas sociales como individuales y fomentan una lógica de productividad que puede ser perjudicial para la salud mental de los trabajadores. La reflexión sobre el "fitbit del alma" y su potencial impacto negativo en el estrés laboral es especialmente relevante, respaldada por su experiencia laboral; y apoyo su planteamiento en que se debe generar la necesidad de realizar políticas multisectoriales que aborden las causas subyacentes de la inequidad y la discriminación para promover la salud mental integral en la sociedad.
EliminarEl texto que habla sobre Salud Mental y ciudadanía es un texto interesante que nos habla de cómo ambos conceptos están relacionados y como en el tiempo ha ido evolucionando la salud mental como una preocupación global mas allá del tratamiento psiquiátrico, este enfoque mas general requiere tanto atención individual como colectiva en donde se destaca como los derechos humanos han jugado un rol fundamental en darle mayor valor y orden a este tema.
ResponderEliminarOtro texto nos hace ver como es la visión que se tiene en salud pública sobre el concepto salud-enfermedad, donde la salud está enfocada en los factores de riesgo ambientales y la enfermedad al comportamiento inadecuado del individuo. El comportamiento a su vez tiene una concepción conductual, donde se piensa que los trastornos mentales se ven como comportamientos indeseables aprendidos y que estos pueden ser modificados, por otra parte está la concepción cognitiva donde hay la visión de que los trastornos mentales son vistos como resultado de pensamientos distorsionados lo que afecta el comportamiento y las emociones.
También hay una explicación clara en otro texto de como las condiciones socioeconómicas a las que esta sometida un individuo puede repercutir en su salud mental , el estress crónico, la dificultad de acceso, tiempos , los barrios inseguros, la diferencia de genero son factores que influyen directamente, la desigualdad es un elemento visible, constante y determinante, por lo que pienso que es necesario tomar medidas a nivel de políticas publicas que garanticen el acceso a servicios de salud de calidad y mejoras a nivel comunitario que permitan desarrollar programas de educación y apoyo para poder soportar los diferentes estresores a los que muchos estamos sometidos en nuestro día a día.
Franzelis,
EliminarMe parece super interesante la reflexión que realizas con respecto a como desde las mismas instituciones de salud publica a nivel internacional, el concepto de salud mental tiende a ''pegar poco'' con sus conceptos biomédicos. Es un desafío importante que se tome este modelo desde una perspectiva más bien multiaxial o integral, para lograr comprender de mejor forma el comportamiento, vivencia y trastornos mentales.
Franzelis,
EliminarCoincido contigo y me parece importante destacar la variable estrés crónico a la cual nuestra sociedad está sometida, es cosa de ver en el transporte público en las grandes ciudades que está colapsadísimo, el burnout en los trabajos, o vivir en ambientes altamente estresante como en hogares donde hay violencia intrafamiliar o en barrios donde abunda la delincuencia, la sociedad actual cada vez se complejiza más y así más estrés se genera, por lo que debieran haber políticas públicas que tendieran a sublimar estos factores para no empeorar o mejorar la percepción de bienestar.
La lectura de estos textos nos invita a considerar los múltiples factores que influyen en lo consideramos salud mental y nos presenta el desarrollo histórico de este concepto a través de hitos principalmente influenciados desde hechos ingleses y norteamericanos.
ResponderEliminarSe hace énfasis en la importancia de la intervención temprana y comunitaria en el enfoque preventivo de la salud mental.
En otro texto consideran la salud mental como mecanismo para la integración social global con enfoque político y de disminuir la disparidad de las determinantes sociales y aumentar el empoderamiento de la ciudadanía.
Además se menciona la importancia y relevancia de la investigación longitudinal de estos fenómenos sociales para evaluar posibles intervenciones en la ciudadanía.
Y a propósito de esto último, me vino a la mente varios escenarios que ocurrieron en las últimas décadas un proceso que se llevó a cabo en Perú donde como medida de salud pública para disminuir la pobreza la esterilización forzada de mujeres de sectores rurales, donde se visualiza las consecuencias en el desarrollo de las personas y el impacto negativos y negativos de estas medidas.
En mi experiencia personal laboral, al trabajar en Petorca se visualizaba el impacto en síntomas depresivos de mucha de la población en relación al cambio de su realidad hídrica, económica y la percepción de mucha distancia de las medidas publicas para la mitigación de estos hechos.
me dejó impactada la acción iatogénica de realizar la esterilización forzada, puede haber factores socioculturales, económicos, étnicos y lo más impactante es cómo se normalizan estas conductas, la decisión propia de optar o no, asumo que se pasó a llevar, me impacta que sea del país vecino, pero igual hay que ver el trasfondo que para realizar estas acciones hubo un apoyo y sustento político para llevarlas a cabo, lo que también me cuestiona que muchas veces teniendo la oportunidad de elegir, se elige mal, cariños fraternos colega y espero que esas conductas ya no se sigan realizando. Gracias por compartir ese dato, de verdad lo desconocía completamente.
EliminarDesde mi perspectiva de formación en psiq IJ considero que no hay salud mental si no hay una base familiar sólida consistente, continente y atingente. Que las políticas públicas de todos los países deberían fomentar una gestación y una parentalidad adecuada que sería la base de una formación yoica adecuada a su entorno y sólida, que seria la verdadera base de la salud mental y de la prevención primaria en salud mental que el colega habla.
EliminarConcuerdo completamente, creo que uno de los elementos fundamentales para comprender esta evolución paulatina de la visión de la salud mental radica en esta mirada multifacética que saca el protagonismo individual, le resta importancia al concepto de "enfermedad" y lo lleva a la comunidad y a la busqueda de un estado de bienestar que constituye un derecho colectivo.
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ResponderEliminarComparto tú opinión en su totalidad, en especial el enfoque principal en lo curativo, que al parecer, es y será gran parte de la función que nos toca desempañar habitualmente como prestadores.
EliminarComo medico y principalmente como padre de familia me impacta ver como casi todas las actividades familiares se centralizan en ciertos lugares con mucha frecuencia y como muchas veces el ser vecino de cierta comuna te favorece al acceso a estas instancias (presentaciones infantiles, show, patinaje, obras de teatro, etc.). Es desigual considerar que una familia debe movilizarse y ocupar de sus recursos para poder acceder.
También, otro aspecto observable son las áreas verdes en Santiago o también por ejemplo en regiones rurales pudiendo tener más áreas espaciosas muchas veces estas son cerradas o privadas. O en mi caso en particular en Petorca ver parques municipales secos o con muy poca mantención y la única alternativa para tener "mayor contacto natural" era acceder a algún establecimiento privado con mayor cuidados de las áreas verdes o naturales (campings, parcela de algún conocido, etc.)
Con respecto al texto de Salud mental y ciudadania Una aproximacion genealógica, nos explica cómo la salud mental se ha convertido en un ámbito de reflexión e intervención específico, alejándose de la psiquiatría tradicional y promoviendo un ideal de salud ligado a la experiencia cotidiana y la ciudadanía.
ResponderEliminarEste artículo ofrece una perspectiva interesante y crítica sobre la evolución del concepto de salud mental y su relación con la ciudadanía. Destaca la importancia de analizar cómo la salud mental se ha convertido en un ámbito de reflexión e intervención específico, alejándose de enfoques tradicionales de la psiquiatría. La reflexión sobre la despolitización de la salud mental y su vinculación con un nuevo orden global postguerra es especialmente llamativo.
Además, la discusión sobre la medicalización de la vida diaria y la transformación de los modos de subjetivación a través de la salud mental ofrece una mirada crítica sobre cómo este concepto ha impactado en la forma en que nos percibimos y nos relacionamos con otros.
Estimada Michelle:
EliminarMe parece muy interesante tu punto de vista respecto a la medicalización que ha sufrido la Psiquiatría a lo largo de los años. Si bien, es innegable el gran avance científico y beneficio que han representado los psicofármacos para la población, también es conveniente cuestionarse el impacto que ha tenido la industria farmacéutica en nuestro enfoque terapéutico occidental. En muchas ocasiones caemos en la "tentación" de indicar un fármaco para obtener rápidos resultados, dejando pasar la posibilidad de iniciar tratamiento psicoterapéutico o modificar sus hábitos de vida poco saludables. Por ejemplo, intentar en primer lugar medidas de higiene del sueño antes de indicar un fármaco hipnótico.
En ese mismo sentido, te recomiendo leer un libro muy interesante que nos invita a reflexionar sobre este tema llamado: “El gran secreto de la industria farmacéutica”. Este texto, que tuve el agrado de leer durante mi pregrado, fue escrito por Philippe Pignarre, un científico que trabajó por más de 17 años en múltiples compañías dedicadas a la creación de fármacos.
La lectura de los textos del blog 3, tanto obligatorios como complementario, nos muestra la evolución que ha tenido el concepto de salud mental, cuáles son los hitos y procesos históricos que han influido en la conceptualización, los distintos enfoques que ha tenido a lo largo de los años y también la importancia que ha ido tomando a nivel político y social.
ResponderEliminarEn esta evolución, me parece crucial el surgimiento de enfoque socioeconómico, y con ello el análisis de los modelos y estructuras sociales, y como estos determinan la salud mental de las comunidades. Este modelo realiza una crítica a la normalización, medicalización, individualismo y modelo capitalista y desde ahí generar intervenciones de los contextos sociales y las comunidades.
Otro hecho que siempre me parece importante destacar en la evolución del concepto de salud mental, es el surgimiento del movimiento de “la higiene mental” a partir de la experiencia del doctor Clifford Whittingham Beers, donde a través de un libro autobiográfico relata su experiencia internada (como paciente valga la redundancia) en una institución psiquiátrica. Siempre que pienso en la experiencia del doctor Beers me pregunto que nos pasaría a nosotros como futuros psiquiatras, si estuviéramos hospitalizados en este momento histórico de la salud mental. Tal vez no necesariamente una atención cerrada, pero sí una experiencia similar. ¿Cuál sería nuestro relato al salir? ¿Estaríamos conformes? ¿Qué críticas realizaríamos al actual sistema? Y sobre todo, ¿Qué cambios le realizaríamos?
Estoy completamente de acuerdo con mi colega. La historia del Dr. Clifford Beers me conmovió profundamente, ya que desconocía su valentía y su carácter revolucionario para la época. Al relatar su historia personal, se expuso a una sociedad que consideraba a las personas con trastornos mentales como individuos de poco valor, dignos de permanecer encerrados de por vida. El movimiento por la higiene mental que él impulsó logró reformas en el sistema hospitalario psiquiátrico, reformas que considero indispensables en la actualidad. Sin ellas, creo que ninguno de nosotros se sentiría cómodo ejerciendo como psiquiatras.
EliminarRespecto a las preguntas planteadas por mi colega, las encuentro sumamente poderosas. Me hicieron imaginar cómo sería estar internado, aunque nunca haya pasado por esa experiencia. Sin embargo, tengo la impresión de que incluso en la mejor clínica del país, esa experiencia sería inolvidable. El estado de vulnerabilidad y confusión que conlleva la necesidad de una internación, además de estar lejos de la familia, debe ser sumamente impactante.
Considero muy interesante que comencemos esta asignatura ahondando en el concepto de salud mental, puesto que este término puede tener distintos significados dependiendo de nuestra propia visión de salud, enfermedad, bienestar, entre otros factores.
ResponderEliminarRespecto al texto que abordaba este concepto desde la perspectiva de la salud pública, me pareció bastante razonable que el autor intentara definir la salud mental en base a 3 diferentes concepciones: la biomédica, la conductual/cognitiva y la socioeconómica. De ellas, personalmente adhiero mucho más con la concepción socioeconómica, puesto que concibo la salud mental como un problema que depende de las condiciones de vida de las personas en gran medida (ambiente, género, redes de apoyo, situación económica, entre otros). Si no, ¿Cómo nos explicamos, entonces, que existan mayores tasas de depresión en mujeres y, específicamente, en mujeres de bajo estrato socioeconómico?
En ese sentido, la Declaración de Alma Ata marca un importante precedente, puesto que responsabiliza a los gobiernos y les encomienda la tarea de proteger la salud mental de su población mediante el robustecimiento de las políticas públicas y apoyos sociales. A pesar de que ya han pasado décadas desde esta declaración, en Chile todavía queda mucho por hacer en esa materia. Recordemos que esta “escasez” de apoyo estatal percibido por las personas, fue uno de los mayores detonantes del estallido social experimentado en el año 2019.
Por otro lado, respecto al texto de "Salud mental y ciudadanía", me pareció muy interesante la reseña histórica que se hace sobre la evolución del concepto de salud mental a lo largo de las décadas. Además, coincido con los autores en que se debe ver la salud mental como un proyecto sanitario y político, y no relacionarlo únicamente con patologías mentales o con la psiquiatría. Se le debe dar un enfoque mucho más preventivo, ciudadano y acercarlo a la vida cotidiana de las personas. Ello permitirá que la ciudadanía se sienta mucho más empoderada respecto a su propia salud mental, la de sus cercanos y la de su comunidad.
Concuerdo con mi colega, primero que todo, respecto a su adherencia a la concepción de salud mental socioeconómica, porque además de considerar que está directamente relacionado con mayor aumento de morbilidad de patología mental en la población, cuando hay peores condiciones socioeconómicas, es una concepción crítica con respecto al mercantilismo imperante en nuestra sociedad actual donde todo se basa en el hecho de aumentar el número de ventas de fármacos, más que realmente enfocarse en la sanación de ésta de forma más integral, junto a ello, realiza una relevante crítica al modelo neoliberal actual en el cual lo que importa es la producción empresarial, aunque para ello deba realizar un “control de los trabajadores” con el llamado “fitbit del alma”, por plantear un ejemplo, que realmente puede ser una carga sobreagregada al trabajador.
EliminarRespecto a lo que menciona sobre la declaración de Alma Ata, considero que en nuestro país queda mucho por hacer por parte de la institución gubernamental, en el sentido de realmente realizar políticas eficientes para cuidar y proteger a su población. En este sentido quiero poner de ejemplo, una experiencia personal en el Cesfam Monteáguila, donde hubo un caso de una paciente del programa de dependencia severa que necesitaba el fármaco Gentamicina debido a cuadro de infección urinaria sin embargo, el Cesfam no contaba con los recursos para adquirir ese tipo de fármacos, debido a lo cual me planteo que el estado debiese realizar una mejor gestión en sus recursos, porque a modo de ejemplificación, sí hay dinero para comprar armamento para la guerra que monetariamente es mucho más costoso que el fármaco en cuestión.
Es muy llamativo que desde años atrás se ha hablado de la salud mental, y este ha sido un tema de mucha controversia, sobre el cual se han realizado muchas investigaciones para lograr determinar las causas de estas alteraciones en la mente. No solo eso, también se iniciaron investigaciones sobre tratamientos para estos trastornos. Sin embargo, esto no queda aquí; con los años, la salud mental se ha incluido como un tema fundamental para la salud pública y de prioridad para la OMS, con el fin de proporcionar estrategias a los países para la mejoría de los mismos. Esto es debido a que gran parte de las discapacidades son del área mental, lo que deja pérdidas millonarias a nivel mundial en términos de años de vida perdidos. Ahora bien, si los gobiernos realmente invirtieran en la salud, mejorando las opciones de tratamiento y el acceso a especialistas, no solo podríamos llegar a diagnósticos y resoluciones de estas patologías, sino también ofrecer tratamientos adecuados. No obstante, dar tratamiento no es la única necesidad; también es crucial mejorar el ambiente, que es un factor predisponente de muchas patologías de salud mental. Fomentar el acceso a la educación, trabajos dignos y salarios justos puede disminuir las tasas de pobreza, lo que a su vez reduce la delincuencia.
ResponderEliminarEl tema de la salud mental siempre ha estado presente en todo el mundo, solo que no se le ha dado la importancia debida, ni siquiera con el aumento de casos evidenciado durante la pandemia, ni con todas las campañas que se han realizado. Nuevamente, no se trata de que nosotros, como profesionales de la salud, hagamos un cambio si el entorno de la persona no es el adecuado.
EliminarComparto tu punto de vista, este tema con el tiempo ha ido sumando relevancia y se ha convertido en una tremenda prioridad. La salud mental ya no se ve solo desde lo biomédico, sino como algo que involucra tanto el bienestar emocional y el entorno social. Entendemos que mejorar la salud mental no solo pasa por ofrecer buenos tratamientos y diagnósticos, sino también por mejorar las condiciones de vida de las personas, como la educación y el trabajo digno.
Podría agregar que se necesita de un cambio cultural, crear un ambiente donde la empatía, el apoyo entre pares y el respeto entre ciudadanos puede generar una diferencia importante. El cómo nos tratamos entre nosotros influye en la salud mental.
Para terminar, como reflexión podría añadir que sería importante integrar a la comunidad en este proceso de mejorar la salud mental de la población. Las soluciones podrían venir de quienes viven una realidad distinta todos los días, podrían reflejarse en programas comunitarios, que fortalezcan la salud individual y la de toda la sociedad.
En el texto se nos presenta e invita a reflexionar sobre la salud mental como concepto y cómo esta ha ido evolucionando desde arquetipos basados desde iniciativas anglosajonas y norteamericanas, todo eso explicado desde lo más histórico, desde lo más biomédico hasta lo actualmente aplicado en nuestro medio, que es la salud mental con enfoque comunitario y biopsicosocial.
ResponderEliminarDentro de mi experiencia como médico general, me desempeñe trabajando en el programa de salud mental del Cecosf de La Granja, pude vivir gran parte del modelo actual de salud mental, pese a las brechas económicas propias de la situación vulnerable del entorno y el papel del estado que no siempre llega de manera oportuna. Sin embargo lográbamos llevar iniciativas interesantes e intervenciones que ayudaban y acercaban más a nuestros usuarios a la salud mental y a entenderla como ‘’algo más que pastillas’’. Por lo que, pese a ciertas limitaciones, se lograban realizar intervenciones tempranas como las que se sugieren en uno de los textos.
Lamentablemente no tuve la experiencia de realizar algún tipo de investigación al respecto, las de tipo longitudinales como las que sugiere el texto, ya que la función de médico en si se reparte dentro de miles de otras funciones en un centro de salud de esas características, sin embargo me hubiese mucho poder realizar algún tipo de investigación.
Hola Javier tu experiencia en el ejercicio con las limitaciones presentes en el entorno definitivamente nos hace reflexionar en el compromiso que como médicos tenemos para mejorar la salud mental de nuestras comunidades, siempre podemos aportar algo si nos metemos a las comunidades y conocemos sus dificultades, saludos
EliminarEstimado,
EliminarQue interesante lo que comentas respecto a tu propia experiencia en el Cecosf. Me parece importante que pese a las limitaciones económicas, de recursos y de apoyo estatal pudieran implementar intervenciones que involucraran a los propios usuarios como actores activos en su tratamiento, pudiendo acercarlos a una comprensión que va más allá de la medicalización propia de la psiquiatría.
Me gustaría compartir una experiencia similar que tuve al realizar una intervención de arteterapia con usuarios con problemas de consumo de sustancias. Mi objetivo principal fue explorar las significaciones que ellos daban a sus esquemas psicofarmacológicos, así como los conocimientos previos que tenían al respecto. Utilicé un enfoque cualitativo para analizar las narrativas y producciones artísticas, lo que me permitió comprender sus concepciones sobre el tratamiento y fomentar la reflexión sobre su rol dentro del dispositivo y su propio proceso de rehabilitación.
Durante la intervención, surgieron cuestiones interesantes, como el desconocimiento sobre los efectos de los fármacos en su organismo, el descontento de algunos usuarios por los efectos secundarios, y experiencias de autoestigma por encontrarse en un dispositivo de salud mental. Considero que estas reflexiones son valiosas para repensar nuestras intervenciones y estrategias de tratamiento, subrayando la importancia de involucrar más a los usuarios en el abordaje de sus propios procesos terapéuticos.
Los textos nos instan a reflexionar sobre un concepto que personalmente utilizo diariamente, pero del cual nunca me había detenido a cuestionarme realmente: la salud mental. Esta reflexión me sorprende profundamente, al igual que sucedió con los artículos de la semana pasada. Resulta impactante cómo podemos repetir ciertas ideas sin tomar el tiempo de indagar sobre su origen y comprender su verdadero impacto.
ResponderEliminarIndependientemente de las diversas definiciones que ha tenido a lo largo de los años, lo que más me ha impresionado es el efecto que estas definiciones han tenido en la historia de la humanidad y en los movimientos sociopolíticos. Para mí, es especialmente relevante estar estudiando la especialidad de Psiquiatría Infantil en una época en la que se busca respetar los derechos humanos y los derechos del niño, aunque lamentablemente no siempre se cumpla. Me complace también que se esté dando mayor énfasis al abordaje comunitario de la salud mental y la psiquiatría, ya que se ha demostrado que tiene efectos más duraderos que centrarse únicamente en el manejo hospitalario agudo.
Me agrada que en la actualidad esté de moda hablar de salud mental; es un tema que se comenta y se discute transversalmente. Siento que esto beneficia a nuestra sociedad, ya que refuerza las relaciones humanas basadas en el buen trato. Sin embargo, después de leer los artículos, me cuestiono el impacto actual que tiene el concepto de salud mental, especialmente en las redes sociales, donde se presenta como un ideal de vida y estado mental alcanzable y deseable. Algunas personas influyentes y empresas lo utilizan asociándolo con diversos estilos y estándares de vida, claramente vinculados al modelo capitalista actual. Esto genera una profunda desesperanza y un sentimiento crónico de no ser suficientemente bueno para aquellas personas que no cumplen con esas expectativas, y sabemos que eso nos incluye a todos nosotros. No es posible vivir en constante armonía, felicidad, estabilidad y total adaptación en esta sociedad moderna.
Me parece super interesante tu comentario y principalmente en relación a la desesperanza y en ocasiones frustraciones que genera la intromisión del capitalismo en estos temas.
EliminarEs súper importante y lo visualizamos muchas veces en nuestros pacientes como el incumplimiento de expectativas sociales, laborales o académicas les genera sintomatología en torno a salud mental. Lamentablemente vivimos en un mundo donde la producción es un pilar fundamental y a veces el que "debiese" comandarnos en nuestro día a día.
En esta misma esfera me dan ganas de hacer la comparación con la población infantil que atendemos. Siento que hay una necesidad de producción desde la infancia, ejemplificando esto, las insistentes solicitudes de los colegios de medicalizar a alumnos/as en torno al déficit atencional. Al evaluar a algunos pacientes no impresionan tener indicación alguna del fármaco y es donde se nos hace imposible no cuestionarnos si realmente estamos proporcionando los espacios para ser simplemente ellos/as o solo aspiramos a conseguir entes moldeables que a la fuerza debemos hacerlos encajar con el sistema.
En base al contenido de las lecturas me parece de importancia desprender que la salud mental es mucho más que solo la ausencia de enfermedades mentales, es un estado general de bienestar social y emocional, es decir, no basta con enfocarse exclusivamente en aspectos biomédicos. Hay que considerar como los hábitos, comportamientos y las condiciones socioeconómicas en las que viven las personas afectan su salud mental. No podemos ignorar como las desigualdades en ingresos, género y acceso a diferentes servicios impactan directamente en este ámbito.
ResponderEliminarEn Chile, las diferencias socioeconómicas crean tensiones que aumentan los niveles de ansiedad, esto significa que las políticas de salud deben ir más allá de tratar enfermedades y deben concentrarse en crear condiciones de vida más equitativas para asegurar que se tengan las mismas oportunidades de vivir una vida mentalmente saludable.
Quiero compartir el caso de una usuaria, mujer de 72 años que vive en una zona rural de Araucanía Sur, en condiciones de pobreza, en una casa humilde. La distancia y la falta de transporte dificultan mucho su acceso a los servicios de salud. Viuda desde hace cinco años, vive sola. Recientemente, durante una visita, se le diagnostica depresión mayor. Ha estado experimentando una profunda tristeza, pérdida de interés en sus actividades diarias y una sensación constante de desesperanza. Sus recursos limitados y su aislamiento social han empeorado su condición, ya que no tiene acceso regular a apoyo psicológico. Este caso muestra claramente la necesidad de políticas de salud mental que vayan más allá del tratamiento de enfermedades y que aborden las condiciones socioeconómicas que afectan a personas como ella.
Asegurar el acceso equitativo a servicios de salud, mejorar las condiciones de vida y promover la justicia social son esenciales para que todos tengan la oportunidad de vivir una vida mentalmente saludable.
Ignacio, estoy de acuerdo contigo chile tiene mucha desigualdad y mas allá que la OMS quiera hacer campañas de promover una buena salud mental y se cuenten con estrategias no es suficiente, tu pones este ejemplo que no solo lo vez tu muchos de nosotros hasta en las grandes ciudades se ve, yo te puedo decir sobre la gran diferencia en la RM sobre en stock de fármacos en las distintas farmacias, y te preguntas si se supone que es un mismo sistema porque tanta diferencia, porque se ve mas dificultades en zona sur de ciudad que en la zona oriente, donde hasta las listas de espera no están a el nivel como se vera en un hospital en la zona sur. todo esto conlleva a empeorar una enfermedad de salud mental.
EliminarEstimad@s Ignacio y Mónica, me hago parte de sus reflexiones. Creo que el crear condiciones de vida más equitativas y asegurar el acceso a oportunidades o a vivir una vida digna tiene mucho que ver con el tremendo desafío de generar acciones para hacerle frente a los condicionantes sociales que influyen enormemente en la salud mental tanto individual como colectiva. La salud mental es algo más complejo que sólo tratar enfermedades, adquirir hábitos, modificar comportamientos y subsidiar a las personas, creo que se trata de acceso de derechos y a vivir dignamente independiente del posicionamiento socio-económico y de la categoría diagnostica que podamos presentar.
EliminarMe pareció muy interesante lo que describían los textos y creo que plasma en biografía discusiones que constantemente se dan en los diferentes espacios de salud para buscar respuestas en cómo manejar de mejor manera a los/as pacientes que atendemos
ResponderEliminarMe gustó personalmente la mirada socioeconómica para analizar y manejar la salud mental, porque finalmente es eso, todo lo relacionado con salud es multifactorial, pero creo fielmente que la salud mental es una de las ramas que más se ve perjudicada por la desigualdad y brecha en derechos sociales.
Se hace imperante salir del enfoque biomédico e ir a la raíz de la problemática. Imposible aspirar a salud en entornos de vulneración constante, en esos espacios, el manejo claramente va más allá de un fármaco.
Necesitamos levantar trabajos intersectoriales, multidisciplinarios y enfocados en las necesidades de cada persona, pero siento que esto tampoco es suficiente. La salud mental a veces escapa de las manos de quienes trabajan en ella y son problemas sistemáticos que corresponden a brechas a nivel país. Lo social es político y la salud mental por consecuencia también.
Personalmente creo que, si bien se ha intentado cambiar el enfoque biomédico en el sistema de salud nacional, la mirada desde la gestión todavía no sale de ahí. Al trabajar en APS durante unos años me di cuenta de que las energías en los administrativos a cargo de agendas priorizarán siempre dar respuesta desde la atención médica, porque es eso lo que busca el paciente, pero tenemos que tener claro que más allá de lo que busque una persona, es lo que realmente necesita y personalmente siento que nosotros desde la esfera médica solos, no somos la solución a nada.
Saludos.
Carolina, estoy muy de acuerdo en lo que mencionas en tu comentario y me hace reflexionar sobre una frase mencionada en un texto “sin salud mental no hay salud”, por lo cual podemos inferir que la salud mental es imprescindible para lograr un estado de salud adecuado para una vida satisfactoria. Por lo cual el deber de velar por la salud mental no puede recaer solamente en el área salud: se debe mirar más allá de la enfermedad e instalarlo como una prioridad a nivel transversal a distintas disciplinas, ya que influye en varios aspectos de un país pensando en el gasto económico que implica la carga de enfermedad presente y que ha ido aumentando ocasionada por patologías psiquiátricas.
EliminarSe tiene que sacar la salud mental desde la patologización, orientándola como una manera de prevención y un ideal al cual debemos aspirar para mejorar la calidad de vida, relaciones, economía y ambiente de las personas que viven en este mundo.
Saludos.
Concuerdo y comparto tu comentario, sobre todo me hace mucho sentido el entender la salud mental desde el punto de vista socio políticos, en donde se hacen necesarios cambios estructurales, y ser verdaremante priorizará a nivel estatal.
EliminarSiento que "no hay salud sin salud mental" queda mas bien solo en discurso, por ejemplo al momento de las crisis sanitarias. Al no ser prioridad y pilar a nivel de políticas públicas en salud, se encuentra más vulnerable a pasar a segundo plano frente a otras situaciones de salud, como lo fue la pandemia, pero sin ir más lejos ocurre todos los años en los momentos de campaña de inviernos, donde los limitados recursos deben enfocarse en patologías más bien biomedicas y la salud mental comienza a quedar rezagada.
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ResponderEliminarDe acuerdo con tu comentario Javiera, lo que más puedo relevar son los últimos párrafos, donde destacas nuestro rol como médicos y (yo le agregaría) futuros psiquiatras, que a mi entender, no solo es dento de un box de atención o un turno hospitalario, muy por el contrario, es inmersos en la comunidad, entregando nuestros saberes de igual a igual a personas que quizás desconocen de la perspectiva biomédica en detalle pero si saben muy bien sobre sus historias de vida, alegrías y pesares.
ResponderEliminarEn la misma linea destaco también nuestro rol como divulgadores de la prevención y promoción, en este caso en Salud Mental y como estrategas desde la gestión en Salud de políticas públicas desde lo sanitario para apoyar en las mejoras en la temática de Salud Mental, trabajando siempre con el intersector y recordando que la Salud Mental no le "pertecenece" a la psiquiatría, sino mucho más que eso....
Me parece muy interesante tu reflexión, sobretodo por el paralelismo que realizas con tu experiencia en tu etapa de destinación. Creo que tu experiencia, y la de muchos probablemente, es el reflejo de como la definición del concepto de salud mental afecta irremediablemente en los recursos que se dan para los programas, lo que a su vez impacta negativamente en la población y empeora el problema. Estoy muy de acuerdo con tu reflexión en cuanto también creo necesaria una reforma que logre destinar más tiempo y recursos para tener una buena salud mental poblacional.
ResponderEliminarEstimado Gonzalo:
ResponderEliminarConcuerdo con el análisis realizado respecto a las lecturas y la reflexión que nos deja cada experiencia como profesionales de la salud. La salud mental como bien dices, con el tiempo, es un concepto que ha ido progresando, como por ejemplo cuando antes se mencionaba el concepto de "Higiene Mental" y que posteriormente pasó a ser "Salud Mental" sin embargo, en cuanto a las acciones en el ámbito de salud mental aún estamos al debe, como bien dices y concuerdo con tu reflexión final respecto a mejorías a nivel país y correcta fiscalización de los recursos. También concuerdo que existe escasez de profesionales psiquiatras, es oportuno educar respecto a que el concepto de salud mental engloba otros participantes del equipo de multidisciplinario, tales como: psicólogos (as), terapeuta ocupacional, trabajador (a) social, entre otros, que sería ideal también poder invertir en éstas áreas profesionales.
También roté por un CESFAM de Doñihue, pero cuanto era interna, donde concuerdo contigo respecto a los factores socioambientales que impactan en la salud mental de las personas y que no sólo basta con ser reduccionistas en observar la salud mental en base a trastornos psiquiátricos solamente, sino que como bien dices, factores como el consumo de alcohol, inequidad de género, analfabetismo, violencia intrafamiliar, entre otros, son objeto de intervención.
Me parecieron muy interesantes ambos textos. En uno se menciona el surgimiento de críticas a las intervenciones basadas en la concepción medicalizada y de riesgo individual dando origen a lo mental como emergente social, me parece que ese enfoque en nuestra realidad actual es fundamental para lograr mejorar la calidad de vida y salud de las personas y sus familias; de hecho en la práctica clínica lo vivimos frecuentemente donde muchas veces nos vemos atrapados en circunstancias clínicas en que detectamos que la variable socioeconómica es nuestro cuello de botella para sacar adelante el caso, llegando a ser bastante frustrante. Por eso es importante visibilizar las condiciones socioeconómicas y ponerlas en discusión en nuestras políticas públicas ya que variables como educación, trabajo, transporte, vivienda entre otras tienen que articularse y potenciarse día a día en pos de la calidad de vida de las personas. Destaco igual el importante rol de la atención primaria como eje en la participación comunitaria y en la realización de acciones de promoción y de prevención que pueden incidir en el punto de partida del desarrollo de patologías de salud mental.
ResponderEliminarFrancisco: estoy de acuerdo con lo que propones sobre que la promoción y prevención de la salud metal comunitaria es vital para el inicio del desarrollo terapéutico de las patologías de salud mental. Conversar sobre temáticas como el autorespeto, hábitos saludables, de regulación emocional, son acciones preventivas en la progresión del enfermar de nuestros usuarios. Referente a las variables socioeconómicas y educacionales en como impactan en el calidad de vida nuestros usuarios, debemos seguir trabajando en potenciar la participación de la comunidad con enfoque educativo en todo nivel de atención, primaria, secundaria y terciaria. En mi experiencia en los centros comunitarios de salud mental se logran pequeños avances, tales como reinserción laboral de usuarios de alcohol y drogas, solitud de pago de pasajes para asistencia a talleres, mayor nivel de conciencia de enfermedad entre otros logros. Por lo cual creo que es un trabajo de todos poder discutir sobre estas brechas socioeconómicas, culturales, educacionales, de vivienda, de transporte entre otras, para lograr cambios reales en las políticas públicas actuales.
EliminarEstimado Francisco, concuerdo con que la variable socioeconómica es un gran determinante en la salud mental y que es necesario considerarla en nuestro contexto para mejorar la calidad de vida y salud de las personas. Puede resultar frustrante esta situación, ya que es una realidad que observamos diariamente. En la práctica, he conocido realidades de alta ruralidad, alta dependencia económica, violencia y pacientes que no pueden costear los pasajes para asistir a controles, lo que termina perpetuando el estancamiento o entorpecimiento de los procesos terapéuticos de los pacientes. Destaco también la importancia del rol de atención primaria, donde a menudo se ven limitados en recursos y tiempo.
EliminarSaludos.
Francisco, es verdad que como lo dice el cuello de botella muchas veces es la variable socioeconómica y es muy frustrante y triste ver la situación de muchas personas, al menos yo lo vi en la comuna donde trabaje por 4 años, desafortunadamente por ausencia de trabajo y situación precaria muchas personas prefieren hacer actividad ilícitas y esto lleva a mas situaciones de riesgo que no van a mejorar su salud mental, pero así como vi esto puedo decir que vi muchas personas inconformes con su trabajo y necesidad de permanecer en licencia medica y ves muchas personas tratando de hacer algo honesto y te encuentras con esta situación, puedo estar de acuerdo que faltan mas recursos en educación, salud pero también tomar conciencia de esto.
ResponderEliminarAtención primaria si bien es muy importante para la promoción y prevención de enfermedad pero no se cuentan con todos los recursos y en mi parecer es por que hay desigualdad y se nota en todo el país, es por esto que como país las enfermedades mentales priman en la población.
Concuerdo con los notorio que se ha hecho el ùltimo tiempo la crisis de salud mental, sobre todo por las determinantes sociales que la limitan.
EliminarLa pregunta del texto: "¿Por qué tratar a las personas solo para enviarlas de vuelta a las condiciones que las enfermaron?", se ha repetido en mi cabeza inumerables veces, en inumerables escenarios, como los que mencionan ustedes de dificultades socioeconomicas, adicciones, trabajos mal remunerados, falta de condiciones minimas para cubrir necesidades primarias. Pero en este último mes, reflexionando sobre todo en las situaciones de NNA, es donde esta pregunta tiene aún más sentido, ya que la mayor parte de las veces es la única solución posible, el "ambiente", lo que debería considerarse "hogar". Me es difícil no ser pesimista en estos aspectos, tratando de imaginar un futuro distinto, con alguna esperanza, avances en temáticas judiciales, de recursos, de educación. Es tanto el camino que queda, por lo que considero que la pregunta que nos convoca: "¿DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE SALUD MENTAL?"... me parece que simplicadamente hablamos de la vida misma.
Jessica, concuerdo con tu reflexión respecto a los textos. Ahora abordando el punto sobre tu experiencia personal con el paciente que mencionas en tu exposición, me hace ahondar en mas dudas respecto a las problemáticas de salud mental asociadas a condiciones de abandono como la mencionada. ¿Cómo será posible abordar casos tan complejos como este como sociedad? ¿ Es deber del estado o de las familias? (si estas existen) Judicialmente, ¿ podría vincularse al familiar mas cercano posible, a hacerse cargo de esta situación de abandono? Independiente de los grados de consanguinidad ¿ cuanto alcance podría tener la ley al respecto?
ResponderEliminarY me gustaría terminar resaltando el punto sobre la concientización y educación en salud mental, un punto en el cual creo que estamos muy atrasados aun como sociedad chilena, pero en el cual se han visto avances. Este rol de concientización y educación respecto a la salud mental, ¿ A quien se le debería atribuir la responsabilidad? Sabemos que a los profesionales de salud general y salud mental, no dan abasto para tal tarea. ¿ Que políticas publicas podrían implementarse en la educación básica , media y superior, y técnica ? A mi parecer estamos avanzando como sociedad en lo que respecta a la mayor conciencia en salud mental, pero aun tenemos un largo camino por recorrer.
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ResponderEliminarMe parece muy pertinente y relevante, para los estudios de psiquiatría, el reconocer el problema epistemológico que resulta el concepto de salud mental como punto de partida de un actuar ético. Tal como exponen los autores Restrepo y Jaramillo, a pesar de la importancia mundial, conceptualmente la salud mental no está bien definida.
ResponderEliminarAnte esta ambigüedad, creo que se puede abogar por un pluralismo epistemológico, es decir, lograr tomar perspectivas de distintas disciplinas que, en conjunto y parcialmente, permitan estudiar lo "mental" en formas diferentes y complementarias, sin necesariamente hacer un sentido total o completo del asunto. Más bien, se pueden usar estas posturas como herramientas situadas, atingentes al caso, para intentar diseñar distintas estrategias de abordaje del acto de conocer el escurridizo fenómeno de lo "mental".
Dentro de este pluralismo, las preguntas sociológicas y antropológicas resultan relevantes para contextualizar la aparición de lo "psicopatológico" en el ámbito humano. El texto del profesor Jiménez me resulta muy acertado en ello, en particular por su crítica al lenguaje comúnmente ocupado para describir la influencia de "lo social" sobre "lo patológico": el entendimiento de "la desigualdad como un simple factor de riesgo" opaca y separa, de manera solapada, "lo social" del entendimiento de la enfermedad desde una nosología anatomopatológica. Como si fuesen dimensiones separadas que se relacionan a manera de cadenas causales.
Un entendimiento de los trastornos mentales, desde una perspectiva sistémica de un materialismo histórico, comunitario, narrativo, en diálogo con la fisiopatología, me parece mucho más contundente, para investigar y proponer respuestas al problema de la salud mental. En especial cuando la misma diferenciación entre lo normal y lo patológico se ve enmarcada en el sistema cultural en el que se hace necesaria la distinción: depende de los principios normativos que contextualizan las dinámicas de una sociedad particular.
Por esto último, también me parecen muy relevantes las reflexiones cívicas del asunto propuestas por Agüero y Correa. Al mostrar cómo la conceptualización de la salud mental ha comenzado a emerger como proyecto político, no sólo sanitario, estos autores identifican cómo esta noción se encuentra "ligada a la idea de una ciudadanía mundial". Tal afirmación está íntimamente relacionada a la generación y modificación de principios normativos.
Por todo esto creo que es necesario, al hablar de salud mental, explicitar estos problemas epistemológicos y no obviarlos.
Recuerdo en mis años de COSAM, como vi casos que venían derivados de atención terciaria "compensados con fármacos", usando antidepresivos, antipsicóticos, estabilizadores del ánimo y ansiolíticos en dosis altas. Sólo para volver a la casa y descompensarse nuevamente, ante el hacinamiento, la violencia y la pobreza. ¿Qué más se puede hacer, desde el sistema de salud, por estas personas?
Me cuelgo de tu última pregunta Felipe, porque en mis años de médico de atención primaria este escenario era la tarima transversal de los pacientes en salud mental.
EliminarSeguir hablando de salud mental restringiéndonos a los factores biológicos, comportamentales y culturales es dejar fuera del esquema el determinante más recalcitrante y obtuso de todos: el socioeconómico. Aquél que flagela a todas los individuos y sus familias castigándolas por tener que seguir un "modo de vida" impuesto por concepto, con herramientas que los mismos que lo imponen, no las facilitan.
Mientras no tengamos cambios sustanciales en materia de educación, habitacional, sanitarios y transversales en todo nivel organizacional, difícilmente las intervenciones que se realizan hoy por hoy en la práctica de la salud mental van a tener el impacto que esperamos que tengan.
La ambigüedad que mencionas en el primer párrafo respecto a cómo definimos salud mental ha servido para ir sumando aristas y ópticas que ayudan a entender lo extremadamente multifactorial que es atender esta línea oscilante que es la salud y la enfermedad mental. Y con ello, van dilucidándose dificultades, cada vez más difíciles de sortear. Al menos diagnosticadas, ya sabemos hacia donde empezar a dirigir los esfuerzos. Y entendiendo como principal escollo la dinámica capitalista neoliberal de nuestra sociedad, hemos de armarnos de paciencia porque será un camino largo a recorrer, pero al menos blandiendo un arma importante que hemos de saber ocupar: la educación.
Hola, Felipe. El problema de las definiciones es precisamente que no son inocentes. Cualquier definición viene "corcheteada" a una forma de intervención (De hecho, el artículo está presentado de esta misma manera). Soy de la idea de renunciar al concepto de salud como objeto de estudio de la medicina y permitir que este sea una noción "vulgar". Para nosotros, quienes trabajamos con la enfermedad, el deber es asumir la Complejidad que tú señalas como "pluralismo". La salud puede ser, efectivamente, muchas cosas según cada sujeto, y nuestro rol es adaptar nuestra práctica a lo que cada paciente entiende como "lo sano". El gran problema de esta posición, es que es difícil de conciliar con disciplinas como la Salud Pública y con el desarrollo e implementación de políticas "para todos". Esa es una discusión que me parece fundamental. Saludos, compañero.
EliminarMe parece muy interesante tu comentario Javiera, creo que tengo preguntas muy parecidas y comparto gran parte de lo que dices. Respecto a la definición de salud mental, quería comentar que el concepto de "completo bienestar mental" me parece problemático justamente por lo que mencionas, es idealizada. En ese sentido, creo que definir la salud sólo en el aspecto de lo "positivo", de bienestar, me parece poco realista. Tengo la impresión de que el malestar puede ser saludable y no necesariamente patológico, parte del vaivén de la vida, que lleva altos y bajos. Es posible que sostener esta versión idealizada de vida ayude a orientar de manera general hacia dónde queremos ir, pero en algún momento hay que calibrar el curso y aterrizar en algo más mundano. De otra forma creo que la frustración de no llegar nunca a puerto puede ser en sí fuente de síntomas, e incomodidad.
ResponderEliminarDe manera personal, de las cosas que más me llamó la
ResponderEliminaratención del texto central a discutir, fue primeramente el hecho de cómo ha
evolucionado el enfoque y la terminología asociada a la salud mental, como la
conocemos hoy; si bien se han relacionado desde hace muchos años a distintos
factores sociales, culturales, económicos, etc., quizás uno de los aciertos más
importantes (según mi opinión) es precisamente enfocar la salud mental como
tal, y no solamente como los padecimientos derivados de factores intrínsecos y
externos que definen las enfermedades, permitiendo analizar de manera más amplia
y en un contexto social determinado a cada individuo. Además, tal y como se
señala en el texto, esto ha estado sujeto a diferentes análisis a través de la
historia, influenciado incluso por eventos tan importantes como lo fueron
algunos conflictos bélicos a gran escala, lo que por cierto refuerza la
tremenda importancia que ha tenido y que sigue teniendo la salud mental como
tal.
Es importante también considerar que el término “ciudadanía”
cobra importancia en medida que se va avanzando en la lectura propuesta, ya que
considerando el término desde un punto de vista amplio e integral, se puede asociar
esta pertenencia a las influencias del medio en el cual se desarrollan los
individuos. En este sentido, la experiencia personal con la que cuento en el ámbito
laboral me permitió, por ejemplo, entender el perfil de pacientes que se atiende
mayormente en el sistema público en una comuna de alta ruralidad como Graneros,
ya que gran parte de estos usuarios comparten en común ciertas características,
preferencias y costumbres, en base al lugar en donde la mayoría ha pasado parte
importante de su vida. Si bien esto es un ejercicio muchas veces inconsciente, considero
al mismo tiempo muy importante el no caer en un sesgo clínico o de observación,
por entender que existen factores en común; ya que a pesar de esto, cada
paciente es diferente al anterior y al que está por ser atendido.
Creo también que es necesario reflexionar acerca de la
manera en que se intenta medir objetivamente los impactos de la salud mental, y
particularmente la falta de esta, ya que entendiendo el bienestar propio del
concepto como algo no solo personal, sino que también social y colectivo incluso,
hay cierta insistencia en medir los impactos económicos derivados, lo cual quizás
influye de manera superlativa en relación a otros factores que pudiesen ser
considerados, pero que a su vez son más difíciles de medir en términos de un
reglaje global, no como el dinero, que es un idioma común en prácticamente todas
las culturas.
La OMS ha puesto la salud mental como un pilar primordial, esto se da debido a los problemas asociados que conlleva y los costos (ausentismo laboral por licencias médicas, costo de fármacos, costos de capacitación a funcionarios, costos de formación de nuevos especialistas en el campo de la salud mental, costos de las patologías que se asocian a enfermedades de salud mental y su alta asociación a patologías en la esfera de autoinmune, enfermedades crónicas no transmisibles, estrés crónico de la población entre otras), debido a que los tratamientos suelen ser de largo plazo y con resultados también a largo plazo, esto involucrando al paciente, familia, nivel comunitario y social (en Chile son pocos los servicios que realizan una reestructuración y con recursos para que esto se lleve a cabo).La salud mental se ha llegado a utilizar como genérico, sin darle el peso necesario, se ve de forma más constante como eslogan publicitario en campañas políticas, en vez de crear mejoras reales en accesos y coberturas óptimas. Por ejemplo: en APS hay una meta de ingresos y controles en salud mental, donde nos piden x números de personas cada año y realizar entre 4 a 5 controles anuales, esto es en salud pública, pero dentro de mi experiencia se ve la realidad de casos complejos que verlos cada 3 meses no conlleva un tratamiento óptimo y menos oportunidades de mejoras, en ocasiones con quiebre de stock de fármacos, ausentismo de su psicólogo tratante o cambio constante de este, tiempo de espera de 1 a 2 años para evaluación de especialidad, otra vez están los determinantes sociales hacen marcar esta diferencia, ya que aquellos pacientes de Isapre tienen una cobertura quincenal, con acceso de fármacos de mejor calidad, controles con médico general o médico de familia, supervisión de psiquiatra, psicoterapia con psicólogo especialista en su patología y expectativas de mejoras altas. En ocasiones se trata de normalizar estas diferencias, pero en mi rol previo a la beca, como médica general me desarrolle en varios trabajos, otro ejemplo de esto: en un turno habitual un lunes en SAPU con una sala de espera de 50 pacientes, que ya habían esperado en promedio de 6 a 8 horas en Hospital y no recibieron atención, hacinados, muchos sin comer durante el día, otros preocupados de como regresar a sus hogares (viven en zonas rurales), sin calefacción en la sala de espera (porque justo ese día se rompió la caldera), esperando por una atención, donde solo hay un médico para verlos en un lapso de 7 horas y muchos sabiendo que no alcanzaran atención y deberán regresar a Hospital para recibir una atención, pero no cuentan con recursos para asistir a otro lugar y conocen que al recibir la atención médica, podrán recibir también los fármacos para sus dolencias, se ve la contraparte de trabajar un turno de clínica, que también tendrán una espera de 4 a 6 horas, que hay 2 a 3 médicos generales de turno, un ginecólogo y pediatra de llamado si es necesario, asientos cómodos, cafetería 24 horas, donde pueden acercarse a tomar o comer algo, donde muchos llegan en sus autos propios, donde antes de la atención saben y conocen la farmacia de turno donde ir a comprar los fármacos que pudiesen ser indicados. Creo que en todos los ámbitos hay desigualdades, pero como médicos generamos un rol activo de participación, de marcar la diferencia, de generar empatía, de validar un dolor o preocupación, podemos ser actores activos en cambios. Los artículos leídos me gustaron de forma personal, ya que muchos nos dan a pensar que hay posibilidad de mejoras, con desafíos de trabajo continuo, mejorar el acceso en salud y así podamos eliminar el mal llamado resfrío del alma.
ResponderEliminarEstimada Jocelyn, me parece muy interesante y significativo el tema que has abordado teniendo en cuenta la situación actual de la salud mental, especialmente considerando sobre todo nuestro contexto nacional. Me parece de suma importancia abordar la salud mental de una forma integral y visibilizar los diversos desafíos y barreras que han existido y que aún existen en lo que respecta a un adecuado acceso a la atención en salud.
EliminarSobre todo poniendo énfasis en las disparidades en el acceso y la calidad de la atención entre diferentes grupos socioeconómicos, cuya desigualdad no solo se refleja en los recursos disponibles, sino también en las condiciones en las que se brinda la atención médica, en los cuales somos testigos primarios como trabajadores de salud, lo cual resalta la urgencia de mejorar el sistema de salud en su conjunto. Es ahí como es de suma relevancia ser parte de esta promoción del cambio y la mejora de las condiciones de atención.
Hola Jessica, el relato que haces de los determinantes sociales que influyen en nuestros pacientes es muy interesante, nos hace darnos cuenta como los grupos vulnerables se encuentran mas expuestos y me hace reflexionar en que el camino es ir hacia un enfoque integral y sin duda empático.
ResponderEliminarEstimada Constanza, concuerdo con tu comentario. Me parece muy interesante cómo has abordado el tema en relación a la evolución del concepto de salud mental. Además, de la importancia que tiene entenderla con un enfoque integral, mucho más allá de lo biomédico. Por eso es importante que en cada atención evaluemos los factores de riesgo y protectores de nuestros usuarios. Conocer los factores de riesgo y las determinantes sociales, nos permitirá focalizar acciones preventivas y de detección precoz.
ResponderEliminarLa salud mental es una responsabilidad de toda la sociedad, sobre todo de nosotros, funcionarios de salud. Tenemos que ser protagonistas, conocemos las desigualdades de la población y debemos participar en los cambios de las políticas públicas para poder mejorar el sistema en acceso, calidad de atención y equidad en salud mental
Me llamó mucho la atención la perspectiva socioeconómica de la salud mental, ya que es un enfoque completamente nuevo para mí en comparación con las otras perspectivas que ya conocía. Considero que este enfoque es especialmente relevante para el manejo global de la salud mental, con un énfasis en la prevención y la promoción. Sin embargo, creo que esta perspectiva es insuficiente por sí sola, ya que carece de los elementos biomédicos y conductuales necesarios para una comprensión completa.
ResponderEliminarEspero que en el futuro se integren las diferentes perspectivas para mejorar el funcionamiento diario de las personas y nuestros pacientes. En relación con el texto sobre salud mental y ciudadanía, me parece positivo que se esté avanzando hacia una visión centrada en la salud y el bienestar, en lugar de únicamente en la enfermedad. Es alentador ver cómo la salud mental está ganando la importancia que merece, siendo reconocida como una forma esencial de interacción y relación con el mundo que nos rodea.
Saludos!
Andrea, me ocurrió algo similar al leer los artículos, también llevandome a recordar mis años de EDF como asesora del programa de SM, en el que nadie quería trabajar.
ResponderEliminarPienso que aun nos falta muchísimo trabajo que hacer para darle a la salud mental y psicología la importancia que merece, ya que lo veo en la práctica diaria como aun aparece cierta resistencia a tratarse con medicamentos o psicoterapia en los padres más que los adolescentes o niños. Esto como vemos en los artículos viene de la historia que trae la salud mental. Sin embargo, me alegra notar que ya hay cambios relevantes en la mirada de nuestros adolescentes y niños respecto a este mismo tema, en la que están dispuestos a trabajar y aportar mucho más que los padres (que muchas veces no creen o les cuesta creer en este concepto de salud mental).
A lo largo de la lectura se denota cómo la salud mental impregna múltiples perspectivas. Desde las primeras experiencias neurosensoriales de un recién nacido hasta la fina búsqueda colectiva de una definición de salud mental que sea coherente con el vivenciar cotidiano de las personas. Considero que su aplicación cruza de forma amplia el espectro moral, desde una práctica benevolente basada en intereses individuales y colectivos de coexistir a partir del bienestar, hasta posibles acciones enajenadas de empatía que podrían presentarse en la caracterización de la ciudadanía mundial con la tecnología de la subjetivización. Es importante que, como futuros profesionales de salud mental, podamos promover herramientas para fortalecer el autoconocimiento y la resiliencia, fomentando una comprensión profunda y empática de las diversas realidades que enfrentan las personas. Nuestra tarea no se limita a la intervención clínica, sino que abarca también la educación, la prevención y la promoción de una cultura de salud mental que valore la dignidad y el potencial de cada ser humano.
ResponderEliminarMe parece fundamental la relación que se plantea en el enfoque socioeconómico con respecto a la íntima conexión existente entre las condiciones de vida y su respectivo impacto en la salud mental de los individuos, de la misma forma como hace algún tiempo se establecería también la íntima relación existente entre "cuerpo" y mente dentro de una persona.
ResponderEliminarAsí bien, creo que pensar la salud mental desde una perspectiva multifactorial, compleja, e interconectada, es la forma correcta de avanzar en pro de su progreso individual y colectivo, en que ningún actor de la sociedad debiese restarse (ámbito político, religioso, profesional, investigativo, económico, etc)
Por otro lado, causan gran preocupación los nuevos conceptos o definiciones universales, que si bien ponen de manifiesto la importancia global y sus repercusiones colectivas, se podrían perder de vista las problemáticas y condicionantes de la salud que afectan a cada comunidad, que si bien impactan colectivamente, no dejan de tener un carácter local e incluso casi "particular". Por ende, hay que mantenerse cauteloso, ya que debería evaluarse e intervenirse la salud mental desde esa perspectiva; caso a caso.
Un ejemplo concreto en nuestro país, podría ser que las condiciones medioambientales (y su respectivo impacto en la salud de la población) en algunas zonas de sacrificio en el norte, sin duda no son iguales a las existentes en el extremo sur, por lo tanto su análisis e intervención, no deben ni pueden ser similares, aunque, si bien apuntarían a un fin similar, que sería preservar la salud de todas las personas de dicha población.
Estimada Carolina, Concuerdo plenamente con tu preocupación, me parece relevante mantener siempre una mirada integral para conceptualizar la salud mental, según el contexto en el que se esté trabajando. Así, las dinámicas particulares de cada cultura o comunidad, pueden tener distintas problemáticas donde la priorización de un sólo enfoque de salud mental podría ser claramente insuficiente o incluso ir en la dirección equivocada, generando mayores brechas en la salud de la población. Esto lo vi en las comunidades Huilliche del sur de Chile donde trabajé y es un punto clave a considerar para futuras reflexiones. Saludos!
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ResponderEliminarEstimado Gonzalo, me parece super interesante tu reflexión, sobre todo en el contexto de tu experiencia como EDF, que es algo que compartimos como etapa previa a la especialidad que estamos cursando. Hay ciertos factores en común, probablemente, en el perfil de los pacientes que tuvimos que atender, debido a realidades tales como la ruralidad, el acceso a la educación, la desigualdad de género, entre otros. Asimismo, tuve la oportunidad de realizar atenciones de salud mental con bastante frecuencia, siempre y cuando la agenda lo permitía, pues las horas médicas debían priorizarse, y muchas veces esa priorización no consideraba como primera opción esta parte de la agenda, sino otros programas que eran también parte de las prestaciones otorgadas por el hospital en el que estaba destinado. Creo importante en este contexto es señalar que muchas veces la manera de priorizar dependía, por ejemplo, de las metas cuantitativas que se debían cumplir, y no centrado necesariamente en la calidad de las mismas, sino obedeciendo siempre a una estructura rígida de estadísticas dispuestas desde el nivel central. Esto es materia de discusión no solamente a nivel de salud mental, sino que es algo transversal a diferentes tópicos políticos, sociales y económicos, que quizás en su momento podrían ser materia de discusión en este curso.
ResponderEliminarPor otra parte, fui testigo cercano de la utilización de recursos disponibles, y pude observar a través de múltiples maneras como, dependiendo de la motivación y preparación de quienes pertenecían a dicha cadena de mando e intervenciones, la buena o mala utilización de los mismos. Esto, por cierto, si bien puede considerarse un tanto informal, obedece precisamente a lo que usted menciona en sus líneas, como una acertada sensación de falta de fiscalización. Sin ir mas allá, es mucho lo que se puede hacer por la salud mental, y ciertamente tendremos la oportunidad de ser agentes de cambio en su momento.
Partiendo por la dificultad en abarcar correctamente un concepto tan en boga y complejo como la salud mental, estos artículos nos ofrecen una posibilidad de reflexión al respecto muy interesante a la vez que invitan a ampliar el clásico abordaje reduccionista, con que se entiende nuestro ámbito de trabajo. Es importante tener claro los aspectos dinámicos en torno a la relación del individuo con su entorno, no solo directo (como lo sería su entorno familiar, de trabajo y cotidiano), sino también, con su entorno comunitario-ciudadanía e incluso macroeconómico, político y social. De esta forma, es interesante cómo se plantea la distinción evolutiva durante el siglo XX desde una lectura netamente patologicista de “enfermedad” mental a “higiene” y luego imbricándose a una nueva conceptualización de “salud” mental para acercarse al enfoque de “plenitud y derechos” que a mi parecer debería mantenerse como norte para lograr mejores políticas de salud.
ResponderEliminarEn relación con los enfoques descritos por Restrepo y Jaramillo, me parece de suma importancia tener en consideración que desde cada enfoque, se deberían al menos rescatar algunas ideas que podrían servir tanto en la práctica clínica como en la estructuración de políticas de salud. Sin duda, desde el enfoque biomédico, rescato la mención a Baker y Menken, de buscar una unificación entre mente y cerebro y puede que para el estudio de muchas patologías mentales esto tenga cada vez mayor relevancia en la praxis médica. Sin embargo, este enfoque está limitado a una visión organicista y de corte incluso asistencialista, perdiendo de vista la prevención y promoción en salud mental, por lo que es indudablemente insuficiente por sí sola.
Por otro lado, desde un enfoque comportamental, si bien éste puede tener una utilidad mayor para la práctica terapéutica, (como mayor evidencia de la psicoterapia cognitivo conductual en el manejo de adicciones, por ejemplo), puede caer en una dinámica funcionalista a un modelo de explotación materialista neoliberal, enfocándose en mantener individuos “adaptables y funcionales” al sistema económico hegemónico, basado en modelos de producción (me recuerda una visión limitada a establecer la salud mental como parte de “recursos humanos”). En cuanto al concepto de “estilo de vida”, sí puede tener un alcance en la prevención y promoción de salud desde lo individual, pero ignora los aspectos no modificables netamente con la conducta, como los determinantes (condicionantes) de salud, ya mencionados en el texto base inicial.
El enfoque socioeconómico me parece abarcar mejor dichas variables dinámicas macro y micro relacionales, desde donde sí se consideran las contradicciones sociales de producción como problemática a trabajar para lograr condiciones de vida dignas que permitan una salud mental plena. Adscribo a este enfoque, pero no puedo limitarme como mencioné en un principio solo a éste, para evitar el riesgo de caer en una falacia ecológica.
Por lo tanto, reitero la necesidad de comprender de forma integral e intersectorial los aspectos que juegan un rol fundamental a la hora tanto de abordar nuestro pacientes como comprendernos a nosotros mismos en nuestro contexto social, político y cultural desde donde nos relacionamos, pues debemos tener un rol activo también como ciudadanos al respecto.
Estimada Perla:
ResponderEliminarEncontré muy interesante como aterrizaste las definiciones de salud mental. Estas ideas terminan siendo concepciones humanas, tanto nuestras como de los usuarios; implicando conductas a futuro. Me gustó el ejemplo de los usuarios que van a retirar sus fármacos y el cuestionamiento a la psicoeducación que hacemos como psiquiatras. Muchas veces vi usuarios que al ser diagnosticados con una enfermedad, sea mental o somática, no generaban buena adherencia en su tratamiento ya que no había una concepción más allá de algo biológico. Pensaban que habían moléculas u órganos dentro de su cuerpo que simplemente estaban funcionando mal, sin problematizar la enfermedad en sí y en su entorno. Si logramos cambiar esa visión con la acción más barata del mundo, podemos cambiar el pronóstico de un paciente.
¡Muchas gracias!
Saludos.
Estoy de acuerdo con que la salud mental debe ser un tema prioritario en la salud pública, con un énfasis en lo promocional y no sólo debe centrarse en la psiquiatrización del individuo.
ResponderEliminarDebemos pensar e intervenir en el sistema completo que afecta a un usuario con una patología mental, en lo familiar, social, laboral e individual. Además, me gustaría agregar lo que vivenciamos a diario con nuestros pacientes, sobre todo en el área infantojuvenil, donde la base de sus problemas o patologías de salud mental son por problemas vinculares o disfunciones familiares importantes que gatillan distintas patologías, que de no intervenirse pueden cronificarse o evolucionar a trastornos más severos.
Estimada Fernanda,
EliminarComparto tu reflexión, al reconocer que la salud mental debe ocupar un lugar prioritario en las políticas de salud pública implica también replantearnos las formas en que hemos abordado tradicionalmente el sufrimiento psíquico. Poner el énfasis en la promoción y no sólo en el tratamiento psiquiátrico, permite abrir el campo hacia estrategias preventivas, comunitarias e intersectoriales que consideren a la persona en su totalidad, incluyendo sus contextos familiares, sociales, escolares o laborales.
Desde mi experiencia clínica (similar a la que describes), especialmente en el trabajo con niños, niñas y adolescentes, es evidente que muchas veces las problemáticas de salud mental no se originan en un desequilibrio biológico individual, sino en entornos relacionales marcados por el conflicto, la negligencia o el trauma. Las disfunciones familiares y los vínculos deteriorados no solo son factores de riesgo, sino también espacios donde podría gestarse la posibilidad de recuperación, si se interviene de manera oportuna y contextualizada. Ignorar esto y reducir el abordaje a la medicalización o al etiquetado diagnóstico corre el riesgo de cronificar el malestar, sin transformar las condiciones que lo generan.
Por ello, pensar en salud mental implica también pensar en justicia social, en protección a la infancia, en redes de apoyo y en políticas públicas que fortalezcan a las familias y comunidades. Solo así podemos avanzar hacia un modelo más humano y efectivo, que no se limite a “tratar síntomas”, sino que promueva bienestar, vínculos saludables y proyectos de vida con sentido.
El capitalismo imparte la premisa de libertad de elección. Hace más de dos siglos diversos autores han intentado explicar el por qué de esta afirmación llegando a la conclusión de que solamente hablan de una libertad económica de elección. Aquel que tiene un capital importante puede tener a su disposición los recursos que estime necesarios. Quienes no lo tengan, se conforman con lo que les alcanza.
ResponderEliminarEsta idea apareció en mi mente de inmediato al leer las distintas evoluciones de las concepciones de salud mental. En mi opinión, culminan en lo socio-económico y no deben considerarse ideas aisladas. Todos los modelos existen en nuestra realidad; no obstante, lo que influye en cada uno de ellos es lo socio económico. Las enfermedades son consideradas como tal por los efectos que generan a nivel social. Si fuese otra la situación no tendrían por qué ser estudiadas. Siempre pienso en el ejemplo ridículo de un catarro. El catarro genera malestar físico en la persona: fiebre, rinorrea, cefalea, cansancio. Si dentro de nuestras dinámicas relacionales estuviese normalizado que en el ciclo vital humano existiesen períodos fortuitos en los cuales éste trabaja con menor efectividad, estuviese más desconcentrado y le dieran ganas de quedarse acostado todo el día (incluso terminando a veces su ciclo vital), sin implicancias sociales; para nosotros sería algo invisible, no lo consideraríamos enfermedad. Nosotros identificamos el fenómeno como anormal porque lo intentamos encuadrar en el ideal de cómo un ser humano debe vivir su vida, identificando que un catarro lo desvía. Vale siempre agregar que en este "cómo debe vivir su vida" incluimos las dinámicas económicas detras del comportamiento humano, ya que éste está generando valor mediante el trabajo. Este valor para el trabajador es visto como su sueldo, y para el empresario como su plusvalía. Por ende, tiene importancia social y es tratado como enfermedad, desde el obrero hasta el capitalista. Al darle la relevancia social, se hacen modelos de comportamiento humano y se estudia la biología de la enfermedad, tanto para identificar como para sanar.
En este punto me pregunté: si el capitalista entiende la enfermedad como enfermedad, ¿por qué no estamos en un enfoque integral actualmente? ¿Por qué se ha desarrollado tanto el modelo biológico y no el socioeconómico? Para mí la respuesta es que, en un comienzo, no había mucha información acerca de los factores de riesgo, y la investigación se centraba netamente en las causas biológicas y en el cómo tratar. Sin embargo, fue apareciendo evidencia de los determinantes sociales y vieron amenazado su capital, por lo que deciden pecar de ignorancia o francamente hacer con dolo caso omiso.
En fin, podríamos proponer (aunque no estoy conforme) una forma para cambiar esta situación a corto plazo, ya que por lo que he vivido no creo que pueda ser de otra forma. Evidenciar que los medios de producción podrían ser mucho más eficientes con una buena implementación de programas de salud mental. Un gran ejemplo fue la Ley de las Diez horas de 1848 en Gran Bretaña. Quisiera finalizar citando la declaración de Alma Ata que se encuentra en uno de los textos: "el desarrollo económico y social es fundamental para lograr el estado máximo de salud para todos y que la promoción y la protección de la salud de la población son condiciones indispensables para el desarrollo económico y social..."
El comentario de Felipe me recordó a los repasos de la herencia de Melanie Klein en una clase de psicología del desarrollo. Abordábamos la etapa en la que el niño, con un Yo temprano y rudimentario, transita la ansiedad producida por la realidad y que la supera al ver cómo las experiencias de gratificación superan a las de privación. De esa forma, es capaz de integrar los elementos positivos y negativos en un Objeto total (madre) y comprende que dichos elementos pueden coexistir en una misma persona.
ResponderEliminarLa ansiedad producida por la realidad es fundamental para la supervivencia ya que nos ayuda a reconocer que hay objetos o fenómenos que pueden causar daño. En ese sentido, el malestar se podría convertir en un motor que impulsa la búsqueda de ese ideal de bienestar. Es decir, al aceptar y enfrentar el malestar, las personas desarrollan mecanismos de afrontamiento que les permiten no solo superar las adversidades, sino también desarrollarse. Quizás esa perspectiva podría responder a la pregunta de Javiera: ¿Por qué tratar a las personas solo para enviarlas de vuelta a las condiciones que las enfermaron? Personalmente, considero que el manejo incluye movilizar al paciente a reconocer y enfrentar diversas contradicciones.
Quisiera partir este comentario desde la reflexión personal, llevada por las lecturas, hacia mi historia con el concepto de salud mental.
ResponderEliminarPodría decir, que me enfrenté cara a cara con el concepto de salud mental relativamente tarde en mi vida. En mi casa nunca se habló de ello, ni de psiquiatría, hasta cuando estuve en la universidad. El tema siempre fue (y ha sido) un tabú permeable solo de la mirada de lo científico y lo contingente. Las enfermedades mentales fueron siempre un tema ajeno, atrapado en el mundo de la fantasía, del documental criminal, del noticiero al mediodía. No fue hasta que un miembro de la familia fue hospitalizado por intento suicida que finalmente se habló de cómo nos sentimos, de qué vivimos y pensamos internamente, y se tomó el peso de lo que nos afecta de nuestras relaciones y dinámicas interpersonales. Siempre me pregunté, si no podemos conversar esto como familia, ¿Cómo podemos situarnos en un entorno fuera del hogar que pasa por alto esta dimensión, y aún más, lo perjudica desde el afán de la competencia que se ha construido en nuestra sociedad?
Mi familia es chapada a la antigua en ese sentido, y siento (además, he visto y vivido desde lo laboral y académico) que nuestra realidad nacional se constituye desde una mirada similar. Nos cuesta hablar de lo que no conocemos. Así es mi familia. Pasa que, a veces, no conocemos lo que nos sucede, lo que sentimos no tiene nombre, y si así vivimos lo propio, lo que vive el otro es aún menos reconocible. Podemos ver, con relativa facilidad, cuando una persona está pasando por "un mal momento", sabemos que le pasa algo si dejó de ir al liceo/universidad/trabajo, si cambió su forma de expresarse, o si sus conductas dejaron de reflejar su identidad. Pero la interpretación que se le da siempre está en el ojo del observador, le damos sentido a lo que vemos según nuestro propio razonamiento, y al final, creamos consenso cuando las experiencias vitales coinciden, dentro de un universo casi infinito de variables.
Dentro de esta nebulosa que pareciera ser la salud mental, hay algunas cosas que sabemos con certeza. Por ejemplo, sabemos que el malestar que puede conformar un trastorno mental constituye una carga de enfermedad con consecuencias medibles en un sistema. Sabemos también, que el trastorno mental existe y es un problema de salud, ya que limita nuestro bienestar, desarrollo y conformación en la sociedad. A través de la historia y los avances científicos, hemos adquirido la certidumbre de que existe un sustento biomédico (principalmente de la mano de las neurociencias) y con un correlato proveniente de lo ambiental, con todo lo explicable que puede provenir de la conducta humana.
Fundamentalmente, podemos ver a diario que existe un entorno que construimos como sociedad, donde enferman las personas. Que existan personas injustamente más susceptibles de sufrir al respecto es en donde se enmarca la desigualdad como condicionante de la salud mental a nivel social, sumado a todas las variables que influyen al respecto. Una sociedad con muchos recursos, distribuidos de manera desigual, y enmarcada en una percepción de ilegitimidad resulta ser tierra fértil para que germine constantemente elementos como la soledad, miedo, estrés, rabia, intolerancia, entre otras vivencias que terminan contribuyendo al proceso de enfermedad.
De a poco le vamos poniendo nombre a estos factores, vamos reconociendo piezas de un puzzle que expone lo que vivimos. Para una sociedad "alexitímica" en ese sentido, es terapéutico estudiar, describir y reconocer los elementos que nos faltan para poder crecer en comunidad. En ese sentido, salud mental es ir construyendo en bienestar un proyecto multidimensional (desde el individuo y sus proporciones, la familia, comunidad y sociedad) de realización ontológica de lo que implica ser humano.
Estimado Jossued:
ResponderEliminarMe parece muy interesante como planteas la forma en la que la historia del concepto ha pauteado la forma en la que las personas percibimos el concepto de salud mental. Al fin y al cabo, la descripción de un concepto intrínseco a la vida humana va de la mano con la historia de la humanidad. Creo que la práctica de la psiquiatría se desenvuelve en el concepto de salud mental, se engloba en una matriz de factores sociales, psicológicos y biológicos que conjugan el vivenciar patológico (o intolerable para sí mismo o su entorno, según los autores), enfatizando el concepto de pluralidad del vivenciar. En ese contexto, nos llama a no caer en el conflicto derivado de la psiquiatrización, a no desintegrar la cualidad fundamental de la salud mental que es la subjetividad humana, sobre todo desde el rol profesional en salud en la comunidad que estamos inmersos.
Saludos!
La medicina y la psiquiatría se relacionan con el concepto de salud de manera culposa. Claro, la salud no es el objeto de la medicina. La clínica, según Foucault, tampoco nace ligado a lo vivo, sino a los cadáveres y el entrenamiento semiológico se realiza a través de la enfermedad. Nuestra disciplina está centrada en la enfermedad, su dominio, su clasificación y su intervención. En esto Baker y Menken tienen, tristemente, razón. La práctica médica y de la psiquiatría avanzan, en la oscilación de la historia, a reencontrarse con la disciplina neurológica. Esto lo afirmó, también, uno de nuestros profesores. Que nuestra profesión y práctica sigan esta senda no excluye que desde una posición ética/política no podamos sostener una resistencia que permita una interpretación distinta de nuestra práctica, por cierto. Aunque para eso, hay que hacer ciertos sacrificios. Uno de ellos, desde mi punto de vista, es reconocer que la salud no es por ningún motivo un concepto médico, y menos científico. Según Canguilhem, en su famoso y célebre “Lo normal y lo patológico”, opinión a la que adhiero con vehemencia, la salud es un concepto “vulgar”. Con vulgar el autor no lo reduce a “ordinario” o “trivial”, sino, por el contrario, señala que “la salud es un concepto al alcance de todos”. Y es que, por más tentadora y atractiva que sea una definición de salud, esto inevitablemente, según Sandra Caponi, implica el direccionamiento de determinadas políticas y ciertas intervenciones sobre el cuerpo y la vida de los sujetos. Estoy de acuerdo que hoy, el concepto más amable con nuestras buenas intenciones no reduccionistas de acompañar a la población y a los enfermos es la de una salud cuyo origen tiene sus raíces en lo social/económico/político, lo que permite cierta traducción en políticas públicas. Sin embargo, creo que aún queda por avanzar en mirar la salud como una cuestión que no nos pertenece, y que puede ser tan contradictoria como el hecho de que una buena salud sería un estado donde se puede abusar de esta misma. En esto la noción de Complejidad y de la Ecología de la acción de Edgar Morín, me parecen enfoques muy necesarios de abrazar si queremos recorrer la senda de esta noción tan peculiar/particular como es la salud.
ResponderEliminarPara comenzar quisiera referir que la lectura de los diversos textos me ha resultado muy significativa ya que, la salud mental es un área por la cual siento un profundo compromiso.
ResponderEliminarPara iniciar quisiera referirme a los planteamientos de María José Agüero de Trenqualye y Gonzalo Correa Moreira respecto a que la salud mental no ha estado ajena a ser ámbito de reflexión, pues la salud mental es algo que ha estado muy presente en los diálogos de diversos espacios médicos, académicos, políticos y sociales y por ello, cada vez las personas se han hecho parte de la discusión sobre el significado de esta y implicancia que tiene en nuestra vida cotidiana; en el ser y en el hacer.
En este sentido la salud mental, a propósito del abordaje que realiza Restrepo y Jaramillo respecto a los diferentes enfoques salud mental no puede ser entendida sólo desde la ausencia o presencia de enfermedad o de la categorización diagnósticas limitando su abordaje solo a espacios medicos y clinicos. No puede ser entendida también solo desde lo conductual, desde las capacidades o hábitos ni tampoco puede ser solamente entendida desde aspectos socioeconómicos.
En este sentido, y haciéndome parte de los saberes que tuve en mi formación profesional, la salud mental requiere ser entendida desde un enfoque integrativo que incorpore los grandes aportes que puede hacer cada enfoque, pero sobre todo, requiere de un enfoque decolonial que le ponga especial atención a los condicionantes sociales estructurales que generan injusticias y desigualdades y que por lo tanto, influyen en las concepciones de esta misma y afectan enormemente el alcanzar un nivel de bienestar significativo para las personas. Por ello, tal como menciona Jimenez no podemos pensar en salud mental sin pensar en justicia social, no puede haber salud mental sin el ejercicio de derechos, no puede haber salud mental sin participación social y no puede haber salud mental sin justicia ocupacional, refiriéndose al derecho de poder desarrollar ocupaciones significativas más allá de los roles y ocupaciones esperadas por un sistema capitalista que apunta a la alta productividad.
Por lo tanto, respondiendo a la pregunta problematizadora ¿qué hablamos cuando hablamos de salud mental? Creo que hablamos de algo colectivo, hablamos de condicionantes sociales, hablamos de enfermedades, hablamos de dignidad humana, de inclusión, hablamos de acceso a derechos, hablamos de las condiciones necesarias para alcanzar un estado de bienestar significativo para las personas, hablamos de participación en la vida cotidiana y hablamos de algo constitutivo de nuestro ser.
Creo que es tanto interesante como crucial cuestionar qué entendemos por salud mental. Aunque este concepto es central en nuestra formación y práctica profesional al trabajar con usuarios, a menudo lo damos por sentado como un término genérico que abarca múltiples significados.
ResponderEliminarLa lectura de los textos nos ofrece un marco comprensivo desde el cual emergen distintos enfoques teórico-prácticos, cada uno con sus fundamentos epistemológicos, filosóficos, ideológicos y políticos, que nos permiten comprender los alcances del concepto de salud mental. En particular, el texto de Diego Restrepo y Juan Jaramillo presenta diversas aproximaciones conceptuales e invita a reflexionar sobre las ideologías subyacentes a cada una. Se exploran enfoques como el biomédico, el comportamental (conductual y cognitivo) y el socioeconómico, cada uno con sus propias definiciones de salud mental, enfermedad mental y las intervenciones derivadas de estas perspectivas, destacando principalmente el modelo socioeconómico por las posibilidades teóricas y políticas del abordaje que ofrece su conceptualización dentro del marco de la salud pública.
Por su parte, el texto de María José Agüero y Gonzalo Correa profundiza en la genealogía del concepto, proporcionando una base para entender su origen y las implicancias en la organización de subjetividades y la construcción de un tipo particular de ciudadanía más allá de lo patológico. Aquí, la salud mental se presenta como una tecnología de subjetivación que abarca a toda la población, con un carácter biopolítico que trasciende lo sanitario, donde se busca que las personas puedan lograr la salud mental con el fin de adaptarse a un modelo de producción capitalista, un objetivo despolitizado que hiperresponsabiliza a los sujetos por lograr su bienestar desde la individualidad.
Finalmente, el texto de Alvaro Jiménez, Gabriel Abarca y Cristián Montenegro nos invita a considerar la salud mental dentro del marco de los "determinantes sociales de la salud", ampliando la reflexión sobre las desigualdades que afectan la salud mental de la población (ingresos, género, uso del tiempo, factores socioespaciales, entre otros). Se destaca que, más allá de abordar las diversas desigualdades que afectan de manera simultánea a los individuos, es fundamental entender que "el sufrimiento psíquico no está simplemente determinado por lo social, sino que es, en sí mismo, social".
Reflexionando sobre la importancia de profundizar en este concepto en mi propia experiencia, considero que este recorrido teórico es muy enriquecedor para el propio entendimiento y posicionamiento político que tengamos respecto a la conceptualización de salud mental. En el dispositivo en el que trabajo, actualmente se está elaborando una nueva redacción del "programa terapéutico" que guiará nuestras acciones y comprensión del trabajo que realizamos. Por lo tanto, creo que definir como equipo nuestro entendimiento de la salud mental dentro de un marco teórico será crucial para orientar nuestra praxis e intervenciones.
La pregunta “¿Qué es la salud mental?” nos enfrenta a un contexto profundamente complejo y en disputa.
ResponderEliminarComo explican Agüero y Correa (2018), la salud mental no es algo fijo o claramente definido. Más bien, funciona como una forma de influir en cómo las personas se ven a sí mismas y actúan, de acuerdo con ciertas ideas actuales sobre lo que significa estar bien, ser equilibrado o funcionar “normalmente” en la sociedad. Esta mirada crítica se complementa con lo planteado en la lectura sobre concepciones de salud mental en salud pública, donde se evidencia que el concepto se ha ido configurando desde distintos enfoques —biomédico, comportamental y socioeconómico—, muchas veces en tensión, lo cual ha generado dificultades epistemológicas y prácticas para definir e intervenir de forma coherente y efectiva según las necesidades de la población. Tal como señala el artículo “Salud mental y ciudadanía: una aproximación genealógica”, la salud mental no debe asumirse exclusivamente como una actualización del modelo psiquiátrico tradicional, centrado en la enfermedad, sino como una construcción más amplia que se vincula con la producción de un ideal de vida saludable, funcional y adaptada a las exigencias de la época. Esta perspectiva permite comprender cómo la salud mental se ha convertido en un dispositivo que modula subjetividades, organiza modos de vida e incluso define formas de ciudadanía, articulando una ética del bienestar y la autorregulación.
Desde mi experiencia, he visto cómo estas concepciones se entrecruzan de manera confusa. Por ejemplo, muchas veces se espera que una persona “recupere su salud mental” accediendo a atención farmacológica (enfoque biomédico), mientras se responsabiliza individualmente por su bienestar emocional (enfoque comportamental), ignorando el peso de condiciones estructurales como la pobreza, la discriminación o la violencia de género (que el enfoque socioeconómico intenta visibilizar). Esto me hace reflexionar sobre cómo nuestras intervenciones pueden, sin querer, reproducir discursos normalizadores que no consideran la diversidad de experiencias subjetivas y contextuales.
Puedo reafirmar la importancia de adoptar una mirada crítica, situada y multidimensional sobre la salud mental, reconociendo que su definición no puede desligarse de las relaciones de poder, las condiciones sociales y los saberes que la constituyen. Para avanzar hacia prácticas más justas, necesitamos visibilizar estas tensiones, dialogar con otras formas de entender el malestar psíquico y, sobre todo, no perder de vista que la salud mental no es solo un asunto clínico, sino profundamente político.